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Terminar con las enfermedades, terminar con la pobreza

Entrevista con Lee Hall y Peter J. Hotez

Las vacunas salvan vidas

ÍNDICE
Acerca de este número
Introducción
Hay que llegar a todos los niños
La promesa de las vacunas
Victoria contra el sarampión
Dosis por dosis
Relato fotográfico photo icon
Detener la poliomielitis para siempre: Relato fotográfico
El mundo combate la gripe
Vacunas en el siglo XXI
Ending Disease, Ending Poverty
¿Qué son las enfermedades tropicales desatendidas?
Control de calidad y seguridad de las vacunas
Las preocupaciones en torno a la seguridad de las vacunas
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Las vacunas salvan vidas
Bibliografía (en inglés)
Recursos de Internet (algunos en español)
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Es un hecho ampliamente aceptado que las vacunas se encuentran entre las formas más seguras y económicas de que se dispone para prevenir y mejorar el nivel general de la salud de una población. Ese hecho depende de dos variables inciertas: ¿Ha encontrado la ciencia una vacuna eficaz contra una enfermedad determinada? ¿Si es así, puede distribuirse esa vacuna a toda una población vulnerable?

La pobreza mundial podría ser reducida significativamente si la respuesta a esas dos interrogantes fuera "sí", cuando se trata de una clase específica de enfermedades antiguas. Las enfermedades tropicales desatendidas (NTD) afectan desproporcionadamente a las comunidades de los países más pobres, en tanto que son poco menos que desconocidas en el mundo industrializado. Sin embargo, existe un reconocimiento creciente de que un empeño mayor para prevenir estas enfermedades así como la invalidez física y los trastornos que acarrean, podría tener un enorme efecto en la mejoría de la calidad de vida y en aliviar la pobreza en muchos países.

Dos expertos en este campo discutieron el tema con Charlene Porter, editora gerente de Cuestiones Mundiales. El Dr. Lee Hall, jefe de la División de Parasitología y Programas Internacionales del Instituto Nacional para la Alergia y las Enfermedades Infecciosas, que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), y Peter J. Hotez, doctor en Medicina y Filosofía y profesor y catedrático Walter G. Ross de Microbiología, Inmunología y Medicina Tropical en la Universidad George Washington y el Instituto de Vacunas Sabin, han seguido de cerca las actividades en este ramo de la medicina y la salud pública.

Las larvas <em>schistosoma mansoni</em> provocan la esquistosomiasis. Esta lombriz parásito, microscópica, se encuentra en aguas contaminadas y penetra la piel humana causando una enfermedad que aqueja a más de 200 millones de personas en todo el mundo.
Las larvas schistosoma mansoni provocan la esquistosomiasis. Esta lombriz parásito, microscópica, se encuentra en aguas contaminadas y penetra la piel humana causando una enfermedad que aqueja a más de 200 millones de personas en todo el mundo. © AP Images/Ric Feld

Pregunta: Dr. Hotez, usted se ha referido a estas enfermedades como "enfermedades bíblicas" ¿Qué significa ese nombre en cuanto a la larga historia de estos males y a la severidad con que han atormentado a la raza humana?

Hotez: Las "enfermedades bíblicas" son un conjunto de enfermedades tropicales que algunas veces se conocen como enfermedades tropicales desatendidas. Es un grupo principalmente de 13 infecciones que por su naturaleza son crónicas y producen invalidez física y ocurren, casi exclusivamente, entre los pueblos más pobres del mundo.

De los 2.700 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día, aproximadamente la mitad sufre de una o más de estas enfermedades. Su característica común reside en su capacidad para causar invalidez física y para afectar enormemente el desarrollo de los niños, los embarazos y el desenlace de los mismos y la productividad y potencial de los trabajadores. Debido a esas características y a su naturaleza crónica, mantienen a los pueblos más pobres sumidos en la pobreza. Las enfermedades mismas promueven la pobreza.

Son un grupo de males que se ha presentado en el hombre desde tiempos antiguos. Se pueden encontrar descripciones vivas de estas enfermedades tropicales desatendidas en textos antiguos, en la Biblia, el Talmud y Bhagavad-Gita, los escritos de Hipócrates y en los papiros egipcios. Algunas veces se les llama enfermedades bíblicas por su gran antigüedad.

De tal manera que cuando se les considera en su conjunto son tan importantes como el SIDA, son tan importantes como la malaria y son tan importantes como la tuberculosis. Ahora tenemos una gran oportunidad para hacer algo al respecto en forma muy definitiva.

P: Dr. Hall ¿Por qué no se ha prestado gran atención al desarrollo de vacunas para estas condiciones en el pasado? ¿Cómo ve usted el cambio en la situación?

Hall: Ha habido mucho interés en la intervención médica en estas enfermedades durante largo tiempo, pero con altibajos. Ya a principios del siglo XX, cuando se encontraban fuerzas militares de Occidente desplegadas en esas regiones de mundo, había en realidad bastante interés. Luego, al retirarse las fuerzas, el interés comenzó a disminuir.

Durante el último par de décadas ha habido un cambio completo en la tecnología, en la biotecnología y en la forma en que encaramos estas enfermedades en la actualidad. Típicamente éstas son provocadas por organismos que son mucho más complejos que muchas de las enfermedades víricas y bacterianas que usualmente ocupan nuestra atención. Con las tecnologías más nuevas estamos en condiciones de estudiar la ciencia en la que muchas de estas enfermedades tienen su origen y comenzar a crear nuevas intervenciones.

Otro factor clave que ha cambiado es nuestro reconocimiento de la interconexión del mundo. Las zonas donde estas enfermedades han predominado, como dijo Peter, estaban empobrecidas. No tenían la capacidad para transformar esta necesidad médica insatisfecha en algún tipo de demanda mundial que pudiera ser reconocida por la industria de productos farmacéuticos y tomar ventaja de ello para producir intervenciones nuevas.

Eso está cambiando ahora y nos damos cuenta de que estas enfermedades son un producto de la pobreza y contribuyen a ella. De hecho, a medida que las nuevas tecnologías suministren nuevas herramientas podremos romper este ciclo mediante intervenciones en los lugares donde sean más necesarias.

Hotez: Uno de los grandes desafíos que enfrentamos actualmente es que nuestra tecnología, en cierto sentido, se adelantó a nuestra habilidad para distribuir los productos a quienes los necesitan. ¿Cómo puede establecerse una compañía que va a hacer productos para gente que no puede darse el lujo de pagarlos, cuando viven con menos de dos dólares al día? Nunca puede esperarse que una entidad con fines lucrativos, responsable ante sus accionistas, vaya a la vanguardia en la fabricación de estas vacunas.

Las células T son el componente clave del sistema inmunológico y su función se trastorna con la infección de VIH, como aquí se muestra.
Las células T son el componente clave del sistema inmunológico y su función se trastorna con la infección de VIH, como aquí se muestra. Foto cedida por Dr. Tom Folks, NIAID

Una de las formas en que hemos estado trabajando para hacerle frente a ese desafío es la colaboración con los Institutos Nacionales de la Salud y con la Fundación Bill y Melinda Gates, con el objeto establecer nuevas entidades sin fines de lucro que en realidad fabriquen las vacunas. Contemplamos un nuevo paradigma por el cual las vacunas no sólo serán fabricadas por las grandes compañías de productos farmacéuticos, sino que crearemos un nuevo tipo de entidades, algunas veces conocidas como Asociaciones para el Desarrollo de Productos (PDP), que van a estar a la vanguardia en la producción de vacunas para enfermedades como la oncocercosis y la esquistosomiasis.

Ello va a ayudar a revolucionar toda la maravillosa tecnología que los Institutos Nacionales de la Salud han financiado durante las dos últimas décadas, lo cual ahora va a ser aprovechado para la producción de esta nueva generación de productos.

P.: La epidemia del SIDA también hizo que la comunidad donante reconociera la importancia de la salud general de la población para superar la pobreza y mantener la seguridad nacional. ¿No hay un mayor reconocimiento de que las enfermedades tropicales también merecen atención por la misma razón?

Hotez: Absolutamente. Existe esta fascinante relación, todavía no completamente bien definida, entre la salud y la seguridad. Si se observan los pueblos del mundo que han tenido conflictos durante los últimos 20 años puede verse que la gran mayoría sufre de enfermedades tropicales desatendidas.

Piense en los lugares donde la situación ha sido crítica en las últimas dos décadas. Han sido lugares como Somalia, Sierra Leona y Liberia. La característica común es que tienen un índice elevado de malaria, enfermedades tropicales desatendidas y VIH/SIDA. Ello puede ser más que una mera coincidencia. Ahora quizá haya la oportunidad de usar la salud y la prevención como medios para reducir los conflictos y las tensiones en estos países tan devastados.

P.: Dr. Hall, exploremos un poco más los avances de la biotecnología que le ayudan a hacer frente a estas enfermedades. ¿Dónde se ve el progreso?

Hall: Comencemos con la malaria, por ejemplo. Sabemos que los tres componentes necesarios para mantener el ciclo de vida del parásito son: el parásito, el mosquito vector y el huésped humano. Ahora ya tenemos la secuencia del genoma de los tres, lo que nos permite estudiar con mucho mayor rigor el ciclo de vida completo a nivel del genoma y de las moléculas. Ahora comenzamos a lograr el mismo nivel de conocimiento científico con respecto a estas otras enfermedades.

Un niño nicaragüense parado cerca de su madre que fue diagnosticada con leishmaniosis cutánea, conocida también como lepra de montaña, durante un brote al nordeste de  Managua, en 2005.
Un niño nicaragüense parado cerca de su madre que fue diagnosticada con leishmaniosis cutánea, conocida también como lepra de montaña, durante un brote al nordeste de Managua, en 2005. © AP Images/Ariel Leon

Por ejemplo, ahora tenemos la secuencia total del genoma de los parásitos que producen la leishmaniosis, la enfermedad de Chagas y la tripanosomiasis africana. Todas ellas están estrechamente relacionadas, sin embargo, tienen ciertas características que las diferencian. Ahora podemos hacer algunos estudios comparativos y comprender mejor la forma en que los parásitos realmente funcionan y lo que determina su habilidad para provocar la enfermedad. Hay grupos de investigación que han logrado la secuencia del genoma de los vectores que transmiten algunos de estos parásitos como las especies de moscas que transmiten la tripanosomiasis africana del hombre y pronto tendremos esa información también.

Ya tenemos la secuencia del genoma del hombre y comprendemos una variedad de rutas bioquímicas en el huésped humano. Esperamos que al comparar los genomas y las rutas bioquímicas del parásito con las del huésped humano se podrán identificar las rutas y los objetivos únicos para el parásito que no son compartidas con el huésped humano. Después, esas características únicas nos permiten identificar las posibilidades de medicamentos, diagnosis y vacunas nuevos. Escogí tres parásitos protozoos como ejemplo, pero nos estamos acercando rápidamente a la misma situación con respecto a las enfermedades causadas por lombrices parasitarias, como la filariosis [también conocida como elefantiasis] y la esquistosomiasis.

P.: Dr. Hotez, usted mencionó las varias asociaciones que están tomando forma para ayudar a lograr esos fines. Explique de qué manera contribuye también una industria de productos farmacéuticos cada vez más sofisticada en el mundo en desarrollo.

Hotez: Una de las cosas que están sucediendo, conjuntamente con las Asociaciones para el Desarrollo de Productos, es la inclusión por parte de las asociaciones de lo que llamamos fabricantes de vacunas del sector público en los países en desarrollo. Le doy un ejemplo. Estoy al frente de una organización denominada Iniciativa para la Vacuna Humana contra el Verme del Ancylostoma Duodenale (Hookworm), que es parte de nuestra Red Mundial contra Enfermedades Tropicales Desatendidas [http://www.GNNTDC.org] y que tiene su sede en el Instituto de Vacunas Sabin. Es una asociación para el desarrollo de productos cuyo objetivo es fabricar una nueva vacuna recombinada que incluye un antígeno para la infección de anquilostomiasis en el hombre, enfermedad que aqueja a 576 millones de personas en el mundo en desarrollo.

En Washington hemos podido fabricar cantidades piloto de la vacuna para la primera fase de las pruebas clínicas, que tienen lugar en Brasil. El problema es que la cantidad que podemos producir en nuestros laboratorios por medio de las proteínas farmacéuticas derivadas de las plantas (PDP) aquí en Washington es limitada, ciertamente no suficiente para vacunar todo Brasil o todas las Américas.

Así que ahora nos hemos asociado con una organización que se llama el Instituto Butantan, que produce 86 por ciento de las vacunas para Brasil, incluso nuestra vacuna recombinada para la hepatitis B. Ahora nuestros científicos colaboran con este productor de vacunas del sector público en Brasil. Los miembros del Instituto Butantan vienen aquí y nosotros vamos a Brasil y transferimos nuestra tecnología, de manera que puedan producir a la escala necesaria para todas las Américas. Anticipamos con interés la oportunidad de trabajar con los fabricantes de vacunas del sector público en este grupo de países de bajos y medianos ingresos que también tienen enfermedades tropicales endémicas y grandes focos de pobreza y que, sin embargo, de alguna manera han logrado superar su pobreza y alcanzar un cierto nivel de innovación para poder producir sus propias vacunas. A este tipo de países los llamamos países en desarrollo innovadores, o sea países de bajos y medianos ingresos que han dado ese próximo paso en materia de biotecnología y lo han hecho de forma muy sofisticada.

Estos países incluyen Brasil, China, Indonesia, India, Tailandia y Malasia y creemos que ellos y sus fabricantes de vacunas del sector público podrían marcar el camino para elaborar toda una generación de productos para el mundo en desarrollo.

P.: Esa tendencia ha sido impulsada, en cierto grado, por el SIDA epidémico en esos países. Dr. Hall, ¿Cuáles son los descubrimientos recientes en cuanto a la relación biológica entre estas enfermedades y el SIDA?

Hall: Hay muchos estudios en marcha para tratar de definir esa relación y averiguar cómo estas enfermedades pueden afectarse mutuamente, si el VIH las agrava, si estas enfermedades en realidad contribuyen a agravar el VIH. No hemos definido esa relación tan exactamente como nos gustaría, pero nuestro conocimiento fundamental en esta esfera se amplía rápidamente.

Hotez: En 2006 se publicaron dos estudios muy interesantes en la revista AIDS, una de las publicaciones principales sobre VIH/SIDA. Uno de ellos trata la cuestión de las mujeres en Zimbabwe enfermas de esquistosomiasis, infección parasitaria, y demostró que un gran porcentaje de ellas, casi el 75 por ciento, tiene lesiones producidas por la presencia de estas lombrices parasitarias. Como consecuencia, su riesgo de contraer el VIH es tres veces mayor.

El planteamiento es ¿qué tal si se pudieran suministrar medicamentos para las infecciones por lombrices parasitarias y al mismo tiempo drogas antiretrovirales para el VIH/SIDA? Lo importante de estos medicamentos contra lombrices parasitarias es que son económicos, menos de 20 centavos de dólar por dosis, y podrían distribuirse a poblaciones grandes de modo bastante fácil. Por esa razón establecimos la Red Mundial Contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas, para encontrar la forma de administrar estos medicamentos antiparasitarios a grandes poblaciones. Creemos que el tratamiento de estas infecciones parasitarias en toda la región africana subsahariana tendría, obviamente, un enorme beneficio en términos de su efecto en la salud, debido a las enfermedades que los parásitos causan, pero además podrían tener el efecto secundario de reducir la transmisión del VIH/SIDA.

Al aumentar 20, 30, 40 ó 50 centavos de dólar adicionales a los cientos de dólares gastados anualmente por persona en antiretrovirales en grandes programas para el tratamiento del SIDA, tales como el Programa de Emergencia para el Alivio del SIDA establecido por el presidente, posiblemente se podría doblar su efecto. Sin embargo, los estudios están todavía en sus primeras etapas.

P.: Dr. Hall, el doctor Hotez mencionó medicamentos que pueden ser muy económicos y estar disponibles para tratar muchas de estas condiciones, pero ¿cuál es la razón por la qué las vacunas todavía serían preferibles aún cuando se podría disponer de fármacos?

Hall: Hay varias razones. Primero que nada, para algunas enfermedades va a ser muy difícil desarrollar vacunas incluso disponiendo de gran tecnología. Los parásitos mismos son fantásticos especialistas en inmunología y de hecho han desarrollado formas de escapar a la inmunización y lo han estado haciendo por más tiempo de lo que nosotros hemos pensado en ello, de manera que es realmente un desafío.

En otras situaciones, cuando podemos desarrollar las vacunas, queremos hacerlo porque nos gustaría prevenir la enfermedad, en lugar de tratarla. La patología de estas enfermedades es realmente acumulativa, ya que ocurre con el tiempo, así se trate de la esquistosomiasis o la filariosis o algunas de estas otras enfermedades. Hay un aumento paulatino de la enfermedad y el tratamiento de una enfermedad avanzada no necesariamente va a invertir la patología.

Nos gustaría atender a la gente pronto y prevenir las enfermedades, y evitar así que las contraigan.

Hotez: Estoy de acuerdo y en la Red Mundial lo que creemos que va a ser la forma importante de avanzar en materia de enfermedades tropicales no es elegir entre fármacos y vacunas, sino, que de hecho, las dos posibilidades necesitan estar vinculadas en un programa estrictamente coordinado y controlado.

P.: Para concluir, ¿hay un adelanto en particular en este campo que usted considere el más prometedor en cuanto a su aplicación a corto plazo?

Hall: Uno tiene que considerar la investigación como un empeño a largo plazo. El ritmo de la investigación se acelera como resultado del éxito en lograr la secuencia del genoma y en una variedad de actividades posteriores. Es allí donde vamos a ver realmente mucho progreso en el futuro cercano.

Además, varias vacunas posibles ya han llegado a la etapa del desarrollo clínico. Peter mencionó la Iniciativa de la Vacuna contra el verme del Ancylostoma Duodenale (Hookworm). También hay vacunas en desarrollo actualmente para la esquistosomiasis, así como para la leishmaniosis, lo que es muy interesante.

Estamos en un momento fantástico de la investigación, en el que las actividades avanzan en este campo y están comenzando a acelerarse gracias a la tecnología.

Hotez: Tenemos ahora una gran oportunidad de controlar la morbilidad [incidencia de la enfermedad] de siete de las enfermedades tropicales desatendidas de mayor prevalencia: ascariasis, anquilostomiasis, tricuriasis, esquistosomiasis, filariosis linfática, oncocerciasis y tracoma; por medio de un programa de control integrado que usa medicamentos donados y genéricos. Un mejor control de estas siete enfermedades podría tener un enorme efecto en estas infecciones conjuntas que ocurren entre las poblaciones paupérrimas de la región africana subsahariana, el sudeste de Asia y en las Américas. Vamos a ver avances espectaculares en la salud, la educación y el desarrollo económico y, posiblemente, incluso en la bioseguridad, como resultado del amplio uso de estos fármacos.

Uno de nuestros proyectos en la Red Mundial con respecto a las enfermedades tropicales desatendidas (NTD) es la distribución de paquetes de medicamentos de efecto rápido. Con estos paquetes, que son tratamientos probados, seguros y económicos para estas condiciones, eventualmente podríamos bien reducir la morbilidad o controlar las siete enfermedades tropicales desatendidas más extendidas. Además, en cuanto a dos de las NTD, la filariosis linfática y el tracoma, podríamos incluso interrumpir su transmisión y eliminarlas como problemas de salud pública.

Por tanto mientras aplicamos de modo general los paquetes de medicamentos de efecto rápido, queremos hacer que nuestras actividades de investigación y desarrollo se concentren en el desarrollo de vacunas nuevas para las otras enfermedades que queremos eliminar (la anquilostomiasis, la leishmaniosis y la úlcera de Buruli) y algunas de estas otras importantes enfermedades tropicales desatendidas.

Las vacunas salvan vidas

Las opiniones expresadas en esta entrevista no necesariamente reflejan los puntos de vista o las políticas del gobierno de Estados Unidos.

Golpe rápido contra la enfermedad

La Red Mundial contra las Enfermedades Tropicales Desatendidas es una alianza de las principales asociaciones público-privadas dedicadas a la lucha contra las enfermedades tropicales desatendidas (NTD) más extendidas en el mundo. La Red Mundial promueve un plan de lucha contra estas enfermedades por medio de la administración integrada de los "paquetes de medicamentos de efecto rápido", denominados así porque pueden distribuirse rápidamente y reducir aceleradamente la morbilidad y las discapacidades, mejorar el bienestar y, en algunos casos, interrumpir la transmisión de enfermedades. Los paquetes comprenden una combinación de hasta cuatro fármacos, los cuales todos se han utilizado, han sido aplicados, probados, distribuidos y utilizados por millones de personas durante más una década. La combinación de estos medicamentos en un paquete integrado para el cuidado de la salud es un enfoque nuevo según el cual se pone menos énfasis en enfermedades tropicales especificas y, en cambio, se concentra en las poblaciones desatendidas con infecciones tropicales múltiples. En todo el mundo hay un total de 56 países con cinco o más NTD endémicas. La mayoría de estos se encuentra en la región africana subsahariana, donde los paquetes de medicamentos de efecto rápido se distribuirán en gran escala.

Este sistema de paquetes ha tenido éxito en la vacunación temprana de los niños. Con un paquete que combina varias vacunas y la inoculación de los niños en la primera infancia simultáneamente contra distintas enfermedades los costos disminuyen y los beneficios aumentan.

Actualmente se está en el proceso de designar los primeros países que se incluirán en el programa de la Red Mundial para el tratamiento de efecto rápido.

La Red Mundial tiene su sede en Washington.

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