|
|||||||||||
|
|||||||||||
|
Votar por primera vezRebecca Zeifman
| |||||
|---|---|---|---|---|---|
El derecho a votar es uno de los privilegios fundamentales de una democracia. En Estados Unidos, cualquier residente que sea ciudadano norteamericano y tenga por lo menos 18 años de edad, tiene derecho a votar. Para quienes votan por primera vez, depositar ese sufragio inaugural es una ocasión monumental. Para ellos, es una oportunidad de ejercer su derecho protegido por la constitución y de participar en una toma de decisión política. A continuación, dos votantes, una estudiante que acaba de llegar a la edad de votar y una ciudadana estadounidense naturalizada recientemente, reflexionan sobre la primera vez que acudieron a las urnas. Joanna Fisher es una estudiante universitaria de 20 años de edad. Es de Charlotte, en Carolina del Norte, pero pasa nueve meses del año en un colegio universitario de Waterville, Maine. Votó por primera vez en el año 2005, en la elección estatal de Maine. Fisher nunca dudó que votaría en la primera oportunidad que se le presentara. “Siempre supe que me inscribiría para votar tan pronto como hubiera una elección y yo tuviera la edad suficiente”, dijo. “Supongo que me crié en una familia en la que uno se interesa por la política y se interesa por lo que ocurre en derredor”. Aun antes de tener edad suficiente para votar, Fisher participó en el proceso político. Durante las elecciones presidenciales del año 2004 tenía 17 años, justo uno menos de la edad legal para votar. En lugar de votar, trabajó para Erskine Bowles, candidato a senador de Estados Unidos, repartiendo volantes de puerta en puerta en su ciudad de Charlotte. Actuó también como voluntaria en su escuela, ayudando a inscribirse a sus compañeros mayores que ella. “Esa fue, para mí, la elección realmente importante, y aunque no voté en ella, trabajé mucho”, indicó. Cuando Fisher cumplió los 18 años, ella misma se ocupó de inscribirse. “Mis padres ni siquiera me dijeron ‘tienes que inscribirte para votar’”, señaló. “Era algo lógico para mí”.
Así fue que el 8 de noviembre de 2005 Joanna Fisher se inscribió y, unos minutos después, emitió su primer voto. “Fue una elección sólo para Waterville. Para alcalde, comisionado de la ciudad, y cosas realmente locales”, explicó. “Mostré mi licencia de conducir de Carolina del Norte (para identificarse). Me llevó tres minutos y, luego, voté”. Desde esa primera elección, Fisher ya ha votado de nuevo, esta vez en las elecciones para gobernador del estado en noviembre de 2006. Ahora, espera con interés las elecciones del año 2008. “Me siento muy entusiasmada con la idea de votar, porque es mi primera elección presidencial”, dijo. “Se trata de una elección para cuatro años y de nuestra imagen nacional, tanto para nosotros como para otros países”. Malavika Jagannathan, de 23 años de edad, sintió un entusiasmo similar sobre el hecho de votar por primera vez. Como reportera de la gaceta Green Bay Press-Gazette de Green Bay, Wisconsin, Jagannathan estaba frustrada al cubrir las elecciones en su trabajo sin poder participar. Nacida en Bangalore, India, Jagannathan se mudó a Estados Unidos con su familia en 1995, estableciéndose en College Station, Texas. Desde temprana edad, su familia le inculcó la importancia de participar en la política. “Mi mamá decía siempre que aunque nuestros pasaportes eran de un país diferente, uno tenía que ser participante activo en cualquier sociedad en la que estuviera”, dijo Jagannathan. Como Fisher, Jagannathan se involucró en política mucho antes de tener derecho al voto. En la escuela superior trabajó como voluntaria del Partido Demócrata y del Partido Verde, repartiendo volantes y organizando iniciativas de inscripción de votantes en la escuela. “Monté esos pequeños kioscos, pero no pude inscribir yo misma a los otros estudiantes porque no estaba inscrita para votar”, explicó. Según Jagannathan, la condición de no ser ciudadana le inspiró para participar más en la política. “Sabía que no podía (votar), pero, podía, definitivamente, contribuir de otras formas que no fueran el voto”, señaló. “Creo que esa es, en parte, la razón por la cual me interesaba la política”.
El 14 de diciembre del año 2006, Jagannathan se convirtió en ciudadana de Estados Unidos. Al día siguiente, visitó la sede municipal de Green Bay y marcó con un “sí” la casilla del formulario de inscripción de elector que pregunta: “¿Es usted ciudadano de los Estados Unidos de América?” Si bien tendrían que pasar casi dos meses hasta la próxima elección, Jagannathan estaba ansiosa por apuntarse. “Pensé que había hablado tanto de votar, que lo primero que debía hacer era inscribirme”, dice. Dos meses después, Jagannathan votó en una elección primaria local en la que había algunas iniciativas en la papeleta. “Me sentía muy entusiasmada. Mi centro de votación es una iglesia a la vuelta de mi casa, y la administran unas viejecitas. Les dije que era la primera vez que votaba, y ellas también se entusiasmaron”. Después de cubrir varias elecciones como reportera y trabajar como voluntaria para un partido político, fue un alivio participar, finalmente, como votante. “Lo había estado asumiendo durante mucho tiempo, y creo, especialmente tras las elecciones de noviembre de 2006, cuando me moría por que tenía que sentarme allí y cubrir las elecciones y no podía participar, que me satisfizo en cierta manera”, indicó. Aun cuando no todos sus candidatos favoritos ganaron ese día, Jagannathan se comprometió con sus amigos y familiares a tratar de votar en cada elección subsiguiente. “Simplemente, sentía que yo era parte de algo”, explicó. “Y creo que al no haberlo sido durante tanto tiempo, comprendí que serlo es muy importante”. Según Jagannathan, los nuevos ciudadanos pueden valorar el derecho de votar incluso más que los estadounidenses nacidos en el país. “Creo que cuando uno nace con estos derechos, tal vez no piense mucho en ellos”, dice. “Cuando uno tiene que vivir sin ellos y luego los consigue, se vuelven mucho más importantes”. |
|||||