En general, los
votantes estadounidenses tienen oportunidad de participar en más
elecciones que los ciudadanos de casi todas las demás democracias. En un año, algunos de ellos
pueden tener cinco o seis oportunidades de votar, y cada papeleta
electoral está llena de opciones para distintos cargos en
varios niveles de gobierno. En virtud de su sistema federal, en el
que tanto el gobierno nacional como los de los estados tienen
facultades distintivas, el día de la elección en los
Estados Unidos es en realidad un suceso en el que tiene lugar una
serie de elecciones estatales y locales simultáneas, cada una
con sus propios procedimientos administrativos.
En
el sistema político de este país hay muchos cargos
electivos, y además de votar por éstos, el público
debe tomar numerosas decisiones en materia de apoyo económico
a la educación y para servicios estatales y locales, como
parques y carreteras, por medio del sufragio. Además, va en
aumento el número de decisiones de políticas que se
toman por medio de plebiscitos e iniciativas sujetas a votación.
Algunos científicos políticos han dicho que la
frecuencia de las elecciones puede ayudar a explicar la merma en la
concurrencia a las urnas durante los últimos 50 años en
los Estados Unidos. Los estadounidenses eligen también a la
mayoría de los candidatos de su partido en elecciones
primarias, que son en realidad funciones del partido político
que los administradores electorales tienen a su cargo.
El proceso de votación
Así
pues, debido a la índole local de las elecciones en los
Estados Unidos, hay miles de administradores electorales a cargo de
organizarlas y dirigirlas, lo cual incluye la tabulación y
certificación de los resultados. Esos funcionarios tienen una
serie de tareas importantes y complejas: establecer las fechas de las
elecciones, certificar la elegibilidad de los candidatos, registrar a
los votantes elegibles y preparar las listas de electores,
seleccionar los dispositivos de votación, diseñar las
papeletas, organizar una numerosa fuerza de trabajo temporal para
administrar la votación el día de la elección, y
por último tabular los votos y certificar los resultados.
Por
tradición, los resultados de las elecciones en este país
no han sido especialmente reñidos. La mayoría de los
cargos que aparecen en las papeletas son locales, y los límites
de los distritos electorales son trazados a menudo por el partido en
el poder y se basan en los patrones históricos de votación,
a fin de hacerlos seguros para uno u otro de los partidos políticos.
Sin embargo, hay excepciones obvias y recientes. El resultado de la
elección presidencial estadounidense de 2000 –la larga
contienda para hallar al vencedor en la elección presidencial
más reñida de la historia nacional– expuso por
primera vez a los norteamericanos a muchos de esos asuntos
administrativos.
El
proceso de votación en los Estados Unidos incluye dos pasos.
No hay una lista nacional de votantes elegibles, por lo cual el
ciudadano debe cumplir con el primer requisito, que es ir a
registrarse. Los ciudadanos se registran para votar en función
del lugar donde viven; si se mudan a otra dirección, lo más
común es que tengan que registrarse de nuevo. Los sistemas de
registro han sido ideados para evitar los fraudes. Sin embargo, los
procedimientos de registro de votantes varían de un estado a
otro. En el pasado, los procedimientos de registro se usaron a veces
para evitar que ciertos ciudadanos participaran en las elecciones. En
épocas recientes, la tendencia ha consistido en facilitar los
requisitos de registro, y la Ley Nacional de Registro de Votantes de
1993 (la ley del “votante motorizado”) permite que las personas
se registren para votar al mismo tiempo que renuevan su licencia de
conductor.
Una
de las funciones más importantes de los funcionarios
electorales es asegurarse de que toda persona elegible para votar
aparezca en las listas de registro, pero que nadie sin derecho a
hacerlo figure en ellas. En general, los funcionarios electorales
locales pecan de cautelosos y conservan en las listas los nombres de
personas que no han votado en fecha reciente, con tal de no eliminar
a un votante posiblemente elegible. Ahora, cuando se presenta en las
urnas una persona cuyo nombre no aparece en las listas, se le entrega
una papeleta provisional para que emita su voto. Su elegibilidad se
comprueba más tarde, antes que su voto sea contabilizado.
El papel de los administradores electorales
En
los Estados Unidos, una elección es un ejercicio
administrativo –que se realiza a nivel local con presupuesto fijo–
cuyo propósito es determinar las preferencias de los votantes
elegibles en forma precisa y oportuna. Esto significa que los
administradores electorales –de ordinario, un empleado de condado o
de ciudad– tienen una enorme tarea. Ellos son responsables de
registrar votantes todo el año y de averiguar quién es
elegible para votar en una elección determinada. Tienen que
diseñar las papeletas para cada elección, cerciorarse
de que todos los candidatos certificados aparezcan en las listas y
que toda la información sobre la cual se habrá de
decidir haya sido escrita correctamente. Además, están
obligados a esforzarse para que la papeleta tenga el mayor grado
posible de sencillez y claridad.
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| Un funcionario municipal de Dixville Notch, Nueva
Hampshire, deposita el simbólico primer voto de la elección
presidencial de 2000. (Reuters) |
Hoy
en día no hay normas nacionales sobre los formularios para
papeletas electorales o dispositivos de votación. Lo más
común es que los funcionarios electorales tengan que proveer
papeletas en muchos idiomas y, a veces, hasta en diferentes formatos.
En ciertas jurisdicciones, el orden en que aparecen los candidatos y
los partidos se tiene que efectuar en forma aleatoria. Por último,
los funcionarios electorales locales están a cargo de elegir
las máquinas de votación que se usarán en cada
caso, y las papeletas deben ser compatibles con esos dispositivos. En
respuesta a los problemas que surgieron en el estado de Florida en la
elección presidencial de 2000, el Congreso aprobó leyes
que proveen asistencia financiera a estados y condados para que
adopten los procedimientos de votación más modernos y
dignos de confianza.
Estos
funcionarios son responsables de almacenar y conservar los
dispositivos de votación, tareas que se encomiendan de
ordinario a contratistas y no al personal regular. Una de sus tareas
más difíciles es la contratación y capacitación
de un personal numeroso, en forma temporal, para una larga sesión
de trabajo (casi siempre de 10 a 15 horas) el día de la
elección.
Este
proceso de capacitación puede ser aún más
abrumador cuando se hacen modificaciones en el equipo de votación
o en los formularios de las papeletas entre una y otra elección.
La logística del traslado de máquinas, además de
la contratación y capacitación de personal, llega a ser
a veces tan extenuante que la tarea de verificar la elegibilidad de
los votantes se deja en manos de voluntarios enviados por los
partidos políticos principales. En virtud de que los
voluntarios suelen ser representantes de esos partidos, en ciertos
casos hay desacuerdos inevitables en torno a la conducción de
algunas elecciones locales.
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| Una mujer en
bicicleta entrega su sufragio en un sitio oficial de votación
en Portland, Oregon, en la elección presidencial de 2000. (Shane Young/The New York Times) |
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| En
el Noroeste, una mujer sostiene a su hija mientras espera su turno
para votar. (Suzanne Dechillo/The New York Times) |
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| Estos ancianos votan en la elección presidencial
de 2000, en una comunidad de Florida para jubilados. (Andrew Itkoff/The New York Times) |
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| Un funcionario electoral revisa los registros de
votantes en Dearborn, Michigan, el 7 de noviembre de 2000. (Jim West/The Image Works) |
La naturaleza del sufragio
El
segundo paso del proceso de votación es permitir el acceso del
público a las urnas. Para la mayoría de los votantes
elegibles, esto suele consistir en acudir a un sitio de votación,
cerca de su domicilio, para depositar su voto. En todo el país
hay muchas variantes, tanto en lo que se refiere al tamaño
geográfico de las demarcaciones como al número de
personas elegibles y registradas para votar en cada una.
Las
decisiones sobre el equipo y los formularios de votación se
toman en el nivel local porque esos sistemas los paga cada localidad.
Así, la forma en que vota la gente –el tipo de equipo que
usa y la calidad del mantenimiento de éste– está
relacionada con el nivel socioeconómico y la base tributaria
de su localidad. En virtud de que con los ingresos tributarios se
financian también escuelas, los servicios de policía y
bomberos, y las instalaciones de parques y recreación, a
menudo se concede un bajo nivel de prioridad a las inversiones en
tecnología para realizar las elecciones.
En
los Estados Unidos se cuenta con una amplia variedad de dispositivos
de votación y el panorama de las tecnologías
electorales está en continuo cambio. Hoy quedan muy pocos
lugares donde la forma de sufragar consista en marcar una “X” en
la papeleta, junto al nombre del candidato preferido como se hacía
en el pasado, pero muchos sistemas computarizados todavía se
basan en cédulas de papel en las que el elector rellena
círculos o conecta líneas. Esos sufragios son
explorados después por medios mecánicos para llevar a
cabo el registro de votos.
En
muchas jurisdicciones se usan todavía máquinas de
“palanca”, en las que el votante hace girar la pequeña
manija que está junto a los nombres de los candidatos de su
preferencia o al lado del tema que desea respaldar. Los votos se
registran al final del proceso, tirando de una palanca mayor. Hace
más de 30 años que no se fabrican esas máquinas
porque su mantenimiento es muy caro y difícil. En
consecuencia, han caído en desuso en forma gradual.
Otro
dispositivo muy común es la máquina para “tarjetas
perforadas”. El sufragio se realiza en una tarjeta, ya sea haciendo
orificios o perforaciones junto al nombre del candidato o insertando
la tarjeta en un soporte que la alinea con la lista de candidatos
antes de hacer las perforaciones. Este es el tipo de papeleta que
ocasionó la controversia acerca de la cuenta de votos de la
elección presidencial estadounidense de 2000 en Florida. A
causa de ese hecho, los dispositivos a base de tarjetas perforadas
también están en vías de desaparecer.
La
tendencia actual consiste en la adopción de dispositivos
electrónicos de registro directo (DRE por sus siglas en
inglés), con pantallas computarizadas sensibles al contacto,
parecidas a las máquinas de cajero automático. Aunque
se ha debatido mucho acerca de la votación por medio de
computadoras o en la Internet, para facilitar el procedimiento –en
una elección primaria de Arizona se ensayó el uso de
ese método–, especialistas en seguridad trabajan para
refinar esos sistemas, los cuales no se usan aún en forma
generalizada.
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| Diplomáticos estadounidenses y los miembros
de sus familias sufragan como votantes ausentes en el consulado de
los Estados Unidos en Bombay, India, el 17 de octubre de 2000. (© AFP/CORBIS) |
Un
cambio apreciable registrado en los últimos años en el
rubro del sufragio ha consistido en la adopción de
procedimientos en los que las papeletas se entregan a los votantes
antes del día de la elección. El inicio de esta
tendencia fue la emisión de papeletas para votantes ausentes,
que se emiten para los electores que van a estar lejos de su lugar de
residencia (y de las urnas de votación) el día de la
elección. En algunos lugares se ha liberalizado poco a poco
esta disposición y se permite que los ciudadanos se registren
como “votantes ausentes permanentes”, de modo que siempre se les
envíe por correo una papeleta electoral.
Otra
nueva disposición es la “votación temprana”, para
lo cual algunas máquinas de votación son instaladas en
centros comerciales y otros lugares públicos hasta tres
semanas antes del día de la elección. Los ciudadanos
pueden presentarse allí, según les convenga, para
depositar sus sufragios. Y en algunos estados los ciudadanos votan
por correo. En Oregon, a todos los ciudadanos se les envía una
papeleta electoral por correo 20 días antes de la elección
y ellos la pueden devolver por correo o la entregan personalmente en
los sitios designados. Otros lugares –como Seattle y el condado
King en el estado de Washington– han adoptado la votación
por correo, pero las localidades aledañas siguen usando los
DRE o dispositivos de tarjetas perforadas. En todo Estados Unidos en
conjunto, más de la quinta parte de los electores emiten sus
sufragios antes de lo que antes se conocía como “el día
de la elección”.
La cuenta de votos
A
medida que aumente la proporción de ciudadanos que sufragan
antes del día de la elección, será más
pertinente que el primer martes después del primer lunes de
noviembre –por tradición, el día de la elección
presidencial en este país– no se considere como “el día
de la elección” sino como “el día de la cuenta”.
A pesar de que el sufragio anticipado se ha vuelto más
popular, los votos no se cuentan sino hasta el día de la
elección, por lo cual no es posible informar cuál de
los candidatos se adelanta o se retrasa, antes del cierre de las
urnas. Este tipo de información anticipada podría
influir en los estilos y la conducción de las campañas,
y también en la afluencia de votantes.
En
la elección presidencial de 2000 salieron a la luz muchas
enseñanzas vívidas sobre la cuenta de votos. El mayor
problema que se presentó en Florida, según lo señaló
la Corte Suprema de la república en su dictamen sobre esa
disputada elección, fue la ausencia de normas uniformes para
la cuenta de los distintos tipos de papeletas electorales. En algunas
jurisdicciones, las papeletas para votantes ausentes son distintas de
las que se usan en el dispositivo de votación de las mismas
demarcaciones. En consecuencia, podría ser necesario hacer más
de una serie de tabulaciones. Y los sufragios de votantes ausentes no
se cuentan en absoluto en algunas demarcaciones si el número
de esos electores es menor que la diferencia entre los votos
obtenidos por los candidatos que ocupan el primero y el segundo
lugar.
La
elección de 2000 reveló también que las máquinas
para votar son como cualquier otro tipo de aparato electromecánico:
tienen cierta tolerancia a las fallas que les son propias, pero
requieren mantenimiento regular y periódico para funcionar en
su más alto nivel de precisión. Si la elección
es demasiado reñida, los dispositivos de tabulación
pueden generar totales ligeramente diferentes cuando la cuenta de
votos se realiza más de una vez.
Cuando
una elección nacional se decide por menos del 0,5 por ciento
del voto popular, y el resultado en un estado –en este caso
Florida– tiene una diferencia de sólo 202 votos de un total
de más de 5,8 millones de sufragios emitidos para George W.
Bush y Al Gore, los procedimientos de tabulación asociados a
cada uno de los dispositivos empleados pueden llegar a ser tema de
controversia. Una alta proporción de los sufragios de Florida
se emitieron por medio de artefactos de tarjetas perforadas. El
mantenimiento fue uno de los problemas, y la destreza de los votantes
para perforar con precisión sus papeletas fue otro. En algunos
lugares, el diseño de las papeletas confundió a los
electores, sobre todo a los de más edad, y pudo ser la causa
de que algunos de ellos emitieran su sufragio por otro candidato y no
por el que deseaban votar.
Lo
reñido del resultado de la elección en Florida y el
hecho de que éste fue el último estado que logró
completar su cuenta de votos hicieron de él un blanco especial
de los ataques de los partidarios de Bush y de Gore en las semanas
siguientes al día de la elección. Debido a la índole
local del sistema de elecciones estadounidense y por el hecho de que
el colegio electoral asigna sus votos por estados, con el criterio de
que todos son para el ganador, ambos bandos emprendieron procesos
judiciales en los tribunales del estado. Cada estado escogió
los lugares donde esperaba tener más éxito, tanto en
función de los problemas legales planteados allí como
en su capacidad para impugnar esos tipos de votos en particular.
Ninguno de los equipos de los candidatos pidió que se
volvieran a contar los votos en todo el estado. A la postre, el caso
fue llevado a la Corte Suprema de la nación para su resolución
final, y ésta decidió que la cuenta se debía
suspender y que se acataría la certificación original
del resultado presentada por la secretaria de estado de Florida. Así
fue como los 25 votos electorales de Florida fueron otorgados a
George W. Bush, con lo cual logró la mayoría en el
colegio electoral y obtuvo la presidencia.
El movimiento de reforma
Una
de las claras enseñanzas de la elección de 2000 fue que
los problemas que se presentaron en Florida a causa de la
administración del proceso electoral, la emisión de
sufragios y la cuenta de votos, pudieron haber ocurrido en cierta
medida en casi cualquier jurisdicción de los Estados Unidos.
De ese modo se detectaron varios problemas, aun cuando es muy poco
probable que vuelvan a tener la misma importancia, en virtud de que
los resultados de las elecciones muy rara vez son tan cerrados como
en la elección presidencial de 2000. Se comisionaron varios
estudios y diversos paneles escucharon a testigos expertos y
recibieron testimonios sobre la necesidad de una reforma. Aun cuando
hubo ciertos elementos partidistas, tanto en la propuesta de revisión
del sistema como en la de su ulterior reforma, la necesidad
reconocida de entrar en acción antes de la elección de
2004 predominó sobre esos factores.
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| Un funcionario de condado en Georgia maneja una nueva
máquina para votar, con pantalla sensible al tacto, en octubre
de 2002. El sistema se estaba poniendo a punto para las elecciones de
noviembre. (Jenni Girtman/Atlanta Journal Constitution) |
En
2002, el 107 Congreso aprobó la Ley para Ayudar a Estados
Unidos a Votar (HAVA) que contiene varios elementos notables.
Primero, el gobierno federal ofreció hacer pagos a los estados
y localidades para que reemplacen las anticuadas máquinas de
votación a base de tarjetas perforadas y palancas. Segundo,
estableció una Comisión de Asistencia Electoral que
provea ayuda técnica a los funcionarios locales a cargo de las
elecciones y defina normas para los dispositivos de votación.
La Comisión de Asistencia Electoral propondrá
lineamientos voluntarios para los sistemas de votación y para
la prueba y certificación de equipo y programas de informática
para el sistema de acceso de sufragios. El plan de trabajo de la
comisión incluye también la creación de
programas de investigación para estudiar el diseño de
máquinas de votación y papeletas electorales, métodos
de registro, métodos de votación provisional y para
prevenir el fraude, procedimientos para reclutar y capacitar
trabajadores electorales, programas de educación para
votantes, procedimientos para averiguar si se requiere más
consistencia entre los procesos estatales de cuenta de votos
asociados a cargos federales, y métodos alternativos para
llevar a cabo elecciones de cargos federales.
La
HAVA representa un cambio importante con respecto a la renuencia
anterior del gobierno federal a involucrarse en lo que se ha
interpretado como un asunto administrativo local. Pero en la secuela
de la elección de 2000, sobre todo en la contienda por la
Florida, este impulso de reformar los procedimientos ha ayudado a
reafirmar la fe de los estadounidenses en su sistema electoral. Y los
costos que esto implica son pequeños si se considera que las
elecciones son la base que imparte legitimidad a una democracia
operante.