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Enmiendas a Ley del Aire Puro refuerzan lucha Por Jim Fuller
La Ley del Aire Puro, originalmente promulgada en Estados Unidos en 1963, debió ser enmendada para hacerla una herramienta verdaderamente efectiva en el mejoramiento del medio ambiente. Particularmente efectiva fue la decisiva legislación aprobada en 1990 con amplio respaldo de la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos. Esta legislación resultó en reducciones sustanciales en la contaminación del aire en la década pasada.Hace apenas una década, había en Estados Unidos gran preocupación por el daño que se infligía a la capa de ozono en la estratosfera terrestre que protege a la gente contra las cataratas y el cáncer de la piel. La lluvia ácida, que prácticamente a nadie le importaba, causaba daños a la vida acuática, bosques y edificios. El smog -o niebla contaminada- ligado a enfermedades respiratorias y asma, excedía en 98 ciudades los niveles saludables. Y millones de toneladas de contaminantes nocivos para el aire que las industrias emitían todos los años -- y que potencialmente causan cáncer y desórdenes del sistema nervioso -- se derramaban sin que hubiera regulaciones a nivel federal. En 1990, el congreso de Estados Unidos aprobó una histórica legislación bipartidista que fortaleció sustancialmente la Ley del Aire Puro. Las enmiendas de 1990 tuvieron respaldo abrumador en la Cámara de Representante y el Senado y establecieron metas ambiciosas para reducir la contaminación del aire. La Ley del Aire Puro, originalmente promulgada en 1963, fue enmendada solamente dos veces -- en 1970, al formarse la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y otra vez en 1977. Robert Perciasepe, administrador adjunto en la Oficina de Aire y Radiación de EPA, dijo recientemente ante una subcomisión del Senado que las enmiendas de 1990 resultaron en reducciones sustanciales a la contaminación del aire durante los últimos nueve años. "La legislación tenía por meta obtener resultados reales -- y lo ha conseguido", afirmó. "Hemos hecho grandes adelantos en combatir la contaminación del aire en ciudades, la contaminación tóxica del aire, el agotamiento de la capa de ozono en la estratosfera y la lluvia ácida". La Ley del Aire Puro ordena a EPA establecer Normas Nacionales para la Calidad del Aire Medioambiental para reducir seis de los principales contaminantes del aire, y peligrosos para la salud, a veces denominados contaminantes de "criterio": monóxido de carbono, plomo, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono a nivel del suelo, y materia particular u hollín. Según el último informe de EPA sobre la calidad del aire -- basado en la medición de concentraciones de contaminantes en ciudades y otras zonas del país -- las emisiones de los contaminantes "criterio" bajaron 31 por ciento entre 1970 y 1997. Esto incluyó una reducción del 32 por ciento en las emisiones de monóxido de carbono, 35 por ciento de dióxido de azufre, 75 por ciento de hollín y 98 por ciento en emisiones de plomo. La casi total eliminación de la contaminación por plomo, de especial interés para la salud por su impacto en las enfermedades neurológicas, es considerado uno de los éxitos más grandes de la Ley del Aire Puro. La reducción de las emisiones de plomo se logró con la eliminación gradual del plomo en la gasolina. Otro factor importante, según un reciente estudio publicado en marzo 2000 en Ciencia Medioambiental y Tecnología, fue limitar la incineración municipal de desperdicios sólidos, que contienen materiales como pintura y soldadura. Investigadores científicos de las universidades Rensselaer y Columbia de Nueva York afirman que los hallazgos del estudio son de importancia vital para evaluar el efecto de la incineración no reglamentada de desperdicios sólidos en muchos países del mundo. Perciasepe dice que además de las importantes reducciones en los contaminantes "criterio" del aire como el plomo y el dióxido de azufre, se espera que los reglamentos aplicados desde 1990 reducirán las emisiones tóxicas de industrias como fábricas de productos químicos y tintorerías en 1,5 millones de toneladas anuales -- unas diez veces de las reducciones logradas antes de 1990. Se sabe o se sospecha que muchos de estos peligrosos contaminantes del aire, como el cloruro de vinilo, arsénico y benceno, causan cáncer o tienen otros efectos adversos en la salud. "El aire en las ciudades de nuestro país es considerablemente más limpio que en 1990", afirmó Perciasepe. "A nivel nacional, los niveles medios de calidad del aire en 1997 fueron los mejores que se registraron con los seis contaminantes comunes sujetos a las normas sobre calidad del aire. Los niveles de 1998 fueron igualmente buenos o mejores para todos los contaminantes excepto el ozono. "A partir de 1993, un número sin precedente de ciudades ha cumplido las normas nacionales para la calidad del aire medioambiental basadas en la salud", añadió. "Por ejemplo, de las 42 áreas de estudio del monóxido de carbono que en 1991 fueron señaladas por no haber cumplido las metas, solamente seis siguen experimentando niveles no saludables de monóxido de carbono". Se le concede la condición de "no haber alcanzado las metas" al área que no satisface debidamente las normas de EPA para el aire limpio. Dijo Perciasepe que una razón principal para estas mejoras en la calidad del aire es que las enmiendas de 1990 a la Ley del Aire Puro exigen que los vehículos automotores con gasolina funcionen en forma más limpia. En una ciudad típica de Estados Unidos, los gases del escape de los automóviles representan hasta un 90 por ciento del monóxido de carbono y un 60 por ciento del óxido de nitrógeno en el aire. En gran medida, se debe a las mejoras en los convertidores catalíticos, que convierten las moléculas del monóxido de carbono y óxido de nitrógeno nocivos en sustancias químicas inocuas, que los automóviles de hoy funcionen con 95 por ciento más de limpieza que en 1970. En 1997, EPA ayudó a que los estados y las compañías automotoras norteamericanas llegaran a un acuerdo según el cual las fábricas de automóviles producirían vehículos más "limpios" que hasta entonces. Los funcionarios de EPA destacan que todas las mejoras en la calidad del aire ocurrieron en una época de aumento poblacional y sólido crecimiento económico. Desde 1970 hasta 1997, el producto interno bruto de Estados Unidos creció 114 por ciento, la población aumentó 31 por ciento, y la cantidad de kilómetros recorridos por los vehículos automotores aumentó 127 por ciento. "Todas éstas son presiones que empujan todo en dirección opuesta -- a una mayor contaminación --", afirmó en la EPA una portavoz de la Oficina de Aire y Radiación. "Sin embargo, durante ese período de gran crecimiento económico, hemos logrado reducir la contaminación del aire. Creo que esta es una buena manera de destacar el éxito de la Ley del Aire Puro". Conforme a la Oficina de Evaluación Tecnológica del Congreso, el costo de cumplir con todas las regulaciones medioambientales combinadas asciende a 1,5 por ciento del producto interno bruto de Estados Unidos. Y sin embargo, según un informe de EPA requerido por el Congreso, la Ley del Aire Puro ha producido beneficios para el medioambiente y la salud humana que exceden los costos en una proporción de más de 40 a 1. "También hemos realizado un estudio prospectivo, desde 1990 hasta 2010, y nuevamente los beneficios exceden los costos a una razón de cuatro a uno", señaló la portavoz. "De cualquier manera, los beneficios de estos programas sobrepasan grandemente los costos". Según Perciasepe, las reglamentaciones medioambientales han obligado a que se desarrollen tecnologías nuevas, menos contaminantes -- frecuentemente a costo más bajo que los previstos originalmente. Los requerimientos de la Ley del Aire Puro han creado en el mercado oportunidades y presiones en favor de los adelantos tecnológicos y mejoras en el rendimiento", dijo. "La industria ha respondido siempre... al producir adelantos como las alternativas a las sustancias químicas que agotan el ozono y los catalizadores de rendimiento superior para las emisiones de los automóviles". Señaló Perciasepe que existen muchos ejemplos de tecnologías que diez años atrás no podían obtenerse comercialmente, pero que ahora son componentes importantes en los programas de control de la contaminación, como la gasolina reformulada, la reducción catalítica selectiva para las emisiones de óxido de nitrógeno de centrales eléctricas, y estufas que queman la madera en forma más limpia. "EPA ha identificado también una cantidad de tecnologías nuevas, desde células combustibles hasta catalizadores destructores del ozono, que pueden ser prometedores en lograr reducciones adicionales y económicamente eficientes del smog, del óxido de nitrógeno y de los contaminantes atmosféricos", dijo. Una de las ideas más novedosas para controlar la contaminación ha sido un programa basado en el mercado, que permite a las empresas de servicios públicos "trocar" las reservas de emisiones para reducir la lluvia ácida. Cuando el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno de los combustibles fósiles quemados se mezclan con el agua y el oxígeno del aire, forman ácidos sulfúricos y nítricos que caen a la tierra en forma de precipitación, dañando árboles y acidulando lagos y ríos. Los niveles más altos de sulfato en el aire aumentan también la frecuencia y gravedad del asma, bronquitis y otras condiciones respiratorias. La investigación denominada Estudio de las Aguas Nacionales de Superficie encontró que cientos de lagos de las montañas Adirondack del estado de Nueva York se han tornado demasiado ácidas como para sostener una multitud de especies de peces, y algunos de los lagos y sus estuarios en la región son completamente estériles para especies delicadas como las truchas de arroyo. A las centrales eléctricas que operan con carbón o petróleo se debe aproximadamente un 70 por ciento del dióxido de azufre y un 50 por ciento del óxido de nitrógeno que se emite cada año en Estados Unidos. Conforme al sistema de trueque de reservas de contaminación, una reserva equivale al derecho de emitir una tonelada de dióxido de azufre por año. Una empresa de servicios públicos que emite menos que esa cantidad acumula créditos de contaminación, que puede vender o ahorrar para uso futuro. Hasta el momento, las compañías de servicios públicos han trocado más de 23 millones de reservas en más de 660 transacciones. "Los resultados han sido espectaculares", dijo Perciasepe. Hasta este momento, las emisiones de dióxido de azufre en el país fueron reducidas en más de cinco millones de toneladas, en su mayoría gracias a este programa -- a un costo más bajo que el previsto. Como resultado, la lluvia en el este de los Estados Unidos es hasta un 25 por ciento menos ácida y en Nueva Inglaterra algunos ecosistemas muestran señales de recuperación". Indicó que se espera que los requerimientos separados para el control del óxido de nitrógeno por las empresas de servicios públicos reduzcan esas emisiones en dos millones de toneladas a partir del año próximo. Una vez puesto en práctica plenamente en el año 2010, el Programa de Lluvia Acida, aprobado como parte de las enmiendas de 1990 a la Ley del Aire Puro, logrará que se reduzcan las emisiones de dióxido de azufre en diez millones de toneladas por año. Un estudio realizado por la industria en 1989 predijo que el costo de poner plenamente en práctica el programa costará entre 4.100 y 7.400 millones de dólares. Pero las estimaciones más recientes de la Oficina de Contaduría General de Estados Unidos calcula que el costo ascenderá solamente a 2.000 millones de dólares, y según estimaciones hechas por economistas independientes, el costo no ascenderá a más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de las continuas mejoras en la calidad del aire, EPA dice que en 1997 unas 107 millones de personas vivieron con aire insalubre en condados de Estados Unidos. Las emisiones de óxido de nitrógeno, que contribuyen a la formación de ozono o smog a nivel del suelo, aumentaron 11 por ciento entre 1970 y 1997. El smog puede reducir la capacidad de los pulmones y la minar la resistencia del cuerpo para combatir infecciones. Hasta algunos parques nacionales han experimentado niveles elevados de contaminantes de aire transportados a grandes distancias desde su lugar de origen. Por ejemplo, las concentraciones de smog en lugares remotos del Parque Nacional de Montañas Great Smoky, al este de Estados Unidos, han aumentado casi 20 por ciento durante los últimos diez años. En 1997, EPA estableció nuevas normas nacionales de calidad del aire para el hollín y el smog, dos de los contaminantes de "criterio" más perjudiciales y persistentes. Con los nuevos reglamentos se procuró controlar hasta las partículas más pequeñas del hollín -- tan pequeñas que apenas miden 2,5 micrones de diámetro (un cabello humano mide 40 micrones de ancho). Se redujo los niveles permisibles de smog de 120 partes por cada mil millones a 80 partes por cada mil millones. Las nuevas normas se basaron en el examen más serio que EPA haya emprendido, que incluyó 250 estudios científicos evaluados por otros científicos, sobre los contaminantes atmosféricos y el ozono, así como tres evaluaciones realizadas por el Congreso. Pero en mayo de 1999, en un pleito que entablaron varios grupos industriales y estados que dependen del carbón, un tribunal federal de apelaciones anuló las nuevas reglamentaciones de la agencia sobre el smog y hollín, diciendo que EPA se había excedido en su autoridad constitucional. El mismo tribunal sostuvo su propio fallo en octubre de 1999, al rechazar una apelación de EPA. El Departamento de Justicia ha presentado una petición para que el caso sea visto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, pero llevará algún tiempo para que éste decida si se decide a ver el caso. Mientras tanto, Perciasepe ha expresado su preocupación porque durante los últimos dos años el progreso en reducir el smog parece haberse aminorado o detenido en ciertas áreas, y que en algunas áreas "estamos en peligro de volver hacia atrás". Afirmó que el nivel medio nacional del ozono aumentó cinco por ciento en 1998. Asimismo, en veranos recientes, la agencia ha visto un aumento en las ocasiones en que la calidad del aire excedía las normas nacionales en ciertas ciudades y parques nacionales. La mayoría de los ambientalistas concuerda en que se necesitan normas mejores para el ozono y los contaminantes atmosféricos. Frank O'Donnell, de la entidad Fondo para el Aire Limpio, con sede en Washington DC, señaló que las nuevas normas anuladas por el tribunal "constituían una actualización de la ciencia y obviamente darían una mayor protección de la salud -- a un mayor número de personas". Por otro lado, el departamento de Justicia acaba de anunciar la conciliación de un importante proceso judicial pertinente con la Ley del Aire Puro, contra una empresa de servicios públicos en la Florida, que impedirá que se descarguen todos los años en la atmósfera decenas de miles de toneladas de contaminantes del aire. En el proceso se acusó a la empresa de hacer mejoras mayores en sus antiguas centrales eléctricas, aunque sin instalar el equipo requerido para controlar el smog, la lluvia ácida y el hollín. La conciliación -- que podría influir el resultado de otros procesos judiciales contra empresas de servicios públicos que incluyen 32 antiguas centrales eléctricas en diez estados, no tiene precedente en cuanto a su alcance, y señala un paso mayor en los esfuerzos del gobierno para terminar con la contaminación que ilegalmente descargan las centrales eléctricas operadas por carbón.
Jim Fuller escribe sobre temas mundiales para la Oficina de Programas de Información Internacionales del Departamento de Estado de los Estados Unidos. |