|
LA BIOTECNOLOGÍA Y LA ECOLOGIA DE LA COMUNICACIÓN MUNDIAL
Por Calestous Juma, profesor de Práctica de Desarrollo Internacional y director del Programa de Ciencia, Tecnología y Mundialización de la Escuela de Administración Pública Kennedy de la Universidad de Harvard

El debate público sobre la innocuidad de los productos nuevos que entran en el mercado se remonta a siglos atrás y, a menudo, se ha sustentado más en la política de su época que en la ciencia. Hoy, al igual que antes, muchos de los debates sobre los productos agrícolas de la biotecnología son impulsados por mitos que responden a inquietudes socioeconómicas y no científicas, como señala el doctor Calestous Juma, profesor y director del Programa de Ciencia, Tecnología y Mundialización de la Facultad de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard. La comunidad científica, con el apoyo más firme de los gobiernos, deberá redoblar sus esfuerzos para ventilar abiertamente ante el público las cuestiones de índole científica y tecnológica, añade el profesor.
El debate sobre la biotecnología retoma el hilo del discurso social que se ha sostenido a lo largo de la historia siempre que han surgido productos nuevos. Las aseveraciones sobre las virtudes de la nueva tecnología han sido acogidas en algunos casos con escepticismo, vituperios o bien con franca oposición usualmente caracterizada por la difamación, las insinuaciones y la desinformación. Incluso los productos más ubicuos han sufrido siglos de persecución.
Por ejemplo, en el siglo XVI los obispos católicos intentaron prohibir el consumo del café en el mundo cristiano porque competía con el vino, y porque además representaba nuevos principios religiosos y culturales.
Similarmente, los archivos históricos revelan que en el 1511 en la Meca, un virrey e inspector de mercados llamado Khair Beg prohibió los establecimientos de venta de café y el consumo de la misma bebida. Su decisión se basaba en los argumentos de médicos persas exiliados y magistrados locales de que el café causaba los mismos efectos que el vino en la salud humana. Sin embargo, los verdaderos motivos respondían en parte a la función que estos establecimientos cumplían de socavar su autoridad y presentar fuentes alternas de información sobre la situación social en su reino.
En campañas públicas de difamación, similares a las que hoy se conducen en contra de los productos de la biotecnología, se corría el rumor de que el café causaba impotencia y otros males, razón por la que los dirigentes en la Meca, Cairo, Estambul, Inglaterra, Alemania y Suecia lo declararon fuera de ley o restringieron su consumo. En un apasionado intento por defender el consumo del vino en 1674, los médicos franceses afirmaron que tras la ingesta de café: AEl cuerpo se convierte en mera sombra de lo que fue, comienza a deteriorarse y mengua. El corazón y los intestinos se debilitan tanto que el bebedor de café sufre de desvaríos y el cuerpo experimenta tal impresión que parece estar bajo los efectos de un hechizo@.
CUENTOS DE MARIPOSAS Y OTRAS ARTIMAÑAS DE LA DESINFORMACIÓN
Hoy día, se difunden con un propósito similar las historias sobre los alimentos genéticamente modificados (alimentos MG). Además de las declaraciones sobre el efecto adverso de los alimentos MG en el medio ambiente y en la salud humana, hay también declaraciones infundadas que vinculan los alimentos MG con enfermedades tales como el cáncer del cerebro y la impotencia, y con alteraciones del comportamiento. Algunos de estos rumores se difunden en las más altas esferas de gobierno de los países en desarrollo.
El esquema táctico que se emplea en los debates es muy avanzado. Los críticos de la tecnología han utilizado los instrumentos de la comunicación masiva para proporcionar información cuidadosamente diseñada para destacar ante el público los peligros que se le atribuyen a la biotecnología. Los defensores de la biotecnología a menudo se han visto obligados a responder a acusaciones contra la tecnología, pero solo en contadas ocasiones han tomado la iniciativa de comunicarse directamente con el público. Este punto es de particular importancia porque el público general no capta con facilidad los detalles técnicos de los productos biotecnológicos y es necesario adoptar nuevos métodos de comunicación.
Mientras los defensores de la biotecnología frecuentemente intentan apoyar sus razones en la exactitud de las ciencias, los críticos utilizan métodos persuasivos con el fin de infundir el miedo y sembrar dudas en el público sobre los verdaderos motivos de la industria. Los críticos establecen analogías entre los Apeligros@ de la biotecnología y las consecuencias catastróficas de la energía nuclear o de la contaminación causada por sustancias químicas. De hecho, utilizan palabras como "contaminación genética" o "alimentos Frankenstein".
Al presentar sus argumentos, los críticos también se han aprovechado de la desconfianza general que hay en sectores de la comunidad global hacia las grandes corporaciones. Además, han utilizado a su favor una serie de incidentes, cuyos riesgos han exagerado. Se ha citado mucho un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell que señala al polen de maíz MG (productor de la toxina Bt)como el causante de la desaparición de las orugas de las mariposas Monarca. El estudio se utilizó para resaltar el efecto de la biotecnología en el medio ambiente. Ni las explicaciones que seguidamente publicaron sus colegas de la comunidad científica puntualizando las limitaciones del estudio, ni la impugnación de sus conclusiones bastaron para cambiar la impresión inicial creada por los críticos de la biotecnología.
En este caso la verdadera cuestión medioambiental no era si el maíz MG causó o no causó la extinción de las orugas de las mariposas Monarca. La cuestión palpitante era el efecto en el medio ambiente del maíz MG frente al maíz cultivado con pesticidas químicos. Lo que realmente se debería destacar es la cuestión de los riesgos relativos y no solamente el análisis de un acontecimiento que se ha extrapolado de un contexto ecológico más amplio. Pero, al parecer, este tipo de análisis no se presta bien a la causa de los críticos.
Cabe notar que los críticos de la biotecnología han definido de dos maneras las reglas del debate.
La primera es que han logrado dar la impresión de que la responsabilidad de demostrar la inocuidad de los productos de la biotecnología recae en sus defensores y no en sus críticos. En otras palabras, los productos de la biotecnología son peligrosos hasta que se pruebe lo contrario.
La segunda es que han sido muy eficaces al situar el debate sobre la biotecnología en el marco de los temas ambientales, éticos y de salud humana, a la vez que encubren consideraciones subyacentes ligadas al comercio internacional. Es así como han logrado ganar el apoyo de un gran número de activistas genuinamente interesados en la protección del medio ambiente, la seguridad del consumidor y los valores éticos sociales.
Existe la noción general de que los esfuerzos concertados para fomentar el debate público mejorarán la comunicación y conducirán a la aceptación de los productos de la biotecnología. Es algo que se podrá aplicar a algunas situaciones pero, por lo general, las inquietudes son mayormente de carácter material y no se resolverán mediante el debate público. Ello se debe mayormente a que las causas del debate radican en las implicaciones socioeconómicas de la tecnología, y no en simples consideraciones de retórica. Es posible que los debates públicos sólo contribuyan a aclarar o a ampliar puntos de divergencia, y hagan poco para que se aborden cuestiones fundamentales de tipo económico y comercial.
Luego, ¿qué se puede hacer en estas circunstancias, especialmente en lo tocante a países en desarrollo que son, en la actualidad, el blanco al que los defensores y los críticos de la biotecnología dirigen su atención? El desempeño en la nueva ecocomunicación mundial requerirá una mayor diversidad de productos biotecnológicos, un aumento en el número de actores institucionales, una mejor investigación sobre la regulación de las ciencias de la vida y de la sociedad, y firmes directrices de política.
LOS PRODUCTOS HABLAN POR SI MISMOS
La mayor parte del debate sobre la función de la biotecnología en los países en desarrollo se basa en nociones hipotéticas de productos no accesibles a productores o consumidores. En estas circunstancias, la comunicación y el diálogo serán inútiles hasta que se establezca un punto práctico de referencia. En otras palabras, la refutación de los argumentos de los críticos no es tan importante como la presentación de los beneficios de productos reales asequibles en el mercado.
Este objetivo se logrará mejor a través de los esfuerzos de colaboración entre científicos, empresarios, formuladores de política y organizaciones legítimas de la sociedad civil de cada localidad. Hay evidencia suficiente que demuestra que las preocupaciones por la seguridad de los nuevos productos tienden a disminuir según aumenta la participación y la posesión de las nuevas tecnologías. De igual manera, la participación local en las nuevas tecnologías hará crecer el nivel de confianza en las nuevas tecnologías, con lo que se reducirá la demanda de normas de innocuidad no basadas en datos científicos. Por ejemplo, el testimonio de un agricultor de Sudáfrica que declara el efecto positivo de algodón MG en su bienestar vale más que miles de comunicados sensacionalistas de prensa y titulares baldíos en ambos lados del debate.
Ello significa que la difusión de los usos de la biotecnología no sólo promueve los conocimientos sobre la tecnología, sino que también genera la información necesaria para convencer al público de la relevancia y la utilidad de esa tecnología. La ampliación de la gama de productos es, por consecuencia, un aspecto clave del debate. Ello reviste importancia particular para los países en desarrollo interesados en utilizar la tecnología para mejorar los productos locales y diversificar sus fuentes alimentarias.
La información sobre el desarrollo de cosechas resistentes a sequías, por ejemplo, será relevante en los países africanos mientras que otros países se interesarán en productos diferentes, por lo que se puede colegir que el debate general sobre la función de la biotecnología no rinde frutos, a menos que se produzca en el contexto de los requerimientos y las aplicaciones locales.
La falta de un verdadero interés en la tecnología crea un vacío que a menudo se llena con información errónea sobre los riesgos y los beneficios de la tecnología. Países tales como Kenia y Sudáfrica, que cuentan con sus propios programas de investigación biotecnológica, tienen una mejor opinión de la tecnología.
INCREMENTO DEL NÚMERO DE ADEPTOS
Para abordar el tema de la comunicación sobre biotecnología se requiere una mejor comprensión de la naturaleza cambiante de la ecocomunicación. La ecología incluye una compleja red de fuentes de información y líderes de opinión pública, así como de nuevos instrumentos de comunicación hasta ahora no disponibles al público o a grupos preconizadores. En su momento, Khaír Beg se escandalizó al enterarse de que los cafés se habían convertido en fuentes bien versadas de información sobre lo que acontecía en su jurisdicción. De la misma manera la Internet se ha convertido en un instrumento más importante que los tradicionales métodos de comunicación, como son los anuncios televisados.
Sin embargo, a diferencia de los tiempos de Khair Beg, la nueva ecocomunicación es de cobertura mundial, lo que hace posible la difusión más abarcadora de información y que se genere más empatía entre las diversas organizaciones activistas, incluyendo aquellas que con escasa probabilidad serán afectadas por la tecnología. Estas comunidades cibernéticas se forman a través de un conjunto complejo de listas de destinatarios a las que no es fácil acceder. La complejidad de las redes dificulta la rectificación de la información falsa difundida por estos canales.
En tanto que los activistas tienden a utilizar una amplia gama de movimientos sociales para adelantar su causa, los defensores de la biotecnología han tendido a concentrarse en el uso de instituciones centralizadas, cuyo efecto es casi nulo en la ecocomunicación moderna. Sin embargo, la creación de una diversidad necesaria requiere una ampliación de la base de movimientos sociales que defienden la función de la ciencia y la tecnología en el bienestar humano.
Uno de los aspectos más importantes del debate sobre la biotecnología ha sido el papel de los medios populares de información. En Europa, por ejemplo, los medios han desempeñado un papel importante al exagerar los argumentos de los críticos o al sembrar dudas sobre las posturas favorecidas por defensores de la tecnología. En contraste, el apoyo para la función de la ciencia no suele tomar los matices polémicos que son el deleite de los directores de periódicos.
La opinión que tradicionalmente se tiene de que la ciencia se basa en hechos inmutables que se transmiten de una autoridad en la materia al público en general es ahora cuestionada por los métodos que exigen una mayor participación en la adopción de decisiones. En otras palabras, la información científica se somete ahora a prácticas democráticas.
El debate sobre la biotecnología ha sobrepasado los límites del discurso público sobre cuestiones técnicas. Por un lado, la sociedad se ve obligada a abordar cuestiones que son inherentemente técnicas, y por otro, la comunidad científica se ve presionada a aceptar cuestiones de índole no técnica como contribuciones válidas a su proceso decisorio.
PREVISIONES
Las instituciones de investigación para la determinación de políticas y los grupos de expertos desempeñan una función importante en la guerra de las palabras. Cabe notar que los críticos de la biotecnología han realizado un esfuerzo considerable para crear alianzas con las instituciones de investigación, entre ellas departamentos de las facultades universitarias. Gran parte del material que se utiliza para cuestionar la inocuidad de la biotecnología es avalada, con mucha frecuencia, por instituciones legítimas de investigación. Sin embargo, la investigación imparcial sobre la función de la biotecnología en la sociedad brilla por su ausencia, y los que buscan proporcionar una visión alterna tienen oportunidades limitadas de obtener información creíble.
La falta de una investigación sistemática sobre la interacción entre la biología y la sociedad es un obstáculo que dificulta los esfuerzos para lograr la participación del público en un diálogo sobre la biotecnología. Ello reviste particular importancia dado el caso de que los avances en la biología presentan nuevas cuestiones ecológicas y éticas relacionadas con la física y la química. Por ejemplo, la preocupación por la incapacidad de retirar productos una vez se ponen a la venta se ahonda más cuando se trata de inventos biológicos liberados en el medio ambiente.
NUEVOS DERROTEROS
Gran parte del debate público tiene como propósito influir sobre la política del gobierno para la biotecnología. En este sentido, la capacidad de los gobiernos de evaluar la información disponible y su utilización en la adopción de decisiones es un componente esencial del debate. El liderazgo político para la biotecnología y la existencia de instituciones necesarias de asesoramiento sobre cuestiones de ciencia y tecnología son un aspecto esencial del régimen de las nuevas tecnologías.
Los debates sobre las nuevas tecnologías tendrán mayor trascendencia en el futuro y los gobiernos se verán cada vez más presionados para que aborden estos temas. Sin embargo, el asesoramiento sobre la ciencia y la tecnología no será suficiente a menos que los gobiernos consideren que la ciencia y la tecnología son parte integral del proceso de desarrollo. En este sentido, el mejorar la capacidad de los directivos públicos de abordar asuntos de la ciencia y la tecnología contribuirá al trámite eficaz del debate público sobre las nuevas tecnologías en general y de la biotecnología en particular.
En general, la naturaleza de las tecnologías emergentes, particularmente aquellas basadas en las ciencias de la vida, y el estado mudable de la ecocomunicación exigen una nueva formulación de las estrategias para adelantar la función de la biotecnología en la sociedad. La comunidad científica no necesitará únicamente demostrar un sentido claro de liderazgo, sino que también deberá adoptar métodos de comunicación que se ajusten a los requerimientos cada vez más complejos y diversos de la comunidad mundial. A fin de cuentas, lo que resolverá el debate es la gama de productos de la biotecnología que sean útiles a la humanidad, y no las declaraciones sin fundamento de críticos y defensores.
Nota: las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las opiniones o políticas del Departamento de Estado de Estados Unidos.
|