También la literatura de este país es hoy asombrosamente
variada, excitante y evolutiva. Han surgido
nuevas voces de muchos orígenes, desafiando
las viejas ideas y adaptando las tradiciones literarias
de acuerdo con las cambiantes condiciones de
la vida nacional. Los progresos sociales y económicos
han permitido que grupos antes desprovistos
de representación se expresen con más plenitud, y
las innovaciones tecnológicas han creado un foro
público que se moviliza con rapidez. Proliferan los
clubs de lectura, las ferias del libro, los festivales
literarios y los “slams de poesía” (certámenes en
los que compiten poetas jóvenes presentando sus
poemas) atraen a un público entusiasta. La selección
de una nueva obra para un club de libros
puede significar que un escritor desconocido salte
a la fama de la noche a la mañana.
Los libros de autores no estadounidenses y
sobre temas internacionales ocupan también un
lugar destacado en la lista. La punzante novela The
Kite Runner (El corredor de cometas) del afganoestadounidense
Khaled Hosseini es un relato de
sus amigos de la infancia en Kabul, separados por
el gobierno de los talibanes, mientras que las
memorias de Azar Nafisi Reading Lolita in Teheran
(Leyendo Lolita en Teherán) recuerda en forma
conmovedora la tarea de enseñar a las mujeres
jóvenes de Irán las obras de la literatura occidental.
Una tercera novela, Memoirs of a Geisha
(Memorias de una Geisha) de Arthur Golden, también
fue tema de una película y relata la vida de una
mujer japonesa en la Segunda Guerra Mundial.
Además, la lista de los libros más vendidos revela
la popularidad de los temas religiosos. Según
Publishers Weekly, 2001 fue el primer año que los
libros sobre temas cristianos encabezaron las listas
de ventas, tanto en la categoría de ficción como
en la de no ficción. Entre los best-sellers en pasta
dura de aquel domingo de 2006 presentado en
nuestro ejemplo encontramos la novela de Dan
Brown The DaVinci Code (El código DaVinci) y el
cuento de Anne Rice Christ the Lord: Out of Egypt
(Cristo el Señor: Fuera de Egipto).
En la sección que las librerías dedican a la literatura
femenina encontramos obras de una “tercera
ola” de feministas, un movimiento que representa
de ordinario a mujeres jóvenes de entre 20 y
40 años que crecieron en una época en que la igualdad
social ya era ampliamente aceptada en Estados
Unidos. Las feministas de la tercera ola se sienten
dotadas de suficiente poder para
subrayar la individualidad de las
decisiones que toman las mujeres.
Asociadas con frecuencia por la
mentalidad popular con un regreso a
la tradición y a la crianza de los hijos,
el lápiz labial y los estilos “femeninos”,
estas jóvenes han rescatado la
palabra “chica” y algunas se niegan a
declararse feministas. Lo que suele
llamarse la “literatura de chicas” es
un nuevo brote floreciente. Bridget
Jones’s Diary (El diario de Bridget
Jones) de la escritora británica
Helen Fielding y Sex and the City (El
sexo y la ciudad), donde Candace
Bushnell presenta mujeres solteras
urbanas en busca de romance, han
dado lugar a un género que se ha
popularizado entre las jóvenes.
Las escritoras no de ficción examinan
también el fenómeno del
postfeminismo. The Mommy Myth
(El mito de mamá, 2004) de Susan
Douglas y Meredith Michaels analiza
el papel de los medios en las “guerras
de mamá”, mientras que el animado
ManifestA: Young Women,
Feminism, and the Future (ManifiestoA:
mujeres jóvenes, feminismo
y el futuro, 2000) de Jennifer
Baumgardner y Amy Richards comenta
el activismo de las mujeres en
la era de Internet. Caitlin Flanagan,
una escritora de revistas que se califica
a sí misma de “antifeminista”,
explora los conflictos entre la vida
doméstica y la vida profesional de las
mujeres. Su ensayo de 2004 publicado
en The Atlantic, “How Serfdom
Saved the Women’s Movement”
(“Cómo la servidumbre salvó al
movimiento feminista”), donde
habla de las mujeres que dependen
de empleadas inmigrantes de clases
inferiores, que se encargan de cuidarles
a sus hijos mientras ellas realizan
sus actividades profesionales,
desató un enorme debate.
Resulta claro que la literatura estadounidense
se ha vuelto democrática
y heterogénea al inicio del siglo XXI.
Ha florecido en ella el regionalismo y
escritores internacionales o “globales”
refractan la cultura de este país
a través de perspectivas extranjeras.
Los escritos multiétnicos siguen
explotando ricas vetas y cada literatura
étnica crea sus propias tradiciones
a medida que madura. Ha habido un
auge de la no ficción creativa y de las
memorias. El género del cuento corto
ha adquirido brillo y la historia corta
“corta” se ha arraigado. Una nueva
generación de dramaturgos continúa
la tradición estadounidense de explorar
en el escenario problemas sociales
de actualidad. En este breve estudio
no hay espacio suficiente para
hacer justicia a la espléndida diversidad
de la literatura estadounidense
de hoy. En lugar de eso tendremos
que considerar sólo los avances
generales y los personajes representativos.
El cuento corto: nuevas direcciones
El cuento como género había perdido algo de su
brillo a fines de la década de 1970. Las historias de
metaficción experimental escritas por Donald
Barthelme, Robert Coover, John Barth y William
Gass ya no representaban la vanguardia. Las revistas
semanales de gran circulación que divulgaban
la ficción breve, como la Saturday Evening Post,
habían desaparecido.
Tuvo que llegar un forastero del Noroeste
Pacífico –un realista descarnado dentro de la tradición
de Ernest Hemingway– para revitalizar el
género. Raymond Carver (1938-1988) estudió con
el finado novelista John Gardner y absorbió la
pasión de éste por el arte accesible, combinado
con una visión moral. Carver se impuso sobre el
alcoholismo y la cruel pobreza para llegar a ser el
cuentista más influyente de Estados Unidos. En
sus colecciones Will You Please Be Quiet, Please?
(¿Me hace favor de guardar silencio por favor?,
1976), What We Talk About When We Talk About
Love (De lo que hablamos cuando hablamos de
amor, 1981), Cathedral (Catedral, 1983) y Where
I’m Calling From (Desde donde llamo, 1988),
Carver sigue los pasos de trabajadores confundidos
en sus empleos sin porvenir, juergas alcohólicas
y cuartos de alquiler, con un sobrio estilo minimalista
que produce un tremendo impacto.
Una escritora relacionada con Carver es la autora
de novelas y cuentos Ann Beattie (1947- ), quien
presenta la vida a menudo sin rumbo de personajes
de clase media. Sus historias aluden a eventos
políticos y canciones populares, y ofrecen vislumbres
seleccionados de la vida en los cambiantes
Estados Unidos, decenio por decenio. Sus colecciones recientes
son Park City (Ciudad parque, 1998) y Perfect
Recall (Memoria perfecta, 2001).
Inspirados por Carver y Beattie,
algunos escritores forjaron impresionantes
colecciones de cuentos
neorrealistas a mediados de la década
de 1980, entre ellas Reasons to
Live (Motivos para vivir, 1985) de
Amy Hempel, Family Dancing (Baile
familiar, 1984) de David Leavitt, Rock
Springs (1987) de Richard Ford,
Shiloh and Other Stories (Shiloh y
otras historias, 1982) de Bobbie Ann
Mason y Self-Help (Autoayuda, 1985)
de Lorrie Moore. Otras figuras notables
son el finado Andre Dubus,
autor de Dancing After Hours (Baile a
deshoras, 1996) y el prolífico John
Updike, cuyas colecciones recientes
de cuentos incluyen The Afterlife and
Other Stories (Vida después de la
muerte y otros cuentos, 1994).
Como se verá en este mismo capítulo,
los escritores de hoy que tienen
raíces étnicas y universales están iluminando
el género del cuento con
enfoques no occidentales y tribales,
con lo cual éste ha atraído la atención
popular y de la crítica. El versátil
cuento primigenio es la base de
varias formas híbridas: novelas formadas
por historias cortas o viñetas
concatenadas y obras creativas de no
ficción que entretejen la historia y el
relato personal con la ficción.
Teatro
El teatro contemporáneo mezcla
el realismo y la fantasía en obras
postmodernas que fusionan lo personal
y lo político. El exuberante
Tony Kushner (1956- ) fue aclamado
cuando ganó un premio con su drama
Angels in America (Ángeles en Estados
Unidos), en el cual expone vívidamente
la epidemia del SIDA y el
costo psicológico de la homosexualidad
reprimida en las décadas de 1980
y 1990. Part One: Millennium Approaches
(Primera parte: El milenio se
acerca, 1991) y su obra acompañante,
Part Two: Perestroika (Segunda
parte: Perestroika, 1992) duran en
conjunto siete horas. Esas obras
combinan la comedia con el melodrama, el comentario
político y los efectos especiales, y en ellas se
entretejen varias tramas y personajes marginados.
Las mujeres dramaturgas han tenido un éxito
particular en los últimos años. Entre ellas destaca
Beth Henley (1952- ) de Mississippi, conocida por
sus retratos de mujeres del Sur. Henley obtuvo
reconocimiento nacional por su obra Crimes of the
Heart (Crímenes del corazón, 1978), que fue llevada
al cine en 1986 y es un cálido drama sobre tres
hermanas excéntricas cuyo afecto mutuo les ayuda
a sobrevivir a la desilusión y la desesperación.
Obras ulteriores, como The Miss Firecracker
Contest (El concurso de Miss Polvorita, 1980), The
Wake of Jamey Foster (El despertar de Jamey
Foster, 1982), The Debutante Ball (El baile de las
debutantes, 1985) y The Lucky Spot (El punto de
suerte, 1986), exploran las modalidades sureñas de
socialización: concursos de belleza, funerales, fiestas
de presentación en sociedad y salones de baile.
Wendy Wasserstein (1950-2006) de Nueva York
escribió comedias tempranas como When Dinah
Shore Ruled the Earth (Cuando Dinah Shore gobernaba
la Tierra, 1975), una parodia de los certámenes
de belleza. Es más conocida por The Heidi
Chronicles (Las crónicas de Heidi, 1988) sobre una
exitosa profesora que confiesa su profunda infelicidad
y adopta un bebé. Wasserstein siguió explorando
las aspiraciones femeninas en The Sisters
Rosensweig (Las hermanas Rosensweig, 1991), An
American Daughter (Una hija estadounidense,
1997) y Old Money (Dinero viejo, 2000).
Las dramaturgas más jóvenes como la afro-estadounidense
Suzan-Lori Parks (1964- ) se han basado
en el éxito de sus predecesoras. Parks, que creció
en varias bases del ejército en Estados Unidos
y Alemania, aborda temas de política en obras
experimentales cuya intemporalidad y ritualismo
recuerdan al escritor nacido en Irlanda Samuel
Beckett. Su novela más conocida, The America Play
(El drama de Estados Unidos, 1991), gira en torno
del asesinato del presidente Abraham Lincoln por
John Wilkes Booth. Volvió a abordar este tema en
Topdog/Underdog (Perro dominante/perro dominado,
2001), que relata la historia de dos hermanos
afro-estadounidenses llamados Lincoln y Booth, y
su rivalidad fraterna de toda la vida.
El Nordeste
El escénico Nordeste, región de prolongados
inviernos, densos bosques de hoja caduca y cadenas
montañosas poco escarpadas, fue la primera
área colonial de habla inglesa y aún conserva el
sabor de Inglaterra. Boston, Massachusetts es el
motor intelectual de su cultura y ostenta instituciones
de investigación y docenas de universidades.
Muchos escritores de Nueva Inglaterra describen
personajes que mantienen la tradición
puritana y encarnan la ética protestante del trabajo
y el compromiso progresivo con la reforma
social, tan propios de la clase media. En las áreas
rurales, pequeños granjeros independientes
luchan por sobrevivir en el mundo de los mercados
globalizados.
La novelista Joyce Carol Oates ubica muchas de
sus obras góticas en el norte del estado de Nueva
York. Richard Russo (1949- ), en su atractivo
Empire Falls (El imperio cae, 2001), evoca la vida
en una moribunda aldea de molineros en Maine, el
estado donde Stephen King (1947- ) sitúa sus
populares novelas de terror.
Las agridulces ficciones de la escritora radicada
en Massachusetts Sue Miller (1943- ), como The
Good Mother (La buena madre, 1986), examinan
los estilos de vida de la contracultura en Cambridge,
una ciudad conocida por su diversidad cultural
y social, su vitalidad intelectual y sus innovaciones
tecnológicas. Otra autora de Massachusetts, Anita
Diamant (1951- ) obtuvo la aclamación popular con
The Red Tent (La carpa roja, 1997), una novela histórica
feminista basada en el relato bíblico de
Dinah.
Russell Banks (1940- ) salió de una región rural
pobre de Nueva Hampshire y ha pasado de los textos
experimentales a obras más realistas, como
Affliction (Aflicción, 1989), su novela sobre personajes
de la clase trabajadora de ese estado. Para
Banks, reconocer las raíces propias es un aspecto
fundamental de la identidad. En Affliction, el narrador
se mofa de quienes “van a Florida, Arizona y
California, compran un remolque o un condominio,
se llenan de callos de tocar todo el día la tabla de
shuffle y esperan la muerte”. Una de las obras
recientes de Banks es Cloudsplitter (Partidor de
nubes, 1998), una novela histórica sobre el abolicionista
del siglo XIX John Brown.
La sorprendente estilista Annie Proulx (1935- )
relata historias de esforzados residentes del norte
de Nueva Inglaterra en Heart Songs (Canciones del
corazón, 1988). Su mejor novela, The Shipping
News (Las noticias náuticas, 1993) se desarrolla
aún más al norte, en Terranova, Canadá. Proulx ha
pasado también varios años en el Oeste y uno de
sus cuentos cortos inspiró la película “Brokeback
Mountain” (“La montaña del espinazo roto”) en
2006.
William Kennedy (1928- ) ha escrito un denso y
enredado ciclo de novelas ubicadas en Albany, en el
norte del estado de Nueva York, como su aclamada
Ironweed (Ambrosía). El título de su historia de
Albany vista por un residente O Albany! Improbable
City of Political Wizards, Fearless Ethnics,
Spectacular Aristocrats, Splendid Nobodies y
Underrated Scoundrels (¡Oh Albany! Ciudad improbable
de hechiceros políticos, etnias temerarias,
aristócratas espectaculares, donnadies espléndidos
y menospreciados, 1983) nos da una idea de su
estilo descarnado y coloquial, y de su reparto lleno
de personajes a menudo desagradables. Kennedy
ha sido reconocido como el estadista veterano de
un pequeño movimiento literario irlandés-estadounidense
en el que figuran la desaparecida Mary
McCarthy, Mary Gordon, Alice McDermott y Frank
McCourt.
Tres autores que estudiaron en la Universidad
Brown de Rhode Island más o menos en la misma
época y recibieron clases de la escritora británica
Angela Carter son citados a menudo como el
núcleo de una “generación siguiente”. Donald
Antrim (1959- ) satiriza la vida académica en The
Hundred Brothers (Los cien hermanos, 1997), que
se desarrolla en una enorme biblioteca desde la
cual se puede ver a gente sin hogar. Rick Moody
(1961- ) es más conocido por su novela The Ice
Storm (La tormenta de hielo, 1994). Una de las
novelas de Jeffrey Eugenides (1960- ) es Middlesex
(2002) que narra la experiencia de un hermafrodita.
Impresionantes estilistas con visiones excéntricas
que rayan en lo absurdo, Antrim, Moody y
Eugenides llevan aún más lejos las tradiciones contrarias
de John Updike y Thomas Pynchon. El exuberante
postmodernista David Foster Wallace
(1962- ) se vincula a menudo con esos tres novelistas
más jóvenes. Wallace, nacido en Ithaca,
Nueva York, fue elogiado por su compleja novela
seria y cómica The Broom of the System (La escoba
del sistema, 1987) y las historias de Girl With
Curious Hair (La muchacha del cabello extraño,
1989) saturadas de cultura pop.
El Atlántico Medio
Los fértiles estados del Atlántico Medio, dominados
por la ciudad de Nueva York con su gran
puerto, siguen siendo la puerta de entrada para
oleadas de inmigrantes. La variada economía de la
región abarca hoy las finanzas, comercio y embarques,
además de la publicidad y la moda. La ciudad
de Nueva York es la sede de la industria editorial
y ostenta también prestigiosos museos y galerías
de arte.
Don DeLillo (1936- ) nacido en la ciudad de
Nueva York, empezó como escritor publicitario y
en sus novelas explora el consumismo, entre otros
muchos temas. Americana (1971) termina así: “En
Estados Unidos consumir no significa
comprar, sino soñar”. Los protagonistas
de DeLillo buscan su identidad
a partir de la imagen. White
Noise (Ruido blanco, 1985) trata
sobre Jack Gladney y su familia, cuya
experiencia está mediatizada por
ciertos textos, sobre todo de anuncios
comerciales. Un pasaje ilustra el
estilo de este autor: “...la vacuidad,
la sensación de oscuridad cósmica.
Master Card, Visa, American Express”.
En todo el libro, fragmentos
de anuncios flotan a la deriva, surgidos
del subconsciente de Gladney
con el parloteo de los medios, y
generan el ruido blanco subliminal
del título. Otras novelas más recientes
de DeLillo que incluyen personajes
históricos y políticos son: Libra
(1988), donde interpreta el asesinato
del presidente John F. Kennedy
como una explosión de consumismo
frustrado; Underworld (Submundo,
1997) que teje una red de interconexiones
entre un juego de béisbol y
una bomba nuclear en Kazajstán.
En la multidimensional y políglota
Nueva York abundan las obras de ficción
que describen una sombría ciudad
postmoderna. Un ejemplo de
esto es la laberíntica trilogía neoyorquina
City of Glass (Ciudad de
cristal, 1985), Ghosts (Fantasmas,
1986) y The Locked Room (La habitación
cerrada, 1986) de Paul Auster
(1947- ). En esta obra, inspirada por
Samuel Beckett y la novela de detectives,
un escritor aislado está creando
una historia de detectives y se
dirige a Paul Auster, quien escribe
algo sobre Cervantes. La trilogía
sugiere que la “realidad” no es más
que un texto construido a través de
la ficción, lo cual borra la frontera
tradicional entre realidad e ilusión.
De hecho, la trilogía de Auster se
desconstruye a sí misma. De modo
similar, Kathy Acker (1948-1997) yuxtapuso
pasajes de obras de
Cervantes y Charles Dickens con
ciencia ficción en pastiches postmodernos
como Empire of the Senseless
(El imperio del sinsentido, 1988),
donde presenta la búsqueda de una
voz individual a través del tiempo y el
espacio.
En la ciudad de Nueva York viven
muchos grupos de escritores que
tienen intereses en común. Entre
las autoras judías figura la notable
ensayista Cynthia Ozick (1928- ),
quien ubica en el Bronx su novela
The Puttermesser Papers (Los documentos
Puttermesser, 1997). Su inquietante
novela The Shawl (El chal,
1989) presenta el punto de vista de
una madre joven acerca del Holocausto.
En su graciosa y coloquial
Collected Stories (Colección de
cuentos, 1994) Grace Paley (1922- )
capta los ritmos sincopados de la
ciudad.
Dos artistas más jóvenes que se
asocian con la vida en el carril de
alta velocidad son Jay McInerney
(1955- ), cuya Story of My Life (Historia
de mi vida, 1988) se desarrolla
en la cultura juvenil de la época del
boom de los años 80, acelerada por
las drogas, y Tama Janowitz (1957- )
con sus obras satíricas. Sus retratos
de soledad y adicción en la dureza
anónima de la ciudad nos hacen evocar
las obras de John Cheever.
Los suburbios cercanos atraen la
imaginación de otros escritores.
Mary Gordon (1949- ) ubica en su
Long Island natal muchos de sus trabajos,
centrados en mujeres, a
semejanza de Alice McDermott
(1953- ), cuya novela Charming Billy
(El encantador Billy, 1998) diseca la
fallida promesa de un alcohólico.
Uno de los realistas domésticos
del Atlántico Medio es Richard
Bausch (1945- ) de Baltimore, autor
de In the Night Season (En la temporada nocturna, 1998) y las historias
de Someone to Watch Over Me
(Alguien que me cuide, 1999).
Bausch escribe sobre familias fragmentadas,
como lo hace Anne Tyler
(1941- ), también de Baltimore, cuyos
excéntricos personajes negocian
sus vidas desorganizadas y aisladas.
Maestra del detalle y el ingenio
sobrio, Tyler escribe en un lenguaje
parco y tranquilo. Algunas de sus
novelas más conocidas son Dinner at
the Homesick Restaurant (Cena en el
restaurante nostalgia, 1982) y The
Accidental Tourist (El turista accidental,
1985) que fue llevada al cine
en 1988. The Amateur Marriage (El
matrimonio amateur, 2004) ubica un
divorcio en un panorama de la vida
estadounidense en el curso de 60
años.
Los afro-estadounidenses han
hecho aportaciones distintivas. La
autobiográfica Zami: A New Spelling
of My Name (Zami: una nueva forma
de escribir mi nombre, 1982) de la
ensayista y poeta feminista Audre
Lorde es el desenfadado relato de la
experiencia de una mujer negra en
Estados Unidos. Bebe Moore Campbell
(1950- ) de Filadelfia escribe
aguerridas novelas domésticas como
Your Blues Ain’t Like Mine (Tu blues
no es como el mío, 1992). Gloria
Naylor (1950- ), de la ciudad de
Nueva York, explora las vidas de
mujeres diferentes en The Women of
Brewster Place (Las mujeres de
Brewster Place, 1982), la novela que
le dio renombre.
El autor John Edgar Wideman
(1941- ), aclamado por la crítica, creció
en la sección negra de Pittsburgh,
Pennsylvania, llamada Homewood.
En su faulkneriana trilogía de
Homewood –Hiding Place (Escondite,
1981), Damballah (1981) y Sent
for You Yesterday (Enviado ayer para
ti, 1983)– se sirve de puntos de vista
cambiantes y juegos lingüísticos para
proyectar la experiencia negra. Su
obra corta más conocida, “Brothers
and Keepers” (“Hermanos y cuidadores”,
1984) trata sobre su relación
con su hermano prisionero. En The
Cattle Killing (La matanza de vacas,
1996), Wideman vuelve a abordar el
tema de su famosa historia anterior
“Fever” (“Fiebre”, 1989). Su novela
Two Cities (Dos ciudades, 1998) se
desarrolla en Pittsburgh y Filadelfia.
David Bradley (1950- ), también de
Pennsylvania, desarrolla su novela
histórica The Chaneysville Incident
(El incidente de Chaneysville, 1981)
en el “tren subterráneo”, la cadena
de ciudadanos que brindó a los
esclavos negros del Sur su ayuda y la
oportunidad de encontrar la libertad
en el Norte, en la época de la Guerra
Civil de Estados Unidos.
Trey Ellis (1962- ) ha escrito las
novelas Platitudes (Lugares comunes,
1988), Home Repairs (Reparaciones
en el hogar, 1993) y Right
Here, Right Now (Aquí y ahora, 1999),
varios guiones como “The Tuskegee
Airmen” (Los aviadores de Tuskegee,
1995) y el ensayo de 1989 “The
New Black Aesthetic” (“La nueva
estética negra”), una disertación
sobre la nueva sensibilidad multiétnica
que caracteriza a la generación
más joven.
Entre los escritores de Washington,
D.C., a cuatro horas por carretera
al sur de la ciudad de Nueva York,
figura Ann Beattie (1947- ), cuyos
cuentos cortos ya fueron mencionados
aquí. Sus novelas son como rebanadas
de vida e incluyen Picturing
Will (Para entender a Will, 1989),
Another You (Otro tú, 1995) y My
Life, Starring Dara Falcon (Mi vida,
protagonizada por Dara Falcon,
1997).
Muchos novelistas políticos residen
en la ciudad capital de Estados
Unidos. Ward Just (1935- ) ubica sus
novelas en los turbulentos círculos
militares, políticos e intelectuales
de Washington. Christopher Buckley
(1952- ) remata su humorística sátira
política con detalles locales; su
Little Green Men (Pequeños hombres
verdes, 1999) es una broma
sobre las reacciones de los círculos
oficiales ante unos seres del espacio
exterior. Michael Chabon (1963- ),
que creció en los suburbios de
Washington y luego se mudó a
California, describe a jóvenes en el
deslumbrante umbral de la vida adulta
en The Mysteries of Pittsburgh
(Los misterios de Pittsburgh, 1988);
su novela inspirada en una revista de
historietas, The Amazing Adventures
of Kavalier and Clay (Las asombrosas
aventuras de Kavalier y Clay,
2000), es una mezcla de glamour y
buen oficio a la manera de F. Scott
Fitzgerald.
El Sur
El Sur abarca las dispares regiones
de la porción sudeste de
Estados Unidos, desde la fría cordillera
de los Montes Apalaches y el
vasto valle del Río Mississippi hasta
los húmedos pantanos de cipreses
de la Costa del Golfo. La cultura del
algodón y las plantaciones trabajadas
por esclavos hizo del Sur la región
más rica del país antes de la Guerra
Civil (1860-1865). Pero después de la
guerra, la región cayó en un estado
de pobreza y aislamiento que duró
un siglo. Hoy el Sur forma parte de lo
que se conoce como la Franja del
Sol, la parte de Estados Unidos que
crece con más rapidez.
La más tradicional de las regiones,
el Sur, se enorgullece de su tradición
distintiva. Entre sus temas perdurables
están la familia, la tierra, la
historia, la religión y la raza. La profundidad
y el sentido humano de
muchos textos sureños surgen de las
devastadoras pérdidas sufridas en la
Guerra Civil y de la búsqueda del
alma frente al legado de esclavitud
de esa región.
El Sur, con su rica tradición oral,
ha nutrido a muchas cuentistas
mujeres. En la parte septentrional
de esa región, Bobbie Ann
Mason (1940- ) de Kentucky escribe
de los cambios generados por la cultura
de masas. En su cuento más
famoso, “Shiloh” (1982), una pareja
tiene que cambiar su relación o separarse
cuando las subdivisiones de la
vivienda se propagan “en el oeste de
Kentucky como una capa de aceite”.
La aclamada novela corta de Mason
In Country (En el país, 1985) describe
los efectos de la Guerra de
Vietnam enfocando la atención en
una niña inocente cuyo padre murió
en el conflicto.
Lee Smith (1944- ) presenta en
primer plano a los pobladores de los
Montes Apalaches en forma conmovedora,
aprovechando el legado de la
música folclórica estadounidense, en
su novela The Devil’s Dream (El
sueño del diablo, 1992). Jayne Anne
Phillips (1952- ) escribe cuentos
sobre inadaptados –Black Tickets
(Billetes negros, 1979)– y una novela,
Machine Dreams (Sueños maquinales,
1984), que se desarrolla en las
inhóspitas montañas de Virginia
Occidental.
Las novelas de Jill McCorkle
(1958- ) captan sus recuerdos de Carolina
del Norte. Historia de amor
envuelta en el misterio, Carolina
Moon (Luna de Carolina, 1996)
explora un antiguo caso de suicidio
en una aldea costera donde las olas
erosionan sin cesar los cimientos de
las ruinosas casas de la playa.
Dorothy Allison (1949- ) presenta su
exuberante Carolina del Sur natal en
la implacable novela autobiográfica
Bastard Out of Carolina (La bastarda
de Carolina, 1992), vista a través de
los ojos de una paupérrima hija ilegítima
de 12 años de edad y modales
varoniles apodada Bone. La nativa de
Mississippi Ellen Gilchrist (1935- )
ubica casi todos los relatos de su
coloquial Collected Stories (Colección
de cuentos, 2000) en pequeñas
aldeas a la orilla del Río Mississippi y
en Nueva Orleans, Louisiana.
Uno de los novelistas sureños que
se basan en la experiencia de los
varones es el prestigioso Cormac
McCarthy (1933- ) cuyas primeras
novelas, como Suttree (1979), son
cuentos arquetípicos sureños que
reflejan oscuras profundidades emocionales,
ignorancia y pobreza, teniendo
como escenario las verdes
colinas y valles del este de Tennessee.
McCarthy se trasladó a El Paso,
Texas en 1974 y empezó a investigar
los paisajes y tradiciones del Oeste.
Blood Meridian: Or the Evening of
Redness in the West (Meridiano sangriento:
o el atardecer rojo en el
Oeste, 1985) es un despiadado relato
de The Kid, un muchacho de 14 años
de Tennessee que llega a ser un asesino
sin entrañas en México en la
década de 1840. La trilogía fronteriza
de McCarthy, su épico best-seller –All
the Pretty Horses (Todos los hermosos
caballos, 1992), The Crossing (El
cruce, 1994) y Cities of the Plain
(Ciudades de la llanura, 1998)– presenta
el desierto entre Texas y
México lleno de grandeza mítica.
Otros escritores notables son
Charles Frazier (1950- ) de Carolina
del Norte, autor de la novela Cold
Mountain (Montaña fría, 1997) sobre
la Guerra Civil; Pat Conroy (1945- ),
quien nació en Georgia y escribió
The Great Santini (El gran Santini,
1976) y Beach Music (Música de
playa, 1995); y el novelista de
Mississippi Barry Hannah (1942- ),
conocido por sus argumentos violentos
y su estilo propenso al riesgo.
Un escritor muy diferente nacido
en Mississippi es Richard Ford
(1944- ), quien empezó a escribir en
una tónica faulkneriana, pero es más
conocido por su sutil novela The
Sportswriter (El escritor de deportes,
1986) que se desarrolla en
Nueva Jersey, y su secuela, Independence
Day (El día de la Independencia,
1995). Esta última nos habla de
Frank Bascombe, un personaje sin
rumbo, soñador y evasivo, que pierde
todo lo que le daba sentido a su vida:
un hijo, su sueño de escribir ficción,
su matrimonio, sus amantes y amigos,
y su empleo. Bascombe es sensible
e inteligente –toma decisiones,
según dice, “para desviar el dolor del
terrible arrepentimiento”– y tanto
su vacuidad como los centros comerciales
anónimos y los conjuntos de
viviendas vacías que recorre sin
cesar son mudos testigos de lo que
Ford interpreta como un malestar
nacional.
Muchos escritores afro-estadounidenses
elevan la voz desde el Sur,
como Ernest Gaines, de Louisiana,
Alice Walker de Georgia y Zora Neale
Hurston, nacida en Florida, cuya
novela de 1937 Their Eyes Were
Watching God (Sus ojos veían a
Dios) ha sido considerada como la
primera novela feminista de una
afro-estadounidense. Hurston, quien
murió en la década de 1960, fue revivida
por la crítica en los años 90.
Ishmael Reed, nacido en Tennessee,
ubica su Mumbo Jumbo (Supercherías,
1972) en Nueva Orleans. Margaret
Walker (1915-1998) de Alabama
escribió la novela Jubilee (Jubileo,
1966) y los ensayos On Being Female,
Black, and Free (Sobre ser mujer,
negra y libre, 1997).
El cuentista James Alan McPherson (1943- ) de
Georgia describe personajes de la clase trabajadora
en Elbow Room (Espacio libre, 1977); A Region
Not Home: Reflections From Exile (Una región que
no es la mía: reflexiones en el exilio, 2000), cuyo
título se refiere a su traslado a Iowa, es un libro de
recuerdos. ZZ Packer (1973- ), nacida en Chicago,
estudió con McPherson en el Taller de Escritores
de Iowa, creció en el Sur, se educó en el Atlántico
Medio y hoy vive en California. Su primera obra, un
volumen de cuentos titulado Drinking Coffee
Elsewhere (Tomar café en otro lugar, 2003), la ha
convertido en una estrella en ascenso. La prolífica
autora feminista bell hooks (nació en Kentucky en
1952 y se llama Gloria Watkins) se hizo famosa con
sus críticas a la cultura, como Black Looks: Race
and Representation (Miradas negras: raza y representación,
1992) y sus autobiografías a partir de
Bone Black: Memories of a Girlhood (Negro hueso:
recuerdos de la infancia de una niña, 1996).
La poeta experimental y erudita de la narrativa
sobre esclavos (Freeing the Soul [Libertad del
alma], 1999) Harryette Mullen (1953- ) escribe
colecciones de poesía en varias voces, como Muse
& Drudge (Musa y esclava, 1995). El novelista y
cuentista Percival Everett (1956- ) quien al principio
vivía en Georgia, escribe obras sutiles de ficción
sin desenlace definido; entre sus tomos
recientes figuran Frenzy (Frenesí, 1997) y Glyph
(Glifo, 1999).
Muchos escritores afro-estadounidenses cuyas
familias emigraron de otras regiones del país no
nacieron en el Sur, pero acudieron a él en busca
de inspiración. La famosa novelista de ciencia ficción
Octavia Butler (1947- ), nacida en California,
aborda el tema de la servidumbre y la tradición
narrativa sobre esclavos en Wild Seed (Semilla silvestre,
1980); su Parable of the Sower (Parábola
del sembrador, 1993) habla de las adicciones.
Sherley Anne Williams (1944- ), también de
California, escribe sobre la amistad interracial
entre mujeres del Sur en la época de la esclavitud,
en su novela histórica Dessa Rose (1986) basada
en hechos reales. Randall Kenan (1963- ) nació en
Nueva York y creció en Carolina del Norte, el
escenario de su novela A Visitation of Spirits (Una
visita de espíritus, 1989) y sus cuentos Let the
Dead Bury Their Dead (Dejad que los muertos
entierren a sus muertos, 1992). Su Walking on
Water: Black American Lives at the Turn of the
Twenty-First Century (Caminando sobre las
aguas: vidas de estadounidenses negros al inicio
del siglo XXI, 1999) es una obra de no ficción.
El Medio Oeste
Las vastas praderas de la sección media de
Estados Unidos –gran parte de la cual está entre
las Montañas Rocallosas y el Río Mississippi– son
muy calurosas en verano y se congelan cuando son
azotadas por las tormentas de invierno. El área
quedó abierta con la construcción del Canal de
Erie en 1825, que atrajo colonizadores europeos
del norte ansiosos de poseer tierras. Algunos
escritores de principios del siglo XX con raíces en
el Medio Oeste son Ernest Hemingway, F. Scott
Fitzgerald, Sinclair Lewis y Theodore Dreiser.
La ficción del Medio Oeste se apoya en el realismo.
La novela doméstica ha florecido en los últimos
años y retrata redes de relaciones entre
parientes, la comunidad local y el medio ambiente.
La agroindustria y el desarrollo amenazan a las
granjas familiares en algunas partes de la región y
varias novelas dan el toque de difuntos para las
granjas como forma de vida.
Entre los novelistas domésticos figura Jane
Smiley (1949- ) cuya obra A Thousand Acres (Mil
acres, 1991) es una versión feminista contemporánea
de la historia del Rey Lear. El reino perdido es
una gran granja familiar sostenida a lo largo de cuatro
generaciones, y las fuerzas que lo socavan son
una concatenación de factores personales y políticos.
Kent Haruf (1943- ) crea personajes fuertes
en su dramática novela de la pradera, Plainsong
(Canción de la pradera, 1999).
Michael Cunningham (1952- ) de Ohio empezó
como novelista doméstico con A Home at the End
of the World (Un hogar en el fin del mundo, 1990).
The Hours (Las horas, 1998), que fue llevada a la
pantalla, entrelaza con brillantez a la Mrs. Dalloway
de Virginia Woolf con las vidas de dos mujeres en
distintas épocas. Stuart Dybek (1942- ) ha escrito
chispeantes colecciones de cuentos como I Sailed
With Magellan (Yo navegué con Magallanes, 2003),
acerca de su infancia en el lado sur de Chicago.
Entre los novelistas urbanos más jóvenes podemos
mencionar a Jonathan Franzen (1959- ), quien
nació en Missouri y creció en Illinois. La novela
panorámica más vendida de Franzen, The
Corrections (Las correcciones, 2001) –cuyo título
se refiere a una baja en el mercado de valores–
evoca la vida familiar en el Medio Oeste durante
varias generaciones. La novela describe el deterioro
físico y mental de un patriarca que padece la
enfermedad de Parkinson; igual que en A Thousand
Acres de Smiley, toda la familia resulta afectada.
Franzen confronta a individuos contra grandes
conspiraciones en The Twenty-Seventh City (La
ciudad veintisiete, 1988) y en Strong Motion
(Movimiento vigoroso, 1992). Algunos críticos relacionan
a Franzen con Don DeLillo, Thomas Pynchon
y David Foster Wallace, como autor de novelas
sobre conspiraciones.
El Medio Oeste ha producido una gran variedad
de literatura, gran parte de la cual acusa influencias
internacionales. Richard Powers (1957- ), de
Illinois, ha vivido en Tailandia y los Países Bajos.
Sus desafiantes novelas postmodernas entrelazan
las vidas personales con la tecnología. Galatea 2.2
(1995) actualiza el tema del científico loco; en este
caso, los científicos son programadores de computadoras.
El novelista afro-estadounidense Charles
Johnson(1948- ), ex caricaturista nacido en
Illinois y trasladado a Seattle, Washington,
se basa en tradiciones dispares como el zen y la
narrativa de esclavos al crear novelas como
Oxherding Tale (Cuento de Oxherding, 1982). En su
estupenda novela picaresca Middle Passage
(Pasaje medio, 1990), Johnson combina la historia
internacional de la esclavitud con un cuento marítimo
con ecos de Moby Dick. Dreamer (Soñador,
1998) replantea con la imaginación el asesinato del
Dr. Martin Luther King, Jr.
Robert Olen Butler, (1945- ), nacido en Illinois y
veterano de la Guerra de Vietnam, escribe sobre
los vietnamitas refugiados en Louisiana, quienes
hablan con sus propias voces en A Good Scent From
a Strange Mountain (Un buen aroma de una montaña
desconocida, 1992). Los cuentos que reúne
en Tabloid Dreams (Sueños de tabloide, 1996)
–inspirados por titulares de noticias estrafalarios–
fueron ampliados en la novela humorística Mr.
Spaceman (Sr. Hombre del Espacio, 2000), en la
cual un extraterrestre llegado de otros mundos
aprende inglés mirando la televisión y secuestra un
autobús lleno de turistas para entrevistarlos en su
nave espacial.
Entre los autores estadounidenses nativos de
la región podemos citar a Louis Erdrich, quien
tiene sangre chippewa y ha escrito una serie de
novelas en su Dakota del Norte natal. Gerald
Vizenor (1935- ) presenta un retrato cómico postmoderno
de la vida de los norteamericanos nativos
contemporáneos en Darkness at Saint Louis
Bearheart (Tinieblas en San Luis Corazón de Oso,
1978) y Griever: An American Monkey King in China
(Sufriente: un rey mono estadounidense en China,
1987). En Chancers (Oportunistas, 2000), Vizenor
nos cuenta de unos esqueletos enterrados fuera
de sus lugares de origen.
La popular novelista sirio-estadounidense Mona
Simpson (1957- ) nació en Wisconsin y es autora de
Anywhere But Here (En cualquier lugar menos aquí,
1986), una mirada a las relaciones madre-hija.
El Oeste montañoso
La porción occidental del interior de Estados
Unidos es una región, en gran parte silvestre, que
se extiende a lo largo de las majestuosas Montañas
Rocallosas y cubre en forma sesgada desde
Montana en la frontera canadiense hasta los montes
de Texas en la frontera de Estados Unidos con
México. La ganadería y la minería han sido por largo
tiempo la columna vertebral de la economía de
la región y la tradición anglosajona de sus habitantes
fomenta en ellos un espíritu fronterizo independiente.
La literatura del Oeste incluye a menudo un conflicto.
En el siglo XIX, los adversarios tradicionales
de esa región eran el cowboy y el indígena, el granjero
colonizador y el forajido, el ganadero y el
ladrón de ganado. Los antagonistas recientes son
el petrolero y el ecologista, el urbanista y el arqueólogo,
y el activista ciudadano contra el abogado de
las instalaciones nucleares y militares que han sido
instaladas en gran número en el poco poblado
Oeste.
Un escritor ha proyectado una larga sombra
sobre la literatura del Oeste, en forma muy similar
a lo que hizo William Faulkner en el Sur: Wallace
Stegner (1909-1993) consigna la desaparición del
Oeste virgen. En su obra maestra, Angle of Repose
(Ángulo de reposo, 1971), un historiador
imagina que sus educados
abuelos se trasladan al “salvaje”
Oeste. En su último libro, Where the
Bluebird Sings to the Lemonade
Springs (Donde el azulejo canta a los
manantiales Lemonade, 1992), reseña
su vida de escritor en el Oeste.
Stegner dirigió durante un cuarto de
siglo el programa de redacción de la
Universidad Stanford; su lista de
estudiantes parece un “directorio”
de autores occidentales: Raymond
Carver, Ken Kesey, Thomas
McGuane, Larry McMurtry, N. Scott
Momaday, Tillie Olsen y Robert
Stone. Stegner influyó también en la
escuela contemporánea de escritores
de Montana que se asocia con
McGuane, Jim Harrison y algunas
obras de Richard Ford, y también con
escritores de Texas como McMurtry.
El novelista Thomas McGuane
(1939- ) describe de ordinario
personajes que avanzan
solos en un área salvaje y se enredan
en un conflicto cada vez más intenso.
Algunas de sus obras son The
Sporting Club (El club deportivo,
1968) y The Bushwacked Piano (El
piano emboscado, 1971), donde el
héroe viaja de Michigan a Montana
en una enloquecida misión de galanteo.
Su entusiasmo por la caza y la
pesca ha hecho que McGuane sea
comparado por los críticos con
Ernest Hemingway. Como McGuane,
Jim Harrison (1937- ), nacido en
Michigan, vivió muchos años en una
finca ganadera. En su primera novela,
Wolf: A False Memoir (Lobo: una
memoria falsa, 1971), un hombre se
esfuerza por ver a un lobo en su
ambiente natural con la esperanza
de cambiar su propia vida. Sus obras
de ficción más recientes y pesimistas
son Legends of the Fall (Leyendas
del otoño, 1979) y The Road Home
(El camino a casa, 1998).
En la novela de Montana Wildlife
(Vida silvestre, 1990), Richard Ford
presenta el paisaje desolado en contrapunto
con la desintegración de
una familia. El cuentista, crítico
defensor de la ecología y ensayista
de la naturaleza Rick Bass (1958- ),
nacido en Texas y educado como
geólogo petrolero, escribe sobre
confrontaciones elementales entre
los exploradores y la naturaleza, en
su colección de cuentos In the Loyal
Mountains (En las montañas leales,
1995) y en la novela Where the Sea
Used To Be (Donde solía estar el
mar, 1998).
El texano Larry McMurtry (1936- )
refleja escenas de su infancia en la
finca ganadera en Horseman, Pass By
(Jinetes, pueden pasar, 1961), convertida
en el filme Hud en 1963, un
retrato nada sentimental del mundo
del ganadero. Leaving Cheyenne (La
salida de Cheyenne, 1963) y su sucesora,
The Last Picture Show (La última
función, 1966), que también fue
llevada a la pantalla, evocan la desaparición
de una forma de vida en los
pequeños poblados de Texas. La
obra más conocida de McMurtry es
Lonesome Dove (Paloma solitaria,
1985), una arquetípica novela épica
del Oeste acerca de la conducción de
ganado en la década de 1870 que
llegó a ser una exitosa miniserie de
televisión. Una de sus obras recientes
es Comanche Moon (Luna
comanche, 1997).
El Oeste de los escritores multiétnicos
es menos heroico y con frecuencia
más radical. Uno de los autores
chicanos mejor conocidos es
Sandra Cisneros (1954- ). Nacida en
Chicago, Cisneros ha vivido en
México y Texas; nos habla de la gran
frontera cultural entre México y
Estados Unidos como una zona creativa
contradictoria donde las mujeres
méxico-estadounidenses se tienen
que reinventar a sí mismas. Su bestseller
titulado The House on Mango
Street (La casa de la calle Mango,
1984), que es una serie de viñetas
entrelazadas narradas desde el
punto de vista de una niña, preparó
el camino para otros escritores de
temas “latinos” y dio a conocer la
vitalidad del “barrio” de Chicago a
los lectores. Cisneros amplió sus
viñetas de vidas de mujeres chicanas
en Woman Hollering Creek (El arroyo
vociferante de las mujeres, 1991).
Pat Mora (1942- ) ofrece un punto de
vista chicano en Nepantla: Essays
From the Land in the Middle
(Nepantla: ensayos desde la tierra
de en medio, 1993), donde expone
algunos problemas de la conservación
de la cultura.
Entre los norteamericanos nativos
de la región figuran el finado James
Welch, quien en The Heartsong of
Charging Elk (La canción del corazón
de Alce Acometedor, 2000) imagina
un joven sioux que sobrevive a la
Batalla de Little Bighorn y pasa el
resto de su vida en Francia. Linda
Hogan (1947- ), originaria de Colorado
y descendiente de Chickasaw,
reflexiona sobre las mujeres norteamericanas
nativas y sobre la naturaleza
en novelas como Mean Spirit
(Espíritu malo, 1990), acerca de la
búsqueda frenética de petróleo en
tierras indígenas en la década de
1920, y Power (Poder, 1998) en la que
una indígena descubre sus recursos
naturales internos.
El Sudoeste
El Sudoeste desértico se desarrolló
durante varios siglos bajo el
dominio de España, por lo cual gran
parte de su población aún hoy habla
español, y varias tribus norteamericanas
nativas habitan ahí en sus tierras
ancestrales. La lluvia es imprevisible
y la agricultura de la región
siempre ha sido precaria. Hoy en día,
varios proyectos de riego masivos
han fomentado la producción agrícola,
y el aire acondicionado atrae a más
y más personas a sus ciudades en
rápido crecimiento como Salt Lake
City en Utah y Phoenix en Arizona.
En una región donde la ecología
del desierto es tan frágil, no es de
sorprender que haya tantos escritores
orientados a la protección del
medio ambiente. El activista Edward
Abbey (1927-1989) exaltó la aridez
del desierto de Utah en Desert
Solitaire: A Season in the Wilderness
(Solitario del desierto: una temporada
en el páramo, 1968).
Con formación de bióloga, Barbara
Kingsolver (1955- ) presenta el punto
de vista femenino sobre el Sudoeste
en su popular trilogía que se desarrolla
en Arizona: The Bean Trees
(Los árboles de frijol, 1988) donde
presenta a Taylor Greer, una joven
marimacho que adopta a un niño cherokee;
Animal Dreams (Sueños animales,
1990); y Pigs in Heaven
(Cerdos en el cielo, 1993). The
Poisonwood Bible (La Biblia de anacardo,
1998) acerca de una familia de
misioneros en África. Kingsolver
aborda temas políticos con desenfado
y admite: “Yo sí quiero cambiar al
mundo”.
La mayoría de los escritores norteamericanos
nativos viven en el
Sudoeste; sus obras revelan una rica
narrativa mítica, una cualidad espiritual
en su forma de abordar la naturaleza
y un profundo respeto por la
palabra hablada. El tema más importante
de esas obras de ficción es la
sanación, entendida como la restauración
de la armonía. Otros de sus
temas son la pobreza, el desempleo,
el alcoholismo y los crímenes que los
blancos perpetran contra los indios.
Sin embargo, en las letras norteamericanas
nativas hay más filosofía
que ira y se proyecta en ellas una
intensa visión ecológica. Algunos de
los principales autores son el distinguido
N. Scott Momaday, quien inauguró
la novela norteamericana nativa
contemporánea con House Made of
Dawn (Casa hecha de amanecer);
una de sus obras recientes es The
Man Made of Words (El hombre
hecho de palabras, 1997). El novelista
de ascendencia parcialmente
laguna Leslie Marmon Silko, autor de
Ceremony, publicó también Gardens
in the Dunes (Jardines en las dunas,
1999), una evocación de Indigo, un
huérfano que fue protegido por una
mujer blanca al inicio del siglo XX.
Muchos escritores méxico-estadounidenses
residen en el Sudoeste
y sus antecesores han vivido ahí
desde hace siglos. Algunos de sus
intereses distintivos son el idioma
español, la tradición católica, las formas
folclóricas y, en los últimos
años, la desigualdad racial y de género,
el conflicto generacional y el
activismo político. Es una cultura
fuertemente patriarcal, pero ahora
han surgido nuevas voces chicanas
femeninas.
En el libro poético de no ficción
Borderlands/La Frontera: The New
Mestiza (Tierras fronterizas/La
Frontera: La nueva mestiza, 1987),
Gloria Anzaldúa (1942- ) imagina con
pasión una conciencia femenina
híbrida de las fronteras integrada
por rasgos de las culturas mexicana,
norteamericana nativa y anglosajona.
También es digna de mención la
escritora originaria de Nuevo México
Denise Chavez (1948- ), autora de la
colección de cuentos The Last of the
Menu Girls (La última de las chicas
del menú, 1986). Su obra Face of an
Angel (Cara de ángel, 1994) acerca
de una camarera que dedica 30 años
a escribir un manual para sus compañeras
de oficio, ha sido reconocida
como una novela auténticamente
“latina” escrita en inglés.
Literatura de California
California podría ser un país en sí
mismo por su enorme población
multiétnica y su gigantesca economía.
El estado es conocido porque en
él se engendran experimentos sociales,
movimientos juveniles (los
beats, los hippies, los techies), y nuevas
tecnologías (los sitios “punto
com” del Valle del Silicio) que pueden
tener consecuencias inesperadas.
El norte de California, cuyo centro
es San Francisco, disfruta de una tradición
literaria liberal e incluso utópica
personificada por Jack London y
John Steinbeck. Aquí residen cientos
de escritores, entre ellos el norteamericano
nativo Gerald Vizenor, la
chicana Lorna Dee Cervantes, los
afro-estadounidenses Alice Walker e
Ishmael Reed, y autores con mentalidad
internacional como Norman
Rush (1933- ), cuya novela Mating
(Apareamiento, 1991) está basada en
los años que pasó en África.
El norte de California tiene una
rica tradición de autores asiáticoestadounidenses,
cuyos temas característicos
incluyen la familia y los
roles de género, el conflicto entre
generaciones y la búsqueda de identidad.
Maxine Hong Kingston ayudó a
iniciar el renacimiento de las letras
asiático-estadounidenses y, al mismo
tiempo, popularizó el género de las
memorias novelizadas.
Otra autora asiático-estadounidense
de California es la novelista
Amy Tan, cuyo best-seller titulado The
Joy Luck Club fue llevado con éxito al
cine en 1993. Sus capítulos, entrelazados como cuentos, delinean los destinos de cuatro
pares de madres e hijas. Las novelas de Tan se
desarrollan en la China histórica y en los Estados
Unidos de hoy e incluyen The Hundred Secret
Senses (Los cien sentidos secretos, 1995), que es
una historia de medias hermanas, y The
Bonesetter’s Daughter (La hija de la curadora de
huesos, 2001) acerca de los cuidados de una hija
hacia su madre. La refrescante e inteligente prosa
de Gish Jen (1955- ), cuyos padres emigraron de
Shanghai, incluye las animadas novelas Typical
American (Estadounidense típico, 1991) y Mona in
the Promised Land (Mona en la tierra prometida,
1996).
Entre los escritores japonés-estadounidenses
figura Karen Tei Yamashita (1951- ) quien nació y
creció en California y permaneció nueve años en
Brasil, lo cual le inspiró Through the Arc of the Rain
Forest (A través del arco de la selva tropical, 1990)
y Brazil-Maru (1992). Su obra Tropic of Orange
(Trópico de naranja, 1997) evoca la políglota ciudad
de Los Ángeles. Los autores japonés-estadounidenses
de ficción se han basado en los trabajos
precedentes de Toshio Mori, Hisaye Yamamoto y
Janice Mirikitani.
La literatura del sur de California tiene una tradición
muy diferente, asociada al nuevo paisaje de
Los Ángeles erigido por promotores y empresas
inmobiliarias, a pesar del problema obvio de la falta
de recursos acuíferos. Los Ángeles fue desde el
principio una empresa comercial; no nos debe sorprender
que Hollywood y Disneylandia sean dos de
sus más conocidos legados al mundo. Como si
fuera para contrarrestar su reluciente fachada, ha
florecido allí una corriente antiutópica de literatura,
inaugurada con la novela The Day of the Locust
(El día de la langosta, 1939), donde Nathanael West
habla de Hollywood.
La soledad y la alienación campean en las creaciones
de Gina Berriault (1926-1999), como en la
obra Women in Their Beds (Mujeres en sus camas,
1996) cuyos personajes sobreviven precariamente
en habitaciones alquiladas. Joan Didion (1934- )
evoca el clima de ansiedad que impera en
California, en sus brillantes ensayos Slouching
Towards Bethlehem (Caminando con desgano
hacia Belén, 1968). En 2003, Didion escribió Where
I Was From (De donde yo venía), el relato de cómo
se fue desplazando su familia hacia el Oeste, junto
con la frontera, y se estableció en California. Otro
angelino, Dennis Cooper (1953- ) escribe con frialdad
novelas sobre un submundo de hombres desconcertados
y alienados.
Thomas Pynchon captó mejor la extraña combinación
de tranquilidad e intranquilidad que hay en
Los Ángeles, en una novela acerca de una conspiración
de marginados, The Crying of Lot 49.
Pynchon inspiró al prolífico autor postmodernista
William Vollmann (1959- ) quien se ha hecho popular
entre los lectores juveniles de la contracultura
por sus largas metanarrativas surrealistas, como la
obra en varios tomos titulada “Seven Dreams: A
Book of North American Landscapes” (“Siete sueños:
un libro de paisajes norteamericanos”), inauguradas
con The Ice-Shirt (La camisa de hielo,
1990) con historias de vikingos, y fantasías como
You Bright and Risen Angels: A Cartoon (Vosotros,
brillantes y exaltados ángeles: una caricatura,
1987), acerca de una guerra entre humanos virtuales
e insectos.
Otro novelista ambicioso que vive en el sur de
California es el extravagante T. Coraghessan Boyle
(1948- ), conocido por sus muchas y exuberantes
novelas como World’s End (Fin del mundo, 1987) y
The Road to Wellville (El camino a Wellville, 1993),
cuyo protagonista es John Harvey Kellogg, el estadounidense
que inventó el cereal para el desayuno.
Los escritores mexicano-estadounidenses de
Los Ángeles nos hablan a veces de la tensión racial
de baja intensidad. Richard Rodriguez (1944- ),
autor de Hunger of Memory: The Education of
Richard Rodriguez (Hambre de recuerdos: la educación
de Richard Rodriguez, 1982), presenta argumentos
contra la educación bilingüe y la acción
afirmativa en Days of Obligation: An Argument With
My Mexican Father (Días de obligación: una discusión
con mi padre mexicano, 1992). Las memorias
de Luis Rodriguez (1954- ) sobre la vida de una
pandilla de chicanos machos en Los Ángeles,
Always Running (Corriendo siempre, 1993), es un
testimonio sobre la oscura cara oculta de la ciudad.
La diáspora latinoamericana ha influido en
Helena Maria Viramontes (1954- ), quien nació y
creció en el barrio del este de Los Ángeles. Sus
obras presentan a la ciudad como un imán para un
grande y creciente número de inmigrantes de
habla española, sobre todo mexicanos y centroamericanos
que huyen de la pobreza y la guerra. En
poderosas historias como “The
Cariboo Café” (El Café Caribú, 1984),
entreteje los temas de los anglosajones,
los refugiados que huyen de
escuadrones de la muerte, y los
inmigrantes ilegales que llegan a
Estados Unidos en busca de trabajo.
El Noroeste
El Noroeste montañoso, poblado
de densos bosques y con centro en
Seattle, en el estado de Washington,
se ha proyectado en las últimas
décadas como un eje cultural conocido
por sus ideas liberales y un aprecio
apasionado por la naturaleza. El
más influyente de sus autores
recientes fue Raymond Carver.
David Guterson (1956- ), nacido en
Seattle, atrajo a un gran número de
lectores cuando su novela Snow
Falling on Cedars (Nevada sobre
Cedars, 1994) fue llevada al cine. Se
desarrolla en las remotas y brumosas
Islas San Juan de Washington
después de la Segunda Guerra
Mundial y gira en torno de un japonés-
estadounidense acusado de
homicidio. En la conmovedora novela
East of the Mountains (Al este de las
montañas, 1999) de Guterson, un
cirujano cardiólogo a punto de morir
a causa del cáncer regresa a la tierra
de su juventud para suicidarse, pero
allí descubre razones para vivir. En
su penetrante novela Housekeeping
(Labores domésticas, 1980), Marilynne
Robinson (1944- ) contempla
este territorio salvaje y difícil a través
de la óptica de la mujer. En su
luminosa y muy esperada segunda
novela, Gilead (2004), un honesto
predicador anciano que se enfrenta
a la muerte escribe la historia de la
familia para su hijo joven, la cual se
remonta hasta la Guerra Civil.
Aunque Annie Dillard (1945- ) ha
vivido en muchas regiones, ha adoptado
al Noroeste como terruño en
sus cristalinas obras, como el brillante
ensayo poético titulado “Holy
the Firm” (“Benditos los firmes”,
1994), que creó impulsada por las
quemaduras sufridas por un niño
vecino. Su descripción del Noroeste
Pacífico evoca un paisaje real y a la
vez espiritual: “Vine aquí a estudiar
cosas agrestes –montañas de roca y
mar salado– y a templar mi espíritu
con sus filos”. Dillard es afín a Henry
David Thoreau y a Ralph Waldo
Emerson, pues busca la sabiduría en
la naturaleza. La sorprendente colección
de ensayos de Dillard se titula
Pilgrim at Tinker Creek (Peregrino
en el arroyo Tinker, 1974). Su única
novela, The Living (Los vivos, 1992),
exalta a las antiguas familias de pioneros
asoladas por enfermedades,
ahogamientos, vapores venenosos, la
caída de árboles gigantescos y el
incendio de sus casas de madera, en
el proceso por el cual se asimilaron
de modo imperceptible con tribus
indígenas, inmigrantes chinos y
gente recién llegada del Este.
Sherman Alexie (1966- ) es un
indígena spokane/coeur d’alene y el
más joven de los novelistas estadounidenses
nativos que han alcanzado
fama nacional. Alexie presenta relatos
nada sentimentales y humorísticos
de la vida indígena, prestando
atención especial a las mezclas
incongruentes de la tradición con la
cultura pop. Sus ciclos de cuentos
incluyen Reservation Blues (Blues de
la reservación, 1995) y The Lone
Ranger and Tonto Fistfight in Heaven
(El Llanero Solitario y Tonto pelean a
puñetazos en el cielo, 1993), que inspiró
el muy efectivo filme de la vida
en las reservas Smoke Signals
(Señales de humo, 1998), cuyo guión
fue escrito por Alexie. Smoke Signals
es una de las muy pocas películas en
las cuales los norteamericanos nativos
no son el tema, sino los creadores del filme.
The Toughest Indian in
the World (El indígena más rudo del
mundo, 2000) es una colección de
cuentos reciente de Alexie, quien en
su angustiosa novela Indian Killer
(Asesino de indios, 1996) recuerda
la obra Native Son (Hijo nativo) de
Richard Wright.
AUTORES GLOBALIZADOS: VOCES DEL CARIBE Y DE AMÉRICA LATINA
Los escritores de las islas del
Caribe de habla inglesa se
han forjado con el programa
de estudios de letras y bajo el
gobierno colonial de Gran Bretaña,
pero en los últimos años su centro
focal se ha desplazado de Londres a
Nueva York y Toronto. Su temática
incluye la belleza de las islas, la sabiduría
innata de su pueblo y diversos
aspectos de la inmigración y el exilio:
la desintegración de la familia, el
impacto cultural, el cambio que ha
habido en los roles de género y la
asimilación.
Dos precursores son dignos de
mención. Paule Marshall (1929- ),
nacida en Brooklyn, no es técnicamente
una escritora globalizada,
pero en Brown Girl, Brownstones
(Niña color marrón, piedras del mismo
tono, 1959) recuerda en forma
vívida sus experiencias como hija de
inmigrantes de Barbados en Brooklyn.
La novelista dominicana Jean
Rhys (1894-1979) escribió Wide
Sargasso Sea (El ancho Mar de los
Sargazos, 1966), una evocadora y
poética recreación de Jane Eyre de
Charlotte Brontë. Rhys pasó la mayor
parte de su vida en Europa, pero su
libro fue defendido por las feministas
estadounidenses para quienes
“la loca encerrada en el ático” había
llegado a ser una representación
icónica de la identidad femenina
reprimida.
La obra de Rhys le abrió el camino
a una voz más airada, la de Jamaica
Kincaid (1949- ) de Antigua, autora de
implacables trabajos autobiográficos
como las novelas Annie John (1985),
Lucy (1990) y The Autobiography of
My Mother (La autobiografía de mi
madre, 1996). Nacida en Haití, pero
educada en Estados Unidos, Edwidge
Danticat (1969- ) llamó la atención
con sus cuentos Krik? Krak! (1995),
cuyo título es una expresión empleada
por los cuentistas de la tradición
oral haitiana. Danticat evoca el trágico
pasado de su nación en la novela
histórica The Farming of the Bones
(La labranza de los huesos, 1998).
Muchos escritores latinoamericanos
no comparten las opiniones que
suelen suscribir los autores chicanos
de origen mexicano, los cuales
han tendido a ser románticos, nativistas
e inclinados a la izquierda en
su orientación política. Por su parte,
los escritores cubano-estadounidenses
tienden a ser cosmopolitas, cómicos
y políticamente conservadores.
Las memorias de Gustavo Pérez
Firmat, Next Year in Cuba: A Chronicle
of Coming of Age in America (El
año próximo en Cuba: crónicas de la
llegada a la madurez en Estados
Unidos, 1995), exalta el béisbol tanto
como a La Habana. El título es irónico,
pues “el año próximo en Cuba”
es una frase típica de los exiliados
cubanos que siguen aferrados a su
visión de un regreso triunfal. The
Pérez Family (La familia Pérez, 1990)
de Christine Bell (1951- ) es un cálido
retrato de la confusión que priva
entre las familias cubanas –por lo
menos la mitad de las cuales se apellidan
Pérez– exiliadas en Miami.
Algunas obras recientes del novelista
Oscar Hijuelos (1951- ) son The
Fourteen Sisters of Emilio Montez
O’Brien (Las catorce hermanas de
Emilio Montez O’Brien, 1993), que
trata sobre los estadounidenses de
origen cubano-irlandés, y Mr. Ives’
Christmas (La Navidad de Mr. Ives,
1995), la historia de un hombre cuyo
hijo ha muerto.
Algunos escritores con raíces
puertorriqueñas son Nicholasa Mohr
(1938- ), que en Rituals of Survival: A
Woman’s Portfolio (Rituales de
supervivencia: portafolios de una
mujer, 1985) presenta las vidas de
seis mujeres de Puerto Rico, y
Rosario Ferré (1938- ), autora de The
Youngest Doll (La muñeca más
joven, 1991). Entre las escritoras
más jóvenes figuran Judith Ortiz
Cofer (1952- ), autora de Silent
Dancing: A Partial Remembrance of a
Puerto Rican Childhood (Baile en
silencio: recuerdo parcial de una
niñez en Puerto Rico, 1990) y The
Latin Deli (La fiambrería latina,
1993), donde combina la poesía con
el cuento. La poeta y ensayista Aurora
Levins Morales (1954- ) escribe
sobre Puerto Rico desde un punto de
vista judío cosmopolita.
La escritora más conocida con raíces
en la República Dominicana es
Julia Alvarez (1950- ). En How the
García Girls Lost Their Accents
(Cómo perdieron su acento las jóvenes
García, 1991), una mujer dominicana
de la clase alta se esfuerza por
adaptarse a la ciudad de Nueva York.
¡Yo! (1997) vuelve al tema de las hermanas
García y explora su identidad
presentando la historia de 16 personajes.
Junot Diaz (1948- ) ofrece una
visión mucho más cruda en la colección
de cuentos Drown (Morir ahogado,
1996) acerca de hombres jóvenes
en los barrios bajos de Nueva
Jersey y en la República Dominicana.
Los principales escritores latinoamericanos
que se distinguieron por
vez primera en Estados Unidos en
los años 60 –el argentino Jorge Luis
Borges, el colombiano Gabriel García
Márquez, el chileno Pablo Neruda y
el brasileño Jorge Amado– divulgaron
entre los autores estadounidenses
el realismo mágico, el surrealismo,
una sensibilidad hemisférica y el
aprecio por las culturas indígenas.
Desde aquella primera oleada de
popularidad, las mujeres y los escritores
de color han encontrado audiencias
atentas, entre las primeras
la novelista Isabel Allende (1942- )
nacida en Chile. Isabel Allende,
sobrina del presidente chileno
Salvador Allende, quien fue asesinado
en 1973, evocó la historia sangrienta
de su país en La casa de los
espíritus (1982), traducida al inglés
como The House of the Spirits
(1985). Otras novelas más recientes
(escritas y publicadas primero en
español) son Eva Luna (1987) y
Daughter of Fortune (Hija de la fortuna,
1999), ubicada en California
durante la fiebre del oro de 1849. El
estilo evocador de Allende y su visión
centrada en la mujer le han atraído
un numeroso público lector en
Estados Unidos.
AUTORES GLOBALIZADOS: VOCES DE ASIA Y EL ORIENTE MEDIO
Muchos escritores del subcontinente
indio han establecido
su residencia en
Estados Unidos en los últimos años.
Bharati Mukherjee (1940- ) escribió
una colección de cuentos muy elogiada,
The Middleman and Other Stories
(El intermediario y otros cuentos,
1988) y en su novela Jasmine (1989)
relata la historia de una mujer inmigrante
ilegal. Mukherjee creció en
Calcuta; en su novela The Holder of
the World (El poseedor del mundo,
1993) imagina apasionadas aventuras
en la India del siglo XVII con personajes
de The Scarlet Letter (La letra
escarlata) de Nathaniel Hawthorne.
Leave It to Me (Déjenmelo a mí,
1997) narra luchas errantes de una
niña abandonada en la India que
busca sus raíces. El inquietante relato
“The Management of Grief” (“El
manejo del dolor”, 1988) de Mukherjee,
sobre la secuela de un atentado
terrorista contra un avión, ha
cobrado nueva resonancia desde el
11 de septiembre de 2001.
Meena Alexander (1951- ), nacida
en la India y de sangre siria, creció
en el norte de África; en sus memorias
Fault Lines (Líneas de falla,
1993), reflexiona acerca de su experiencia.
La poeta y cuentista Chitra
Banerjee Divakaruni (1956- ), nacida
en la India, ha escrito novelas sensuales
centradas en mujeres, como
The Mistress of Spices (La amante de
Spices, 1997) y Sister of My Heart
(Hermana de mi corazón, 1999), además
de colecciones de cuentos que
incluyen The Unknown Errors of Our
Lives (Los errores desconocidos de
nuestras vidas, 2001).
Jhumpa Lahiri (1967- ) enfoca la
atención en los conflictos y la asimilación
de la generación más joven en
Interpreter of Maladies: Stories of
Bengal, Boston, and Beyond (Intérprete
de malestares: historias de
Bengala, Boston y más allá, 1999) y en
su novela The Namesake (El homónimo,
2003). Lahiri se basa en su propia
experiencia: sus padres bengalíes
crecieron en la India y ella nació
en Londres, pero se crió en Estados
Unidos.
Autores estadounidenses con raíces
en el sudeste de Asia, sobre todo
en Corea y las Filipinas, han adquirido
una voz potente en el último
decenio. Entre los escritores coreano-
estadounidenses recientes sobresale
Chang-rae Lee (1965- ). Lee
nació en Seúl, Corea, y en su notable
novela Native Speaker (Hablante nativo,
1995) entreteje los ideales
públicos, la traición y la desesperación
personal. En su conmovedora
segunda novela, A Gesture Life (Una
vida gestual, 1999), explora la larga
sombra de una atrocidad cometida
durante la guerra: la forma como los
japoneses utilizaron a mujeres
coreanas como “objetos para consolarse”.
Theresa Hak Kyung Cha (1951-
1982), nacida en Corea, combina
fotografías, vídeos y documentos históricos
en la obra experimental
Dictee (1982) en memoria del sufrimiento
de los coreanos bajo el poder
de las fuerzas de ocupación japonesas.
La poeta malasio-estadounidense
Shirley Geok-lin Lim, de ascendencia
étnica china, es autora de
unas desafiantes memorias, Among
the White Moon Faces (Entre las
blancas caras de la luna, 1996). Su
novela autobiográfica es Joss and
Gold (Joss y oro, 2001), y sus cuentos
fueron recopilados en Two Dreams
(Dos sueños, 1997).
Entre los autores nacidos en las
Filipinas podemos citar a Bienvenido
Santos (1911-1996), autor de la poética
novela Scent of Apples (Aroma de
manzanas, 1979) y a Jessica Hagedorn
(1949- ), cuyas novelas surrealistas
de la cultura pop son Dogeaters
(Devoradores de perros, 1990) y The
Gangster of Love (El pandillero del
amor, 1996). En formas muy diferentes,
los dos responden a la patética
novela autobiográfica del trabajador
migrante filipino-estadounidense
Carlos Bulosan (1913-1956) America
Is in the Heart (Estados Unidos está
en el corazón, 1946).
La notable creadora cinematográfica
y teórica social vietnamita-estadounidense
Trinh Minh-Ha (1952- )
combina la narrativa y la teoría en su
obra feminista Woman, Native, Other (Mujer, nativa,
otra, 1989). Desde China, Ha Jin (1956- ) escribió
la novela Waiting (La espera, 1999), la triste
historia de una separación de 18 años, en un estilo
realista típico de la ficción china que llega a los
oídos estadounidenses como algo fresco y original.
Las voces más recientes provienen de la comunidad
árabe-estadounidense. Nacido en Líbano,
Joseph Geha (1944- ) ubica los relatos de su obra
Through and Through (Al dedillo, 1990) en Toledo,
Ohio; la jordano-estadounidense Diana Abu-Jaber
(1959- ), nacida en Nueva York, escribió la novela
Arabian Jazz (Jazz árabe, 1993).
La poeta y dramaturga Elmaz Abinader (1954- )
es autora de un libro de memorias, Children of the
Roojme: A Family’s Journey From Lebanon (Hijos
del Roojme: el viaje de una familia desde Líbano,
1991). En “Just Off Main Street” (“Apenas fuera de
la calle principal”, 2002), Abinader escribió sobre
su infancia bicultural en un pequeño poblado de
Pennsylvania en la década de 1960: “...las escenas
de mi familia me llenaban de alegría y sentimientos
de pertenencia, pero sabía que ninguna de ellas
podía ser compartida más allá de esa puerta”.
La literatura estadounidense ha recorrido un
largo y sinuoso camino desde antes del periodo
colonial hasta la época contemporánea. La sociedad,
la historia, la tecnología, todo ha tenido un
impacto elocuente en ella. Sin embargo, a fin de
cuentas se percibe una constante: la humanidad,
con toda su grandeza y su malevolencia, su tradición
y su promesa.