Espanglés: Speaking la lengua locaIlan Stavans
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El incremento poblacional de los latinos de Estados Unidos, que son ahora 43 millones, según las estadísticas para el año 2005 de la Oficina del Censo, crea una coyuntura en la que esta minoría forja una identidad única. El espanglés, la mezcla del inglés y el español que se utiliza indistintamente en la calle, las aulas escolares, entre políticos, desde el púlpito de la iglesia y, por supuesto, en la radio, la televisión y la Internet, es la manifestación más reveladora de esa identidad. El espanglés tiene sus raíces históricas en la época colonial de Estados Unidos, cuando la civilización ibérica dejó su huella en la Florida y en el suroeste del país. Hasta el año 1848, fecha en la que México cedió a su vecino casi dos terceras partes de su territorio (Colorado, Arizona, Nuevo México, California y Utah), el español era el idioma del comercio y de la educación. El idioma español hizo intercambios con lenguas aborígenes, pero con la llegada de los anglosajones, el inglés y el español comenzaron un proceso de hibridación. Este proceso se reforzó a finales del siglo XIX con el advenimiento de la Guerra Hispanoamericana cuando los estadounidenses llegaron a la Cuenca del Caribe trayendo consigo la lengua inglesa. Si bien el espanglés se escucha en distintos lugares del mundo hispánico, desde Cataluña, España hasta las pampas de Argentina, en Estados Unidos es donde mejor prospera. Es muy probable que se escuche hablar en el entorno rural, pero su influencia ha tenido mayor arraigo en los principales centros urbanos donde más hispanos se han asentado Los Ángeles, California; San Antonio y Houston, Texas; Chicago, Illinois; Miami, Florida y en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, no hay uno sino varios tipos de espanglés: chicano, cubano, puertorriqueño, dominicano, etc. Su uso varía de un lugar a otro y de una generación a otra. Por ejemplo, es probable que un inmigrante recién llegado de México y residente en El Paso, Texas, utilice vocablos que lo diferencian de un colombiano-americano de segunda generación que vive en el estado de Nueva Jersey en el nordeste del país.
No obstante, en términos generales, se puede decir que hay tres estrategias que son comunes a todos los hablantes del espanglés: el cambio de código, en virtud del cual se alternan elementos del español y del inglés en una misma oración; la traducción simultánea y, por último, la invención de palabras nuevas (neologismos) que no registran ni el Oxford English Dictionary ni el Diccionario de la Lengua Española. Por ejemplo, “¡Wáchale!” para significar “Watch out!” y “rufo” por “roof.” Hay muchas lenguas “fronterizas” en todo el mundo, entre ellas franglés (francés e inglés), portuñol (español y portugués) e hibriya (hebreo y árabe). Luego, no debe sorprender el que todas ellas son lenguas controvertidas. Algunos las juzgan como esfuerzos a medias de comunicación oral que no son ni una cosa ni la otra; otros las aplauden por su ingenio. El espanglés es también motivo de polémicas. Según arguyen sus críticos, el espanglés confirma que los latinos no se asimilan a la cultura estadounidense de la misma manera que lo han hecho inmigrantes anteriores. Su perspectiva es diferente. Son ya la minoría más numerosa del país. Su patrón de inmigración no corresponde al de otros grupos, debido mayormente a que su lugar de origen no está muy distante. Su corriente migratoria es incesante, a diferencia de otros grupos cuya mayoría llegó en un determinado período. A todo ello se suma que una vasta extensión de lo que hoy es Estados Unidos fue durante siglos territorio español. Por otra parte, se debe considerar también el efecto de la educación bilingüe, un programa financiado por el gobierno federal que se extendió por todo el país en la década de 1980. Los niños hispanos en edad escolar que han estudiado en el programa tienen una conexión, si bien frágil, con ambas lenguas. El efecto acumulativo de todos estos aspectos explica por qué el español no ha desaparecido, a diferencia de otras lenguas inmigrantes. Al contrario, su presencia en Estados Unidos se hace sentir cada vez más. Sin embargo, el español no existe en un estado puro y libre de toda adulteración. Más bien, sufre transmutaciones continuas y se adapta a nuevos retos.
Durante diez años me he dedicado a llevar un registro de términos en espanglés; un fenómeno que me apasiona. En 2003 publiqué un léxico de unas 6.000 palabras y traduje al espanglés el primer capítulo del Quijote de la Mancha de Cervantes. He seguido trabajando en su traducción y ya he completado la primera mitad de la novela. La curiosidad que despierta el espanglés es inmensa. ¿Es un dialecto? ¿Se le puede comparar al creole? ¿Cuáles son sus semejanzas con el inglés de los afroamericanos? ¿Se desarrollará plenamente como lengua autosuficiente y con su propia sintaxis? Los lingüistas aportan respuestas diferentes a estas interrogantes. Mi propia respuesta es una cita del lingüista Max Weinreich, autor de una historia en varios volúmenes de la lengua yiddish. Según Weinreich, la diferencia entre un idioma y un dialecto es que el primero cuenta con el apoyo de un ejército y de una armada. Y, como suelo poner de relieve, en las últimas décadas se han realizado ejercicios de redacción en espanglés en numerosos círculos, lo que significa que, como medio de comunicación, ya no es únicamente un idioma hablado. Se han escrito novelas, cuentos y poemas en espanglés, así como guiones de películas, canciones y en la Internet existe una cantidad incontable de sitios dedicados a ese tema. Uno de mis estudiantes me dice en tono jocoso que el espanglés es “la lengua loca”.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos. |
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