Hay que llegar a todos los niñosKent Hill
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Han transcurrido ya más de 50 años desde el reconocimiento por las ciencias médicas de que el aumento de la cobertura de la vacunación rutinaria contra las enfermedades infecciosas previene la muerte de niños, ahorrando a sus progenitores el sufrimiento que durante milenios muchos han padecido. Cuando los niños se salvan de una enfermedad crecen para convertirse en adultos sanos que contribuyen al desarrollo de una sociedad más dinámica y productiva. El reconocimiento de este hecho es una cosa, pero la inoculación de niños en todas partes del mundo es una gesta mucho mayor. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha colaborado desde los años 70 con otras entidades en el mundo para hacer frente a este desafío y ayudar a vacunar a niños en lugares remotos del mundo en desarrollo. Durante décadas, millones de bebés y niños han superado el breve momento de consternación y molestia de la inyección vacunal para obtener protección contra enfermedades infecciosas. USAID tomó parte en la campaña mundial de erradicación de la viruela realizada durante los años 70. En la década de 1980 que siguió, USAID proporcionó apoyo al Programa Ampliado de Inmunización (PAI), un programa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) destinado a poner a disposición de más niños la vacuna contra enfermedades tales como tuberculosis, polio, difteria, tétanos, tosferina y sarampión. En 1990, la cobertura de vacunación para estas seis enfermedades aumentó hasta un 70 por ciento en todo el mundo y la incidencia de estos males evitables y con frecuencia mortales se redujo de manera notable. Aunque las noticias eran bastante mejores en términos globales, en la mayor parte de África y de Asia la vacunación se mantenía muy por debajo de la marca del 70 por ciento del resto del mundo, un problema que, evidentemente, exigía atención. Hemos aprendido que el desafío no tiene fin y el trabajo nunca termina. En los años 90, el nivel de cobertura de vacunación de los distintos pueblos no aumentó e incluso disminuyó en algunas naciones. El empuje del programa PAI se había debilitado por varias razones, entre las cuales no se excluye la falsa impresión de que el problema ya estaba resuelto. En naciones que atravesaban dificultades económicas, otras prioridades exigían atención y los principales donantes se interesaron por los problemas más urgentes. Para 1999, el reconocimiento de que sus esfuerzos no mostraban progresos favoreció una nueva iniciativa, la formación de la Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI) [http://www.gavialliance.org/]. La alianza está dedicada a salvar vidas de niños y a proteger la salud de las personas mediante el uso extendido de la vacunación. Esta poderosa coalición de gobiernos, organizaciones internacionales, la industria fabricante de vacunas, organizaciones no gubernamentales e instituciones de salud pública trabaja en la creación de un nuevo modelo de entrega de asistencia para el desarrollo internacional. En el camino hacia el logro de ese objetivo, GAVI financia programas que fortalecen los servicios básicos de salud e inmunización, y facilitan el acceso rápido a nuevas vacunas y a nuevas tecnologías de vacunación. Desde la fundación de esta alianza, el compromiso financiero de los donantes al Fondo GAVI ha superado los 3000 millones de dólares, y ya se han distribuido más de 1000 millones de dólares a las naciones que ponen en marcha programas de vacunación. El Fondo GAVI ha concedido donaciones plurianuales a 73 de los países más pobres del mundo con el fin de ayudarles a establecer un sistema permanente y sostenible de servicios de vacunación a niños. Estados Unidos sigue siendo uno de los principales donantes de GAVI, con una aportación superior a los 350 millones de dólares desde la creación de esa entidad. Durante los primeros cinco años de GAVI, cerca de 100 millones adicionales de niños recibieron nuevas vacunas, y gracias a gestiones realizadas en 2006 se atendió a otros 38 millones de jóvenes. La OMS calcula que los esfuerzos de la Alianza GAVI han evitado la muerte prematura de 2,3 millones de niños. Con la extensión de la cobertura de inmunización a tantos niños en un período tan corto de tiempo, GAVI ha ampliado el efecto de sus acciones en todo el mundo y preparado el camino para la introducción de otras vacunas en el futuro. La Alianza GAVI se encuentra en el umbral de una nueva etapa en la que trabajará para ampliar sus objetivos con el fin de aumentar la asistencia al desarrollo internacional destinada a la salud, armonizar la labor de los asociados mediante componentes estratégicos diseñados por los países receptores, y promover tecnologías nuevas, mejores y a precios asequibles para la entrega de servicios de inmunización y atención de salud. Nuevas tecnologías y métodos El aumento alcanzado en el número de niños receptores de vacunas es un logro considerable. De hecho, las tecnologías efectivas y fáciles de utilizar han incidido de manera importante en el aumento de las tasas de vacunación en el mundo en desarrollo durante los primeros años de GAVI. Por ejemplo, la vacuna contra la hepatitis B estaba disponible y en uso por más de 15 años en el mundo desarrollado antes de la creación de GAVI. Al ser una alianza que recibe apoyo financiero de sus asociados, GAVI actuó con celeridad para poner la vacuna contra la hepatitis B a disposición de los países en desarrollo. La aceptación y la adopción de la vacuna contra la hepatitis B con el apoyo de GAVI fue sorprendentese administró a más de 90 millones de bebés en cinco añosy es uno de los primeros grandes éxitos logrados por GAVI. Por otra parte, GAVI ejerció su influencia para alentar a los fabricantes de vacunas a que agregaran la vacuna de la hepatitis B a la ya establecida inoculación contra difteria, tosferina y fiebre tifoidea, lo que hizo posible la inclusión inmediata de este nuevo producto en los sistemas operativos de servicios de salud. Ahora se observan los primeros frutos de esos esfuerzos con el acceso al mercado de nuevos suministradores de vacunas, lo cual resulta en la reducción considerable de su precio para los países pobres. Durante años, USAID ha apoyado el desarrollo y la promoción de un tipo especial de jeringuilla de uso único, diseñada para administrar una sola dosis de vacuna de modo rápido, conveniente y seguro para reducir el riesgo de contagio de los receptores con VIH u otras enfermedades por la reutilización de las jeringuillas. GAVI adquirió varios millones de estas jeringuillas para poner en marcha el uso extendido de jeringuillas seguras en los programas de inmunización en los países más pobres del mundo. GAVI proporcionó a los programas de inmunización de cada país suficientes jeringuillas para tres años, y ahora todos los países costean su uso en los programas nacionales de inmunización rutinaria. La influencia de GAVI en la industria internacional de producción de vacunas ha sido asimismo positiva al demostrarle a los fabricantes la rentabilidad del mercado del mundo en desarrollo. Esta gestión ha fomentado un incremento en el suministro de vacunas y la reducción de los precios de algunas de las vacunas financiadas por GAVI de manera más expedita que en el pasado. GAVI intenta lograr la entrega de vacunas de reciente formulación a los países en desarrollo. Anteriormente, el uso extendido de una vacuna nueva en los países más pobres se hacía con un retraso que llegaba a ser de 15 á 20 años en comparación con los países desarrollados. En noviembre de 2006, el consejo de administración de GAVI aprobó dos propuestas que corresponden a este objetivo. Con esta decisión se hace posible la entrega de vacunas mucho más nuevas e introducidas en años recientes en Estados Unidos y Europa que combatirán el conjunto de enfermedades responsable de ocasionar cada año la muerte de unos 1,5 millones de niños. Una de estas nuevas vacunas combate el rotavirus, causante de una enfermedad severa y a menudo fatal de tipo diarreico, y otra evita el neumococo, bacteria que es la principal causa de neumonía, meningitis y sepsis. Inicialmente, se procederá a introducir el uso escalonado de ambas vacunas en un número limitado de países hasta que sean completados los estudios adicionales sobre su eficacia. Aunque Estados Unidos ha sido un socio entusiasta de la Alianza GAVI, USAID ha apoyado independientemente varias iniciativas paralelas. Aparte del desarrollo de la jeringuilla con autobloqueo, USAID ha financiado pruebas clínicas destinadas a desarrollar vacunas que se administrarán en países en desarrollo y ha apoyado evaluaciones sobre la carga de enfermedad. Para mejorar la tecnología aplicable a la inmunización, USAID ha dado apoyo a la investigación que intenta lograr el desarrollo de sensores para los viales de vacunas, que hacen posible mantener las vacunas seguras fuera de la cadena fría por períodos limitados de tiempo. Este es un adelanto importante para los equipos médicos que intentan entregar vacunas a aldeas en lugares remotos donde no hay refrigeración disponible o resulta difícil mantener la temperatura apropiada durante su transporte. La investigación en curso y la que se realice en el futuro con el apoyo financiero de USAID está dirigida al desarrollo de una vacuna contra VIH/SIDA cuyo uso sea eficaz contra variantes de la enfermedad en el mundo en desarrollo y atienda a las condiciones existentes en esas zonas. También se está invirtiendo en la investigación para desarrollar una vacuna contra la malaria, una enfermedad inusual en el mundo desarrollado pero que cada año roba la vida a un millón de personas en el mundo en desarrollo, de los cuales el 75 por ciento son niños africanos. La vacuna contra la malaria es de una necesidad más apremiante debido a la proliferación de variantes de la enfermedad de malaria resistentes a la mayoría de los fármacos conocidos. El potencial Aún cuando USAID, la Alianza GAVI y el mundo en desarrollo dispongan de nuevos recursos e ideas para ampliar los programas de inmunización a fin de llegar a cada niño, hemos aprendido que la recompensa de nuestros esfuerzos puede ser mayor de lo imaginado. Un estudio realizado en 2005 por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard demostró que, en el pasado, los beneficios de la inmunización se han subestimado considerablemente. La inmunización no sólo protege a los niños de enfermedades y de la muerte a una edad temprana, sino también de los efectos de largo plazo de las enfermedades en su crecimiento y desarrollo. A los niños saludables les va mejor en la escuela y se convierten en adultos más productivos que generan ingresos más altos. De hecho, los autores del estudio igualan la importancia de la inmunización a la educación primaria en la vida de un niño. La garantía de que los niños de todo el mundo disfrutarán de una mejor atención de salud es un regalo que esta generación debe hacer a la siguiente.
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