DESCONTENTO Y REFORMA
 Llegada de inmigrantes a Ellis Island en la ciudad de Nueva York, la puerta
principal de acceso a Estados Unidos a fines del siglo XIX y principios del XX. De
1890 a 1921, casi 19 millones de personas llegaron a este país como inmigrantes. (Culver) |
 Mulberry Street en la ciudad de Nueva
York, también conocida como “La
Pequeña Italia”, en los primeros
años del siglo XX. Las familias
inmigrantes recién llegadas
se establecían a menudo en
enclaves urbanos densamente
poblados. (Library of Congress) |
 Niños trabajando en la Indiana Glass Works en 1908. La promulgación de leyes sobre el trabajo
infantil fue una de las principales metas del movimiento progresista de aquella época. (Library of Congress ) |
En 1900, los cimientos políticos de Estados Unidos habían
resistido los dolores del crecimiento, una guerra civil, la
prosperidad y la depresión económica. El ideal de la libertad
religiosa logró mantenerse. La educación pública gratuita se había
realizado en buena parte y la libertad de prensa se conservaba
intacta. Sin embargo, al mismo tiempo, el poder político parecía
estar concentrado en manos de funcionarios políticos corruptos
y sus amigos empresarios. En respuesta surgió un movimiento
de reforma llamado “progresismo”. Algunas de sus metas eran
mayor democracia y justicia social, honradez en el gobierno y una
reglamentación más eficaz de las empresas.
Escritores y críticos sociales protestaron, afirmando que
las prácticas vigentes eran injustas, insanas y peligrosas. Upton
Sinclair, Ida M. Tarbell, Theodore Dreiser, Lincoln Steffens y otros
produjeron una “literatura de denuncia” con la cual presionaron a
los legisladores para que corrigieran los abusos por medio de leyes.
Los reformadores creyeron que al ampliar el alcance del gobierno se
aseguraría el progreso de la sociedad del país y el bienestar de sus
ciudadanos.
El presidente Theodore Roosevelt encarnaba el espíritu del
progresismo y pensó que las reformas necesarias debían aplicarse
en el plano nacional. Trabajó con el Congreso para regular los
monopolios y aplicar medidas legales contra las compañías que
violaran la ley. También luchó sin descanso para proteger los
recursos naturales de Estados Unidos, administrar las tierras públicas
y preservar áreas para uso recreativo.
Las reformas prosiguieron en las presidencias de William
Howard Taft y Woodrow Wilson. El sistema de banca de la Reserva
Federal fue establecido para que determinara las tasas de interés y
controlara la oferta monetaria. La Comisión Federal de Comercio fue
fundada para intervenir cuando las empresas emplearan métodos
de competencia desleales. Fueron promulgadas nuevas leyes para
ayudar a mejorar las condiciones de trabajo de los marineros y
los jornaleros ferroviarios. Se creó un sistema de “extensión de
condado” para ayudar a los granjeros a obtener información y
créditos. Además, como una ayuda encaminada a reducir el costo de
la vida para todos los estadounidenses, los impuestos sobre bienes
importados fueron reducidos o eliminados.
En la época progresista fue también cuando un gran número
de personas de todo el mundo llegó a Estados Unidos. Casi 19
millones de inmigrantes arribaron entre 1890 y 1921. Los primeros
inmigrantes habían sido sobre todo europeos del norte y el oeste,
y algunos chinos. Los nuevos inmigrantes llegaron de Italia, Rusia,
Polonia, Grecia, los Balcanes, Canadá, México y Japón.
Estados Unidos siempre ha sido un “crisol” de nacionalidades
y durante 300 años impuso pocas restricciones a la inmigración.
Sin embargo, a partir de la década de 1920 se establecieron cuotas
en respuesta al temor de los estadounidenses de que los recién
llegados fueran una amenaza para sus empleos y su cultura. Aun
cuando grandes oleadas de inmigración han creado tensiones
sociales a través de la historia, la mayoría de los ciudadanos –cuyos
propios antepasados llegaron como inmigrantes– creen que la
Estatua de la Libertad en el puerto de Nueva York representa el
espíritu de una tierra que da la bienvenida a los que “anhelan
respirar un aire de libertad”. Esa creencia ha preservado a Estados
Unidos como una nación de naciones.
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