Jeannette Rankin ocupó su escaño en la Cámara de Representantes de Estados Unidos — la primera mujer elegida a una de las dos cámaras — el 2 de abril de 1917. Sin embargo, pasarían tres años antes de que se otorgara el derecho de voto a todas las mujeres en Estados Unidos.
Rankin, natural de Montana, era una mujer de temperamento enérgico, apasionada por la política y con una dedicación vitalicia a las causas feministas y pacifistas. Diplomada de la Facultad de Filantropía de Nueva York (más tarde Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Columbia), ejerció la profesión de trabajadora social en Seattle, en el estado de Washington. Para tener un mejor conocimiento de los problemas de sus clientes, se dedicó por un tiempo a hacer labores de costura. En 1910, Rankin se unió a la campaña sufragista en Washington y dirigió la campaña que, en 1914, logró el voto para la mujer en Montana. Las nuevas votantes eligieron a Rankin, una de pocos republicanos elegidos al Congreso en 1916.
Considerando que era su "obligación especial" hablar por las mujeres estadounidenses, Rankin contribuyó a redactar leyes que ayudaban a la mujer y a los niños, y apoyó una enmienda constitucional que otorgaba el derecho de voto a la mujer. Sin embargo, su estancia en la legislatura no se extendió hasta 1920, año de la concesión del voto a todas las mujeres estadounidenses. Los electores rechazaron su candidatura al Senado en 1918, debido probablemente a que un año antes había emitido un voto en contra de la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial.
Rankin retomó a sus labores de trabajadora social y en organizaciones reformistas tales como la Liga Nacional del Consumidor, la Liga Internacional de la Mujer para la Paz y la Libertad, y — en 1919 — asistió al Segundo Congreso Internacional de la Mujer celebrado en Zurich. Fue reelegida al Congreso en 1940 donde emitió el único voto en contra de la guerra con Japón tras el ataque a Pearl Harbor. Su carrera política llegó a su fin por este voto tan impopular y Rankin dedicó el resto de su vida a sus causas predilectas. Por ejemplo, a los 86 años, participó en la Marcha a Washington en protesta de la guerra de Vietnam.
Jeannette Rankin estaba consciente de la importancia de aprovechar las capacidades y conocimientos de las mujeres para crear mejores sociedades. "Los hombres y las mujeres son como la diestra y la siniestra; no tiene sentido no utilizar ambas manos", declaró ella. En su testamento, dejó su dinero a un fondo para asegurar que las mujeres tuviesen acceso a la educación para mejorar la sociedad. La Fundación Jeannette Rankin es parte del legado de esta mujer resuelta y dedicada que ha proporcionado oportunidades de educación a mujeres de bajos ingresos desde su creación en 1976.