Globalización, derechos humanos y democraciaDaniel Griswold
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Cuando el Congreso de Estados Unidos y los medios de información abordan asuntos relacionados con el comercio y la globalización, su atención se centra casi exclusivamente en el impacto económico que ejercen ambos fenómenos sobre la industria, los empleos y los salarios. Pero el comercio entraña más que la mera exportación de semillas de soja o herramientas. Tiene que ver también con la exportación de libertad y democracia. A partir del 11 de septiembre de 2001, la administración Bush ha avanzado la idea de que el comercio puede y debe desempeñar un papel en la promoción de la democracia y los derechos humanos en todo el mundo. En un discurso pronunciado en abril de 2002, el presidente Bush dijo: "El comercio crea hábitos de libertad", y esos hábitos "empiezan a crear expectativas de democracia y un reclamo para mejores instituciones democráticas. Las sociedades que se abren al comercio exterior suelen ser más abiertas a la democracia dentro de sus fronteras". Comercio, desarrollo y reforma política No se debe desestimar la relación entre el comercio, el desarrollo y la reforma política. En teoría, y en la práctica, las libertades económicas y políticas se refuerzan mutuamente. Filósofos políticos desde Aristóteles hasta Samuel Huntington han señalado que el desarrollo económico y la expansión de la clase media pueden ser terreno fértil para la democracia. El comercio y la globalización pueden asimismo estimular la reforma política, al ampliar la libertad de la gente para ejercer mayor control sobre su vida diaria. En países menos desarrollados, la expansión del mercado significa que la gente ya no necesita sobornar o rogar a funcionarios de gobierno para que les concedan un permiso de importación para un aparato de televisión o piezas de repuesto para un tractor. Los controles de divisas ya no limitan la libertad para viajar al exterior. La gente puede comprar fácilmente medios de comunicación, como teléfonos móviles, acceso a la Internet, televisión por satélite y máquinas fax.
En su condición de trabajadores y productores, los habitantes de países más abiertos dependen menos de las autoridades para ganarse la vida. Por ejemplo, en una economía abierta orientada al mercado, el gobierno ya no puede privar de papel a los periódicos independientes cuando éstos desagradan a las autoridades. En una economía y sociedad más abiertas, el "efecto CNN" de los medios y de los consumidores pone al descubierto y desalienta el abuso de los trabajadores. Las empresas multinacionales tienen incentivos aún mayores para ofrecer beneficios y salarios competitivos en aquellos países en desarrollo más mundializados, y no en los países que están cerrados. A su vez, la libertad económica y el aumento del ingreso ayudan a cultivar una clase media más educada y más consciente políticamente. Una clase comercial en aumento y una sociedad civil más rica producen dirigentes y centros de influencia externos al gobierno. La gente que disfruta de la libertad económica también desea ejercer, con el tiempo, sus derechos políticos y civiles. En cambio, un gobierno que sea capaz de aislar a sus ciudadanos del resto del mundo, puede controlarles más fácilmente y privarles de los recursos y la información que podrían utilizar para desafiar su autoridad. Mayor democratización En el mundo real, tal como predice la teoría, el comercio, el desarrollo y la libertad política y civil parecen estar relacionados. Todos están de acuerdo en que el mundo está hoy más mundializado que hace treinta años, pero el hecho de que el mundo sea hoy más democrático es un matiz que no se valora tanto. Según el último estudio de la organización de derechos humanos Freedom House, en las tres últimas décadas ha aumentado considerablemente el porcentaje de la población mundial que disfruta de plenas libertades políticas y civiles y la cifra de gobiernos que son democráticos. En su informe anual, difundido en diciembre de 2005, Freedom House informó que 46 por ciento de la población mundial vive actualmente en países clasificados como "libres", donde los ciudadanos "disfrutan de una competencia política sin obstrucciones, un clima de respeto por las libertades civiles, una vida civil independiente y medios informativos independientes". Compárese con el 35 por ciento de la humanidad que disfrutaba de similares niveles de libertad en 1973. Por otro lado, el porcentaje de personas que "carece de libertad", en países que reprimen sistemáticamente las libertades políticas y civiles, se redujo de 47 a 36 por ciento durante este mismo período. El porcentaje de población mundial que vive en países clasificados como "parcialmente libres" se mantuvo en 18 por ciento. Mientras tanto, el porcentaje de gobiernos democráticos en todo el mundo ha alcanzado la cifra de 64 por ciento, la más alta en los 33 años que Freedom House lleva generando el informe. Gracias, en gran medida, a los vientos liberadores de la globalización, el cambio ocurrido en las tres últimas décadas, según el cual el 11 por ciento de la población mundial pasó de ser "carente de libertad" a "libre", significa que 650 millones de seres humanos más disfrutan hoy el tipo de libertades civiles y políticas que se dan por sentado en países como Estados Unidos, Japón y Bélgica, en lugar de sufrir la clase de tiranía que todavía existe en los países más represivos. Las libertades económicas y políticas parecen también estar relacionadas dentro de los países individuales. Un estudio realizado por el Instituto Cato en 2004 "Trading Tyranny for Freedom", llegó a la conclusión de que los países relativamente abiertos a la economía mundial tienen mayor probabilidad de ser democracias que respetan las libertades civiles y políticas, que los países relativamente cerrados. Y los países relativamente cerrados tienen mayor probabilidad de rechazar sistemáticamente las libertades civiles y políticas, que aquellos que están abiertos.
De la reforma económica a la reforma política Durante los últimos veinte años, determinadas economías han seguido el camino de la reforma económica y comercial, que les ha llevado a la reforma política. En décadas tan recientes como los años ochenta, Corea del Sur y Taiwán tenían gobiernos autoritarios que permitían poco disentimiento abierto. Hoy, tras años de expansión comercial y crecientes ingresos, ambos países se cuentan como democracias multipartidistas con plenas libertades políticas y civiles. Entre otros países que han seguido este enfoque dual de reforma cabe mencionar a Chile, Ghana, Hungría, México, Nicaragua, Paraguay, Portugal y Tanzania. En otras palabras, los gobiernos que otorgan a sus ciudadanos considerable libertad para dedicarse al comercio internacional, encuentran que es cada vez más difícil privarles de sus libertades políticas y civiles, mientras que los gobiernos que "protegen" a sus ciudadanos detrás de barreras arancelarias y otras barreras al comercio internacional descubren que es mucho más fácil denegar esas mismas libertades. Naturalmente, la correlación entre apertura económica y libertad política no es perfecta en todas partes, pero las tendencias generales no se pueden negar. La función para la política exterior de Estados Unidos es que el comercio y el desarrollo, junto con sus beneficios económicos, pueden ser instrumentos poderosos para extender la libertad y la democracia por el mundo. Por ejemplo, en China continental, la reforma económica y la globalización son motivo de esperanza para la reforma política. Después de veinticinco años de reformas y rápido crecimiento, hay una clase media cada vez mayor que vive por primera vez la independencia de ser dueño de su vivienda, de viajar al exterior y de colaborar con otros en empresas económicas libres del control gubernamental. La cantidad de líneas de teléfono, teléfonos móviles y usuarios de Internet ha aumentado de manera exponencial en la última década. Todos los años, millones de estudiantes y turistas chinos viajan al exterior. Esto no puede menos que ser una buena noticia en cuanto a las libertades individuales en China, y un problema creciente para el gobierno. El libre comercio y la globalización pueden desempeñar también un papel en fomentar la democracia y los derechos humanos en Oriente Medio. En un discurso pronunciado en mayo de 2003 y en el que esbozó su plan para un área de libre comercio en Oriente Medio, el presidente Bush dijo: "El mundo árabe tiene una gran tradición cultural, pero está desaprovechando el progreso económico de nuestro tiempo. El libre mercado y el comercio han ayudado a derrotar en todo el mundo la pobreza, y han enseñado a hombres y a mujeres los hábitos de la libertad". El estancamiento económico de Oriente Medio alimenta el terrorismo, no por motivo de pobreza sino debido a la falta de oportunidades y esperanzas para un futuro mejor, especialmente entre los jóvenes. Las personas jóvenes que no pueden encontrar empleos provechosos ni participar en el proceso político, son candidatos idóneos para fanáticos religiosos y para quienes reclutan a terroristas. Cualquier esfuerzo para alentar mayor libertad en Oriente Medio tiene que incluir un programa para promover la libertad y apertura económicas.
El futuro En el plano multilateral, el éxito de un acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC), crearía un entorno mundial más favorable para la democracia y los derechos humanos. Al abrir sus mercados relativamente cerrados y acceder a los mercados de países ricos, los países menos desarrollados podrían alcanzar tasas de crecimiento más altas e impulsar la expansión de la clase media, que constituye el pilar de la mayoría de las democracias. La conclusión exitosa de las negociaciones comerciales de la Ronda de Doha para el Desarrollo de la OMC, iniciadas en 2001, fortalecería las tendencias paralelas de globalización y diseminación de libertades políticas y civiles, que han caracterizado a los últimos treinta años. El fracaso retrasaría el progreso en ambos frentes y frustraría a millones de personas. A lo largo de los últimos treinta años, la globalización, los derechos humanos y la democracia han avanzado al unísono, en forma vacilante, y no siempre al mismo ritmo, pero en una manera que demuestra, de modo inconfundible, que están relacionados. Al estimular la globalización en países menos desarrollados, no sólo ayudamos a aumentar las tasas de crecimiento y los ingresos, a promover normativas más elevadas, y a alimentar, vestir y proporcionar viviendas a los pobres, sino que diseminamos también libertades políticas y civiles.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.
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