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M a n u a l     d e      p e r i o d i s m o     i n d e p e n d i e n t e

Í  N  D  I  C  E  
    Introducción
1. ¿Qué es una noticia?
2. Cómo conseguir la historia
3. Cómo contar la historia
4. Edición de la historia
5. Medios electrónicos e Internet
6. Periodismo especializado
7. La ética y la ley
8. Recursos periodísticos
 
(Publicado en julio de 2006)

CÓMO CONSEGUIR LA HISTORIA

La pista llegó en un correo electrónico de un ex funcionario del gobierno que nos sugería investigar la dotación de balsas salvavidas en los transbordadores del estado de Washington. El reportero Eric Nalder, que entonces trabajaba en el Seattle Times, decidió dar un vistazo. Su primera llamada telefónica fue al director de seguridad del sistema de transbordadores, que era nuevo en su puesto, pero le dio a Nalder el nombre y el teléfono de su antecesor. Cuando el reportero localizó por teléfono al director retirado, éste le confirmó que las balsas salvavidas escaseaban. Lejos de quedar satisfecho con el descubrimiento de una nueva noticia, Nalder sintió que la historia apenas comenzaba.

Para conocer el caso en su totalidad, Nalder necesitaba documentos que mostraran el número de botes salvavidas que había en cada transbordador, la capacidad de cada balsa y el número máximo de pasajeros que podían viajar en cada transbordador. Luego tuvo que analizar los datos para determinar qué tan grave era la escasez. También se embarcó en los transbordadores y entrevistó a los pasajeros y la tripulación. Sólo entonces estuvo listo para escribir su noticia de primera página, donde reveló que los transbordadores de su estado sólo tenían balsas salvavidas para evacuar a uno de cada siete pasajeros.

La tarea de informar es un fatigoso proceso que incluye la recopilación de datos y la verificación cuidadosa de los mismos para determinar su exactitud. A veces los periodistas son testigos de la historia, pero lo más común es que se enteren de los detalles por boca de otras personas que tuvieron experiencia directa con los hechos o son expertos en el tema. Esa información se ve reforzada o corroborada por fuentes adicionales y se coteja con evidencias documentales contenidas en registros públicos, informes o archivos.

La información que un periodista recopila debe responder las preguntas que se resumen en la siguiente lista: quién, qué, dónde, cuándo, por qué y cómo. Según la complejidad de la historia, el reportero puede plantear esas preguntas en diferentes formas.

QUIÉN:

  • ¿Quién está involucrado en esta historia?
  • ¿Quién fue afectado por ella?
  • ¿Quién es la persona idónea para relatar la historia?
  • ¿Quién ha sido omitido en la historia? ¿Quién tiene información adicional al respecto?
  • ¿Quiénes están en conflicto en esta historia? ¿Tienen estas personas algo en común?
  • ¿Con quién más se podría hablar sobre esos hechos?

QUÉ:

  • ¿Qué sucedió?
  • ¿Cuál es el propósito de esta historia? ¿Qué intento decir en realidad?
  • ¿Qué necesita saber el lector, espectador o escucha para entender esta historia?
  • ¿Qué me sorprendió de ella? ¿Cuál es el hecho concreto más importante que he descubierto?
  • ¿Cuál es la historia en este caso? ¿Qué pasa después?
  • ¿Qué puede hacer la gente a ese respecto?

DÓNDE:

  • ¿Dónde sucedió esto?
  • ¿A qué otro lugar puedo ir para conocer la historia completa?
  • ¿Cuál será el siguiente paso de esta historia? ¿Cómo terminará?

CUÁNDO:

  • ¿Cuándo sucedió esto?
  • ¿Cuándo tuvieron lugar los momentos decisivos de esta historia?
  • ¿Cuándo debo informar sobre esta historia?

POR QUÉ:

  • ¿Por qué está ocurriendo esto? ¿Es un caso aislado o forma parte de una tendencia?
  • ¿Por qué se comporta la gente como lo ha hecho? ¿Cuáles son sus motivos?
  • ¿Por qué es importante esta historia? ¿Por qué debe la gente mirarla, leerla o escucharla?
  • ¿Por qué tengo la certeza de que capté bien esta historia?

CÓMO:

  • ¿Cómo ocurrió esto?
  • ¿Cómo cambiará la situación a causa de lo sucedido?
  • ¿Qué utilidad tendrá esta historia para el lector, escucha o espectador? ¿Y para la comunidad?
  • ¿Cómo conseguí esta información? ¿Está clara la atribución?
  • ¿Cómo le podría describir esta historia una persona a un amigo?

Muchos reporteros usan listas mentales de verificación como ésta para asegurarse de que han cubierto todos los elementos importantes de una historia.

Observación

La observación en el lugar de los hechos es uno de los preceptos fundamentales del buen reportaje. Los periodistas desean presenciar los eventos personalmente siempre que es posible pues así los pueden describir con precisión para su público. El buen reportero usa todos sus sentidos en el lugar de los hechos: observa, escucha, olfatea, saborea y palpa la historia para que el público pueda hacerlo también.

Para hacer esto bien, el periodista necesita llevar un registro preciso de sus observaciones. Un reportero de los medios impresos puede realizar su tarea con una libreta y un lápiz o pluma, pero también puede llevar consigo grabadoras de audio y cámaras, sobre todo si se espera que presente su historia en una edición adicional en línea. En el caso de la radio, los periodistas tienen que captar sonidos; para la televisión, usan tanto el sonido como el vídeo.

El uso de una grabadora es una forma de asegurarse de que todas las citas textuales que usted haga sean precisas. Pero se ha sabido que la electrónica falla, por lo cual es importante que todos los periodistas sean hábiles para tomar notas. He aquí algunas sugerencias de reporteros con experiencia acerca de la forma de tomar notas:

  • Escriba los hechos, los detalles, las ideas y las reflexiones. Identifique cada uno de ellos e indique de dónde proviene.
  • Dibuje diagramas de las habitaciones, las escenas o los elementos y sus relaciones recíprocas.
  • Anote siempre correctamente el nombre, el puesto y demás información de sus contactos. Pregunte fecha y año de nacimiento para asegurarse de consignar correctamente la edad de la persona.
  • Especifique en la libreta las reglas básicas para la entrevista.
  • No llene demasiado la libreta. Deje espacio para notas adicionales.
  • Deje en blanco el reverso de las tapas para anotar allí las preguntas que hará después.
  • Pase en limpio sus notas lo antes posible.

Muchos reporteros usan su propia taquigrafía para las palabras usuales y así pueden tomar notas con más rapidez. Después pasan en limpio sus notas, escriben completas las palabras que estaban abreviadas y así evitan confusiones. Además, marcan la información más importante que han obtenido, las citas adecuadas que pueden incluir en la historia, los aspectos que requieren seguimiento o verificación para determinar su exactitud, y las preguntas que quedaron en espera de respuesta.

Parece obvio, pero antes de salir a cubrir una noticia el reportero debe cerciorarse de que cuenta con las herramientas necesarias: libreta, pluma, grabadora de cinta o digital y baterías frescas. Nada hay más embarazoso que, al llegar al escenario de los hechos, descubrir que la cámara no tiene película o cinta, o que sólo llevamos una pluma y no tiene tinta. Es frecuente que en la actualidad los periodistas lleven también otros instrumentos: un teléfono móvil y una computadora laptop. También otros elementos sencillos pueden ser útiles. Colocar una banda elástica de goma en la libreta para señalar la siguiente página en blanco facilita la tarea de localizarla rápidamente. Con una bolsa de plástico se puede proteger la libreta cuando llueve, de modo que las páginas se conserven secas y la tinta no se corra. Unos pequeños binoculares son útiles para ver lo que está pasando aunque no sea posible acercarse mucho. Una calculadora ayuda a convertir ciertos datos, como el número de toneladas de combustible transportadas en un avión, para expresarlos en términos más familiares para el público, en este caso, litros o galones

Investigación

Los periodistas tienden a recoger mucha más información de la que pueden incluir en sus artículos, pero esos datos siempre les ayudan a entender mejor la situación o el tema en cuestión. A veces la información de antecedentes es esencial para dar un significado más profundo a la historia. Por ejemplo, en el artículo sobre las balsas salvavidas, Eric Nalder incluyó el dato de que el agua donde los transbordadores navegan en enero es tan fría que puede causar la muerte de una persona en menos de media hora. Esa información ubica la escasez de balsas salvavidas en su contexto al explicar con más claridad por qué es un asunto grave. Ese es justamente el tipo de información que los reporteros buscan cuando investigan una historia, ya sea antes de salir de la sala de redacción o sobre la marcha, a medida que surgen las preguntas.

Los instrumentos de investigación de los periodistas son hoy más numerosos que nunca, gracias a las computadoras y la Internet. Muchos de ellos son sólo versiones en alta tecnología de las herramientas básicas del oficio: guías, almanaques, enciclopedias y mapas. Otros son bases de datos e informes que habría sido mucho más dif ícil obtener en la época anterior a la Internet, pues para eso era necesario ir personalmente a una biblioteca o un edificio del gobierno. Otras más son recursos que poca gente habría imaginado hace dos decenios, cuando la Internet estaba en ciernes: motores de búsqueda, blogs, chat rooms y listas de correo electrónico. Todos esos recursos son útiles para los periodistas cuando recopilan los antecedentes de una historia. Pero uno de los instrumentos de investigación más fundamentales no ha cambiado en un siglo: la biblioteca de la organización de noticias donde las historias ya publicadas o transmitidas son recopiladas. Si esos “recortes” se conservan en documentos guardados en archiveros o en archivos de computadora, son un punto de partida útil para todo tipo de artículos. Muchos periodistas tienen también sus propios “archivos de recortes” con las noticias que han guardado sobre temas específicos.

Imaginemos que un ex presidente de un país vecino ha muerto. El reportero designado para escribir la historia deseará conocer algunos datos básicos: edad del personaje, causa de la muerte y dónde falleció. Pero también es posible que le interese cierta información sobre el tiempo que estuvo en el cargo y qué cambios hubo en el país a raíz de su presidencia. Un primer paso consistiría en consultar reportajes de noticias anteriores, ya sea en el archivo del periódico o en línea. En esos informes puede encontrar el nombre de alguna persona allegada al ex presidente, a quien le podría pedir una entrevista. Tal vez el reportero desee conocer ciertos antecedentes de esa persona antes de realizar la entrevista y quizá se entere de que era un amigo del ex presidente y que conserva todas sus cartas, las cuales podrían revelar detalles nuevos y sorprendentes.

Hacer una entrevista sin haber realizado una investigación de antecedentes es tanto como conducir un automóvil hacia un lugar desconocido sin consultar un mapa. Tal vez se llegue a donde uno desea, pero existe la misma probabilidad de extraviarse en cualquier vuelta del camino.

Fuentes de información

Los reporteros usan fuentes primarias y secundarias para informar sobre las noticias. La fuente primaria puede ser una entrevista con alguien que tenga experiencia directa con el evento o tema, o bien un documento original relacionado con el asunto. También se considera como fuente primaria al propio periodista si fue testigo de los hechos. Una fuente secundaria puede ser un informe escrito basado en el documento original. En el caso de un incendio, por ejemplo, la persona cuya casa se quemó puede ser una fuente primaria. Lo mismo se puede decir de un bombero que haya participado en la tarea de apagar el incendio. En cambio, el boletín de prensa emitido por el departamento de bomberos al día siguiente sería una fuente secundaria.

Una regla empírica que los reporteros aplican al investigar una historia es que ninguna fuente por sí sola puede proporcionar toda la información necesaria. En nuestro ejemplo del ex presidente, cada fuente que el reportero consultó lo condujo a otro informante. A veces los informantes se contradicen entre sí. Para aclarar las discrepancias, es posible que los reporteros tengan que ver hacia dónde apunta el peso de la evidencia o buscar fuentes originales, como documentos, para determinar cuál de las versiones es verdadera. Las fuentes secundarias son muy útiles como instrumento para confirmar la información obtenida de fuentes primarias.

No importa qué fuentes use usted para investigar los antecedentes de una historia, es vital que considere la validez o credibilidad de cada fuente. En la actualidad, cualquiera puede diseñar un sitio Web que parezca profesional o enviar un correo electrónico que parezca auténtico aunque en realidad sea una impostura. El hecho de que algo esté en Internet no significa que sea verdad. Los periodistas tienen que verificar la fuente de toda su información para saber si es lo bastante creíble para usarla en una historia de noticias.

Una parte importante del trabajo del periodista consiste en decidir qué fuentes debe usar. He aquí algunas preguntas útiles para determinar si hemos elegido la fuente apropiada o la mejor para relatar los hechos.

  • ¿Cómo obtuvo este informante el conocimiento de los hechos? (¿La persona en cuestión está en condiciones de saber esas cosas, ya sea por motivos personales o profesionales?)
  • ¿Cómo puedo corroborar esta información por medio de otras fuentes o en documentos?
  • ¿Qué tan representativo es el punto de vista de mi informante? (¿Es sólo una persona la que se queja a grandes voces del casero porque tiene rencillas personales con él? ¿O es la suya la voz más elocuente que habla en nombre de todo un grupo de inquilinos que tienen problemas graves y legítimos?)
  • ¿Ha sido fiable y creíble ese informante en el pasado?
  • ¿Uso esta fuente sólo porque es la que tengo más a la mano o lo hago porque sé que de ella obtendré información útil?
  • ¿Qué motivos tiene este informante para dar información? (¿Lo que intenta este empleado es mejorar su imagen o hacer que su jefe se vea mal? ¿Qué lo indujo a hablar conmigo, por principio de cuentas?)

Una vez que encuentre un informante útil para una historia, es conveniente que se mantenga en contacto con él o ella por largo tiempo. Obtenga la mayor información posible sobre la forma de contactar a cada informante, no sólo la dirección y el teléfono de la oficina, sino su teléfono celular y el de su casa, y su dirección de correo electrónico. El buen reportero “trabaja” a sus informantes con regularidad y los contacta para preguntar si está pasando algo interesante. Para que a sus informantes les sea más fácil comunicarse con usted, entregue su tarjeta de visita a todas las personas que conozca en relación con una noticia.

Cualquiera que tenga acceso a información, incluso las secretarias y los empleados, puede ser una fuente de información útil para un periodista. Ellos pueden proporcionar copias de documentos y a menudo saben quién es la persona más enterada sobre un tema determinado. Un reportero que los trata con respeto podrá comprobar que su solicitud de entrevistarse con el supervisor de esa secretaria o empleado es aceptada con más presteza.

Entrevistas

La reportera estadounidense Kristin Gilger dice: “Una entrevista bien hecha es la base de todos los reportajes y textos de calidad”. Una entrevista se define como la información, opiniones o experiencias que un informante comparte con un reportero en el curso de su conversación. La pequeña diferencia entre una entrevista y una conversación ordinaria es que en la primera el reportero controla la dirección del interrogatorio.

No siempre es fácil obtener una entrevista. Es posible que la gente no desee hablar con un periodista, sobre todo si la historia es controvertida. Cuando trate con funcionarios de gobierno, parta de la premisa de que el público tiene derecho de saber lo que hacen esos funcionarios. Los reporteros con experiencia han descubierto que hasta el funcionario más renuente a conceder una entrevista puede ser convencido si ellos se anticipan a las excusas y objeciones que éste puede presentar.

  • No tiene tiempo.
    El reportero puede proponer que se reúnan en el lugar y a la hora más adecuados para la persona con quien desea hablar. También puede ser útil reducir la cantidad de tiempo que solicita.
  • Tiene temor porque piensa que la entrevista irá en menoscabo de su imagen.
    Tratar a las personas con respeto y explicarles en detalle por qué se les pide la entrevista ayuda a mitigar la ansiedad de los informantes.
  • No sabe qué decir.
    El reportero tiene que explicar con claridad por qué necesita el punto de vista de esa persona en particular para redactar la historia.
  • Es difícil de contactar.
    Es frecuente que el reportero necesite recurrir a una secretaria o un funcionario de relaciones públicas para tener acceso a la persona a quien desea entrevistar. Si sospechan que su solicitud no fue transmitida, algunos reporteros escriben una carta al informante o le hacen una llamada telefónica, ya sea a la hora del almuerzo o después del horario de oficina, para establecer el contacto.

Cuando haya conseguido la entrevista e investigado a la persona y el tema, aún tendrá que hacer otros preparativos. La mayoría de los reporteros elaboran una lista de preguntas o temas y la llevan consigo, pero no la leen durante la entrevista. De hecho, sólo consultan la lista hacia el final para asegurarse de no haber olvidado algo importante. En la lista citan también toda la demás información, documentos o fotograf ías que desean obtener de ese informante.

Las preguntas son la columna vertebral de una entrevista. Son el timón que mantiene al barco en el derrotero adecuado. Las preguntas atinadas nos pueden redituar respuestas inesperadas, riqueza informativa y sorpresas. Las preguntas mal planteadas nos hacen dudar que haya valido la pena tomarnos la molestia de hablar con esa persona. Las preguntas demasiado específicas nos pueden llevar por un camino equivocado.

La primera pregunta de una entrevista es importante porque establece la tónica de lo que vendrá después. A muchos periodistas les gusta comenzar con una pregunta “para romper el hielo” y permitir que el entrevistado se relaje. Le preguntan algo que le sea agradable responder aunque tal vez no tenga relación con el propósito de la entrevista. Sin embargo, a menudo eso ayuda a definir la identidad de usted ante su informante y establece un clima de confianza y apertura.

La mayoría de las veces, las mejores preguntas son las de tipo abierto que no pueden ser respondidas con un simple “sí” o “no”. También deben estar libres de cualquier juicio personal para no revelar el punto de vista del reportero. Esa es la diferencia entre “¿qué opina usted de eso?” e “imagino lo que usted pudo haber pensado de eso”. Aunque es importante hacer preguntas atinadas, también lo es guardar silencio y dejar que el entrevistado hable. El buen periodista sabe escuchar y con frecuencia obtiene la información más valiosa guardando silencio. Lo que usted escuche le puede sugerir preguntas adicionales que tal vez no se le habían ocurrido.

Robert Siegel, que trabaja en la Radio Pública Nacional en Washington. D.C., cuenta la anécdota de una entrevista que le hizo a un diplomático de Turquía a raíz de que el papa Juan Pablo II fue baleado y herido por un turco en Roma. Comenzó por preguntarle: “¿Conoce usted algunos detalles acerca de ese hombre, Mehmet Ali Agca, por ejemplo si vivía en Italia, qué hacía allí y qué tipo de visado le dieron los italianos?”. Todas las respuestas fueron “no”. Después de varios intentos más, Siegel hizo una pausa y ya se disponía a claudicar cuando el diplomático llenó el silencio con esta afirmación: “...sólo sé que es el asesino convicto más famoso de Turquía y que escapó de la cárcel después de asesinar al director de uno de nuestros principales diarios”. Siegel dice que estuvo a punto de perder una buena historia por hacer preguntas demasiado concretas. Reconoce que una forma mejor de iniciar la entrevista habría sido: “Hábleme acerca de ese hombre”.

Los reporteros pueden hacer entrevistas en persona, por teléfono o en línea, ya sea por correo electrónico o en mensajes instantáneos. Cada método tiene ventajas y desventajas. En la entrevista personal, el reportero capta en forma más completa al individuo. ¿Qué tipo de fotograf ías tiene en la pared? ¿Su escritorio está revuelto u ordenado? ¿Qué libros hay en su estante? La entrevista en persona permite también que el reportero juzgue la credibilidad del informante a partir de su porte. ¿La persona se muestra nerviosa o cómoda? ¿Está dispuesta a mirar a los ojos al reportero?

Christopher (Chip) Scanlan, quien dirige talleres de redacción en The Poynter Institute, una escuela de periodismo de Estados Unidos, cuenta que una vez entrevistó a una mujer cuyo esposo había muerto víctima del cáncer. Ella le mostró su casa y en el dormitorio le dijo: “¿Sabe usted?, todas las noches rocío un poco de agua de colonia [de mi esposo] en mi almohada para tener la impresión de que él todavía está conmigo”. Ese es un detalle que el lector puede oler y palpar, y que Scanlan nunca habría logrado obtener por teléfono o en línea.

Las entrevistas telefónicas requieren menos tiempo y a algunos reporteros les parece más fácil tomar buenas notas cuando no tienen que preocuparse por mantener el contacto visual con si informante. Incluso pueden escribir sus notas en la computadora. Las entrevistas por correo electrónico son útiles para contactar con personas en lugares lejanos, pero el reportero no puede oír lo que se le dice ni hacer preguntas de seguimiento en “tiempo real”. El sistema de mensajero instantáneo por Internet es más parecido a una entrevista telefónica. Pero ambos métodos en línea plantean la duda de si en realidad la persona que envía las respuestas es quien dice ser.

Por estas preocupaciones, la sala de redacción del periódico Virginian-Pilot de Norfolk, Virginia ha instituido la siguiente política para los reportajes en línea: “En cuanto a las citas tomadas de comunicaciones electrónicas, tenemos que cerciorarnos de que la comunicación es genuina, pues es fácil simular las direcciones de respuesta en Internet o presentarse como otra persona. Internet no tiene controles al estilo de los servicios de teletipo [como Reuters o la Associated Press]; las falsificaciones pueden venir de cualquier parte”.

Los reporteros que usan el correo electrónico u otras formas de comunicación en línea deben aplicar las mismas normas profesionales que en cualquier otra forma de comunicación. Se deben identificar como periodistas y decir qué información desean obtener y por qué. Para verificar y ponderar los datos, es necesario que apliquen las mismas habilidades que usarían con cualquier otra fuente de información.

Independientemente de cómo realicen la entrevista, los reporteros suelen reservar algunas preguntas para el final. Primero pueden resumir la conversación para asegurarse de haber entendido con precisión lo que se les dijo. Después preguntan si su entrevistado desea decir algo más. Luego investigan cuál es la mejor forma de volver a comunicarse con esa persona, sobre todo fuera del horario de oficina, y le agradecen el tiempo que les concedió. Muchos periodistas hacen una última pregunta a todos sus entrevistados: “¿Con quién más cree que debo hablar acerca de esto?”.

Reglas básicas

La mayoría de las entrevistas se llevan a cabo en forma oficial (“on the record”) lo cual significa que el reportero puede reproducir cualquier comentario del entrevistado y atribuirlo directamente a esa persona. Es importante asegurarse de que el informante sepa esto, sobre todo cuando el reportero entrevista a una persona ordinaria que no está acostumbrada a ser citada en los periódicos o en los medios electrónicos.

Si la información es extraoficial (“off the record”), el reportero y su informante deben decidir de antemano, por mutuo acuerdo, cuál es la información que podrá ser publicada. Una entrevista “en segundo plano” (on background) o “sin atribución” implica de ordinario que la información puede ser incluida en las noticias y que las palabras del informante podrán ser citadas textualmente, pero su nombre no será divulgado. Sin embargo, se dará su identificación en forma general; por ejemplo, “un funcionario del ministerio de exterior” o “un ingeniero que trabaja en una compañía”, siempre que el informante y el periodista estén de acuerdo en la descripción que se va a emplear.

Muchas organizaciones de noticias tienen políticas escritas sobre el uso de fuentes anónimas. Por ejemplo, el periódico The New York Times estipula: “El uso de informantes no identificados se reservará para las situaciones en las que el periódico no pueda publicar en otras condiciones una información que considera fiable y valiosa como noticia. Al usar esas fuentes, aceptamos la obligación no sólo de convencer al lector de su fiabilidad, sino también de transmitir lo que hemos averiguado sobre el motivo por el cual nos dieron la información”. Los reporteros no deben acceder a la ligera a conversar en segundo plano, porque a veces los informantes tratan de usar esto como un parapeto para lanzar ataques personales o de partido, sabiendo que su identidad no podrá ser rastreada. Además, cuando se cita a un informante sin divulgar su nombre, a la audiencia le es más difícil evaluar la credibilidad de la información.

Sin embargo, en ciertas ocasiones el reportero tiene que obtener la información en segundo plano porque es la única forma en que el informante accede a hablar. Cuando éste teme por su seguridad si otros se enteran de que ha hablado con un reportero, es posible que sólo acepte dar información en segundo plano. He aquí algunos lineamientos para decidir si conviene aceptar y usar información en esas condiciones:

  • Cuando la historia es de interés primordial para el público.
  • Cuando no es posible obtener oficialmente esa información.
  • Cuando el informante está en una posición que le permite saber la verdad.
  • Cuando usted está dispuesto a explicar (en su historia) por qué no es posible mencionar el nombre de su informante.

En algunas capitales, los funcionarios del gobierno hablan con reporteros en segundo plano y hasta en “deep background” (último plano), lo cual significa que la información puede ser usada, pero no repetida en forma textual y que el informante no debe ser identificado. Lo único que el reportero puede escribir en esos casos es que se sabe que los funcionarios creen tal o cual cosa. La información que se ofrece en forma “extraoficial” no puede usarse en absoluto, por lo cual la mayoría de los reporteros se oponen a llegar a ese acuerdo, a menos que el informante sea tan importante para la historia que no tengan más remedio que acceder. La información extraoficial no puede ser comunicada ni siquiera a otro informante, pero a veces esos datos le sugieren al reportero alguna historia que puede valer la pena.

Cualquiera que sea el acuerdo, del reportero depende asegurarse de que ambas partes entiendan y acepten las reglas básicas antes de la entrevista. A veces los informantes tratan de cambiar las reglas sobre la marcha, diciéndole al reportero algo importante y aclarando luego: “Pero usted no puede utilizar lo que le he dicho, por supuesto”. Por eso es conveniente especificar las cosas desde el principio y no comprometerse a retener información, a menos que se haya llegado a un acuerdo por separado antes del inicio de la entrevista.

Los periodistas deben aclarar también en qué medida están dispuestos a proteger la identidad de un informante. En algunas jurisdicciones, los periodistas se arriesgan a ir a la cárcel si se niegan a revelar información sobre una fuente confidencial en un tribunal de justicia. Si el periodista no está dispuesto a arriesgarse a ir a la cárcel para proteger al informante, su obligación es decírselo a éste.

Algunos reporteros son muy hábiles para lograr que la información extraoficial se vuelva oficial. Eric Nalder es uno de ellos. En cuanto termina la entrevista extraoficial, lee algún fragmento textual bastante inocuo y pregunta: “¿Por qué no puede usted decir esto oficialmente?”. Cuando el informante accede a hacerlo, él vuelve a repasar sus notas, lee otras citas y logra que también sean aprobadas para utilizarse. Dice que en una ocasión logró que toda una entrevista cambiara de extraoficial a oficial. Eso se debió, en parte, a que al oír en voz alta sus propias citas, el entrevistado pudo confiar en que serían reproducidas con fidelidad.

Otra regla básica importante que los periodistas deben entender es el uso de un “embargo” de la información proporcionada por un informante. Eso significa que la información se les conf ía con la condición de que no sea divulgada antes de una fecha específica. La agencia del gobierno que anuncia una nueva política puede proveer un resumen escrito varias horas antes o incluso con un día de anticipación. Así los reporteros tienen tiempo para digerir la información antes de la conferencia de prensa en la que se hará el anuncio oficial de dicha política. Los reporteros que aceptan información bajo embargo están obligados a respetarla, a menos que la noticia se dé a conocer al público antes de la fecha especificada.

Hay que anotar bien

La credibilidad es el activo más importante de un periodista y la precisión es la mejor forma de protegerla. A fin de garantizar la precisión, el reportero debe revisar varias veces toda la información recopilada para redactar una historia de noticias. Aun así cometerá errores, pero éstos serán mínimos. Cuando el periódico estadounidense Oregonian de Portland estudió sus propios errores, los directores concluyeron que éstos se debían sobre todo a tres causas:

  • Confiar en la memoria;
  • Hacer suposiciones;
  • Trabajar con fuentes de información de segunda mano.

Hablaremos más sobre la forma de tomar notas precisas, en el capítulo 4 (“Edición de la historia”). Pero los reporteros son la primera línea de defensa contra los errores en las organizaciones de noticias. Los reporteros que toman notas de buena calidad, consultan éstas a menudo y buscan fuentes de información primarias siempre que es posible, tienen más probabilidades de cumplir con las tres reglas del periodismo que el editor estadounidense Joseph Pulitzer postuló: “Exactitud, exactitud y exactitud”.
 

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