EL CAMINO A LA INDEPENDENCIA
 Protesta contra los impuestos británicos conocida como “El Partido del Té de Boston”, 1773. (Library of Congress) |
Los principios de liberalismo y la democracia –los cimientos
políticos de Estados Unidos– surgieron en forma natural del
proceso de edificar una nueva sociedad en tierras vírgenes.
Con esa misma naturalidad, la nueva nación se vería a sí misma
como algo diferente y excepcional. Europa la miraría con aprensión o
esperanza.
Las 13 colonias británicas de Norteamérica maduraron en el
siglo XVIII; fue entonces cuando crecieron en población, poder económico
y logros culturales, y ya tenían experiencia en la autogestión.
Sin embargo, no fue sino hasta 170 años después de la fundación del
primer asentamiento permanente en Jamestown, Virginia, cuando el
nuevo Estados Unidos de América surgió como nación.
Parte de la guerra entre Gran Bretaña y Francia en la década
de 1750 se llevó a cabo en Norteamérica. Los británicos salieron
triunfantes y pronto implantaron políticas para controlar y financiar
su vasto imperio. Esas medidas impusieron mayores restricciones a la
forma de vida de los colonizadores norteamericanos.
La Proclama Real de 1763 restringió la apertura de nuevas tierras
a la colonización. La Ley del Azúcar de 1764 gravó con impuestos
los bienes de lujo, como el café, la seda y el vino, y declaró ilegal la
importación de ron. La Ley Monetaria de 1764 prohibió la impresión
de papel moneda en las colonias. La Ley de Alojamiento de 1765
obligaba a los colonos a proveer de alimento y hospedaje a los
soldados del rey. Y la Ley del Timbre de 1765 exigía la compra de
sellos reales para todos los documentos legales, periódicos, licencias
y contratos de arrendamiento.
Los colonos protestaron por todas esas medidas, pero la Ley
del Timbre desencadenó la mayor resistencia organizada. Para un
creciente número de colonos, la principal objeción era que, por
medio de esa ley, una legislatura distante en la que ellos no podían
participar les aplicaba impuestos. En octubre de 1765, 27 delegados
de nueve colonias se reunieron en Nueva York para coordinar sus
esfuerzos con el propósito de lograr que la Ley del Timbre fuera
revocada. Ellos aprobaron resoluciones que exaltaban el derecho de
cada una de las colonias a crear sus propios impuestos.
La autogestión produjo dirigentes políticos locales y éstos
trabajaron juntos para anular lo que a su juicio eran actos opresivos
del parlamento inglés. Cuando tuvieron éxito, su campaña
coordinada contra Gran Bretaña llegó a su fin. No obstante, en los
siguientes años un pequeño número de radicales trató de mantener
vigente la controversia. Su objetivo no era la concertación sino la
independencia.
Samuel Adams de Massachusetts fue el más eficaz. Escribió
artículos en periódicos y pronunció discursos en los que apelaba
a los instintos democráticos de los colonos. Él ayudó a organizar,
en todas las colonias, comités que llegaron a ser la base de un
movimiento revolucionario. En 1773, el movimiento atrajo a los
comerciantes coloniales que estaban disgustados porque Gran
Bretaña intentaba reglamentar el comercio del té. En diciembre, un
grupo de hombres entró furtivamente en tres buques británicos anclados
en el puerto de Boston y arrojó al mar sus cargamentos de té.
Para castigar a Massachusetts por su acto vandálico, el
Parlamento británico cerró el puerto de Boston y restringió la
autoridad local. Las nuevas medidas, conocidas como las Leyes
Intolerables, fueron contraproducentes porque en lugar de aislar
a la colonia, provocaron que las otras se unieran a ella. Todas las
colonias, salvo Georgia, enviaron representantes a Filadelfia en
septiembre de 1774 para discutir “su desdichado estado actual”.
Ese fue el primer Congreso Continental.
Los colonos se sentían cada día más frustrados e irritados
porque los británicos los privaban de sus derechos. Sin embargo,
ni remotamente había unanimidad de opiniones en cuanto a lo
que debían hacer. Los “leales” querían seguir siendo súbditos del
rey. Los “moderados” proponían un compromiso para establecer
una relación más aceptable con el gobierno británico. Y los
revolucionarios aspiraban a la independencia total, para lo cual
empezaron a acumular armas y a movilizar sus fuerzas en espera del
día en que tuvieran que luchar para conquistarla.
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