EL FINAL DEL SIGLO XX
 Bomberos bajo los soportes verticales destruidos
de las torres gemelas del World
Trade Center después de losataques
terroristas del 11 de
septiembre de 2001 en Nueva
York y Washington, D.C. (© AP Images) |
Estados Unidos siempre ha tenido periodos de polarización
política cuando la población debate diversas formas
de lidiar con los eventos internacionales, el cambio
demográfico y los efectos de la innovación tecnológica. Las últimas
décadas del siglo XX no fueron la excepción.
El activismo liberal de los años 60 y 70 fue eclipsado en la
década de 1980 por un nuevo conservadurismo. Los conservadores
preconizaron la imposición de límites al gobierno, una defensa
nacional fuerte, una posición firme contra el comunismo, la reducción
de impuestos para alentar el crecimiento económico, severas
medidas contra la delincuencia, más expresiones religiosas en la vida
pública y un código de comportamiento social más estricto. El ex
actor y gobernador republicano de California Ronald Reagan, quien
para muchos estadounidenses representaba la estabilidad, ganó dos
periodos en la presidencia. Sus partidarios acreditan a sus políticas el
mérito de haber apresurado la caída de la Unión Soviética.
 Imagen proyectada del probable
aspecto del horizonte de la
ciudad de Nueva York cuando
esté concluida la Torre de la
Libertad que será construida
donde se encontraba el World
Trade Center. (Courtesía de Silverstein Properties) |
Los estadounidenses adoptaron una posición más centrista
en 1992 y eligieron como presidente al gobernador de Arkansas
Bill Clinton, quien organizó su campaña en torno a los temas de
la juventud y el cambio. Algunas propuestas de Clinton eran muy
liberales, como su plan de instituir un sistema de servicios médicos
administrado por el gobierno, que el Congreso nunca aprobó. Otra
propuesta –cancelar los pagos del gobierno a los beneficiarios de la
previsión social y ayudarlos a conseguir empleo– fue tomada de los
conservadores y a la postre tuvo mucho éxito.
Las diferencias normales en política se volvieron especialmente
acerbas después de la elección presidencial del 2000. El voto
popular y el voto del Colegio Electoral estaban divididos casi por
igual entre el demócrata Al Gore y el republicano George W. Bush.
Miles de cédulas electorales depositadas en el estado de Florida
fueron impugnadas. Después de una serie de contiendas judiciales
en torno a las leyes y procedimientos que rigen los recuentos,
la Corte Suprema de la Nación tomó una decisión por estrecho
margen que, en efecto, concedió la victoria a Bush.
Bush esperaba dedicarse a asuntos internos como la educación,
la economía y la Seguridad Social, pero su presidencia sufrió
un cambio irrevocable el 11 de septiembre de 2001. Ese día,
terroristas extranjeros secuestraron cuatro aviones de pasajeros
y los estrellaron contra las torres del World Trade Center en la
ciudad de Nueva York, las oficinas generales del Pentágono del
Departamento de Defensa, cerca de Washington, D.C. y en un área
rural de Pennsylvania. Bush declaró la guerra contra el terrorismo
mundial. Los estadounidenses estuvieron unidos, en general, en las
primeras fases de la campaña, pero muchos se sintieron cada vez
más incómodos a medida que las operaciones bélicas se expandían.
Todavía no se comprenden cabalmente los efectos a largo plazo
de los eventos y tendencias que surgieron a principios del siglo XXI.
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COMENTARIO FINAL
Desde su inicio como un grupo de oscuras colonias
acunadas en la costa del océano Atlántico, Estados
Unidos ha tenido una notable transformación. Un
analista político lo ha llamado “la primera nación universal”. En
su población de 300 millones de habitantes están representados
casi todos los grupos étnicos y nacionalidades de la Tierra.
Es una nación donde el ritmo y la magnitud del cambio
–económico, tecnológico, cultural, demográfico y social– se
incrementan sin cesar. Lo que ocurre en Estados Unidos es a
menudo el primer indicio de una modernización y un cambio
que inevitablemente llevan a otras naciones y sociedades a un
mundo cada día más interdependiente e interconectado.
Sin embargo, Estados Unidos conserva también un sentido
de continuidad. Posee valores esenciales que se remontan a
la fecha de su fundación como nación a fines del siglo XVIII.
Algunos de ellos son la fe en la libertad individual y el gobierno
democrático, y el compromiso con la oportunidad económica
y el progreso para todos. Éste es el legado de una historia rica
y turbulenta. La tarea constante de Estados Unidos consiste
en asegurarse de que sus valores de libertad, democracia y
oportunidad estén protegidos y florezcan durante todo el
siglo XXI.
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