eJournal USA: Sociedad y valores estadounidenses

Lecciones aprendidas
Conversación con el Maestro del Año

Michael J. Bandler
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Los adolescentes de Estados Unidos

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Cómo es la escuela
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La escuela en casa
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Lecciones aprendidas: conversación con el maestro del año
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El presidente Bush reconoce a Jason Kamras
El presidente Bush reconoce a Jason Kamras como Maestro del Año en una ceremonia celebrada el 20 de abril de 2005 en La Rosaleda de la Casa Blanca.
Gerald Hebert, AP/WWP

Jason Kamras, Maestro Nacional del Año 2005, dice que "desde muy temprano decidí" ser maestro. Durante los pasados nueve años se ha dedicado a la enseñanza de niños de los grados séxto, séptimo y octavo de la Escuela Intermedia John Philip Sousa en Washington, D.C., donde ha establecido un programa de fotografía digital para hacer que los estudiantes sean más conscientes del mundo que les rodea y para impartir, de una manera práctica, sus lecciones de matemáticas.

"La enseñanza es una tarea muy exigente y muy difícil", dice Kamras al editor asociado Michael Bandler, "pero la oportunidad de trabajar con niños es una que aprecio todos los días". Bandler es redactor de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado.

Kamras hubiera podido ser zoólogo. Esta materia le picó la curiosidad en el séptimo grado.

Pudo haber sido un empresario, un abogado o un experto en asuntos internacionales—áreas que consideró brevemente en un momento u otro. Sin embargo, Jason eligió la profesión docente y dirigió su atención a las escuelas de barrios urbanos marginados aun cuando era estudiante universitario.

"Desde muy temprano decidí que quería ser parte del proceso de ampliar la oportunidad de una educación a todos los niños, que creo es su derecho por nacimiento", nos explica Kamras.

Fue por ello que se sumó al profesorado de una escuela de un barrio marginado—las escuelas que más ponen a prueba el sistema educativo estadounidense—en la capital de la nación, Washington, D.C.

En abril de 2005, Kamras logró un codiciado reconocimiento cuando fue nombrado por el presidente Bush como Maestro Nacional del Año 2005, el premio más antiguo y prestigioso otorgado a educadores de escuelas elementales y secundarias de Estados Unidos. Kamras es el número 55 del total de galardonados y el primero de una escuela del Distrito de Columbia.

Kamras, profesor de matemáticas y experto en pedagogía (tutor de profesores menos experimentados) en la Escuela Intermedia John Philip Sousa en Washington, D.C., ha sido maestro de los grados sexto, séptimo y octavo durante sus nueve años de permanencia en esa escuela. Una de sus innovaciones es el programa EXPOSE que enseña a los estudiantes a usar una cámara digital, editar imágenes y trabajar con programas digitales de vídeo a fin de crear fotoensayos autobiográficos sobre su vida y sus comunidades.

Kamras nació en la ciudad de Nueva York pero vivió desde los tres años de edad en Sacramento, California. Obtuvo el diploma de la Escuela Superior Rio Americano y el título universitario de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey. Comenzó a enseñar en la escuela Sousa bajo el auspicio de Teach for America, una organización nacional sin fines de lucro que recluta a egresados de las mejores universidades y les pide que se comprometan a enseñar durante dos años en una escuela urbana o rural de comunidades mayormente pobres en las que suele ser difícil llenar todos los puestos docentes. Al término de sus dos años, Kamras se quedó en Sousa, ausentándose sólo durante el año académico 1999-2000 para obtener el grado de Maestría en Educación en la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts.

Hace poco, nos habló sobre su elección de profesión y de su opinión sobre el progreso de sus estudiantes

Jason Kamras conversa con dos de sus alumnos en el aula de la Escuela Intermedia
Jason Kamras conversa con dos de sus alumnos en el aula de la Escuela Intermedia John Philip Sousa en Washington, D.C.
Maestro Nacional del Año

P: ¿Cuáles son las oportunidades que se ofrecen en la actualidad a los adolescentes—a los chicos menores de 20 años—en Estados Unidos?

R: Tienen unas oportunidades extraordinarias. Lo que es asombroso de este país es que cuando se brinda a los jóvenes la oportunidad de acceder a una educación excelente, pueden hacer casi cualquier cosa que se propongan hacer. Así que pienso que son tiempos maravillosos, que a esa edad puedas saber que te aguarda un futuro.

P: Comenzaste en la docencia mientras estabas en Princeton.

R: Sí, fui tutor de estudiantes de escuela elemental en Trenton, Nueva Jersey, y también de reclusos de una penitenciaria de Nueva Jersey. Fui también voluntario durante un verano de VISTA (Volunteers in Service to America) en Sacramento, California, donde crecí.

P: Y tu madre es profesora.

R: Sí. Ella enseñó en Nueva York.

P: ¿Influyó ella en tu elección de profesión?

R: Ella fue una influencia. Recuerdo que, durante mi niñez, la escuchaba hablar muy afectuosamente de sus estudiantes y de sus clases. Pero mis propias experiencias en la universidad y durante el verano como voluntario de VISTA fueron muy formativas, particularmente porque estaba trabajando en zonas subatendidas. Las desigualdades en nuestro sistema de instrucción pública eran muy evidentes. Verdaderamente pienso que esas desigualdades son el problema social más grave que afronta nuestro país en la actualidad.

P: ¿Qué te ha llevado a trabajar la mayor parte de tu vida profesional con estudiantes de un grupo de edad? Primero trabajaste con Teach for America y ellos usualmente te colocan en una escuela subatendida. ¿Tuviste la opción de elegir un grupo de edad?

R: Siempre me ha interesado la educación de escuela superior—del séptimo al duodécimo grado. Este puesto en la escuela intermedia estaba disponible. Lo pensé por un tiempo, si querría hacerlo, en lugar de enseñar en escuela superior. Decidí que era realmente una edad interesante. Mis estudiantes son todavía bastante niños, pero están comenzando a formar su propia identidad en la transición hacia la edad adulta. De modo que es un momento interesante para trabajar con niños y verdaderamente me gusta estar en esa coyuntura trabajando con ellos.

P: La clave es que se están formando.

R: Decididamente.

P: Sabes, no hace mucho tiempo que tú estabas creciendo—hace 18 años más o menos. ¿Qué es diferente hoy de cuando tú te estabas formando?

R: Es una pregunta difícil. Cuando piensas en tu propia adolescencia, no siempre tienes una imagen fiel de cómo eran las cosas.

P: Bueno, pues digámoslo de esta otra manera. ¿Es este un buen momento para la formación de los niños en Estados Unidos?

R: Creo que son tiempos contradictorios. Me parece que la adolescencia nunca deja de ser contradictoria, así que pienso que mis estudiantes sí afrontan muchos problemas en particular en sus vidas. Sin embargo, tienen una visión muy positiva de las cosas y son increíblemente adaptables. Una de las cosas más admirables de ellos es su visión positiva del futuro.

P: La primera vez que entraste a un aula hace unos cuantos años—los chicos son chicos— tienen que haberte echado una mirada escrutadora. ¿Cómo te ganaste su confianza y caíste en gracia de ellos?

R: Algo que sugiero a los nuevos profesores desde el momento que entran al aula es demostrar que toman en serio la cuestión de la enseñanza y establecer una norma de alto nivel para los estudiantes y en el aula. Ello sienta la tónica de "vamos a tener éxito este año". Es lo que los chicos realmente quieren. Están deseando que les den ese empujón, esa orden, a ese alguien que imaginan los va a dirigir de un modo muy sistemático. Pero también hay todo tipo de cosas que se pueden hacer—pasar el tiempo con los niños fuera del aula, asistir a torneos de ajedrez y partidos de baloncesto, visitar sus hogares, conocer a sus familias, para así establecer un sentido de unión y confianza al que se puede recurrir en el aula.

P: ¿Cuáles son los retos que afrontan los chicos en su vida diaria y en su rutina diaria que es importante que tú como maestro tengas en mente?

R: Todos los niños tienen que lidiar con el reto de descubrir quiénes son. Es la edad en la que comienzan a hacerse de su propio sentido de identidad. Creo que es una época extremadamente turbulenta. Es el reto principal de cualquier adolescente en este país. Si le pides a un adulto que recuerde su adolescencia, esa persona puede recordar experiencias difíciles mientras superaban los cambios sociales y físicos, y decidían a qué grupo iban a pertenecer. Has mencionado la era digital. Hay ventajas y desventajas en ello. Soy todavía bastante joven, pero me parece que el ritmo de nuestra cultura se ha acelerado bastante— en todo, desde las noticias hasta los juegos de vídeo y de todo a lo largo de esa gama. Es una cultura de menos reflexión y puede ser que sea eso lo que les hace falta mientras van creciendo.

P: ¿Cómo intentas hacer que reflexionen más?

R: Uno se puede ceñir a las matemáticas pero hacerlas relevantes en su vida. Obligarles a reflexionar sobre su aplicación. Se extiende también a otras áreas que no son académicas—hablar con ellos, tomar el tiempo para escuchar y hacerlo con calma y tener una conversación.

P: Háblanos un momento sobre la función que desempeñan los padres en cuanto a la escuela y a los estudios. ¿Cómo los haces partícipes en la vida de sus hijos?

R: Se empieza con llamadas telefónicas y cartas dirigidas a sus casas, visitas a sus hogares, reuniones con la familia, te sientas con ellos y pasas tiempo con ellos, logras que los padres vengan a la escuela y participen, te pones a disposición de ellos antes y después de clases para discutir cualquier cosa que suceda a sus hijos, tratas realmente de hacer todos los esfuerzos posibles para establecer esas líneas de comunicación. Es importante que los padres y los tutores participen. Verdaderamente necesitamos hacer más para que se sientan bienvenidos en la escuela.

P: Háblame sobre el programa que has iniciado, EXPOSE. Sé que durante tu año en Harvard, trabajaste en ideas como esa para la educación.

R: EXPOSE es un programa de fotografía digital para estudiantes de séptimo y octavo grado de mi escuela. Su origen es, primero, que siempre me ha gustado la fotografía y quería compartirla con mis estudiantes. A la misma vez, cuando llegué a la escuela, me llamaron la atención dos fenómenos, uno que la mayoría de las personas que viven en la región de Washington saben poco acerca de mis alumnos, salvo lo que leen en el periódico, y segundo, y por diversas razones, a mis alumnos no les era posible aprovechar todas las oportunidades que hay en la ciudad. Quería crear alguna manera de acercar estos dos mundos. Así que pensé que la fotografía sería una buena manera de hacerlo. Llevábamos a los alumnos en excursiones para que viesen más de la ciudad, y también hacíamos que prepararan fotoensayos autobiográficos—utilizando la fotografía digital—que luego compartían con un público más amplio. De modo que a través de estos dos mecanismos se logró un intercambio en la ciudad.

Fue también una manera de enseñar matemáticas. Cuando se habla de ángulo visual, hablamos de geometría. La velocidad del obturador son las comparaciones fraccionarias. Los píxeles por pulgadas son proporciones. Comenzamos con película en blanco y negro y ahora todo es digital. También hubo una iniciativa de doble matemáticas. Llegué a la conclusión de que para alentar al buen rendimiento, necesitábamos doblar el tiempo de enseñanza de matemáticas. Así que se lo propuse al director de la escuela y diseñamos un sistema por el que cada estudiante asiste diariamente a dos clases de matemáticas. Se enseñan dos cursos separados de matemáticas, pero todos los estudiantes toman ambos cursos—la idea es que cada maestro pueda detenerse y centrarse en un número más reducido de objetivos y explicarlos más a fondo. Y la retención del estudiante aumenta.

P: Háblanos por un minuto sobre lo que has aprendido en Harvard mientras obtenías el grado de master.

R: El programa de matemáticas surgió de esa experiencia. También trabajé un poco en diseño de programas educativos por computadora y pude integrarlo en algunos de los programas de fotografías, algo que los enriqueció. También trabajé en la diferenciación de la enseñanza y me fue posible utilizarla también en el aula.

P: Volvamos atrás por un minuto a lo que influyó sobre tu decisión de trabajar en una escuela de un barrio urbano marginado.

R: Sigo en la escuela en la que enseñé con Teach for America. Creo que la educación es la piedra angular de las oportunidades que existen en este país, y hay demasiados niños, particularmente de las comunidades de escasos recursos económicos, que no tienen acceso a una educación excelente y a quienes se les niegan oportunidades. De modo que decidí desde muy temprano que quería ser parte de este proceso de extender oportunidades a todos los niños que considero es su derecho por nacimiento.

P: ¿Cómo puedes determinar que un niño está en crisis si es imposible saberlo inmediata o abiertamente?

R: Me parece que cuando pasas tiempo suficiente con niños, creas un sexto sentido de cuál es el equilibrio que mantiene para operar normalmente. Y luego puedes saber cuando se desvían—ya sea en sentido ascendente o descendente. Es diferente para cada niño, lo que puede ser una señal de algo en uno es totalmente benigno en otro. Así que después de pasar tiempo con ellos comienzas a establecer ese contacto, y a desarrollar la intuición de que algo no está bien.

P: ¿Puedes dar un ejemplo específico?

R: Hay un estudiante del que soy muy amigo que estaba en mi clase de sexto grado en 1996. Siendo yo un profesor novato ese año, el chico era verdaderamente un reto. A menudo estaba como se dice en pedagogía "fuera de la tarea", distraído, no cumplía los deberes. Y me fue muy difícil bregar con eso. Pero caí en cuenta, luego de hablar con él, de que no le estaba retando lo suficiente. Así que empecé a trabajar con él después de la jornada escolar para establecer comunicación con él. Jugábamos ajedrez y me ganaba de manera rutinaria. No pretendo ser un gran jugador de ajedrez—pero él tenía once años. Seguimos trabajando durante su sexto grado. No fui su profesor en séptimo u octavo grado, pero seguimos trabajando después del horario escolar, y establecí una buena relación con su madre también. Terminó siendo el alumno que pronunció el discurso de fin de curso y seguí trabajando con él en la escuela superior. Acaba de terminar su segundo año en Morehouse College en Atlanta, Georgia. Su concentración es en ingeniería eléctrica y está considerando hacer una maestría en el programa de la facultad de ingeniería de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York.

P: Al hacer balance después de trabajar una década en educación, ¿sientes que los chicos de Estados Unidos todavía te dejan maravillado por las posibilidades?

R: Definitivamente. Definitivamente y sin lugar a dudas. La enseñanza es una tarea muy exigente, muy difícil, pero la oportunidad de trabajar con niños es una que aprecio cada día. Son increíblemente inteligentes, increíblemente dinámicos y creativos y adaptables. Sinceramente no hay un grupo de personas que más preferiría ver al levantarme cada mañana.

Los adolescentes de Estados Unidos

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

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