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En sus propias palabras

Voluntariado

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CONTENIDO
Acerca de este número
Saludos de la primera dama
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Tocar el alma y la mente
Cómo es la escuela
En sus propias palabras
La escuela en casa
De Europa Central al norte de Ohio
Lecciones aprendidas: conversación con el maestro del año
Anotar puntos joven - como atleta y estudiante
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Ritos de aprendizaje
Bibliografía, en inglés
Recursos en Internet, en inglés
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Muchos adolescentes desean involucrarse en los asuntos de sus comunidades, utilizar su energía y entusiasmo para ayudar a sus semejantes. Según Youth Service America, organización que actúa en sociedad con miles de organizaciones de voluntarios y que ofrece oportunidades de servir como voluntarios a jóvenes de todas partes de Estados Unidos, millones de personas participaron en el Día Nacional del Servicio Voluntario Juvenil de 2005, haciendo que el mismo fuese el acontecimiento anual más importante del mundo para celebrar el servicio voluntario. Jóvenes estadounidenses actuaron como maestros particulares enseñando a niños escolares, inscribieron a nuevos votantes, educaron a sus comunidades acerca de la nutrición saludable y distribuyeron materiales para la prevención del VIH/SIDA, entre muchas otras actividades. Como veremos en los ensayos que siguen, los eventos locales y mundiales motivan a los estudiantes estadounidenses a ofrecer voluntariamente su tiempo y energía a otros.

Ellie con niños del Orfanato Rising Star en Chennai, India.
Ellie con niños del Orfanato Rising Star en Chennai, India.
(Foto de la familia)

El maremoto que azotó Asia Meridional el día después de la Navidad afectó temporalmente a todos los estadounidenses, pero me cambió a mí permanentemente. Igual que mucha gente de todo el mundo, mi familia y yo estuvimos pegados a la televisión en las horas después de habernos enterado de la catástrofe. La idea de cientos de miles de personas aniquiladas en cosa de minutos me fue imposible de comprender.

El nombre Chennai, India, frecuentemente nombrado en los despachos noticiosos, adquirió un significado especial para mi familia. Mi madre había trabajado con una mujer llamada Becky Douglas, de Atlanta, que había fundado recientemente un orfanato allí. A mi madre se le ocurrió de pronto que el orfanato se hallaba exactamente en la ruta del maremoto. Nos enteramos por intermedio de Becky, por teléfono, que todos los niños del orfanato, situado a apenas cientos de metros de la playa, estaban a salvo, pero que casi todos los niños de un orfanato cercano habían muerto. Nos enteramos también que la economía de los pueblos de pescadores a lo largo de la playa había sido destruida. Cuando le preguntamos cuál era la mejor manera de ayudar a esa gente, Becky nos dijo que a largo plazo su bienestar dependería de la habilidad que esa gente tuviera de regresar al mar y pescar. ¿Cuánto costaría esto? Becky dijo que costaría 11.000 dólares reparar o reemplazar las embarcaciones y las redes de un poblado de 500 habitantes. Cuando regresé de mis vacaciones hablé con el director de nuestra escuela y le pedí permiso para realizar una campaña de recaudación de fondos en la escuela Bullis [escuela privada en un suburbio de gente acaudalada de Washington, D.C]. El director consintió y, tres días más tarde, hice una presentación ante todo el estudiantado para iniciar la campaña. Durante el primer día de la campaña - para nuestra gran sorpresa - recaudamos más de 4.000 dólares. Al final del fin de semana recaudamos más del doble de la cantidad que nos habíamos fijado como meta, y hasta esta fecha hemos recaudado más de 100.000 dólares. El ciento por ciento de este dinero fue directamente a India.

Ocho de mis compañeros de clase y yo, acompañados por nuestro director y varios otros adultos, decidimos visitar India durante nuestras vacaciones de primavera, cada uno de nosotros pagando nuestro propio pasaje. Lo que aprendimos en India excedió por mucho lo que habíamos aprendido con la recaudación del dinero.

Estuvimos una semana en Chennai, donde dedicamos la mitad de nuestro tiempo al orfanato y a la escuela que inicialmente habían despertado nuestra atención y la otra mitad a tres colonias de gentes afligidas por lepra. Trabajar en el orfanato fue fácil para todos nosostros, porque los niños eran adorables. Separarnos de ellos después de una estadía tan breve resultó ser bastante difícil, y todos lloramos al partir. Nuestro trabajo en la colonia de leprosos fue mucho más difícil, pero probablemente al final fue el más valioso. Ninguno de nosotros había estado jamás con un paciente afligido por esta enfermedad. Al principio, hasta temíamos acercarnos a los residentes de la colonia, ni hablar de tocarlos. Pero nuestros temores se desvanecieron rápidamente cuando vimos lo contenta que esa gentes con extraños que venían a visitarlos en un espíritu de amor y de ayuda. Los ayudamos con sus necesidades comunitarias, como plantar bananas para asistirlos en sus esfuerzos de ser autosuficientes, pero la parte mejor fue ayudarlos individualmente. El punto culminantes de mi viaje, y una de las cosas más conmovedoras en mi vida, fue peinar y trenzar el cabello de una mujer que había perdido ambas manos y ambos pies por causa de la lepra. Hasta ese momento no me había percatado nunca de lo que algunos simples gestos de amor podían significar para otros.

Lauren Elyse (Ellie) Prince, 16 años de edad, 11vo. grado, Escuela Bullis, Potomac, Maryland [http://www.bullis.org]

Para el bien de las generaciones futuras, toda persona jóven debe adoptar una postura y ser un buen mayordomo del medio ambiente. Desde muy temprano en mi niñez, me interesó crecientemente el medio ambiente. En el segundo grado de secundaria, me hice miembro del Club de Ecología de la escuela. Tratamos de embellecer el terreno de la escuela y de supervisar los proyectos de reciclaje. Ya a los ocho años de edad, aprendí que la gestión ambiental era una necesidad.

A fines de 2004, presenté un escrito al congreso celebrando el centenario del Servicio Forestal de Estados Unidos, en el que abordé el tema de lo que se necesitaba hacer para asegurar que las personas jóvenes escucharan y respondieran al llamado para crear prácticas medioambientales acertadas, no solamente para esta generación, sino también para el futuro. Fue una experiencia que cambió el curso de mi vida. La exposición a distintas filosofías políticas y el conocimiento de los conflictos involucrados en la gestión de los recursos naturales abrieron mis ojos a las decisiones difíciles que deben adoptar quienes eran responsables de la gestión ambiental. Al haber instado a las autoridades nacionales a considerar que se debía incluir el entusiasmo de la juventud en el complejo proceso de resolver los problemas medioambientales, espero haber contribuido al involucramiento futuro de las personas jóvenes interesadas y preocupadas en nuestro país.

Mi interés en el medio ambiente me ha dado oportunidades extraordinarias para contribuir mi tiempo y talento. Cualquier persona que sienta una pasión verdadera con cualquier tema necesita solamente ofrecerse como voluntario para que se le presenten oportunidades que la ayudarán a dedicarse a su causa o interés.

John T. Vogel, 17 años de edad, 12vo. grado, Jesuit High School, San Antonio, FL [http://www.jesuittampa.org]

Los medios informativos hablan muchas veces de adolescentes que causan problemas, pero hay muchos más adolescentes en Estados Unidos que impactan en sus comunidades en forma positiva.

Uno de los programas para el que me ofrecí como voluntaria es el de mentores en una de nuestras escuelas primarias locales. Una vez por semana, voy a la escuela y paso un rato con un alumno del quinto grado. Jugamos en el patio de recreo o vamos a la biblioteca, y hablamos sobre lo que está haciendo en esa semana. El programa tiene por objeto servir de guía a niños que pudieran ser vulnerables a tener problemas en el futuro. En mi opinión, este es uno de los programas de mayor éxito en nuestra escuela secundaria porque los niños ganan confianza a una edad más temprana. He visto grandes mejoras en los niños que tienen mentores, y esas mejoras los ayudarán durante toda su vida.

El poder impactar la vida de otra persona es una de las razones por las que tantos adolescentes están dispuestos a dedicar su tiempo para ayudar a otros. Algo tan simple como dedicar una hora de nuestro tiempo, menos del uno por ciento de la semana, puede cambiar drásticamente la vida de una persona. Los adolescentes ofrecen voluntariamente su tiempo porque desean hacerlo. Lo hacen de todo corazón, sin ninguna recompensa a la vista. Pero a pesar de que no hay recompensas concretas, las pericias y la confianza que se ganan son inestimables.

Kelsey Blom, 18 años de edad, 12vo. grado, Centennial High School, Circle Pines, Minnesota [http://www.centennial.k12.mn.us/chs]

Al ayudar a reparar las casas de los pobres, Kristen Grymes, vista aquí durante su graduación, demuestra que los jóvenes se preocupan.
Al ayudar a reparar las casas de los pobres, Kristen Grymes, vista aquí durante su graduación, demuestra que los jóvenes se preocupan.
(Barry Fitzgerald)

Todos los años mi iglesia organiza un viaje para sus miembros jóvenes y activos. El año pasado fuimos a Chicago y trabajamos en un refugio del Ejército de Salvación - a ellos no les gusta llamarlo así, lo llaman "asistencia de vida" o algo por el estilo - pero hemos trabajado allí. Decoramos el centro de guardería y cocinamos para los residentes. Este año iremos a Canadá, y espero con impaciencia ese viaje. En los dos últimos años fui también a un campamento cristiano llamado "Campamento Amigo". Adolescentes de la zona miembros de diferentes iglesias se reúnen en el Christian High School de Fredericksburg, una escuela privada, y estamos allí una semana, e intercambiamos colchones inflables y dormimos en el suelo.

Los organizadores eligen diez casas de gente pobre, y las reparamos. Es interesante, porque nos separan de modo que no estemos solamente con personas de nuestras propias iglesias, sino con personas de diferentes iglesias. Trabajamos juntos, y nos ensuciamos realmente las manos. Por ejemplo, tuvimos que reparar el techo de una casa, lo que implicaba remover once capas de linóleo viejo y reemplazar el techo. A mí me tocó hacer cosas que nunca había hecho antes. Algunas de las personas a quienes ayudamos creían que los jóvenes no se preocupaban, pero les hemos demostrado que sí nos preocupamos.

Kristen Grymes, 17 años de edad, 12vo. grado, James Monroe High School, Fredericksburg, Virginia [http://www.cityschools.com/jmhs]

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Los adolescentes de Estados Unidos