La promesa de las vacunasOsman David Mansoor
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Pocas intervenciones médicas les rinden a los niños más beneficios que la inmunización, una manera que ha demostrado ser efectiva, en lo que se refiere a costos, de reducir las tasas de mortalidad e invalidez infantiles. Los beneficios son indiscutibles y las consecuencias de dejar de mantener y mejorar la inmunización no pueden exagerarse. Enfermedades que una vez quedaron bajo control, resurgirán y se propagarán a países donde habían sido eliminadas. En el mundo en desarrollo, millones de niños caerían enfermos o quedarían inválidos, millones morirían. Se estima que las enfermedades que pueden prevenirse mediante vacunas causan cada año más de dos millones de muertes. De estas, 1,4 millones corresponden a niños menores de cinco años. Estos niños mueren por causas que van desde el sarampión (395.000), a la tosferina (290.000) y el tétanos del recién nacido (257.000). Estas cifras no representan meramente estadísticas, sino vidas jóvenes, los recursos humanos de una nación. Cuando la salud y el futuro de los ciudadanos más jóvenes de una nación se ven amenazados por la enfermedad, ese país no puede prosperar. Estas muertes son todavía más trágicas porque estas enfermedades pueden prevenirse mediante las vacunas que recomienda actualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año 1,1 millón de niños de corta edad mueren víctimas de infecciones de neumococo, una bacteria que causa meningitis, neumonía u otras condiciones, y rotavirus, que causa diarrea grave. Basándose en el éxito alcanzado en 1977 por el programa de erradicación mundial de la viruela, coordinado a nivel mundial, la OMS estableció en 1974 el Programa Ampliado de Inmunización (PAI). Con el tiempo, el esfuerzo ha conducido a niveles constantemente crecientes de inmunización rutinaria de niños. De hecho, desde 1990 más del 70 por ciento de los niños pequeños de todo el mundo han venido recibiendo cuatro vacunas, que ofrecen protección contra seis enfermedades: tuberculosis, polio, difteria, tétanos, tosferina y sarampión. Los centenares de niños que todavía mueren debido a estas enfermedades, como ya se hizo notar más arriba, imparten urgencia al trabajo pendiente que hay que completar. Agregar al régimen de inmunizaciones de rutina las vacunas que hay disponibles contra el neumococo y el rotavirus ofrece el potencial de prevenir muchas muertes más. Con el establecimiento en 1999 de la Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI) y los esfuerzos renovados y concertados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y otros asociados en la labor de inmunización, la cobertura mundial de la inmunización ha mejorado lenta pero constantemente en el nuevo siglo. Las inversiones adicionales generadas por la AMVI y la destacada atención que se le presta a la inmunización en los países más pobres, están dando resultados. (véase la figura 1).
GAVI and its alliance partners are helping to implement the 1992 WHO recommendation that all countries add hepatitis B to their EPI schedule. As a result, by 2005 more than 80 percent of countries had implemented routine hepatitis B infant immunization (see Figure 2). Protecting every child, especially those born of mothers with chronic hepatitis B infection, prevents the development of liver cancer and cirrhosis in later life. Despite the improvements in the number of children who are routinely vaccinated, much remains to be done. In 2005, WHO and UNICEF developed the Global Immunization Vision and Strategy (GIVS), 2006-2015. The strategy sets a goal for all countries to reach at least 90 percent of infants with all recommended immunizations and at least 80 percent in every district (or equivalent). Achieving the GIVS goals will save the lives of 4 to 5 million children every year by 2015.
En los países en desarrollo, los pobres y quienes reciben una atención deficiente quedan constantemente fuera de la protección de la inmunización que salva vidas. En el 2005, más de 27 millones de niños no recibieron las tres dosis de vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina (trivalente), necesarias para protegerlos de esas enfermedades, y a 30 millones no se les inoculó con las dosis requeridas de vacuna contra el sarampión. Para mejorar esa cobertura, los planificadores nacionales y de distrito necesitan dedicar recursos y trazar estrategias específicas para llegar a las poblaciones actualmente mal atendidas. Muchos países usan ya el enfoque de Alcanzar Cada Distrito (RED), que trata de obtener una mayor equidad y disponibilidad de los servicios de inmunización rutinarios. Además de proteger a los niños de las enfermedades que pueden prevenirse mediante vacunas, los programas de inmunización reducen la transmisión de enfermedades dentro de la comunidad y protegen a quienes no están vacunados. En algunas enfermedades, tales como la polio, la inmunización puede conducir realmente a la erradicación total, como ocurrió con la viruela. Se ha logrado un progreso notable en la expansión de la cobertura de la inmunización y el esfuerzo no debe disminuir. Cada niño, no importa cuál sea su condición socioeconómica, merece quedar protegido de la enfermedad. Los programas de inmunización sirven también de plataforma para emprender otras intervenciones que salvan vidas, tales como las que combaten la desnutrición, la malaria, la polio y las lombrices intestinales. Una estrategia así integrada es la manera más efectiva de proteger la salud de todos los niños, incluidos los más marginados. Es también una manera efectiva, desde el punto de vista del costo, de construir sistemas de cuidado de la salud para asegurar mejor que el progreso se vuelva sostenible y no se pierda. Cuando ocurre esto, el impacto total de la inmunización en la supervivencia infantil se hace mayor que la suma de sus partes. Ahmed Magan, Jessica Malter y Jeff McFarlan, de UNICEF, también contribuyeron a este artículo.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.
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