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Calmar el temor de los trabajadores al comercio internacional

David H. Feldman

Beneficios del comercio; costos del proteccionismo

ÍNDICE
Presentación
¿Por qué liberalizar el comercio?
Proteccionismo y Política
Países en desarrollo precisan abrir entre sí a sus mercados
Calmar el temor de los trabajadores al comercio internacional
Aprender la lección correcta sobre el proteccionismo
Un Modelo preciso para la reforma
Cómo la OMC combate el proteccionismo
Bibliografía (en inglés)
Recursos en la Internet (en inglés)
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 Los trabajadores de países en desarrollo como Nicaragua no sólo necesitan una red de protección social básica, sino también un sistema educativo que los prepare para un cambio rápido.
Los trabajadores de países en desarrollo como Nicaragua no sólo necesitan una red de protección social básica, sino también un sistema educativo que los prepare para un cambio rápido.
© AP Images/Edgard Garrido

Pese a la expansión que ha venido registrando la economía, los trabajadores y los gobiernos que los representan están dando muestras de creciente ansiedad con respecto al comercio internacional. La mayoría de los cambios ocurridos en el lugar del trabajo que han dado por resultado desplazamientos del empleo se pueden atribuir a los adelantos de la tecnología, pero es el aumento de las importaciones el que suscita mayor número de quejas. El proteccionismo es una respuesta equivocada. Se han propuesto a los gobiernos mejores soluciones para mitigar los temores de los trabajadores.

David H. Feldman es catedrático de ciencias económicas del College of William and Mary, en Williamsburg, Virginia.

Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio, ha pedido a la comunidad internacional que reactive la moribunda negociación para la Ronda de Doha, porque teme que su fracaso ponga en peligro el régimen multilateral de comercio basado en normas establecidas. La verdadera dificultad va más allá de las cuestiones específicas de las negociaciones que se ventilan en Doha. En países tanto desarrollados como en desarrollo, la idea de que una integración económica mundial reporte beneficios sociales levanta crecientes polémicas. En consecuencia, muchos países se muestran cada vez más inclinados a aplicar prácticas discriminatorias que perturban el comercio como instrumentos discrecionales de política.

El recurso a medidas antidumping, cuotas o tarifas arancelarias temporales en respuesta a los aumentos de las importaciones, subvenciones a la producción y regulaciones perturbadoras del mercado, es fácil de comprender cuando el crecimiento de la economía se estanca. A menos que una economía en expansión pueda crear oportunidades que permitan la rápida absorción de la mano de obra por otras industrias, las concesiones comerciales y los trastornos económicos, o ambos, pueden dar lugar a obvias pérdidas en las industrias que tienen que competir con las importaciones, en particular para los trabajadores, cuyas aptitudes y experiencia están directamente vinculadas a su empleo. Estas políticas se pueden utilizar para mantener el status quo.

Una rápida contracción en cualquier sector importante de la economía lleva consigo un costo político. Pero la erosión de la confianza en mercados mundiales abiertos y normas multilaterales parece sorprendente en una época de robusto crecimiento económico. La respuesta a este enigma radica en el rápido ritmo del cambio tecnológico.

El cambio tecnológico y la ansiedad laboral

En los últimos 60 años, hemos sido testigos de considerables cambios tecnológicos que han dado por resultado un ahorro de la mano de obra en la industria manufacturera. En la mayoría de las economías desarrolladas, la productividad de la industria fabril ha aumentado un promedio de 3 a 5 por ciento al año desde 1950. Al mismo tiempo, el empleo en dicha industria ha crecido poco o ha disminuido. Este hecho ha reducido la proporción del empleo en las manufacturas y ha dado lugar a un correspondiente aumento en la industria de servicios.

Simultáneamente, la reducción del costo mundial de los transportes ha contribuido al incremento de la producción de manufacturas que se comercian internacionalmente. En fechas más recientes, la contratación externa en el sector de servicios ha llevado a compañías de muchos países a reestructurar la forma en que llevan cabo sus negocios.

El cambio estructural es igualmente rápido en muchos países en desarrollo, como resultado del crecimiento de las ciudades y el paso de la agricultura tradicional y las industrias caseras de tamaño reducido a una mayor especialización para competir en el mercado mundial.

Todas estas convulsiones significan que un mayor número de sectores de la economía se sienten amenazados por la competencia internacional real o posible, y este sentimiento es compartido por países que han alcanzado distintos grados de desarrollo económico.

Otro factor pertinente es el temor de que el crecimiento del comercio internacional entre regiones más desarrolladas y menos desarrolladas del mundo es la causa principal de la creciente desigualdad del ingreso en los Estados Unidos y de las altas tasas de desempleo en Europa. No obstante, como han indicado el catedrático de ciencias económicas de Princeton Paul Krugman y otros, la causa probable de estos fenómenos es la caída de la demanda interna de mano de obra no calificada, debida, probablemente, al cambio tecnológico que favorece a los trabajadores muy calificados. La integración económica internacional puede haber contribuido de algún modo a precipitar la ocurrencia de estos cambios en el mercado laboral, pero éstos se hubieran producido en cualquier caso.

No obstante, la ansiedad pública por la inseguridad laboral hace blanco de sus ataques a la liberalización del comercio, en parte porque el desplazamiento del trabajo suele ser sumamente costoso en las industrias sujetas a la fuerte competencia de las importaciones. Pese a ello, los gobiernos no deben reaccionar ante este sentido de inseguridad con la renuncia a un compromiso responsable con el mercado mundial o con el recurso al proteccionismo y a otras medidas que favorecen a determinadas empresas o sectores nacionales de la economía.

Los inconvenientes del remedio proteccionista

La competencia más enconada que existe en cualquier país no es la que enfrenta a compañías nacionales con sus rivales extranjeras, sino la que tiene lugar entre las compañías nacionales mismas, que compiten por escasos recursos de capital y mano de obra. Las barreras al comercio y las subvenciones nacionales pueden aumentar la producción, el empleo y los beneficios en algunas empresas nacionales, pero a costa de otras industrias nacionales que no están subvencionadas ni protegidas. Y si los beneficios de las industrias favorecidas se deben a los precios nacionales más altos, y no al aumento de la productividad, esos beneficios representan ingresos perdidos por alguien de ese país. No son un aumento del ingreso nacional.

Estas políticas enfrentan a los consumidores nacionales y a las compañías que utilizan productos intermedios importados con productores, con frecuencia bien conectados políticamente, de productos importados que les hacen la competencia. Dado que las políticas proteccionistas suelen ser opacas y el proceso que conduce a su adopción se mantiene oculto, se amplía el margen de acción de los grupos de presión. Esta búsqueda improductiva de beneficios excesivos con frecuencia da por resultado una distribución del ingreso que margina a los ciudadanos más necesitados y aparta los escasos recursos de los sectores más aptos para producir altos grados de crecimiento económico.

Una ventaja del comercio abierto es que los precios mundiales suelen facilitar mejor información sobre la carestía debido a los precios desvirtuados por la presión de grupos de interés. Los precios mundiales ofrecen a los consumidores y a las empresas nacionales mayores incentivos de usar los recursos de manera que se obtenga el máximo rendimiento del ingreso nacional. Las empresas y los consumidores de las economías más abiertas suelen tener una mayor selección de bienes de alta calidad, y esas economías pueden experimentar un ritmo más rápido de difusión tecnológica si la tecnología está incorporada en productos importados o inversión extranjera.

Otra ventaja del comercio abierto es que reduce la influencia del mercado que las industrias nacionales muy concentradas tienen en su país. La apertura es una política de competencia muy eficaz, en particular en las pequeñas economías en desarrollo, en las que muchas industrias nacionales tienen sólo una o dos compañías importantes.

¿Cuál es la mejor respuesta?

En los países que disponen de un sector público bien desarrollado, se puede hacer frente a la inseguridad laboral mediante una serie de programas focalizados. Mecanismos antiguos, como la asistencia para el ajuste del régimen comercial, que consiste en el empleo de dinero para dar una nueva formación a los trabajadores que han perdido el empleo debido a los cambios del régimen de comercio, pueden contribuir a hacer los acuerdos comerciales más aceptables a legislaturas escépticas. Desdichadamente, estos sistemas son administrativamente complejos y no siempre benefician a los trabajadores que más necesitan la asistencia o que han sido más adversamente afectados por el nuevo régimen de comercio. Los programas que tienen más probabilidad de restaurar la vitalidad de la liberalización del comercio son los que atacan directamente las causas de la ansiedad de los trabajadores y llegan a un mayor número de personas.

En un documento de política para el Instituto de Economía Internacional Peterson, Lori Kletzer y Robert Litan, investigadores superiores del Peterson Institute y del Brookings Institute, respectivamente, proponen un nuevo régimen de protección social para todos los trabajadores desplazados. Los dos elementos fundamentales de la propuesta son el seguro salarial y las subvenciones para el seguro de enfermedad de los trabajadores que reúnan determinadas condiciones al ser nuevamente empleados. Aunque se basa en la experiencia de los Estados Unidos, la idea de ofrecer seguro social contra lo que hace más temible la pérdida del empleo para la mayor parte de la población, tiene un gran atractivo. El actual seguro de desempleo no hace nada para mitigar el temor de la pérdida salarial en el nuevo empleo, y el pago de los beneficios sólo al ser empleado nuevamente tendería a abreviar la duración del desempleo y acelerar la adquisición de nuevas aptitudes en el trabajo.

Otra posibilidad entraña el uso más amplio de ventajas fiscales para el readiestramiento. Las empresas podrían repartir durante años los costos del adiestramiento de la fuerza laboral, y los trabajadores podrían obtener desgravaciones o créditos fiscales para fines de educación individual en determinados programas.

En muchas economías en desarrollo el alcance del sector público es mucho más limitado y existen asuntos de mayor urgencia para el gobierno que la política industrial o la gestión del régimen de comercio. Uno de ellos debería ser el establecimiento de un régimen fiscal racional, de códigos tributarios claros, aplicado por un poder judicial independiente e imparcial, de manera que la recaudación de impuestos se pueda llevar a cabo de manera eficaz y equitativa. Además, la ampliación de la base imponible permitiría a los gobiernos recaudar más fondos y reducir al mismo tiempo los elevados tipos tributarios—incluso los altos impuestos sobre las importaciones y la renta—que son caldo de cultivo de la evasión fiscal y la venalidad de los funcionarios públicos.

Una base impositiva racional permitiría a los gobiernos de las economías en desarrollo realizar muchas tareas que sólo ellos pueden hacer. Los jóvenes necesitan una estructura básica para proseguir su educación, en particular en los grados primario y secundario. La ventaja comparativa es un objetivo móvil y, dada la rapidez con que se ha producido el cambio en los últimos tiempos, los trabajadores necesitarán competencias transferibles que les permitan trabajar en muchas industrias a lo largo de su vida activa. Es necesario extender la atención de salud básica a más personas, de manera que las vidas productivas no se vean comprometidas por enfermedades crónicas que se pueden prevenir fácilmente. Por último, todos los ciudadanos deben poder contar con una red segura de protección social, para que la ansiedad por el empleo no se convierta en fobia a los cambios que está produciendo el mercado mundial.

Pascal Lamy puede que tenga razón. Existe el peligro de que el fracaso de las negociaciones de Doha provoque una ronda de políticas proteccionistas o incluso tácticas destinadas a empobrecer al vecino, como las devaluaciones competitivas de divisas y el aumento de las barreras proteccionistas. Por otra parte, el futuro real de la integración económica mundial puede depender no tanto del resultado de las negociaciones mundiales como de la respuesta de los países a la ansiedad nacional por el empleo.

Benefits of Trade Costs of Protectionism

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de los Estados Unidos.

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