La conexión mundial de saludD.A. Henderson
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Durante los últimos veinte años se ha descubierto una cantidad sorprendente de enfermedades infecciosas nuevas. Algunas afligen sólo a un país o a unos pocos países, pero otras, como el SIDA, se han propagado inexorablemente hasta convertirse en epidemias mundiales y, en el caso de ésta última, en la cuarta principal causa de muerte en todo el mundo. Han aparecido también enfermedades nuevas, por lo menos treinta, y se pueden prever muchas más, ya que en las últimas décadas ha habido cambios demográficos, tecnológicos y sociales que han alterado considerablemente el potencial de transmisión de las enfermedades y que avanzan a un ritmo cada vez más rápido.
De especial preocupación actual es el peligro mundial de una pandemia de gripe aviar, el nuevo virus de la influenza que plantea serias amenazas para todos los países. La amenaza de la influenza aviar demuestra claramente que los adelantos de tecnología pueden ayudar a propagar enfermedades, aunque indica también que la cooperación mundial puede derivar en medidas eficaces para combatirlas. Los brotes de influenza ocurren normalmente todos los años, en todo el mundo. Aunque pueden causar síntomas graves y, entre ancianos y personas con enfermedades pulmonares o cardíacas crónicas, la muerte, la mayor parte de las personas sólo experimenta fiebre y síntomas respiratorios durante una semana. No obstante, cada treinta años, más o menos, surge una nueva cepa de influenza, que se propaga por el mundo y causa epidemias generalizadas, conocidas colectivamente como pandemias. La amenaza de la gripe aviar
En esa ocasión, afortunadamente la enfermedad no se contagió entre seres humanos. Las autoridades de salud pública sacrificaron rápidamente millones de gallinas y se supuso que el virus había desaparecido. Lamentablemente, seis años después reapareció nuevamente el virus entre las gallinas, y pronto comenzó a propagarse por todo el sudeste asiático. Decenas de millones de gallinas han muerto a causa de la enfermedad, o han sido sacrificadas para intentar controlar la propagación del virus. Se han detectado cerca de 150 casos humanos, de los cuales casi la mitad han sido mortales. Casi todas las víctimas habían trabajado de cerca con aves enfermas o habían brindado atención médica a pacientes contagiados con el virus. Ahora se han infectado las aves silvestres y, debido a las migraciones, el virus se ha extendido por el oeste asiático, Europa Oriental y África. A medida que sigue extendiéndose la enfermedad, existe la preocupación, justificable, de que en cualquier momento el virus podría sufrir una mutación y ser capaz de contagiarse entre personas. Debido al actual volumen de tráfico aéreo de pasajeros, seguramente se propagaría por todo el mundo en cuestión de semanas. Hará falta una vacuna para proteger a los seres humanos de la enfermedad. Sin embargo, para que ésta sea eficaz debe parecerse mucho al virus que sea capaz de transmitirse entre personas. Hasta ahora, los científicos no tienen conocimiento de que exista aún esa cepa viral. De ahí que se haya emprendido una intensa campaña internacional, en la que participan laboratorios, personal de salud pública e industria, para conseguir, lo más rápidamente posible, el virus en cuanto comience a contagiarse entre personas, y para emplear nuevos métodos de producción de vacunas para elaborar grandes cantidades. La necesidad de cooperación mundial Hoy, los casos y brotes de enfermedad, independientemente de su causa y el lugar donde ocurran, plantean una amenaza de salud a escala mundial. Vivimos un momento en el que la población humana se desplaza a distancias y velocidades que no se han visto anteriormente. Ninguna ciudad importante se encuentra a más de 36 horas de distancia. En el 2003, unos 642 millones de viajeros en todo el mundo desembarcaron en 750 aeropuertos de 135 países. Las inspecciones y los controles fronterizos que antes eran tan comunes, han servido de poco para prevenir la enfermedad, como quedó de sobra demostrado durante la epidemia del SARS en el 2003. Más de 350 millones de pasajeros fueron examinados con el propósito de poner en cuarentena a quienes tuvieran fiebre, pero no se encontró ningún caso. La enfermedad seguramente se hallaba en su fase silenciosa de incubación y, a pesar de las medidas de inspección, no se habría podido identificar a los pasajeros enfermos. La probabilidad de que se introduzcan nuevos agentes microbianos aumenta conforme crecen las poblaciones urbanas. Hace tan solo 50 años había apenas dos ciudades cuyas poblaciones superaban los siete millones de habitantes (Nueva York y Londres); sólo el 20 por ciento de la población mundial vivía en zonas urbanas. En la actualidad, hay treinta ciudades en el mundo cuya población supera los siete millones de habitantes y, de hecho, siete de ellas tienen poblaciones superiores a los quince millones de habitantes. Muchas de estas ciudades se encuentran en regiones tropicales y subtropicales, donde el hacinamiento, la desnutrición, las condiciones sanitarias deficientes y la contaminación ambiental son características predominantes. Es, sin duda, terreno fértil para que surja una nueva enfermedad
La industrialización e internacionalización de los suministros alimentarios constituye otro factor importante en la propagación de las enfermedades. Hace tan solo unas décadas, la mayor parte de los alimentos se cultivaban localmente en pequeñas granjas y se conservaban o preparaban para uso comercial en establecimientos pequeños, pocos de los cuales comerciaban internacionalmente. Si en algún punto ocurría una contaminación, se veían afectadas pocas personas. Con sistemas de producción y elaboración de alimentos a gran escala, y el potencial de transporte aéreo y refrigerado de alimentos, la contaminación en cualquier punto de la cadena de producción alimentaria puede derivar en epidemias masivas que se extienden a muchos países. A modo de ejemplo, en agosto de 2004 hubo una epidemia grave de diarrea causada por un organismo llamado siguelosis. Se originó a partir de contaminación en una cocina de Estados Unidos que preparaba comida para aerolíneas. Se identificaron 241 casos concretos de infección, pero se calcula que hubo 9.000 casos de infección en 219 vuelos con destino a 24 estados estadounidenses y cuatro países extranjeros. Un factor importante que facilita la propagación de enfermedades, pero que rara vez se tiene en cuenta, es la extensa proliferación de hospitales, especialmente en países y regiones que carecen de recursos económicos y en los que escasea el personal con formación profesional. Muchos de estos hospitales no someten a sus pacientes contagiosos al aislamiento, y tienen poco o ningún equipo para esterilizar como corresponde las agujas, las jeringuillas y el instrumental quirúrgico. Semejante entorno puede producir enfermedades de transmisión sanguínea y, de hecho, este factor ha contribuido de modo importante a la propagación del SIDA en determinados países. Al mismo tiempo, en estos centros de atención médica se acostumbra a permitir que visiten al paciente gran cantidad de familiares y amigos que provienen de aldeas y pueblos dispersos en una amplia zona. En consecuencia, no son raras las explosiones súbitas de epidemias que se extienden por una amplia región. Casos recientes han demostrado que los hospitales han sido origen de contagio epidémico de sarampión y enfermedades hemorrágicas como las que causan los virus Lassa, Ebola y Marburg. En la era global en la que vivimos, la salud de un solo ser humano está relacionada con la salud de todos los seres humanos del planeta. No obstante, todavía tenemos que comprender plenamente las consecuencias de este hecho, si bien el SIDA y la gripe aviar han resultado ser importantes para comunicar este mensaje. Es necesario arremeter contra las enfermedades infecciosas dondequiera que ocurran. La epidemia que aparece hoy en las regiones más remotas de África o América, puede derivar mañana en casos y, quizás, brotes en cualquier parte del mundo. En términos prácticos, la adopción del nuevo Reglamento Sanitario Internacional de la OMS, en mayo de 2005, constituye una medida positiva hacia la investigación y desarrollo que hacen falta para tratar los problemas de salud dondequiera que ocurran, y para crear el tipo de redes internacionales de investigación y educación que faciliten la comunicación y la aplicación rápida y eficaz de hallazgos importantes.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.
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