eJournal USA: Perspectivas Económicas

La batalla contra la pandemia del SIDA

Matthew Hanley

Metas de desarrollo internacional: progresos

ÍNDICE
Acerca de este número
Impulso al crecimiento económico mediante políticas de desarrollo acertadas
Aspectos del desarrollo
La Alianza Mundial para el Desarrollo
Combatir la pobreza con ganancias
Iniciativa para la Educación en África
El tratamiento de la malaria infantil en las comunidades rwandesas
El mejoramiento de la salud materna
La batalla contra la pandemia del SIDA
Facultar a la mujer — una inversión inteligente
La protección de los recursos naturales de Namibia
Bibliografía (en inglés)
Recursos en Internet (en inglés)
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De los más de 40 millones de personas infectadas con el VIH y el SIDA, cerca de tres cuartas partes de ellas están en África. Las clínicas y los hospitales para tratar a estas víctimas del VIH/SIDA están a menudo lejos de las aldeas rurales, lo que los hace inaccesibles para los pacientes. El costo del tratamiento de una enfermedad como el SIDA con frecuencia consume los recursos financieros del paciente. Además, la extensión de la pandemia del SIDA ha agotado los recursos de las clínicas y servicios de salud existentes. En respuesta a ello, los Servicios Católicos de Socorro han iniciado programas que permiten a las familias y las comunidades cuidar en sus propios hogares a aquellos afligidos por el VIH/SIDA.

Matthew Hanley es asesor técnico sobre VIH/SIDA en los Servicios Católicos de Socorro, el organismo de socorro y desarrollo internacionales de la comunidad católica de Estados Unidos.

Una niña etíope, a la que el VIH/SIDA dejó huérfana, recibe cuidados en un centro  comunitario.
Una niña etíope, a la que el VIH/SIDA dejó huérfana, recibe cuidados en un centro comunitario.
Chris Thomas, Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional

Debilitado por los efectos de la tuberculosis y el SIDA, Linson Gipton yace en una estera de juncos, mientras se apoya sobre los codos. Le rodean cuatro paredes de ladrillos de barro que pronto se convertirán en una casa en la aldea de Sandu, en Malawi, país de África meridional. Sobre él hay un enrejado de varillas de bambú que se rellenarán con juncos para completar el techo.

Junto a Gipton se encuentran dos hombres y una mujer que visten con orgullo las ropas de colorido diseño que los identifica como voluntarios del proyecto de cuidados en el hogar de la diócesis católica de Dedza, en Malawi, socia de los Servicios Católicos de Socorro (SCS). Atienden a Gipton, su vecino de 29 años de edad, llevándole cuidados de salud y apoyo para que no tenga que viajar a una clínica distante.

Pero estos voluntarios llevan su servicio hasta límites excepcionales. Le están construyendo a Gipton una casa donde podrá vivir con su mujer y sus tres hijos.

Cuando uno le pregunta cómo le han ayudado estos voluntarios, el endeble Gipton se anima. Una amplia sonrisa se dibuja en su cara. "Construyen este hogar para mi familia", dice. "Si me repongo, me gustaría unirme a los voluntarios, donar mi tiempo y ayudar a otros".

INICIATIVAS Y SERVICIOS DE LOS SCS

Hoy, más de 40 millones de personas están infectadas con el VIH y el SIDA, y cerca de tres cuartas partes de ellas están en África. La organización Servicios Católicos de Socorro inició sus primeros programas sobre el VIH/SIDA en 1989 en Masaka, Uganda. Actualmente, los SCS administran programas sobre el VIH/SIDA en 50 países de África al sur del Sahara y en las zonas más afectadas de Asia, Europa y América Latina.

Los Servicios Católicos de Socorro promueven programas orientados a la comunidad que atienden las necesidades inmediatas de los infectados, se ocupan de las causas subyacentes del SIDA y reducen la propagación del VIH. El SCS interviene con su extensa red de diócesis católicas, instituciones de de salud y otras organizaciones religiosas, para ofrecer una gama de servicios en los que el cuidado y la prevención van de la mano. Entre esos servicios cabe mencionar la educación, las pruebas iniciales, el cuidado en el hogar y cuidado paliativo, el apoyo nutritivo y la ayuda a huérfanos y niños vulnerables.

En la lucha contra esta pandemia, el uso de los fármacos antirretrovirales, una combinación de medicinas que ayuda a echar atrás el progreso del VIH en el organismo, es un rayo de esperanza adicional. En el 2004, como resultado de una donación del Plan de Emergencia del presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), el SCS se convirtió en la agencia líder de un consorcio de cinco organizaciones cuyo propósito es ampliar la distribución del tratamiento antirretroviral a las personas infectadas con el VIH en África, el Caribe y América Latina. Los otros miembros del consorcio son el Instituto de Virología Humana de la Universidad de Maryland, la Junta de la Misión Médica Católica, Interchurch Medical Assistance y el Grupo de Futuros. El consorcio, llamado AIDSRelief, ofrece actualmente terapia antirretroviral a más de 15.000 personas en nueve países de África y América Latina. Se espera que la donación a AIDSRelief alcance 335 millones de dólares en cinco años.

Mediante el financiamiento del PEPFAR, el SCS administra otras donaciones multimillonarias de varios años de duración, concebidas para prevenir la transmisión del SIDA y dar apoyo a huérfanos y niños vulnerables.

El programa quinquenal para la prevención del SIDA "Evitar Riesgos, Afirmar la Vida", llegará a más de 1,35 millones de beneficiarios (jóvenes, padres y el clero) con mensajes interactivos sobre la abstinencia sexual y la fidelidad mutual en Etiopía, Uganda y Rwanda. Otra donación separada de cinco años de duración proporcionará valioso apoyo, mayormente en forma de educación, alimentos y asistencia psicosocial, a más de 56.000 huérfanos y niños vulnerables en Tanzania, Kenia, Zambia, Rwanda y Haití.

Gracias al financiamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, los SCS distribuyen también raciones de alimentos a las familias afectadas por el VIH/SIDA. Debido a que las personas infectadas con VIH o SIDA tienen necesidades alimentarias incrementadas, mejorar su nutrición aumenta su calidad de vida y su tiempo de supervivencia, especialmente cuando se combina con la terapia antirretroviral.

Muchas otras iniciativas del SCS, como los programas de cuidado en el hogar y en la comunidad, reciben financiamiento privado. En Malawi, donde 16 por ciento de los adultos son seropositivos y más de un tercio de los niños menores de 15 años han perdido por lo menos a un padre debido a la enfermedad, el SCS apoya los programas de cuidado en el hogar en tres diócesis católicas: Dedza, Mzuzu y Zomba.

Elinat Masoankhumbria, Moses Chembe y Manuel Jairos, voluntarios del cuidado en el hogar de la diócesis católica de Dedza, social de los Servicios Católicos de Socorro, visitan a Linson Gipton, que padece del SIDA.
Elinat Masoankhumbria, Moses Chembe y Manuel Jairos, voluntarios del cuidado en el hogar de la diócesis católica de Dedza, social de los Servicios Católicos de Socorro, visitan a Linson Gipton, que padece del SIDA. Se encuentran en la casa de ladrillos de barro, aún sin terminar, que los voluntarios construyeron para Gipton.
Neal Deles, cortesía de los Servicios Católicos de Socorro

COMPARTIR LA ESPERANZA DE VIVIR

La filosofía que sustenta el cuidado de salud orientado a la comunidad tiene sus raíces en una simple realidad del mundo en desarrollo: las clínicas y los hospitales se encuentran a menudo a muchos kilómetros de distancia de las aldeas rurales y resultan, por lo tanto, inaccesibles a los pacientes, que por lo común no tienen otro medio de transporte que sus propios pies. Además, el costo del tratamiento de una enfermedad crónica como el SIDA consume rápidamente los recursos financieros de un paciente. Y la extensión de la pandemia del SIDA ha agotado los recursos de las clínicas y servicios de salud existentes.

De ese modo, los Servicios Católicos de Socorro y sus socios llenan un vacío crítico en el cuidado de las personas con VIH/SIDA, al permitirles a las familias y las comunidades cuidar de los enfermos en sus propios hogares. Los programas del SCS ofrecen consejo, capacitación en el cuidado de salud y suministros como alimentos, ropa, frazadas y medicamentos y, ocasionalmente, una casa. Al apoyar de este modo a los voluntarios de la comunidad, el SCS no sólo ayuda a reducir el estigma de la enfermedad, sino que también mantiene unidas a las familias y mejora la capacidad de los miembros de la comunidad para cuidarse mutuamente.

Los voluntarios que prestan cuidados en el hogar pueden llegar a tener lazos estrechos con sus pacientes y les proporcionan la compañía y compasión que, a menudo, son las primeras víctimas de la enfermedad. Tiwonge James, de 20 años, vio morir de SIDA a sus padres hace tres años. Ahora, ella es seropositiva. Lucha por seguir adelante y está a cargo del cuidado de sus tres hermanos menores, dos niñas de nueve y once años y un varón de tres. Antes de caer enferma tenía un negocio de confección de rosquillas, pero ahora está demasiado enferma para trabajar y depende de su marido para obtener dinero. Aunque vive con su marido, James tiene toda la responsabilidad del cuidado de sus hermanos.

Mercy Kamtambe, voluntaria principal del programa del SCS en la diócesis de Dedza, visita a James una vez a la semana y le lleva alimentos, le ofrece orientación nutritiva y le proporciona cuidado, apoyo y ayuda con los tres niños. "Mercy me ayuda a cuidar a mis hermanos y hermanas, porque soy la única", dice James. "A veces me siento sola. Mercy es una buena amiga".

Kamtambe dice que trata de levantar el ánimo de sus pacientes y enseñarles cómo cuidar de sí mismos y sus familias. "A Tiwonge le enseño a cocinar, para que empiece a alimentarse bien", dice. "Padecer de VIH/SIDA no es el fin de la vida. La gente con VIH/SIDA tiene que tener una esperanza para vivir".

Todas estas actividades son parte del enfoque abarcador que adoptan los Servicios Católicos de Socorro al atender la pandemia del SIDA. La declaración de misión y los principios que guían al SCS subrayan el compromiso de esta agencia con el alivio del sufrimiento humano, el desarrollo de las personas y la promoción de la caridad y la justicia en el mundo. Es nuestro mandato proporcionar cuidado y apoyo a personas con VIH/SIDA, prevenir la transmisión adicional del VIH y mitigar el impacto de la epidemia en los niños, las familias y las comunidades.

Metas de desarrollo internacional: progresos

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.

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