EL PERIODO COLONIAL
 Detalle de un cuadro del artista estadounidense
Benjamin West (1738-1820) donde se representa
la concertación del tratado de William Penn con
los norteamericanos nativos que vivían donde él
fundó la colonia de Pennsylvania como un refugio
para los cuáqueros y otros que buscaban libertad
religiosa. (Cortesía de The Pennsylvania Academy of Fine Arts) |
 Los peregrinos firman el Pacto del Mayflower
a bordo del barco en 1620. (Library of Congress) |
La mayoría de los colonizadores que llegaron a las colonias
británicas en el siglo XVII eran ingleses. Otros venían de los
Países Bajos, Suecia, Alemania, Francia y, más tarde, Escocia e
Irlanda del Norte. Algunos dejaron sus países de origen para huir de
la guerra, la presión política, la persecución religiosa o una sentencia
de cárcel. Otros emprendieron el viaje como siervos, con la expectativa
de trabajar para pagar su libertad. Los africanos negros eran
vendidos como esclavos y llegaron encadenados.
En 1690, la población era de 250.000 habitantes. Menos de un
siglo después, ya había aumentado a 2,5 millones.
Los colonizadores vinieron a América por las más variadas
razones y a la postre crearon aquí 13 colonias diferentes. Se
formaron así tres agrupamientos regionales de colonias, entre las
cuales las diferencias eran aún más marcadas.
Los primeros asentamientos fueron establecidos sobre la
costa del Atlántico y en los ríos que fluían hacia ese océano. En
el nordeste, los colonizadores hallaron montes cubiertos de
árboles, y suelos que quedaron llenos de piedras cuando los
glaciares de la Edad del Hielo se derritieron. La energía del agua
fue fácil de aprovechar, con lo cual “Nueva Inglaterra” –constituida
por Massachusetts, Connecticut y Rhode Island– desarrolló una
economía basada en productos forestales, pesca, construcción
de barcos y comercio. Las colonias de la región media –entre
ellas Nueva York y Pennsylvania– tenían un clima más templado
y su territorio era más variado. Allí se desarrollaron la industria y
la agricultura, y la sociedad era más diversa y cosmopolita. Por
ejemplo, en Nueva York había emigrantes de Alemania, Bohemia,
Dinamarca, Escocia, Francia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Italia,
Noruega, Polonia, Portugal y Suecia. Las colonias del Sur –Virginia,
Georgia y las Carolinas– tenían una temporada de cultivo larga y
tierra fértil, por lo cual su economía fue principalmente agrícola.
En ellas había tanto pequeños granjeros como ricos terratenientes
aristócratas que poseían grandes fincas, llamadas plantaciones, en
las que trabajaban esclavos africanos.
Las relaciones entre los colonizadores y los norteamericanos
nativos, a quienes aquéllos llamaban indios, eran una incómoda
mezcla de colaboración y conflicto. En algunas áreas hubo comercio
y cierta interacción social, pero en general, a medida que los nuevos
asentamientos se expandieron, los nativos fueron obligados a
emigrar, muchas veces sólo después de ser derrotados en combate.
La creación de las colonias no fue patrocinada por el gobierno
británico, sino directamente por grupos privados. Todas, salvo
Georgia, surgieron como compañías de accionistas o como
propiedades otorgadas por el rey. Algunas fueron gobernadas con
rigor por los dirigentes de esas compañías, pero a su debido tiempo
todas desarrollaron un sistema de gobierno participativo, basado en
la tradición y el precedente jurídico británicos.
Varios años de descontento político en Gran Bretaña culminaron
con la Revolución Gloriosa de 1688-89, en la cual el rey Jaime
II fue derrocado; entonces se establecieron límites a la monarquía
y se otorgaron más libertades a la población. Las colonias norteamericanas
se beneficiaron con esos cambios. Las asambleas
coloniales reclamaron el derecho de actuar como parlamentos
locales y aprobaron medidas para expandir su propio poder y limitar
el poder de los gobernadores reales.
En los siguientes decenios, las disputas recurrentes entre los
gobernadores y las asambleas hicieron que los colonizadores se
percataran de la creciente divergencia entre sus intereses y los de
Gran Bretaña. Los principios y precedentes que surgieron de esas
disputas se convirtieron en la constitución no escrita de las colonias.
Al principio, su centro focal fue la autogestión dentro de una
mancomunidad británica. Sólo después empezaron a aspirar a la
independencia.
|