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Desde los primeros días, la visión de agricultores trabajando en el campo ha sido parte vital en la
experiencia norteamericana. Si un observador hubiera explorado los bosques del este
norteamericano poco antes de la llegada de los colonizadores europeos, se habría
encontrado con claros diseminados en los cuales las comunidades de americanos nativos o
"indios" cultivaban plantíos de maíz, fríjol y calabaza. Hoy, desde un avión
que vuele a gran altura sobre las grandes planicies centrales del continente norteamericano, se
pueden ver los vastos campos sembrados de trigo, maíz, soya y otros cultivos. Las formas
externas han cambiado, pero no la importancia de la agricultura. Hoy, como entonces, la
agricultura provee los alimentos con los que se resuelven las necesidades primarias de la gente.
La agricultura y las industrias relacionadas son base de la vida económica y gran parte del
producto nacional bruto. La agricultura representa un vínculo de continuidad entre el presente y
el pasado, uniendo a las nuevas generaciones con los ritmos y sueños de las
generaciones de antaño.
Desde los orígenes de la nación, los líderes han ensalzado las virtudes del vigoroso y
autosuficiente agricultor como la persona más digna de
emulación por el pueblo en general. Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, lo
sintetizó de esta manera:
"Tiempo de cosecha en el medio oeste de Estados Unidos, y una fila de segadoras-trilladoras
avanza a través de un campo de trigo. Estados Unidos, que produce aproximadamente 70
millones de toneladas métricas de trigo y 195 millones de toneladas de maíz por
año, es el mayor exportador del mundo de ambos productos. Los agricultores son los
ciudadanos más valiosos, los más enérgicos, los más independientes, los más virtuosos y están
atados a su país y unidos a sus intereses por
los lazos más duraderos".
Los agricultores en realidad nunca han sido verdaderamente tan autosuficientes como se cree,
estando sujetos como lo están, a los caprichos del clima y del mercado, así como a las políticas
del gobierno. Sin embargo, los agricultores han mostrado un
espíritu de independencia e igualdad que les ha ganado tal admiración de la sociedad, que sus
méritos han sido adoptados y exaltados
por ella.
La agricultura incorpora una variedad y riqueza difíciles de encontrar en el resto del mundo. Esto
se debe en parte a lo vasto del país y a la generosidad de la
naturaleza, ya que solamente en un área relativamente pequeña en el oeste existen desiertos
debido a la escasez de lluvias y nevadas. En el resto del país, las lluvias van de escasas a
abundantes y los ríos y aguas subterráneas permiten la
irrigación cuando es necesario. Grandes zonas de terrenos planos o suavemente ondulados
especialmente en las grandes planicies centrales proveen condiciones ideales pare la agricultura
en gran escala. En la actualidad, la granja promedio tiene aproximadamente 180
hectáreas de superficie.
El salto desde las pequeñas granjas de subsistencia del pasado hasta la mezcla actual de pequeñas
granjas familiares y las "mega-granjas" de alta tecnología, ha sido muy grande. Para entenderlo
debemos conocer el desarrollo de la agricultura en Estados Unidos y
explorar las virtudes y carencias de ésta tal como existe en la actualidad.
Los primeros agricultores americanos, los americanos nativos, ayudaron a los colonos
europeos a adaptar sus métodos y cultivos al suelo y clima de Norteamérica. Los colonos
lograron esta adaptación con relativa facilidad. Sin embargo, fue mucho más difícil trasplantar
los sistemas europeos de propiedad de la tierra con los que
estaban familiarizados. El sistema inglés, bajo cuyas reglas la aristocracia provinciana poseía
vastas extensiones de tierra y la mayoría de los agricultores eran arrendatarios, simplemente no
funcionó en las colonias, aun cuando terratenientes y funcionarios
trataron de emularlo.
A fin de cuentas, había una gran cantidad de tierras y también escasez de
mano de obra para que funcionara. Excepto los esclavos, el agricultor estaba en libertad
de aceptar trabajos en la ciudad o de adquirir tierras propias, y muchos así lo hicieron. La
agricultura norteamericana llegó a basarse en una multitud de pequeñas propiedades o granjas
familiares con un muy pequeño porcentaje de renta de tierras. Excepto
unas cuantas áreas densamente pobladas, las granjas norteamericanas tendían a estar diseminadas
y aisladas, en lugar de rodear las aldeas. lo cual contribuyó al individualismo y la
autosuficiencia de los granjeros.
Aun cuando la abundancia de tierras tuvo resultados sociales positivos, también
tuvo su lado oscuro. Libres de seguir adelante cuando la tierra se agotaba, los agricultores
frecuentemente araban más tierra de la que podían cultivar. Agotaban los elementos nutritivos
sin reponerlos con fertilizantes; trazaban los surcos sin cuidado, incluso ladera abajo, de modo
que cuando llovía copiosamente, el agua formaba arroyos profundos en el campo. A los
agricultores negligentes, no les importaban las consecuencias de esto, ya que siempre podían
emprender la marcha hacia el oeste, al sur, o a cualquier otra parte. Los más conscientes
trabajaban con el peso de la competencia contra vecinos cuyos costos eran menores.
Una manera de competir era incrementando la eficiencia y la producción, por lo que muchos
agricultores pusieron mucha atención en ellas. Grandes terratenientes (Thomas Jefferson, por
ejemplo, era agricultor además de ser presidente) tuvieron suficiente tiempo
libre para dedicarlo al estudio científico de la agricultura. Jefferson llevó a cabo cuidadosos
registros climáticos y dejó anotaciones muy detalladas sobre diversos aspectos de la actividad
agrícola.
Agricultores prominentes como Jefferson ayudaron a popularizar ideas con un mayor
contenido científico pare impulsar y mejorar la agricultura, que las ofrecidas por los europeos.
Prácticas tales como la rotación de cultivos o el agregar calizas a los campos
(para reducir la acidez), fueron rápidamente asimiladas en los años que siguieron a la
independencia. Dichas prácticas se facilitaron por el crecimiento de las sociedades agrícolas y el
establecimiento de publicaciones especializadas en ese tema.
A nivel local, las ferias anuales daban oportunidad a las familias campesinas de intercambiar
ideas y compartir sus éxitos (ya que ganaban premios por su pienso, ganado o los productos de
sus cocinas) y así aprendían sobre el desarrollo de las técnicas
agrícolas.
La tecnología tuvo un papel clave en el rápido crecimiento de la producción del campo. Durante
el siglo XIX un nuevo invento o herramienta siguió a otro en rápida sucesión. La guadaña y la
gavilla fueron sustituidas por la segadora
en la recolección de granos y ésta a su vez, cedió terreno a la talladora mecánica de Cyrus
McCormick al principio de 1840. El arado de hierro sustituyó al de madera y aquel a su vez fue
remplazado (en 1845) por el arado de acero. Durante los
años de la Guerra Civil (1861-1865) las máquinas se estaban usando en tareas tales como la
recolección de heno, en la trilla, siega, cultivo y plantado. Una gran industria agrícola había
surgido alrededor de la ciudad de Chicago, Illinois, en la
región conocida como medio oeste. (Esta región comprende la parte norcentral de Estados
Unidos, desde Ohio y el oeste de Michigan hasta las Montañas Rocosas. Aún hoy, esta
región continúa siendo el principal centro productor de
maquinaria agrícola.)
La producción agrícola de Estados Unidos aumentó su rendimiento a grandes saltos durante la
segunda mitad del siglo XIX. Un factor importante fue la creciente corriente de colonizadores
hacia el Oeste, a través del rio Mississippi, "abriendo" nuevas tierras
al cultivo, o sustituyendo a agricultores nativos con agricultores no indígenas. El gobierno
federal alentó esta migración hacia el Oeste en diversas formas. Por un lado, negoció tratados
con los indios, o usó la fuerza militar pare confinarlos en
reservaciones (áreas destinadas a albergarlos) y también entregó gratuitamente tierras a los
colonos y otorgó concesiones a los constructores de vías férreas para alentarlos a prolongar sus
líneas con rapidez.
La ley gubernamental que estableció la política de tierra libre fue conocida como Ley de
Heredades. Fue aprobada en 1862 mientras estaba en su apogeo la Guerra Civil y en ella se
ofrecÍa una granja de 85 hectáreas de tierra a cada familia de colonos.
Cualquier jefe de familia que tuviera 21 años y fuera ciudadano de Estados Unidos (o estuviera
por convertirse en ciudadano), podía adquirir gratuitamente una propiedad con sólo vivir
durante cinco años en un pedazo de tierra pública. Pero si la
familia tenía prisa, podía
adquirir la tierra por US$1,25 el acre, después de seis meses de estar en ella. Años más tarde,
el gobieRNo proveyó los medios para que las familias pudieran adquirir superficies aún
mayores con poco o ningún costo. Estas políticas
fueron posibles gracias a que el gobiemo de Estados Unidos se consideraba como el propietano
de casi todos los territorios al oeste del Río Mississippi, ya fuera por compra o como resultado
de la guerra.
La Ley de Heredades confirmó el modelo existente de pequeñas granjas familiares. Esto ayudó
a reubicar a la población excedente de los estados del este, permitiendo el aumento de una
sociedad de granjeros independientes. El número de personas
que poseían o trabajaban el campo aumentó en el siglo XIX y principios del XX alcanzando un
máximo de 13,6 millones de personas (14% de la población de Estados Unidos) en 1916.
En tanto que la tierra gratuita o barata ayudó a establecer la granja familiar, tuvo sin embargo
consecuencias imprevistas, pues alentó los asentamientos en praderas que recibían pocas o
eventuales lluvias (generalmente estas tierras se encuentran al oeste de lo que hoy
es Oklahoma City), y la aprobación de la Ley de Heredades llevó a muchas familias a una
situación de inestabilidad y subsistencia precaria. Muchas familias provenientes de los estados
del este, quienes pensaron que 65 hectáreas eran una extensión
excelente para vivir, al mudarse hacia el Oeste encontraron que difícilmente se podía sobrevivir
en esa superficie. Sus cosechas de temporal eran muy escasas; su ganado pasaba hambre, lo cual
los llevó a sembrar y cultivar en tierras marginales. Cuando las lluvias eran buenas, las
cosechas saturaban los mercados y los precios se desplomaban; pero cuando el agua escaseaba,
los vientos
barrían los campos polvorientos, empobreciendo la tierra.
Al terminar la Guerra Civil en 1865, la sobreproducción pasó a ser un grave problema. No sólo
se abrieron nuevas tierras al cultivo sino que con la mejora de la maquinaria, las granjas se
hicieron mucho más eficientes. Los arados múltiples permitían hacer varios surcos
simultáneamente. Gigantescas máquinas llamadas "combines" llevaban a cabo varias de las
operaciones en la cosecha de granos. Al aumentar la producción por encima del consumo, los
precios que recibían los granjeros por sus productos comenzaron a declinar. Así, los años
entre 1870 y 1900 fueron sumamente difíciles para los agricultores.
El descontento entre los granjeros impulsó el crecimiento de grupos de acción política tales
como los "Patrocinadores de la Agricultura" (1870) y el Partido Populista (1890). Los
miembros del primer grupo, conocidos como "Grangers", hicieron campaña
contra los precios altos y prácticas monopolistas de los ferrocarriles. Sus esfuerzos dieron por
resultado la aprobación en muchos estados de leyes conocidas como "Leyes Granger" las cuales
llevaron a la creación de cuerpos gubernamentales que reglamentaban,
entre otras cosas, las tarifas de los ferrocarriles. Los Grangers también crearon sociedades
cooperativas para administrar tiendas, almacenes y otros negocios que servían a las comunidades
rurales. Aunque muchas de estas
cooperativas fracasaron por la inexperiencia de sus dirigentes, otras sobrevivieron para sentar
patrones que, en cierto modo, son seguidos hasta la fecha. Los citricultores de Califomia que
comercializan sus productos con el nombre de "Sunkist", lo hacen en forma cooperativa, y en
muchas comunidades las tiendas cooperativas compiten con las de propiedad privada en la
compra y venta de productos agrícolas.
El Partido Populista agrupó a los Grangers y a muchos otros grupos básicamente rurales en un
importante movimiento de protesta política que señalaba algunas de las desigualdades en la vida
norteamericana. Los populistas alcanzaron el máximo de
influencia durante las elecciones presidenciales de 1892 al obtener aproximadamente un 8% del
voto popular. Las metas populistas, tales como la libre acuñación de monedas de plata para
inyectar más dinero a la economía pasaron a ser tema de debate
nacional y fueron adoptadas por el Partido Demócrata en 1896. Aunque este partido perdió las
elecciones, los granjeros y sus aliados lograron hacer destacar algunos temas de su agenda
política. Los políticos respetaban el poder político de los
agricultores y continuarían poniendo atención a los problemas agrícolas.
Los granjeros hicieron campañas a favor de una gran variedad de políticas
gubernamentales, aun cuando no siempre se ponían de acuerdo sobre cuál apoyar. Los primeros
granjeros de tierras fronterizas establecieron un sistema nacional de caminos que les permitiera
llevar sus cosechas al mercado. También pugnaron por mejoras
regionales tales como canales de riego, dragado de ríos y eventualmente concesiones de tierra a
las empresas ferrocarrileras. Las políticas agrícolas representaron la mayor divergencia de
opinión entre los agricultores de zonas fronterizas y aquellos
ubicados en zonas más céntricas del país. Los primeros querían tierras baratas o gratuitas para
poder extenderse, mientras que los segundos, ya bien establecidos, preferían dejar las cosas
como estaban ya que podrían padecer la baja en precios
si la expansión agrícola inundaba el mercado con un exceso de producción.
Hasta 1860 eran pocas las políticas federales dirigidas a los agricultores. Todos
los asuntos agrícolas caían bajo la jurisdicción del comisionado de patentes, quien recopilaba las
estadísticas del ramo y llevaba a cabo un limitado número de experimentos agrícolas.
Pero en 1862, el Congreso creó la Secretaría de Agricultura, elevándola a rango de
gabinete en 1889. Tal rango implicaba que al jefe del Departamento se le confería el título de
Secretario de Agricultura y se convertía en uno de los
asesores principales del presidente. A partir de entonces, el gobierno del país participó
directamente en asuntos del campo.
En un principio, la Secretaría de Agricultura tuvo pocos tratos directos con los agricultores. Sus
actividades se limitaron a impulsar la investigación y al acopio de estadísticas. Después de
1900 el Congreso le confirmó nuevas responsabilidades,
tales como la protección de los bosques y la imposición de normas adecuadas y seguras para los
alimentos.
Pocas semanas después de ser creada la Secretaría de Agricultura, el Congreso aprobó la
histórica Ley Morrill, con la cual se otorgaron miles de hectáreas de tierra de cultivo al
gobierno de cada estado con la finalidad de dotar a una red de escuelas superiores técnicas y
agrícolas. En los años siguientes fueron creadas 69 instituciones de esta naturaleza conocidas
como "escuelas superiores de tierra donada" ("Land grant colleges"). Estas escuelas han sido de
vital importancia en el avance de la investigación agrícola y en la enseñanza de sucesivas
generaciones de agricultores.
Alrededor de 1900 los dirigentes agrícolas comenzaron a inquietarse porque los
resultados de las investigaciones del gobiemo no llegaban a los granjeros que las podían aplicar.
Muchos desconfiaban del consejo gubernamental; se empecinaban en continuar practicando los
métodos aprendidos de sus padres y abuelos, despreciando esas nuevas ideas de
rotación de cultivos y selección de semillas. Para demostrar la bondad de las nuevas técnicas se
estableció un número limitado de granjas modelo y junto con negociantes locales y
grupos de agricultores, contrataron a un grupo de agentes
demostradores cuya misión era ir de granja en granja para mostrar cómo con las nuevas ideas
podían ayudar al granjero a mejorar su producción e ingreso. En 1914 el Congreso dio carácter
nacional a estos programas al instituir un servicio de extensión agrícola. Con fondos provistos
por el gobierno federal y las escuelas agrícolas, el servicio contrató agentes para establecer
oficinas en cada condado (distritos con gobierno local) que
proporcionaran consejo a los granjeros y sus familias.
El servicio de extensión agrícola comenzó en una época de prosperidad para los granjeros. Los
precios se fueron incrementando entre 1900 y 1914, y continuaron un ascenso más rápido
conforme la Primera Guerra Mundial creaba una gran
demanda de productos agrícolas. Lejos de los campos de batalla y beneficiándose con la relativa
abundancia que daba el equipo agrícola, los granjeros norteamericanos no tuvieron problemas
para incrementar su producción. Los precios se duplicaron entre
1914 y 1918 y continuaron elevándose hasta 1920.
Sin embargo, este período de gran prosperidad terminó, y el agricultor
norteamericano entró en crisis, los precios cayeron en los años 20 y el futuro se ensombreció.
En 1932 el precio promedio de las granjas cayó a menos de un tercio del de 1920. Miles de
granjeros fracasaron en sus intentos por pagar sus hipotecas y vieron
cómo los bancos y otros acreedores se posesionaban de sus tierras. Pero los agricultores no
estaban solos. La Gran Depresión de los años treinta estaba expandiéndose por la economía
mundial, dando lugar al desempleo de cientos de miles de
trabajadores y obreros, y encarando a los líderes del país con urgentes problemas políticos y
económicos.
La respuesta del gobierno a la Gran Depresión dio lugar a una nueva época en la vida agrícola
norteamericana. Muchas de las políticas agrícolas actuales encuentran su origen en la
desesperada década de los30, y en los programas del
Presidente Franklin D. Roosevelt quien sirvió a su país desde 1933 hasta su muerte en 1945.
Estos programas fueron parte de lo que Roosevelt llamó el "Nuevo Trato" para el
pueblo.
Una gran cantidad de leyes rigen las polítical agrarias del gobierno de Estados Unidos. El
Congreso debate y aprueba "leyes agrícolas" básicas cada cuatro años. Además, muchos
aspectos de la política agrícola emergen como
subproductos de legislaciones que apuntan a otras metas. Las leyes tributarias, por ejemplo,
ayudan a canalizar dinero de inversiones privadas a aspectos específicos de la agricultura.
- Limitación de la
superficie. Apoyándose en la teoría de que la sobreproducción es la
causa principal de los bajos precios agrícolas, el gobierno induce a los campesinos a sembrar
superficies menores. Esta política comenzó con la Ley de Ajuste Agrícola de 1933, pieza clave
en el Nuevo Trato, que ofreció subsidios especiales a los agricultores que accedieran a retirar de
la producción parte de sus tierras.
- Apoyo de precios.
Algunos productos básicos son objeto de apoyo en forma de préstamo de una agencia
gubernamental. He aquí cómo funciona: el Congreso estipula un precio, como
US$2,55 por "bushel" de maíz (1 bushel=35,2 litros), el cual representa el supuesto valor de una
cosecha. Los que cultivan maíz y que están de acuerdo con la restricción de superficies,
solicitan US$2,55 en préstamo por cada bushel cosechado y
entregado al gobiemo. En realidad los prestatarios ofrecen sus cosechas al gobierno como
garantía. Si el precio del maíz sube por encima del precio estipulado, el agricultor puede
recuperar su cosecha, venderla en el mercado libre, pagar su deuda y conservar la diferencia.
Si por el contrario el precio cae, el agricultor puede dejar de pagar el préstamo, sin
consecuencias, ya que el gobierno se limita a tomar posesión del grano, y conservarlo o venderlo
con pérdida. No existe ningún límite al apoyo de precio para
cualquier agricultor.
- Pagos por deficiencia.
Más importantes aún que los préstamos para apoyar precios, son los pagos por
deficiencia, los cuales constituyen una forma directa de apoyo al ingreso de los agricultores.
El Congreso fija un "precio tope" a diversas cosechas, y nuevamente, para recibir algún
beneficio, los granjeros deben dejar sin cultivo algunas tierras. Si los precios que recibe el
agricultor por su cosecha en el mercado libre caen por debajo del precio tope, reciben un pago
del
gobierno para cubrir la diferencia. Estos pagos por deficiencia tienen un tope de US$50.000
anuales. Los pagos por apoyo y deficiencia son aplicables solamente a la producción de granos
básicos, productos lácteos y algodón. Muchos otros cultivos
carecen de subsidio federal. A pesar del atractivo de US$20.000 millones en subsidios federales
(cantidad total en un año reciente), gran cantidad de agricultores prefieren no solicitar la ayuda
federal. Solamente uno de cada cinco toma parte en los programas de subsidio.
- Ordenes de mercado.
Algunos cultivos, que incluyen al limón y la naranja, están sujetos a restricciones definitivas en
el mercado. Las llamadas "órdenes de mercado" limitan el volumen de la
cosecha que un agricultor puede enviar semanalmente al mercado. Al restringir las ventas,
tales órdenes tienen como meta incrementar los precios que reciben los granjeros. Dichas
restricciones son adoptadas por comités de productores en una región o estado en
particular. Los arreglos de comercialización son iniciados sólo después de haber sido votados
por los productores participantes. Una vez que se tiene la certificación del Secretario de
Agricultura, los arreglos adquieren plena vigencia, y cualquier agricultor
que haga caso omiso a las restricciones de mercado puede ser juzgado en los tribunales.
- Crédito agrícola. Tener
acceso a dinero prestado siempre ha sido visto por los agricultores como algo vital para poder
operar. Desde 1916 el gobierno federal comenzó a prestar ayuda a diversos
programas privados y cooperativos de crédito agrícola. Las leyes del Nuevo Trato, en especial
la Ley de Crédito Agrario de 1933, aceleraron el papel gubernamental. Hoy, los granjeros tienen
acceso a un número de fuentes de crédito, particulares,
cooperativas y gubernamentales. Uno de los principales grupos es conocido como Sistema
Federal de Crédito Agrícola, el cual contiene en sí tres tipos de bancos que sirven fines
específicos: hacer préstamos hipotecarios, hacer préstamos de
avío, tales como la compra de semilla y fertilizantes, y hacer préstamos a cooperativas. El país
está dividido en 12 distritos y cada uno tiene tres bancos federales, uno para cada uno de los
fines descritos. Estos bancos financian sus operaciones vendiendo
bonos a inversionistas, tal y como lo hacen las empresas comerciales. Dado que los bancos por
tradición cuentan con un alto margen de crédito, pueden obtener préstamos a tasas de interés
muy bajas, lo cual ha servido para mantener bajos los costos del
crédito para el agro. Otra fuente de crédito para los agricultores es la Administración Agrícola
local, una especie de "prestamista de último recurso", a la cual acuden los granjeros que
no tienen otra fuente de ayuda crediticia.
- Conservación de suelos.
Algunos programas federales están específicamente dirigidos a la preservación de suelos. En
uno de ellos, por ejemplo, el gobierno comparte con el agricultor
el costo de sembrar pasto o leguminosas en los suelos no cultivados para evitar el peligro de
erosión.
- Suministro de agua para
riego. Un sistema federal de presas y canales de irrigación proporciona
agua a precios subsidiados a los agricultores en 16 estados del Oeste. Con esta agua se
cosechan el 18% del
algodón del país, así como el 14% de su cebada, el 12% del arroz y el 3% del trigo.
Los programas agrícolas de amplio espectro del gobierno han sentado una fuerte base de apoyo a
través de los años. Los miembros del Congreso oriundos de estados agrícolas, obtienen con
regularidad aprobación legislativa para todo tipo de
programas que satisfagan una variedad de intereses del campo. Pero aún así, algunos de
estos programas se han visto atacados por los críticos que arguyen que algunos proyectos
funcionan en contra de otros. Dicen, por ejemplo, que el gobierno paga a algunos
granjeros por no cultivar un pedazo de tierra, mientras le da alicientes en impuestos para arar y
plantar otro. Algunos legisladores y presidentes han urgido al Congreso a disminuir la
participación del gobiemo en la agricultura y a llevar a cabo una reducción gradual de los
subsidios agrarios y la eventual cancelación de los programas para almacenar excedentes de las
cosechas, así como a seguir haciendo préstamos directos a los agricultores. Hay quienes sienten
que estos programas significan una indebida interferencia del gobierno
en el funcionamiento de un mercado libre. Sin embargo, importantes intereses económicos
defienden muchos de los aspectos de la presente política agrícola, y por eso las propuestas para
modificar el actual sistema han provocado enérgicos debates en el
Congreso.
Al acercarse el fin del siglo XX, muchos norteamericanos han observado los éxitos y fallas de la
agricultura del país. Han encontrado mucho para enorgullecerse, pero también han elevado
protestas insistentes. Los éxitos de la agricultura norteamericana son
fáciles de ver, y muchos agricultores se jactan de ellos. En algunas zonas del medio oeste, se
encuentran letreros que dicen, "Un campesino alimenta a 75 personas". Gracias a la
generosidad de la naturaleza y al uso efectivo de maquinaria, fertilizantes y productos
químicos, los agricultores no conocen rival en la producción de cosechas copiosas y baratas. El
país produce la mitad de la producción mundial de soya y maíz, y del 10% al 25% del algodón,
trigo, tabaco y aceites vegetales.
Como quiera que sea, la agricultura es un gran negocio en Estados Unidos. De hecho, la
palabra "agroindustria" fue creada para reflejar la naturaleza a gran escala de los negocios
agrícolas en la moderna economía norteamericana. El término abarca todas las facetas del
complejo de los negocios relacionados con la agricultura, desde el granjero hasta el fabricante
multinacional de productos químicos para la agricultura. La agroindustria incorpora a
cooperativas agrícolas, empresas fabricantes de equipo, bancos rurales, transportadores de
productos agrícolas, comerciantes, industrias procesadoras de alimentos, cadenas de
supermercados, y muchos otros negocios.
Tanto los consumidores norteamericanos como los extranjeros se benefician de la producción a
bajo precio de los granjeros del país. Los consumidores pagan menos por su comida que los
pueblos de muchos otros países industrializados. Más aún,
un tercio de las tierras de cultivo en Estados Unidos están dedicadas a producir cosechas
destinadas a la exportación a Europa, Asia, Africa, y América Latina. Las exportaciones
alcanzaron un valor de US$42,6 millardos en 1993, y en cambio las importaciones
están muy por debajo, dejando un superávit en la balanza comercial agrícola.
El nivel de vida de los granjeros es generalmente alto. El promedio de sus ingresos equivale a
las tres cuartas partes de los de otros grupos sociales, pero como los gastos de las familias
granjeras son menores, su nivel de vida está muy cerca del promedio nacional. Aunque la vida
rural de antaño implicaba estar aislado de las comodidades de la vida moderna, hoy ya no
sucede.
La celeridad de muchos granjeros para adoptar nuevas tecnologías ha sido uno de los puntales de
la agricultura en Estados Unidos. Las computadoras son sólo la última de la larga lista
de innovaciones que han ayudado a los granjeros a reducir sus costos e
incrementar la productividad. Pero aún así, los granjeros son conocidos por ser
tradicionales a la vez que innovadores. Su arraigada tendencia conservadora, como su respeto
por la tradición, son lo que ha permitido a las comunidades rurales tener estabilidad en
tiempos de cambios acelerados.
Sin embargo, la agricultura tiene un lado oscuro así como uno brillante. Los granjeros de
Estados Unidos pasan por períodos alternos de prosperidad y de recesión, de manera que algunas
prácticas agrícolas han dado lugar a preocupaciones de tipo
ambientales y otras. Mientras la alta productividad de los campos ha mantenido bajos los
precios a los consumidores, los agricultores han sido quizá demasiado exitosos. Los excedentes
de cosechas y los precios bajos han sido obstáculo para que los agricultores se
beneficien. El costo de los productos que los granjeros adquieren: tractores, fertilizantes, y
pesticidas, se ha elevado más rápidamente que los precios que reciben por sus cosechas. Por
otro lado, las altas tasas de interés han incrementado la carga
económica de los granjeros.
A principio de los años 80 se inició un período de dificultades económicas. Declinaron las
exportaciones agrícolas, debido a la sobrevaluación del dólar, lo cual elevó el precio de los
productos del país en los mercados
extranjeros. Cayeron los precios de las cosechas y se elevaron las tasas de interés. Muchos
granjeros se vieron en dificultades para pagar sus préstamos e hipotecas adquiridas cuando los
precios e ingresos eran mayores. Al igual que en los años 30, algunos
granjeros perdieron sus tierras y equipos, los cuales fueron vendidos para cubrir sus deudas. En
docenas de comunidades rurales la crisis causó el cierre de bancos, cooperativas agrícolas y
pequeñas empresas. Una diversidad de programas gubernamentales así como particulares
ayudaron a aliviar el sufrimiento, pero muchos agricultores se preguntaban si los tiempos buenos
habían llegado a su fin.
Hay observadores que dicen que la pequeña granja familiar ya no tiene cabida en
Estados Unidos. Las granjas se han hecho cada vez más grandes, mientras la población rural ha
decrecido. Hoy, con una población total de más de 248 millones, únicamente hay un
poco más de 2 millones de granjas.
Alrededor de una tercera parte de los granjeros son agricultores sólo parcialmente pues
simultáneamente tienen otros empleos con los cuales complementan sus ingresos. Mientras
tanto, un mayor número de granjas están pasando a manos de las empresas,
desde pequeños negocios unifamiliares hasta gigantescos conglomerados. Aproximadamente
una quinta parte de todo el ingreso agrícola pertenece a corporaciones.
Los defensores de la granja familiar lamentan la tendencia que existe hacia las grandes granjas
corporativas. Arguyen que en ellas lo único que interes es la ganancia neta y que, al
contrario de los pequeños agricultores, usan técnicas de producción que pueden hacerle daño al
ambiente. El pequeño agricultor tiene respeto por la tierra y un sentido de administración de los
cuales carecen las
corporaciones. Hay, sin embargo, quienes defienden las agroindustrias. Señalan que las
empresas por regla general, cuentan con mayores recursos de capital que el pequeño agricultor y,
por lo tanto pueden permitirse tomar medidas de conservación que
rendirán beneficios sólo a largo plazo.
Los críticos acusan tanto a los granjeros como a las empresas de dañar el medio ambiente.
Desde los años 40 los granjeros han aumentado el uso de fertilizantes artificiales, así como de
herbicidas y plaguicidas químicos para proteger de plagas los
cultivos. Tales auxiliares de la agricultura han jugado un papel importante en el incremento de
la producción, pero también han causado problemas. El agua de las lluvias que se filtra o que
escurre de las tierras, lleva consigo los fertilizantes al subsuelo, ríos y lagos
dañando la calidad del agua y ayudando al crecimiento indeseable de la flora acuática. Los
productos químicos tóxicos, algunos de ellos ligados al cáncer y a otros males, han hecho su
aparición en el agua, en el aire, y en los alimentos de la
nación aun cuando se mantiene una vigilancia constante de los funcionarios del gobierno a nivel
federal y estatal para proteger estos recursos. Algunos han hecho daño a los granjeros y
trabajadores agrícolas a pesar de los argumentos de las empresas fabricantes que
insisten que sus productos son inocuos cuando son usados conforme a las instrucciones de
aplicación. Al paso de los años, muchas plagas agrícolas han desarrollado resistencia a
productos suaves, de modo que los granjeros han tenido que recurrir a productos
más potentes y caros.
Conforme encaran el futuro, de lo único que pueden estar seguros los granjeros, es que
habrá más cambios. Existen programas de investigación y desarrollo muy ambiciosos, que se
están llevando a cabo en universidades, laboratorios de gobierno y
empresas que prometen continuar las tendencias de años recientes.
Hay muchas innovaciones que deben ser tomadas en cuenta. Una de ellas es la "agricultura sin
arado", en la que el agricultor procede a plantar directamente entre el rastrojo del cultivo anterior
sin haber
previamente volteado la tierra con el arado. Este sistema depende en gran medida de los
herbicidas químicos y por eso ha sido criticado. Sin embargo, puede reducir la erosión y los
costos de mano de obra y combustibles, por lo que muchos granjeros lo han adoptado con
entusiasmo.
Otras novedades se han originado en la biotecnología, es decir, la aplicación de las ciencias
biológicas a fines prácticos. Un cierto número de empresas ha tomado la iniciativa en el uso de
dichas técnicas, entre las que destaca el "empalme genético" diseñado para producir nuevas
plantas y animales, con las características deseadas. Esta técnica consiste en la alteración
artificial de los genes que llevan las características
hereditarias de los organismos. Tal vez en el futuro se conozcan plantas más productivas, que
requieran menos fertilizantes, con mayor resistencia a las enfermedades y a los insectos. Los
biotecnistas así lo creen, y predicen que su trabajo permitirá a los granjeros
reducir su dependencia de los químicos tóxicos, conservando intacto el ambiente.
Es más difícil predecir los cambios sociales y demográficos. Tal vez no está sentenciada a
desaparecer la granja familiar como temen algunos. Un posible indicio es que el número de
granjas pequeñas ha crecido en años recientes
conforme la población en áreas rurales ha dejado de disminuir y ha empezado a crecer. (El
número de granjas pequeñas y grandes crece conforme disminuye el número de las
medianas.)
Respondiendo a las innovaciones y evolucionando al paso del tiempo, la agricultura queda como
la base sobre la cual se apoyan el bienestar y la prosperidad. Este lazo que une al pasado, al
presente y al futuro, es fundamental
al sistema de vida de Estados Unidos.
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