Mas seguridad, inconvenientes mínimos
Jimmy Chan
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Como muchos hombres de negocios de Hong Kong, a veces tengo que viajar a otros países en representación de mi compañía de importación y exportación. El pasado mes de mayo, fui a Estados Unidos una semana para reunirme con contactos para negocios. El vuelo de Hong Kong a Chicago fue bueno, aunque largo, y aterricé por la mañana temprano, hora local, que era de noche en Asia. Me dirigí al control de pasaportes y me puse en cola ante el mostrador de entrada de visitantes. Ya había 30 ó 40 personas delante mío, por lo que tuve que esperar pacientemente a que llegara mi turno. Me di cuenta de que estábamos colocados uno detrás de otro y que dos empleados nos encaminaban al mostrador correspondiente. Todo se movía con orden, sin atisbos de caos. Uno los agentes de seguridad asignados a la zona era una mujer estadounidense de origen asiático. Un cartel nos instaba a no utilizar el teléfono móvil bajo pena de confiscación del aparato. Como ya no me encontraba dentro del avión, esta restricción me causó extrañeza ya que no me podía imaginar qué problema podría causar el uso de un teléfono celular. Después me he enterado de que es otra precaución de seguridad. Tardé unos 15 minutos en llegar al frente de la cola, desde donde me dirigieron a una funcionaria de inmigración que me hizo unas cuantas preguntas. Satisfecha con mis respuestas, me pidió que pusiera los dedos índices de ambas manos en una pantalla, uno después de otro, para la lectura electrónica de las huellas digitales. Seguí sus instrucciones, ella puso un sello en mi pasaporte y me concedió la entrada a Estados Unidos. Todo el trámite llevó sólo dos o tres minutos y no tuve ningún problema. Aunque cuando viajo a otros países no tengo que pasar necesariamente por la lectura electrónica de las huellas digitales, las medidas adicionales que ahora me imponen en Estados Unidos sólo me causan una ligera molestia. No creo que los datos personales que las autoridades estadounidenses me exigen me pongan en peligro o me perjudiquen a mí personalmente o a mi país, sino que, el hecho de exigirlas a todos los visitantes, les ayuda a velar por la seguridad de su patria. Como ciudadano chino residente en Hong Kong recuerdo que nosotros también tuvimos nuestros problemas después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Creo que redunda en nuestro interés que Estados Unidos siga siendo un país seguro y próspero para sus ciudadanos. El precio que yo, como visitante, pago ahora por hacer mi contribución a una mejor seguridad es mínimo y estoy feliz de poderlo pagar.
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