El idioma de los jóvenesRobin Friedman
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Si usted supone que el idioma inglés se está encogiendo, es posible que tenga razón. Desde las transcripciones breves en las noticias hasta los textos de mensaje y los notables períodos de atención más breves, lo cierto es que decimos menos… y dependemos más de la jerga. ¿Por qué? Las culpables podrían ser varias razones, entre ellas la inescapable saturación con la tecnología que se combina con vidas humanas sin tiempo casi para respirar, la tentación siempre presente de la terminología adolescente y los engranajes inevitables de la simple evolución que impulsan a usar menos en vez de más. Con tanto ocurriendo en nuestra comunicación diaria por línea electrónica en estos días – y esto no incluye sólo el correo electrónico sino también los mensajes escritos con aparatos cada vez más diminutos –parecería que el inglés se ha sido reducido cada día más a un código de abreviaturas aceptadas, combinaciones misteriosas de números y letras e incluso símbolos que se asemejan a expresiones faciales. Con frecuencia todo en letras minúsculas. Ciertos números, “2” y “4” en particular, desempeñan papeles estelares – reemplazando respectivamente a las palabras inglesas “to” y “for” – pero la innovación mucho más intrigante es la adopción del número “3” para la letra “e” (“b3” y “th3”) y el número “8” por su sonido (“gr8” por “great” o grandioso, y “l8r” “later” o después). Aunque algunos de estos audaces acrónimos nuevos se pueden explicar solos (“u” por “you” o tú, y “ur” por “your” o tuyo), o son simplemente lógicos (“b4” por “before” o antes) o pueden destacar los sonidos de las letras (“qt” por “cutie” o linda y “cu” por “see you” o te veré) o actuar como abreviatura (“cuz” por “because” o porque) o pueden ser directamente un acrónimo (“bff” por “best friends forever” o mejores amigos para siempre), algunos son realmente extraños (“peeps” por “people” o gente). Pero un caso, que es irónico, la jerga es más larga que su ancestro breve (“i love u” o te amo, es ahora “i heart u”). Algunos términos que han estado circulando desde hace bastante tiempo son fácilmente reconocibles: “lol” (laughing out loud” o me río a carcajadas), “btw” (“by the way” o dicho sea de paso) e “imho” (“in my humble opinion” o en mi humilde opinión).
Algunos, por otra parte, son intrigantemente enigmáticos: “iykwim” (“if you know what I mean” o si sabes lo que digo), “mtfbwy” (“may the force be with you” o que te vaya bien), y “wysiwyg” (“what you see is what you get” o lo que ves es lo que consigues). En ocasiones esta sopa de letras vernácula simplemente aturde a quienes no sean lingüistas u obsesos de la informática. Pero es difícil discutir con su velocidad – e incluso con su necesidad – cuando estamos forzados a usar un aparato del tamaño de un palillo para responder a un memorándum de la oficina mientras manejamos un automóvil (lo cual no es legal ni se recomienda pero que desafortunadamente es bastante común). Sin embargo, con la excepción de “peeps”, todos los ejemplos mencionados arriba se usan principalmente en la jerga escrita. La jerga hablada es algo completamente distinto. Y es aquí donde la generación más joven verdaderamente dice lo que quiere. La jerga de hoy cambia más rápido que los códigos del ayer. Esto se debe a que palabras populares hace apenas un par de años ya han perdido el sabor entre los adolescentes de hoy sin una razón específica. Entre ellas se cuentan “phat” o admirado, “sweet” o dulce, “excellent” o excelente y “awesome” o formidable (todo lo cual significa “bueno”). Igual que “dude” en la década de 1990. Pero la jerga tiene vida corta por naturaleza. Para que la jerga sea novedosa necesita tener una sensación de novedad perpetua. La jerga es como la moda; nunca se la acepta demasiado tiempo. Los estadounidenses se cansan aún de las palabras más populares, y sólo sobreviven las más fuertes, por selección natural. Entonces, ¿qué es lo que está más de moda en estos días? Es decir, ¿en este mes? Si usted usa “hot” o caliente (en el sentido de “bueno” y también “atractivo”) está a la moda y, también lo está si usa una palabra alternativa – al menos desde el punto de vista de la temperatura – que es atractiva para cada generación desde la época de la Gran Depresión, “cool” o frío, en el sentido de “bueno”. “Cool” es positivamente prehistoria para en normas de la jerga. Se originó durante la cultura del jazz a fines de la década de 1930, pero desde entonces cada generación la adopta y la adecúa como propia. En efecto, muchas expresiones a las que se les adjudicó el mismo significado que “cool” “bully”, “groovy”, “hep”, “crazy”, “bodacious”, “far-out”, “rad”, “swell” no han tenido el mismo poder de permanencia que “cool”. “Cool” es común no sólo entre los adolescentes de hoy sino también entre sus padres. Los adultos son notorios por secuestrar los manerismos idiomáticos de sus hijos, pero en estos días saber cómo hablar a ese mercado – literalmente – puede significar la diferencia entre ganancias y la bancarrota. El grupo demográfico de los adolescentes representa 170.000 millones de dólares anuales en la economía estadounidense según el Grupo Taylor, una firma de investigaciones que sigue las tendencias en el mercado juvenil. Eso puede explicar porqué tanta jerga se ha infiltrado en el uso general, ya sea en los medios de comunicación, la cultura popular o el uso diario por generaciones más viejas, de mediana edad (“stick it to the man” o venganza mezquina contra el jefe, “you rock” o eres bueno, “whatever” o lo que sea, “old school” o anticuado y “talk to the hand” o no te hago caso). La atracción inherente de la jerga, después de todo, está en la oportunidad de cada generación de darle forma a su propio léxico. El resultado es un cuerpo de lenguaje juguetón que se usa por su sentido de diversión lingüística. Sin embargo, estas palabras pueden ser ofensivas, debido a que algunas de ellas tienen una tendencia a originarse en los vicios. En efecto, sus críticos han denunciado desde hace mucho tiempo que la jerga tiene un efecto degradante en el discurso público. Pero esta acusación sólo da testimonio de su poder. Después de todo, la jerga es por definición más aguda que el inglés estándar. Es pegadiza y puede producir destellos de humor e incluso poesía. La Tercera Edición del Diccionario Universitario de Merriam-Webster (Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary) – una obra respetada que se publica desde 1898 – acudió en 1961 a las publicaciones populares para seleccionar sus palabras, en vez de consultar con un puñado de académicos, que era la manera en que históricamente se escribían los diccionarios.
La edición, que incluyó jerga por primera vez, fue calificada de “monstruosa”, “deplorable” y “un escándalo”. Hoy, sin embargo, todos los diccionarios incluyen jerga aunque no todos están felices con ello. Un movimiento conocido como “ordenancista” consistente de estudiosos que consideran que los diccionarios deben enseñar a las personas el uso apropiado del idioma, ha llegado tan lejos incluso como llamar “laxicógrafos” a sus opositores (en vez de lexicógrafos) y de acusarlos de promover el analfabetismo. Por otra parte, se llama “descriptivos” a los estudiosos que creen que cualquier lenguaje en uso debe ser incluido en los diccionarios. Estos estudiosos están más interesados en la comunicación exitosa que en el idioma apropiado, es decir, que no les importa cuales son las palabras que se usen para proyectar el lenguaje siempre que todos lo entiendan. Las generaciones de más edad pueden resistir los cambios juveniles debido a la nostalgia por los buenos tiempos viejos, o por el horror ante los malos tiempos nuevos. En realidad, sin embargo, no existe algo que sea el idioma apropiado, debido a que el lenguaje cambia continuamente con el tiempo. En las décadas de 1930 y de 1940 fue la cultura danzante del swing y del jitterbug la que inventó el lenguaje de moda del día. En la década de 1950 fueron los poetas beat y los locuaces radialstas especializados en difundir música. En la de 1960 fueron los hippies. Hoy la jerga se origina en la cultura hip hop y en la música rap. A lo cual le decimos, “¿Capiche, yo?”
Las opiniones expresadas en este artículo no relejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno de Estados Unidos. |
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