AGUANTAR EL HAMBREPor Tony Baranek
Los entrenadores y compañeros de equipo en un par de comunidades suburbanas cerca de Chicago toman medidas para asegurar que sus atletas musulmanes puedan observar el Ramadán. Durante las dos últimas temporadas, el equipo de fútbol norteamericano de la Escuela Secundaria Stagg, en Palos Hills, Illinois, ha recibido muchas ovaciones de sus fanáticos, que aprecian su esfuerzos. Fue el resultado natural de haberse clasificado para el campeonato estatal dos años consecutivos y haber llegado muy cerca de entrar a la ronda final. Pero el entrenador del tercer año, Tim McAlpin, dice que se sintió genuinamente conmovido por una ovación en particular. Esta, sin embargo, vino de los jugadores. Ocurrió cerca del final de la temporada regular en 2002, cuando el personal de entrenamiento congregó a los jugadores para explicarles por qué las cosas iban a ser un poco diferentes en las prácticas y antes de los juegos de ese noviembre.
Los miembros de los Chargers, que son musulmanes, iban a comenzar su mes de ayuno anual del Ramadán, durante el cual los practicantes del Islam celebran las cosas venturosas que han sucedido en sus vidas, ayunando durante las horas diurnas. Es una época particularmente difícil para los musulmanes que son atletas de escuela secundaria, grupo que está creciendo significativamente en Estados Unidos. Los partidos más importantes de la temporada deportiva de otoño tienen lugar en noviembre en el fútbol norteamericano, el voleibol femenino, la natación femenina y las carreras a campo traviesa. Pero para los atletas musulmanes no hay almuerzo o merienda después de la escuela. Presentarse a las prácticas significa hacerlo sin haber ingerido alimento alguno durante casi 10 horas. McAlpin les dijo a los jugadores de su equipo que tendrían que sacrificar unos minutos de práctica al ponerse el sol para permitir que sus compañeros musulmanes pudieran alimentarse. McAlpin dijo que "uno de los entrenadores adjuntos señaló lo impresionante que era que (los jugadores musulmanes) hicieran esto". Señaló que se trataba de su religión y que "nosotros los respetaremos por creer en eso y hacer lo que tenían que hacer". Un ambiente familiar ¿Cómo reaccionaron a esto los otros atletas? "Todo el equipo les dio una ovación de pie", relató McAlpin. "Pero aquí en Stagg tenemos una especie de atmósfera familiar. Tenemos muchas culturas diferentes aquí, todos juntos y trabajando juntos". En las finales del estado en 2002, Stagg avanzó a la rueda semifinal. Durante la campaña de las finales el jugador de línea defensiva Ahmad Abdel-Jalil ni una sola vez comió o bebió algo durante las horas del día. "Simplemente siguió jugando y jugando", se maravilló McAlpin. "Se mantuvo allí y jugó bien".
Mahmood Ghouleh, estudiante del último año de la Escuela Secundaria Reavis en la cercana Burbank, Illinois, es receptor y jugador defensivo en el equipo de fútbol norteamericano de esa escuela. Dice que celebra el Ramadán simplemente porque es parte de su religión musulmana. "Es difícil, pero uno se acostumbra", dijo Ghouleh. "Es la manera en que expresamos nuestro agradecimiento por lo que tenemos en lugar de darlo todo por descontado". En 2003 el Ramadán comenzó el 27 de octubre y continuó hasta la última semana de noviembre. Como siempre, estuvo dirigido a ser un período de reflexión mientras los musulmanes conmemoran el momento en que su libro santo, el Corán, fue revelado al profeta Mahoma en el siglo VII. Durante el Ramadán los musulmanes devotos rezan y se abstienen de comer y beber entre la salida y la puesta del sol. Ghouleh dice que los 10 miembros del equipo de fútbol de Reavis se mantuvieron firmes en sus convicciones y dispuestos a continuar su ayuno no importa cuánto avanzaran los Rams en las finales del estado. Esta convicción no es sorprendente para Kareem Irfan, presidente del Consejo de Organizaciones Islámicas del Gran Chicago. Uno de los cinco pilares "Esta es una obligación fundamental del musulmán", dijo Irfan. "El ayuno es uno de los cinco pilares, y uno no puede decir que es musulmán si no ayuna. Los jóvenes saben eso. Se dan cuenta de que para hacer justicia a su nombre de musulmanes, tienen que hacer esto con convicción". "Para los atletas, también les ayuda tener buenos ejemplos", continuó Irfan. "Tuvimos atletas profesionales como (el astro del baloncesto) Kareem Abdul-Jabbar. Akeem Olajuwon (otro astro del baloncesto) fue ejemplo destacado para los jóvenes. Jugó los partidos [de su liga] sin abandonar el ayuno". "Ejemplos como estos son una inspiración. Sé que mi hija (jugadora de baloncesto en la escuela secundaria) se siente inspirada al ver ayunar a alguien como ellos, con ese alto nivel de profesionalismo, que todavía adhieren a los preceptos fundamentales del Islam y que pueden mantener ese nivel". Ghouleh es un vigoroso receptor y jugador defensivo, de 1,85 metros y 73 kilos, que juega mucho tiempo cada semana en los partidos de la escuela Reavis. "Mo anda muy bien (físicamente)", dijo su entrenador Jim McDonough. "En efecto, todos nuestros jóvenes musulmanes parecen andar muy bien. Son muchachos muy recios. Además, en esta época [cuando las temperaturas son más bajas] las prácticas no son tan exigentes físicamente como lo son más temprano en el año". No obstante, todavía puede haber complicaciones debido al ayuno durante períodos tan extensos, tanto para los atletas como para quienes no lo son. La más grave es el achicamiento natural del estómago. "Uno no tiene realmente mucha hambre después de un tiempo", dijo Ghouleh. "Uno verdaderamente se siente con mucha hambre, pero una vez que comienza a comer se siente satisfecho de inmediato. Incluso después de haber terminado el ayuno lleva como un mes volver a normalizarse". Red de apoyo Sin embargo, dice Irfan, el adolescente musulmán promedio está bien equipado para manejar los rigores del ayuno. Desde que tiene alrededor de 8 años, los niños musulmanes comienzan a ayunar de a poco, aumentando su resistencia gradualmente antes de participar plenamente en el Ramadán cuando llegan a la pubertad. "Y cuando participan activamente en deportes", explicó Irfan, "hay una red de apoyo que se crea en torno al musulmán que ayuna. En la casa los padres se preocupan por asegurar que sus hijos reciban nutrición adecuada. Y luego, durante las actividades, los atletas saben cómo marcar su ritmo". Ghouleh trata de minimizar los efectos del ayuno desde el amanecer hasta el anochecer comiendo un buen desayuno. "Le digo a mi mamá que me despierte antes de la salida del sol", dijo. "Me despierta alrededor de las 4 de la mañana. Como un tazón de cereales o panqueques y vuelvo a la cama hasta que es hora de levantarse para ir a la escuela". Soad Halim, alumna de último año de Stagg y miembro del equipo de voleibol femenino, también es adepta a una comida muy temprano junto con su hermana más joven, Sanabel. "Nosotros también hacemos eso", dijo, "es el desayuno regular que prepara mi mamá. Lo comemos y volvemos a dormir. Eso nos ayuda durante el día". Los entrenadores de fútbol norteamericano McAlpin en Stagg y McDonough en Reavis hacen su parte para respetar las creencias de los jugadores musulmanes mediante ajustes en sus prácticas y rutinas previas a los partidos. "Deben rezar sus plegarias en ciertos momentos", dijo McAlpin. "Lo que hacemos es salir a practicar, ellos se apartan y rezan sus oraciones durante unos seis minutos. Esperamos hasta que terminan y luego reiniciamos nuestra práctica. Luego, cuando está por comenzar a caer el sol, les digo: `Cuando tengan que detenerse para comer o para rezar, háganlo. Salgan, coman o recen. No hay problema. Nosotros seguiremos y cuando ustedes vuelvan, háganlo donde estaban'. Y ellos fueron realmente buenos para hacerlo solos". Ghouleh lleva con él a la práctica una pequeña cantidad de comida, una manzana o un sándwich. Los jugadores comienzan sus rutinas a las 3:15 de la tarde y practican hasta poco después de la caída del sol, cuando McDonough hace sonar el silbato y saca a los jugadores del campo durante unos 15 minutos. "Le damos un descanso a todo el equipo. No hay ninguna clase de problemas", observó el entrenador. "Creo que es una experiencia excelente para que todos los muchachos vean algunas de las otras cosas que hay en la vida". La entrenadora de voleibol femenino de Stagg, Colleen Hyland, también hace un alto en las prácticas de su equipo para que las hermanas Halim puedan comer algo alrededor de las 5 de la tarde. "Algunas veces mis compañeras de equipo me traen cosas, me dan rosquillas secas o sándwiches de manteca de maní y gelatina", dijo Soad Halim. "Son un gran apoyo. La mayoría de ellas son mis amigas desde que íbamos al jardín de infantes, de manera que lo saben todo (sobre el Ramadán). Hubo una chica, sin embargo, que no era musulmana y trató de hacerlo y dijo que era muy difícil. ¡Duró apenas dos días!". Invitación a una fiesta A mediados del otoño de 2003, el equipo de fútbol de Reavis compitió en su primera serie de finales desde 1995. Si el partido hubiera empezado al comienzo de la tarde, Ghouleh y sus compañeros musulmanes habrían tenido que jugar sin haber comido durante más de siete horas. En realidad, cuando comenzaron a calentarse a las 4:30 de la tarde, ya llevaban casi 11 horas sin probar comida o agua. Poco después de que se puso el sol, alrededor de una hora después, el entrenador McDonough suspendió los ejercicios y el director atlético de la escuela, Tim Smith, invitó a los jugadores musulmanes a una fiesta. "Nos trajo sándwiches", dijo Ghouleh. "Todos los jugadores [musulmanes] entramos y comimos. Luego, después de unos pocos minutos, volvimos a salir y continuamos [nuestro calentamiento] previo al partido. No comimos con exceso. Sabíamos que teníamos que jugar un partido. Comí la mitad de un sándwich y guardé la otra mitad para después del partido". Por cierto, saboreó después la segunda mitad del sándwich, pero no tanto como saboreó la victoria que llevó a su equipo al peldaño siguiente del campeonato. Tony Baranek cubre deportes de escuela secundaria para The Daily Southtown, un periódico suburbano con sede en Tinley Park, Illinois, cerca de Chicago. Reimpreso con permiso de The Daily Southtown. Copyright © 2003 Mid-West Suburban Publishing, Inc. Se usa con permiso.
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