Protección del medio ambiente en Estados Unidos-30 años de progreso

Reducir, reutilizar y reciclar

Entrevista con Laurie Batchelder Adams y Jaime Lozano

Protección del medio ambiente en Estados Unidos-30 años de progreso

ÍNDICE
Acerca de este número
El medio ambiente—metas compartidas y misión común
Treinta años de progreso hacia el aire limpio
Galería de fotos photo icon
Cartera de progreso ambiental
La perspectiva de Estados Unidos sobre el cambio climático
Cómo interpretar el cambio climático y mundial
El metano, a los mercados
La energía eólica hoy
La química verde
Galería de fotos photo icon
Pensando en verde—eficiencia, tecnología y creatividad ambientales
Exportar la "mejor idea" de Estados Unidos—cómo compartir con el mundo nuestro sistema de parques nacionales
El cuidado de los ríos
El fomento de la democracia y la prosperidad mediante el desarrollo sostenible
Reducir, reutilizar y reciclar
Mensajes sobre el medio ambiente
Bibliografía (en inglés)
Recursos en Internet (en inglés)
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Los fardos de botellas plásticas usadas se reciclarán y se transformarán en diversos productos como sillas, kayak, bisutería y ropa.
Los fardos de botellas plásticas usadas se reciclarán y se transformarán en diversos productos como sillas, kayak, bisutería y ropa.
Foto de Rich Pedroncelli AP/WWP

Estados Unidos recicla hoy alrededor del 30 por ciento de sus desechos sólidos, porcentaje que incluye la reducción en el punto de origen —es decir, el uso de menos material desde el principio— y el compostaje, —o utilización de materia orgánica como abono y acondicionador del suelo —. La adopción de programas de reciclaje, así como el apoyo del público a los mismos ha venido aumentando de manera constante en las dos últimas décadas. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos alienta y promueve el reciclaje y el compostaje de desechos, aunque no existe una ley federal que le exija a las comunidades, condados, ciudades y pueblos aplicar estas prácticas. En lugar de ello, los gobiernos locales y estatales ponen en marcha sus propios programas con el apoyo de la ciudadanía.

Charlene Porter, editora gerente de Cuestiones Mundiales, habla sobre las nuevas tendencias de reciclaje y eliminación de desechos con dos expertos en este campo. La consultora Laurie Batchelder Adams, de Denver, Colorado, asesora a clientes sobre la administración de programas de reciclaje. Es también funcionaria de la Asociación de Desechos Sólidos de Norteamérica, un grupo de la industria del reciclaje. Jaime Lozano es un especialista ambiental en la Oficina de Saneamiento de la ciudad de Los Ángeles.

Pregunta: ¿Por qué se han dado cuenta los gobiernos locales de que la desviación de residuos destinados al vertedero es una buena decisión?

Batchelder Adams: Todo comenzó en 1987 cuando la barcaza de basura Mobro, de triste fama, partió de una ciudad en el estado de Nueva York con más de 3.000 toneladas de desechos a bordo. La barca vagó durante meses por las costas del Atlántico sin poder encontrar una comunidad que estuviese dispuesta a aceptar esa enorme cantidad de desperdicios. El incidente de la barcaza errante recibió muchísima atención de los medios informativos y el mensaje que perduró en la memoria de los estadounidenses fue: "Nos hemos quedado sin vertederos en el país". Muchos de los partidarios del reciclaje se unieron a la causa, aunque la crisis de la basura fue sólo una verdad a medias puesto que las comunidades no carecían, ni antes ni ahora, de espacio para la creación y mantenimiento de vertederos de basura.

Después de ese episodio, el reciclaje se puso de moda. Todos se dedicaron a ello. Una ola publicitaria arrasó el país. El reciclaje se consideraba una forma nueva y atractiva de gastar dólares para obras públicas.

Al principio se hizo mucho reciclaje sencillo. Muchos de los materiales fáciles se podían recolectar y dirigir hacia el reciclaje. El público se mostró entusiasmado de poder participar.

Lozano: Esa barcaza, la Mobro, representó un momento de concienciación. De repente la atención se centró en la barca y la gente se preguntó: "Santo dios, ¿podríamos estar en las mismas circunstancias en el futuro?" Aunque no existe un mandato federal para programas estatales de reciclaje o de desviación de residuos, las legislaturas se dieron a la tarea de comenzar a evaluar el diseño y propósito de sus programas de desechos.

El estado de California promulgó una ley para las distintas jurisdicciones a nivel municipal y de condado. La ley 939 de la Asamblea del estado de California estipulaba que todas las ciudades y condados debían disminuir en 25 por ciento sus desechos sólidos para el año 1995 y en 50 por ciento para el año 2000. Este objetivo se basó en estudios realizados en 1990, que establecieron un año base o punto de partida para la reducción de futuros desechos.

La ley estipula que las ciudades y condados que no lleven a cabo estos programas pueden ser multados diaria y retroactivamente hasta 10.000 dólares. Mucha gente, en particular la comunidad ambientalista, apoyó esta ley. Fue como si todos habían decidido que era importante ser parte de la solución.

P: Lo cierto es que la tasa actual de reciclaje varía considerablemente según el material. Lo que noté en las cifras que publica la Agencia de Protección Ambiental es que el porcentaje de reciclaje del papel es del 42 por ciento, las latas de aluminio 55 por ciento y el acero 66 por ciento. ¿Qué es lo que ocasiona las distintas tasas de reciclaje para cada material?

Batchelder Adams: Algunos materiales tienen distintas subcategorías. Por ejemplo, el cartón es una subcategoría del papel. La tasa de reciclaje del cartón y de ciertos materiales de papel de alto valor se sitúa en el 70 por ciento. Entre 70 y 75 por ciento de los materiales que recoge el programa de reciclaje en puntos de entrega de zonas residenciales son de papel y el resto son envases. El reciclaje de papel tiene éxito porque se recupera en cantidades relativamente grandes. Hay también papeleras que operan en el país y en el extranjero de modo que se cuenta con una abundancia de usuarios finales que quieren el papel que generan nuestros programas de reciclaje. El mercado es fuerte. Hay mucho papel, hay mucha gente que lo quiere y el precio es lo suficientemente alto para mantenerlo como un negocio relativamente lucrativo. Esos factores hacen de éste un negocio en el que todos ganan y nadie pierde.

El aluminio siempre ha tenido un buen potencial de venta, pero ahora estamos presenciando una disminución. Hoy día, se fabrican menos envases de aluminio. Otros materiales se van quedando con el mercado de envases, así que los programas de reciclaje sencillamente no generan mucho. Además, hay una cantidad excesiva de material que se utiliza fuera del hogar y que no va a parar al punto de entrega de los programas de reciclaje de zonas residenciales.

Lozano: He aquí algo sumamente importante. Tiene que haber un mercado para los materiales reciclados a fin de pagar por el proceso de recolección, clasificación, embalaje y almacenamiento de todo lo que se recolecta. Si no se tienen mercados, la situación es realmente difícil.

Uno de los aspectos que se ha tratado es intentar inyectar capital en la comunidad empresarial, para poner en marcha organizaciones que reciban el material reciclado y fabriquen nuevos productos con éste. Como ha dicho Laurie, existe una abundancia de papeleras que compran material reciclado. Por lo tanto, casi se les puede garantizar a las comunidades de que encontrarán un mercado para el papel reciclado. Si se recolecta, siempre y cuando no esté contaminado, se puede vender en el mercado.

Pero, ¿qué ocurre con los distintos plásticos? ¿Puede una comunidad encontrar un comprador para los distintos tipos de plástico que utiliza la industria del embalaje? Y, si los recolectara todos, ¿podría venderlos o tendría que aguantarse con excedentes que no puede vender?

Esta es una de las cuestiones que las comunidades deben empezar a examinar. Tiene que haber un uso final y por ese motivo es importante. Si uno no compra reciclado, no está reciclando. Tiene que cerrar el ciclo.

Un clasificador separa los distintos materiales de papel en el Centro de reciclaje y eliminación de San Francisco, California.
Un clasificador separa los distintos materiales de papel en el Centro de reciclaje y eliminación de San Francisco, California. La ciudad recicla dos terceras partes de su basura.
Foto de Jeff Chiu AP/WWP

P: ¿Están los fabricantes y empresarios al tanto de la disponibilidad de este material? ¿Han ideado nuevas maneras de utilizarlo?

Lozano: Por supuesto. Se observa la aparición de distintas industrias que quieren utilizar materiales diferentes y convertirlos en un nuevo producto. Lo maravilloso es que las empresas generan puestos de trabajo. Se les da empleo a los transportistas privados de basura o los recolectores de la ciudad. Se emplea a la gente que clasifica, lava y seca los materiales. Luego, se emplea a más gente en la empresa misma que utilizará el material para fabricar productos nuevos. Fabrican botellas nuevas o madera de plástico. Fabrican hilo para usar en pantalones o chaquetas, cosas de este tipo.

P: Sra. Adams, ¿cuáles han sido algunos de los usos más innovadores de material reciclado que ha visto en los últimos años?

Batchelder Adams: Los que mencionó Jaime son fantásticos. Los productos de vidrio son los que hemos visto evolucionar más lentamente, pero que se necesitan con urgencia. En este país los programas comunitarios de reciclaje están realmente pasando un momento difícil con respecto al vidrio. Es un verdadero problema para los programas locales debido a que el vidrio es muy pesado y cuesta mucho manejarlo, en comparación con otros materiales. Algunas comunidades han comenzado a eliminarlo de sus programas.

En comunidades rurales, donde trabajo mucho, y en países con programas incipientes se hace mayor hincapié en el desarrollo del mercado. Las zonas con baja densidad de población afrontan dos problemas. En primer lugar, el tonelaje de la recolección es bajo, de modo que el costo por unidad es alto. Segundo, estas comunidades están geográficamente aisladas; se encuentran a cierta distancia de cualquier mercado, con lo cual el gasto para transportar el material hasta un comprador merma las ganancias obtenidas. Debido a ello, es necesario que estas comunidades desarrollen mercados locales que utilicen, como mínimo, los materiales reciclados de bajo valor, como por ejemplo el papel o vidrio de baja categoría, como mencioné anteriormente. Los materiales de alto valor —cartón, periódicos, papel blanco y acero— son los que seguramente conseguirán un precio bastante alto, contrarrestando de esta manera el alto costo del transporte y aún así generando ganancias.

Existe un pujante mercado internacional de material reciclado. Varios países en desarrollo compran materiales reciclados de Estados Unidos, entre ellos cabe destacar a China. Debido a que los chinos están acaparando el mercado de material secundario en Estados Unidos, los mercados finales sienten el impacto de la competencia de precios que ha creado esta tendencia. Estamos perdiendo los usuarios finales de este país, por ejemplo las papeleras. Están cerrando porque no pueden competir con las exportaciones a China.

Si cesan las operaciones de los procesadores de material secundario en Estados Unidos, es posible que llegue el día en que no haya en el país capacidad suficiente para utilizar material reciclado.

P: Los gobiernos locales han participado poco en el manejo y la recolección de materia prima. ¿Ha creado esta situación una empinada curva de aprendizaje para los gobiernos locales en lo que se refiere a cómo establecer programas y administrar algo tan orientado a la industria como lo es el reciclaje?

Lozano: Creo que sí. Yo vengo del sector privado y aprendí que la prevención de costos es un componente fundamental del éxito de cualquier empresa. En 1995 la ciudad de Carson, en California, me contrató para que desarrollara un programa de reciclaje justo en el momento en que la ley 939 entraba en vigor. De esa experiencia aprendí que la gente que trabaja en programas de reducción de desechos tiene que entender mejor cómo funciona una empresa y empezar a darse cuenta de cómo lograr que las empresas de la comunidad sean parte de la solución.

Batchelder Adams: En el ámbito del gobierno local los funcionarios no siempre pueden darse el lujo de ser buenos conocedores del mercado. No siempre disponen de tiempo para entender la dinámica del mercado. A menudo privatizan o contratan los servicios de procesamiento y venta del material reciclable que han recolectado. No se preocupan realmente de toda la empresa, sino más bien de cuántos ingresos provienen de la venta del material. Los gobiernos locales se beneficiarían de tener una perspectiva más amplia de la generación de desechos y el ciclo completo.

A los gobiernos locales también les cuesta mucho entender el concepto: "piensa a nivel mundial pero privilegia lo local". Pensemos en lo significa ese lema. Significa que el gobierno local aporta el dinero, los recursos, el tiempo y sufre los contratiempos del programa, todo ello para beneficio de todo el mundo. Es uno de los argumentos menos convincentes que puede presentar un director de reciclaje ante su consejo municipal o comisión de condado: pagar por el bien del mundo. Si bien es lo que se debe hacer, los recursos son limitados. He aquí la verdadera dicotomía.

Un obrero apila latas comprimidas en un centro de reciclaje de aluminio en Río de Janeiro, Brasil.
Un obrero apila latas comprimidas en un centro de reciclaje de aluminio en Río de Janeiro, Brasil.
Foto de Douglas Engle AP/WWP

Me gustaría enumerar tres cosas que recomendaría a toda comunidad que esté iniciando un programa de reciclaje. En primer lugar, necesita el apoyo del público. Debe conseguir como sea la colaboración de sus ciudadanos. Sin embargo, hay que darse cuenta de que ese apoyo tendrá sus altos y bajos, y tiene que estar preparado para ello. Segundo, su programa sufrirá cambios constantes, ya sea en el nivel de apoyo público, el mercado para materiales o la tecnología que se utiliza. Hay que estar preparado para ese cambio constante.

Tercero, no importa el programa que sea ni cuánto se dependa del sector privado, los gobiernos necesitan ejercer el control de los servicios proporcionados mediante la puesta en práctica de políticas y estrategias básicas de fijación de precios que mantengan la participación pública necesaria. Me refiero a políticas como la frecuencia de la recolección, los cargamentos cubiertos, los mandatos para que los recolectores de basura también proporcionen servicios de reciclaje y las directrices que establecen tarifas de recolección de basura que estimulen el reciclaje, si es que es un objetivo de su programa.

P: Señor Lozano, usted ha viajado por América Central y del Sur y ha conversado con distintos funcionarios locales sobre la importancia del reciclaje, sobre cómo establecer programas de reciclaje. ¿Les servirá el consejo de la señora Batchelder Adams como punto de partida a las comunidades que ha visitado usted en el exterior?

Lozano: Es un consejo excelente—sobre todo en lo que se refiere a tener el control del programa y la pertenencia. Los funcionarios que establecen estos programas necesitan trabajar con la comunidad para enseñarles que no sólo le corresponde al gobierno la responsabilidad de reducir la basura y operar los vertederos. Las empresas y los residentes deben reconocer su propia contribución al problema de los desechos a fin de que se conviertan en parte de la solución.

En varios de los países que he visitado he notado gran interés por parte de la población, que desea ser parte de la solución. Quieren participar pero quieren también aprender más. Tiene que haber mucha educación. El estado de California tiene un excelente programa que se llama Cerrando el círculo. Es un programa educativo sobre el manejo de desechos sólidos y se enseña a partir de jardín de infancia y hasta el último grado de la secundaria, y se ofrece en español. Creo que El Salvador lo ha adoptado formalmente y lo lleva a la práctica en su programa nacional de educación sobre el medio ambiente. En Argentina al menos tres estados han adoptado el programa y en Chile se estudia la posibilidad. Es imprescindible conseguir que participen los maestros, los gobiernos locales y nacionales y las empresas. Por último, es necesario encontrar maneras de generar dinero para que se puedan lograr cosas.

P: Otro tema en toda esta cuestión es la reducción en el punto de origen, es decir la reducción de la cantidad de desperdicios sólidos que genera inicialmente una comunidad. ¿Cuánto éxito han tenido los gobiernos en ocuparse de este componente del ciclo?

Batchelder Adams: Yo diría que ha sido de poco a moderado. Es un elemento difícil de someter a medidas y seguimiento. Es también una idea difícil de venderle al público, porque exige que la gente cambie su estilo de vida, que es lo que más cuesta cambiar.

Estamos presenciando mejoras gracias a la política de "adquisiciones verdes". Los gobiernos locales compran productos reciclados para satisfacer su propia demanda de insumos y contribuyen así a estimular el mercado.

Lozano: La reducción en el punto de origen es un objetivo muy difícil de lograr pero de extrema importancia. En nuestro trabajo el lema es ahora: reduce, después reutiliza y luego recicla. Es importantísimo llevar a cabo más actividades de reducción. Por ejemplo, hay que reutilizar el papel. ¿A qué se debe que la mayoría de las organizaciones sólo impriman por una cara del papel? Se está desperdiciando el 50 por ciento.

Las empresas pueden hacer cosas sencillas para lograr estos objetivos. En Carson hicimos una auditoría con la Corporación Nissan de Norteamérica cuando se disponía a comprar nuevas máquinas fotocopiadoras. Les sugerimos que fijaran la configuración predeterminada para que imprimiera en ambas caras del papel, en lugar de un lado solamente. Ello implica que si se quiere imprimir por un lado hay que actuar; hay que cambiar la configuración predeterminada; hacer un esfuerzo y oprimir un botón. De pronto Nissan se dio cuenta de que su gasto mensual de 50.000 dólares en papel bajó a 25.000 dólares. Lo que estaban desechando —ya sea como material reciclable o basura— también se redujo en la mitad.

P: ¿Cuáles son las dificultades que encaran las comunidades cuando sopesan los costos y beneficios de estos programas?

Batchelder Adams: Los gobiernos locales deben verificar los costos totales y reales de un programa de reciclaje, inclusive el ciclo de vida del equipo y el ahorro en costos de transporte y eliminación. Con el tiempo, todos tendremos la capacidad de identificar y hacer un seguimiento de los gastos que trascienden el sistema directo de reciclaje/vertedero. Por ejemplo, algunos de los principales gobiernos locales en Estados Unidos evalúan el reciclaje frente a la eliminación de desechos en términos de los efectos en todo el medio ambiente. Ello incluye factores como la prevención de la contaminación y los problemas de salud pública que pueden vincularse a la contaminación del aire y los gases de efecto invernadero.

Lozano: Y el costo a la salud puede ser enorme. En mis viajes he visto a gente que vive en los vertederos. Es un riesgo terrible para la salud. Creo que existe el potencial de que se contraigan enfermedades que aún no conocemos que podrían ser transmisibles del vertedero a esa gente y luego a la población general. Es parte de un círculo que debemos romper.

Batchelder Adams: Si consideramos lo que le cuesta a este país la eliminación de los desechos, es mucho más costosa que el reciclaje. El poder evaluar de esta manera la sostenibilidad económica y ambiental del reciclaje es una nueva capacidad con la que contaremos en los próximos meses y años.

El reciclaje funciona

La compañía Novelis, con sede en Atlanta, es líder mundial en el reciclaje de latas de aluminio.

Alrededor del 50 por ciento de todas las latas de bebidas se reciclan, lo que genera un pujante mercado internacional para el aluminio reciclado.
Alrededor del 50 por ciento de todas las latas de bebidas se reciclan, lo que genera un pujante mercado internacional para el aluminio reciclado.
Foto de Shari Lewis AP/WWP

L a lata de aluminio, que se empezó a utilizar en 1965, ha demostrado ser el envase idóneo para bebidas. Es ligera, resiste la corrosión y se recicla con facilidad. De hecho, la lata de aluminio es el recipiente de bebidas que más se recicla: casi 50 por ciento de todas las latas producidas.

En febrero de 2005, la Coalición Nacional de Reciclaje (NRC), con sede en Washington D.C., presentó la séptima edición de su premio anual "El reciclaje funciona" a Novelis, la empresa recicladora de envases de aluminio más grande del mundo. "Novelis es la única empresa de aluminio que ha convertido su compromiso firme con el reciclaje en un componente fundamental de su negocio", dijo Kate Krebs, directora ejecutiva de NRC.

Novelis es el líder mundial en la producción de planchas de aluminio de las que se fabrican las latas. Con sede en Atlanta, Georgia, Novelis suministra planchas y papel de aluminio a los mercados de automóviles, bebidas, envase de alimentos, construcción, industria e imprenta. Opera 37 plantas en doce países y emplea a más de 13.500 personas en todo el mundo. Novelis recicla anualmente más de 24.000 millones de latas de aluminio en Estados Unidos y más de 30.000 millones en todo el mundo.

Novelis opera siete centros de reciclaje: tres en Estados Unidos y uno en cada uno de los países de Brasil, Italia, Corea del Sur y el Reino Unido. En total, estos centros tienen la capacidad de reciclar 874.000 toneladas de aluminio cada año.

Aparte de incluir el reciclaje como componente principal de su empresa, Novelis promueve activamente en el público los beneficios que reporta el reciclaje del aluminio. Por ejemplo, la empresa proporciona apoyo importante al programa Latas de Aluminio Construyen Casas de Hábitat para la Humanidad. Este programa único fue establecido en 1997 como una alianza entre Hábitat para la Humanidad Internacional y la Asociación de Aluminio, una organización gremial. El programa Latas para Hábitat ha recaudado más de 2,5 millones de dólares por medio del reciclaje de latas de aluminio para construir casas para familias de bajos ingresos.

En colaboración con la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, Novelis auspició un concurso para alentar mayores esfuerzos de reciclaje en las ciudades. El concurso de Reciclaje de latas a cambio de dinero en efectivo fue el aliciente para que las ciudades participantes recogieran más de 60 millones de latas durante un período de dos semanas, a la vez que se fomentó mayor concienciación sobre el reciclaje en sus habitantes.

"Estamos dedicados a fomentar iniciativas para promover el valor económico, ambiental y social del reciclaje de aluminio", dijo Brian Sturgell, presidente y director general de la empresa.

Para más información, en inglés, sobre las actividades de reciclaje de Novelis Inc. visite el sitio web: http://www.recycle.alcan.com/recycle/EN

Acceda también al sitio de la Coalición Nacional de Reciclaje: http://www.nrc-recycle.org/

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Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno de Estados Unidos.

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