ORGULLO EN LAS PRADERAS

Por Chuck Offenburger

Thin green line

El baloncesto femenino es, sin disputa, más popular y está más difundido en Iowa que en ninguna otra parte de Estados Unidos. El autor explora las raíces del fenómeno deportivo, que tiene una antigüedad de 85 años, el programa más antiguo de su clase, y lo que ha significado para la identidad y la cultura de este estado agrícola del Medio Oeste.

En el estado de Iowa, en el corazón de Norteamérica, el baloncesto que juegan las estudiantes de secundaria es algo grande – realmente grande.

Es lo bastante grande como para que cuando el equipo femenino en una población como la pequeña Rock Valley (2.838 habitantes), en el extremo noroeste de Iowa, cualifica para el torneo estatal, se cierren escuelas y negocios. Se contratan autobuses y la mitad de la población del pueblo irá a sentarse en el Veteran Memorial Auditorium en Des Moines, la ciudad capital, cuando sus muchachas salgan a correr por la cancha.

Rock Valley town sign

Partidos de escuela secundaria en la zona rural de Iowa.
(Chuck Offenburger)

El viaje de Rock Valley a Des Moines, ida solamente, lleva cuatro horas y media. Si las chicas siguen ganando y juegan por el campeonato, sus fanáticos harán tres viajes a la capital del estado. Y el equipo escolar ha ganado tres campeonatos estatales consecutivos reservados a las escuelas pequeñas, de modo que los fanáticos de Rock Valley han recorrido un buen trecho de camino.

"Es increíble la cantidad de dinero que se gasta cuando estamos en el torneo estatal", dice Preston Kooima, directora técnica de Rock Valley. "Algunas veces pienso que deberíamos tratar de aplicar algún tipo de 'impuesto especial del Condado de Sioux' al dinero que nuestros fanáticos gastan en Des Moines en lugar de hacerlo aquí"

Como ellos dicen, todo el mundo quiere "ir al torneo estatal"

Washington, población de 7.047 habitantes situada en el sudeste de Iowa, ganó tres campeonatos consecutivos de Clase 3A entre 1999 y 2001. Stephanie Rich, que ahora ha ido a jugar por la Universidad de Wisconsin, encabezó el equipo.

Mientras estudiaba en la escuela secundaria en Washington, Rich trabajó como recepcionista en un hogar local para ancianos, en conexión con el programa de adiestramiento laboral de la escuela. Llegó a conocer a todos en el hogar. En su último año, mientras calentaba los músculos antes de un partido estatal en Des Moines, quedó estupefacta al ver, entre la fanaticada de Washington, a los residentes del hogar que habían llegado en un pequeño autobús, luciendo camisetas especiales que decían "Halcyon House" en el frente y, en la espalda "¡Estamos con Steph!"

La fanaticada de los equipos de las principales escuelas de Iowa también es grande. Los fanáticos de Ankeny, suburbio de 27.117 residentes justo al norte de Des Moines, han visto a su equipo de escuela secundaria ganar cuatro campeonatos estatales de Clase 4A en los últimos siete años. Ankeny estableció un record insuperado de ventas anticipadas de entradas por parte de una escuela, en un solo partido de torneo estatal: 1.946 en 2002; la cifra no incluye unos cuantos centenares de entradas más que los fanáticos de Ankeny compraron probablemente en la puerta de la cancha.

¡Ah, qué demostración!

Alrededor de 80.000 personas se agrupan en las tribunas durante la semana de los partidos por el campeonato, que empieza con juegos a media mañana del lunes y termina tarde en la noche del sábado. El viernes y el sábado por la noche habrá allí 10.000 fanáticos para ver los partidos de campeonato en cada una de las cuatro clases. En la mayoría de los años, el torneo estatal femenino atrae más fanáticos que el torneo de varones, que se juega una semana después.

Values of the Game, 1998

Hairline rule

"Una parte de la belleza y misterio del baloncesto se debe a la variedad de los requerimientos del equipo. Los campeonatos no se ganan a menos que un equipo logre tener un grado alto de unidad, alcanzable únicamente mediante la abnegación de cada uno de sus jugadores. Es en los movimientos que el no iniciado muchas veces no ve, donde el deporte tiene sus corrientes más hondas: la defensa perfecta, el movimiento con propósito lejos de la pelota, la compartimentación bien ejecutada, el pase desviado. Las estadísticas no siempre miden la labor de equipo; el impedir que el jugador que se bloquea se apunte tantos no aparece en las estadísticas".

Del otrora senador de Estados Unidos (de New Jersey)y jugador profesional de baloncesto Bill Bradley

El torneo femenino es un festival de Iowa, "una reunión de clan", escribió una vez el ex columnista del Des Moines Register, Donald Kaul. Los dos senadores federales por Iowa, el republicano Charles Grassley y el demócrata Tom Harkin, asistirán casi con seguridad, como también lo harán uno o dos congresistas de Iowa, el gobernador del estado y otros altos funcionarios del gobierno estatal.

Una red de televisión transmite los partidos de campeonato a todo el estado, y los lleva a seis estados vecinos. Más de 100 estaciones de radio cubrirán por lo menos un partido durante la semana del torneo estatal; en ocasiones hasta cinco estaciones transmiten el mismo juego. Algunas de las estaciones colocan ahora sus transmisiones en la Internet, de modo que los ex alumnos desparramados por todo el mundo pueden escuchar el gran partido de su alma mater en su estado natal.

Un boato increíble acompaña el torneo estatal femenino. Hay bandas de escuela secundaria para cada partido, coros que cantan el himno nacional, equipos gimnásticos de muchachas y muchachos que ofrecen representaciones en los descansos y, los sábados por la noche, una "Celebración de Patriotismo" rubricada con ondear de banderas. Un grupo de muchachos de escuela secundaria de Des Moines, vestidos de etiqueta, se alinea escoba en mano y, al apagarse las luces de la cancha mientras los reflectores se enfocan sobre ellos, barren la cancha durante los partidos de campeonato, en tanto que la banda toca "Satin Doll", una vieja favorita. En la multitud, las chicas gritan de alegría.

La mayor parte de toda esa diversión fue idea de E. Wayne Cooley, ahora en los 81 años, que se jubiló en 2002, después de casi 50 años al frente de la Unión Atlética de Estudiantes Femeninas de Secundaria de Iowa, que rige el deporte femenino en el estado.

Cooley y su jefe de producción, Bob Scarpino, un ex productor de televisión, habían "aprendido que es tan importante – tal vez más importante – vender el chirrido que hace el bistec al asarse, que vender el bistec mismo", como dice Scarpino. Si un partido no resulta tan bueno, bien, el entretenimiento todavía hará que los fanáticos se sientan contentos de haber comprado entradas.

En el torneo estatal de 2003, que involucró a unos 480 jugadores de baloncesto de 32 equipos, el "chirrido" incluyó a 2.178 cantantes, bailarines y otros ejecutantes, como así también fuegos artificiales. Este año habrá un agregado, una pantalla a colores donde se reproducirán escenas en vivo de fanáticos y de la acción en el terreno de juego, tomadas por tres cámaras situadas en torno a la cancha.

Un maravilloso tipo de pegamento

Pero lo que podría ser el hecho más insólito del baloncesto femenino en Iowa es que los torneos estatales se han venido jugando durante 85 años, a partir de 1920. Y dos décadas antes había algunos equipos que echaban las semillas del deporte en Dubuque, Ottumwa, Muscatine, Davenport y otras ciudades del este de Iowa.

En 2002, cuando escribí una historia de los deportes de las estudiantes de secundaria en Iowa, observé que el baloncesto a servido como "un maravilloso tipo de pegamento que une generaciones de mujeres en el estado – bisabuelas, abuelas, madres e hijas que han jugado, ganado, perdido y aprendido con él". En ningún otro estado se han organizado partidos y torneos femeninos de alcance estatal durante cuatro generaciones, que ahora empiezan a ser cinco. ¿Por qué el baloncesto femenino floreció en Iowa tan temprano y tan plenamente?

La mayoría de los que ha ahondado en los primeros tiempos de la historia del juego concluyen que los inmigrantres que llegaron de Europa para establecerse en Iowa apreciaban realmente la buena condición física. Las muchachas conocían el trabajo duro en las granjas y en empleos relacionados con la primitiva minería del carbón en Iowa. Y era relativamente barato clavar en un árbol o en la pared de un establo el aro de una bolsa de medir grano, y empezar un partido de baloncesto. Esos juegos se convirtieron en una de las principales formas de diversión local en comunidades remotas y pequeñas donde no había mucho más que hacer.

En Iowa, una superestrella del baloncesto es a veces más famosa que los mejores jugadores de fútbol norteamericano de la Universidad de Iowa y la Universidad Estatal de Iowa. En los pueblecitos de donde proceden dos superestrellas que anotaron un promedio superior a los 60 puntos por partido, Lynne Lorenzen, de Ventura, a fines de la década de los 80, y Denise Long, de Whitten, a fines de la década de los 60, hay parques que llevan sus nombres.

"En Iowa, poner en alto los colores de su pueblo natal, confiere gloria que dura toda una vida", escribió en 1989 Kevin Cook, corresponsal de Sports Illustrated, en una crónica sobre el torneo de baloncesto estatal. "En Iowa, los maridos de edad madura se sientan en torno a la chimenea para recordar las proezas de sus esposas debajo del aro".

Hace años, todas las escuelas jugaban dentro de una misma clase, y sólo 16 calificaban para las "Dulces Dieciéis", las finales estatales. Ahora, con el torneo dividido en cuatro clases, más chicas llegan a la experiencia de jugar en el torneo estatal.

Pero el cambio más importante de todos comenzó a mediados de la década de los 80, cuando empezó en Iowa el "juego de cinco muchachas". Es el tipo de juego que se conoce hoy en la mayor parte del mundo, con una cancha de tamaño regular y reglas muy similares a las del baloncesto masculino.

No más equipos de seis jugadoras

El deporte sobre el que Iowa construyó su reputación y su enorme fanaticada del baloncesto femenino fueron los "equipos de seis jugadoras". Tres chicas eran "defensoras" que jugaban sólo a la defensiva y se mantenían en una de las mitades de la cancha. Sus tres compañeras de equipo eran "delanteras", que hacían todos los tiros y todos los tantos en el otro extremo de la cancha. Los pases eran precisos, el ritmo de juego podía ser frenético y las anotaciones podían entusiasmar hasta la locura. En lo que generalmente se consideró el mejor partido entre equipos femeninos jugado alguna vez en Iowa, el equipo de Long de Union-Whitten derrotó al de Everly 113 a 107 en tiempo adicional, en el campeonato estatal de 1968.

teenage basketball player

En Iowa, el deporte tiene un sólo nombre: baloncesto entre muchachas de escuela secundaria.
(Al Barcheski/Iowa Girls High School Athletic Union)

Pero al querido y viejo juego entre equipos de seis muchachas se le iba acabando el tiempo. Había crecido en pequeñas escuelas y pequeñas poblaciones de Iowa, donde se acomodaba bien. Entre tanto, las escuelas más grandes de Iowa habían abandonado el baloncesto femenino en la década de los 20, cuando se argumentó que era "inapropiado" que las chicas compitieran en deportes frente a un público que incluía a hombres.

Esas grandes escuelas comenzaron a incorporar muchachas a los deportes, incluso el baloncesto, luego de la aprobación del Capítulo IX de la ley del gobierno federal que ordenaba iguales oportunidades para los atletas de ambos sexos. La mayoría optó por los equipos de cinco jugadoras. En 1985, el torneo estatal se jugó en dos divisiones, una para equipos de cinco muchachas, y otra para los equipos tradicionales de seis. Pero cada vez más escuelas, incluso las pequeñas, comenzaron a optar por los equipos de cinco muchachas, y así fue que el último campeonato entre equipos de seis jugadoras se disputó en 1993.

Troy Dannen, de 37 años, que sucedió a E. Wayne Cooley como administrador de la Unión de Muchachas, dice que, no importa las sutiles diferencias que hay entre los partidos de seis jugadoras y los de cinco, el factor importante que hay que recordar es que las chicas han "jugado siempre para sus escuelas, sus comunidades y por el orgullo de jugar". El éxito de cualquier equipo de escuela secundaria en las competencias a nivel estatal "es todavía la ventana que se abre sobre esas comunidades para que todo el estado las observe", agregó Dannen. "Ahora mismo, cuando uno le dice a alguien en Iowa "Rock Valley, la gente siente que conoce a la población por el baloncesto femenino".

En realidad, dijo Sonia Remmerde, de 47 años, "creo que los campeonatos pusieron a Rock Valley en el mapa, lo cual es regocijante". Sonia y su marido Lyle, de 46 años, son los padres de Deb Remmerde, que llevó a Rock Valley a un récord de 107 victorias y sólo cuatro derrotas en sus cuatro años de juego. Deb es ahora una estudiante de primer año que juega en la Universidad de Iowa. La hermana menor de Deb, Karin, es una estudiante de tercer año de secundaria que se espera figure otra vez este año en la alineación de Rock Valley.

Cuando el hijo de los Remmerde, Pablo, que ahora tiene 21 años, empezó a jugar en la escuela secundaria, junto con Deb, Karin y la pequeña Annie, que ahora tiene 13 años, todos juntos decidieron construir una cancha de baloncesto de primera clase en la mitad occidental del taller de maquinaria agrícola que operan. El edificio de acero se levanta justo en medio de un extenso establecimiento agrícola que incluye alrededor de 3.000 cabezas de ganado, 2.000 cerdos y más de 200 hectáreas de maíz y soja.

La cancha, de 15 metros por 15, tiene dos canastos con tableros de fibra de vidrio, un tanteador de verdad sobre una pared, luz fluorescente y un sistema de calefacción por rayos infarrojos. Ahora es rara la tarde en que algunos de los chicos de Rock Valley – muchachas y muchachos – no estén en "el Taller", como todos lo llaman, allí en la granja de los Remmerde, ensayando emboques o jugando partidos entre equipos seleccionados por los propios participantes.

Tom Van Maanen, de 35 años, administrador de la ciudad, dice que el baloncesto "une a todos en una pequeña comunidad como esta. Aporta una cantidad de entusiasmo y una tonelada de orgullo a la comunidad. Y para nosotros es incluso un poquito más especial porque, durante muchos años, nuestras chicas no jugaban realmente muy bien".

La directora técnica Preston Kooima, de 34 años, que lleva ocho años dirigiendo a Rock Valley, dice que los éxitos del equipo parecen tener un efecto positivo en casi todo dentro de la escuela.

"Quizás no debería ser así, pero así es; cuando una gana, el éxito parece correr por todos estos pasillos", dijo. "Hay más entusiasmo por todo. Hay más orgullo. Todos parecen trabajar con más empeño".

Amigas y lecciones para toda la vida

Gert Jonker, de 69 años, prima de la directora técnica Kooima, dijo: "Jugué baloncesto para Rock Valley de 1948 a 1951, y en mi último año de escuela secundaria salimos derrotadas en tiempo adicional, de otro modo hubiéramos llegado al torneo estatal".

"Le he dicho a Preston que estas muchachas que dirige ahora serán buenas amigas el resto de sus vidas. Hasta hoy, esas chicas con las que he jugado son todavía mis buenas amigas".

Dice Jonker que el baloncesto "definitivamente, les da a las muchachas confianza en sí mismas, y muchas de ellas la necesitan. Les enseña cómo llevarse bien con un grupo de gente y cómo divertirse en grupo. Y le enseña a una cómo fijarse normas elevadas para sí misma, y enseña espíritu deportivo. Todas cosas que lo ayudarán a una, no importa lo que siga haciendo".

Chuck Offenburger es un ex columnista del Des Moines Register, que ahora vive en Storm Lake, Iowa, y escribe para el sitio en la Internet www.Offenburger.com. En 2002 escribió E. Wayne Cooley y las muchachas de Iowa, homenaje al mejor programa deportivo femenino de escuela secundaria en la nación, libro que relata la historia del programa de deportes femeninos en Iowa y la vida del ejecutivo que lo dirigió durante 48 años. Puede obtenerse en la Unión Atlética de las Estudiantes de Secundaria de Iowa, en www.ighsau.org

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