Acabar con el hambre y la desnutrición es una meta alcanzable, pero sólo si los gobiernos de los países desarrollados y los países en desarrollo toman las decisiones políticas correctas. Alan Larson, ex subsecretario de Estado de EE.UU. para asuntos económicos y empresariales, es asesor principal de política internacional de la firma de abogados Covington y Burling en la ciudad de Washington, y director de la organización benéfica Bread for the World. No existe objetivo mundial más importante que el de terminar con el hambre. Más de 800 millones de personas en todo el mundo padecen hambre o están malnutridas y un gran porcentaje son niños. La desnutrición infantil es una tragedia particular. Puede causar daños cerebrales que afectan permanentemente la capacidad de una persona de lograr su potencial pleno. La seguridad alimentaria es una necesidad básica tan importante que ni las familias ni los países pueden afrontar eficazmente otros desafíos cuando no tienen suficiente para comer. El hambre y la desnutrición han de ser derrotados con la finalidad de lograr progreso duradero en ámbitos como la educación, la salud y los problemas medioambientales. Estadounidenses de todo el espectro político tienen un fuerte compromiso con atender el problema del hambre. La superación del hambre ha sido una prioridad máxima, tanto para gobiernos republicanos como demócratas. Estados Unidos ha sido durante años el abastecedor más grande de ayuda alimentaria y el mayor contribuyente al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Las universidades y los científicos estadounidenses comparten esta dedicación. Desde que Norman Borlaug ganó el Premio Nobel de la Paz por su labor que desembocó en la Revolución Verde, las universidades de Estados Unidos han producido una corriente de científicos dedicados a reducir el hambre en el mundo. Los ciudadanos estadounidenses contribuyen generosamente a organizaciones no gubernamentales que proporcionan ayuda alimentaria en el extranjero y a organizaciones humanitarias como Bread for the World. Una meta alcanzable De todas las dificultades apremiantes que afronta el mundo, la de terminar con el hambre es una de las que más se pueden lograr. No hay una escasez mundial de alimentos. No está en duda la capacidad de seguir produciendo suficientes alimentos de alta calidad para satisfacer las necesidades de la población mundial. Más bien, el hambre es consecuencia de los problemas políticos. Las guerras y los conflictos civiles dejan a las mujeres y a los niños sin acceso a la comida. A veces, la asistencia alimentaria de emergencia es muy pequeña, o llega con demasiado retraso, o es demasiado ineficiente para satisfacer estas necesidades. La ciencia y la tecnología no siempre han podido satisfacer las necesidades agrícolas particulares de los países en desarrollo. Los países donantes a veces no han concedido financiamiento suficiente para aumentar la productividad agrícola y para fomentar el desarrollo rural en los países en desarrollo. Y los países en desarrollo a veces no han querido emplear valiosas tecnologías nuevas, como la biotecnología, que se utilizan de manera segura y eficaz en los países desarrollados. Aunque el sistema comercial puede y debería contribuir a satisfacer las necesidades alimentarias mundiales al costo más bajo posible y con un impacto medioambiental mínimos, las políticas comerciales y agrícolas erradas, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo, han menoscabado a veces la capacidad operativa del régimen comercial. Por ejemplo, Europa y Estados Unidos se aferran a los subsidios que distorsionan el comercio y perjudican a agricultores en los países en desarrollo. Los países importadores de alimentos con demasiada frecuencia han empleado obstáculos al comercio para dar preferencia a la producción local. Lo que hace falta Terminar con el hambre y la desnutrición es una meta alcanzable, pero sólo si los gobiernos toman las decisiones políticas correctas. Para terminar con el hambre hace falta una enorme voluntad política, colaboración estrecha, un plan claro y un esfuerzo sostenido. A continuación se detallan algunos de los elementos centrales de semejante plan. 1. Más contribuciones alimentarias y con mayor rapidez: Cuando los conflictos internacionales o internos dejan a la gente en circunstancias en que no pueden comprar o no tienen acceso a alimentos, los donantes internacionales deben acudir en su ayuda con mayor rapidez y más generosidad. Bajo los auspicios del Programa Mundial de Alimentos, donantes bilaterales como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han dado un paso al frente en esa dirección. Otros donantes tienen que reconocer también que la ayuda alimentaria es indispensable. Todos tienen que actuar con mayor rapidez para responder a las emergencias alimentarias, utilizando los sistemas de alerta temprana. 2. Una asistencia alimentaria más eficaz: La asistencia alimentaria ha de ser más eficaz. En algunos casos, la entrega directa de alimentos que provienen de países exportadores tradicionales como Estados Unidos es menos eficaz que la adquisición de alimentos locales o de la región en la que ocurre la escasez. En momentos en que el Congreso de Estados Unidos debate la ley plurianual de política agraria, distintas organizaciones, entre las que se cuentan Bread for the World, abogan por reformas que hagan más eficiente la ayuda alimentaria estadounidense. 3. Ayuda para más cultivos en los países pobres: Estados Unidos y otros países donantes pueden hacer más para ayudar a los países en desarrollo a aumentar su productividad. En los últimos seis años, Estados Unidos ha dado inicio a esa labor. El Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo tienen que aumentar también sus propios programas agrícolas. Robert Zoellick, actual presidente del Banco Mundial, se ha interesado por las cuestiones agrícolas africanas. Espero que actúe para reestablecer el liderazgo del Banco Mundial en el aumento de la productividad agrícola en los países en desarrollo.
4. Uso de la ayuda alimentaria para apoyar el desarrollo agrícola en los países en desarrollo: La ayuda alimentaria internacional debería ser una respuesta a corto plazo, en lugar de fomentar la dependencia a largo plazo. En colaboración con las ONG, Estados Unidos apoya a los países que tratan de utilizar la ayuda alimentaria para impulsar su propia productividad agrícola. USAID y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos trabajan en Burkina Faso con una organización llamada Equipos Médicos del Noroeste en apoyo de grupos de agricultores que comparten equipos de cultivo y construyen pozos. Se han lanzado proyectos eficaces similares en Senegal, Kenia y Eritrea. 5. Hacer que la agricultura y la nutrición sean prioridades nacionales: Aunque la asistencia es indispensable, los propios países donde hay hambre deben tomar la iniciativa y hacer de la agricultura y la nutrición sus prioridades nacionales. China y la India, los dos países más populosos del mundo han demostrado lo que se puede hacer. En China, el gobierno inició reformas importantes que han dado a los agricultores más libertad sobre lo que cultivan. En la India, el gobierno ha iniciado planes de distribución de semillas para ayudar a los agricultores y programas de distribución de leche para los consumidores. Cada uno de estos países ha comenzado a aprovechar la capacidad científica para atender las cuestiones del hambre y la nutrición. Funcionarios y científicos de China y la India han ganado el prestigioso Premio Mundial de la Alimentación. Por el contrario, el pésimo liderazgo político en lugares como Zimbabwe ha transformado las ricas tierras agrícolas de ese país en tierras de hambre. En Corea del Norte, los distorsionados objetivos del régimen y su mano dura con la distribución de los alimentos han creado hambrunas y penurias, a pesar de años de generosa asistencia alimentaria. 6. Ampliar el alcance de la tecnología: En Estados Unidos, nuestros ciudadanos han tenido la suerte de poder beneficiarse de los avances tecnológicos. Algunos adelantos, sobre todo en la biotecnología, no sólo han aumentado la productividad sino que también pueden producir variedades de plantas más resistentes a la sequía, con mayor contenido nutricional, con menos necesidad de productos químicos y más resistentes a las plagas. Con un programa internacional concertado que incluya tanto al sector público como al privado, se puede aprovechar el poder de la biotecnología en beneficio de los agricultores y consumidores en los países en desarrollo. Es alentador que la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller hayan aunado esfuerzos para trabajar en temas agrícolas. Con mayor ayuda internacional, podemos esperar iniciativas aún más importantes de investigadores como Monty Jones, de Sierra Leona, quien mejoró las técnicas de cultivo del arroz en el África Occidental. 7. Aprovechar el poder del comercio: El sistema comercial debe ser un instrumento para terminar con el hambre. Las regiones comerciales ricas como Europa y Estados Unidos deben rebajar drásticamente los subsidios agrícolas que distorsionan el comercio y empobrecen a los agricultores en los países en desarrollo. Los países ricos, incluido Japón, deben eliminar los rígidos obstáculos comerciales con los que se topan las exportaciones agrícolas de los países en desarrollo, a fin de que pueda mejorar la producción alimentaria de esos países. Al mismo tiempo, demasiados países en desarrollo han sido lentos en darse cuenta de que los obstáculos comerciales elevan los precios de los alimentos para sus pueblos y perpetúan las ineficiencias de sus propios sistemas de suministro de alimentos. Si bien puede que sea conveniente un período de ajuste, la reducción de los obstáculos a la importación de alimentos en los países en desarrollo es un elemento necesario de la solución al hambre mundial. 8. La eliminación del hambre ha de ser una de las máximas prioridades políticas: Afrontamos una escasez en la lucha contra el hambre mundial, pero no es una escasez de alimentos, sino de voluntad política. Ochocientos millones de personas, muchas de ellas mujeres y niños, cuentan con nosotros. Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos. |
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