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Los inmigrantes irlandeses en Estados Unidos

Kevin Kenny

Integración de los inmigrantes en el cauce nacional

CONTENTS
Acerca de este número
La inmigración en la historia de EE.UU.
Los inmigrantes irlandeses en Estados Unidos
Nuevas formas de ver y de pensar
Requisitos generales para naturalizarse y obtener la ciudadanía estadounidense
Examen de Naturalización Revisado
La identidad personal en Estados Unidos: las ideas, no la etnicidad
Mercado de la diversidad — galería fotográfica
La inmigrante buena alumna
La diversidad en las fuerzas armadas
Inmigrantes que dejaron huella — galería fotográfica
La economía actual exige aptitudes culturales
Bibliografía (en inglés)
Recursos de Internet (en inglés)
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El presidente John F. Kennedy, cuya elección en 1960 marcó el fin del nativismo antiirlandés, anticatólico, aparece aquí en 1963 reunido con sus primos en Irlanda. El presidente John F. Kennedy, cuya elección en 1960 marcó el fin del nativismo antiirlandés, anticatólico, aparece aquí en 1963 reunido con sus primos en Irlanda.
© AP Images

Los inmigrantes irlandeses tuvieron un comienzo difícil en Estados Unidos, empantanados en la pobreza urbana y ridiculizados por algunos de sus vecinos. Ellos y sus descendientes superaron los obstáculos y prevalecieron.

Kevin Kenny es profesor de historia en el Boston College, en Boston, Massachusetts.

En el siglo que se extiende a partir de 1820 vinieron a Estados Unidos 5 millones de inmigrantes irlandeses. Su presencia provocó una vigorosa reacción entre ciertos estadounidenses locales, conocidos como los "nativistas", que denunciaban a los irlandeses por su comportamiento social, su impacto en la economía y por su credo católico. Sin embargo, para principios del siglo XX los irlandeses ya se habían asimilado exitosamente.

De acuerdo con la Constitución de Estados Unidos, todos los inmigrantes legales tienen derecho a convertirse en ciudadanos estadounidenses y los inmigrantes blancos han encontrado relativamente pocos obstáculos en sus intentos de hacerlo así. A pesar de la hostilidad de los nativistas, los irlandeses nunca enfrentaron un racismo comparado con el que se infligió contra los afroestadounidenses y los asiáticos, a quienes se excluyó de la ciudadanía o se les restringió la entrada en Estados Unidos. Convirtiendo en una ventaja su identidad católica y aprovechando las oportunidades políticas imposibles de obtener en Irlanda, los irlandeses ascendieron constante y firmemente en la sociedad norteamericana.

En el decenio de 1840 los irlandeses representaban casi la mitad de todos los inmigrantes en Estados Unidos, y una tercera parte en el decenio de 1850. Estas cifras son notables, dado que Irlanda no es más extensa que el estado de Maine y su población nunca pasó de 8,5 millones. Entre 1846 y 1855, debido a los masivos y repetidos fracasos de la cosecha de papas, la población irlandesa disminuyó una tercera parte. Más de un millón de personas murieron de hambre y de enfermedades relacionadas con la hambruna, y otro millón y medio emigró a Estados Unidos. Muchos inmigrantes irlandeses creían que la hambruna pudo haberse evitado. "El Todopoderoso, en verdad, envió el tizón de la papa", escribió el nacionalista y exiliado político irlandés John Mitchel, "pero los ingleses crearon la hambruna". Desde entonces, en el corazón de la identidad irlando-norteamericana quedó un sentimiento de proscripción y exilio.

Los nativistas recurrieron a la violencia contra los católicos en algunas ciudades; en esta foto, la milicia dispara contra una multitud de amotinados antiirlandeses en Nueva York, en 1877. Los nativistas recurrieron a la violencia contra los católicos en algunas ciudades; en esta foto, la milicia dispara contra una multitud de amotinados antiirlandeses en Nueva York, en 1877.
© Bettmann/Corbis

Primeras Luchas

Los inmigrantes irlandeses provenientes de la era de la hambruna eran los más pobres que Estados Unidos había visto alguna vez. Algunos de los más pobres vivían en el distrito de Five Points, en el bajo Mahhattan de la ciudad de Nueva York, del que el novelista inglés Charles Dickens dijo que "apestaba por todas partes a suciedad y mugre", con "callejuelas y callejones pavimentados con barro que llegaba a la rodilla" . Este vecindario, escribió Dickens, estaba colmado de "viviendas repugnantes, que llevan el nombre del robo y el asesinato; allí se encuentra todo lo que es repulsivo, flojo y podrido".

Los irlandeses pobres vivían en sótanos, bodegas subterráneas y apartamentos de una sola habitación carentes de luz y ventilación natural y con frecuencia inundados de aguas servidas. Sufrían tasas alarmantes de cólera, fiebre amarilla, tifus, tuberculosís y pulmonía. Sucumbían también a las enfermedades mentales, complicadas a menudo con el alcoholismo. Eran responsables de una cantidad desproporcionada de admisiones en asilos de indigentes y hospitales públicos, y encabezaban las estadísticas de arrestos y encarcelamientos, especialmente por conducta desordenada. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York, en 1859, 55 por ciento de las personas arrestadas eran de origen irlandés.

En su mayor parte, los inmigrantes irlandeses no tenían ninguna destreza laboral, trabajaban por salarios bajos y a menudo los usaban como mano de obra sustituta para romper huelgas. A los trabajadores nativos les preocupaba que sus salarios declinaran como resultado y que los avances logrados por el trabajo organizado se vieran socavados. Muchos estadounidenses temían también que los irlandeses no adelantarían nunca socialmente sino que, en lugar de ello, se convertirían en la primera clase trabajadora permanente de Estados Unidos, amenazando el principio central de la vida estadounidense en el siglo XIX: una movilidad social ascendente mediante el trabajo empeñoso.

Para los nativistas la religión de los inmigrantes era igualmente inquietante. En última instancia, se preguntaban, los inmigrantes irlandeses católicos ¿serían leales a Estados Unidos o a la iglesia romana? En cuestiones políticas ¿aceptarían lo que les dijeran sus sacerdotes? Una iglesia encabezada por un papa, cardenales, arzobispos y obispos ¿tenía lugar legítimo en una república democrática? Y, ¿por qué los inmigrantes irlandeses católicos enviaban a sus hijos a escuelas parroquiales separadas en lugar de usar el sistema público gratuito?. La respuesta de los irlandeses era que las juntas escolares públicas estaban dominadas por protestantes evangélicos. En la libertad de cultivar la fe de sus hijos tal como a ellos les parecía, insistían, consistía la naturaleza de Estados Unidos.

Immigrants chart

Los nativistas lanzaron un ataque sostenido contra los inmigrantes irlandeses por su catolicismo. En 1834 una turba incendió un convento de ursulinas en Charlestown, Massachusetts. En 1836 nativistas de Nueva York publicaron un panfleto titulado "Las atroces revelaciones de María Monk". Monk, una joven emocionalmente perturbada, declaró haber presenciado orgías e infanticidio durante su estadía en un convento. El libro llegó a ser un éxito de ventas. En 1844, nativistas amotinados quemaron dos iglesias católicas en los suburbios de Filadelfia, en una disputa en torno a qué biblia debía enseñarse en las escuelas públicas, si la versión católica o la versión protestante del Rey Jaime.

La identidad irlando-estadounidense

Al rechazar acusaciones de tener lealtad dividida, los inmigrantes irlandeses insistían en que podrían convertirse en buenos estadounidenses, pero que debían hacerlo en sus propios términos. Debido a que hablaban inglés y eran los primeros en llegar a Estados Unidos en grandes cantidades, los irlandeses se apoderaron rápidamente del control de la iglesia católica de Estados Unidos. Como un dicho popular lo decía entonces, en Estados Unidos la iglesia era "una, santa, católica, apostólica… e irlandesa". El catolicismo fue el ingrediente individual más importante de la identidad irlando-estadounidense.

Como lo demuestra el Desfile del Día de San Patricio en Nueva York, en 2007, los irlandeses llegaron a ser buenos estadounidensessin sacrificar su patrimonio religioso y cultural. Como lo demuestra el Desfile del Día de San Patricio en Nueva York, en 2007, los irlandeses llegaron a ser buenos estadounidensessin sacrificar su patrimonio religioso y cultural.
© AP Images/Shiho Fukada

El anticatolicismo siguió siendo parte de la cultura de Estados Unidos hasta 1960, cuando John F. Kennedy fue elegido presidente. Los irlandeses, durante mucho tiempo, habían dominado la política de muchas ciudades estadounidenses, entre ellas Nueva York, Boston y Chicago, mediante el control del Partido Demócrata. En el decenio de 1920 comenzaron a actuar en el escenario nacional cuando Al Smith se convirtió en el primer católico en aspirar a la presidencia. Smith tenía pocas probabilidades de ser elegido, pero Kennedy, agudamente conciente de su herencia irlandesa, terminó finalmente con la larga tradición anticatólica estadounidense. "No soy el candidato católico a la presidencia", declaró durante su campaña. "Soy el candidato del Partido Demócrata a la presidencia, que ocurre que es también católico. No hablo por mi iglesia en asuntos públicos, ni la iglesia no habla por mí".

Los inmigrantes irlandeses se convirtieron en buenos estadounidenses sin sacrificar su patrimonio religioso y cultural. Demostraron que la asimilación no es un proceso en una sola dirección, en el que los inmigrantes deben conformarse a la cultura angloprotestante dominante mientras dejan de lado sus propias tradiciones. Los inmigrantes siempre cambian a Estados Unidos, tanto como Estados Unidos los cambia a ellos. Al llegar a ser estadounidensesa su manera, los irlandeses moldearon una identidad étnica distintiva y ayudaron a echar las bases del pluralismo cultural de hoy en Estados Unidos.

Hoy los irlandeses forman uno de los grupos étnicos más prósperos de Estados Unidos, al exceder de modo significativo la media nacional en niveles educativos, situación laboral, ingreso y propiedad de la vivienda que ocupan. En consonancia con su movilidad social en firme ascenso durante el siglo XX, los irlando-estadounidenses pasaron de las comunidades urbanas, estrechamente unidas, del nordeste y el medio oeste del país, a instalarse en suburbios, poblaciones y ciudades de Estados Unidos. También se casaron en cantidades cada vez mayores fuera de su grupo étnico, primero con otros católicos y luego con estadounidensesen general. El resultado de estos acontecimientos es un sentido de identidad nacional que tiene mucha menos cohesión que en el pasado. Pero los irlando-estadounidenses retienen un fuerte sentido de orgullo étnico, especialmente en las esferas de la política y la cultura. Después de todo, ser irlando-estadounidense es ser parte de una saga nacional de éxito.

Integración de los inmigrantes en el cauce nacional

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

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