LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, LA PROSPERIDAD DE LOS AÑOS 20 Y LA GRAN DEPRESIÓN
 Fuerzas de infantería de Estados Unidos en
1918 disparando un arma de 37 mm en su
avance contra las posiciones alemanas en la
Primera Guerra Mundial. (The National Archives) |
La guerra europea de 1914 –en la que Alemania y Austria-
Hungría combatieron a Gran Bretaña, Francia, Italia y
Rusia– afectó los intereses de Estados Unidos casi desde el
principio. Las armadas, tanto de Gran Bretaña como de Alemania,
interceptaban los barcos estadounidenses, pero los ataques de los
submarinos alemanes fueron mortíferos. Casi 130 estadounidenses
murieron cuando un submarino hundió al barco de pasajeros
británico Lusitania en 1915. El presidente Woodrow Wilson exigió
que se pusiera fin a esos ataques y éstos cesaron por un tiempo,
pero en 1917 se reanudaron. Estados Unidos declaró la guerra.
Los esfuerzos de más de 1.750.000 soldados estadounidenses
tuvieron un papel decisivo en la derrota de la alianza entre Alemania
y el imperio austro-húngaro. El 11 de noviembre de 1918 se
concertó un armisticio que, aunque técnicamente era una tregua,
fue en realidad una rendición.
El presidente Wilson negoció el final del conflicto, basado en
su plan de 14 puntos para lograr una paz duradera. Éste incluía
propuestas como poner fin a los acuerdos secretos internacionales,
favorecer el comercio libre entre las naciones, reducir los arsenales
de éstas, conceder la autogestión a las nacionalidades europeas
subyugadas, y la formación de una asociación –la Liga de las
Naciones– que ayudara a garantizar la independencia política y la
integridad territorial de los países, grandes y pequeños por igual.
Sin embargo, el tratado de paz final no contenía prácticamente
ninguno de esos puntos, ya que los vencedores insistieron en aplicar
severos castigos. La idea de Wilson sobre una Liga de las Naciones
permaneció en el Tratado de Versalles, pero ni siquiera él logró
obtener suficiente apoyo para ese concepto y Estados Unidos lo
rechazó. Este país volvió a su aislacionismo instintivo.
 Estas flappers posan para la cámara durante
una fiesta en los años 20. (Hulton Archive/Getty Images) |
El siguiente periodo de postguerra se caracterizó por el
descontento laboral y las tensiones raciales. Los granjeros tenían
dificultades a causa de la abrupta desaparición de la demanda
impuesta por la guerra. La violencia bolchevique provocó un “miedo
a los rojos” que dio lugar a varias décadas de militante hostilidad
contra el movimiento comunista revolucionario. A pesar de esos
problemas, Estados Unidos gozó de un periodo de prosperidad
real y ampliamente distribuida durante unos cuantos años de
la década de 1920. Las familias compraron su primer automóvil,
radio y refrigerador, y empezaron a ir al cine con regularidad. Y
las sufragistas, al cabo de décadas de activismo político, lograron
por fin que en 1920 se aprobara una enmienda constitucional que
concedió a las mujeres el derecho de voto.
Los buenos tiempos no duraron. El valor de muchas acciones,
que se había inflado en forma artificial, cayó drásticamente en
octubre de 1929. En los tres años siguientes, la recesión de los
negocios en Estados Unidos se volvió parte de una depresión
económica mundial. Empresas y fábricas cerraron sus puertas, los
bancos quebraron, el ingreso en el campo cayó. En noviembre de
1932, el 20 por ciento de los estadounidenses carecían de empleo.
La campaña presidencial de ese año fue ante todo un debate
en torno a las causas de la Gran Depresión y la manera de revertirla.
El presidente en funciones Herbert Hoover había iniciado el proceso
de reconstruir la economía, pero sus esfuerzos produjeron escasos
resultados y perdió la elección frente a Franklin Roosevelt. Este
último tenía un optimismo contagioso y estaba dispuesto a usar la
autoridad federal para aplicar remedios audaces. Bajo su liderazgo,
Estados Unidos habría de entrar en otra era de cambio económico y
político.
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