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Í N D I C E
Introducción
Las elecciones en EE.UU.
El papel de los partidos políticos
La nominación del candidato presidencial
Las elecciones para el Congreso
Encuestas y expertos
La financiación de las campañas
Los procedimientos electorales en EE.UU.
 
LAS    ELECCIONES

DE EE.UU. EN  SÍNTESIS  

Encuestas y expertos

Lee Miringoff del Instituto de la Opinión Pública del Marist College supervisa el desarrollo de las encuestas. Lee Miringoff del Instituto de la Opinión Pública del Marist College supervisa el desarrollo de las encuestas.
© Jim McKnight/AP Images

Aunque no son parte integral de las reglas y las leyes que rigen la política electoral, las encuestas de la opinión pública han llegado a ser un factor esencial del proceso electoral en las últimas décadas. Muchos candidatos políticos contratan compañías encuestadoras y ordenan encuestas frecuentes. Esos sondeos les informan cómo los percibe la gente en relación con sus competidores, y qué temas son más importantes en la mente de los votantes. Los medios informativos (los periódicos y la televisión) realizan también encuestas de la opinión pública y las publican (junto con los resultados de las encuestas privadas) para que los ciudadanos se formen una idea de cómo se comparan sus preferencias en cuanto a candidatos, problemas y políticas, en relación con las preferencias de otras personas.

Hace 50 años, sólo una o dos grandes organizaciones dominaban el rubro de las encuestas de la opinión pública. Hoy, en esta época de noticias al instante, la Internet y canales de noticias por cable las 24 horas del día, muchas fuentes anuncian con regularidad los resultados de esas encuestas.

Las encuestas a lo largo de la historia

Por ahora, el incesante sondeo de la opinión pública por encuestadores privados competentes ha llegado a ser un lugar común para todos los candidatos y para los funcionarios gubernamentales de alto nivel, como el presidente, que desean saber en qué dirección soplan los vientos de la política. No obstante, las encuestas independientes comisionadas por medios informativos han sido las más típicas en toda la historia de Estados Unidos.

Aun cuando la primera encuesta política fue realizada en 1824 por el periódico local de Harrisburgh, Pennsylvania, las encuestas independientes no eran un elemento esencial de la cobertura de las campañas políticas en los medios de información antes de la década de 1930. En los años 70, las tres principales cadenas de televisión del país que difunden noticias (ABC, CBS y NBC) ya publicaban sus propias encuestas sobre las contiendas presidenciales, y más tarde sobre las contiendas estatales importantes para elegir gobernador, y para los miembros el Congreso de la nación.

Las encuestas de opinión modernas, como las que se realizan en nombre de una cadena de noticias por televisión y un periódico asociado (p. ej. CBS y New York Times, ABC y Washington Post, NBC y Wall St. Journal), son frecuentes y permiten seguir el rastro de la opinión pública en torno a los candidatos y los problemas cada semana o todos los días. Su diseño es idóneo para favorecer la neutralidad e independencia. A través de los decenios, las encuestas políticas independientes han presentado una visión objetiva de las contiendas electorales, una evaluación de las fortalezas y las debilidades de cada candidato, y un examen de los grupos demográficos que apoyan a cada uno. Esas encuestas independientes brindan a reporteros y redactores la posibilidad de elaborar y publicar evaluaciones equitativas de la situación de las campañas y dan a los votantes una visión más clara del panorama político.

Estos votantes de la zona rural de la Pennsylvania (entre los que hay miembros de la comunidad amish) entran y salen de un centro de votación. Estos votantes de la zona rural de la Pennsylvania (entre los que hay miembros de la comunidad amish) entran y salen de un centro de votación.
© Carolyn Kaster/AP Images

Tamaño y composición de la muestra

A veces se realizan encuestas de un día para otro a raíz de algún acontecimiento importante, como el discurso anual del presidente sobre el Estado de la Unión o algún debate entre candidatos a cargos políticos. Es frecuente que esas encuestas se lleven a cabo en el curso de una noche para ser publicadas sin dilación al día siguiente, a partir de una muestra de sólo 500 adultos en todo el país.

Si bien esas encuestas “relámpago” permiten formarse con rapidez una idea de la reacción del público, algunos expertos creen que una muestra de 500 ciudadanos es demasiado pequeña para hacer un sondeo serio en una nación de más de 300 millones de personas. Muchos profesionales prefieren interrogar a 1.000 adultos por lo menos para tener una muestra representativa de toda la población. Hasta las más escrupulosas encuestas están abiertas a la interpretación y hay muchos ejemplos de candidatos que han saltado de una relativa oscuridad a una gran popularidad, en contra de las tendencias que las primeras encuestas sugerían.

Las encuestas tempranas pueden ofrecer un cúmulo de datos y no sólo muestran qué candidatos son los punteros en la carrera. Ellas pueden revelar el grado de interés que despiertan los problemas actuales y retratar el ánimo general del público. Como dijo un encuestador, “Las encuestas sólo le agregan ciencia a lo que los candidatos ven y lo que la multitud siente, ya sea satisfacción, resentimiento, indignación, frustración, confianza o incluso desaliento”. Por lo tanto, los resultados de las encuestas privadas y públicas ayudan a los candidatos a determinar cuál es el mensaje óptimo en el que deben hacer énfasis al abordar en público los problemas de actualidad.

Encuestas a pie de urna

Las encuestas a pie de urna (las que realizan las cadenas de televisión entrevistando a los votantes que salen de los centros de votación) han sido un factor esencial en las elecciones en Estados Unidos desde la década de 1970. También se puede decir que son los sondeos más controvertidos porque dan elementos a las cadenas de TV para predecir una victoria en las elecciones, basándose en entrevistas con las personas que acaban de votar. Las encuestas a pie de urna fueron especialmente nocivas en la elección presidencial de 2000 en este país, cuando las cadenas de televisión las usaron erróneamente para elaborar no una sino dos proyecciones incorrectas de quién había sido elegido como ganador por los votantes en Florida. La presión de ser el primero en publicar una proyección fue más fuerte que la presión de hacerlo bien.

Sin embargo, cuando se usan con propiedad, las encuestas a pie de urna pueden ser una herramienta vital para los encuestadores, la prensa y los académicos. Por encima y más allá de su uso cuestionable para proyectar quiénes serán los ganadores desde temprano el día de la elección, brindan a expertos y científicos políticos detalles valiosos de cómo han votado ciertos grupos demográficos específicos y qué razones han expresado para votar así.

 
La financiación de las campañas

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