EDICIÓN DE LA HISTORIA
Son las nueve de la mañana y la junta editorial comienza en la
sala de redacción con un análisis de las historias en las que todos
trabajarán hoy. Algunos reporteros y fotógrafos ya recibieron sus
asignaciones y par tieron para cubrir las noticias del día.
Varios de
ellos recibieron sus asignaciones anoche; otros fueron enviados
esta mañana, temprano, después de una teleconferencia
en la cual participaron los altos
gerentes de noticias. Los reporteros que todavía
no tienen asignación “lanzan” sus ideas en la
reunión sobre posibles historias, deseando que
los jefes las aprueben para presentarlas en el
noticiario de esta noche o en el periódico de
mañana. El director de asignaciones repasa
una lista de eventos programados que pueden
o no justificar la cobertura. Una vez que las
decisiones han sido tomadas, los jefes elaboran
un “presupuesto”, es decir, la lista de las historias
que desean tener disponibles pronto para su
publicación o difusión.
Quizá piense usted que a partir de ese
momento los jefes pueden sentarse a descansar,
pero de hecho ninguna decisión que se toma en
una sala de redacción tiene carácter definitivo.
Los cambios de planes son casi inevitables. Surgen
noticias que no estaban previstas y se suprimen
algunas historias que no resultaron como se
esperaba. Otras requieren más información y no
es posible completarlas el mismo día. Decidir qué
publicar, qué suprimir y qué dejar en reserva es
la tarea de los jefes de información, los editores
y los productores. Ellos escogen y modifican las
historias del día de acuerdo con su importancia e
interés, los nuevos acontecimientos y el tiempo o
espacio disponible.
Pero el trabajo del editor no concluye ahí.
Antes que el periódico vaya a prensas o la
transmisión salga al aire, los editores tienen otro
papel crítico que desempeñar. Su tarea consiste
en confirmar que las historias que se ofrezcan al
público estén bien escritas y presentadas, y que
sean precisas, completas e imparciales.
En la mayoría de las salas de redacción hay
varios editores. Ninguna persona podría manejar
por sí sola el volumen de historias que la mayoría
de las organizaciones de noticias producen cada
día. En las grandes salas de redacción puede
haber varios niveles de editores que al final rinden
cuentas a la persona que está a cargo de la división
de noticias, el editor principal del periódico o el
director de noticias de la estación. Como veremos,
el trabajo del editor requiere diversas habilidades,
un alto grado de conocimientos lingüísticos y la
capacidad de manejar una agenda cambiante y
trabajar sin tregua bajo presión.
Puestos de trabajo en un periódico
El periódico diario típico tiene un personal de
reporteros que cubren una amplia gama de
noticias. La mayor parte de los reporteros
de un periódico local suelen trabajar
en la “sección de la ciudad” (city desk) o en la
“metropolitana” (metro desk) y cubren las historias
de la comunidad atendida por el periódico. Los
grandes diarios que circulan en todo el país tienen
también una sección nacional (national desk) y
una internacional o del exterior (foreign desk), con
reporteros emplazados en la capital de la nación
y en otros países. Algunos reporteros trabajan
para secciones especializadas del periódico y
cubren deportes, negocios o artículos de interés
general. Cada una de esas oficinas o secciones está
encabezada por un editor que supervisa el trabajo
de los reporteros y puede tener uno o varios
subeditores.
Los editores de prensa asignan las historias,
editan el texto escrito o “copia” y supervisan
el diseño y distribución de las páginas. En la
mayoría de los grandes periódicos, los editores
se especializan en alguna de esas tareas, pero en
los más pequeños una sola persona se encarga
de todo. Además, los periódicos pueden tener
un editor de fotograf ía que supervisa al personal
de fotógrafos, además de un editor gráfico que
supervisa el trabajo de artistas que elaboran mapas,
cuadros y demás material gráfico informativo.
Los periódicos grandes tienen también un equipo
de investigadores que ayudan a los reporteros a
investigar los antecedentes de sus historias y tienen
una biblioteca o “morgue” de materiales publicados
por el mismo periódico.
Puestos en los medios electrónicos
Las salas de redacción de radio y TV no están
tan organizadas como las de los periódicos.
La mayoría de los reporteros de noticiarios
no se especializan en un tipo de reportaje
en particular; en cambio, pueden ser asignados
a transmisiones específicas de noticias, como el
primer noticiario de la mañana o el último de la
noche. Cada una de esas emisiones es conjuntada
por un productor, el cual decide qué historias
transmitirá, con qué duración y en qué orden. En
las salas de redacción más grandes, un productor
ejecutivo supervisa el trabajo de los productores.
Además de reporteros, las salas de redacción
de los medios electrónicos tienen presentadores
o “anclas” que trabajan frente a las cámaras y
presentan las historias que los reporteros han
cubierto en esa fecha. Los presentadores de radio
y televisión suelen figurar en más de un noticiario
al día.
En una sala de redacción de televisión, el
título de editor se confiere a veces a la persona
que está a cargo de la producción técnica de las
noticias, quien conjunta los materiales de vídeo
y sonido para preparar el producto terminado
que sale al aire. En muchas salas de redacción, el
fotoperiodista que filma el vídeo se encarga de la
edición del mismo a partir de un guión escrito y
narrado por el reportero.
El papel del editor
La oferta de trabajo publicada en fecha
reciente para ocupar una plaza de editor
en un pequeño periódico decía: “Se busca
una persona que tenga mucha destreza en
redacción, edición y maquetación (layout). ... Se
requiere precisión, responsabilidad, capacidad de
trabajar bien en equipo y poseer aptitudes para
la supervisión”. Una estación de televisión grande
que buscaba un nuevo productor requería “juicio
experto en materia de noticias, ... y habilidades
superiores de redacción. ... Debe tener habilidades
de dirección, capacidad para atender múltiples
tareas y buenas dotes de organización”.
Por lo visto, los editores tienen que ser
periodistas competentes y líderes en la sala de
redacción. Se involucran en el proceso noticioso
de principio a fin. Los editores deben tener buen
juicio en materia de noticias porque actúan
como gerentes de asignaciones, responsables de
decidir qué historias serán cubiertas y quién se
encargará de hacerlo. Deben ser buenos escritores
para ayudar a dar forma a la historia a medida
que se desarrolla, discutirla con los reporteros de
la fuente y decidir adónde conviene enviar más
personal para cubrir otros ángulos. Los editores
participan directamente en las decisiones sobre la
presentación de la historia, escriben o seleccionan
los titulares, los pies, las fotos y las ilustraciones.
Además deben guiar y motivar a los empleados
que están a su cargo.
Los editores y los productores trabajan de
cerca con los reporteros para discutir y revisar
las historias. Los editores de periódicos revisan
los textos, eligen ilustraciones –ya sea gráficos o
fotos– y deciden la distribución de la historia en
la página y su titular. En la mayoría de las salas
de redacción de los medios electrónicos, los
reporteros no graban sus guiones ni arman sus
historias sino hasta que un productor aprueba
el contenido. Los productores deciden también
en qué orden se presentarán las historias en el
noticiario y la cantidad de tiempo que se dedicará
a cada una.
Revisión de textos
El editor es el segundo par de ojos que busca
errores en una historia. Conviene subrayar
que se trata del segundo par de ojos. Es
así porque los reporteros siempre deben
verificar la corrección de sus textos antes de
presentarlos a un editor. El primer borrador es
un buen principio, pero sólo eso. Todo escritor
debe dedicar tiempo a la revisión de sus propios
textos. Por definición, la buena redacción requiere
reescribir algunas cosas.
La revisión gramatical es el primer nivel de la
corrección de textos. Los editores buscan errores
gramaticales y de uso de términos, así como
faltas de ortograf ía. Prestan especial atención a
la concordancia, tanto entre sujeto y verbo como
entre sujeto y pronombre. El editor se asegura
de que todas las cifras incluidas en la historia
sean correctas: direcciones, números telefónicos,
edades, fechas y referencias de tiempo. Repasa
los cálculos que el reportero ha realizado, para
asegurarse de que las cuentas estén bien; confirma
que el reportero haya anotado el título apropiado
de cada una de las personas citadas y revisa el uso
de las atribuciones en toda la historia.
Los editores buscan también con cuidado
cualquier error en materia de hechos o de
imparcialidad. Un editor cuidadoso lee los
reportajes con sentido crítico, teniendo presentes
estas preguntas:
- ¿Cómo se enteró el reportero de estos hechos?
- ¿Por qué le debe creer la audiencia?
- ¿Está bien fundamentado el argumento principal de la historia?
- ¿Son precisas las citas y captan lo que esa persona quiso decir en verdad?
- ¿Están representados todos los bandos?
- ¿Falta algo?
- ¿Es una historia imparcial?
Los editores prestan también atención a
cuestiones de buen gusto y lenguaje, las cuales
dependen de la cultura local. (Hablaremos más de
esto en el capítulo 7, “La ética y la ley”.) Tanto los
editores como los reporteros deben leer los textos
en voz alta –sobre todo en la sala de redacción
de los medios electrónicos–, para detectar si hay
frases demasiado largas, redundancias, expresiones
torpes y casos de doble sentido. En muchas salas de
redacción, el editor tiene autoridad para cambiar
el texto del reportero y corregir errores básicos de
esa índole sin consultarlo con él.
Sin embargo, los editores no son sólo
correctores de pruebas, sino periodistas en el
más amplio sentido de la palabra. La mayoría de
los editores y productores tienen experiencia o
capacitación como reporteros. Por eso al leer las
historias de los reporteros buscan mucho más que
la corrección elemental: desean saber si la historia
será comprensible para alguien que carezca de
conocimientos sobre la materia. Tienen muy
presente la necesidad de que las historias sean
atractivas e interesantes.
Si una historia es deficiente, el editor o
productor debe ser capaz de trabajar con el
reportero para mejorar el producto final. Ahí es
donde entran en juego sus habilidades de líder,
pues aplica un procedimiento que se conoce
de ordinario como “orientación del asesor”
(coaching).
Asesoría
La asesoría es un medio por el cual los editores
ayudan al reportero a resolver en forma
independiente los problemas que plantea
la historia. Así se evita el resentimiento
que el reportero siente a menudo cuando un
editor resuelve las deficiencias reescribiendo sus
textos. Además, eso permite que el reportero
aprenda a trabajar mejor, en lugar de repetir los
mismos errores y dejar que el editor se encargue
de corregirlos. “Un buen editor asesora a sus
reporteros hablando con ellos mientras hacen su
reportaje y lo redactan”, dice Joyce Bazira, editora
de noticias en el periódico Alasiri de Tanzania.
“Por medio de esta asesoría, los escritores también
pueden... exponer los problemas que encuentran
en el cumplimiento de sus asignaciones y el editor
trata de resolverlos”.
Algunas de las destrezas necesarias para
impartir esa asesoría son las mismas que
distinguen a un buen periodista: saber escuchar
con atención y hacer preguntas acertadas. La
asesoría funciona porque el reportero casi siempre
conoce los problemas que encuentra al escribir una
historia, aunque no sepa la forma de resolverlos.
El trabajo del asesor consiste en hacer preguntas,
escuchar y ayudar al reportero a mejorar en
su trabajo. Esto es muy distinto del papel de
“enmendador” que algunos editores desempeñan:
|
ENMENDADOR
Enmienda la historia;
Corrige en el último momento;
Debilita al escritor
Expone las debilidades;
Crea resentimiento;
Asume el control.
|
ASESOR
Ayuda al escritor;
Ayuda a lo largo de todo el proceso;
Desarrolla la habilidad del escritor;
Se apoya en los puntos fuertes;
Fomenta la independencia;
Comparte el control
Muchos editores se niegan a asesorar a los
reporteros porque piensan que eso les quita
mucho tiempo y creen que es más rápido hacer
los cambios ellos mismos. Cuando se acerca la
fecha límite, la asesoría puede ser impráctica.
El periódico debe entrar en prensa a tiempo, el
noticiario debe salir al aire y es menester corregir
los errores. Pero en las salas de redacción que
aplican la asesoría, los editores no esperan hasta
el último minuto para revisar los textos de los
reporteros. Trabajando con ellos durante todo el
proceso, los editores les ayudan a producir mejores
historias y la revisión requiere menos tiempo al
final.
El periodista Rodrick Mukumbira de
Botswana, que hoy escribe en el Ngami Times,
dice que la asesoría es un aspecto fundamental de
su labor como editor de noticias. “No es correcto
que el editor asigne el trabajo a un reportero
y corrija los errores en el escrito final”, dice
Mukumbira. “Él debe intervenir en el proceso de
elaboración del reportaje desde que el reportero
está lidiando con la introducción; así se ahorra
tiempo en la revisión del artículo final”.
Un editor asesor habla primero con los
reporteros antes que salgan de la sala de redacción,
luego cuando éstos lo llaman desde el lugar de
los hechos y también cuanto regresan, antes
que empiecen a escribir. El editor asesor hace
preguntas sencillas, como las siguientes, que pueden
ayudar al reportero a enfocar bien la historia:
- ¿Qué sucedió?
- ¿De qué trata en realidad su historia?
- ¿Qué necesita saber la audiencia?
- ¿Cómo se puede contar esto con claridad?/LI>
- ¿Qué opina usted de la historia hasta este momento?
- ¿Qué parte requiere más elaboración?
- ¿Qué necesita hacer a continuación?
- ¿Cómo le puedo ayudar?
Los editores que brindan asesoría buscan
siempre algo que elogiar y alentar en todas las
historias y cuando señalan problemas, citan sólo
unos cuantos a la vez. Jill Geisler del Poynter
Institute dice que al dar asesorías se sienta sobre
sus manos. Como asesora, no desea tocar el texto
del reportero, sino dejar que éste hable de la
historia para que ella escuche si tiene la suficiente
claridad y plantee las preguntas que el escritor
habrá de responder.
La asesoría crea así un periodismo más agudo
y una sala de redacción más humana. Hace del
diálogo una recompensa, no un castigo. Y como la
gente tiende a recordar lo que practica, la asesoría
ayuda a fin de cuentas a que los periodistas hagan
mejor su trabajo.
Titulares, pies de foto y resúmenes
Además de revisar las historias de los
reporteros, los editores son responsables
del material adicional que acompaña a las
historias. En los periódicos y en las salas de
redacción en línea, los editores escriben titulares
(cabezas) para las historias y pies para las fotos. El
titular es a la vez un resumen y un anuncio; da a la
audiencia una idea rápida del tema de la historia y
le dice al lector por qué será interesante leer todo el
texto. El pie es más bien una etiqueta que le indica
al lector lo que se muestra en una foto o gráfica. En
la sala de redacción de las estaciones de radio y TV,
los productores pueden escribir cabezas y también
lo que se conoce como resúmenes (teases), es
decir, breves descripciones de las historia cuyo
propósito es hacer que el espectador o el escucha
desee permanecer en sintonía para enterarse de
todo el reportaje.
Las cabezas, por definición, son breves y
atractivas. Los titulares impresos resumen la
historia, captan la atención del lector, ayudan a
organizar las noticias en la página impresa y, por
medio de distintos tamaños de letra, indican la
importancia relativa de cada historia. Al escribir
una cabeza, los editores no se limitan a resumir
el párrafo de entrada en unas cuantas palabras: el
buen editor intenta captar en los titulares el punto
medular de la historia; por eso debe entender ésta
a fondo antes de redactar la cabeza. Él tiene que
leer la historia de principio a fin y examinar las
fotos y todo el material gráfico que la acompañará.
Si el argumento principal no es obvio, el editor
debe consultar con el reportero, en lugar de tratar
de adivinar y arriesgarse a imprimir un titular
desorientador o erróneo. Por otra parte, si el editor
encuentra confusa la historia, eso indica que ésta
tal vez requiere mayor elaboración.
En los titulares se debe emplear un lenguaje
simple y directo. Use nombres propios y el
tiempo presente. En general, es aceptable no usar
conjunciones, los artículos como “el” y suprimir
verbos copulativos como “ser” o “estar”. Una
historia que narra el arresto de una mujer y su
novio por haber cometido una serie de asaltos
bancarios podría tener este titular: “Novios
Ladrones Detenidos”. Conviene tratar de evitar los
verbos que los editores llaman “falsos titulares” y
que atraen a los autores de cabezas sólo porque son
breves. Verbos como “otear”, “osar” y “urdir” casi
nunca se usan en la conversación, por lo cual no
deben aparecer en los titulares.
El titular debe ir de acuerdo con la tónica de la
historia. Las noticias duras requieren un resumen
directo, como este titular del periódico The
Zimbabwe Independent: “Contrabando Merma
Producción de Oro en Zimbabwe”. Este titular se
asegura de que el lector sepa con precisión el tema
de la historia. Por otra parte, los titulares de interés
general pueden apenas sugerir el contenido de la
historia, ya que su propósito básico es despertar la
curiosidad del lector. Por ejemplo, el Buenos Aires
Herald de Argentina usó este titular para la reseña
de una nueva grabación: “Madonna Insolente
Retrocede en el Tiempo”.
Como el espacio para titulares es limitado,
los editores de periódicos los redactan como si
se tratara de un rompecabezas. El corrector de
un periódico estadounidense –el Newark Star-
Ledger– Joel Pisetzner, dice: “Reúno las palabras
como si armara el mensaje de un secuestrador. Las
revuelvo una y otra vez, las mezclo y las acoplo”.
Aunque esto puede ser divertido, los editores
dicen que es importante pensar siempre en el
lector, evitar las expresiones trilladas o demasiado
frecuentes y tener el mayor cuidado con los giros
grotescos o de doble sentido. Los titulares que se
esfuerzan demasiado por ser graciosos, ingeniosos
o atractivos suelen fracasar; lo principal es que
sean precisos y francos, no engañosos. Lo que dice
el titular debe aparecer en la historia. Nada molesta
más a un lector que una historia donde no se le da
lo que los titulares prometían.
En forma muy similar a los titulares, el resumen
preliminar de cada nota en los noticiarios tiene
la finalidad de atraer la atención del espectador
hacia el resto de la historia. Esos resúmenes deben
someterse a muchas de las mismas reglas que los
titulares. Es preciso que el productor vea toda la
historia y hable con el reportero antes de escribir el
resumen. Lo trillado y lo demasiado ingenioso no
funcionan en esos resúmenes, lo mismo que en los
titulares. Además, el resumen no debe prometer
demasiado ni exagerar sobre el contenido de la
historia a la cual precede.
A diferencia de los titulares de un periódico,
el resumen en un noticiario contiene oraciones
completas y debe sostenerse por sí solo, pues
estará separado de la historia por otras noticias
o por mensajes comerciales intermedios. El
resumen no sintetiza de ordinario la historia como
lo hacen los titulares, pues su propósito es hacer
que el espectador se interese y desee seguir en
sintonía para enterarse de lo demás. En realidad,
los productores escriben esos resúmenes dejando
ciertas preguntas sin responder, o bien, crean
expectación prometiendo al espectador algo
bueno si no cambia de canal.
Para ilustrar la diferencia, considere el resumen
inicial de esta historia tomada del periódico
estadounidense Los Angeles Times enviada
desde Ammán, Jordania: “Una mujer iraquí se
presentó en la televisión estatal de Jordania el
domingo y confesó que es el cuarto miembro
del equipo de terroristas suicidas de Al-Qaida
que atacó tres hoteles de la localidad la semana
pasada, matando a 57 personas”. Los titulares de
esta historia en el periódico fueron: “Mujer Iraquí
Confiesa Serena que Intentó Destruir Hotel”. En
cambio, el resumen inicial de la misma historia en
el noticiero vespertino de NBC por televisión fue:
“¿Quién es ella? ¿Y por qué accedió a ser el cuarto
de los terroristas suicidas que atentaron contra
un hotel en Jordania? Vea los detalles esta noche”.
El resumen inicial por televisión no habló de la
confesión de la mujer, pero prometió responder las
preguntas del espectador acerca del papel que ella
desempeñó.
Los pies de fotograf ía tienen también un
propósito diferente que los titulares. En lugar de
resumir el contenido como lo hacen aquéllos,
los pies ayudan al lector a apreciar la ilustración
correspondiente. En conjunto, la foto y su pie
forman una pequeña historia que el lector
puede entender sin tener que leer el texto al cual
acompañan.
Los pies deben identificar con claridad a las
principales personas que aparecen en las fotos. Si
en éstas figuran varias personas, a menudo es útil
informar al lector que el personaje principal es el
que “lleva una gorra” o “está de pie a la derecha”.
En el pie no se deben repetir las palabras exactas
de los titulares ni frases tomadas de la historia
acompañante. Además, los escritores de pies no
tienen por qué explicar lo que se ve con claridad en
la foto. “Carlos Fernández sonríe al bajar del avión”
es un pie menos efectivo que “Carlos Fernández
regresa alegre de sus 15 años en el exilio”.
La mayoría de los pies son cortos, de sólo uno
o dos renglones en letra menuda. Pero a veces el
periódico o el sitio en línea reúne muchas fotos con
pies largos en un ensayo fotográfico que relata una
historia completa. En los pies largos pueden usarse
citas de las personas que aparecen en las fotos.
Material gráfico y visual
Los reporteros de periódicos resienten a veces
el uso de material gráfico porque ocupa
espacio y los obliga a acortar sus historias. Sin
embargo, las buenas ilustraciones aumentan
el atractivo visual del periódico, atraen la atención
de los lectores y ayudan a comprender las historias.
En realidad dan realce al texto del reportero en
lugar de menoscabarlo. El diseñador de periódicos
Ron Reason dice que el material gráfico es
“información, no decoración”.
Cada ilustración debe tener un propósito.
Llenar espacio o tiempo vacío no es razón
suficiente para usar material gráfico. Éste tiene que
facilitar al lector o al espectador la comprensión
de la historia, lo cual significa que el editor debe
entender ésta a fondo antes de diseñar o elegir una
ilustración que la acompañe. Los artistas gráficos
suelen producir las imágenes visuales; el papel del
editor es conceptualizar la ilustración, buscar la
información que ésta debe contener o que habrá
en ella y evaluar su precisión.
El material gráfico puede mostrar hechos
básicos o ilustrar un proceso. Imagine que usted va
a informar sobre la contaminación del aire en su
país. Podría usar un mapa para indicar los lugares
donde el aire es más insalubre o una ilustración
para mostrar los efectos de la contaminación en los
pulmones. Ambos tipos de ilustración funcionan
bien, tanto en un noticiario como en la prensa
impresa.
Cualquiera que sea el medio, conviene evitar
las ilustraciones sobrecargadas de información. Es
preciso que con sólo mirar la ilustración el lector o
el espectador capte una idea básica. Considere la
ilustración como una señal en la carretera: como el
conductor no tiene mucho tiempo para examinarla
porque las cosas pasan demasiado de prisa frente
a él, la información tiene que ser clara y fácil de
captar.
Imagine que usted edita una historia donde
se informa que el presupuesto anual de la ciudad
equivale hoy al doble del que era hace 10 años. Al
leer más en detalle se da cuenta de que la mayor
parte del crecimiento ha ocurrido en los tres
últimos años. Una gráfica de barras que muestre el
monto del presupuesto en cada uno de los últimos
10 años sería un recurso sencillo para aclarar esa
situación.
Para el lector y el espectador es más fácil captar
la información que se presenta en forma gráfica y
no sólo con números. Por ejemplo, en una historia
sobre cómo la proliferación de empresas en la
ciudad ha desplazado a los residentes, se podría
mencionar el número de edificios de apartamentos
y de oficinas que hay en el lugar. Sin embargo, sería
más eficaz usar un gráfico de rebanadas de pastel
para mostrar la relación entre ambos. Siempre que
sea posible, compare las tasas de crecimiento, no
los números escuetos. Es desorientador mostrar
que el número de muertos a causa del SIDA en
una ciudad es el doble que en otra, si la primera
tiene 10 veces más habitantes. Calcule el índice
de defunciones por habitante para que pueda
hacer una comparación justa. Los editores que
trabajan con gráficas necesitan conocimientos
de estadística y deben comprometerse a usarlas
con transparencia y precisión para que sean más
comprensibles.
Supervisión
Como ya hemos dicho, los editores son
supervisores además de periodistas. Al
trabajar con los reporteros en las historias
diarias, supervisan también los progresos
de éstos a largo plazo y buscan oportunidades, ya
sea en forma personal o por escrito, de ofrecer
comentarios constructivos que les ayuden a
mejorar su trabajo. Muchos editores tienen que
presentar además una reseña anual del desempeño
de los empleados bajo su supervisión, lo cual es un
tipo de realimentación más formal.
La realimentación eficaz es oportuna y
específica. Se ofrece tanto en persona como por
escrito. La mayoría de los editores son partidarios
de dar la realimentación positiva en público y
hacer todos los comentarios de crítica en privado.
Para los editores más atareados, la única forma
de asegurarse de que sus empleados reciban la
realimentación de persona a persona que merecen
es mediante sesiones periódicas de comentarios.
Hacer que los empleados se enteren en forma
habitual de la calidad de su trabajo es un buen
recurso para evitar sorpresas desagradables a la
hora de evaluar el desempeño.
Los jefes de información deben buscar el
modo de obtener del personal a su cargo una
realimentación sincera sobre su desempeño. Esto
se puede lograr en conversaciones informales
o pidiendo a los empleados que respondan un
cuestionario anónimo. En una u otra forma, los
jefes deben insistir en que su personal sea sincero
y no mostrar inquina si el resultado no es del todo
favorable. Lo importante es que averigüen qué
pueden hacer para mejorar su propio rendimiento.
Los principales editores y jefes de información
establecen la tónica en la sala de redacción
y ayudan a crear en ella una cultura positiva,
estableciendo y reforzando las normas y valores
que los empleados comparten. En una sala de
redacción bien dirigida, los editores no tienen
favoritos; alientan la comunicación abierta y
celebran reuniones regulares para cerciorarse
de que todos comprendan las metas de la
organización de noticias. Los editores deben
prestar mucha atención al buen estado de ánimo
del personal y hacer todo lo posible por mejorarlo,
elogiando los éxitos y premiando los logros
notables. Reconocer en público el buen trabajo es
un recurso adecuado para hacer que éste prolifere.
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