LA REVOLUCIÓN
 Versión artística de los primeros disparos de la Revolución de Estados Unidos, en Lexington,
Massachusetts el 19 de abril de 1775. (Cuadro de Don Troiani, www.historicalprints.com) |
 Este dibujo presenta al activista revolucionario
Patrick Henry (de pie a la izq.) al pronunciar
las que fueron quizá las palabras más famosas
de la Revolución de Estados Unidos –“¡Dadme
libertad o dadme la muerte!”. (Library of Congress) |
La Revolución de Estados Unidos –su guerra para
independizarse de Gran Bretaña– empezó como una
pequeña escaramuza entre tropas británicas y colonos
armados el 19 de abril de 1775.
Los británicos habían salido de Boston, Massachusetts para
incautar las armas y municiones que unos colonos revolucionarios
habían recolectado en las aldeas vecinas. En Lexington tropezaron
con un grupo de milicianos minutemen, así llamados porque se
decía que se podían aprestar para el combate en un minuto. El único
propósito de los milicianos era realizar una protesta silenciosa y
su dirigente les ordenó no hacer fuego, a menos que les dispararan
primero. Los británicos ordenaron que los milicianos se dispersaran
y éstos obedecieron. Sin embargo, cuando se retiraban, alguien
hizo un disparo. Entonces los soldados británicos atacaron a los
minutemen con armas de fuego y bayonetas.
La lucha estalló también en otros lugares a lo largo del camino,
a medida que los soldados británicos avanzaban de regreso a Boston
con sus uniformes de color rojo brillante. Más de 250 “casacas rojas”
resultaron muertos o heridos. Los norteamericanos perdieron 93
hombres.
Los choques mortales continuaron en los alrededores de Boston
al tiempo que los representantes coloniales salían apresuradamente
hacia Filadelfia para discutir la situación. En su mayoría votaron
por hacer la guerra contra Gran Bretaña. Acordaron consolidar las
milicias coloniales en un ejército continental y nombraron a George
Washington, de Virginia, su comandante en jefe. Sin embargo, al
mismo tiempo, aquel Segundo Congreso Continental adoptó una
resolución de paz en la que instaba al rey Jorge III a evitar que
continuaran las hostilidades. El rey la rechazó y el 23 de agosto
declaró que las colonias norteamericanas se habían rebelado.
 Thomas Jeff erson, autor de la
Declaración de Independencia y tercer
presidente de Estados Unidos. (© AP Images) |
 Benjamin Franklin: científico, inventor,
escritor, editor de periódicos, padre
de la ciudad de Filadelfia, diplomático
y signatario de la Declaración de
Independencia y la Constitución. (© AP Images) |
Las exhortaciones a la independencia se intensificaron en los
meses siguientes. El teórico político radical Thomas Paine ayudó a
cristalizar el argumento a favor de la separación. En un folleto titulado
Common Sense (Sentido común) del cual se vendieron 100.000
ejemplares, él rebatió la idea de la monarquía hereditaria. Paine
propuso dos opciones para Norteamérica: seguir estando sometida
a un rey tiránico y un sistema de gobierno gastado, o liberarse y ser
feliz como una república autosuficiente e independiente.
El Segundo Congreso Continental designó un comité encabezado
por Thomas Jeff erson, de Virginia, para preparar un documento
donde se expusieran los agravios de las colonias contra el rey y se
explicara la decisión de aquéllas de separarse. Esa Declaración de
Independencia fue adoptada el 4 de julio de 1776. Desde entonces,
el 4 de julio se celebra cada año como el Día de la Independencia de
Estados Unidos.
 La Campana de la Libertad, en
Filadelfia, Pennsylvania, es un
símbolo perdurable de la libertad
estadounidense. Tañida por
primera vez el 8 de julio de 1776
para celebrar la adopción de la
Declaración de Independencia, se
agrietó en 1836 durante el funeral
de John Marshall, el presidente de
la Corte Suprema de EE.UU. (Interior Department/National Park Service) |
La Declaración de Independencia no sólo anunció el nacimiento
de una nueva nación. También expuso una filosofía de la libertad
humana que habría de llegar a ser una fuerza dinámica en todo el
mundo. Incluía ideas políticas francesas y británicas, sobre todo
las de John Locke en su Second Treatise on Government (Segundo
tratado de gobierno), que reafirmaban la convicción de que los
derechos políticos son derechos humanos básicos y, por lo tanto, son
universales.
El hecho de declarar su independencia no hizo que los
estadounidenses fueran libres. Las fuerzas británicas derrotaron a
las tropas continentales en Nueva York, desde Long Island hasta la
ciudad de Nueva York. Ellas vencieron también a los insurgentes
en Brandywine, Pennsylvania y ocuparon Filadelfia, lo cual provocó
la huida del Congreso Continental. Las fuerzas estadounidenses
salieron victoriosas en Saratoga, Nueva York, y en Trenton y Princeton
en Nueva Jersey. No obstante, George Washington seguía luchando
por conseguir los hombres y los materiales que tanto necesitaba.
La ayuda decisiva llegó en 1778 cuando Francia reconoció a
Estados Unidos y ambos países firmaron un tratado bilateral de
defensa. En realidad, el apoyo del gobierno francés se basó en
razones geopolíticas, no ideológicas. Francia quería debilitar el poder
de Gran Bretaña, su inveterada adversaria.
La lucha que empezó en Lexington, Massachusetts continuó
durante ocho años en gran parte del continente. Hubo batallas
desde Montreal, Canadá en el norte hasta Savannah, Georgia en el
sur. Un enorme ejército británico se rindió en Georgetown, Virginia
en 1781, pero la guerra prosiguió dos años más sin llegar a un
resultado concluyente. Un tratado de paz fue firmado al fin en París
el 15 de abril de 1783.
La Revolución tuvo trascendencia mucho más allá de Norteamérica.
Atrajo la atención de los teóricos políticos europeos y
fortaleció el concepto de los derechos naturales en todo el mundo
occidental. Atrajo a personalidades notables como Thaddeus
Kosciusko, Friedrich von Steuben y el Marqués de Lafayette, quienes
se unieron a la revolución y esperaban llevar las ideas liberales de
ésta a sus propios países.
El Tratado de París reconoció la independencia, la libertad y la
soberanía de las 13 ex colonias norteamericanas que ahora eran
estados. La tarea de unirlas a todas en una nueva nación estaba aún
por realizarse.
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