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Capítulo 1:
Los albores de Norteamérica y el periodo colonial hasta 1776
Capítulo 2:
El origen democrático y los escritores revolucionarios, 1776-1820
Capítulo 3:
El periodo romántico, 1820-1860: Ensayistas y poetas
Capítulo 4:
El periodo romántico, 1820-1860: Ficción
Capítulo 5:
El ascenso del realismo: 1860-1914
Capítulo 6:
El Modernismo y la experimentación: 1914-1945
Capítulo 7:
Poesía estadounidense, 1945-1990: La antitradición
Capítulo 8:
Prosa estadounidense, 1945-1990: Realismo y experimentación
Capítulo 9:
Poesía contemporánea de Estados Unidos
Capítulo 10:
Literatura contemporánea de Estados Unidos
Glosario
Bibliografía (en inglés)
Derechos de autor
PUBLICACIÓN RELACIONADA
La literatura de EE.UU. en síntesis
 
(Publicado en diciembre de 2006)

Literatura contemporánea de Estados Unidos

Secciones y autores:
Postmodernismo, cultura e identidad
   No ficción creativa: memorias y autobiografías
   El cuento corto: nuevas direcciones
   El cuento corto corto: ficción repentina o relámpago
   Teatro

Regionalismo
   El Nordeste
   El Atlántico Medio
   El Sur
   El Medio Oeste
   El Oeste montañoso
   El Sudoeste
   Literatura de California
   El Noroeste

Autores globalizados:
voces del Caribe y de América latina


Autores globalizados:
voces de Asia y el Oriente Medio
Don DeLillo
Don DeLillo (© AP Images)
Richard Ford
Richard Ford (© AP Images)
Larry McMurtry
Larry McMurtry (© AP Images)
Sandra Cisneros
Sandra Cisneros (© AP Images)
Amy Tan
Amy Tan (© AP Images)
Sherman Alexie
Sherman Alexie (© AP Images)
Jamaica Kincaid
Jamaica Kincaid (© AP Images)
Chang-rae Lee
Chang-rae Lee (© AP Images)

Estados Unidos es una de las naciones con mayor diversidad en el mundo. Su dinámica población se acerca a los 300 millones e incluye más de 30 millones de individuos que nacieron en otros países y hablan numerosos idiomas y dialectos. Cerca de un millón de nuevos inmigrantes llegan cada año, muchos procedentes de Asia y América Latina.

También la literatura de este país es hoy asombrosamente variada, excitante y evolutiva. Han surgido nuevas voces de muchos orígenes, desafiando las viejas ideas y adaptando las tradiciones literarias de acuerdo con las cambiantes condiciones de la vida nacional. Los progresos sociales y económicos han permitido que grupos antes desprovistos de representación se expresen con más plenitud, y las innovaciones tecnológicas han creado un foro público que se moviliza con rapidez. Proliferan los clubs de lectura, las ferias del libro, los festivales literarios y los “slams de poesía” (certámenes en los que compiten poetas jóvenes presentando sus poemas) atraen a un público entusiasta. La selección de una nueva obra para un club de libros puede significar que un escritor desconocido salte a la fama de la noche a la mañana.

La lista de los libros más vendidos que suele aparecer los domingos en la New York Times Review es testimonio de la extraordinaria diversidad de la escena literaria estadounidense actual. En enero de 2006, por ejemplo, la lista de bestsellers a la rústica incluyó ficción de “género” –romances eróticos por Nora Roberts, un nuevo thriller de John Grisham, novelas de misterio y homicidios– junto a libros de ciencia de no ficción por el antropólogo Jared Diamond, sociología popular por el escritor de la revista The New Yorker Malcolm Gladwell, y relatos de rehabilitación de drogadictos e historias de crímenes. En esta última categoría hubo una reimpresión de la obra precursora de Truman Capote In Cold Blood (A sangre fría), una “novela no de ficción” publicada en 1965 que borra la frontera entre la alta literatura y el periodismo, y que en fecha reciente fue llevada al cine.

Los libros de autores no estadounidenses y sobre temas internacionales ocupan también un lugar destacado en la lista. La punzante novela The Kite Runner (El corredor de cometas) del afganoestadounidense Khaled Hosseini es un relato de sus amigos de la infancia en Kabul, separados por el gobierno de los talibanes, mientras que las memorias de Azar Nafisi Reading Lolita in Teheran (Leyendo Lolita en Teherán) recuerda en forma conmovedora la tarea de enseñar a las mujeres jóvenes de Irán las obras de la literatura occidental. Una tercera novela, Memoirs of a Geisha (Memorias de una Geisha) de Arthur Golden, también fue tema de una película y relata la vida de una mujer japonesa en la Segunda Guerra Mundial.

Además, la lista de los libros más vendidos revela la popularidad de los temas religiosos. Según Publishers Weekly, 2001 fue el primer año que los libros sobre temas cristianos encabezaron las listas de ventas, tanto en la categoría de ficción como en la de no ficción. Entre los best-sellers en pasta dura de aquel domingo de 2006 presentado en nuestro ejemplo encontramos la novela de Dan Brown The DaVinci Code (El código DaVinci) y el cuento de Anne Rice Christ the Lord: Out of Egypt (Cristo el Señor: Fuera de Egipto).

Al margen de la lista de best-sellers del Times, las cadenas de librerías tienen secciones separadas para las principales religiones, como el cristianismo, el islam, el judaísmo, el budismo y a veces el hinduismo.

En la sección que las librerías dedican a la literatura femenina encontramos obras de una “tercera ola” de feministas, un movimiento que representa de ordinario a mujeres jóvenes de entre 20 y 40 años que crecieron en una época en que la igualdad social ya era ampliamente aceptada en Estados Unidos. Las feministas de la tercera ola se sienten dotadas de suficiente poder para subrayar la individualidad de las decisiones que toman las mujeres. Asociadas con frecuencia por la mentalidad popular con un regreso a la tradición y a la crianza de los hijos, el lápiz labial y los estilos “femeninos”, estas jóvenes han rescatado la palabra “chica” y algunas se niegan a declararse feministas. Lo que suele llamarse la “literatura de chicas” es un nuevo brote floreciente. Bridget Jones’s Diary (El diario de Bridget Jones) de la escritora británica Helen Fielding y Sex and the City (El sexo y la ciudad), donde Candace Bushnell presenta mujeres solteras urbanas en busca de romance, han dado lugar a un género que se ha popularizado entre las jóvenes.

Las escritoras no de ficción examinan también el fenómeno del postfeminismo. The Mommy Myth (El mito de mamá, 2004) de Susan Douglas y Meredith Michaels analiza el papel de los medios en las “guerras de mamá”, mientras que el animado ManifestA: Young Women, Feminism, and the Future (ManifiestoA: mujeres jóvenes, feminismo y el futuro, 2000) de Jennifer Baumgardner y Amy Richards comenta el activismo de las mujeres en la era de Internet. Caitlin Flanagan, una escritora de revistas que se califica a sí misma de “antifeminista”, explora los conflictos entre la vida doméstica y la vida profesional de las mujeres. Su ensayo de 2004 publicado en The Atlantic, “How Serfdom Saved the Women’s Movement” (“Cómo la servidumbre salvó al movimiento feminista”), donde habla de las mujeres que dependen de empleadas inmigrantes de clases inferiores, que se encargan de cuidarles a sus hijos mientras ellas realizan sus actividades profesionales, desató un enorme debate.

Resulta claro que la literatura estadounidense se ha vuelto democrática y heterogénea al inicio del siglo XXI. Ha florecido en ella el regionalismo y escritores internacionales o “globales” refractan la cultura de este país a través de perspectivas extranjeras. Los escritos multiétnicos siguen explotando ricas vetas y cada literatura étnica crea sus propias tradiciones a medida que madura. Ha habido un auge de la no ficción creativa y de las memorias. El género del cuento corto ha adquirido brillo y la historia corta “corta” se ha arraigado. Una nueva generación de dramaturgos continúa la tradición estadounidense de explorar en el escenario problemas sociales de actualidad. En este breve estudio no hay espacio suficiente para hacer justicia a la espléndida diversidad de la literatura estadounidense de hoy. En lugar de eso tendremos que considerar sólo los avances generales y los personajes representativos.

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POSTMODERNISMO, CULTURA E IDENTIDAD

Postmodernismo sugiere fragmentación: montaje, hibridación y el uso de distintas voces, escenarios e identidades. Los autores postmodernos cuestionan las estructuras externas, ya sea políticas, filosóficas o artísticas; tienden a desconfiar de las autoridades narrativas del pensamiento modernista, al cual consideran políticamente sospechoso. En lugar de éstas, aprovechan los géneros de la cultura popular, sobre todo la ficción científica y las historias de espías y detectives, con lo cual se convierten de hecho en arqueólogos de la cultura pop.

White Noise (Ruido blanco) de Don DeLillo, estructurada en 40 secciones como vídeo-clips, pone de relieve los dilemas de la representación: “¿Ya era la gente así de tonta antes de la televisión?”, pregunta un personaje. El mastodóntico Infinite Jest (Broma infinita) de David Foster (1.000 páginas, 900 notas al pie de página) mezcla personajes terroristas confinados en sillas de ruedas, drogadictos y descripciones futuristas de un país como Estados Unidos. En Galatea 2.2, Richard Powers entreteje la sofisticación de la tecnología y varias vidas privadas.

Influidos por Thomas Pynchon, los autores postmodernos inventan tramas complejas que exigen saltos de la imaginación. Con frecuencia reducen la profundidad histórica a una sola dimensión; las novelas de William Vollmann se deslizan entre épocas y lugares muy diferentes con tanta facilidad como la de un ratón de computadora cuando se desplaza entre varios textos.

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No ficción creativa: memorias y autobiografías

Muchos escritores están ávidos de emplear géneros abiertos y menos canónicos como vehículos para sus visiones postmodernas. La irrupción de la literatura globalizada, multiétnica y femenina –obras en las que los autores reflexionan sobre experiencias configuradas por la cultura, el color y el género– ha revestido de un atractivo especial a los géneros de la autobiografía y las memorias. Si bien los límites entre esos términos son discutibles, las memorias suelen ser más breves o de alcance más limitado, mientras que la autobiografía intenta presentar el panorama completo de la vida del autor.

La fragmentación postmoderna ha hecho que a muchos escritores les parezca problemática la idea de un yo definitivo capaz de articularse con éxito en un todo coherente. Muchos recurren a las memorias en su afán de presentar un yo auténtico. En qué consiste la autenticidad y en qué medida puede un autor o autora bordar sobre sus memorias o experiencias en obras de no ficción son temas de acalorado debate en las conferencias de escritores.

Los autores mismos han hecho observaciones agudas sobre esas cuestiones en libros sobre la creación literaria, como The Writing Life (La vida en las letras, 1989) de Annie Dillard. Entre las memorias dignas de mención figura The Stolen Light (La luz robada, 1989) de Ved Mehta. Nacido en la India, Mehta quedó ciego a la edad de tres años. Su relato de un joven ciego que viaja solo a Estados Unidos para estudiar es inolvidable. En la hipnótica Angela’s Ashes (Las cenizas de Ángela, 1996), el irlandés-estadounidense Frank McCourt recuerda su infancia de pobreza, alcoholismo familiar e intolerancia en Irlanda con sorprendente calidez y sentido del humor. En Hand to Mouth (Apenas lo indispensable, 1997), Paul Auster habla de la pobreza que entorpeció su pluma y envenenó su alma.

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El cuento corto: nuevas direcciones

El cuento como género había perdido algo de su brillo a fines de la década de 1970. Las historias de metaficción experimental escritas por Donald Barthelme, Robert Coover, John Barth y William Gass ya no representaban la vanguardia. Las revistas semanales de gran circulación que divulgaban la ficción breve, como la Saturday Evening Post, habían desaparecido.

Tuvo que llegar un forastero del Noroeste Pacífico –un realista descarnado dentro de la tradición de Ernest Hemingway– para revitalizar el género. Raymond Carver (1938-1988) estudió con el finado novelista John Gardner y absorbió la pasión de éste por el arte accesible, combinado con una visión moral. Carver se impuso sobre el alcoholismo y la cruel pobreza para llegar a ser el cuentista más influyente de Estados Unidos. En sus colecciones Will You Please Be Quiet, Please? (¿Me hace favor de guardar silencio por favor?, 1976), What We Talk About When We Talk About Love (De lo que hablamos cuando hablamos de amor, 1981), Cathedral (Catedral, 1983) y Where I’m Calling From (Desde donde llamo, 1988), Carver sigue los pasos de trabajadores confundidos en sus empleos sin porvenir, juergas alcohólicas y cuartos de alquiler, con un sobrio estilo minimalista que produce un tremendo impacto.

Una escritora relacionada con Carver es la autora de novelas y cuentos Ann Beattie (1947- ), quien presenta la vida a menudo sin rumbo de personajes de clase media. Sus historias aluden a eventos políticos y canciones populares, y ofrecen vislumbres seleccionados de la vida en los cambiantes Estados Unidos, decenio por decenio. Sus colecciones recientes son Park City (Ciudad parque, 1998) y Perfect Recall (Memoria perfecta, 2001).

Inspirados por Carver y Beattie, algunos escritores forjaron impresionantes colecciones de cuentos neorrealistas a mediados de la década de 1980, entre ellas Reasons to Live (Motivos para vivir, 1985) de Amy Hempel, Family Dancing (Baile familiar, 1984) de David Leavitt, Rock Springs (1987) de Richard Ford, Shiloh and Other Stories (Shiloh y otras historias, 1982) de Bobbie Ann Mason y Self-Help (Autoayuda, 1985) de Lorrie Moore. Otras figuras notables son el finado Andre Dubus, autor de Dancing After Hours (Baile a deshoras, 1996) y el prolífico John Updike, cuyas colecciones recientes de cuentos incluyen The Afterlife and Other Stories (Vida después de la muerte y otros cuentos, 1994).

Como se verá en este mismo capítulo, los escritores de hoy que tienen raíces étnicas y universales están iluminando el género del cuento con enfoques no occidentales y tribales, con lo cual éste ha atraído la atención popular y de la crítica. El versátil cuento primigenio es la base de varias formas híbridas: novelas formadas por historias cortas o viñetas concatenadas y obras creativas de no ficción que entretejen la historia y el relato personal con la ficción.

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El cuento corto corto: ficción repentina o relámpago

El cuento corto es una historia muy breve, a menudo de sólo una o dos páginas. A veces es llamado “ficción relámpago” o “ficción repentina”, a raíz de la antología Sudden Fiction (Ficción repentina) compilada en 1986 por Robert Shapard y James Thomas.

En el cuento corto corto hay poco espacio para desarrollar un personaje. El elemento central es, más bien, la trama: se presenta una crisis y un personaje apenas bocetado sólo tiene que reaccionar ante ella. Los autores despliegan ingeniosos patrones narrativos o lingüísticos; en algunos casos el cuento corto corto parece un poema en prosa.

Los partidarios de los cuentos cortos cortos afirman que la “geografía reducida” de éstos refleja las condiciones postmodernas en las que las fronteras parecen más cercanas entre sí. Ellos encuentran una simplicidad elegante en esas breves ficciones. Los detractores ven el cuento corto corto como un síntoma de decadencia cultural, una pérdida general de la facultad de leer y un déficit de atención. Sea como fuere, el cuento corto corto ha hallado cierto nicho: es fácil de enviar por correo electrónico y puede ser distribuido por medios electrónicos. Es cómodo de manejar en ejercicios de lectura en el aula y como modelo para las asignaciones de redacción.

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Teatro

El teatro contemporáneo mezcla el realismo y la fantasía en obras postmodernas que fusionan lo personal y lo político. El exuberante Tony Kushner (1956- ) fue aclamado cuando ganó un premio con su drama Angels in America (Ángeles en Estados Unidos), en el cual expone vívidamente la epidemia del SIDA y el costo psicológico de la homosexualidad reprimida en las décadas de 1980 y 1990. Part One: Millennium Approaches (Primera parte: El milenio se acerca, 1991) y su obra acompañante, Part Two: Perestroika (Segunda parte: Perestroika, 1992) duran en conjunto siete horas. Esas obras combinan la comedia con el melodrama, el comentario político y los efectos especiales, y en ellas se entretejen varias tramas y personajes marginados.

Las mujeres dramaturgas han tenido un éxito particular en los últimos años. Entre ellas destaca Beth Henley (1952- ) de Mississippi, conocida por sus retratos de mujeres del Sur. Henley obtuvo reconocimiento nacional por su obra Crimes of the Heart (Crímenes del corazón, 1978), que fue llevada al cine en 1986 y es un cálido drama sobre tres hermanas excéntricas cuyo afecto mutuo les ayuda a sobrevivir a la desilusión y la desesperación. Obras ulteriores, como The Miss Firecracker Contest (El concurso de Miss Polvorita, 1980), The Wake of Jamey Foster (El despertar de Jamey Foster, 1982), The Debutante Ball (El baile de las debutantes, 1985) y The Lucky Spot (El punto de suerte, 1986), exploran las modalidades sureñas de socialización: concursos de belleza, funerales, fiestas de presentación en sociedad y salones de baile.

Wendy Wasserstein (1950-2006) de Nueva York escribió comedias tempranas como When Dinah Shore Ruled the Earth (Cuando Dinah Shore gobernaba la Tierra, 1975), una parodia de los certámenes de belleza. Es más conocida por The Heidi Chronicles (Las crónicas de Heidi, 1988) sobre una exitosa profesora que confiesa su profunda infelicidad y adopta un bebé. Wasserstein siguió explorando las aspiraciones femeninas en The Sisters Rosensweig (Las hermanas Rosensweig, 1991), An American Daughter (Una hija estadounidense, 1997) y Old Money (Dinero viejo, 2000).

Las dramaturgas más jóvenes como la afro-estadounidense Suzan-Lori Parks (1964- ) se han basado en el éxito de sus predecesoras. Parks, que creció en varias bases del ejército en Estados Unidos y Alemania, aborda temas de política en obras experimentales cuya intemporalidad y ritualismo recuerdan al escritor nacido en Irlanda Samuel Beckett. Su novela más conocida, The America Play (El drama de Estados Unidos, 1991), gira en torno del asesinato del presidente Abraham Lincoln por John Wilkes Booth. Volvió a abordar este tema en Topdog/Underdog (Perro dominante/perro dominado, 2001), que relata la historia de dos hermanos afro-estadounidenses llamados Lincoln y Booth, y su rivalidad fraterna de toda la vida.

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REGIONALISMO

Una persistente sensibilidad regionalista ha cobrado fuerza en la literatura estadounidense de las dos últimas décadas. La descentralización expresa la situación postmoderna del país, una tendencia que es más evidente en las letras de ficción; no existe ya un punto de vista o un código capaz de expresar con éxito a la nación. Ninguna ciudad define los movimientos artísticos, como en otros tiempos lo hacía la ciudad de Nueva York. En muchas ciudades han surgido comunidades de artes visuales, y la tecnología electrónica ha descentralizado la vida literaria.

A medida que las transformaciones económicas y el cambio social redefinen a Estados Unidos, un anhelo de tradición se ha consolidado. Los mitos más vigorizantes y distintivamente estadounidenses cubren distintas partes del territorio; por eso los escritores recurren al Sur de la Guerra Civil, al Lejano Oeste del ganadero, a la vida del granjero del Medio Oeste apegado a la tierra, al hogar tribal del Sudoeste y a otros ámbitos locales donde lo real y lo mítico se mezclan. Por supuesto, a muchos escritores los ha inspirado más de una región; los hemos incluido aquí según las regiones que formaron su visión o las características de sus obras de madurez.

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El Nordeste

El escénico Nordeste, región de prolongados inviernos, densos bosques de hoja caduca y cadenas montañosas poco escarpadas, fue la primera área colonial de habla inglesa y aún conserva el sabor de Inglaterra. Boston, Massachusetts es el motor intelectual de su cultura y ostenta instituciones de investigación y docenas de universidades. Muchos escritores de Nueva Inglaterra describen personajes que mantienen la tradición puritana y encarnan la ética protestante del trabajo y el compromiso progresivo con la reforma social, tan propios de la clase media. En las áreas rurales, pequeños granjeros independientes luchan por sobrevivir en el mundo de los mercados globalizados.

La novelista Joyce Carol Oates ubica muchas de sus obras góticas en el norte del estado de Nueva York. Richard Russo (1949- ), en su atractivo Empire Falls (El imperio cae, 2001), evoca la vida en una moribunda aldea de molineros en Maine, el estado donde Stephen King (1947- ) sitúa sus populares novelas de terror.

Las agridulces ficciones de la escritora radicada en Massachusetts Sue Miller (1943- ), como The Good Mother (La buena madre, 1986), examinan los estilos de vida de la contracultura en Cambridge, una ciudad conocida por su diversidad cultural y social, su vitalidad intelectual y sus innovaciones tecnológicas. Otra autora de Massachusetts, Anita Diamant (1951- ) obtuvo la aclamación popular con The Red Tent (La carpa roja, 1997), una novela histórica feminista basada en el relato bíblico de Dinah.

Russell Banks (1940- ) salió de una región rural pobre de Nueva Hampshire y ha pasado de los textos experimentales a obras más realistas, como Affliction (Aflicción, 1989), su novela sobre personajes de la clase trabajadora de ese estado. Para Banks, reconocer las raíces propias es un aspecto fundamental de la identidad. En Affliction, el narrador se mofa de quienes “van a Florida, Arizona y California, compran un remolque o un condominio, se llenan de callos de tocar todo el día la tabla de shuffle y esperan la muerte”. Una de las obras recientes de Banks es Cloudsplitter (Partidor de nubes, 1998), una novela histórica sobre el abolicionista del siglo XIX John Brown.

La sorprendente estilista Annie Proulx (1935- ) relata historias de esforzados residentes del norte de Nueva Inglaterra en Heart Songs (Canciones del corazón, 1988). Su mejor novela, The Shipping News (Las noticias náuticas, 1993) se desarrolla aún más al norte, en Terranova, Canadá. Proulx ha pasado también varios años en el Oeste y uno de sus cuentos cortos inspiró la película “Brokeback Mountain” (“La montaña del espinazo roto”) en 2006.

William Kennedy (1928- ) ha escrito un denso y enredado ciclo de novelas ubicadas en Albany, en el norte del estado de Nueva York, como su aclamada Ironweed (Ambrosía). El título de su historia de Albany vista por un residente O Albany! Improbable City of Political Wizards, Fearless Ethnics, Spectacular Aristocrats, Splendid Nobodies y Underrated Scoundrels (¡Oh Albany! Ciudad improbable de hechiceros políticos, etnias temerarias, aristócratas espectaculares, donnadies espléndidos y menospreciados, 1983) nos da una idea de su estilo descarnado y coloquial, y de su reparto lleno de personajes a menudo desagradables. Kennedy ha sido reconocido como el estadista veterano de un pequeño movimiento literario irlandés-estadounidense en el que figuran la desaparecida Mary McCarthy, Mary Gordon, Alice McDermott y Frank McCourt.

Tres autores que estudiaron en la Universidad Brown de Rhode Island más o menos en la misma época y recibieron clases de la escritora británica Angela Carter son citados a menudo como el núcleo de una “generación siguiente”. Donald Antrim (1959- ) satiriza la vida académica en The Hundred Brothers (Los cien hermanos, 1997), que se desarrolla en una enorme biblioteca desde la cual se puede ver a gente sin hogar. Rick Moody (1961- ) es más conocido por su novela The Ice Storm (La tormenta de hielo, 1994). Una de las novelas de Jeffrey Eugenides (1960- ) es Middlesex (2002) que narra la experiencia de un hermafrodita. Impresionantes estilistas con visiones excéntricas que rayan en lo absurdo, Antrim, Moody y Eugenides llevan aún más lejos las tradiciones contrarias de John Updike y Thomas Pynchon. El exuberante postmodernista David Foster Wallace (1962- ) se vincula a menudo con esos tres novelistas más jóvenes. Wallace, nacido en Ithaca, Nueva York, fue elogiado por su compleja novela seria y cómica The Broom of the System (La escoba del sistema, 1987) y las historias de Girl With Curious Hair (La muchacha del cabello extraño, 1989) saturadas de cultura pop.

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El Atlántico Medio

Los fértiles estados del Atlántico Medio, dominados por la ciudad de Nueva York con su gran puerto, siguen siendo la puerta de entrada para oleadas de inmigrantes. La variada economía de la región abarca hoy las finanzas, comercio y embarques, además de la publicidad y la moda. La ciudad de Nueva York es la sede de la industria editorial y ostenta también prestigiosos museos y galerías de arte.

Don DeLillo (1936- ) nacido en la ciudad de Nueva York, empezó como escritor publicitario y en sus novelas explora el consumismo, entre otros muchos temas. Americana (1971) termina así: “En Estados Unidos consumir no significa comprar, sino soñar”. Los protagonistas de DeLillo buscan su identidad a partir de la imagen. White Noise (Ruido blanco, 1985) trata sobre Jack Gladney y su familia, cuya experiencia está mediatizada por ciertos textos, sobre todo de anuncios comerciales. Un pasaje ilustra el estilo de este autor: “...la vacuidad, la sensación de oscuridad cósmica. Master Card, Visa, American Express”. En todo el libro, fragmentos de anuncios flotan a la deriva, surgidos del subconsciente de Gladney con el parloteo de los medios, y generan el ruido blanco subliminal del título. Otras novelas más recientes de DeLillo que incluyen personajes históricos y políticos son: Libra (1988), donde interpreta el asesinato del presidente John F. Kennedy como una explosión de consumismo frustrado; Underworld (Submundo, 1997) que teje una red de interconexiones entre un juego de béisbol y una bomba nuclear en Kazajstán.

En la multidimensional y políglota Nueva York abundan las obras de ficción que describen una sombría ciudad postmoderna. Un ejemplo de esto es la laberíntica trilogía neoyorquina City of Glass (Ciudad de cristal, 1985), Ghosts (Fantasmas, 1986) y The Locked Room (La habitación cerrada, 1986) de Paul Auster (1947- ). En esta obra, inspirada por Samuel Beckett y la novela de detectives, un escritor aislado está creando una historia de detectives y se dirige a Paul Auster, quien escribe algo sobre Cervantes. La trilogía sugiere que la “realidad” no es más que un texto construido a través de la ficción, lo cual borra la frontera tradicional entre realidad e ilusión. De hecho, la trilogía de Auster se desconstruye a sí misma. De modo similar, Kathy Acker (1948-1997) yuxtapuso pasajes de obras de Cervantes y Charles Dickens con ciencia ficción en pastiches postmodernos como Empire of the Senseless (El imperio del sinsentido, 1988), donde presenta la búsqueda de una voz individual a través del tiempo y el espacio.

En la ciudad de Nueva York viven muchos grupos de escritores que tienen intereses en común. Entre las autoras judías figura la notable ensayista Cynthia Ozick (1928- ), quien ubica en el Bronx su novela The Puttermesser Papers (Los documentos Puttermesser, 1997). Su inquietante novela The Shawl (El chal, 1989) presenta el punto de vista de una madre joven acerca del Holocausto. En su graciosa y coloquial Collected Stories (Colección de cuentos, 1994) Grace Paley (1922- ) capta los ritmos sincopados de la ciudad.

Dos artistas más jóvenes que se asocian con la vida en el carril de alta velocidad son Jay McInerney (1955- ), cuya Story of My Life (Historia de mi vida, 1988) se desarrolla en la cultura juvenil de la época del boom de los años 80, acelerada por las drogas, y Tama Janowitz (1957- ) con sus obras satíricas. Sus retratos de soledad y adicción en la dureza anónima de la ciudad nos hacen evocar las obras de John Cheever.

Los suburbios cercanos atraen la imaginación de otros escritores. Mary Gordon (1949- ) ubica en su Long Island natal muchos de sus trabajos, centrados en mujeres, a semejanza de Alice McDermott (1953- ), cuya novela Charming Billy (El encantador Billy, 1998) diseca la fallida promesa de un alcohólico.

Uno de los realistas domésticos del Atlántico Medio es Richard Bausch (1945- ) de Baltimore, autor de In the Night Season (En la temporada nocturna, 1998) y las historias de Someone to Watch Over Me (Alguien que me cuide, 1999). Bausch escribe sobre familias fragmentadas, como lo hace Anne Tyler (1941- ), también de Baltimore, cuyos excéntricos personajes negocian sus vidas desorganizadas y aisladas. Maestra del detalle y el ingenio sobrio, Tyler escribe en un lenguaje parco y tranquilo. Algunas de sus novelas más conocidas son Dinner at the Homesick Restaurant (Cena en el restaurante nostalgia, 1982) y The Accidental Tourist (El turista accidental, 1985) que fue llevada al cine en 1988. The Amateur Marriage (El matrimonio amateur, 2004) ubica un divorcio en un panorama de la vida estadounidense en el curso de 60 años.

Los afro-estadounidenses han hecho aportaciones distintivas. La autobiográfica Zami: A New Spelling of My Name (Zami: una nueva forma de escribir mi nombre, 1982) de la ensayista y poeta feminista Audre Lorde es el desenfadado relato de la experiencia de una mujer negra en Estados Unidos. Bebe Moore Campbell (1950- ) de Filadelfia escribe aguerridas novelas domésticas como Your Blues Ain’t Like Mine (Tu blues no es como el mío, 1992). Gloria Naylor (1950- ), de la ciudad de Nueva York, explora las vidas de mujeres diferentes en The Women of Brewster Place (Las mujeres de Brewster Place, 1982), la novela que le dio renombre.

El autor John Edgar Wideman (1941- ), aclamado por la crítica, creció en la sección negra de Pittsburgh, Pennsylvania, llamada Homewood. En su faulkneriana trilogía de Homewood –Hiding Place (Escondite, 1981), Damballah (1981) y Sent for You Yesterday (Enviado ayer para ti, 1983)– se sirve de puntos de vista cambiantes y juegos lingüísticos para proyectar la experiencia negra. Su obra corta más conocida, “Brothers and Keepers” (“Hermanos y cuidadores”, 1984) trata sobre su relación con su hermano prisionero. En The Cattle Killing (La matanza de vacas, 1996), Wideman vuelve a abordar el tema de su famosa historia anterior “Fever” (“Fiebre”, 1989). Su novela Two Cities (Dos ciudades, 1998) se desarrolla en Pittsburgh y Filadelfia.

David Bradley (1950- ), también de Pennsylvania, desarrolla su novela histórica The Chaneysville Incident (El incidente de Chaneysville, 1981) en el “tren subterráneo”, la cadena de ciudadanos que brindó a los esclavos negros del Sur su ayuda y la oportunidad de encontrar la libertad en el Norte, en la época de la Guerra Civil de Estados Unidos.

Trey Ellis (1962- ) ha escrito las novelas Platitudes (Lugares comunes, 1988), Home Repairs (Reparaciones en el hogar, 1993) y Right Here, Right Now (Aquí y ahora, 1999), varios guiones como “The Tuskegee Airmen” (Los aviadores de Tuskegee, 1995) y el ensayo de 1989 “The New Black Aesthetic” (“La nueva estética negra”), una disertación sobre la nueva sensibilidad multiétnica que caracteriza a la generación más joven.

Entre los escritores de Washington, D.C., a cuatro horas por carretera al sur de la ciudad de Nueva York, figura Ann Beattie (1947- ), cuyos cuentos cortos ya fueron mencionados aquí. Sus novelas son como rebanadas de vida e incluyen Picturing Will (Para entender a Will, 1989), Another You (Otro tú, 1995) y My Life, Starring Dara Falcon (Mi vida, protagonizada por Dara Falcon, 1997).

Muchos novelistas políticos residen en la ciudad capital de Estados Unidos. Ward Just (1935- ) ubica sus novelas en los turbulentos círculos militares, políticos e intelectuales de Washington. Christopher Buckley (1952- ) remata su humorística sátira política con detalles locales; su Little Green Men (Pequeños hombres verdes, 1999) es una broma sobre las reacciones de los círculos oficiales ante unos seres del espacio exterior. Michael Chabon (1963- ), que creció en los suburbios de Washington y luego se mudó a California, describe a jóvenes en el deslumbrante umbral de la vida adulta en The Mysteries of Pittsburgh (Los misterios de Pittsburgh, 1988); su novela inspirada en una revista de historietas, The Amazing Adventures of Kavalier and Clay (Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, 2000), es una mezcla de glamour y buen oficio a la manera de F. Scott Fitzgerald.

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El Sur

El Sur abarca las dispares regiones de la porción sudeste de Estados Unidos, desde la fría cordillera de los Montes Apalaches y el vasto valle del Río Mississippi hasta los húmedos pantanos de cipreses de la Costa del Golfo. La cultura del algodón y las plantaciones trabajadas por esclavos hizo del Sur la región más rica del país antes de la Guerra Civil (1860-1865). Pero después de la guerra, la región cayó en un estado de pobreza y aislamiento que duró un siglo. Hoy el Sur forma parte de lo que se conoce como la Franja del Sol, la parte de Estados Unidos que crece con más rapidez.

La más tradicional de las regiones, el Sur, se enorgullece de su tradición distintiva. Entre sus temas perdurables están la familia, la tierra, la historia, la religión y la raza. La profundidad y el sentido humano de muchos textos sureños surgen de las devastadoras pérdidas sufridas en la Guerra Civil y de la búsqueda del alma frente al legado de esclavitud de esa región.

El Sur, con su rica tradición oral, ha nutrido a muchas cuentistas mujeres. En la parte septentrional de esa región, Bobbie Ann Mason (1940- ) de Kentucky escribe de los cambios generados por la cultura de masas. En su cuento más famoso, “Shiloh” (1982), una pareja tiene que cambiar su relación o separarse cuando las subdivisiones de la vivienda se propagan “en el oeste de Kentucky como una capa de aceite”. La aclamada novela corta de Mason In Country (En el país, 1985) describe los efectos de la Guerra de Vietnam enfocando la atención en una niña inocente cuyo padre murió en el conflicto.

Lee Smith (1944- ) presenta en primer plano a los pobladores de los Montes Apalaches en forma conmovedora, aprovechando el legado de la música folclórica estadounidense, en su novela The Devil’s Dream (El sueño del diablo, 1992). Jayne Anne Phillips (1952- ) escribe cuentos sobre inadaptados –Black Tickets (Billetes negros, 1979)– y una novela, Machine Dreams (Sueños maquinales, 1984), que se desarrolla en las inhóspitas montañas de Virginia Occidental.

Las novelas de Jill McCorkle (1958- ) captan sus recuerdos de Carolina del Norte. Historia de amor envuelta en el misterio, Carolina Moon (Luna de Carolina, 1996) explora un antiguo caso de suicidio en una aldea costera donde las olas erosionan sin cesar los cimientos de las ruinosas casas de la playa. Dorothy Allison (1949- ) presenta su exuberante Carolina del Sur natal en la implacable novela autobiográfica Bastard Out of Carolina (La bastarda de Carolina, 1992), vista a través de los ojos de una paupérrima hija ilegítima de 12 años de edad y modales varoniles apodada Bone. La nativa de Mississippi Ellen Gilchrist (1935- ) ubica casi todos los relatos de su coloquial Collected Stories (Colección de cuentos, 2000) en pequeñas aldeas a la orilla del Río Mississippi y en Nueva Orleans, Louisiana.

Uno de los novelistas sureños que se basan en la experiencia de los varones es el prestigioso Cormac McCarthy (1933- ) cuyas primeras novelas, como Suttree (1979), son cuentos arquetípicos sureños que reflejan oscuras profundidades emocionales, ignorancia y pobreza, teniendo como escenario las verdes colinas y valles del este de Tennessee. McCarthy se trasladó a El Paso, Texas en 1974 y empezó a investigar los paisajes y tradiciones del Oeste. Blood Meridian: Or the Evening of Redness in the West (Meridiano sangriento: o el atardecer rojo en el Oeste, 1985) es un despiadado relato de The Kid, un muchacho de 14 años de Tennessee que llega a ser un asesino sin entrañas en México en la década de 1840. La trilogía fronteriza de McCarthy, su épico best-seller –All the Pretty Horses (Todos los hermosos caballos, 1992), The Crossing (El cruce, 1994) y Cities of the Plain (Ciudades de la llanura, 1998)– presenta el desierto entre Texas y México lleno de grandeza mítica.

Otros escritores notables son Charles Frazier (1950- ) de Carolina del Norte, autor de la novela Cold Mountain (Montaña fría, 1997) sobre la Guerra Civil; Pat Conroy (1945- ), quien nació en Georgia y escribió The Great Santini (El gran Santini, 1976) y Beach Music (Música de playa, 1995); y el novelista de Mississippi Barry Hannah (1942- ), conocido por sus argumentos violentos y su estilo propenso al riesgo.

Un escritor muy diferente nacido en Mississippi es Richard Ford (1944- ), quien empezó a escribir en una tónica faulkneriana, pero es más conocido por su sutil novela The Sportswriter (El escritor de deportes, 1986) que se desarrolla en Nueva Jersey, y su secuela, Independence Day (El día de la Independencia, 1995). Esta última nos habla de Frank Bascombe, un personaje sin rumbo, soñador y evasivo, que pierde todo lo que le daba sentido a su vida: un hijo, su sueño de escribir ficción, su matrimonio, sus amantes y amigos, y su empleo. Bascombe es sensible e inteligente –toma decisiones, según dice, “para desviar el dolor del terrible arrepentimiento”– y tanto su vacuidad como los centros comerciales anónimos y los conjuntos de viviendas vacías que recorre sin cesar son mudos testigos de lo que Ford interpreta como un malestar nacional.

Muchos escritores afro-estadounidenses elevan la voz desde el Sur, como Ernest Gaines, de Louisiana, Alice Walker de Georgia y Zora Neale Hurston, nacida en Florida, cuya novela de 1937 Their Eyes Were Watching God (Sus ojos veían a Dios) ha sido considerada como la primera novela feminista de una afro-estadounidense. Hurston, quien murió en la década de 1960, fue revivida por la crítica en los años 90. Ishmael Reed, nacido en Tennessee, ubica su Mumbo Jumbo (Supercherías, 1972) en Nueva Orleans. Margaret Walker (1915-1998) de Alabama escribió la novela Jubilee (Jubileo, 1966) y los ensayos On Being Female, Black, and Free (Sobre ser mujer, negra y libre, 1997).

El cuentista James Alan McPherson (1943- ) de Georgia describe personajes de la clase trabajadora en Elbow Room (Espacio libre, 1977); A Region Not Home: Reflections From Exile (Una región que no es la mía: reflexiones en el exilio, 2000), cuyo título se refiere a su traslado a Iowa, es un libro de recuerdos. ZZ Packer (1973- ), nacida en Chicago, estudió con McPherson en el Taller de Escritores de Iowa, creció en el Sur, se educó en el Atlántico Medio y hoy vive en California. Su primera obra, un volumen de cuentos titulado Drinking Coffee Elsewhere (Tomar café en otro lugar, 2003), la ha convertido en una estrella en ascenso. La prolífica autora feminista bell hooks (nació en Kentucky en 1952 y se llama Gloria Watkins) se hizo famosa con sus críticas a la cultura, como Black Looks: Race and Representation (Miradas negras: raza y representación, 1992) y sus autobiografías a partir de Bone Black: Memories of a Girlhood (Negro hueso: recuerdos de la infancia de una niña, 1996).

La poeta experimental y erudita de la narrativa sobre esclavos (Freeing the Soul [Libertad del alma], 1999) Harryette Mullen (1953- ) escribe colecciones de poesía en varias voces, como Muse & Drudge (Musa y esclava, 1995). El novelista y cuentista Percival Everett (1956- ) quien al principio vivía en Georgia, escribe obras sutiles de ficción sin desenlace definido; entre sus tomos recientes figuran Frenzy (Frenesí, 1997) y Glyph (Glifo, 1999).

Muchos escritores afro-estadounidenses cuyas familias emigraron de otras regiones del país no nacieron en el Sur, pero acudieron a él en busca de inspiración. La famosa novelista de ciencia ficción Octavia Butler (1947- ), nacida en California, aborda el tema de la servidumbre y la tradición narrativa sobre esclavos en Wild Seed (Semilla silvestre, 1980); su Parable of the Sower (Parábola del sembrador, 1993) habla de las adicciones. Sherley Anne Williams (1944- ), también de California, escribe sobre la amistad interracial entre mujeres del Sur en la época de la esclavitud, en su novela histórica Dessa Rose (1986) basada en hechos reales. Randall Kenan (1963- ) nació en Nueva York y creció en Carolina del Norte, el escenario de su novela A Visitation of Spirits (Una visita de espíritus, 1989) y sus cuentos Let the Dead Bury Their Dead (Dejad que los muertos entierren a sus muertos, 1992). Su Walking on Water: Black American Lives at the Turn of the Twenty-First Century (Caminando sobre las aguas: vidas de estadounidenses negros al inicio del siglo XXI, 1999) es una obra de no ficción.

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El Medio Oeste

Las vastas praderas de la sección media de Estados Unidos –gran parte de la cual está entre las Montañas Rocallosas y el Río Mississippi– son muy calurosas en verano y se congelan cuando son azotadas por las tormentas de invierno. El área quedó abierta con la construcción del Canal de Erie en 1825, que atrajo colonizadores europeos del norte ansiosos de poseer tierras. Algunos escritores de principios del siglo XX con raíces en el Medio Oeste son Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Sinclair Lewis y Theodore Dreiser.

La ficción del Medio Oeste se apoya en el realismo. La novela doméstica ha florecido en los últimos años y retrata redes de relaciones entre parientes, la comunidad local y el medio ambiente. La agroindustria y el desarrollo amenazan a las granjas familiares en algunas partes de la región y varias novelas dan el toque de difuntos para las granjas como forma de vida.

Entre los novelistas domésticos figura Jane Smiley (1949- ) cuya obra A Thousand Acres (Mil acres, 1991) es una versión feminista contemporánea de la historia del Rey Lear. El reino perdido es una gran granja familiar sostenida a lo largo de cuatro generaciones, y las fuerzas que lo socavan son una concatenación de factores personales y políticos. Kent Haruf (1943- ) crea personajes fuertes en su dramática novela de la pradera, Plainsong (Canción de la pradera, 1999).

Michael Cunningham (1952- ) de Ohio empezó como novelista doméstico con A Home at the End of the World (Un hogar en el fin del mundo, 1990). The Hours (Las horas, 1998), que fue llevada a la pantalla, entrelaza con brillantez a la Mrs. Dalloway de Virginia Woolf con las vidas de dos mujeres en distintas épocas. Stuart Dybek (1942- ) ha escrito chispeantes colecciones de cuentos como I Sailed With Magellan (Yo navegué con Magallanes, 2003), acerca de su infancia en el lado sur de Chicago.

Entre los novelistas urbanos más jóvenes podemos mencionar a Jonathan Franzen (1959- ), quien nació en Missouri y creció en Illinois. La novela panorámica más vendida de Franzen, The Corrections (Las correcciones, 2001) –cuyo título se refiere a una baja en el mercado de valores– evoca la vida familiar en el Medio Oeste durante varias generaciones. La novela describe el deterioro físico y mental de un patriarca que padece la enfermedad de Parkinson; igual que en A Thousand Acres de Smiley, toda la familia resulta afectada. Franzen confronta a individuos contra grandes conspiraciones en The Twenty-Seventh City (La ciudad veintisiete, 1988) y en Strong Motion (Movimiento vigoroso, 1992). Algunos críticos relacionan a Franzen con Don DeLillo, Thomas Pynchon y David Foster Wallace, como autor de novelas sobre conspiraciones.

El Medio Oeste ha producido una gran variedad de literatura, gran parte de la cual acusa influencias internacionales. Richard Powers (1957- ), de Illinois, ha vivido en Tailandia y los Países Bajos. Sus desafiantes novelas postmodernas entrelazan las vidas personales con la tecnología. Galatea 2.2 (1995) actualiza el tema del científico loco; en este caso, los científicos son programadores de computadoras.

El novelista afro-estadounidense Charles Johnson(1948- ), ex caricaturista nacido en Illinois y trasladado a Seattle, Washington, se basa en tradiciones dispares como el zen y la narrativa de esclavos al crear novelas como Oxherding Tale (Cuento de Oxherding, 1982). En su estupenda novela picaresca Middle Passage (Pasaje medio, 1990), Johnson combina la historia internacional de la esclavitud con un cuento marítimo con ecos de Moby Dick. Dreamer (Soñador, 1998) replantea con la imaginación el asesinato del Dr. Martin Luther King, Jr.

Robert Olen Butler, (1945- ), nacido en Illinois y veterano de la Guerra de Vietnam, escribe sobre los vietnamitas refugiados en Louisiana, quienes hablan con sus propias voces en A Good Scent From a Strange Mountain (Un buen aroma de una montaña desconocida, 1992). Los cuentos que reúne en Tabloid Dreams (Sueños de tabloide, 1996) –inspirados por titulares de noticias estrafalarios– fueron ampliados en la novela humorística Mr. Spaceman (Sr. Hombre del Espacio, 2000), en la cual un extraterrestre llegado de otros mundos aprende inglés mirando la televisión y secuestra un autobús lleno de turistas para entrevistarlos en su nave espacial.

Entre los autores estadounidenses nativos de la región podemos citar a Louis Erdrich, quien tiene sangre chippewa y ha escrito una serie de novelas en su Dakota del Norte natal. Gerald Vizenor (1935- ) presenta un retrato cómico postmoderno de la vida de los norteamericanos nativos contemporáneos en Darkness at Saint Louis Bearheart (Tinieblas en San Luis Corazón de Oso, 1978) y Griever: An American Monkey King in China (Sufriente: un rey mono estadounidense en China, 1987). En Chancers (Oportunistas, 2000), Vizenor nos cuenta de unos esqueletos enterrados fuera de sus lugares de origen.

La popular novelista sirio-estadounidense Mona Simpson (1957- ) nació en Wisconsin y es autora de Anywhere But Here (En cualquier lugar menos aquí, 1986), una mirada a las relaciones madre-hija.

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El Oeste montañoso

La porción occidental del interior de Estados Unidos es una región, en gran parte silvestre, que se extiende a lo largo de las majestuosas Montañas Rocallosas y cubre en forma sesgada desde Montana en la frontera canadiense hasta los montes de Texas en la frontera de Estados Unidos con México. La ganadería y la minería han sido por largo tiempo la columna vertebral de la economía de la región y la tradición anglosajona de sus habitantes fomenta en ellos un espíritu fronterizo independiente.

La literatura del Oeste incluye a menudo un conflicto. En el siglo XIX, los adversarios tradicionales de esa región eran el cowboy y el indígena, el granjero colonizador y el forajido, el ganadero y el ladrón de ganado. Los antagonistas recientes son el petrolero y el ecologista, el urbanista y el arqueólogo, y el activista ciudadano contra el abogado de las instalaciones nucleares y militares que han sido instaladas en gran número en el poco poblado Oeste.

Un escritor ha proyectado una larga sombra sobre la literatura del Oeste, en forma muy similar a lo que hizo William Faulkner en el Sur: Wallace Stegner (1909-1993) consigna la desaparición del Oeste virgen. En su obra maestra, Angle of Repose (Ángulo de reposo, 1971), un historiador imagina que sus educados abuelos se trasladan al “salvaje” Oeste. En su último libro, Where the Bluebird Sings to the Lemonade Springs (Donde el azulejo canta a los manantiales Lemonade, 1992), reseña su vida de escritor en el Oeste. Stegner dirigió durante un cuarto de siglo el programa de redacción de la Universidad Stanford; su lista de estudiantes parece un “directorio” de autores occidentales: Raymond Carver, Ken Kesey, Thomas McGuane, Larry McMurtry, N. Scott Momaday, Tillie Olsen y Robert Stone. Stegner influyó también en la escuela contemporánea de escritores de Montana que se asocia con McGuane, Jim Harrison y algunas obras de Richard Ford, y también con escritores de Texas como McMurtry.

El novelista Thomas McGuane (1939- ) describe de ordinario personajes que avanzan solos en un área salvaje y se enredan en un conflicto cada vez más intenso. Algunas de sus obras son The Sporting Club (El club deportivo, 1968) y The Bushwacked Piano (El piano emboscado, 1971), donde el héroe viaja de Michigan a Montana en una enloquecida misión de galanteo. Su entusiasmo por la caza y la pesca ha hecho que McGuane sea comparado por los críticos con Ernest Hemingway. Como McGuane, Jim Harrison (1937- ), nacido en Michigan, vivió muchos años en una finca ganadera. En su primera novela, Wolf: A False Memoir (Lobo: una memoria falsa, 1971), un hombre se esfuerza por ver a un lobo en su ambiente natural con la esperanza de cambiar su propia vida. Sus obras de ficción más recientes y pesimistas son Legends of the Fall (Leyendas del otoño, 1979) y The Road Home (El camino a casa, 1998).

En la novela de Montana Wildlife (Vida silvestre, 1990), Richard Ford presenta el paisaje desolado en contrapunto con la desintegración de una familia. El cuentista, crítico defensor de la ecología y ensayista de la naturaleza Rick Bass (1958- ), nacido en Texas y educado como geólogo petrolero, escribe sobre confrontaciones elementales entre los exploradores y la naturaleza, en su colección de cuentos In the Loyal Mountains (En las montañas leales, 1995) y en la novela Where the Sea Used To Be (Donde solía estar el mar, 1998).

El texano Larry McMurtry (1936- ) refleja escenas de su infancia en la finca ganadera en Horseman, Pass By (Jinetes, pueden pasar, 1961), convertida en el filme Hud en 1963, un retrato nada sentimental del mundo del ganadero. Leaving Cheyenne (La salida de Cheyenne, 1963) y su sucesora, The Last Picture Show (La última función, 1966), que también fue llevada a la pantalla, evocan la desaparición de una forma de vida en los pequeños poblados de Texas. La obra más conocida de McMurtry es Lonesome Dove (Paloma solitaria, 1985), una arquetípica novela épica del Oeste acerca de la conducción de ganado en la década de 1870 que llegó a ser una exitosa miniserie de televisión. Una de sus obras recientes es Comanche Moon (Luna comanche, 1997).

El Oeste de los escritores multiétnicos es menos heroico y con frecuencia más radical. Uno de los autores chicanos mejor conocidos es Sandra Cisneros (1954- ). Nacida en Chicago, Cisneros ha vivido en México y Texas; nos habla de la gran frontera cultural entre México y Estados Unidos como una zona creativa contradictoria donde las mujeres méxico-estadounidenses se tienen que reinventar a sí mismas. Su bestseller titulado The House on Mango Street (La casa de la calle Mango, 1984), que es una serie de viñetas entrelazadas narradas desde el punto de vista de una niña, preparó el camino para otros escritores de temas “latinos” y dio a conocer la vitalidad del “barrio” de Chicago a los lectores. Cisneros amplió sus viñetas de vidas de mujeres chicanas en Woman Hollering Creek (El arroyo vociferante de las mujeres, 1991). Pat Mora (1942- ) ofrece un punto de vista chicano en Nepantla: Essays From the Land in the Middle (Nepantla: ensayos desde la tierra de en medio, 1993), donde expone algunos problemas de la conservación de la cultura.

Entre los norteamericanos nativos de la región figuran el finado James Welch, quien en The Heartsong of Charging Elk (La canción del corazón de Alce Acometedor, 2000) imagina un joven sioux que sobrevive a la Batalla de Little Bighorn y pasa el resto de su vida en Francia. Linda Hogan (1947- ), originaria de Colorado y descendiente de Chickasaw, reflexiona sobre las mujeres norteamericanas nativas y sobre la naturaleza en novelas como Mean Spirit (Espíritu malo, 1990), acerca de la búsqueda frenética de petróleo en tierras indígenas en la década de 1920, y Power (Poder, 1998) en la que una indígena descubre sus recursos naturales internos.

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El Sudoeste

El Sudoeste desértico se desarrolló durante varios siglos bajo el dominio de España, por lo cual gran parte de su población aún hoy habla español, y varias tribus norteamericanas nativas habitan ahí en sus tierras ancestrales. La lluvia es imprevisible y la agricultura de la región siempre ha sido precaria. Hoy en día, varios proyectos de riego masivos han fomentado la producción agrícola, y el aire acondicionado atrae a más y más personas a sus ciudades en rápido crecimiento como Salt Lake City en Utah y Phoenix en Arizona.

En una región donde la ecología del desierto es tan frágil, no es de sorprender que haya tantos escritores orientados a la protección del medio ambiente. El activista Edward Abbey (1927-1989) exaltó la aridez del desierto de Utah en Desert Solitaire: A Season in the Wilderness (Solitario del desierto: una temporada en el páramo, 1968).

Con formación de bióloga, Barbara Kingsolver (1955- ) presenta el punto de vista femenino sobre el Sudoeste en su popular trilogía que se desarrolla en Arizona: The Bean Trees (Los árboles de frijol, 1988) donde presenta a Taylor Greer, una joven marimacho que adopta a un niño cherokee; Animal Dreams (Sueños animales, 1990); y Pigs in Heaven (Cerdos en el cielo, 1993). The Poisonwood Bible (La Biblia de anacardo, 1998) acerca de una familia de misioneros en África. Kingsolver aborda temas políticos con desenfado y admite: “Yo sí quiero cambiar al mundo”.

La mayoría de los escritores norteamericanos nativos viven en el Sudoeste; sus obras revelan una rica narrativa mítica, una cualidad espiritual en su forma de abordar la naturaleza y un profundo respeto por la palabra hablada. El tema más importante de esas obras de ficción es la sanación, entendida como la restauración de la armonía. Otros de sus temas son la pobreza, el desempleo, el alcoholismo y los crímenes que los blancos perpetran contra los indios.

Sin embargo, en las letras norteamericanas nativas hay más filosofía que ira y se proyecta en ellas una intensa visión ecológica. Algunos de los principales autores son el distinguido N. Scott Momaday, quien inauguró la novela norteamericana nativa contemporánea con House Made of Dawn (Casa hecha de amanecer); una de sus obras recientes es The Man Made of Words (El hombre hecho de palabras, 1997). El novelista de ascendencia parcialmente laguna Leslie Marmon Silko, autor de Ceremony, publicó también Gardens in the Dunes (Jardines en las dunas, 1999), una evocación de Indigo, un huérfano que fue protegido por una mujer blanca al inicio del siglo XX.

Muchos escritores méxico-estadounidenses residen en el Sudoeste y sus antecesores han vivido ahí desde hace siglos. Algunos de sus intereses distintivos son el idioma español, la tradición católica, las formas folclóricas y, en los últimos años, la desigualdad racial y de género, el conflicto generacional y el activismo político. Es una cultura fuertemente patriarcal, pero ahora han surgido nuevas voces chicanas femeninas.

En el libro poético de no ficción Borderlands/La Frontera: The New Mestiza (Tierras fronterizas/La Frontera: La nueva mestiza, 1987), Gloria Anzaldúa (1942- ) imagina con pasión una conciencia femenina híbrida de las fronteras integrada por rasgos de las culturas mexicana, norteamericana nativa y anglosajona. También es digna de mención la escritora originaria de Nuevo México Denise Chavez (1948- ), autora de la colección de cuentos The Last of the Menu Girls (La última de las chicas del menú, 1986). Su obra Face of an Angel (Cara de ángel, 1994) acerca de una camarera que dedica 30 años a escribir un manual para sus compañeras de oficio, ha sido reconocida como una novela auténticamente “latina” escrita en inglés.

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Literatura de California

California podría ser un país en sí mismo por su enorme población multiétnica y su gigantesca economía. El estado es conocido porque en él se engendran experimentos sociales, movimientos juveniles (los beats, los hippies, los techies), y nuevas tecnologías (los sitios “punto com” del Valle del Silicio) que pueden tener consecuencias inesperadas.

El norte de California, cuyo centro es San Francisco, disfruta de una tradición literaria liberal e incluso utópica personificada por Jack London y John Steinbeck. Aquí residen cientos de escritores, entre ellos el norteamericano nativo Gerald Vizenor, la chicana Lorna Dee Cervantes, los afro-estadounidenses Alice Walker e Ishmael Reed, y autores con mentalidad internacional como Norman Rush (1933- ), cuya novela Mating (Apareamiento, 1991) está basada en los años que pasó en África.

El norte de California tiene una rica tradición de autores asiáticoestadounidenses, cuyos temas característicos incluyen la familia y los roles de género, el conflicto entre generaciones y la búsqueda de identidad. Maxine Hong Kingston ayudó a iniciar el renacimiento de las letras asiático-estadounidenses y, al mismo tiempo, popularizó el género de las memorias novelizadas.

Otra autora asiático-estadounidense de California es la novelista Amy Tan, cuyo best-seller titulado The Joy Luck Club fue llevado con éxito al cine en 1993. Sus capítulos, entrelazados como cuentos, delinean los destinos de cuatro pares de madres e hijas. Las novelas de Tan se desarrollan en la China histórica y en los Estados Unidos de hoy e incluyen The Hundred Secret Senses (Los cien sentidos secretos, 1995), que es una historia de medias hermanas, y The Bonesetter’s Daughter (La hija de la curadora de huesos, 2001) acerca de los cuidados de una hija hacia su madre. La refrescante e inteligente prosa de Gish Jen (1955- ), cuyos padres emigraron de Shanghai, incluye las animadas novelas Typical American (Estadounidense típico, 1991) y Mona in the Promised Land (Mona en la tierra prometida, 1996).

Entre los escritores japonés-estadounidenses figura Karen Tei Yamashita (1951- ) quien nació y creció en California y permaneció nueve años en Brasil, lo cual le inspiró Through the Arc of the Rain Forest (A través del arco de la selva tropical, 1990) y Brazil-Maru (1992). Su obra Tropic of Orange (Trópico de naranja, 1997) evoca la políglota ciudad de Los Ángeles. Los autores japonés-estadounidenses de ficción se han basado en los trabajos precedentes de Toshio Mori, Hisaye Yamamoto y Janice Mirikitani.

La literatura del sur de California tiene una tradición muy diferente, asociada al nuevo paisaje de Los Ángeles erigido por promotores y empresas inmobiliarias, a pesar del problema obvio de la falta de recursos acuíferos. Los Ángeles fue desde el principio una empresa comercial; no nos debe sorprender que Hollywood y Disneylandia sean dos de sus más conocidos legados al mundo. Como si fuera para contrarrestar su reluciente fachada, ha florecido allí una corriente antiutópica de literatura, inaugurada con la novela The Day of the Locust (El día de la langosta, 1939), donde Nathanael West habla de Hollywood.

La soledad y la alienación campean en las creaciones de Gina Berriault (1926-1999), como en la obra Women in Their Beds (Mujeres en sus camas, 1996) cuyos personajes sobreviven precariamente en habitaciones alquiladas. Joan Didion (1934- ) evoca el clima de ansiedad que impera en California, en sus brillantes ensayos Slouching Towards Bethlehem (Caminando con desgano hacia Belén, 1968). En 2003, Didion escribió Where I Was From (De donde yo venía), el relato de cómo se fue desplazando su familia hacia el Oeste, junto con la frontera, y se estableció en California. Otro angelino, Dennis Cooper (1953- ) escribe con frialdad novelas sobre un submundo de hombres desconcertados y alienados.

Thomas Pynchon captó mejor la extraña combinación de tranquilidad e intranquilidad que hay en Los Ángeles, en una novela acerca de una conspiración de marginados, The Crying of Lot 49. Pynchon inspiró al prolífico autor postmodernista William Vollmann (1959- ) quien se ha hecho popular entre los lectores juveniles de la contracultura por sus largas metanarrativas surrealistas, como la obra en varios tomos titulada “Seven Dreams: A Book of North American Landscapes” (“Siete sueños: un libro de paisajes norteamericanos”), inauguradas con The Ice-Shirt (La camisa de hielo, 1990) con historias de vikingos, y fantasías como You Bright and Risen Angels: A Cartoon (Vosotros, brillantes y exaltados ángeles: una caricatura, 1987), acerca de una guerra entre humanos virtuales e insectos.

Otro novelista ambicioso que vive en el sur de California es el extravagante T. Coraghessan Boyle (1948- ), conocido por sus muchas y exuberantes novelas como World’s End (Fin del mundo, 1987) y The Road to Wellville (El camino a Wellville, 1993), cuyo protagonista es John Harvey Kellogg, el estadounidense que inventó el cereal para el desayuno.

Los escritores mexicano-estadounidenses de Los Ángeles nos hablan a veces de la tensión racial de baja intensidad. Richard Rodriguez (1944- ), autor de Hunger of Memory: The Education of Richard Rodriguez (Hambre de recuerdos: la educación de Richard Rodriguez, 1982), presenta argumentos contra la educación bilingüe y la acción afirmativa en Days of Obligation: An Argument With My Mexican Father (Días de obligación: una discusión con mi padre mexicano, 1992). Las memorias de Luis Rodriguez (1954- ) sobre la vida de una pandilla de chicanos machos en Los Ángeles, Always Running (Corriendo siempre, 1993), es un testimonio sobre la oscura cara oculta de la ciudad.

La diáspora latinoamericana ha influido en Helena Maria Viramontes (1954- ), quien nació y creció en el barrio del este de Los Ángeles. Sus obras presentan a la ciudad como un imán para un grande y creciente número de inmigrantes de habla española, sobre todo mexicanos y centroamericanos que huyen de la pobreza y la guerra. En poderosas historias como “The Cariboo Café” (El Café Caribú, 1984), entreteje los temas de los anglosajones, los refugiados que huyen de escuadrones de la muerte, y los inmigrantes ilegales que llegan a Estados Unidos en busca de trabajo.

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El Noroeste
El Noroeste montañoso, poblado de densos bosques y con centro en Seattle, en el estado de Washington, se ha proyectado en las últimas décadas como un eje cultural conocido por sus ideas liberales y un aprecio apasionado por la naturaleza. El más influyente de sus autores recientes fue Raymond Carver.

David Guterson (1956- ), nacido en Seattle, atrajo a un gran número de lectores cuando su novela Snow Falling on Cedars (Nevada sobre Cedars, 1994) fue llevada al cine. Se desarrolla en las remotas y brumosas Islas San Juan de Washington después de la Segunda Guerra Mundial y gira en torno de un japonés- estadounidense acusado de homicidio. En la conmovedora novela East of the Mountains (Al este de las montañas, 1999) de Guterson, un cirujano cardiólogo a punto de morir a causa del cáncer regresa a la tierra de su juventud para suicidarse, pero allí descubre razones para vivir. En su penetrante novela Housekeeping (Labores domésticas, 1980), Marilynne Robinson (1944- ) contempla este territorio salvaje y difícil a través de la óptica de la mujer. En su luminosa y muy esperada segunda novela, Gilead (2004), un honesto predicador anciano que se enfrenta a la muerte escribe la historia de la familia para su hijo joven, la cual se remonta hasta la Guerra Civil.

Aunque Annie Dillard (1945- ) ha vivido en muchas regiones, ha adoptado al Noroeste como terruño en sus cristalinas obras, como el brillante ensayo poético titulado “Holy the Firm” (“Benditos los firmes”, 1994), que creó impulsada por las quemaduras sufridas por un niño vecino. Su descripción del Noroeste Pacífico evoca un paisaje real y a la vez espiritual: “Vine aquí a estudiar cosas agrestes –montañas de roca y mar salado– y a templar mi espíritu con sus filos”. Dillard es afín a Henry David Thoreau y a Ralph Waldo Emerson, pues busca la sabiduría en la naturaleza. La sorprendente colección de ensayos de Dillard se titula Pilgrim at Tinker Creek (Peregrino en el arroyo Tinker, 1974). Su única novela, The Living (Los vivos, 1992), exalta a las antiguas familias de pioneros asoladas por enfermedades, ahogamientos, vapores venenosos, la caída de árboles gigantescos y el incendio de sus casas de madera, en el proceso por el cual se asimilaron de modo imperceptible con tribus indígenas, inmigrantes chinos y gente recién llegada del Este.

Sherman Alexie (1966- ) es un indígena spokane/coeur d’alene y el más joven de los novelistas estadounidenses nativos que han alcanzado fama nacional. Alexie presenta relatos nada sentimentales y humorísticos de la vida indígena, prestando atención especial a las mezclas incongruentes de la tradición con la cultura pop. Sus ciclos de cuentos incluyen Reservation Blues (Blues de la reservación, 1995) y The Lone Ranger and Tonto Fistfight in Heaven (El Llanero Solitario y Tonto pelean a puñetazos en el cielo, 1993), que inspiró el muy efectivo filme de la vida en las reservas Smoke Signals (Señales de humo, 1998), cuyo guión fue escrito por Alexie. Smoke Signals es una de las muy pocas películas en las cuales los norteamericanos nativos no son el tema, sino los creadores del filme. The Toughest Indian in the World (El indígena más rudo del mundo, 2000) es una colección de cuentos reciente de Alexie, quien en su angustiosa novela Indian Killer (Asesino de indios, 1996) recuerda la obra Native Son (Hijo nativo) de Richard Wright.

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AUTORES GLOBALIZADOS: VOCES DEL CARIBE Y DE AMÉRICA LATINA

Los escritores de las islas del Caribe de habla inglesa se han forjado con el programa de estudios de letras y bajo el gobierno colonial de Gran Bretaña, pero en los últimos años su centro focal se ha desplazado de Londres a Nueva York y Toronto. Su temática incluye la belleza de las islas, la sabiduría innata de su pueblo y diversos aspectos de la inmigración y el exilio: la desintegración de la familia, el impacto cultural, el cambio que ha habido en los roles de género y la asimilación.

Dos precursores son dignos de mención. Paule Marshall (1929- ), nacida en Brooklyn, no es técnicamente una escritora globalizada, pero en Brown Girl, Brownstones (Niña color marrón, piedras del mismo tono, 1959) recuerda en forma vívida sus experiencias como hija de inmigrantes de Barbados en Brooklyn. La novelista dominicana Jean Rhys (1894-1979) escribió Wide Sargasso Sea (El ancho Mar de los Sargazos, 1966), una evocadora y poética recreación de Jane Eyre de Charlotte Brontë. Rhys pasó la mayor parte de su vida en Europa, pero su libro fue defendido por las feministas estadounidenses para quienes “la loca encerrada en el ático” había llegado a ser una representación icónica de la identidad femenina reprimida.

La obra de Rhys le abrió el camino a una voz más airada, la de Jamaica Kincaid (1949- ) de Antigua, autora de implacables trabajos autobiográficos como las novelas Annie John (1985), Lucy (1990) y The Autobiography of My Mother (La autobiografía de mi madre, 1996). Nacida en Haití, pero educada en Estados Unidos, Edwidge Danticat (1969- ) llamó la atención con sus cuentos Krik? Krak! (1995), cuyo título es una expresión empleada por los cuentistas de la tradición oral haitiana. Danticat evoca el trágico pasado de su nación en la novela histórica The Farming of the Bones (La labranza de los huesos, 1998).

Muchos escritores latinoamericanos no comparten las opiniones que suelen suscribir los autores chicanos de origen mexicano, los cuales han tendido a ser románticos, nativistas e inclinados a la izquierda en su orientación política. Por su parte, los escritores cubano-estadounidenses tienden a ser cosmopolitas, cómicos y políticamente conservadores. Las memorias de Gustavo Pérez Firmat, Next Year in Cuba: A Chronicle of Coming of Age in America (El año próximo en Cuba: crónicas de la llegada a la madurez en Estados Unidos, 1995), exalta el béisbol tanto como a La Habana. El título es irónico, pues “el año próximo en Cuba” es una frase típica de los exiliados cubanos que siguen aferrados a su visión de un regreso triunfal. The Pérez Family (La familia Pérez, 1990) de Christine Bell (1951- ) es un cálido retrato de la confusión que priva entre las familias cubanas –por lo menos la mitad de las cuales se apellidan Pérez– exiliadas en Miami. Algunas obras recientes del novelista Oscar Hijuelos (1951- ) son The Fourteen Sisters of Emilio Montez O’Brien (Las catorce hermanas de Emilio Montez O’Brien, 1993), que trata sobre los estadounidenses de origen cubano-irlandés, y Mr. Ives’ Christmas (La Navidad de Mr. Ives, 1995), la historia de un hombre cuyo hijo ha muerto.

Algunos escritores con raíces puertorriqueñas son Nicholasa Mohr (1938- ), que en Rituals of Survival: A Woman’s Portfolio (Rituales de supervivencia: portafolios de una mujer, 1985) presenta las vidas de seis mujeres de Puerto Rico, y Rosario Ferré (1938- ), autora de The Youngest Doll (La muñeca más joven, 1991). Entre las escritoras más jóvenes figuran Judith Ortiz Cofer (1952- ), autora de Silent Dancing: A Partial Remembrance of a Puerto Rican Childhood (Baile en silencio: recuerdo parcial de una niñez en Puerto Rico, 1990) y The Latin Deli (La fiambrería latina, 1993), donde combina la poesía con el cuento. La poeta y ensayista Aurora Levins Morales (1954- ) escribe sobre Puerto Rico desde un punto de vista judío cosmopolita.

La escritora más conocida con raíces en la República Dominicana es Julia Alvarez (1950- ). En How the García Girls Lost Their Accents (Cómo perdieron su acento las jóvenes García, 1991), una mujer dominicana de la clase alta se esfuerza por adaptarse a la ciudad de Nueva York. ¡Yo! (1997) vuelve al tema de las hermanas García y explora su identidad presentando la historia de 16 personajes. Junot Diaz (1948- ) ofrece una visión mucho más cruda en la colección de cuentos Drown (Morir ahogado, 1996) acerca de hombres jóvenes en los barrios bajos de Nueva Jersey y en la República Dominicana.

Los principales escritores latinoamericanos que se distinguieron por vez primera en Estados Unidos en los años 60 –el argentino Jorge Luis Borges, el colombiano Gabriel García Márquez, el chileno Pablo Neruda y el brasileño Jorge Amado– divulgaron entre los autores estadounidenses el realismo mágico, el surrealismo, una sensibilidad hemisférica y el aprecio por las culturas indígenas. Desde aquella primera oleada de popularidad, las mujeres y los escritores de color han encontrado audiencias atentas, entre las primeras la novelista Isabel Allende (1942- ) nacida en Chile. Isabel Allende, sobrina del presidente chileno Salvador Allende, quien fue asesinado en 1973, evocó la historia sangrienta de su país en La casa de los espíritus (1982), traducida al inglés como The House of the Spirits (1985). Otras novelas más recientes (escritas y publicadas primero en español) son Eva Luna (1987) y Daughter of Fortune (Hija de la fortuna, 1999), ubicada en California durante la fiebre del oro de 1849. El estilo evocador de Allende y su visión centrada en la mujer le han atraído un numeroso público lector en Estados Unidos.

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AUTORES GLOBALIZADOS: VOCES DE ASIA Y EL ORIENTE MEDIO

Muchos escritores del subcontinente indio han establecido su residencia en Estados Unidos en los últimos años. Bharati Mukherjee (1940- ) escribió una colección de cuentos muy elogiada, The Middleman and Other Stories (El intermediario y otros cuentos, 1988) y en su novela Jasmine (1989) relata la historia de una mujer inmigrante ilegal. Mukherjee creció en Calcuta; en su novela The Holder of the World (El poseedor del mundo, 1993) imagina apasionadas aventuras en la India del siglo XVII con personajes de The Scarlet Letter (La letra escarlata) de Nathaniel Hawthorne. Leave It to Me (Déjenmelo a mí, 1997) narra luchas errantes de una niña abandonada en la India que busca sus raíces. El inquietante relato “The Management of Grief” (“El manejo del dolor”, 1988) de Mukherjee, sobre la secuela de un atentado terrorista contra un avión, ha cobrado nueva resonancia desde el 11 de septiembre de 2001.

Meena Alexander (1951- ), nacida en la India y de sangre siria, creció en el norte de África; en sus memorias Fault Lines (Líneas de falla, 1993), reflexiona acerca de su experiencia. La poeta y cuentista Chitra Banerjee Divakaruni (1956- ), nacida en la India, ha escrito novelas sensuales centradas en mujeres, como The Mistress of Spices (La amante de Spices, 1997) y Sister of My Heart (Hermana de mi corazón, 1999), además de colecciones de cuentos que incluyen The Unknown Errors of Our Lives (Los errores desconocidos de nuestras vidas, 2001).

Jhumpa Lahiri (1967- ) enfoca la atención en los conflictos y la asimilación de la generación más joven en Interpreter of Maladies: Stories of Bengal, Boston, and Beyond (Intérprete de malestares: historias de Bengala, Boston y más allá, 1999) y en su novela The Namesake (El homónimo, 2003). Lahiri se basa en su propia experiencia: sus padres bengalíes crecieron en la India y ella nació en Londres, pero se crió en Estados Unidos.

Autores estadounidenses con raíces en el sudeste de Asia, sobre todo en Corea y las Filipinas, han adquirido una voz potente en el último decenio. Entre los escritores coreano- estadounidenses recientes sobresale Chang-rae Lee (1965- ). Lee nació en Seúl, Corea, y en su notable novela Native Speaker (Hablante nativo, 1995) entreteje los ideales públicos, la traición y la desesperación personal. En su conmovedora segunda novela, A Gesture Life (Una vida gestual, 1999), explora la larga sombra de una atrocidad cometida durante la guerra: la forma como los japoneses utilizaron a mujeres coreanas como “objetos para consolarse”.

Theresa Hak Kyung Cha (1951- 1982), nacida en Corea, combina fotografías, vídeos y documentos históricos en la obra experimental Dictee (1982) en memoria del sufrimiento de los coreanos bajo el poder de las fuerzas de ocupación japonesas. La poeta malasio-estadounidense Shirley Geok-lin Lim, de ascendencia étnica china, es autora de unas desafiantes memorias, Among the White Moon Faces (Entre las blancas caras de la luna, 1996). Su novela autobiográfica es Joss and Gold (Joss y oro, 2001), y sus cuentos fueron recopilados en Two Dreams (Dos sueños, 1997).

Entre los autores nacidos en las Filipinas podemos citar a Bienvenido Santos (1911-1996), autor de la poética novela Scent of Apples (Aroma de manzanas, 1979) y a Jessica Hagedorn (1949- ), cuyas novelas surrealistas de la cultura pop son Dogeaters (Devoradores de perros, 1990) y The Gangster of Love (El pandillero del amor, 1996). En formas muy diferentes, los dos responden a la patética novela autobiográfica del trabajador migrante filipino-estadounidense Carlos Bulosan (1913-1956) America Is in the Heart (Estados Unidos está en el corazón, 1946).

La notable creadora cinematográfica y teórica social vietnamita-estadounidense Trinh Minh-Ha (1952- ) combina la narrativa y la teoría en su obra feminista Woman, Native, Other (Mujer, nativa, otra, 1989). Desde China, Ha Jin (1956- ) escribió la novela Waiting (La espera, 1999), la triste historia de una separación de 18 años, en un estilo realista típico de la ficción china que llega a los oídos estadounidenses como algo fresco y original.

Las voces más recientes provienen de la comunidad árabe-estadounidense. Nacido en Líbano, Joseph Geha (1944- ) ubica los relatos de su obra Through and Through (Al dedillo, 1990) en Toledo, Ohio; la jordano-estadounidense Diana Abu-Jaber (1959- ), nacida en Nueva York, escribió la novela Arabian Jazz (Jazz árabe, 1993).

La poeta y dramaturga Elmaz Abinader (1954- ) es autora de un libro de memorias, Children of the Roojme: A Family’s Journey From Lebanon (Hijos del Roojme: el viaje de una familia desde Líbano, 1991). En “Just Off Main Street” (“Apenas fuera de la calle principal”, 2002), Abinader escribió sobre su infancia bicultural en un pequeño poblado de Pennsylvania en la década de 1960: “...las escenas de mi familia me llenaban de alegría y sentimientos de pertenencia, pero sabía que ninguna de ellas podía ser compartida más allá de esa puerta”.

La literatura estadounidense ha recorrido un largo y sinuoso camino desde antes del periodo colonial hasta la época contemporánea. La sociedad, la historia, la tecnología, todo ha tenido un impacto elocuente en ella. Sin embargo, a fin de cuentas se percibe una constante: la humanidad, con toda su grandeza y su malevolencia, su tradición y su promesa.
 

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