LOS DEPORTES Y
LA ECONOMIA

Conversación con Andrew Zimbalist

Thin green line

Andrew Zimbalist, profesor de Economía en el Smith College de Northampton, Massachusetts, es analista de tendencias y temas económicos en los deportes norteamericanos. Es autor de varios libros sobre economía del deporte, entre ellos, de los más recientes, May the Best Man Win: Baseball Economics and Public Policy (en colaboración con Bob Costas). En este diálogo con Michael J. Bandler, Zimbalist discute la dinámica económica de los deportes en Norteamérica -- mayormente a nivel profesional, pero también a nivel de universidades y comunidades -- ofreciendo comparaciones y contrastes con la economía en general y disipando, tal vez, unos cuantos mitos.

PREGUNTA: Dada la importancia de la libre empresa en la sociedad norteamericana, ¿cuán significativa es la porción de la economía estadounidense que representa el sector de los deportes?

RESPUESTA: Antes que nada, si nos referimos a las cuatro grandes ligas deportivas (profesionales) ?? baloncesto, fútbol norteamericano, béisbol y hockey ??, en conjunto tienen, probablemente, ingresos del orden de los 10.000 a 15.000 millones de dólares, en una economía que llega en tamaño casi a los 15 billones. Si se empieza a sumar algunos de los otros eventos fuera de la órbita de esas cuatro ?? golf, NASCAR (carreras de autos), deportes de colegios universitarios ?? la cifra se duplica hasta llegar a cerca de 30.000 millones de dólares. De modo que, de acuerdo con uno u otro cómputo, es una parte muy pequeña del producto económico de Estados Unidos.

P: Hablemos un momento del impacto de los deportes en las economías regionales y locales. ¿Cómo han alterado los deportes el desarrollo social de las comunidades?

R: La investigación económica independiente que se ha hecho en torno a la pregunta de si los equipos e instalaciones deportivas tienen un impacto económico en un sector determinado, se ha encontrado, de modo uniforme, que no hay un impacto positivo. Al contar con un equipo deportivo o un nuevo estadio o campo de juego, no se aumenta el nivel del ingreso per cápita, y no se aumenta el nivel de empleo. No hay un beneficio de desarrollo económico directo.

P: Sin embargo, en años recientes las ciudades han venido siguiendo la tendencia de construir nuevos estadios y campos de juego en el centro de la comunidad, y demoler esas instalaciones que parecen cortadas con molde, alineadas a lo largo de las autopistas. A alguien que no fuera un experto le parecería que hay una conexión económica.

R: Bueno, a alguien que no sea experto le podría parecer así, pero sigue siendo falso. Uno puede fácilmente explicar el interés en tener equipos deportivos profesionales como algo de naturaleza primordialmente social y cultural. La gente, en Norteamérica y en otros países, por cierto que disfruta con los deportes y los aprecia. Una de las cosas maravillosas de tener un equipo deportivo en su comunidad es que galvaniza a todos para que realmente tengan una experiencia de sí mismos como comunidad. Les da una identidad. Ese tipo de expresión de entusiasmo y unidad es un aspecto de la experiencia comunitaria que ha menudo no se tiene en la sociedad moderna, que es tan automatizada e individualizada debido a cosas como el automóvil y la televisión. Le ofrece a la gente una experiencia muy especial ?? o, por lo menos, puede ofrecerla.

Artículo publicado en la revista New Yorker, 1960

Hairline rule

"Fenway Park, en Boston, es un pequeño y lírico estadio de béisbol. Todo está pintado de verde... nítidamente enfocado como el interior de un huevo de Pascua anticuado. Construido en 1912, y reconstruído en 1934, presenta, igual que la mayoría de los artefactos en Boston, un compromiso entre las exactitudes euclideanas del hombre y las seductoras irregularidades de la naturaleza".

Del novelista John Updike

Decir que no beneficia la economía no es lo mismo que decir que no tiene ningún valor. Por cierto que no estoy sosteniendo eso. Los deportes tienen, potencialmente, una función muy importante que desempeñar, y esa es la razón por la que mucha gente los apoya. Otra razón es que hay intereses económicos, en particular intereses privados, que se benefician al tener un equipo o un estadio nuevo. Pienso, por cierto, en las compañías de construcciones, los contratistas generales, las firmas de arquitectos, los banqueros de inversión que colocan los bonos para financiar nuevos estadios, los abogados que trabajan para los banqueros de inversión, tal vez los intereses de restaurantes y hoteles. Y, por supuesto, está el dueño del equipo.

Como se sabe, las ciudades trazan parques y construyen teatros de ópera no porque piensen que van a generar un ingreso per cápita más alto, sino porque es una forma de enriquecimiento social y cultural.

Camden Yard

El béisbol regresa al corazón
de la zona céntrica de las ciudades estadounidenses:
el estadio Camdem Yards, en Baltimore.
(Getty Images)

P: La economía del deporte, ¿difiere de otros sectores económicos claves en la manera en que opera el mercado?

R: Muchísimo. Hay una diferencia fundamental, si uno se fija en los equipos deportivos. Para que una liga de equipos deportivos tenga éxito -- y los fanáticos extranjeros reconocerán esto sin vacilar -- es necesario tener una cierta cantidad de equilibrio entre los equipos, una cierta cantidad de incertidumbre en torno a quién ganará un partido en particular, quien ganará un campeonato en particular. Si no hay incertidumbre, los fanáticos pierden interés.

Esta es la diferencia con cualquier otra industria en una economía capitalista. No es necesario que Toyota y General Motors y Ford y Chrysler sean relativamente iguales entre sí para poder comprar un buen automóvil. Se necesita un cierto nivel de competencia, pero eso no significa que sean necesarias cuatro compañías de fabricantes de automóviles en la misma posición; no significa necesariamente que se necesiten cuatro compañías fabricantes de automóviles. La Chrysler Corporation se sentiría perfectamente feliz si la GM dejara el negocio. Los Yanquis de Nueva York no van a sentirse perfectamente felices si los Medias Rojas de Boston o los Mets de Nueva York dejan el negocio. Estos son equipos que necesitan unos de otros para producir. Si los Yanquis jugaran todo el día partidos entre equipos formados por ellos mismos, los fanáticos perderían también interés en eso. De modo que este es un producto que se produce en conjunto. En una industria normal, la producción conjunta se consideraría colusión, y no se la permitiría. De modo que las ligas deportivas tienen este elemento extra.

P: ¿Qué se puede decir del impacto del sector laboral en el sector deportivo?

R: Esa es una pregunta interesante -- los mercados del trabajo y las frecuentes perturbaciones que hemos sufrido en Estados Unidos como resultado de cierres patronales o huelgas. El problema es que los sindicatos obreros dicen que quieren tener mercados libres, y que la mejor manera de determinar cuánto vale Barry Bonds (reconocido como el jugador más valioso de los Gigantes de San Francisco en 2003), o la mejor manera de determinar cuánto valía (el ex jugador de baloncesto profesional) Michael Jordan, es dejar que lo diga el mercado. Dejemos que los diferentes empleadores compitan para contratar a estos tipos y veamos cuánto los valoran los empleadores y qué es lo que alguien debería recibir como paga. Todo está muy bien, salvo que si uno está en una liga en la que se supone que los diferentes equipos no están en igualdad de condiciones en su fuerza competitiva, pero bastante para...

P:... para crear un drama o una situación de suspenso por razones de interés.

R: Precisamente. Entonces se puede presentar una situación en la que uno de los dequipos de la ciudad de Nueva York, que se beneficia de un mercado mediático de 7,4 millones de familias, compite con un equipo de béisbol o baloncesto de Milwaukee (Wisconsin), con un mercado mediático de menos de un millón de familias, o un equipo de fútbol norteamericano de Green Bay (Wisconsin), con un mercado mediático de 100.000 familias. Si uno dice "dejemos que los Cerveceros de Milwaukee y los Yanquis de Nueva York (dos equipos de béisbol de grandes ligas) vayan al mismo mercado laboral a contratar un jugador, y dejemos que compitan, tal como la GM y la Ford competirían para contratar a un ejecutivo", el problema es que si los Yanquis contratan a un jardinero centro estelar que logra 40 jonrones en una temporada y tiene un promedio de bateo de .320, en Nueva York esa persona podría generar de 20 a 30 millones de dólares en valor. En Milwaukee, esa persona podría generar cinco o diez millones.

De modo que lo que ocurre es que los equipos de mercados grandes obtendrán desproporcionadamente muchos más de los buenos jugadores, y habrá un desequilibrio entre los equipos. Eso produce la tensión en torno a la clase de mercado laboral que uno realmente debería tener. Los sindicatos de jugadores quieren mercados laborales libres, y los dueños dicen que eso no funciona, que sacaría del negocio a una cantidad de equipos y, que en realidad, perjudicaría a la liga, porque ya no habría un equilibrio competitivo.

Entonces, los dueños empiezan a buscar mecanismos para contener los costos y hacer que todos experimenten costos similares y para ofrecer alguna paridad entre los equipos, en términos de fuerza competitiva. Se hablará de topes (máximos) salariales, de impuesto al lujo, o de participación en los ingresos. Es todo un dilema, toda una tensión, lo que hay en las ligas deportivas, pero no de una manera similar a las otras industrias.

P: En otros países, con bastante frecuencia los muchachitos ingresan en clubes que funcionan después de clase para intervenir en actividades atléticas organizadas. En este país, las escuelas, a todos los niveles educativos, tienen equipos como parte integral de su composición. Y las ligas se organizan dentro de la estructura del sistema escolar o universitario. En Estados Unidos, ¿desempeñan las consideraciones económicas un papel en el atletismo escolar?

R: Esta es una cuestión complicada. Un aspecto del que es interesante hablar es el de por qué los colegios universitarios se involucran tanto en los deportes grandes. Mucha gente da por sentado que la razón de que se involucren es que las escuelas ganan mucho dinero con estos programas. La realidad es que entre las 970 escuelas, o cosa así, que pertenecen a la Asociación Nacional de Atletismo Colegial (la NCAA, el grupo que regula los programas deportivos de las universidades), podría haber una media docena -- tal vez diez -- escuelas que actualmente obtienen un superávit de sus programas atléticos. Todas las demás tienen déficits, y por lo común son apreciables, de varios millones de dólares. Lo que impulsa los deportes colegiales es diferente. Ante todo, uno tiene a la propia NCAA, que históricamente ha sido un sindicato de directores atléticos y directores técnicos. Quieren que los deportes colegiales crezcan. Quieren nuevos estadios. Quieren que sus equipos sean más competitivos. Pero también hay promotores en las comunidades locales, gente de las empresas locales que contribuye de varias maneras. Para las universidades es muy importante mantener buenas relaciones con la gente de la comunidad. Luego están los ex alumnos, interesados en darle seguimiento a las universidades a través de sus equipos; los estudiantes, que están involucrados en los deportes; y, muy a menudo, los síndicos, o miembros de las legislaturas estatales, que quieren que a los equipos deportivos de sus escuelas les vaya bien. De modo que en torno al esfuerzo deportivo evoluciona toda una cultura de competencia. Eso es diferente de decir que se trata de un tipo de plan calculado para generar ingresos.

Cuando uno se detiene a pensar en los programas atléticos universitarios, no se trata de compañías de propiedad privada con accionistas que exigen dividendos anuales, crecimiento accionario, ganancias de capital. Si uno no tiene un electorado que exija un rendimiento económico, bueno, si un director atlético preside un equipo exitoso y siente que puede conseguir cuatro millones de dólares extra de la participación de su equipo en el campeonato, dirá inmediatamente: "este es un buen momento para construir una nueva instalación de entrenamiento, un nuevo centro para la buena preparación física, una nueva instalación de instrucción deportiva, o para gastar más dinero en el reclutamiento".

P: El desarrollo embriónico de los deportes más nuevos -- el balónvolea de playa, el softbol femenino, los deportes extremados -- muchos de los cuales vemos que asoman ahora a la superficie en la televisión norteamericana -- ¿ha tenido un incentivo económico?

R: Eso tiene una mayor relación con la revolución de las telecomunicaciones y el surgimiento del cable digital, la capacidad tecnológica de colocar en la televisión 50, 100, 200, 300 canales. Cada uno de estos canales necesita que lo llenen. Estas diferentes actividades generan muy poco ingreso.

P: En este país no tenemos un ministerio del deporte, ninguna fundación nacional del deporte, como las tenemos para las artes y las humanidades. ¿Cuáles son los pro y contra del subsidio gubernamental de los deportes, y en qué medida lo vemos aquí?

R: Bueno, hay una cantidad de subsidio y preferencias impositivas. A nivel local, hay financiamiento para cosas como los estadios. A nivel nacional, hay exenciones impositivas para las localidades, para los municipios cuando emiten bonos para construir estadios. Para el deporte colegial hay varias clases de programas de becas que van directa o indirectamente a los atletas. Eso, también, involucra fondos públicos. Pero en términos de un ministerio controlador, no lo tenemos, tal como existe en otras partes del mundo. En mi opinión, pensar en crear uno no es una idea totalmente mala. No es totalmente malo pensar en normas aplicadas no por la gente que, en último término, se ve afectada por ellas, sino por observadores no interesados. Hay mucha justificación potencial, se me ocurre, para algún tipo de supervisión pública, pero en Estados Unidos la ideología no lleva fácilmente hacia ese tipo de actividad.

P: ¿Cuáles son las desventajas de los controles gubernamentales?

R: En verdad, siempre es posible que cuando se agrega el gobierno a la ecuación, se inviten ciertas formas de corrupción y conducta impropia -- por ejemplo, que los regulados se conviertan en reguladores -- y no se conseguiría nada muy efectivo. Pero esto no tiene que pasar necesariamente.

P: En resumen, ¿contribuyen los deportes a que haya comunidades económicamente más sanas, más viables?

R: No creo que los deportes contribuyan a la viabilidad económica de una comunidad. Los deportes ofrecen una forma de entretenimiento, participación e identidad en la comunidad, y eso puede ser muy positivo.

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