Nosotros y la mesa: reflexiones sobre comida y cultura

La gordura en el país: problema de peso en Estados Unidos

Michael Jay Friedman

Nosotros y la mesa: reflexiones sobre comida y cultura

La gran abundancia de alimentos a costo asequible y un estilo de vida sedentario le han agregado centímetros a la cintura colectiva de Estados Unidos. Dos terceras partes de la población estadounidense adulta pesa demasiado o, peor aun, es obesa. El costo del tratamiento médico por las complicaciones provocadas por la gordura actualmente asciende a más de cien millones de dólares al año. Cada vez más el público está consciente del problema y gasta millones de dólares en productos dietéticos, se pregona el beneficio del ejercicio físico para la salud y los restaurantes ofrecen menús con dietas bajas en calorías.

Los estadounidenses tienen la buena suerte, sin precedentes, de tener al alcance una abundancia y variedad de alimentos. Enfrentados a comidas llamativas, apetitosas, a precio asequible y a la mano, a menudo con elevado conteo calórico, muchos son los estadounidenses que se exceden con los placeres que ofrece la mesa. Un estilo de vida que los impulsa a comer más y hacer menos ejercicio ha resultado en el marcado aumento de la obesidad. Las consecuencias para la salud son profundas y el peso que debe soportar la sociedad es considerable. Entre la población se difunde el convencimiento de que la abundancia de alimentos requiere tomar decisiones inteligentes.

Casi durante seis millones de años, los seres humanos fueron cazadores y recolectores, que cazaban, pescaban y deambulaban en busca de comida. Dado la dudosa posibilidad de una siguiente comida, el Homo Sapiens evolucionó para sobrevivir a la falta de alimentos. El cuerpo humano almacena el exceso de calorías en forma de grasa, que se convierte en energía cuando el organismo no dispone de alimentos. Este sistema metabólico de ajustada precisión nos hace un gran servicio, pero no está diseñado para transformar el constante consumo excesivo de alimentos. Sencillamente, el organismo sigue almacenando la energía excedente en forma de grasa, aun cuando el exceso de peso resultante sea perjudicial para el cuerpo.

Cambiar el estilo de vida

En Estados Unidos la agricultura moderna acabó con la escasez de alimentos. Pero recién en los años recientes, los cambios en la dieta y estilo de vida han provocado una obesidad generalizada. Uno de los cambios es que los estadounidenses consumen más alimentos procesados, que son apetitosos y ahorran trabajo y tiempo, además de ser generalmente más baratos por caloría que la fruta y la verdura. Pero los alimentos procesados suelen tener ingredientes para reforzar el sabor, como azúcar (11% del consumo calórico de Estados Unidos en 1970, 16% actualmente), aceites y almidones.

Dietas: una variedad desconcertante

Hairline rule

Los estadounidenses aparentemente están obsesionados con las dietas para adelgazar y sus motivos para preferir una u otra dieta varían mucho.

La mayor parte de las personas que cumplen una dieta lo hacen motivadas por el deseo de adelgazar y, al mismo tiempo, mejorar su salud y aspecto físico, aunque existen otras muchas razones. Entre ellas, algunas creencias religiosas que prohíben el consumo de determinados alimentos; consideraciones éticas, como aversión a matar animales, común entre los vegetarianos; deseo de proteger el medio ambiente evitando ciertos alimentos cuya producción se considera destructiva desde el punto de vista ambiental, o como parte de una forma de ver la vida.

Libros, revistas e Internet están repletos con información sobre una desconcertante variedad de dietas. Estas difieren enormemente sobre los alimentos que recomiendan o que prohíben, la importancia que conceden a las calorías, grasas, carbohidratos y ejercicio, así como en su metodología.

Esta superabundancia de dietas garantiza que si una de ellas no da el resultado apetecido, siempre hay otra que se puede probar. A continuación una lista de algunas de las dietas actualmente en boga en Estados Unidos:

Dieta de Atkins
Popularizada por el cardiólogo Robert Atkins, recientemente fallecido Restringe estrictamente los carbohidratos refinados, como el azúcar y la harina blanca Permite una gran cantidad de otros alimentos, como la carne Impone pocas restricciones al consumo de grasas o calorías Consta de cuatro fases: inducción, pérdida permanente de peso, pre-mantenimiento y mantenimiento durante toda la vida

Dieta de Beverly Hills
Popularizada por Judy Mazil, especialista en dietética y autora Recomienda comer fruta Prohíbe comer proteínas junto con carbohidratos Comienza con un plan de 35 días y dispone de una serie de productos específicos para preparar cada comida

Dieta Scarsdale
Popularizada por el cardiólogo Herman Tarnower, fallecido Establece un plan de 7 a 14 días Indica tipos de alimentos que se pueden y que no se pueden comer Hace hincapié en el consumo de frutas, verduras y fuentes de proteína sin grasa Prohíbe comer bocadillos entre horas

Dieta de South Beach
Popularizada por el cardiólogo Arthur Agatston Organizada en tres fases Permite el consumo de porciones normales de proteínas magras, como pescado y pollo Prohíbe el consumo de pan, arroz, pasta, azúcar o productos de pastelería en la primera fase, que dura 14 días Permite cantidades ilimitadas de determinadas verduras, excluidas las glicémicas, como remolacha, zanahorias, maíz y batatas

Weight Watchers (marca registrada) (Vigilantes del peso)
Hace hincapié en un programa completo para un estilo de vida, que incluye reuniones regulares en las que los participantes se alientan mutuamente Hace hincapié en cambiar el estilo de vida, por ejemplo, actividades para reducir el aburrimiento de la dieta Asigna a todos los alimentos una puntuación basada en su contenido de grasa, fibra y calorías No tiene una lista de alimentos prohibidos, pero no se debe exceder un máximo de puntos

Fit for Life (En forma de por vida)
Popularizada por el nutricionista Harvey Diamond Depende en alto grado de frutas y verduras Restringe estrictamente los productos lácteos y las carnes Trata de enseñar a los participantes a comer de acuerdo con lo que se define como "ciclos digestivos naturales"

Dieta Vegan
Dieta estrictamente vegetariana, que prohíbe la carne y todos los productos animales, incluidos el queso y la leche

Otro cambio es que los estadounidenses son más propensos a comer en restaurantes, en particular donde se sirve la denominada comida rápida. Hoy los estadounidenses comen "afuera" dos veces más a menudo que en la década de 1970, dejando en los restaurantes más de 40 centavos de cada dólar que gastan en comida. Nos hemos aficionado especialmente a la comida rápida. Las ventas han aumentado 200% en los últimos 20 años, hasta el punto en que uno de cada cuatro estadounidenses come en un establecimiento de comida rápida cualquier día dado. Con el costo por caloría tan bajo, los estadounidense se han acostumbrado a raciones más grandes: en promedio, las hamburgueses y las bebidas refrescantes que se sirven actualmente son 23 y 52 por ciento más grandes respectivamente, que las que se servían hace 20 años.

Los cambios en la dieta tienen que ver con los cambios del estilo de vida. Los estadounidenses con frecuencia viven solos o en familias donde tanto el hombre como la mujer trabaja. Con menos tiempo para planear y preparar la comida, los alimentos procesados ofrecen grandes ventajas. Un horno de microondas calienta un plato congelado en pocos minutos. Los restaurantes de comida rápida tienen ventanillas especiales para los automovilistas, en las que un padre que regresa a casa luego del trabajo puede comprar la cena de una familia hambrienta sin bajarse del vehículo. Estas comidas pueden tener más "calorías vacías" (sin nutrientes) que una comida tradicional preparada en casa, pero para una persona agobiada por la falta de tiempo, a menudo la comodidad es preferible al valor nutritivo.

Otro cambio en el estilo de vida afecta el segundo término de la ecuación obesidad-ejercicio. Las personas que se mantienen físicamente activas queman las calorías que consumen. Sin embargo, una creciente cantidad de estadounidenses vive en lugares donde sólo se puede llegar en automóvil a los centros comerciales y al centro de trabajo, o en medios de transporte público. En los últimos 25 años, los desplazamientos a pie o en bicicleta han disminuido 40 por ciento. Al mismo tiempo, la índole del trabajo ha cambiado, menos son las personas que se dedican a una actividad industrial que exija esfuerzo arduo. Lo más frecuente es que trabajen con datos electrónicos, sentados frente a una computadora. En el hogar, las distracciones como ver televisión y navegar por la Internet contribuyen a la reducción general de la actividad física, lo que hace más difícil eliminar calorías y kilos. Es muy significativo que el problema de la obesidad sea mucho menor en Nueva York, donde caminar al trabajo, a las tiendas y a los lugares de distracción es más normal que en casi todas las demás ciudades del país.

La cintura ancha

Como resultado de este nuevo estilo de vida la cintura colectiva de Estados Unidos se ha ensanchando rápidamente, con grave perjuicio para la salud. La cantidad de personas gordas u obesas ha aumentado 74 por ciento desde 1991. Las dos terceras partes de los estadounidenses adultos pertenecen a una de estas dos categorías. Los Centros Nacionales de Prevención de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud, con sede en Atlanta, Georgia, han elaborado una fórmula conocida como Indice de Masa Corporal (BMI) para calcular la grasa del cuerpo en relación con la masa magra del cuerpo. Se considera que una persona con BMI de 25 a 29,9 puntos es gorda y la que tiene BMI de 30 puntos o más es obesa. Para más detalles consultar el sitio electrónico, en inglés: http://ww.cdc.gov/nccdphp/dnpa/obesity/defining.html

Las consecuencias para la salud son profundas. El costo del tratamiento médico por las complicaciones consiguientes asciende a más de cien millones de dólares al año. Se calcula que, por lo menos 300.000 estadounidenses mueren cada año por causas relacionadas con la obesidad, como diabetes y afecciones cardíacas; la obesidad puede ser hoy la causa principal de la muerte prematura en Estados Unidos.

Estas estadísticas, por graves que sean, no dan una idea de cómo el exceso de peso puede privar a una persona de la capacidad de realizar y disfrutar de una serie de actividades normales en la vida cotidiana.

La obesidad generalizada es un fenómeno reciente, y muchos estadounidenses reconocen ya la importancia de prestar cuidadosa atención a la dieta y al estilo de vida. Los consumidores gastan unos 34 millones de dólares en productos dietéticos al año. Los resultados son variados, ya que el control del peso en debida forma exige normalmente hábitos saludables, en vez de una "solución rápida". Algunos indicios alentadores son la aparición en el mercado de bocadillos más sanos e igualmente cómodos y una mejor oferta de platos dietéticos. Incluso la industria de la comida rápida informa que la venta de ensaladas aumentó 16 por ciento en el curso del año anterior

Una persona que desea adelgazar y conservar la salud debe prestar debida atención a lo que come y a lo que hace normalmente todos los días. Los estadounidenses cada vez ven con más claridad que no pueden permitirse disfrutar sin límite de lo que parece ser una abundancia ilimitada.

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