La pequeña empresa en la historia de Estados UnidosChristopher Conte
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Calvin Coolidge, presidente de Estados Unidos durante "los rugientes años veinte", pronunció la célebre frase que dice "el interés de Estados Unidos está en las empresas". Durante el primer siglo de la existencia del país, hasta la década de 1880, habría sido igualmente exacto decir que el interés de Estados Unidos estaba en la pequeña empresa , ya que prácticamente todas las empresas en el país eran pequeñas en esa época. Desde entonces, las empresas de gran escala han eclipsado en gran medida a la pequeña empresa, obviamente, pero la gran mayoría - casi 90 por ciento de los empleadores estadounidenses tiene menos de 20 trabajadores, pero todavía son pequeñas. Es más, la pequeña empresa continúa ejerciendo una fuerte atracción en la imaginación estadounidense. Las empresas no tenían otra alternativa que ser pequeñas en los primeros días de Estados Unidos. El transporte era lento e ineficiente, lo que mantenía a los mercados demasiado fragmentados para poder sustentar empresas grandes. Las instituciones financieras eran igualmente demasiado pequeñas para servir a empresas grandes. Finalmente, la capacidad productiva era limitada porque la energía eólica, hidráulica y animal era la única fuente de energía. Cualquiera que fuera la razón para que las empresas fueran pequeñas, a los estadounidenses les gustaba que fueran así. La pequeña empresa , creían, cultiva el carácter y fortalecen la democracia. Como lo dijera Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, una nación de agricultores y pequeños empresarios evita la dependencia, que "engendra servilismo y corruptibilidad, sofoca el germen de la virtud y produce las herramientas apropiadas para los designios de la ambición". La fe de los estadounidenses en la pequeña empresa fue sometida a prueba a partir de los finales de la década de 1800. El ferrocarril, el telégrafo, el invento de la máquina de vapor y el rápido crecimiento demográfico crearon las condiciones en las que algunas empresas, especialmente las de uso intensivo de capital, como metales primarios, elaboración de alimentos, fabricación de maquinaria y de productos químicos, podían crecer y, en el proceso, adquirir mayor eficiencia. Muchos celebraron los salarios más elevados y los precios más bajos que acompañaron la llegada de las empresas de gran escala, para otros, sin embargo, fue motivo de preocupación el que las cualidades elogiadas por Jefferson podían perderse en el proceso. "Aún cuando aceptaban lo que consideraban la superior eficiencia y productividad de la gran empresa", escribió el historiador Mansel Blackford en A History of Small Business in America, "los estadounidenses seguían admirando al pequeño empresario por su autosuficiencia e independencia". LEGISLACIÓN VS. REALIDAD ECONÓMICA Como lo indica Blackford, los encargados de formular las políticas han buscado repetidamente conciliar el aprecio que tienen los estadounidenses por los beneficios que traen las empresas grandes con su admiración del empresario pequeño. En 1887 el Congreso de Estados Unidos promulgó la Ley de Comercio Interestatal para reglamentar los ferrocarriles, con el objeto, en parte, de proteger la empresa pequeña de lo que se juzgó un monopolio natural. Luego la Ley Sherman Antimonopolio (1890) y la Ley Clayton Antimonopolio (1914) buscaron impedir que las compañías grandes ejercieran un poder excesivo en el merado. Más adelante, la Ley Robinson-Patman de 1936 y la Ley Miller-Tydings de 1937 se proponían refrenar las grandes cadenas de minoristas. Sin embargo, en cada una de estas leyes los admiradores de la pequeña empresa tuvieron que apaciguar a los legisladores que se oponían a la intervención del gobierno en la economía y consideraban las grandes empresas más eficientes que las pequeñas. El resultado fue una variedad de compromisos que limitaba la posibilidad de que las empresas grandes utilizaran su poder para reprimir la competencia, por lo menos en parte, pero no les impedía crecer por medios considerados justos. La Ley Sherman, por ejemplo, no restringió el tamaño per se y, de hecho, se le utilizó con frecuencia para impedir la colusión tanto entre la pequeña empresa como entre las grandes. La ley Clayton, de igual manera, no proscribió la creación de grandes empresas, sino que simplemente prohibió los métodos "injustos" para competir. En 1953 los legisladores adoptaron un enfoque diferente. Establecieron la Dirección de Pequeña empresa (SBA), organismo federal que suministra capacitación y ayuda a las pequeña empresa a obtener financiamiento, contratos de tierras con organismos gubernamentales y en la movilización de capital social. El efecto real de la SBA es difícil de calcular. Sin embargo, los economistas creen que la empresa pequeña ha sobrevivido por años más como consecuencia de la realidad económica y de su ingenio que como resultado de la legislación. En algunas industrias, como la fabricación de muebles, los aserraderos y muchos negocios del sector terciario, por ejemplo, la pequeña empresa sigue desempeñando un papel importante porque el tipo de economías de escala que permitía llegar a ser empresas grandes en otros sectores estaban en gran parte ausentes. En algunos sectores la empresa pequeña encontró nichos en el mercado donde había muy poca demanda como para requerir producción de gran escala. Blackford menciona la compañía Buckeye Steel Castings de Columbus, Ohio, fundada en 1881, que prosperó por espacio de muchos años con la producción de enganchadores automáticos para vagones de ferrocarril, por ejemplo. También describe la forma en que una variedad de compañías textiles pequeñas, con sede en Filadelfia, sobrevivieron hasta el siglo XX con su producción para el mercado estacional siempre cambiante de la ropa. Más recientemente han surgido varias compañías de informática que producen programas para aplicaciones de computación altamente específicas y numerosas pequeñas empresas de la Internet venden productos destinados a segmentos restringidos del mercado. Algunas empresas han permanecido pequeñas simplemente porque sus propietarios no las quieren más grandes. Por su parte los economistas han observado que la pequeña empresa tiene otro papel. Durante los períodos de contracción de la actividad económica, como en la Gran Depresión de los años treinta y las recesiones de 1973-1975 y 1980-1082, muchas personas que perdieron su empleo en las compañías más grandes formaron sus propias pequeñas empresas para mantenerse a flote en épocas duras. En conjunto, aunque el sueño de tener una empresa propia ha alimentado un aumento constante en la cantidad de pequeñas empresas en Estados Unidos, la tendencia general, desde la década de 1880, ha sido que la pequeña empresa crece en número a la par con la población, pero su participación relativa en la producción económica declina a medida que emergen las grandes sociedades en varios sectores. La SBA misma reconoció tácitamente la tendencia hacia un tamaño más grande cuando revisó su definición de la pequeña empresa. En los años cincuenta este organismo catalogaba como pequeño a todo fabricante con menos de 250 empleados, en tanto que hoy incluye en esa categoría a compañías hasta con 500 empleados. Con todo, la gran mayoría de las empresas estadounidenses es pequeña. En 2002, por ejemplo, había solamente 16.845 compañías con más de 500 empleados, comparado con 5.680.914 con personal más pequeño, según la SBA. Significado del tamaño La pequeña empresa demostrado habilidad para perdurar durante los años setenta y ochenta en particular. En ese entonces la competencia extranjera produjo la decadencia de compañías manufactureras básicas de gran escala en industrias como el acero, los automóviles y los textiles. En la nueva economía mundial los servicios pasaron a ser relativamente más importantes, en tanto que la importancia de la manufactura disminuyó, lo que se tradujo en un papel creciente para las compañías pequeñas, que tradicionalmente han dominado muchos sectores de los servicios. Algunos economistas han encontrado razones adicionales por las cuales la pequeña empresa llega a formar una parte más importante en el paisaje económico. En una economía mundial rápidamente cambiante y altamente competitiva, dicen, las compañías que pueden innovar, ajustar sus productos a especificaciones y adaptarse rápidamente a circunstancias cambiantes tienen una ventaja. La pequeña empresa , con sistemas administrativos menos jerárquicos y una fuerza laboral menos sindicalizada, parecería tener precisamente estos puntos fuertes. Lo que es más, la pequeña empresa recibió un impulso extra porque la disminución de los costos del transporte y la presencia de la Internet les hizo más fácil que nunca competir en el escenario mundial. La ola de entusiasmo por la empresa pequeña llegó a su punto máximo en 1987, cuando David Birch, economista y fundador de la firma de investigación Cognetics, Inc., escribió que la pequeña empresa crea la mayoría de los empleos nuevos en la economía. Las conclusiones de Birch atrajeron una enorme atención y todavía se las cita. Muchos economistas lo disputan, sin embargo. En un estudio de 1993, por ejemplo, la Oficina Nacional de Investigación Económica halló que aunque las firmas que emplean menos de 500 personas sí crearon más empleos entre 1972 y 1988, también cerraron sus puertas con más frecuencia. Su efecto neto sobre la creación de empleo fue, por tanto, no mayor que el de las firmas más grandes, concluyó dicha organización privada e independiente. De cualquier modo, es posible que la pequeña empresa no haya perdido terreno en años recientes, pero no ha recuperado la participación que perdió a las empresas grandes durante el siglo anterior. Ello se debe, en parte, a que las grandes empresas son ahora más competitivas después de aprender algunas lecciones de sus competidores más pequeños, según la revista The Economist. En 1995 esta publicación inglesa informó que las empresas grandes se comportan cada vez más como las pequeñas, "empujan el proceso de adopción de decisiones hacia abajo por los diferentes niveles de administración, se reestructuran para trabajar en equipo y unidades cuya base es el productos y adquieren un espíritu más empresarial". Hoy las empresas grandes y pequeñas parecen haber llegado a una especie de equilibrio. El aporte de las pequeña empresa al producto interno bruto estadounidense, por ejemplo, que fue de 57 por ciento en 1958 se ha mantenido en casi el 50 por ciento desde 1980. Si Calvin Coolidge viviera todavía y viera estas cifras podría sostener su creencia de que el interés de Estados Unidos está en las empresas, pero podría agregar que las empresas en Estados Unidos tienen todos los tamaños, de grandes a pequeñas.
Las opiniones expresadas en este artículo no necesariamente reflejan los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.
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