George Washington presta juramento al asumir el cargo como primer presidente de Estados Unidos en 1789. Aun cuando Washington no confiaba en las facciones políticas, los partidos populares empezaron a progresar durante su presidencia.
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La nominación del candidato presidencial
La Constitución de Estados Unidos no especifica las reglas que deben seguir los partidos para designar a sus candidatos a la presidencia. Como ya se dijo, en la época en que la Constitución fue elaborada y ratificada, a fines del siglo XVIII, no había partidos políticos y a los fundadores de la república no les interesaba prescribir procedimientos para esas instituciones.
A partir de 1796, los miembros del Congreso de la nación que se identifican con algún partido político de su época se reúnen informalmente con el fin de seleccionar a los candidatos de su partido para la presidencia y la vicepresidencia. Conocido como “King Caucus”, este sistema para la selección de candidatos de partidos se usó por casi 30 años, pero en 1824 cayó en desuso, víctima de la descentralización de poderes según la política que acompañó a la expansión del país hacia el oeste.
A la postre, el King Caucus fue sustituido por las convenciones nacionales de nominación como medio para escoger a los candidatos de los partidos. En 1831 un partido menor, el Partido Antimasón, se reunió en una taberna de la ciudad de Baltimore, Maryland, para escoger a sus candidatos y redactar una plataforma con la cual contender. Al año siguiente los demócratas se reunieron en la misma taberna para seleccionar a sus candidatos. Desde entonces, los partidos grandes y la mayoría de los pequeños celebran convenciones nacionales de nominación a las que concurren delegados estatales para escoger candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia, y para ponerse de acuerdo en sus posiciones políticas.
El advenimiento de la televisión
Durante todo el siglo XIX y aun en el XX, las convenciones de nominación de candidatos presidenciales eran controladas por los dirigentes de los partidos en los estados, aun cuando asistían a ellas muchos otros miembros fieles a la institución. Esos “jefes” políticos solían usar su influencia y escogían a los delegados del estado, con lo cual se aseguraban de que éstos votaran “correctamente” en la convención nacional del partido. Los que se oponían a los dirigentes del partido exigían reformas que permitieran a los votantes ordinarios intervenir en la selección de los delegados a la convención. Las elecciones primarias fueron creadas para satisfacer esa demanda. En 1916, más de la mitad de los estados celebraban elecciones presidenciales primarias.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la televisión hizo de las elecciones nacionales un entretenimiento popular. Aquí, partidarios leales de un partido se reúnen en la oficina central republicana en Meridian, Mississippi, para conocer los resultados de una elección.
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Sin embargo, ese movimiento tuvo corta vida. Después del final de la Primera Guerra Mundial, los líderes de los partidos, sabedores de que las selecciones primarias eran una amenaza a su poder, convencieron a las legislaturas de los estados para que las abolieran, bajo el pretexto de que eran costosas y que relativamente pocas personas participaban en ellas. En 1936 sólo una docena de estados seguían realizando primarias presidenciales.
Sin embargo, las presiones democratizadoras volvieron a surgir después de la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez, la televisión ofreció un medio a través del cual el público podía ver y oír las campañas políticas desde la sala de su casa. Los candidatos con posibilidades de llegar a la presidencia ya podían presentarse en televisión para exhibir su atractivo popular. En los siguientes decenios se volvieron a instituir reformas democratizadoras para ampliar la participación en las convenciones de nominación de los partidos.
El resultado de esto es que hoy la mayoría de los estados tienen elecciones primarias. Según las leyes de cada uno, en esas elecciones los votantes pueden presentar una papeleta de voto para designar al candidato presidencial de su partido y una lista de delegados “comprometidos”; pueden votar por el candidato presidencial, dejando para después la selección de delegados que actúen de acuerdo con sus votos; o pueden votar indirectamente por un candidato, en un caucus electoral, seleccionando a los delegados a la convención que se “comprometen” a apoyar a uno u otro candidato. En el sistema de caucus, los partidarios que viven en un área geográfica relativamente pequeña, como un recinto electoral, se reúnen y votan por delegados que prometen respaldar a su candidato a la presidencia. A su vez, esos delegados representan a su distrito electoral en una convención de condado, en la cual se escoge a los delegados que asistirán a las convenciones del Congreso en el distrito y en el estado. Por último, los delegados a esas convenciones eligen a los delegados que representarán al estado en la convención nacional. Aun cuando este sistema se desarrolla en el curso de varios meses, las preferencias en materia de candidatos se definen, en esencia, en la primera ronda de votación.
Las elecciones primarias (y a veces los caucus) estado por estado han llegado a ser el camino obligado a las nominaciones presidenciales de republicanos y demócratas. Aquí, un aspirante republicano a la presidencia, Lamar Alexander (al centro, con camisa a cuadros), saluda a los medios de comunicación y a los votantes en la elección primaria de Nueva Hampshire, en el invierno de 1996.
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El número de miembros de la delegación de cualquier estado para la convención nacional de nominación se calcula con una fórmula que cada partido establece y que incluye, entre otras cosas, la población del estado, su apoyo a candidatos nacionales del partido en el pasado, y el número de funcionarios elegidos y dirigentes del partido procedentes del estado que ocupan cargos públicos en esa fecha. A causa de la fórmula de asignación que usan los demócratas, a sus convenciones nacionales asiste casi el doble de delegados que a las de los republicanos.
Como fruto de ese impulso reformista iniciado desde la Segunda Guerra Mundial se destacan dos tendencias importantes. La primera es que un mayor número de estados han adelantado la fecha de sus elecciones primarias presidenciales y caucus en el calendario de preparación de la decisiva etapa inicial de la temporada de nominación, según una tendencia conocida como “front loading” (adelantar las primarias). Al estar entre los primeros que realizan la elección primaria o el caucus, el estado puede permitir que los votantes de su territorio tengan más influencia en la selección final de candidatos. Además, puede alentar a éstos para que hablen de las necesidades y los intereses del estado en fecha más temprana, y los puede obligar a organizarse dentro del estado, gastando dinero en personal, medios informativos y hoteles, con el fin de obtener una victoria psicológica decisiva y temprana en el proceso de nominación del partido.
Además, en algunas partes del país los estados colaboran entre sí y organizan “primarias regionales”, para lo cual celebran sus primarias y sus caucus el mismo día a fin de maximizar la influencia de su región.
Estas dos tendencias han obligado a los candidatos a adelantar el inicio de sus campañas para posicionarse en el creciente número de estados que celebran esas contiendas anticipadas. Por otra parte, va en aumento la dependencia de los candidatos con respecto al respaldo de los dirigentes estatales del partido y a los medios informativos, radio, televisión e Internet, para ser oídos por los votantes en los muchos estados que realizan elecciones primarias el mismo día.
La decadencia de la convención política
La Internet se usa cada día más para recaudar fondos y para atraer la atención hacia los candidatos que tienen pocas probabilidades de éxito. Un candidato de Ohio al Congreso (der.) y su director de comunicaciones (izq.) posan aquí mostrando su página blog.
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Una de las consecuencias de los cambios realizados en el proceso de nominación presidencial ha consistido en restar importancia a la trascendental convención nacional de nominación televisada. Hoy el candidato a la presidencia es seleccionado por los votantes en una fecha relativamente temprana del proceso de las elecciones primarias. A su vez, el candidato que resulta designado puede decir desde antes de la convención a quién prefiere como candidato a la vicepresidencia. (El candidato a la vicepresidencia no contiende por el cargo en las primarias en forma independiente, sino es seleccionado por el candidato presidencial que gana la nominación del partido.)
Es así como el proceso de nominación presidencial sigue evolucionando. En los últimos decenios, esa evolución ha reforzado la participación, ha mejorado la representación demográfica y ha fortalecido los nexos entre el partidario término medio y los candidatos. Tal como está constituido hoy, el proceso les da ventaja a los candidatos que son más conocidos, que pueden recaudar más fondos, que tienen organizaciones de campaña más eficaces y que logran generar más entusiasmo entre los votantes en fecha temprana de la temporada de elecciones primarias presidenciales.
La conexión de Internet
Los candidatos y sus partidarios se han apresurado a adoptar la Internet como herramienta para sus campañas. Ésta ha resultado ser un medio eficaz y efectivo para solicitar fondos a los posibles partidarios y para divulgar las estrategias y la experiencia de cada candidato. Las organizaciones de campaña tienen hoy sus propios blogs (bitácoras). Los que mantienen esos sitios en Internet forman parte del personal de campaña que cobra honorarios por escribir sobre las declaraciones y las actividades de sus candidatos. Mientras tanto, miles de autores independientes de blogs escriben comentarios de apoyo a sus candidatos favoritos y entablan debates con otros autores de la red que se les oponen.
La posibilidad de compartir vídeos en sitios como YouTube ha sido una fuente de oportunidades y dificultades para las campañas políticas. Los candidatos aprovechan ahora esa tecnología para producir vídeos sobre ellos mismos, a veces humorísticos. En otras ocasiones, los candidatos son captados en momentos en que están desprevenidos y dicen o hacen algo que no querrían decir o hacer en público, y tienen un desliz que sus opositores presentan una y otra vez en la Internet y por televisión.
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