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Los vídeos son poco nítidos y borrosos, pero lo suficientemente claros para horrorizarnos. En uno de ellos, un agente de policía golpea en la cara a un sospechoso repetidas veces, mientras éste levanta las manos para defenderse y luego cae al suelo. En otro, una mujer detenida cuelga cabeza abajo, con los pies y manos atados a una vara, mientras llora y grita. En un tercer vídeo, agentes de policía acorralan a manifestantes en la calle y les apalean mientras los cargan en un vagón. Los vídeos sobre la brutalidad policial en Egipto nunca fueron transmitidos por las cadenas de televisión en ese país. En lugar de ello, fueron publicados por el bloguero Wael Abbas en su popularísima página web MisrDigital. [http://misrdigital.blogspirit.com/].. Los vídeos tuvieron impacto, aún en un país como Egipto, donde los únicos que son castigados por exponer valientemente estos abusos son, a menudo, los mismos periodistas. Debido a las publicaciones de Abbas y de otros blogueros de los vídeos grabados con teléfonos móviles, dos agentes de policía fueron sentenciados en noviembre de 2007 a tres años de cárcel por la tortura de un conductor de minicamión en El Cairo. Otros agentes de policía aguardan el juicio en otros casos de abuso. El reportaje digital
En todo el mundo, periodistas y otras personas utilizan medios digitales como Internet, los mensajes de texto a través de teléfonos celulares (SMS) y las cámaras de vídeo de teléfonos celulares para obtener y diseminar información en formas que eran imposibles hace apenas una década. La tecnología -omnipresente hasta en los países pobres- no sólo posibilita la circulación más libre de información, sino que anima también a ciudadanos que antes se sentían impotentes al no tener un papel en la producción de los cambios en sus sociedades. En muchos casos, como el de Abbas, la circulación más libre de la información, posibilitada por la nueva tecnología, obliga a los gobiernos a tomar medidas que, de otra manera, no hubieran tomado. Si bien la detención de agentes de policía que cometen abusos supone un paso adelante decisivo en Egipto, queda por verse si Abbas y otros blogueros podrán tener un impacto más extenso en obligar al gobierno de Mubarak a adoptar prácticas más democráticas. Al igual que otros países en los que los periodistas ciudadanos han utilizado audazmente las nuevas tecnologías para poner al descubierto delitos o para organizar protestas, Egipto ha adoptado medidas enérgicas y ha detenido a periodistas y a blogueros que han diseminado información considerada insultante al Islam o al gobierno. En el caso más reciente, dos agentes de policía fueron condenados a prisión debido a un vídeo en el que se les veía sodomizar con un palo al conductor de un minicamión tras arrestarlo por intervenir en un argumento entre su primo y los policías. Otros agentes filmaron el abuso con sus teléfonos celulares, con la intención de mostrar el vídeo a los amigos del hombre para humillarlo aún más. Abbas y otros blogueros consiguieron el vídeo y lo publicaron junto con muchos otros vídeos que demostraban una pauta sistémica de abusos. La Organización Egipcia de Derechos Humanos registra cerca de 400 casos anuales de tortura infligida por la policía, de los que, según el Washington Post, aproximadamente un 20 por ciento son procesados judicialmente. Abbas ha pagado un precio por haber llamado la atención a los vídeos que muestran abusos policiales, fraudes electorales, corrupción y acoso de mujeres en las calles. Perdió su empleo como periodista y ha sido detenido y amenazado, pero continúa escribiendo su bitácora con la esperanza de que podrá producir cambios en su país. Mi organización, el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ), nombró recientemente a Abbas uno de los ganadores de nuestro Premio Internacional de Periodismo Knight. Abbas es el primer bloguero en recibir este premio, pero sin duda no será el último. El otro ganador es May Thingyan Hein, un periodista investigador de Birmania, otro país donde los nuevos medios de información han desempeñado un papel decisivo en el fomento del activismo ciudadano y donde todavía es incierto si ese activismo tendrá un impacto a largo plazo. En Birmania, la tecnología contribuyó decisivamente a propagar la noticia sobre las manifestaciones que tuvieron lugar en agosto y septiembre de 2007 contra el régimen militar, protestas que cautivaron al mundo. Dentro del país se utilizaron teléfonos celulares para informar sobre dónde se reunirían los manifestantes y cómo evitar ser arrestados. En el extranjero, las fotos y los vídeos de las protestas encabezadas por los monjes y de la violenta respuesta del gobierno, tomadas casi siempre con teléfonos celulares, salieron publicadas en Internet y despertaron la atención, lo cual puso presión política sobre el régimen militar de Birmania. Esa información sólo podía provenir de "periodistas ciudadanos", puesto que el gobierno birmano había prohibido a casi todos los periodistas extranjeros la entrada al país. El gobierno de Birmania adoptó también medidas represivas y cortó la conexión a Internet con el fin de ocultar las embarazosas fotografías y vídeos que circulaban por el mundo segundos después de ser transmitidas por correo electrónico a páginas web birmanas en el exterior. La censura en Internet En países como China o Irán -más grandes y con mayor participación en el mundo exterior- los regímenes están teniendo más dificultades en controlar la manera en que se intercambia información mediante las nuevas tecnologías. En 2006, en China, Li Datong, redactor de un suplemento del importante Diario de la juventud china, envió un mensaje electrónico a personas clave en el que criticaba la nueva política del periódico de retener el salario de los periodistas que redactaran cualquier cosa que disgustara a los funcionarios del Partido Comunista. En cuestión de minutos, el mensaje fue publicado en páginas web de todo el país. Los censores ordenaron rápidamente que se retirara el mensaje, pero no lograron actuar con la suficiente rapidez para contener su propagación. Si bien Li fue despedido, el gobierno tuvo que rescindir la política de retener el sueldo de los periodistas. China es el segundo país después de Estados Unidos en lo que respecta al número de usuarios de Internet, y los dirigentes chinos libran una batalla perdida tratando de controlar el tipo de información a la que tiene acceso la población. Según la organización Reporteros sin Fronteras, China es el principal encarcelador del mundo de personas que publican en Internet información que se considera inaceptable, y tiene detrás de rejas a 50 de los por lo menos 64 ciberdisidentes que están encarcelados en el mundo. "Más y más gobiernos se han dado cuenta de que Internet puede desempeñar un papel clave en la lucha por la democracia y han establecido métodos nuevos para su censura", dijo la organización en su Índice Mundial de Libertad de Prensa 2007. "Los gobiernos de países represivos actúan ahora contra los blogueros y periodistas de Internet con la misma fuerza que contra los periodistas de los medios tradicionales". Al igual que China, Irán es incapaz de controlar totalmente el contenido de Internet, y el persa figura ahora entre los diez principales idiomas que utilizan los blogueros, habiendo de 70.000 a 100.000 blogueros iraníes activos, de los que muchos redactan artículos políticos que los medios iraníes corrientes no considerarían nunca. Los blogueros iraníes cambian frecuentemente sus direcciones web y emplean "sitios representativos" para evadir las restricciones del gobierno. Las bitácoras, los podcast, los mensajes de texto y los vídeo por Internet está extendiendo los límites de la libertad de expresión y produciendo cambios reales en Irán, China, Birmania y Egipto, pero hasta el momento ninguno de estos regímenes ha caído como resultado de ello, aunque sí ha ocurrido en otros países. Democracia móvil El ejemplo más famoso es Filipinas, donde los mensajes de texto lograron reunir a los ciudadanos para efectuar protestas masivas que llevaron a la caída en 2001 del entonces presidente José Estrada. Éste había evitado por escaso margen ser destituido por el Senado, pese a que había pruebas de que tenía cuentas bancarias con 71 millones de dólares en ganancias ilícitas. Estrada pensó que había sobrevivido, hasta que cientos de miles de personas se reunieron para protestar el voto del Senado, incentivados por mensajes de texto que decían: Go 2 Edsa (Ve a la Avenida Edsa), Wear black to mourn the death of democracy (Vístete de negro para llorar la muerte de la democracia) y Expect there to be rumbles (Anticipa enfrentamientos). Cuando el Tribunal Supremo decidió que "el pueblo había hablado", Estrada finalmente aceptó renunciar.
El Líbano ofrece un ejemplo parecido más reciente. Allí, un millón de ciudadanos respondió en 2005 al llamado efectuado por mensajes de texto a sus teléfonos celulares, para reunirse y exigir que Siria terminara la ocupación militar de su país. Igual que en las Filipinas, el éxito de los ciudadanos fue inmediato y 14.000 efectivos militares sirios se retiraron del país después de una ocupación de 29 años. Pero el éxito a largo plazo del poder ciudadano sigue siendo incierto. Siria continúa ejerciendo su control sobre el Líbano por medio de asesinatos y atentados bomba, y el país sigue siendo frágil. Abundan otros ejemplos de "democracia móvil". En Kuwait, las mujeres utilizaron los mensajes de texto para organizar mítines y exigir el derecho al voto y postularse en las elecciones. Jóvenes surcoreanos diestros en tecnología instaron a 800.000 personas a votar en una campaña de último momento realizada por SMS, logrando que su candidato Roh Moo Hyun ganara por un margen muy escaso. Los chinos han utilizado mensajes de texto cortos para movilizar huelgas laborales y mitines antijaponeses. Todos estos ejemplos demuestran el poder de las nuevas tecnologías para hacer que la gente salga a la calle en los países donde anteriormente se sentían impotentes. Si bien en Estados Unidos Internet es una herramienta movilizadora importante, los teléfonos celulares y los mensajes de texto son mucho más importantes en los países en vías de desarrollo, donde pocas personas tienen acceso a Internet, pero donde muchas más personas tienen teléfonos móviles. En este sentido Estados Unidos está realmente a la zaga de la mayoría del mundo, incluso del mundo en desarrollo. En Botswana, les dije recientemente a unos estudiantes que me interesaba hablar con compañías de telecomunicaciones acerca de la posibilidad de suministrar reportajes de noticias por teléfonos celulares. Uno de los estudiantes sacó su teléfono y me preguntó: "¿Así?" En la pantalla del teléfono aparecieron los principales titulares de un periódico local, un servicio que se venía ofreciendo desde hacía mucho tiempo en su país. Los africanos que tienen teléfonos celulares y viven en zonas remotas donde no hay acceso a periódicos impresos reciben las noticias de esos mismos periódicos en sus teléfonos móviles. Advertencias y preocupaciones Entonces, si en todas partes del mundo en vías de desarrollo se utilizan los teléfonos celulares ara suministrar noticias a personas que de otra manera no podrían recibirlas y para reunir a gente que ahora se siente facultada para actuar y producir cambios en sus países, ¿dónde está la desventaja?
Hay quienes se preocupan de que es muy poco lo que separa la "democracia móvil" de la "democracia del populacho". Es de admirar que en Filipinas la gente pudiera movilizar multitudes enormes por medio de las nuevas tecnologías para derrocar a un presidente corrupto, pero ¿cómo se puede evitar que se emplee la misma tecnología para derrocar a un gobierno elegido democráticamente que promulga políticas que al principio son impopulares pero que a la larga son buenas para el país? Las mismas tecnologías pueden también utilizarse para propósitos más viles que el cambio democrático. En Timor Oriental, matones merodeadores utilizaron mensajes de texto para organizar disturbios y evadir las tropas de mantenimiento de la paz. Al Qaeda tiene fama de emplear las tecnologías más avanzadas en sus esfuerzos por empujar al mundo de regreso al siglo VIII. Otras preocupaciones se deben a las nuevas herramientas informáticas que han traído a la luz abusos como los de Egipto y Birmania. ¿Cómo podemos juzgar la veracidad de la información provista por alguien que la ha grabado en un teléfono celular y la ha enviado, tal vez en forma anónima, a un bloguero en Occidente? ¿Cómo podemos estar seguros de que las imágenes no fueron manipuladas digitalmente? ¿Podemos confiar en la información que proviene de personas que son activistas en sus causas y no periodistas profesionales imparciales? En muchos lugares del mundo la gente no ha compartido nunca el ideal periodístico estadounidense de periodismo "objetivo", en el que no puede determinarse en el reportaje el punto de vista del periodista o del medio informativo. Pero cada vez más información proviene de fuentes con prioridades obvias, lo cual disminuye aún más el concepto de un reportaje completo y equilibrado. El bloguero birmano Ko Htike, que reside en Londres, dijo que tenía aproximadamente diez contactos en Birmania que le enviaban mensajes de texto, fotos y vídeos desde cibercafés. Htike confiaba en la veracidad del material que le enviaban, pero observó también que el régimen birmano se había percatado de la tendencia y enviaba correos electrónicos y mensajes de texto falsos, diseminando información falsa acerca de la represión militar. Otro sitio que hizo públicos los reportajes realizados por los ciudadanos birmanos fue Mizzima News, dirigido por exiliados en Nueva Delhi. Según el Wall Street Journal, Soe Myint, redactor jefe de este medio, recibió los reportajes, imágenes y vídeos de más de cien estudiantes, activistas y ciudadanos comunes. Myint dijo que le ha llevado años crear un sistema de reportaje de fuentes confiables a nivel popular. "Esto no es obra de un día", dijo. "Nos hemos preparado para esto durante los últimos nueve años. La gente conoce nuestro trabajo y sabe como comunicarse con nosotros". Otro peligro que presenta esta tendencia es que los ciudadanos que recogen la información con frecuencia corren grandes riesgos al hacerlo. En Birmania, una de las primeras víctimas de los disturbios fue un fotógrafo japonés que estaba documentando las protestas. Los periodistas profesionales a menudo reciben formación para trabajar en situaciones peligrosas (aunque no con la suficiente frecuencia) y pueden contar con el apoyo de un empleador si son heridos, secuestrados o detenidos. Los periodistas ciudadanos no reciben esa formación y no tienen el apoyo de una organización de noticias. Cuando estas personas son asesinadas, heridas o arrestadas ¿se responsabilizan por ellos los medios que utilizan su trabajo y que lo solicitan con invitaciones en sus sitios web? ¿Es responsable el público? La consolidación de la credibilidad En Egipto, el ganador del premio ICFJ Wael Abbas ha estado expuesto a numerosas amenazas y a una "campaña de desprestigio" dirigida contra él por parte del gobierno. Funcionarios del gobierno han dicho que Abbas tiene "antecedentes delictivos", que es homosexual y que se ha convertido al cristianismo. "Intentan desacreditarme y hacer que pierda a mi público", dijo Abbas en una entrevista con la página web de la Red Internacional de Periodistas del ICFJ [www.ijnet.org]. Abbas ganó el Premio Internacional de Periodismo Knight 2007 en parte debido a su compromiso a basar su blog en reportajes sólidos y objetivos y no estrictamente en opiniones sin fundamento. Al proveer a los egipcios por medio de las nuevas tecnologías una visión de primera mano de lo que está ocurriendo en su país, Abbas considera que contribuye a su país en modos en que ni los periodistas ni los ciudadanos podían hacer anteriormente. "Me he centrado en imágenes y material de vídeo de manera que nadie pueda desacreditar mi trabajo", dijo, agregando que escribe también en árabe coloquial para atraer a un público más joven que considera "aburridos" los reportajes tradicionales realizados en árabe clásico. Stephen Franklin, del Chicago Tribune, es uno de los últimos becarios de Periodismo Internacional del ICFJ que se dedica a entrenar a periodistas en Egipto. Franklin propuso a Abbas como candidato para el premio. A pesar de su trayectoria laboral en los "medios de información corrientes", Franklin decidió que podía ser más eficaz trabajando con Abbas y otros blogueros, que tenían mayor libertad y que en muchos aspectos tenían mayor impacto en sus sociedades que los periódicos, la radio y la televisión. Franklin elaboró Ten Steps to Citizen Journalism Online (Diez pautas para el periodismo ciudadano en Internet), una guía para blogueros que incluye entre sus temas el contenido, la comercialización y la seguridad de los blogueros. Para consultar la guía (en inglés), visite la página de IJNet www.ijnet.org.) Abbas cree que él y otros blogueros -así como los periodistas tradicionales que han osado informar sobre temas similares- han ayudado a convencer a los egipcios de que pueden participar activamente en producir cambios en la sociedad. "Siempre que ocurre alguna injusticia opinan acerca de ello", dijo, "a diferencia del pasado cuando la gente estaba demasiado atemorizada para decir lo que pensaba".
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos. |
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