Mis 22 años en el Servicio Exterior los he pasado trabajando en América Latina y África. Soy lo que se llama un diplomático de "carreteras polvorientas". Me he dedicado a trabajar en países en transición, países que han luchado para hacer realidad la democracia para sus pueblos, y para ofrecer la prosperidad y la seguridad necesarias para el desarrollo humano. Debido a esta experiencia, sé lo que la democracia significa para los marginados. Sé lo que significa la oportunidad económica para los pobres y los excluidos. Y sé lo que significa la libertad para los pueblos que están intentando controlar su propio destino. He vivido de primera mano la espectacular función de transformación que Estados Unidos puede desempeñar durante tales transiciones. Cuando la secretaria Rice me pidió que volviera al Departamento de Estado para ser secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, me encomendó la revitalización de nuestra diplomacia, la creación de alianzas nuevas y permanentes en las Américas, y la formulación del compromiso del presidente con la libertad individual y la justicia social. He tratado de cumplir esta responsabilidad poniendo en práctica una agenda que sea la vez directa y abarcadora: Estados Unidos se ha comprometido a colaborar con nuestros socios de las Américas para consolidar la democracia, promover la prosperidad, invertir en los pueblos y mejorar la seguridad de los estados democráticos del hemisferio.
Nuestra política refleja una agenda común elaborada a través del proceso de la Cumbre de las Américas. Se basa en dos principios rectores, ambos consagrados en la Carta Democrática Interamericana:
La consolidación de la democracia Los países del continente americano han contraído un compromiso histórico con la democracia. Este compromiso es mucho más que con un proceso electoral. Es también un compromiso con los derechos y libertades fundamentales que subyacen a nuestras sociedades abiertas, con las instituciones y procedimientos constitucionales que conforman nuestros estados democráticos, con el desarrollo de los partidos políticos y sociedades civiles que representan a nuestra ciudadanía, y con el gobierno democrático necesario para crear sociedades libres y justas en las que todos los ciudadanos sean miembros de un pacto. Estados Unidos se ha comprometido a fomentar el gobierno democrático y a proteger los derechos y libertades fundamentales en las Américas. Mediante la colaboración bilateral -a través de nuestros programas de ayuda exterior y colaboración diplomática-, y multilateral, a través de la Organización de los Estados Americanos y las demás instituciones del sistema interamericano, estamos ayudando a nuestros socios de las Américas a atacar la pobreza, la desigualdad y la marginalización y exclusión políticas. Le hacemos frente a la tiranía, especialmente en Cuba. Y estamos intentando asegurar que todos los pueblos de las Américas tengan los derechos y la capacidad de disfrutar y manifestar su ciudadanía en todas sus dimensiones: política, económica y social. El fomento de la prosperidad Las Américas están experimentando una revolución de las expectativas. La gente espera que sus gobiernos democráticos sean receptivos y rindan cuentas, y que hagan llegar a todos los ciudadanos los beneficios del libre mercado, el comercio y la integración económica. El acceso a la oportunidad económica y la movilidad social que ella genera se consideran ahora elementos fundamentales de la justicia social. Estados Unidos ayuda a crear oportunidades económicas en las Américas a través de nuestra agenda de libre comercio, que comprende ahora dos tercios del producto bruto interno del hemisferio. Trabajamos también a través de nuestros programas de ayuda exterior, especialmente con la Corporación del Desafío del Milenio, para luchar contra la corrupción, impulsar el estado del derecho y crear el tipo de gobierno democrático y justo necesario para asegurar que las oportunidades económicas no queden atrapadas en manos de las élites, sino que circulen por toda la sociedad. La inversión en el pueblo La gente necesita tener capacidad y destrezas para aprovechar las oportunidades económicas. La pobreza, la desigualdad y la exclusión social les han denegado a muchos en las Américas el acceso a la oportunidad. Por medio de la Cumbre de las Américas, los líderes democráticos del hemisferio se han comprometido a brindarles a sus ciudadanos las herramientas para convertirse en agentes de su propio destino. Estados Unidos, al ayudar a nuestros socios a invertir en sus pueblos y proporcionar mejor capacitación y educación, atención de la salud, acceso al capital, infraestructura económica y seguridad para sus familias y su propiedad, ayuda a liberar el vasto potencial de los pueblos de las Américas. Nuevamente, nuestra acción se canaliza por nuestros programas de ayuda exterior. También se refuerza por nuestro compromiso con el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones multilaterales de desarrollo.
La protección del estado democrático En un hemisferio consagrado a la democracia, al comercio libre y a la integración económica, la principal amenaza a la seguridad ya no proviene de otros estados. Más bien tiene su origen en agentes no estatales, como los terroristas, los traficantes de drogas y personas y la delincuencia organizada. Proviene también de los desastres naturales, los desastres ecológicos y las pandemias. Estados Unidos, actuando a través de la Cumbre de las Américas y la Organización de los Estados Americanos, ha ayudado reformar la agenda y las instituciones de seguridad del hemisferio. Hemos elaborado nuevas formas de cooperación que van más allá de la tradicional ayuda militar y de seguridad. Mediante la colaboración con órganos policiales y de inteligencia, la mayor comunicación entre agencias de hacen frente a desastres y aquellas que se ocupan de la gestión de situaciones de emergencia y una mejor coordinación entre las autoridades ambientales y médicas, estamos creando la capacidad para responder a las nuevas amenazas. Estamos elaborando una nueva comprensión del vínculo entre la seguridad y nuestra prosperidad económica y el bienestar de nuestras instituciones democráticas. Estamos construyendo también un hemisferio en el que las sociedades abiertas estén protegidas y sean capaces de adaptarse y recuperarse. Nuestra agenda en las Américas es positiva, se enfoca en la gente y se compromete con nuestros valores políticos, económicos y sociales fundamentales. Se basa en la cooperación y la colaboración, y se ha comprometido al intercambio de opiniones con nuestros socios y con las instituciones comunes al sistema interamericano que compartimos con los otros treinta y tres estados democráticos de las Américas. Nuestra agenda reconoce el poder de transformación que tiene la democracia. Comprende el papel central que los acontecimientos económicos y sociales desempeñan dentro de la democracia, y sostiene que toda la actividad política y económica debe mejorar y respetar la dignidad humana y la libertad individual.
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