CÓMO CONTAR LA HISTORIA
Todas las historias de noticias están hechas de datos, obser vaciones,
citas y detalles. Los repor teros casi siempre tienen más
material del que pueden usar y como les ha costado trabajo
recopilar tantos datos, su impulso natural es usar el mayor
número posible de ellos en sus historias. Pero si atiborra su texto
de datos, rara vez obtiene una historia bien contada que atraiga
a la audiencia. Una historia que contiene demasiada información
es más dif ícil de entender. Cuando un reportero
intenta explicar todos los detalles, lo más probable
es que sólo confunda a la audiencia. Además, los
periódicos sólo disponen de cierto espacio, los
noticiarios de radio y televisión deben ajustarse a
sus tiempos de transmisión, y los lectores, escuchas
y espectadores tienen límites en su tiempo libre y
su capacidad de atención para captar el contenido
de las noticias.
El buen periodismo implica selección, no
compresión. El reportero debe usar el buen juicio
en materia de noticias y decidir cuál es el material
más importante para cada historia y en qué orden
conviene presentarlo. Para muchos reporteros, la
parte más dif ícil al narrar una historia es decidir
qué deben suprimir. Una forma de tomar esas
decisiones consiste en elegir un punto o tema
central para la historia, el cual se designa como el
enfoque de la misma.
Enfoque
El enfoque es en esencia la respuesta a la
pregunta: “¿de qué trata en realidad esta
historia?”. Para determinar el centro focal, el
instructor de redacción del Poynter Institute,
Chip Scanlan, sugiere cinco preguntas adicionales:
- ¿Cuál es la noticia?
- ¿Cuál es la historia?
- ¿Cuál es la imagen?
- ¿Cómo puedo contarla en seis palabras?
- ¿Qué consecuencias tuvo?
Imaginemos que usted debe informar sobre un
incendio que avanza con rapidez. Ya habló con los
testigos y todo el día estuvo examinando los daños.
Ahora necesita enfocar su historia para empezar a
redactarla. Veamos cómo podría usar las preguntas
de Scanlan para encontrar su enfoque:
- ¿Cuál es la noticia?
Un incendio destruyó dos casas en las montañas
del este de la ciudad, pero no hubo heridos y el
distrito comercial de la ciudad no fue afectado.
- ¿Cuál es la historia?
Dos familias se quedaron sin casa, pero se
alegran de estar vivas.
- ¿Cuál es la imagen?
Los miembros de la familia se abrazan entre sí
junto a las ruinas humeantes de su casa.
- ¿Cómo puedo contarla en seis palabras o
menos??
La casa quemada, el espíritu intacto.
- ¿Qué consecuencias tuvo?
El daño a la propiedad a causa de un peligroso
incendio fue limitado.
El reportero que va a escribir esta historia sabe
ahora varias cosas: que en la introducción debe
mencionar a las familias que perdieron sus casas;
que en un momento importante de la historia debe
citar las palabras de gratitud de una de las víctimas
porque toda su familia logró sobrevivir; y que debe
dar también información general sobre el daño
sufrido por los inmuebles. El reportero sabe que
puede suprimir parte de la información recopilada
sobre el número de compañías de bomberos que
acudieron al distrito comercial, pero es posible que
cite algunas palabras del jefe de bomberos.
Con este ejercicio de enfoque no se intenta decir
que todas las historias tengan un solo centro focal
aceptable. Todo lo contrario: los reporteros de
distintas organizaciones de noticias pueden partir
de los mismos hechos básicos y escribir historias
muy diferentes si deciden usar enfoques distintos.
En el caso del incendio, otro reportero podría usar
las mismas cinco preguntas y elegir un enfoque
diferente.
- ¿Cuál es la noticia?
Empresas comerciales de nuestra ciudad no son
dañadas por un incendio que destruye dos casas
en las montañas al este de la zona céntrica..
- ¿Cuál es la historia?
Los empresarios del lugar agradecen que el fuego
los haya respetado en esta ocasión.
- ¿Cuál es la imagen?
El dueño de una empresa estrecha la mano de un
bombero frente a su tienda.
- ¿Cómo puedo contarla en seis palabras?
El fuego no interrumpe los negocios.
- ¿Qué consecuencias tuvo?
El impacto económico de un peligroso incendio
fue limitado.
Esta versión de la historia tendría como
introducción el alivio que sintieron los dueños de
las empresas e incluiría una cita de uno de ellos
al saber que su tienda no sufrió daños. Ambas
historias incluirían la misma información básica
–que dos casas fueron destruidas y las tiendas
no resultaron afectadas–, pero el énfasis sería
diferente. Cuando desde antes de empezar a
escribir el reportero sabe en qué va a hacer énfasis,
le resulta más fácil decidir qué datos y citas debe
incluir y cuáles omitirá. Así lo dice William Zinsser
en su libro On Writing Well: “La claridad al pensar
se convierte en claridad al escribir; una no puede
existir sin la otra”
Después de llevar a cabo toda su investigación,
sus entrevistas y observaciones, el reportero con
experiencia no espera hasta el último momento
para buscar el enfoque de su historia. En realidad
es posible que desde el inicio del proceso
informativo tenga presente el enfoque, lo cual le
ayuda a decidir adónde ir y a quién entrevistar.
Por supuesto, el enfoque puede cambiar a medida
que surge más información, y así ocurre con
frecuencia. Lo más importante es que el reportero
decidida cuál será el enfoque de su historia desde
antes de empezar a redactarla.
Tener el enfoque ya previsto es sólo el primer
paso en el plan para escribir una historia. El
segundo es organizar las cosas para saber dónde
encaja cada parte de la información. Haga al
principio la lista de los hechos básicos de la historia
y planee cuáles colocará en primer lugar, al final
y en medio del relato. Seleccione las mejores
citas o fragmentos de audio de sus entrevistas y
decida cuáles va a usar en la historia. Tome nota
de todos los detalles que con seguridad no desea
excluir. Algunos reporteros consideran que, antes
de empezar a escribir, es conveniente hacer un
bosquejo escrito para usarlo como guía al elaborar
la historia.
Redacción
Las noticias bien redactadas son concisas,
claras y precisas. Eso puede parecer muy
sencillo, pero en realidad es todo un reto.
Como hemos dicho, los reporteros tienen la
tendencia de incluir en sus textos todos los datos
obtenidos. Sin embargo, las historias que van
directamente al grano tienen más probabilidades
de atraer a los consumidores de noticias que están
muy ocupados y la organización noticiosa que no
imponga límites a la extensión o duración de sus
historias no tendrá mucho espacio o tiempo para
cubrir otras noticias.
En términos generales, las noticias se redactan
con frases y párrafos más breves que casi todos
los demás tipos de textos. Cada párrafo contiene
una idea principal. Cada nueva idea, personaje o
ambiente se presenta en un nuevo párrafo.
Los periodistas usan un lenguaje simple,
directo y fácil de entender, con más sustantivos
y verbos que adjetivos y adverbios. Las noticias
bien escritas no son vagas, ambiguas ni repetitivas;
en ellas cada palabra cuenta. Como lo comenta
E. B. White en su libro clásico, The Elements of
Style, una de las reglas básicas de la redacción
es simplemente esta: “Omita las palabras
innecesarias”.
Los buenos escritores siempre se esfuerzan
por elegir la palabra más adecuada para transmitir
sus ideas. El escritor estadounidense del siglo XIX
Mark Twain dijo: “La diferencia entre la palabra
precisa y la casi precisa es la misma que entre
un relámpago y una luciérnaga”. Los reporteros
acostumbran consultar diccionarios y libros de
referencia para asegurarse de que las palabras
empleadas tengan en verdad el significado que
ellos les atribuyen.
Puesto que escriben sus textos para el público
en general, los periodistas tratan de evitar también
la jerigonza o jerga, es decir, el léxico particular
de ciertos grupos y los términos técnicos que la
mayoría de la gente no conoce. El vocero de un
hospital podría decir que una persona padeció
“laceraciones y contusiones”, pero el reportero debe
usar términos más simples: “heridas y golpes”. Si en
aras de la precisión es necesario usar un vocablo
técnico, hay que dar la definición del mismo. Por
ejemplo, la expresión “combustibles fósiles” en
una historia sobre el problema mundial de los
energéticos deberá ir acompañada de una breve
lista de esos productos: carbón, petróleo y gas
natural. Los periodistas se deben abstener también
de usar eufemismos, así como las palabras o frases
que puedan confundir o desorientar a la audiencia.
Si el consejo de la ciudad vota por la aprobación de
“una nueva instalación necrológica”, en el noticiario
de la radio o en los periódicos del día siguiente
se debe informar a los residentes que la ciudad
“piensa construir un nuevo cementerio”.
Un principio clave para la redacción de noticias
consiste en mostrar a la audiencia lo que pasó,
en lugar de relatar simplemente los hechos. Por
ejemplo, en vez de decir que los miembros de una
familia que asistieron a un funeral estaban abatidos
por la pena, un texto de noticias bien escrito nos
debe mostrar ese dolor con la descripción de cómo
se abrazaban entre sí y sollozaban. En lugar de
contentarse con decir al lector que una persona es
muy alta, un buen escritor menciona que ésta tenía
que inclinar la cabeza para pasar bajo el dintel de la
puerta principal.
La precisión es de vital importancia en la
redacción de noticias. Una historia precisa respeta
los fundamentos de la gramática, la ortograf ía y
la puntuación, lo mismo que fechas, direcciones,
números y todos los demás detalles que forman
la noticia. Anotar mal el nombre o la edad de
una persona es el tipo de error que menoscaba la
credibilidad del periodista. Una historia precisa
relata el panorama completo, no sólo uno u otro
lado de la cuestión. Eso no quiere decir que en un
solo texto haya que incluir todos los pormenores
de un tema, sino que el reportero nunca debe
omitir información clave cuya ausencia pueda
deformar el significado de la historia. Por ejemplo,
si escribe que una nueva prueba sí permite
la detección correcta del cáncer bucal, está
implicando que la prueba anterior no era digna de
confianza. Si la nueva prueba sólo es más rápida, el
reportero debe decirlo así. Hablaremos con mayor
detalle sobre la precisión en el capítulo 4, “Edición
de la historia”.
Introducción
El inicio de una historia de noticias se conoce
como la introducción (lead). Su propósito
es captar la atención del lector, el escucha
o el espectador para que se interese por la
noticia. Hay dos tipos básicos de introducción:
la dura y la blanda. La dura resume los hechos
esenciales de la historia, es decir, las seis preguntas
analizadas en el capítulo 2, mientras que la blanda
prepara el escenario o presenta un personaje. Otra
forma de examinar la diferencia entre estos tipos
de introducción consiste en considerar la de tipo
duro como la respuesta a la pregunta “¿cuál es
la noticia?” y pensar que la blanda responde a la
pregunta “¿cuál es la historia?”.
Cualquiera de esos tipos de introducción se
puede usar con una historia de noticias dura. Por
ejemplo, la historia de la elección de un nuevo
primer ministro se podría escribir en diversas
formas. Una introducción dura sería tal vez la
siguiente:
El ex dirigente rebelde Joshua Smith fue
elegido primer ministro esta noche al obtener
más del 80 por ciento de los votos en la
primera elección democrática del país
desde 1993.
Una introducción blanda sería una aproximación
diferente:
Joshua Smith era un niño que creció en
Youngtown y tenía grandes sueños. Siempre
pequeño para su edad, dice que sus
compañeros más corpulentos lo molestaban
en la escuela. Cuando le dijo a su maestra de
enseñanza elemental que un día él sería primer
ministro, ella rió.
Ahora nadie ríe. Smith ganó la elección
ayer con más del 80 por ciento de los votos,
llegando a ser así el primer dirigente electo
democráticamente en el país desde 1993.
Como usted habrá notado, la introducción
dura tiende a ser más corta que la blanda; a
menudo es sólo una frase. Pero aunque la blanda
puede ser más larga, cada uno de sus enunciados
apoya el argumento principal de la historia. Y en
ambos tipos se incluyen los elementos de ésta que
tienen mayor valor como noticia.
La elección del tipo adecuado de introducción
depende de muchos factores, como la importancia
de la historia y lo oportuna que ésta sea, y también
del tipo de organización de noticias, publicación
o medio electrónico que la difunda. Los servicios
cablegráficos, los portales de noticias en línea y los
noticiarios de radio que se basan en la inmediatez
usan de ordinario introducciones duras. Los
programas o revistas semanales de noticias
tienden más a usar introducciones blandas porque
suponen que la mayor parte de la audiencia ya está
enterada de los hechos esenciales de la historia.
El tipo más común de introducción blanda es
la de carácter anecdótico, como el ejemplo anterior
sobre la historia del primer ministro. Una anécdota
es, por definición, un cuento corto; cuando se
usa como introducción, ilustra o anuncia toda la
historia. Si el tema se refiere a una tendencia social,
puede empezar con varias anécdotas o ejemplos
conexos. En raras ocasiones, una cita o una
pregunta puede ser la mejor forma de iniciar una
historia. Todas estas introducciones pueden ser
descritas también como de tipo “aplazado” porque
el lector tiene que esperar varias frases para saber
de qué tratará la historia.
Estructura de la historia
Todas las historias tienen una estructura,
del mismo modo que las personas tienen
columna vertebral ¡o por lo menos deberían
tenerla! Sin estructura, la historia sería un
amasijo de datos carentes de un soporte que los
mantuviera unidos. La estructura es esencial para
que la historia sea comprensible y significativa,
pero no todas las historias tienen que ser
estructuradas de la misma manera. El buen escritor
elige la forma más apropiada para la historia que
desea contar.
La pirámide invertida
Muchas historias de noticias empiezan
con la información más valiosa, siguiendo
una estructura tradicional desarrollada hace
más de 100 años. Esa forma, conocida como la
“pirámide invertida”, coloca en la parte superior
la información más importante, seguida del
resto de la información en orden descendente
de importancia. Esta forma es útil si se trata de
noticias importantes o sensacionales, cuando
lo esencial es que sean oportunas. Si usted es la
primera persona que informará sobre un hecho
significativo, desde el principio de su historia
deseará contar a la audiencia lo que pasó. Por
ejemplo, el reportaje de una enorme tormenta
podría comenzar con el recuento de los muertos
y la ubicación de los daños más intensos. Los
escritores que se resisten a usar esta estructura
cuando se requiere de ella pueden ser acusados
de “ocultar la introducción”, lo cual hace que a la
audiencia le sea más dif ícil captar la importancia
de la historia.
En la estructura de pirámide invertida,
la información que se presenta después de
la introducción amplía o desarrolla el punto
presentado en ésta. En el caso del reportaje sobre
la tormenta, el autor podría describir la escena de
la peor devastación y luego citar el comentario
de algún sobreviviente o de un trabajador de
emergencia. En párrafos de apoyo desarrollaría
el tema y daría los detalles y los antecedentes
de la tormenta. En una historia más larga, el
reportero podría incluir información secundaria
relacionada con el tema principal, aunque no
en forma directa. Por ejemplo, la historia de la
tormenta podría incluir información sobre el tipo
de ayuda internacional recibida y las necesidades
de los sobrevivientes, tanto inmediatas como a
largo plazo. La popularidad de esta estructura se
debe, en parte, a que los editores pueden hacer
recortes de abajo hacia arriba para
ahorrar espacio y tiempo sin temor
de suprimir información vital.
El reloj de arena
Una forma modificada de la pirámide
invertida se conoce como la estructura
de “reloj de arena”. Igual que la anterior, comienza
con la información más importante, pero después
de unos cuantos párrafos da un viraje y se
convierte en una narración, casi siempre en orden
cronológico. Si seguimos con el ejemplo del caso
de la tormenta devastadora, el reportero podría
comenzar con una introducción dura, continuar
con unos cuantos párrafos de apoyo y luego narrar
la historia de la tormenta tal como la vio un testigo
sobreviviente. Este tipo de formato requiere de
una transición clara entre la sección de apertura y
la narración. Para iniciar la mitad inferior de una
historia en forma de reloj de arena, el reportero
podría escribir algo así como: “El granjero Iqbal
Khan estaba en su establo cuando el viento
arreció...”. Algunas historias se escriben de manera
estrictamente cronológica, pero esa estructura
se usa más a menudo en los artículos de interés
general.
El diamante
Otra forma que pueden tener las
historias es la estructura de “diamante”.
El reportero que usa esa estructura
empieza con una anécdota en la que
presenta un personaje cuya experiencia ilustra el
tema de la historia. A continuación, ese pequeño
relato se amplía para presentar su significación
más amplia. Hacia el final, el reportero regresa a la
historia del personaje inicial como una forma de
concluir la narración.
Los reporteros que recurren a esta estructura
usan a menudo un recurso conocido como
párrafo “nuez” (o gráfica nuez) para explicar por
qué es importante la historia. La palabra nuez
simboliza el centro duro de la historia. Jack Hart,
director administrativo del periódico Oregonian
de Portland dice que las gráficas nuez “pueden
responder todas las preguntas planteadas en la
introducción, explican por qué es importante la
historia y la colocan en un contexto significativo”.
La gráfica nuez tiene que presentarse bastante
pronto en la historia, para aclarar al lector por qué
vale la pena que siga leyendo.
La forma de diamante se usa a menudo
en noticias por televisión y en reportajes de
periódicos. Por ejemplo, un reportero podría
iniciar una historia sobre un nuevo tratamiento
contra el sida, presentando a un paciente que
necesita dicha terapia, describiendo después el
fármaco experimental y la forma como actúa, y
concluyendo con la noticia de que los médicos
le pronostican a ese paciente un tiempo de vida
limitado si el nuevo tratamiento no resulta eficaz.
Cualquiera que sea la forma elegida, la parte media
de la historia debe mantener a la audiencia alerta
e interesada. El director de una revista dijo en una
ocasión que un texto bien redactado hace que el
lector esté ansioso de saber qué pasará después.
Final
A menos que usted use el estilo tradicional
de pirámide invertida y suponga que el
final de su historia será recortado por un
editor, es conveniente que cuando empiece
a escribir ya tenga idea del final, del mismo modo
que es útil saber cuál será el lugar de destino
cuando se emprende un viaje. Esto cobra especial
importancia en las noticias para los medios
electrónicos por la forma en que se presentan.
A diferencia de las noticias impresas o en línea,
las que se transmiten por medios electrónicos
son lineales –la audiencia no puede elegir el
orden en que recibirá la información– y varias
investigaciones han revelado que el espectador y el
escucha tienden a recordar mejor lo que se dice al
final. Por esa razón, muchas historias transmitidas
por medios electrónicos terminan con un resumen
final que refuerza el argumento principal.
El final es a menudo un eco del inicio porque
en aquél se habla de nuevo del lugar o el personaje
más importante. En una narración cronológica, el
final es lo que ocurre en último término. Si en la
historia se ha expuesto un problema, el final debe
proponer una solución. Con frecuencia el final se
proyecta al futuro, a lo que podría pasar después.
En forma ocasional, la historia puede concluir con
una cita vigorosa o un audio. Sin embargo, esto
rara vez se justifica y sólo debe usarse cuando la
cita es tan poderosa que si se presentara cualquier
otra cosa en su lugar la audiencia se sentiría
decepcionada.
Atribución
Una diferencia clave entre una historia de
noticias y un editorial o una columna
de opinión es el uso de la atribución.
La atribución responde a la pregunta
“¿quién lo dice?”. En ella se identifica la fuente
de la información presentada, sobre todo si las
declaraciones son controvertidas o la información
es cuestionable.
La atribución puede ser explícita o implícita.
He aquí un ejemplo de atribución explícita o
directa: “El hombre fue arrestado y acusado de
homicidio, dijo el sargento de policía Antonio
Costa”. Si la frase fuera reescrita para presentar
una atribución implícita o indirecta, quedaría algo
así: “La policía arrestó al hombre y lo acusó de
homicidio”. En los dos casos, la audiencia puede
saber que la fuente de la información es la policía.
Uno de los principales propósitos de la
información sobre atribuciones, en la mayoría
de las historias de noticias, es que los lectores,
escuchas y espectadores puedan decidir por sí
mismos si las creerán o no. Por ejemplo, el informe
de que Corea del Norte ha decidido suspender
su programa nuclear podría ser considerado más
o menos creíble por algunas audiencias según a
quién se atribuyera la declaración: a un funcionario
chino visitante o a un equipo internacional de
científicos.
Otra razón para usar atribuciones es asignar la
responsabilidad de una declaración controvertida
a quien corresponda, aclarando que esa persona
fue quien lo dijo, no el reportero ni la organización
de noticias. Esto no implica inmunidad contra
demandas judiciales, ya que la protección legal
varía de un país a otro. No obstante, una buena
práctica periodística es aclarar quién hace las
afirmaciones o asume una posición en particular.
Sin embargo, no toda la información que
se presenta en una historia de noticias necesita
una atribución. Si se nombrara la fuente de cada
elemento de información, las historias serían
casi incomprensibles. La información que un
reportero observa directamente puede exponerla
sin atribución alguna. Tampoco los hechos
indiscutibles o ya aceptados necesitan atribución.
Por ejemplo, para decir que un equipo de fútbol
ganó un partido, el reportero no necesita atribuir
su afirmación pues el resultado final no está en
duda. En cambio, la noticia de que un candidato
ganó un debate político debe tener atribución pues
de lo contrario el periodista cruzaría el límite entre
informar los hechos y dar su opinión.
Citas y audios
Las historias de noticias son relatadas
en primer término con las palabras del
reportero, pero la mayoría de las veces
incluyen también lo que dicen otras
personas, ya sea en citas o en audios. Si se usan
con eficacia, las citas dan más fuerza a las historias
pues permiten compartir la experiencia directa de
uno de los involucrados. Si se incluye una cita casi
al principio de la historia, ésta puede resultar más
interesante para la audiencia porque las citas crean
un vínculo personal con el relato.
Por definición, toda cita debe tener atribución
para que la audiencia sepa quién lo dijo. Las citas
directas consisten por lo menos en una frase y
son las palabras textuales de la persona. Se usan
cuando la mayor parte de lo que alguien dijo
merece ser repetido. Las citas parciales, que vemos
sobre todo en la prensa escrita, pueden consistir
en una sola palabra o frase de esa persona y se usan
cuando la declaración completa puede resultar
confusa o es demasiado larga. El reportero tiene
obligación de colocar las citas parciales en su
contexto para no alterar el significado de lo que la
persona dijo. Por ejemplo, cuando el presidente
de Francia Jacques Chirac habló ante su país
después de varias semanas de descontento social,
dijo: “No podremos construir algo duradero si no
combatimos la discriminación, que es un veneno
para la sociedad”. Algunos reporteros usaron esa
cita completa y directa en sus historias, pero en el
periódico Guardian de Londres, sólo una palabra
de la cita fue incluida en el párrafo de introducción:
“Jacques Chirac ... exhortó a la gente a combatir el
‘veneno’ de la discriminación racial”.
Nunca vale la pena citar todo lo que se
dice en una entrevista, pero ¿cómo seleccionar
lo que conviene citar directamente? La regla
básica es sencilla: no use una cita directa o un
audio para expresar algo si usted lo puede decir
mejor. Demasiadas historias de noticias están
repletas de citas que no pasarían esta prueba,
aunque vengan de labios de funcionarios. Evite
las citas que sólo mencionan hechos, sobre todo
en lenguaje burocrático. ¿Quién necesita oír al
alcalde decir: “Esperamos tener una decisión la
semana próxima sobre los planes de contingencia
para la distribución de fondos municipales a los
beneficiarios de bajos ingresos”? Es mucho mejor
hacer una paráfrasis de esa información, es decir,
que el reportero la reescriba en lenguaje claro y
conciso. En este caso, podría escribir: “Falta una
semana, por lo menos, para que la gente reciba
dinero del municipio, según dijo el alcalde”
Las mejores citas son subjetivas y agregan
agudeza y perspectiva a las historias; se expresan
en lenguaje llamativo y reflejan una experiencia
personal o los conocimientos de un experto.
Además tienen pasión, agrega el reportero
investigador de televisión Tony Kovaleski.
“Durante las entrevistas, trate de captar la pasión”,
aconseja. “Y asegúrese de no omitir ésta cuando las
escriba”. Una buena regla práctica es usar citas que
tengan autenticidad, que no parezcan sacadas de
un guión.
Una vez que haya escogido las mejores citas,
construya su historia en torno a ellas. Pero el
reportero Bob Dotson, de la cadena de televisión
estadounidense NBC, advierte: “No use los audios
como sustituto de una narrativa eficaz para contar
la historia”. Los reporteros que se contentan con
unir cadenas de citas o audios usan de hecho el
recurso del perezoso.
Números
En una ocasión, una maestra de periodismo
describió a sus estudiantes como “esas
buenas personas que odian las matemáticas”.
La mayoría de los periodistas nunca llegarán
a amar las matemáticas, pero las necesitan y
deben conocer su utilidad. Los datos numéricos
pueden parecer sólidos y factuales, pero no son
infalibles. Es necesario que el periodista sepa
manejar los números para distinguir la diferencia
entre las cifras sin sentido y las que son útiles,
pues de lo contrario se arriesga a escribir historias
desorientadoras y confusas, en el mejor de los
casos, y de plano erróneas en el peor.
El periodista requiere de cierta intuición
matemática para detectar los casos en que las cifras
que examina no tienen sentido. Debe conocer
los mecanismos de algunos procesos numéricos
para captar el significado de las cifras y los datos.
Necesita conceptos matemáticos para entender
las finanzas de la banca y las empresas, y distinguir
los momentos de quiebra y de auge. En términos
sencillos, el periodista necesita habilidades
matemáticas para entender los números, así como
requiere de destrezas lingüísticas para entender las
palabras.
El periodista competente tiene capacidad
y cuidado en materia de números. Detecta
con rapidez una cifra improbable y tiene
conocimientos prácticos básicos de aritmética
y estadística para confirmar sus sospechas. Sabe
calcular porcentajes, razones, tasas de cambio y
otras relaciones entre números, que son mucho
más elocuentes que los datos escuetos. Así, puede
y debe traducir las cifras en expresiones que los
lectores y los espectadores entiendan con facilidad.
En el mundo tan técnico de hoy, los periodistas
que manejan bien los números son más
importantes que nunca. Esos son los escritores y
editores capaces de evaluar y explicar los adelantos
científicos, médicos, tecnológicos y económicos;
ellos saben intuir nuevas historias en las bases
de datos, analizando los números por su cuenta
sin esperar que alguien con intereses creados los
interprete.
Una vez que los números han sido
comprobados varias veces, el reportero tiene que
decidir cómo los usará en su historia. La regla
práctica es: mientras menos números use, tanto
mejor. Los números deben redondearse en aras de
la sencillez y ubicarse en su contexto para mayor
claridad. “Un número tiene poco significado por
sí mismo”, dice Paul Hemp, autor de Ten Practical
Tips for Business and Economic Reporting
in Developing Economies. “Su verdadero
sentido proviene de su valor relativo”. Así, en una
historia acerca de un aumento en los gastos para
educación, el periodista puede traducir las cifras
crudas en la suma adicional que se gastará en
cada niño. Y en una historia sobre el número de
personas que mueren de cáncer pulmonar cada
año, podría decir que es equivalente al número de
pasajeros que morirían si todos los días se estrellara
un jumbo jet.
Los periodistas que no aprenden matemáticas
carecen de una habilidad básica necesaria
para descifrar gran parte de la información del
mundo que los rodea, como las estadísticas de
criminalidad, las normas sobre contaminación y las
cifras sobre desempleo. Sin destrezas matemáticas
apropiadas para su oficio, el periodista se condena
a quedarse corto en su búsqueda de precisión.
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