La mujer como víctima y victimadoraMia Bloom
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El 9 de noviembre de 2005, Muriel Degauque, mujer belga convertida al islam radical, se suicidó haciendo explotar un carro bomba en Iraq. Ese día, Sajida Atrous Al-Rishawi, no logró detonar su cinturón cargado de explosivos en la recepción en una boda en un hotel en Amman. A pesar de la conmoción que causaron los sucesos mencionados, las mujeres han participado desde hace mucho tiempo en movimientos terroristas. En las décadas de 1970 y 1980 muchas participaron activamente en organizaciones terroristas latinoamericanas y europeas y, dependiendo del grupo, es posible que llegaran a conformar la tercera parte de la militancia – como es el caso de la Facción del Ejército Rojo y del Movimiento 2 de Junio en Alemania. Sin embargo, la transformación de la mujer de desempeñar funciones mayormente de apoyo a funciones operativas, más activas, como dinamiteras suicidas, constituye un hecho mucho más reciente. La primera dinamitera suicida fue una muchacha libanesa de 17 años que se inmoló cerca de un convoy israelí en 1985. Esta creciente función de la mujer en el terrorismo ha suscitado nuevas interrogantes. De los casi diecisiete grupos que han utilizado la táctica de las bombas suicidas, en más de la mitad de los ataques figuraron mujeres. Entre 1985 y 2006, más de 220 mujeres actuaron como dinamiteras suicidas, y representaron un 15 por ciento de la totalidad de los ataques. Además, el aumento en la cantidad de dinamiteros del sexo femenino proviene tanto de organizaciones seculares como religiosas, si bien los grupos religiosos resistieron inicialmente el uso de las mujeres en esos contextos. 1 Desde septiembre 2005, cuando una dinamitera suicida detonó una bomba en Tal Afar, en el noreste de Iraq, que causó la muerte de ocho reclutas del ejército iraquí e hirió a otros 30, hubo varios casos más de esta índole en Iraq. En ese diciembre, dos mujeres suicidas detonaron bombas en un salón de clase de una academia policial en Bagdad, dando muerte a 27 personas y, tan recientemente como el 25 de febrero de 2007, una dinamitera mató a 42 personas e hirió a otras 51 en el segundo colegio más grande de Bagdad, la Universidad de Mustansiriyah. La pregunta del “porqué”
Después de tales acontecimientos es común que los medios informativos disecten las presuntas motivaciones de la dinamitera, pero casi siempre la reacción es sobresalto por el hecho de que una mujer – la que por lo usual se percibe como víctima, y no perpetradora de la violencia – haga tal cosa. Los expertos en materia de terrorismo, los sicólogos y los analistas políticos frecuentemente realizan una “autopsia sicológica”, y examinan dónde se crió la perpetradora, dónde asistió a la escuela, y qué hizo que se inclinara a la violencia. Una suposición común es que debe tratarse de una persona deprimida, enajenada, con tendencias suicidas o una sicópata y que con toda seguridad, que fue un hombre el que la llevó a hacerlo. Sin embargo, años de investigación revelaron que la probabilidad de que exista un desorden sicopatológico y de la personalidad no es mayor entre los terroristas que entre aquellos que no lo son en la misma comunidad. Y si bien ya no creemos que los hombres fuerzan a la mayoría de las mujeres al terrorismo, los hombres que figuran en las vidas de estas mujeres desempeñan un papel importante en movilizarlas hacia el terrorismo. Según Deborah Galvin, “algunas mujeres son reclutadas en las organizaciones terroristas por sus amigos o novios. Un aspecto significativo que quizás caracteriza la participación de la mujer terrorista es el amante (hombre o mujer) cómplice” 2. De hecho, si bien Al-Rishawi fracasó en su intento de asesinar a los invitados a la boda en Amman, su marido, que la acompañó, logró matar 38 personas. La periodista británica Eileen MacDonald relata cómo “Begoña” explicó que se unió a ETA (el grupo terrorista de nacionalistas vascos en España y Francia) a los 25 años de edad “porque un hombre que yo conocía era miembro” 3. Abundan también los rumores de que hay hombres que seducen a las mujeres a participar en actos de violencia con una inmoralidad sexual, exigiendo subsiguientemente un “acto de martirio” como única manera de purificar el nombre de la familia y de guardar las apariencias. Sin embargo, es engañoso suponer que las mujeres son meras víctimas o instrumentos de los hombres, sin ninguna motivación política propia. De hecho, uno de los indicadores más fiables de la participación de una mujer en un movimiento en particular es su relación con un antiguo terrorista o actual miembro de ese movimiento. En el caso de Al-Rishawi, varios de sus hermanos fueron muertos en Iraq en la insurgencia contra las fuerzas de la coalición, mientras que su matrimonio de unos pocos días había sido arreglado para facilitar la operación. Algunos sicólogos explican que es típico que los terroristas sufran “lesiones narcisistas” – esencialmente, un daño perdurable a su autoimagen y su amor propio, lo suficientemente grave como para obligar a su desacreditado “yo” a buscar una nueva “identidad positiva” (es decir, sentir que “pertenece” como miembro a un grupo terrorista). El sicólogo Joseph Margolin afirma que “gran parte del comportamiento del terrorista es en respuesta a la frustración de varias necesidades u objetivos políticos, económicos y personales” 4. El Dr. Randy Borum agrega: “La conexión entre la frustración (verse impedido de alcanzar una meta o de adoptar un comportamiento) y la agresión puede ser una ‘explicación maestra’ para entender la causa de la violencia humana” 5. Otros expertos hasta afirman que la mayoría de los terroristas son marginalmente autistas, y que por eso tienden hacia las ideologías que simplifican al mundo dividiéndolo entre negro y blanco, el bien y el mal 6. Causas principales Muchos autores en los terrenos de la sicología, la sociología y la ciencia política identifican las causas principales como la clave para comprender las razones por las que ocurre el terrorismo. Sin embargo, una gran parte de lo que se califica como una causa principal explica también la movilización de grupos políticos que no son terroristas y, por lo tanto, corresponde a la categoría de explicaciones “necesarias pero insuficientes” de por qué estos factores resultan, para algunos, en un vuelco hacia la violencia. Estas incluyen:
Según expertos como Yoram Schweitzer y Farhana Ali, las mujeres tienden a ser motivadas por razones más “personales” que las que influyen a los hombres. Se las puede resumir como: venganza, redención, respeto y relación. En particular, éstas incluyen:
Diferencias y semejanzas Sin embargo es problemático suponer que la mujer es motivada por razones diferentes que las que influyen a los hombres. Al igual que los hombres, la mayoría de las mujeres son inspiradas tanto por razones personales como políticas para tomar parte en actos de violencia. Según el sicólogo Ariel Merari, “La cultura generalmente y la religión particularmente, parecen tener relativamente poca importancia en el fenómeno del suicidio terrorista. Igual que cualquier otro suicidio, el suicidio terrorista básicamente es un fenómeno personal y no un fenómeno que ocurre en un grupo: lo cometen aquellos que por razones personales desean morir. El marco terrorista simplemente ofrece la excusa (no el impulso real) para cometerlo y provee la legitimación para realizarlo en forma violenta” 10 Tanto para los hombres y las mujeres terroristas, la causa incluye una visión del mundo que hace que su muerte inminente tenga sentido y que frecuentemente los conecta a alguna forma de “inmortalidad”. Ultimamente existe la tendencia a suponer que hay una conexión natural entre la fe y la disposición para matar y ser muerto 11. Sin embargo, hasta el momento no se ha comprobado ninguna conexión “a-priori” entre religión y terrorismo. De hecho, históricamente muchos grupos terroristas – como las Brigadas Rojas en Italia, la Facción del Ejército Rojo en Alemania y el Sendero Luminoso en Perú – fueron socialistas radicales sin conexión religiosa alguna. Sin embargo, la liberación de la mujer formó parte de su programa político. La mayoría de las mujeres que hoy participan en terrorismo parecen desempeñar un papel de carne de cañón barata. En general, parece que son una innovación táctica dado que se apartan de las reseñas y estereotipos contraterroristas establecidos. Además, como puede atestiguar quienquiera que haya visto la película “La Batalla de Argel”, una mujer puede mezclarse fácilmente con la población civil enemiga para propósitos de reconocimiento: su ropa se presta para ocultar explosivos, y algunas veces las mujeres se valen de aparentar estar embarazadas para evitar ser registradas. Pero, de hecho, son pocas las mujeres a quienes se permite ejecutar funciones de liderazgo, aun en grupos en que representan de 30 a 60 por ciento de los dinamiteros. Según Clara Beyler, refiriéndose a su uso en las organizaciones terroristas palestinas: “Raramente las mujeres participan en los niveles más altos del proceso de la toma de decisiones en estos grupos. Las mujeres pueden ofrecerse voluntariamente, o ... pueden ser obligadas a llevar a cabo un ataque homicida, pero el papel de la mujer es dictado por último por la jerarquía patriarcal que rige a la sociedad palestina y a sus grupos terroristas” 12 En realidad, las mujeres que toman parte en la violencia son pocas en relación a cualquier movimiento en general. Puesto que los terroristas sólo son una fracción del grupo que pretenden representar, su oposición real proviene muchas veces de los moderados en su propia comunidad que prefieren alternativas a la violencia. Los terroristas, por lo tanto, procuran provocar una respuesta violenta de las autoridades que suscite simpatía y apoyo, radicalice a otros miembros de la comunidad y que ayude a movilizar más reclutas. Al utilizar mujeres como operativas, las organizaciones terroristas confían en provocar una reacción exagerada contra las mujeres de su sociedad, una manera segura de suscitar más indignación e ira. No existen pautas generales Una meta principal del terrorismo es fomentar el miedo y la duda más allá de las víctimas inmediatas al destruir vidas y bienes inmobiliares, con la esperanza de causar costos más altos a largo plazo. Los terroristas quieren que su enemigo gaste tiempo y dinero en reforzar su seguridad; su deseo es imponer un gravamen enorme a la sociedad del enemigo, forzándola a transferir recursos productivos a antiproductivos 13 Una iniciativa contra el terrorismo potencialmente útil es apelar a la comunidad en general y fortalecer a los moderados. El abordar las causas principales puede no eliminar la violencia, pero podría ayudar a demostrar que los moderados son capaces de beneficiar a la población mientras que los terroristas no pueden beneficiarla. La mayoría de los estudios realizados indican que el apoyo a la violencia disminuye cuando existen alternativas viables y mejores perspectivas para la paz 14 Es importante destacar que las mujeres pueden desempeñar un papel positivo en sus sociedades y que su contribución puede ser mayor y más significativa en la vida que en la muerte. Sería de ayuda apoyar las organizaciones femeninas a nivel popular que benefician a la comunidad en general. Estas agrupaciones pueden ser los pilares de una sociedad civil capaz de tender un puente entre las diferentes comunidades y echar los cimientos para que surja una democracia real 15 Lo más importante que cabe aclarar es que no existen pautas generales, indicadores fiables, y manera alguna de explicar cada tipo de terrorismo. El sicólogo John Horgan explica que cada movimiento terrorista tiene su propia complejidad y que hasta los grupos más pequeños se caracterizan por una variedad de funciones que llevan a “formas diferentes de participación” 16 de las mujeres y los hombres. Además, existen tantas formas diferentes de terrorismo, realizado por razones diferentes, que no es posible identificar la causa única de cada forma individual de terrorismo – islámico, salafista global, asunto determinado (por ejemplo, el medio ambiente, los derechos de animales), racismo derechista, nacionalista-separatista – sin mencionar alguna que explique las motivaciones de todas las mujeres. He discutido en otra parte que existen motivos calculados para que una organización utilice a mujeres. Los dirigentes de los movimientos terroristas calculan los costos-beneficios cuando eligen las tácticas, los objetivos y los perpetradores, y las mujeres dinamiteras suicidas son armas baratas. Además, las mujeres reciben una mayor atención de parte de los medios noticiosos y pueden también hacer que los hombres se avergüencen y movilicen en lugar de dejar que las mujeres “realicen el trabajo de ellos” 17. Indudablemente podría obtenerse información más útil si los investigadores pudieran hablar directamente con miembros de los movimientos terroristas extranjeros conocidos. Aunque el acceso a esas fuentes primarias ha sido limitado 18, Horgan señala: “Por más desagradable que sea, es inevitable que para comprender el desarrollo y la estructura del comportamiento terrorista, debemos hablar con personas que han estado, o están, involucradas en la violencia terrorista” 19. Este es particularmente el caso cuando se trate de determinar por qué la mujer, que tradicionalmente es un ser que cuida, elija convertirse en asesina.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos. Notas (1) Mia Bloom, “Female Suicide Bombers: A Global Trend”, Deadalus (Invierno de 2007). | |||||