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Volver a empezar

Cinco años después del 11 de septiembre

Índice
Acerca de este número
Evocaciones del 11 de septiembre
Estados Unidos les da una cálida bienvenida a sus visitantes
Diálogo entre distintas religiones después del 11 de septiembre
Recuadro—La red religiosa de Buffalo
En memoria de las víctimas
Volver a empezar
La reacción del mundo ante el terrorismo. Fotorreportaje
Recuadro—El terrorismo nos afecta a todos
Obras de reconstrucción en todo el mundo. Fotorreportaje
Mitos comunes sobre el terrorismo de al-Qaida
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Cinco años después del 11 de septiembre
Recursos en Internet (en inglés)
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Entre los trabajadores propietarios del restaurante Colors hay camareros (de izquierda a derecha): Awal Ahmed de Bangladesh; Rosario Cera de México; Sonali Mitra de la India; y Memon Ahmed, Mohamed Quddus y Mohamed Ali, de Bangladesh.
Entre los trabajadores propietarios del restaurante Colors hay camareros (de izquierda a derecha): Awal Ahmed de Bangladesh; Rosario Cera de México; Sonali Mitra de la India; y Memon Ahmed, Mohamed Quddus y Mohamed Ali, de Bangladesh.
(Fotografía de Barry Fitzgerald)

Los siguientes artículos por Barbara Schoetzau de la Voz de América y Carol Hymowitz del periódico Wall Street Journal relatan las historias de varios supervivientes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 que convirtieron la tragedia en un nuevo comienzo para ellos y para sus familias.

La misión de un restaurante propiedad de supervivientes del 11 de septiembre

En una ciudad como Nueva York, es difícil que un restaurante sobresalga entre los demás 15.000 establecimientos gastronómicos. Sin embargo, el nuevo restaurante Colors se destaca de los demás por sus propietarios. Los dueños de Colors son un grupo de inmigrantes que sobrevivieron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Todos ellos son antiguos empleados de Windows of the World, el restaurante que se encontraba en el último piso de una de las Torres Gemelas.

De las imágenes del atentado terrorista del 11 de septiembre, una de las que ha perdurado en la memoria es la de una figura vestida de blanco con gorro de cocinero que cae al vacío. Al parecer el hombre había saltado desde el piso 106 para huir de las llamas y el intenso calor del fuego.

Más de 70 empleados y 100 clientes de Windows of the World perdieron la vida en ese infierno.

Ahora, los empleados supervivientes—camareros, camareras, ayudantes de camarero y cocineros—dirigen su propio restaurante llamado Colors.

Para estos trabajadores, como el barman Patricio Valencia, el restaurante es un homenaje a sus difuntos compañeros y un símbolo de independencia.

"Después de la tragedia fue muy difícil encontrar trabajo. Tras haber trabajado tanto estos tres años, todas las semanas y todos los meses, esto es finalmente una realidad".

Los nuevos dueños del restaurante, que entre ellos representan más de 20 naciones, han aportado recetas de sus países natales a la carta para darle un sabor realmente internacional. Los comensales pueden recorrer el mundo con su paladar según el plato que seleccionen de la carta: picadillo de cerdo y arroz de Colombia, rollitos de primavera de las Filipinas, pollo con papaya de Tailandia, risotto de Italia, ensalada de carey de Haití, mariscos a la congolesa y tartas de arroz de Perú.

Kissima Saho (en primer plano), cocinero de la Costa de Marfil, y Jean Pierre, haitiano y ayudante de cocinero, preparan una variedad de platos en la cocina de diseño ergonómico. Las estaciones de cortar y elaborar alimentos son más altas que lo normal para evitar que al trabajar en ellas  los empleados se lesionen la espalda.
Kissima Saho (en primer plano), cocinero de la Costa de Marfil, y Jean Pierre, haitiano y ayudante de cocinero, preparan una variedad de platos en la cocina de diseño ergonómico. Las estaciones de cortar y elaborar alimentos son más altas que lo normal para evitar que al trabajar en ellas los empleados se lesionen la espalda.
(Fotografía de Barry Fitzgerald)

Fekkad Mamdouh opina que la comida y el ambiente diferencian a Colors. "El chef consultó con cada empleado para tomar algo de cada país y preparar una selección extraordinaria. Es increíble. Todo el mundo está hablando sobre la comida y también sobre el servicio".

Por otra parte, Stefan Mailvaganam dice que hasta el elegante diseño de los años 30 del restaurante y las paredes recubiertas de mapas transmiten un mensaje. "Desde el punto de vista de la historia estadounidense, los años 30 fueron una época de enorme reforma social, ya se tratara del Nuevo Pacto o de la creación de redes de asistencia social para Estados Unidos, fue un momento en que ocurrieron muchas cosas. De modo que nuestro mensaje es que no sólo provenimos de muchas otras partes, sino que también celebramos el hecho de que Estados Unidos es una tierra de inmigrantes. Tenemos mapas por todas partes".

Mailvaganam agrega que obtener el financiamiento de dos millones de dólares para abrir un negocio propiedad de los empleados no fue cosa fácil, sobre todo cuando los trabajadores son inmigrantes.

"Estamos aquí para demostrar que podemos salir adelante. Estamos aquí para demostrar que hay otra manera de hacer las cosas y que el trabajo en equipo es a menudo mejor que el trabajo en solitario. Ya el personal ha pasado por experiencias dolorosas en ese sentido. Pero será necesario que la mayoría de las personas ponga su fe en el concepto de este restaurante para llevarlo al éxito".

Colors recibió un apoyo importante del Restaurant Opportunity Center, una organización de apoyo a los trabajadores de restaurantes.

El restaurante Colors se encuentra en el corazón de Greenwich Village, al lado del histórico Public Theater de la ciudad de Nueva York.
El restaurante Colors se encuentra en el corazón de Greenwich Village, al lado del histórico Public Theater de la ciudad de Nueva York.
(Fotografía de Barry Fitzgerald)

El director del grupo, Saru Jayaraman, dice que Colors será la norma nueva a seguir en la industria de la restauración. "El principal objetivo de nuestra organización es luchar para mejorar las condiciones laborales de todos los 165.000 empleados de restaurantes de la ciudad de Nueva York. Y estamos utilizando el restaurante como una de tantas herramientas para mejorar las condiciones laborales mediante la creación de un modelo diferente. Sueldos justos. Buenas condiciones laborales".

Uno de los grandes retos de los trabajadores es acostumbrarse a la idea de que son dueños del restaurante, aun cuando sean lavaplatos o asistentes de camareros.

Mamdouh añade: "Mucho de lo que hay aquí—el diseño, la elección del jefe de cocina, la selección de las mesas, de cómo será la barra, de cómo será la cristalería, todo fue decidido de manera democrática. Nos tenemos que acostumbrar a la idea de que cada uno de nosotros es propietario de este restaurante de dos millones de dólares".

Las primeras críticas han sido positivas. No obstante, la competencia es feroz y Mailvaganam sabe que es mucho lo que arriesgan. "Supongo que el hecho de que muchos restaurantes fracasan es un factor en nuestra contra, pero francamente los riesgos son mucho más altos. Los deseos y la misión del restaurante son bastante nobles. Así que queremos que sea un éxito".
Por Barbara Schoetzau, Voz de América, 15 marzo de 2006

Volver a empezar: Uno afronta retos, el otro busca el cambio

La tragedia no sólo nos impulsa al cambio, sino que a menudo nos lleva a asumir riesgos que antes no nos atrevíamos a tomar.

Sin duda esa ha sido la experiencia de cientos de supervivientes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Aparte de llorar la pérdida de seres queridos y de hacer enormes ajustes a su vida personal, muchos han cambiado de profesión.

Para William M. Brown III, anteriormente gerente de proyectos y arquitecto inspector de obras de la Autoridad de Puertos de Nueva York y Nueva Jersey, el 11 de septiembre fue un día de pérdida y de nuevos comienzos. En los atentados murieron treinta y cinco de sus compañeros de trabajo, entre ellos dieciséis de su oficina en el piso 88 del Centro Mundial de Comercio.

Brown, de 48 años de edad, no estaba en la oficina porque ese día había llevado a su hijo de trece años al colegio y andaba con retraso. Se encontraba en el ferry de camino a Manhattan cuando vio el segundo avión estrellarse contra la torre. "Sabía que era un atentado terrorista y que había chocado contra mi piso", dijo Brown.

Durante meses, Brown había considerado dejar su empleo para empezar su propio estudio de arquitectos. A los treinta había trabajado en un estudio de arquitectura que estableció su padre, pero la empresa se había disuelto al morir su padre en 1993. "Soñaba con tener mi propia firma", dice Brown, "pero estaba entre dos aguas, debatiendo si tenía suficiente dinero y si podía hacerlo. Los atentados me empujaron a tomar la determinación de empezar. Me dije a mí mismo "solo se vive una vez, nadie te da una segunda oportunidad, sigue tus sueños".

Brown montó un negocio en su residencia en Verona, Nueva Jersey, e hizo correr la voz entre sus amigos arquitectos de que estaba buscando proyectos. También recurrió a los contactos personales que había hecho como presidente del Instituto Estadounidense de Arquitectos en Nueva Jersey. "Soy afortunado porque conozco a personas en todo el estado y no he tenido que anunciarme mucho para conseguir trabajo", explica.

En la actualidad, se cuentan entre sus proyectos: la ampliación de una iglesia en South Orange, Nueva Jersey, la renovación de espacio para aulas de una iglesia de Newark y el diseño de una ampliación de una casa.

Si se hubiese quedado en la Autoridad de Puertos es probable que hubiese cambiado de sección pero conservaría su salario de 75.000 dólares anuales. Todavía no ha igualado esos ingresos.

Los atentados intensificaron su deseo de dar más sentido a su trabajo. "Para mí ha cobrado importancia el uso de la arquitectura para construir comunidades más habitables para las familias, y especialmente para personas de bajos ingresos y marginados", afirma Brown.

Desde que ha fundado su empresa, Brown ha participado activamente en Rebuilding Together, una organización sin fines de lucro que utiliza la ayuda de voluntarios para renovar casas para los más necesitados en los centros urbanos. "Soy una sola voz, pero quiero poner de mi parte", declara Brown.

Mientras tanto, sigue en contacto con antiguos compañeros de trabajo y tiene previsto reunirse con ellos en la fecha de aniversario de los atentados. Sin embargo, también reservará parte del día para sí mismo. "Me despertaré temprano e iré a la iglesia y rezaré por mis amigos que perdieron la vida y por sus familias—y daré gracias por estar vivo", agrega.

Erodothe Jacques no tuvo tantas opciones ni ventajas como Brown cuando hizo un cambio de profesión. El inmigrante haitiano había trabajado en restaurantes desde su llegada a Nueva York en 1981. Era gerente de Bouley Bakery y camarero de Danube en Tribeca, varias cuadras al norte de la zona cero.

Extrovertido y simpático, Jacques conocía por su primer nombre a sus clientes y a los residentes del vecindario, y nunca pensó en cambiar de trabajo. Pero el restaurante Danube, junto con muchos otros negocios de Tribeca, estuvo cerrado durante meses después del atentado, y Jacques no fue contratado cuando finalmente volvió a abrir sus puertas. "Al principio sólo abrían a la hora de la cena y no tenían un puesto para mí", explica.

Buscó trabajo en muchos restaurantes y por toda la ciudad, pero nadie estaba contratando. Para sobrevivir y mantener a su esposa y cuatro hijos, tres de ellos universitarios, Jacques recurrió al seguro de desempleo y a fondos de beneficencia de la Cruz Roja, el Ejército de Salvación y otras instituciones benéficas. Pero a medida que pasaba el tiempo, su ansiedad fue aumentando.

Este verano, Jacques, de 52 años, llegó a la conclusión de que tenía que ampliar su búsqueda trabajo. Se enteró de que había un curso de seis meses de facturación médica y ofimática, y recibió fondos del gobierno para pagar la matrícula. "Tengo los dedos tiesos y soy un mecanógrafo terrible, no soy tan rápido como mis compañeros más jóvenes", dice bromeando.

Pero está decidido a encontrar un buen empleo en un hospital. "Creo que siempre puede haber un nuevo comienzo", dice convencido.

Por Carol Hymowitz. Derechos de autor 2002. Dow Jones & Company, Inc. Reproducido con autorización de Dow Jones & Company, Inc, por medio de Copyright Clearance Center.

Cinco años después del 11 de septiembre

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