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Evocaciones del 11 de septiembre

Herbert London

Cinco años después del 11 de septiembre

Índice
Acerca de este número
Evocaciones del 11 de septiembre
Estados Unidos les da una cálida bienvenida a sus visitantes
Diálogo entre distintas religiones después del 11 de septiembre
Recuadro—La red religiosa de Buffalo
En memoria de las víctimas
Volver a empezar
La reacción del mundo ante el terrorismo. Fotorreportaje
Recuadro—El terrorismo nos afecta a todos
Obras de reconstrucción en todo el mundo. Fotorreportaje
Mitos comunes sobre el terrorismo de al-Qaida
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Cinco años después del 11 de septiembre
Recursos en Internet (en inglés)
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La construcción prosigue en el número 7 de World Trade Center, destruido durante los ataques del 11 de septiembre del 2001.
La construcción prosigue en el número 7 de Centro Mundial de Comercio, destruido durante los ataques del 11 de septiembre del 2001.
(© Ramin Talaie/CORBIS)

El doctor Herbert London es presidente del Hudson Institute en la ciudad de Nueva York. Es catedrático permanente de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York y hasta 1992 fue decano del Gallatin School, que fundó en 1972. Sus comentarios sociales han aparecido en periódicos y revistas importantes de todo Estados Unidos.

Desde el edificio donde vivo puedo ver el sitio que ocupaba el Centro Mundial del Comercio (WTC), donde un hueco en el suelo es un recordatorio constante de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos. Pero en las inmediaciones del sitio que ocupaba el WTC, lo que los residentes locales denominamos "nuestro hueco", hay una evolución extraordinaria.

Al otro lado de la calle se va levantando el edificio Goldman Sachs. Dos cuadras más lejos se está construyendo un supermercado. Los edificios de muchas plantas parecen surgir por arte de magia, como si desafiaran los requisitos de la construcción. Battery Park, con sus vastos panoramas de la Estatua de la Libertad y la Isla Ellis, ha sido restaurado con una fuente magnífica y nuevos jardines. Está en construcción un túnel espectacular que conectará el metro con la terminal del transbordador que lleva a Staten Island.

A pesar de "nuestro hueco" la zona sur de Nueva York está viva, próspera y entusiasma con sus posibilidades. De muchas maneras esenciales, esta descripción es una metáfora de Estados Unidos cinco años después de los ataques del 11 de septiembre.

Nuestro país ha sido herido pero sigue siendo capaz de recuperarse. El atentado ha afectado, evidentemente, las actitudes estadounidenses. La gente desconfía de los paquetes no identificados que se abandonan en el metro, y el 11 de septiembre continúa siendo un día de conmemoración y tristeza. Sin embargo, el dinamismo que caracteriza a Estados Unidos no ha disminuido.

El 11 de septiembre pasado, mientras estaba parado en Church Street mirando el espacio que antaño ocuparon las Torres Gemelas, cinco turistas me pidieron que los acompañara en una interpretación espontánea de "Que Dios bendiga a Estados Unidos". Mi mujer y yo cantamos mientras las lágrimas rodaban por nuestras mejillas. Estábamos unidos a extranjeros que querían recordar todo lo que Estados Unidos significa. Nos sentíamos tristes pero firmes, unidos en nuestro aprecio a Estados Unidos y decididos a resistir a aquellos que destruirían nuestra manera de vivir.

En cierta medida, el 11 de septiembre se ha desvanecido de nuestra memoria colectiva. Como lo daría a entender mi experiencia, se evoca el sentimiento patriótico, pero ha perdido su necesidad apremiante. No obstante, lo más notable es que el espíritu de Estados Unidos sigue intacto.

William Tyler Page escribió en American Creed (Credo estadounidense): "Creo que tengo para con mi país el deber de amarlo, de apoyar su Constitución, de obedecer sus leyes, de respetar su bandera y de defenderlo contra todos sus enemigos". Con seguridad que en esta tierra de los libres hay muchos que tienen el derecho constitucional de disentir, pero, en mi opinión, la abrumadora mayoría de los estadounidenses se adhieren a este sentimiento. Jalonadas en esta proposición hay palabras tales como amor, honor, lealtad, orgullo, devoción y sacrificio, palabras que evocan un apego emocional. Pero para la mayoría de los estadounidenses el patriotismo no es solamente una emoción reflexiva, sino también un argumento razonado.

Una participante en una reunión pública celebrada por la Corporación de Desarrollo del Bajo Manhattan y la Administración de Puertos, sostiene un cartel que muestra su apoyo a la reconstrucción del lugar.
Una participante en una reunión pública celebrada por la Corporación de Desarrollo del Bajo Manhattan y la Administración de Puertos, sostiene un cartel que muestra su apoyo a la reconstrucción del lugar. (© Reuters/CORBIS)

Alexis de Tocqueville en su obra La democracia en Estados Unidos proclamó que se hace hincapié en las costumbres, las tradiciones y la veneración del pasado, pero que para los estadounidenses el patriotismo es un estado mental en el que "los ciudadanos… luchan con los diversos aspectos de Estados Unidos que no son tan de color de rosa".

En mi opinión, el 11 de septiembre ha puesto en primer plano a los patriotas liberales que creen que deben trabajar por el cambio político en concordancia con su interpretación del credo nacional, y a los patriotas conservadores que mantienen una lealtad a la nación basada en lo que se proponían quienes la fundaron. Las diferencias son de textura, y representan una perspectiva más bien que los conceptos básicos, que se mantienen mayormente intocados.

El 11 de septiembre del 2001 fue un día fatídico para el país pero, de modo notable, el concepto de "mi país, con razón o sin ella" no se ha afianzado. Los estadounidenses pueden sentirse justificadamente enojados contra aquellos que atacarían a nuestra tierra y nuestro pueblo, pero somos perpetuamente críticos de nosotros mismos, como lo daría a entender un vistazo cualquiera a un programa de noticias por televisión. Tenemos también una bien protegida memoria de lo que está bien y una fe en nuestra capacidad para cambiar cuando es necesario.

De ahí que mis recuerdos del horror de hace cinco años evoquen una convicción en la posibilidad humana y en el ejemplo estimulante de los estadounidenses, que se levantan a sí mismos, se sacuden el polvo y se ocupan de dar forma a los días que tienen por delante.

Jacques Maritain observó una vez que lo que diferencia a Estados Unidos de otras naciones es que se encuentra en "un estado continuo de llegar a ser". La destrucción que sufrió el país ha obligado a los estadounidenses a mirarse en el espejo y ver puntos fuertes y defectos, a contemplar los logros extraordinarios y los retos que se alzan en el horizonte.

Están, por supuesto, aquellos que encarnan la posición del "agravio histórico". Lo que ven son sólo defectos. En cada una de las acaloradas reivindicaciones que hacen, hay una disminución en aumento del espíritu que sostiene el patriotismo. A fin de cuentas, ¿por qué debería uno preocuparse por un país de colonizadores e imperialistas, dos palabras que han sido transformadas, como por encanto, en crímenes?

Cinco años de reflexión luego de los ataques del 11 de septiembre han restablecido la fe de los estadounidenses en su país. En último término, incluso los patriotas razonables que ponderan cuidadosamente los errores, las equivocaciones, la tragedia y los logros encontrarán algo positivo sobre lo cual fijar el sentimiento patriótico.

Ese hueco en el suelo permanece como un recordatorio de la fragilidad y la imperfectibilidad humanas, pero no ha socavado la fe en nosotros mismos ni la voluntad de regeneración.

Donde una vez se levantó majestuosamente el Centro Mundial del Comercio pronto se habrá completado un parque. Hace unos días caminaba yo por este sendero recién construido, y en la sombra de las Torres Gemelas que sigue incrustada en mi mente, noté una fila de semillas a punto de germinar.

Hace cinco años, sólo había polvo en ese suelo, ahora las flores se preparan a abrirse. Así es Estados Unidos, cinco años después del 11 de septiembre. En medio del despojo, la vida parece luchar tercamente por hacerse un lugar al sol.

Cinco años después del 11 de septiembre

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.

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