La diversidad en las fuerzas armadas
Lisa Alley
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Si usted fuera sargento a cargo de la instrucción de un grupo normal de reclutas del Ejército de Estados Unidos, el primer día de instrucción básica vería en el rostro de esos hombres y mujeres una mezcla variopinta de grupos étnicos definidos por el ejército como blancos, afroamericanos, hispanos, isleños de Asia y el Pacífico, aborígenes americanos u "otros". De los, casi 100 soldados integrantes de su compañía de instrucción básica, 85 serán hombres y 15 mujeres. De esos 85 hombres, 60 serán blancos, 10 negros, 10 hispanos, cuatro isleños de Asia y el Pacífico y un aborigen americano. Hay quienes consideran en esta olla de distintos orígenes nacionales, grupos étnicos de los Estados Unidos, de hombres y mujeres, una mezcolanza poco apta, que augura dolores de cabeza, pero el Ejército de Estados Unidos es una de las fuerzas de combate más eficaces del mundo, reconocida como modelo de diversidad. De alguna forma el ejército consigue hacer funcionar esa mezcolanza. ¿Cómo? El éxito del ejército radica en sus suboficiales de instrucción: sargentos, instructores, asesores en materia de igualdad de oportunidades. Un grupo de suboficiales de instrucción describe dos factores decisivos para el éxito del ejército. Claves del éxito Un factor clave es el Programa de Igualdad de Oportunidades del Ejército para educar a los militares a comprender y respetar las diversas culturas y puntos de vista en el ejército. “Nuestra sociedad todavía no ha superado las barreras raciales y de género, y el ejército no es distinto”, afirma Michelle Fonseca, sargento de primera clase, oriunda de Hawai. Fonseca es asesora en materia de igualdad de oportunidades en Fort Benning, Georgia, donde educa al personal a comprender la diversidad. “No obstante, como institución, somos los adalides sociales en cuestión de igualdad y equidad para todos. Hacemos a nuestros soldados conscientes de estas cuestiones y promovemos la dignidad y el respeto a todos los soldados, sin distinción de raza, color, religión, sexo u origen nacional”. El otro factor clave es lo que se puede llamar “la forja del soldado” durante la instrucción básica, cuando los sargentos convierten en soldado al nuevo recluta. Los sargentos instilan en los nuevos soldados los siete valores básicos del ejército: lealtad, sentido del deber, respeto, servicio desinteresado, honor, integridad y valentía. Estos valores se inculcan en relación con el ejército y con todos los demás soldados. La diversidad es un aspecto al que se dedica especial atención en el valor del respeto y en el Código del Soldado, en el que los soldados se comprometen a tratar a los demás con respeto y dignidad, y esperan el mismo trato de los demás.
“El proceso de la forja del nuevo soldado en el ejército es una experiencia increíble”, dice el sargento mayor Tony McClure, asesor superior en materia de igualdad de oportunidades del Centro de mando del Ejército de Estados Unidos, en Fort Monroe, Virginia. De origen tailandés y afroamericano, McClure habla como ex sargento de instrucción, instructor de la escuela de aviación, diplomático estadounidense en África y primer sargento de compañía. “El ambiente de instrucción funde a soldados procedentes de distinto origen nacional, etnia y sexo, porque los soldados tienen que vivir unos con otros y resolver sus diferencias, buenas y malas”, explica McClure. “Uno se da cuenta de que el ejército está desarrollando una buena labor cuando observa la transformación en cada soldado en la graduación y oye a los padres decir que su hijo o su hija se ha transformado en una nueva persona”. Contacto compartido Al formar equipos de soldados de diversas procedencias, los suboficiales prestan especial atención a lo que une a los soldados: su servicio en el ejército. La cultura del ejército es un sistema social que incluye valores, creencias, costumbres y tradiciones compartidos, declara Fonseca. “Con frecuencia, cuando entramos en contacto con personas de distintas razas o grupos étnicos, lo primero que vemos son las diferencias que existen entre ellos y nosotros, en lugar de las ventajas que puede proporcionar el intercambio de nuestras mutuas experiencias y perspectivas”, añade. “Para establecer una fuerza de combate eficaz, es preciso reconocer que cada miembro de la organización es valioso y tiene algo único que aportar”. Afirma que el reconocimiento de las ventajas de la diversidad, los valores y experiencias de cada miembro militar es esencial para el éxito. Fonseca revela que cuando ingresó en el ejército no tenía otras expectativas que viajar, conseguir una educación y conocer gente. Conocer a soldados de distintas razas o etnias resultó ser para ella un choque cultural, porque no tenían nada en común en el plano personal. “Aprendí a establecer vínculos con otros soldados por el contacto al que estamos sujetos en el ejército”, prosigue Fonseca. “Los soldados comparten valores comunes: lealtad, deber y compromiso con nuestro país. Juntos nos entrenamos, dirigimos, luchamos y, con frecuencia, morimos”.
Aspectos susceptibles de mejora El ejército no es perfecto en lo que a diversidad se refiere, en opinión de los suboficiales. “Hay cosas que el ejército podría hacer mejor”, asevera el sargento de primera clase Matt Ruan, encargado de la instrucción en el batallón de Inteligencia militar 229, en el Presidio de Monterey, California. Ruan emigró de China a Estados Unidos en 1992 y se naturalizó ciudadano de los Estados Unidos en 1997. “Por ejemplo, las minorías constituyen un alto porcentaje de nuestra fuerza, pero en la sección de inteligencia militar sólo representan un reducido porcentaje, en particular en los cargos de mando”. En cambio, en otras secciones del ejército la cantidad de miembros de minorías sobrepasa al de blancos en el desempeño de cargos de mando. Un ejemplo de esto lo ofrece Fort Jackson, en Carolina del Sur, una de las principales bases de instrucción del ejército, donde, según nos informa, “las minorías en posiciones de mando, en particular los afroamericanos, sobrepasan con creces a los americanos blancos”. Fonseca admite que el ejército, con frecuencia actúa en respuesta a las circunstancias, en vez de adelantarse y eliminar la discriminación y abordar cuestiones raciales. “A veces nos olvidamos de que los soldados son seres humanos y no máquinas”, dice. “Si queremos ser una fuerza de combate eficaz debemos tener presente el aspecto humano de nuestra fuerza y sus miembros”. Un alto mando del Ejército da su respaldo a la diversidad, cuando dice que el ejemplo del ejército de Estados Unidos en Iraq ha ayudado al país del Oriente Medio a hacer un ejército integrado por musulmanes suníes y chiítas, kurdos y miembros de otros grupos. “Estoy firmemente convencido de que la fuerza de nuestro ejército radica en nuestra diversidad”, declara el general George Casey, jefe de personal del ejército. Ver cómo trabajan juntos soldados de distintas nacionalidades “ha ayudado realmente al ejército iraquí a mantener su función como la única organización no sectaria de todo el país”, añade, “por lo que, si usted trata de hallar el efecto de la fuerza, la diversidad de una organización, no tiene que seguir buscando”.
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