Ganar en los estados
La campaña por la presidencia se concentra más intensamente en algunos estados que en otros debido a que la Constitución de Estados Unidos establece el uso del Colegio Electoral en lugar del voto popular directo. Este artículo explica cómo funciona este sistema y luego el comentario siguiente, por Charlie Cook, examina las cifras en las elecciones de este año. Cook es director y propietario del informativo Cook Political Report.
 El presidente George Bush saluda a sus partidarios en un acto de su campaña electoral, el 6 de agosto, en Stratham, New Hampshire. (AP Photo/Charles Dharapak) ----------- Partidarios reciben al senador John Kerry en una concentración del 21 de septiembre en Orlando, Florida. (AP Photo/Peter Cosgrove)
El día de las elecciones los estadounidenses marcan en su boleta en favor de su candidato presidencial favoritos están, en realidad, votando por un grupo de electores estatales. Estos electores están comprometidos a votar por ese candidato en el Colegio Electoral, entidad compuesta por representantes que realmente es la que elige al presidente y al vicepresidente.
Establecido en los primeros días de la república, el Colegio Electoral actualmente tiene 538 miembros. Cada estado está representado por electores en cifra igual a la de senadores y representantes que representan al estado en el Congreso nacional. El Distrito de Columbia, que no tiene derecho al voto en el Congreso, cuenta sin embargo con tres votos electorales. El candidato que gana la presidencia es el que recibe la mayoría absoluta (por lo menos 270) de los votos electorales.
De acuerdo a este sistema electoral, es posible alcanzar la presidencia sin ganar el voto popular. Fue lo que sucedió recientemente en 2000, aunque también ocurrió otras tres veces en la historia de Estados Unidos. Esta anomalía ocurre porque casi todos los estados usan el sistema del "ganador se queda con todo", de modo que el candidato que gana el voto popular en un estado cuenta con todos los electores de ese estado en el Colegio Electoral. Las únicas excepciones son los estados de Maine y Nebraska, donde se escogen dos electores por voto popular en todo el estado y el resto por voto popular dentro de cada distrito congresional.
 El vicepresidente Dick Cheney habla ante una concentración del 20 de septiembre en Grove City, Ohio. (AP Photo/Jay Laprete)
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Por consiguiente, los partidos políticos deben considerar cada estado un certamen político diferente, teniendo en cuenta que no es el total nacional de los votos lo que cuenta, sino cuantos votos electorales que tenga un candidato, lo que determinará quien llega a la Casa Blanca. Los candidatos deben realizar tanto la campaña nacional, en la cual sus mensajes son difundidos por los medios de comunicación masivo, como una campaña más precisa en los estados abordando cuestiones e inquietudes locales y regionales.
Muchos estados, en virtud a su composición demográfica o económica, posiblemente vayan a favorecer a determinado candidato o partido. En años recientes se ha discutido ampliamente el tema de los denominados estados rojos y estados azules, es decir los estados que tienden a votar por mayoría por los Republicanos (rojos) o por los Demócratas (azules). Los mapas que ilustran estas diferencias muestran que la mayoría a los estados azules en las costas y la mayoría de los estados rojos en el sur y centro del país. Aquellos estados que son demasiado difíciles de predecir, denominados estados campo de batalla o estados oscilantes, tienden a concitar muchos de los recursos de ambas campañas.
Los estados campo de batalla, donde los candidatos compiten por una pequeña diferencia en el porcentaje en relación al otro, pueden cambiar de una elección a otra e incluso dentro de una misma temporada electoral. En general los expertos consideran que en 2004 hay 10 estados campos de batalla: Florida, Ohio y Pensilvania, Iowa, Minnesota, Nueva Hampshire, Nuevo México, Oregon, Virginia Occidental y Wisonsin. En total estos diez estados representan 116 de los 270 votos electores que se requieren para ganar.
Los estrategas de las campañas deben calcular el tiempo y los fondos que necesita dedicar un candidato a un estado determinado para tener la mayor posibilidad de ganar. Durante la campaña de 2004 el presidente George Bush y el senador John Kerry han realizado varias visitas a los estados denominados campos de batalla como Pensilvania y Ohio. Además de los candidatos presidenciales, los candidatos a la vicepresidencia, miembros de sus familias y otros representantes, como políticos locales populares, han pronunciado discursos en nombre de las campañas en varios estados.
En un certamen reñido la concurrencia de los votantes a las urnas es decisiva, y ambas campañas organizan actividades para identificar a los partidarios y llevarlos a las urnas el día de la elección o para que voten en ausencia por anticipado enviando por correo las papeletas. Los dos partidos tienen también programas dinámicos para registrar votantes, especialmente en las comunidades con mayor probabilidad de favorecer a su candidato.

Influencia del Colegio Electoral
Comentario por Charlie Cook
Si Estados Unidos tuviera una gran elección nacional en la que el ganador del voto popular fuera el presidente elegido, los candidatos concentrarían todas las actividades de sus campañas en las ciudades principales, sin realizar campañas realmente nacionales, ignorando completamente a los estados más pequeños.
El actual sistema del Colegio Electoral fue establecido para crear 51 (50 estados más el Distrito de Columbia) certámenes separados, con los estados campo de batalla tan diversos en esta elección como Nueva Hampshire en el nordeste, Nuevo México y Nevada en el sudoeste y la Florida en el sudeste (tres estados con una considerable población hispana), estados industriales como Pensilvania y Ohio, así como estados más diversos con grandes poblaciones agrícolas, como ser Iowa, Minnesota y Wisconsin.
Este sistema también obliga a los candidatos a realizar campañas más al "detalle", con visitas a ciudades y pueblos bastante pequeños, que no sería el caso en absoluto si se tratara de una elección nacional. El sistema hace que las campañas no sean puramente un asunto de la televisión y obliga a la interacción con los votantes en escenarios más pequeños.
Situación actual en la contienda
Actualmente hay 24 estados, con un total de 208 votos electorales, considerados como pilares sólidos en el campo del presidente George Bush. Ellos son Alabama (9), Alaska (3), Arizona (10), Arkansas (6), Georgia (15), Idaho (4), Indiana (11), Kansas (6), Kentucky (8), Luisiana (9), Mississippi (6), Missouri (11), Montana (3), Nebraska (5), Carolina del Norte (15), Dakota del Norte (3), Oklahoma (7), Carolina del Sur (8), Dakota del Sur (3), Tennessee (11), Texas (34), Virginia (13), Utah (5) y Wyoming (3).
Hay 13 estados que posiblemente, casi seguro, voten por el senador John Kerry, con un total de 179 votos electorales. Ellos son California (55), Connecticut (7), Distrito de Columbia (3), Delaware (3), Hawaii (4), Illinois (21), Maryland (10), Massachusetts (12), Nueva Jersey (15), Nueva York (31), Rhode Island (4), Vermont (3) y Washington (11).
Actualmente hay tres estados que se inclinan hacia Kerry, que tienen 28 votos electorales: Maine (4), Michigan (17) y Oregon (7).
De los 50 estados y el Distrito de Columbia que votan el 2 de noviembre, hay 11 estados, con un total de 123 votos electorales, que son demasiado reñidos para hacer una predicción. Ellos son Colorado (9), Florida (27), Iowa (7), Minnesota (10), Nevada (5), Nueva Hampshire (4), Nuevo México (5), Ohio (20), Pensilvania (21), Virginia Occidental (5) y Wisconsin (10). Un candidato debe tener 270 votos para ganar el Colegio Electoral y por consiguiente, la elección.
En vísperas del primer debate las encuestas principales indicaban que Bush estaba entre tres y ocho puntos (más probablemente seis puntos) por encima de Kerry en todo el país y con un promedio de cuatro puntos de ventaja en los estados más reñidos. Bush iba adelante por márgenes muy pequeños en siete u ocho de los estados demasiado reñidos como para anticipar los resultados.
Después del primer y segundo debate las nuevas encuestas mostraban a los candidatos empatados, es decir, ninguno de ellos con ventaja clara sobre el otro.

Las opiniones expresadas en este artículo no necesariamente reflejan los puntos de vista o las políticas del Departamento de Estado de Estados Unidos.
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