CÓMO CONSEGUIR LA HISTORIA
La pista llegó en un correo electrónico de un ex funcionario
del gobierno que nos sugería investigar la dotación de balsas
salvavidas en los transbordadores del estado de Washington.
El reportero Eric Nalder, que entonces trabajaba en el Seattle
Times, decidió dar un vistazo. Su primera llamada telefónica
fue al director de seguridad del sistema de transbordadores,
que era nuevo en su puesto, pero le dio a Nalder
el nombre y el teléfono de su antecesor. Cuando
el reportero localizó por teléfono al director
retirado, éste le confirmó que las balsas salvavidas
escaseaban. Lejos de quedar satisfecho con el
descubrimiento de una nueva noticia, Nalder sintió
que la historia apenas comenzaba.
Para conocer el caso en su totalidad, Nalder
necesitaba documentos que mostraran el
número de botes salvavidas que había en cada
transbordador, la capacidad de cada balsa y
el número máximo de pasajeros que podían
viajar en cada transbordador. Luego tuvo que
analizar los datos para determinar qué tan
grave era la escasez. También se embarcó en los
transbordadores y entrevistó a los pasajeros y
la tripulación. Sólo entonces estuvo listo para
escribir su noticia de primera página, donde reveló
que los transbordadores de su estado sólo tenían
balsas salvavidas para evacuar a uno de cada siete
pasajeros.
La tarea de informar es un fatigoso proceso que
incluye la recopilación de datos y la verificación
cuidadosa de los mismos para determinar su
exactitud. A veces los periodistas son testigos de la
historia, pero lo más común es que se enteren de
los detalles por boca de otras personas que tuvieron
experiencia directa con los hechos o son expertos
en el tema. Esa información se ve reforzada o
corroborada por fuentes adicionales y se coteja con
evidencias documentales contenidas en registros
públicos, informes o archivos.
La información que un periodista recopila
debe responder las preguntas que se resumen en
la siguiente lista: quién, qué, dónde, cuándo, por
qué y cómo. Según la complejidad de la historia,
el reportero puede plantear esas preguntas en
diferentes formas.
QUIÉN:
- ¿Quién está involucrado en esta historia?
- ¿Quién fue afectado por ella?
- ¿Quién es la persona idónea para relatar la historia?
- ¿Quién ha sido omitido en la historia? ¿Quién tiene información adicional al respecto?
- ¿Quiénes están en conflicto en esta historia? ¿Tienen estas personas algo en común?
- ¿Con quién más se podría hablar sobre esos hechos?
QUÉ:
- ¿Qué sucedió?
- ¿Cuál es el propósito de esta historia? ¿Qué intento decir en realidad?
- ¿Qué necesita saber el lector, espectador o escucha para entender esta historia?
- ¿Qué me sorprendió de ella? ¿Cuál es el hecho concreto más importante que he descubierto?
- ¿Cuál es la historia en este caso? ¿Qué pasa después?
- ¿Qué puede hacer la gente a ese respecto?
DÓNDE:
- ¿Dónde sucedió esto?
- ¿A qué otro lugar puedo ir para conocer la historia completa?
- ¿Cuál será el siguiente paso de esta historia? ¿Cómo terminará?
CUÁNDO:
- ¿Cuándo sucedió esto?
- ¿Cuándo tuvieron lugar los momentos decisivos de esta historia?
- ¿Cuándo debo informar sobre esta historia?
POR QUÉ:
- ¿Por qué está ocurriendo esto? ¿Es un caso aislado o forma parte de una tendencia?
- ¿Por qué se comporta la gente como lo ha hecho? ¿Cuáles son sus motivos?
- ¿Por qué es importante esta historia? ¿Por qué debe la gente mirarla, leerla o escucharla?
- ¿Por qué tengo la certeza de que capté bien esta historia?
CÓMO:
- ¿Cómo ocurrió esto?
- ¿Cómo cambiará la situación a causa de lo sucedido?
- ¿Qué utilidad tendrá esta historia para el lector, escucha o espectador? ¿Y para la comunidad?
- ¿Cómo conseguí esta información? ¿Está clara la atribución?
- ¿Cómo le podría describir esta historia una persona a un amigo?
Muchos reporteros usan listas mentales de
verificación como ésta para asegurarse de que han
cubierto todos los elementos importantes de una
historia.
Observación
La observación en el lugar de los hechos es
uno de los preceptos fundamentales del buen
reportaje. Los periodistas desean presenciar
los eventos personalmente siempre que es
posible pues así los pueden describir con precisión
para su público. El buen reportero usa todos
sus sentidos en el lugar de los hechos: observa,
escucha, olfatea, saborea y palpa la historia para
que el público pueda hacerlo también.
Para hacer esto bien, el periodista necesita
llevar un registro preciso de sus observaciones. Un
reportero de los medios impresos puede realizar
su tarea con una libreta y un lápiz o pluma, pero
también puede llevar consigo grabadoras de audio
y cámaras, sobre todo si se espera que presente su
historia en una edición adicional en línea. En el
caso de la radio, los periodistas tienen que captar
sonidos; para la televisión, usan tanto el sonido
como el vídeo.
El uso de una grabadora es una forma de
asegurarse de que todas las citas textuales que
usted haga sean precisas. Pero se ha sabido que
la electrónica falla, por lo cual es importante que
todos los periodistas sean hábiles para tomar notas.
He aquí algunas sugerencias de reporteros con
experiencia acerca de la forma de tomar notas:
- Escriba los hechos, los detalles, las ideas y las reflexiones. Identifique cada uno de ellos e indique de dónde proviene.
- Dibuje diagramas de las habitaciones, las escenas o los elementos y sus relaciones recíprocas.
- Anote siempre correctamente el nombre, el puesto y demás información de sus contactos. Pregunte fecha y año de nacimiento para asegurarse de consignar correctamente la edad de la persona.
- Especifique en la libreta las reglas básicas para la entrevista.
- No llene demasiado la libreta. Deje espacio para notas adicionales.
- Deje en blanco el reverso de las tapas para anotar allí las preguntas que hará después.
- Pase en limpio sus notas lo antes posible.
Muchos reporteros usan su propia taquigrafía
para las palabras usuales y así pueden tomar
notas con más rapidez. Después pasan en limpio
sus notas, escriben completas las palabras que
estaban abreviadas y así evitan confusiones.
Además, marcan la información más importante
que han obtenido, las citas adecuadas que pueden
incluir en la historia, los aspectos que requieren
seguimiento o verificación para determinar su
exactitud, y las preguntas que quedaron en espera
de respuesta.
Parece obvio, pero antes de salir a cubrir una
noticia el reportero debe cerciorarse de que cuenta
con las herramientas necesarias: libreta, pluma,
grabadora de cinta o digital y baterías frescas. Nada
hay más embarazoso que, al llegar al escenario
de los hechos, descubrir que la cámara no tiene
película o cinta, o que sólo llevamos una pluma y
no tiene tinta. Es frecuente que en la actualidad
los periodistas lleven también otros instrumentos:
un teléfono móvil y una computadora laptop.
También otros elementos sencillos pueden ser
útiles. Colocar una banda elástica de goma en
la libreta para señalar la siguiente página en
blanco facilita la tarea de localizarla rápidamente.
Con una bolsa de plástico se puede proteger la
libreta cuando llueve, de modo que las páginas
se conserven secas y la tinta no se corra. Unos
pequeños binoculares son útiles para ver lo que
está pasando aunque no sea posible acercarse
mucho. Una calculadora ayuda a convertir
ciertos datos, como el número de toneladas de
combustible transportadas en un avión, para
expresarlos en términos más familiares para el
público, en este caso, litros o galones
Investigación
Los periodistas tienden a recoger mucha más
información de la que pueden incluir en sus
artículos, pero esos datos siempre les ayudan
a entender mejor la situación o el tema en
cuestión. A veces la información de antecedentes
es esencial para dar un significado más profundo
a la historia. Por ejemplo, en el artículo sobre las
balsas salvavidas, Eric Nalder incluyó el dato de
que el agua donde los transbordadores navegan
en enero es tan fría que puede causar la muerte
de una persona en menos de media hora. Esa
información ubica la escasez de balsas salvavidas
en su contexto al explicar con más claridad por
qué es un asunto grave. Ese es justamente el tipo
de información que los reporteros buscan cuando
investigan una historia, ya sea antes de salir de la
sala de redacción o sobre la marcha, a medida que
surgen las preguntas.
Los instrumentos de investigación de los
periodistas son hoy más numerosos que nunca,
gracias a las computadoras y la Internet. Muchos
de ellos son sólo versiones en alta tecnología de las
herramientas básicas del oficio: guías, almanaques,
enciclopedias y mapas. Otros son bases de datos
e informes que habría sido mucho más dif ícil
obtener en la época anterior a la Internet, pues
para eso era necesario ir personalmente a una
biblioteca o un edificio del gobierno. Otras más
son recursos que poca gente habría imaginado
hace dos decenios, cuando la Internet estaba en
ciernes: motores de búsqueda, blogs, chat rooms
y listas de correo electrónico. Todos esos recursos
son útiles para los periodistas cuando recopilan
los antecedentes de una historia. Pero uno de los
instrumentos de investigación más fundamentales
no ha cambiado en un siglo: la biblioteca de la
organización de noticias donde las historias ya
publicadas o transmitidas son recopiladas. Si esos
“recortes” se conservan en documentos guardados
en archiveros o en archivos de computadora,
son un punto de partida útil para todo tipo de
artículos. Muchos periodistas tienen también sus
propios “archivos de recortes” con las noticias que
han guardado sobre temas específicos.
Imaginemos que un ex presidente de un país
vecino ha muerto. El reportero designado para
escribir la historia deseará conocer algunos datos
básicos: edad del personaje, causa de la muerte
y dónde falleció. Pero también es posible que le
interese cierta información sobre el tiempo que
estuvo en el cargo y qué cambios hubo en el país a
raíz de su presidencia. Un primer paso consistiría
en consultar reportajes de noticias anteriores, ya
sea en el archivo del periódico o en línea. En esos
informes puede encontrar el nombre de alguna
persona allegada al ex presidente, a quien le podría
pedir una entrevista. Tal vez el reportero desee
conocer ciertos antecedentes de esa persona antes
de realizar la entrevista y quizá se entere de que
era un amigo del ex presidente y que conserva
todas sus cartas, las cuales podrían revelar detalles
nuevos y sorprendentes.
Hacer una entrevista sin haber realizado una
investigación de antecedentes es tanto como
conducir un automóvil hacia un lugar desconocido
sin consultar un mapa. Tal vez se llegue a donde
uno desea, pero existe la misma probabilidad de
extraviarse en cualquier vuelta del camino.
Fuentes de información
Los reporteros usan fuentes primarias y
secundarias para informar sobre las noticias.
La fuente primaria puede ser una entrevista
con alguien que tenga experiencia directa
con el evento o tema, o bien un documento
original relacionado con el asunto. También
se considera como fuente primaria al propio
periodista si fue testigo de los hechos. Una fuente
secundaria puede ser un informe escrito basado en
el documento original. En el caso de un incendio,
por ejemplo, la persona cuya casa se quemó puede
ser una fuente primaria. Lo mismo se puede decir
de un bombero que haya participado en la tarea de
apagar el incendio. En cambio, el boletín de prensa
emitido por el departamento de bomberos al día
siguiente sería una fuente secundaria.
Una regla empírica que los reporteros aplican
al investigar una historia es que ninguna fuente
por sí sola puede proporcionar toda la información
necesaria. En nuestro ejemplo del ex presidente,
cada fuente que el reportero consultó lo condujo
a otro informante. A veces los informantes se
contradicen entre sí. Para aclarar las discrepancias,
es posible que los reporteros tengan que ver hacia
dónde apunta el peso de la evidencia o buscar
fuentes originales, como documentos, para
determinar cuál de las versiones es verdadera.
Las fuentes secundarias son muy útiles como
instrumento para confirmar la información
obtenida de fuentes primarias.
No importa qué fuentes use usted para
investigar los antecedentes de una historia, es vital
que considere la validez o credibilidad de cada
fuente. En la actualidad, cualquiera puede diseñar
un sitio Web que parezca profesional o enviar un
correo electrónico que parezca auténtico aunque
en realidad sea una impostura. El hecho de que
algo esté en Internet no significa que sea verdad.
Los periodistas tienen que verificar la fuente de
toda su información para saber si es lo bastante
creíble para usarla en una historia de noticias.
Una parte importante del trabajo del periodista
consiste en decidir qué fuentes debe usar. He aquí
algunas preguntas útiles para determinar si hemos
elegido la fuente apropiada o la mejor para relatar
los hechos.
- ¿Cómo obtuvo este informante el conocimiento de los hechos? (¿La persona en cuestión está en condiciones de saber esas cosas, ya sea por motivos personales o profesionales?)
- ¿Cómo puedo corroborar esta información por medio de otras fuentes o en documentos?
- ¿Qué tan representativo es el punto de vista de mi informante? (¿Es sólo una persona la que se queja a grandes voces del casero porque tiene rencillas personales con él? ¿O es la suya la voz más elocuente que habla en nombre de todo un grupo de inquilinos que tienen problemas graves y legítimos?)
- ¿Ha sido fiable y creíble ese informante en el pasado?
- ¿Uso esta fuente sólo porque es la que tengo más a la mano o lo hago porque sé que de ella obtendré información útil?
- ¿Qué motivos tiene este informante para dar información? (¿Lo que intenta este empleado es mejorar su imagen o hacer que su jefe se vea mal? ¿Qué lo indujo a hablar conmigo, por principio de cuentas?)
Una vez que encuentre un informante útil para
una historia, es conveniente que se mantenga en
contacto con él o ella por largo tiempo. Obtenga
la mayor información posible sobre la forma de
contactar a cada informante, no sólo la dirección
y el teléfono de la oficina, sino su teléfono celular y
el de su casa, y su dirección de correo electrónico.
El buen reportero “trabaja” a sus informantes
con regularidad y los contacta para preguntar
si está pasando algo interesante. Para que a sus
informantes les sea más fácil comunicarse con
usted, entregue su tarjeta de visita a todas las
personas que conozca en relación con una noticia.
Cualquiera que tenga acceso a información,
incluso las secretarias y los empleados, puede
ser una fuente de información útil para un
periodista. Ellos pueden proporcionar copias
de documentos y a menudo saben quién es la
persona más enterada sobre un tema determinado.
Un reportero que los trata con respeto podrá
comprobar que su solicitud de entrevistarse con
el supervisor de esa secretaria o empleado es
aceptada con más presteza.
Entrevistas
La reportera estadounidense Kristin Gilger
dice: “Una entrevista bien hecha es la base de
todos los reportajes y textos de calidad”. Una
entrevista se define como la información,
opiniones o experiencias que un informante
comparte con un reportero en el curso de su
conversación. La pequeña diferencia entre una
entrevista y una conversación ordinaria es que en
la primera el reportero controla la dirección del
interrogatorio.
No siempre es fácil obtener una entrevista.
Es posible que la gente no desee hablar con
un periodista, sobre todo si la historia es
controvertida. Cuando trate con funcionarios
de gobierno, parta de la premisa de que el
público tiene derecho de saber lo que hacen esos
funcionarios. Los reporteros con experiencia han
descubierto que hasta el funcionario más renuente
a conceder una entrevista puede ser convencido
si ellos se anticipan a las excusas y objeciones que
éste puede presentar.
- No tiene tiempo.
El reportero puede proponer que se reúnan en el lugar y a la hora más adecuados para la persona con quien desea hablar. También puede ser útil reducir la cantidad de tiempo que solicita.
- Tiene temor porque piensa que la entrevista irá en menoscabo de su imagen.
Tratar a las personas con respeto y explicarles en detalle por qué se les pide la entrevista ayuda a mitigar la ansiedad de los informantes.
- No sabe qué decir.
El reportero tiene que explicar con claridad por qué necesita el punto de vista de esa persona en particular para redactar la historia.
- Es difícil de contactar.
Es frecuente que el reportero necesite recurrir a una secretaria o un funcionario de relaciones públicas para tener acceso a la persona a quien desea entrevistar. Si sospechan que su solicitud no fue transmitida, algunos reporteros escriben una carta al informante o le hacen una llamada telefónica, ya sea a la hora del almuerzo o después del horario de oficina, para establecer el contacto.
Cuando haya conseguido la entrevista e
investigado a la persona y el tema, aún tendrá
que hacer otros preparativos. La mayoría de los
reporteros elaboran una lista de preguntas o temas
y la llevan consigo, pero no la leen durante la
entrevista. De hecho, sólo consultan la lista hacia
el final para asegurarse de no haber olvidado algo
importante. En la lista citan también toda la demás
información, documentos o fotograf ías que desean
obtener de ese informante.
Las preguntas son la columna vertebral de una
entrevista. Son el timón que mantiene al barco
en el derrotero adecuado. Las preguntas atinadas
nos pueden redituar respuestas inesperadas,
riqueza informativa y sorpresas. Las preguntas
mal planteadas nos hacen dudar que haya valido
la pena tomarnos la molestia de hablar con esa
persona. Las preguntas demasiado específicas nos
pueden llevar por un camino equivocado.
La primera pregunta de una entrevista es
importante porque establece la tónica de lo que
vendrá después. A muchos periodistas les gusta
comenzar con una pregunta “para romper el
hielo” y permitir que el entrevistado se relaje. Le
preguntan algo que le sea agradable responder
aunque tal vez no tenga relación con el propósito
de la entrevista. Sin embargo, a menudo eso ayuda
a definir la identidad de usted ante su informante y
establece un clima de confianza y apertura.
La mayoría de las veces, las mejores preguntas
son las de tipo abierto que no pueden ser
respondidas con un simple “sí” o “no”. También
deben estar libres de cualquier juicio personal
para no revelar el punto de vista del reportero.
Esa es la diferencia entre “¿qué opina usted de
eso?” e “imagino lo que usted pudo haber pensado
de eso”. Aunque es importante hacer preguntas
atinadas, también lo es guardar silencio y dejar
que el entrevistado hable. El buen periodista sabe
escuchar y con frecuencia obtiene la información
más valiosa guardando silencio. Lo que usted
escuche le puede sugerir preguntas adicionales que
tal vez no se le habían ocurrido.
Robert Siegel, que trabaja en la Radio Pública
Nacional en Washington. D.C., cuenta la anécdota
de una entrevista que le hizo a un diplomático
de Turquía a raíz de que el papa Juan Pablo II fue
baleado y herido por un turco en Roma. Comenzó
por preguntarle: “¿Conoce usted algunos detalles
acerca de ese hombre, Mehmet Ali Agca, por
ejemplo si vivía en Italia, qué hacía allí y qué
tipo de visado le dieron los italianos?”. Todas las
respuestas fueron “no”. Después de varios intentos
más, Siegel hizo una pausa y ya se disponía a
claudicar cuando el diplomático llenó el silencio
con esta afirmación: “...sólo sé que es el asesino
convicto más famoso de Turquía y que escapó de
la cárcel después de asesinar al director de uno
de nuestros principales diarios”. Siegel dice que
estuvo a punto de perder una buena historia por
hacer preguntas demasiado concretas. Reconoce
que una forma mejor de iniciar la entrevista habría
sido: “Hábleme acerca de ese hombre”.
Los reporteros pueden hacer entrevistas
en persona, por teléfono o en línea, ya sea por
correo electrónico o en mensajes instantáneos.
Cada método tiene ventajas y desventajas. En
la entrevista personal, el reportero capta en
forma más completa al individuo. ¿Qué tipo
de fotograf ías tiene en la pared? ¿Su escritorio
está revuelto u ordenado? ¿Qué libros hay en
su estante? La entrevista en persona permite
también que el reportero juzgue la credibilidad
del informante a partir de su porte. ¿La persona
se muestra nerviosa o cómoda? ¿Está dispuesta a
mirar a los ojos al reportero?
Christopher (Chip) Scanlan, quien dirige
talleres de redacción en The Poynter Institute,
una escuela de periodismo de Estados Unidos,
cuenta que una vez entrevistó a una mujer cuyo
esposo había muerto víctima del cáncer. Ella le
mostró su casa y en el dormitorio le dijo: “¿Sabe
usted?, todas las noches rocío un poco de agua de
colonia [de mi esposo] en mi almohada para tener
la impresión de que él todavía está conmigo”. Ese
es un detalle que el lector puede oler y palpar, y
que Scanlan nunca habría logrado obtener por
teléfono o en línea.
Las entrevistas telefónicas requieren menos
tiempo y a algunos reporteros les parece más
fácil tomar buenas notas cuando no tienen que
preocuparse por mantener el contacto visual con
si informante. Incluso pueden escribir sus notas
en la computadora. Las entrevistas por correo
electrónico son útiles para contactar con personas
en lugares lejanos, pero el reportero no puede oír lo
que se le dice ni hacer preguntas de seguimiento en
“tiempo real”. El sistema de mensajero instantáneo
por Internet es más parecido a una entrevista
telefónica. Pero ambos métodos en línea plantean
la duda de si en realidad la persona que envía las
respuestas es quien dice ser.
Por estas preocupaciones, la sala de redacción
del periódico Virginian-Pilot de Norfolk,
Virginia ha instituido la siguiente política para los
reportajes en línea: “En cuanto a las citas tomadas
de comunicaciones electrónicas, tenemos que
cerciorarnos de que la comunicación es genuina,
pues es fácil simular las direcciones de respuesta en
Internet o presentarse como otra persona. Internet
no tiene controles al estilo de los servicios de
teletipo [como Reuters o la Associated Press]; las
falsificaciones pueden venir de cualquier parte”.
Los reporteros que usan el correo electrónico
u otras formas de comunicación en línea deben
aplicar las mismas normas profesionales que
en cualquier otra forma de comunicación. Se
deben identificar como periodistas y decir qué
información desean obtener y por qué. Para
verificar y ponderar los datos, es necesario que
apliquen las mismas habilidades que usarían con
cualquier otra fuente de información.
Independientemente de cómo realicen la
entrevista, los reporteros suelen reservar algunas
preguntas para el final. Primero pueden resumir la
conversación para asegurarse de haber entendido
con precisión lo que se les dijo. Después preguntan
si su entrevistado desea decir algo más. Luego
investigan cuál es la mejor forma de volver a
comunicarse con esa persona, sobre todo fuera del
horario de oficina, y le agradecen el tiempo que les
concedió. Muchos periodistas hacen una última
pregunta a todos sus entrevistados: “¿Con quién
más cree que debo hablar acerca de esto?”.
Reglas básicas
La mayoría de las entrevistas se llevan a cabo
en forma oficial (“on the record”) lo cual
significa que el reportero puede reproducir
cualquier comentario del entrevistado
y atribuirlo directamente a esa persona. Es
importante asegurarse de que el informante sepa
esto, sobre todo cuando el reportero entrevista a
una persona ordinaria que no está acostumbrada
a ser citada en los periódicos o en los medios
electrónicos.
Si la información es extraoficial (“off the
record”), el reportero y su informante deben
decidir de antemano, por mutuo acuerdo, cuál
es la información que podrá ser publicada. Una
entrevista “en segundo plano” (on background)
o “sin atribución” implica de ordinario que la
información puede ser incluida en las noticias
y que las palabras del informante podrán ser
citadas textualmente, pero su nombre no será
divulgado. Sin embargo, se dará su identificación
en forma general; por ejemplo, “un funcionario del
ministerio de exterior” o “un ingeniero que trabaja
en una compañía”, siempre que el informante y el
periodista estén de acuerdo en la descripción que
se va a emplear.
Muchas organizaciones de noticias tienen
políticas escritas sobre el uso de fuentes anónimas.
Por ejemplo, el periódico The New York Times
estipula: “El uso de informantes no identificados
se reservará para las situaciones en las que el
periódico no pueda publicar en otras condiciones
una información que considera fiable y valiosa
como noticia. Al usar esas fuentes, aceptamos la
obligación no sólo de convencer al lector de su
fiabilidad, sino también de transmitir lo que hemos
averiguado sobre el motivo por el cual nos dieron
la información”. Los reporteros no deben acceder
a la ligera a conversar en segundo plano, porque
a veces los informantes tratan de usar esto como
un parapeto para lanzar ataques personales o de
partido, sabiendo que su identidad no podrá ser
rastreada. Además, cuando se cita a un informante
sin divulgar su nombre, a la audiencia le es más
difícil evaluar la credibilidad de la información.
Sin embargo, en ciertas ocasiones el reportero
tiene que obtener la información en segundo plano
porque es la única forma en que el informante
accede a hablar. Cuando éste teme por su
seguridad si otros se enteran de que ha hablado
con un reportero, es posible que sólo acepte dar
información en segundo plano. He aquí algunos
lineamientos para decidir si conviene aceptar y
usar información en esas condiciones:
- Cuando la historia es de interés primordial para el público.
- Cuando no es posible obtener oficialmente esa información.
- Cuando el informante está en una posición que le permite saber la verdad.
- Cuando usted está dispuesto a explicar (en su historia) por qué no es posible mencionar el nombre de su informante.
En algunas capitales, los funcionarios del
gobierno hablan con reporteros en segundo plano
y hasta en “deep background” (último plano),
lo cual significa que la información puede ser
usada, pero no repetida en forma textual y que el
informante no debe ser identificado. Lo único que
el reportero puede escribir en esos casos es que se
sabe que los funcionarios creen tal o cual cosa. La
información que se ofrece en forma “extraoficial”
no puede usarse en absoluto, por lo cual la mayoría
de los reporteros se oponen a llegar a ese acuerdo,
a menos que el informante sea tan importante
para la historia que no tengan más remedio que
acceder. La información extraoficial no puede ser
comunicada ni siquiera a otro informante, pero
a veces esos datos le sugieren al reportero alguna
historia que puede valer la pena.
Cualquiera que sea el acuerdo, del reportero
depende asegurarse de que ambas partes
entiendan y acepten las reglas básicas antes de
la entrevista. A veces los informantes tratan de
cambiar las reglas sobre la marcha, diciéndole
al reportero algo importante y aclarando luego:
“Pero usted no puede utilizar lo que le he dicho,
por supuesto”. Por eso es conveniente especificar
las cosas desde el principio y no comprometerse a
retener información, a menos que se haya llegado
a un acuerdo por separado antes del inicio de la
entrevista.
Los periodistas deben aclarar también en qué
medida están dispuestos a proteger la identidad
de un informante. En algunas jurisdicciones, los
periodistas se arriesgan a ir a la cárcel si se niegan a
revelar información sobre una fuente confidencial
en un tribunal de justicia. Si el periodista no está
dispuesto a arriesgarse a ir a la cárcel para proteger
al informante, su obligación es decírselo a éste.
Algunos reporteros son muy hábiles para
lograr que la información extraoficial se vuelva
oficial. Eric Nalder es uno de ellos. En cuanto
termina la entrevista extraoficial, lee algún
fragmento textual bastante inocuo y pregunta:
“¿Por qué no puede usted decir esto oficialmente?”.
Cuando el informante accede a hacerlo, él vuelve
a repasar sus notas, lee otras citas y logra que
también sean aprobadas para utilizarse. Dice que
en una ocasión logró que toda una entrevista
cambiara de extraoficial a oficial. Eso se debió,
en parte, a que al oír en voz alta sus propias
citas, el entrevistado pudo confiar en que serían
reproducidas con fidelidad.
Otra regla básica importante que los
periodistas deben entender es el uso de un
“embargo” de la información proporcionada por
un informante. Eso significa que la información
se les conf ía con la condición de que no sea
divulgada antes de una fecha específica. La
agencia del gobierno que anuncia una nueva
política puede proveer un resumen escrito varias
horas antes o incluso con un día de anticipación.
Así los reporteros tienen tiempo para digerir la
información antes de la conferencia de prensa en la
que se hará el anuncio oficial de dicha política. Los
reporteros que aceptan información bajo embargo
están obligados a respetarla, a menos que la
noticia se dé a conocer al público antes de la fecha
especificada.
Hay que anotar bien
La credibilidad es el activo más importante
de un periodista y la precisión es la mejor
forma de protegerla. A fin de garantizar la
precisión, el reportero debe revisar varias
veces toda la información recopilada para redactar
una historia de noticias. Aun así cometerá errores,
pero éstos serán mínimos. Cuando el periódico
estadounidense Oregonian de Portland estudió
sus propios errores, los directores concluyeron que
éstos se debían sobre todo a tres causas:
- Confiar en la memoria;
- Hacer suposiciones;
- Trabajar con fuentes de información de segunda mano.
Hablaremos más sobre la forma de tomar notas
precisas, en el capítulo 4 (“Edición de la historia”).
Pero los reporteros son la primera línea de defensa
contra los errores en las organizaciones de noticias.
Los reporteros que toman notas de buena calidad,
consultan éstas a menudo y buscan fuentes de
información primarias siempre que es posible,
tienen más probabilidades de cumplir con las tres
reglas del periodismo que el editor estadounidense
Joseph Pulitzer postuló: “Exactitud, exactitud y
exactitud”.
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