Acerca de esta publicación
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A Estados Unidos se le conoce algunas veces como una sociedad de leyes. Esta frase refleja la habilidad de los estadounidenses para conducir nuestro comercio y asuntos personales y ejercer los derechos que nos garantiza la Constitución de Estados Unidos en un ámbito de normas jurídicas predecibles y pacíficamente aplicables. Estas normas son aceptadas a tal punto que a menudo parecen confundirse en el trasfondo, consideradas como casi un hecho, hasta que surgen las disputas. Cuando las disputas se presentan, los estadounidenses, de todos los sectores sociales, recurren a su sistema judicial para que determine sobre sus derechos y responsabilidades legales. El intérprete máximo de la ley estadounidense y de la Constitución estadounidense misma es el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Durante sus cerca de 220 años de existencia el Tribunal ha crecido enormemente en importancia y autoridad. A diferencia de los primeros tribunales, el actual Tribunal controla en gran medida la agenda de casos a considerar. Su autoridad para invalidar como inconstitucional una decisión de la rama Legislativa y Ejecutiva ya es una cuestión establecida. Cuando John Marshall, el juez presidente del Tribunal Supremo, hizo valer por primera vez esta prerrogativa en 1803, tuvo que considerar si le sería posible al joven Tribunal hacer cumplir una decisión impopular; hoy, los estadounidenses pueden discrepar con vehemencia y gran gusto, como a menudo lo hacen, con una u otra de las decisiones del Tribunal, pero desafiar al Tribunal es simplemente ir más allá de los linderos de la legitimidad política y aún social. En este periódico ofrecemos una colección de ensayos que ilustran la forma en que funciona el Tribunal y explican porqué merece el respeto de los estadounidenses y porque tiene una función vital en el sistema constitucional. Tenemos la suerte de presentar una introducción a cargo del juez presidente del Tribunal Supremo, William H. Rehnquist, junto con las colaboraciones de varios destacados eruditos legales del país. El profesor A. E. Dick Howard, de la Universidad de Virginia, esboza en líneas generales la función del Tribunal Supremo en el sistema constitucional de Estados Unidos en diferentes momentos de la historia del país. Formula la pregunta "¿Qué lugar debe ocupar en una democracia un poder judicial no elegido?", y nos permite tener una mayor comprensión de la forma en que los estadounidenses, de épocas distintas, han respondido a esa interrogante. El profesor John Paul Jones, de la Universidad de Richmond, describe la jurisdicción del Tribunal Supremo (el Tribunal debe conocer de determinados casos, puede conocer de otros y puede no admitir otros. Este valioso manual elemental hace énfasis en la gran adaptabilidad del Tribunal, una de las claves de su éxito. El profesor Robert S. Baker, de la Universidad Duquesne, explica el proceso de nominación y confirmación que rige el nombramiento en el Tribunal. Aunque el presidente y el Congreso tienen, cada uno, influencia en la materia, el resultado ha sido una serie de magistrados con criterio independiente. El Juez de Distrito de Estados Unidos, Peter J. Messitte, del Distrito de Maryland, aclara el misterio del Recurso del Certiorari, el mecanismo legal por el cual el Tribunal Supremo elige las apelaciones que atenderá durante un determinado período. El juez Messitte habla sobre el procedimiento aplicable y explica qué tipo de casos son más susceptibles de ser escogidos. Brown v. Junta de Educación, se refiere al caso en que el Tribunal declaró inconstitucional la práctica de segregación racial en las escuelas públicas, posiblemente la decisión del Tribunal Supremo más aclamada del siglo XX. Jack Greenberg fue uno de los abogados que alegó la causa en favor de los demandantes afro-estadounidenses y es para nosotros motivo de orgullo ofrecer su relato de primera mano sobre ese argumento histórico. Los nueve magistrados no podrían cumplir con sus deberes sin la asistencia de diversos funcionarios de la Corte. Cuatro de ellos, el secretario de la corte, el alguacil de la Corte, el relator de decisiones y la encargada de información pública, describen sus labor, antecedentes y cómo llegaron a ocupar sus cargos en el Tribunal Supremo. Concluimos este periódico electrónico con un resumen breve de las decisiones históricas tomadas por el Tribunal Máximo, una bibliografía y una guía de los recursos disponibles en la Internet. Nos es grato ofrecer esta semblanza de una institución esencialmente estadounidense. Los Editores
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