Las Naciones Unidas y la diplomacia multilateral de Estados Unidos: principios y prioridades para un mundo mejor
Por Kim R. Holmes, Secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Organizaciones Internacionales
 Kim R. Holmes
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Las acciones de Estados Unidos en las Naciones Unidas se basan en tres principios, dice el secretario de Estado adjunto para Asuntos de Organizaciones Internacionales, Kim Holmes. Expresa que Estados Unidos busca que la organización realice "la visión de sus fundadores"; "tenga un multilateralismo eficaz, orientado hacia los resultados, en vez de declaraciones vacías", y asegure la "buena administración de los recursos de la ONU."
Las naciones de todo el mundo viven en una era de promesa sin precedentes hecha posible por la libertad política y los mercados libres, la tecnología y el comercio y las relaciones pacíficas entre las grandes potencias. Nuestro era presenta también problemas extraordinarios y peligros cada vez más numerosos, tanto naturales como creados por el hombre. Pandemias como la del VIH/SIDA infligen miseria y muerte a millones de personas, poniendo en peligro a sociedades enteras. Demasiados de seres humanos viven bajo regímenes dictatoriales y corruptos que les niegan los derechos más básicos y la posibilidad de un futuro mejor.
Finalmente, en lo que viene a ser la amenaza más grande de nuestro tiempo, terroristas y tiranos, que temen el avance de la libertad, procuran destruir las sociedades abiertas que la fomentan. Han asesinado a inocentes en todos los rincones del mundo. Tratan de conseguir armas químicas, biológicas y nucleares para destruir vidas en grandes cantidades, y todo aquello que los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo aprecian.
El propósito general de esta administración es hacer frente a los grandes desafíos de política exterior de nuestro tiempo a la vez que ayudamos a cantidades más grandes de personas a concretar los bienes de la libertad y de la democracia. Consideramos la diplomacia multilateral como un factor esencial en este esfuerzo. Ya sea en las Naciones Unidas, en la Organización de los Estados Americanos, en el Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico o en una de las muchas otras organizaciones internacionales en las que participa Estados Unidos, nuestros diplomáticos trabajan enérgicamente con otras naciones para encontrar solución a los problemas de nuestra era. Como declaró el presidente Bush, "Este es la agenda de Estados Unidos en el mundo: desde la derrota del terrorismo hasta el alivio de la enfermedad y el hambre, a la propagación de la libertad humana. Recibimos con agrado, y lo necesitamos, la ayuda, el consejo y la sabiduría de amigos y de aliados".
La administración Bush sostiene que el multilateralismo eficaz siempre debe tener un propósito claro, valioso y obtenible. El multilateralismo debe procurar no sólo objetivos laudables sino que también acciones prácticas con resultados obtenibles para atender los problemas importantes del día. El consenso es deseable y potencialmente útil. Pero su logro no debería alcanzarse a costa de los resultados, que es lo que les hace falta a los pueblos en todo el mundo para conseguir la paz y seguridad, salud y oportunidad económica y la libertad y dignidad que necesitan.
No todos los miembros de cada organización internacional estarán de acuerdo en cada asunto todas las veces. Creemos, sin embargo, que los miembros de la ONU tienen una obligación entre ellos de hacer esfuerzos de buena fe para llegar a un acuerdo congruente con los intereses y principios más altos. Estados Unidos ha hecho esto en numerosas oportunidades, por ejemplo, recorriendo grandes distancias en el Consejo de Seguridad para lograr consenso en torno a cuestiones controversiales.
El año pasado, a pesar de vigorosos esfuerzos estadounidenses, el Consejo de Seguridad no siempre pudo reducir sus diferencias sobre la necesidad de usar la fuerza para hacer que Iraq cumpliera con sus obligaciones. Pero antes de la reciente guerra y después de la misma, Estados Unidos tuvo éxito en trabajar con otros miembros del Consejo de Seguridad para obtener en lo posible la aprobación de importante resoluciones.
La primera, Resolución 1441 (8 de noviembre de 2002) exigía que Iraq pusiera fin a la violación material de sus obligaciones internacionales o enfrentase graves consecuencias. La segunda, Resolución 1483 (22 de mayo de 2003), aprobada después de la liberación de Iraq, levantó las sanciones de la ONU impuestas durante una década al país; reconoció la autoridad de la Coalición hasta el establecimiento de un gobierno representativo, reconocido internacionalmente, y afirmó el papel vital de la ONU en cooperar con la Coalición para ayudar al pueblo iraquí a crear un futuro mejor.
Estados Unidos trabaja para conseguir una acción eficaz del Consejo de Seguridad cuando es posible. También invierte enormes recursos financieros en una gama de organismos de las Naciones Unidas para ayudar a las naciones en todas partes en una gran cantidad de maneras, desde la ailmentación de sus poblaciones hambrientas hasta la creación de un sistema de alerta anticipada en casos de desastres naturales para salvar vidas e incluso para ayudar a mantener el funcionamiento eficiente del sistema postal internacional, del que dependen todas las naciones en nuestro mundo interconectado.
Principios
Las Naciones Unidas y muchos de sus organismos especializados tienen sus historias de éxito. También tienen sus fracasos. Estados Unidos busca obtener más éxitos de la ONU y menos fracasos. La participación de Estados Unidos en las Naciones Unidas, y más ampliamente en el multilateralismo, se guía por tres principios:
Principio No. 1: Deseamos que las Naciones Unidas realicen la visión de sus fundadores, que pide que todos los estados miembros contribuyan a la paz y la seguridad internacional al tiempo que dan a sus ciudadanos libertad, salud y oportunidad económica. Los estadounidenses, ansiosos de que el sistema de las Naciones Unidas tenga éxito, desean que sus líderes aseguren que el organismo se adhiera a esa perspectiva, ya sea si el objetivo específico consiste en conseguir que Iraq cumpla con sus obligaciones con el Consejo de Seguridad, o la promoción de la paz y la democracia en Timor Oriental, o ayudar a detener una enfermedad mundial, como el síndrome respiratorio agudo grave (SRAG).
La política de la administración Bush durante la sesión más reciente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU reflejó este enfoque orientado a los resultados. Cuando declaramos nuestra oposición a que Libia -- uno de los peores violadores de los derechos humanos del mundo -- presidiera la Comisión, defendimos los principios fundadores de la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cuando ahora trabajamos para reformar este atribulado organismo, nuestra meta es ayudar a realizar su potencial y ser el apoyo de los millones de hombres, mujeres y niños en todo el planeta a quienes se les niegan sus derechos políticos y civiles inalienables. Una Comisión de Derechos Humanos, fiel a sus valores, encontrará nuevas reservas de buena voluntad entre los estadounidenses y otros pueblos en todo el mundo.
Principio No. 2: Buscamos un multilateralismo eficaz. La diplomacia multilateral debería producir más que declaraciones vacías; debería adelantar de manera tangible la paz, la libertad, el desarrollo sostenible, la salud y la asistencia humanitaria en beneficio de las personas comunes en todos los continentes. Cuando las organizaciones de la ONU se desempeñen bien, Estados Unidos será entusiasta. Si no lo hacen, Estados Unidos está obligado a decirlo así, como cree que otras naciones también deberían hacerlo. De la misma manera, si bien Estados Unidos actuará en su propia defensa cuando sea necesario, no vacilará en trabajar con el Consejo de Seguridad cuando la acción colectiva sea posible y justificada para frustrar la violencia y promover la libertad.
Principio No. 3: Buscamos la buena administración de los recursos de la ONU. Una organización de las Naciones Unidas eficaz debe gastar sus recursos con prudencia. Los beneficiarios deseados de sus programas deben beneficiarse de verdad. Estados Unidos colaborará con otros estados miembros para asegurar que la administración y las finanzas de las entidades y programas de la ONU sean firmes. Seguiremos promoviendo reformas que hagan a la ONU más capaz y eficiente.
Prioridades
Estos tres principios de participación, a su vez, dan lugar a cinco prioridades estadounidenses:
Prioridad No. 1: Preservar la paz y proteger a los inocentes amenazados por la guerra y la tiranía. Estos son retos claves que los estados miembros de las Naciones Unidas deben enfrentar para que la organización tenga éxito. Los terroristas, los proliferadores y los dictadores agresivos como Saddam Hussein -- que había atacado a varios estados vecinos -- ponen en peligro la seguridad internacional. Por lo tanto, en los años venideros Estados Unidos se esforzará para:
- Fortalecer la eficacia del Consejo de Seguridad para tratar con las amenazas a la paz y la seguridad internacionales, especialmente el peligro de que los terroristas o regímenes proscritos adquieran armas de destrucción en masa.
- Crear mejor capacidad entre los miembros de la ONU para derrotar al terrorismo.
- Asegurar una distribución de la carga más equitativo y un mantenimiento de la paz más eficaz que detenga el derramamiento de sangre y los desastres humanos, particularmente en Africa, donde las Naciones Unidas ya intervienen de manera considerable.
- Avanzar hacia un arreglo de paz árabe-israelí que logre la visión del presidente Bush del fin del terrorismo con una Palestina e Israel democráticos que vivan en un Oriente Medio pacífico. Seguiremos trabajando con las Naciones Unidas a través del Cuarteto para lograr esas metas, que también requieren la plena inclusión y tratamiento justo de Israel en todos los foros de la ONU, de los que actualmente no disfruta pero merece.
Prioridad No. 2: Poner el multilateralismo al servicio de la democracia, la libertad y el ejercicio del buen gobierno. Estos objetivos deberían guiar casi toda la actividad de la ONU. en la Conferencia Internacional de 2002 sobre Financiamiento para el Desarrollo en Monterrey, México, y en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, Sudáfrica, llevamos a la atención internacional la realidad de que los gobiernos que les niegan la libertad a sus ciudadanos y los gobiernan sin respetar sus necesidades fundamentales, a menudo mantienen a sus poblaciones en la pobreza. Este tipo de gobiernos a menudo se tornan en fuentes principales de violencia internacional. Sin embargo, las naciones que democratizan e institucionalizan el imperio del derecho crean las condiciones necesarias para el desarrollo económico. Estas naciones se convierten también en las bases de un orden internacional pacífico.
Por lo tanto, Estados Unidos ha asumido como prioridad asegurar que todas las partes del sistema de la ONU reconozcan que la promoción de la libertad, el imperio del derecho y el buen ejercicio del gobierno son un factor integral de sus misiones. De la misma manera, Estados Unidos seguirá apoyando enérgicamente los esfuerzos de la ONU para ayudar a las democracias en surgimiento a celebrar elecciones, capacitar jueces, promover el imperio del derecho y reducir la corrupción.
Prioridad No. 3: Ayudar a las naciones e individuos que se encuentran en necesidad desesperada. Con frecuencia Estados Unidos ha elogiado la provisión de ayuda humanitaria de la ONU a las personas en grave aflicción. Seguiremos teniendo un papel de líder en el apoyo a los programas de la ONU de reducción de la pobreza y el hambre, ayuda a refugiados y combate del VIH/SIDA y otras enfermedades. Esperamos seguir siendo el donante más grande al Programa Mundial de Alimentos, al que en 2002 hemos aportado 929 millones de dólares. Esperamos que otras naciones se nos unan en el financiamiento generoso de esos esfuerzos claves de la ONU.
Prioridad No. 4: Adelantar el desarrollo económico orientado a los resultados. En la Conferencia sobre Financiamiento del Desarrollo en Monterrey y en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, Estados Unidos ayudó a crear un consenso internacional sobre los factores que fomentan el crecimiento económico en las naciones en desarrollo. El desarrollo sostenible se logra al trabajar con las fuerzas del mercado en vez de contra ellas, y al darle a la gente libertad económica y el imperio del derecho. Años de experiencia han mostrado que la ayuda exterior financiera puede ayudar a promover el desarrollo si, y solamente si, los gobiernos de las naciones en desarrollo hacen las reformas necesarias primero.
Estados Unidos trabaja ahora con otros miembros de la ONU para asegurar que organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente integren los principios de Monterrey en todo lo que hacen. Tratamos de aumentar también el conocimiento internacional del papel positivo que puede desempeñar la biotecnología en la promoción del desarrollo económico y la seguridad alimentaria en las regiones más pobres del mundo.
Prioridad No. 5: Instar a la reforma de la ONU y la disciplina presupuestaria. La concentración en misiones básicas, el cumplimiento de los propósitos originales y el uso prudentemente de las contribuciones de los miembros no solamente mejorará las instituciones de la ONU, sino que también aumentará su credibilidad y el apoyo en Estados Unidos y en otras partes. Estados Unidos se unirá a otros miembros para ayudar a que la ONU reforme sus organismos de pobre desempeño y elimine programas ineficaces y anticuados. Más aún, nos esforzaremos para asegurar que sólo los países que defiendan los ideales fundadores de las Naciones Unidas obtengan posiciones de liderazgo.
Conclusión
El multilateralismo al servicio de la libertad, el desarrollo sostenible, las poblaciones saludables y una paz segura: ése es el objetivo del presidente George W. Bush. Esa es la meta que el secretario de Estado Colin L. Powell y los diplomáticos estadounidenses persiguen diariamente con otras naciones en muchos lugares. Al margen de nuestros objetivos -- ya sea expandir la libertad, alentar el crecimiento económico, combatir las enfermedades mortales o lograr la paz -- debemos reconocer que el logro de cualquiera de ellos con frecuencia depende del éxito de los otros. Cada aspiración, adelantada simultáneamente, reforzará las otras, creando un círculo virtuoso. Si Estados Unidos y otras naciones siguen juntos este programa de multilateralismo constructivo, podemos mejorar las vidas de los hombres, mujeres y niños comunes en todo el mundo. El presidente Bush y el secretario Powell confían en que, con buena voluntad y esfuerzo, tendremos éxito.
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