Un Modelo preciso para la reformaJonathan Kimball
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Diecisiete años después de la caída del Muro de Berlín, las democracias liberales, de mercado libre, han echado raíces firmes en Europa Central y del Sur, inclusive en los estados bálticos de la ex Unión Soviética. La República Checa, Estonia, Hungría, Latvia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia son todos miembros de la Unión Europea, a la que Rumanía y Bulgaria se incorporaron también el 1 de enero del 2007. Si bien la condición de miembro de la UE demuestra el reconocimiento internacional de la monumental transformación de la región, la liberalización comercial que fue una parte decisiva del proceso de acceso tendrá un impacto aún mayor en el bienestar a largo plazo de la población de la región En contraste, los antiguos estados soviéticos de Belarús, Moldova y Ucrania, geográficamente los más occidentales de los miembros de la ex Unión Soviética que no son parte de la UE, no han adoptado en la misma medida políticas de liberalización comercial y, por lo tanto, no han cosechado las mismas recompensas. De hecho, si bien sus economías han crecido durante los últimos quince años, no se han beneficiado como sus vecinos occidentales de la misma afluencia de capital e inversiones extranjeros. Esto puede explicarse en parte por las diferentes circunstancias históricas, una falta de compromiso político con la reforma y, tal vez lo más importante, la inexistencia de una fuerza exterior persuasiva que impulse la liberalización comercial, tal como la posibilidad de una condición de miembro de la UE. Pero lo que más ha estado ausente es un compromiso serio de eliminar las barreras no arancelarias que inhiben grandemente el crecimiento del comercio y la inversión extranjeros. Estas barreras no arancelarias actúan como un muro proteccionista, favoreciendo a las compañías locales con el conocimiento y las conexiones que conducen a obtener una porción incrementada del mercado Sólo después de que Rumanía y Bulgaria, para citar un ejemplo, comenzaron a ocuparse seriamente de las barreras no arancelarias tales como una débil protección de los derechos de propiedad intelectual, las burocracias infladas que inhiben la capacidad de las compañías para trabajar con el estado, los sistemas de compras gubernamentales que no son transparentes y la corrupción difundida - sus economías dieron una vuelta en redondo, los inversionistas extranjeros inundaron los mercados, y despegó el crecimiento encabezado por las exportaciones. El modelo que deben seguir los países como Moldova, Ucrania y Belarús es muy claro. Es el de Europa Central y Oriental. Las economías centro y sudeuropeas se han expandido específicamente debido a que han abierto sus economías a la competencia extranjera, han reducido la influencia del Estado en sus economías y han aplicado reformas estructurales de largo alcance. Como ejemplos de reformas claves aplicadas en la región, se incluyen los siguientes:
Los resultados han sido sumamente impresionantes. Según el banco de datos de la Perspectiva Económica Mundial del Fondo Monetario Internacional, para septiembre del 2006, el producto interno bruto (PIB) medio (en términos de paridad de capacidad adquisitiva) aumentó en Europa Central y Oriental 112 por ciento entre 1993 y 2005. En contraste, el crecimiento medio del PIB per cápita en Belarús, Moldava y Ucrania, en el mismo periodo, fue de 48 por ciento.
Además, los inversionistas extranjeros se han sentido atraídos por estas reformas de largo alcance. Ya sea que entren en las economías por la vía de la privatización, las empresas conjuntas o la inversión en empresas nuevas, los inversionistas extranjeros han traído consigo a las economías en transición empleos, conocimientos prácticos e ingresos tributarios significativos. Como resultado, durante el mismo periodo en que las infladas industrias de propiedad estatal eran modernizadas o liquidadas, los inversionistas extranjeros, atraídos por la naturaleza predecible de una economía transformada, han ayudado a llenar la brecha del empleo. Aún cuando en Belarús, Moldova y Ucrania se han aplicado algunas de las reformas antes mencionadas, la falta de un verdadero compromiso con la puesta en práctica de las nuevas leyes y regulaciones ha llevado a niveles más bajos de inversión extranjera. Las transiciones económicas de los nuevos miembros de la Unión Europea están lejos de terminar. En toda la región, la corrupción necesita todavía reducirse, la burocracia debe ser recortada, las compras gubernamentales deben hacerse más transparentes y hay que abordar otras barreras no arancelarias. No obstante, es improbable que se echen atrás la liberalización comercial y las extensas reformas estructurales ejecutadas desde 1989, que han resultado en un crecimiento económico fuerte, impresionante. Esta condición de predecible - ausente en Belarús, Moldova y Ucrania - crea un clima empresarial que atrae el capital nacional y extranjero, conduce a la creación de empleos, el crecimiento económico y una clase media más vigorosa y rica. Estos son todos ellos requisitos de una economía moderna, mundial. |
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