En lugar de definir con claridad personajes realistas
con gran lujo de detalles, como lo hacía la
mayor parte de los novelistas de la época en
Inglaterra o el continente europeo, Hawthorne,
Melville y Poe perfilaron figuras heroicas de talla
mayor que la realidad e inflamadas de significado
mítico. Los protagonistas típicos del romance estadounidense
son individuos retraídos y obsesionados.
Arthur Dimmesdale o Hester Prynne de
Hawthorne en The Scarlet Letter (La letra escarlata),
Ahab de Melville en Moby Dick y los muchos
personajes aislados y obsesivos que aparecen en
los cuentos de Poe, son protagonistas solitarios
confrontados con un destino oscuro y desconocido
que surge, de algún modo misterioso, de los rincones
más profundos de su propio inconsciente.
La trama simbólica nos revela los movimientos
ocultos de un espíritu angustiado.
Una de las causas de esta exploración de los
recodos más ocultos del alma, por medio de la ficción,
fue la falta de una vida de tipo comunitario,
tradicional y bien establecida, en los Estados
Unidos. Los novelistas ingleses —Jane Austen,
Charles Dickens (el gran favorito), Anthony
Trollope, George Eliot o William Thackeray—
vivían en una sociedad tradicional compleja y bien
conjuntada, y compartían con sus lectores las actitudes
que animaban sus obras de ficción realistas.
En cambio, los novelistas estadounidenses se
enfrentaban a una historia de conflicto y revolución,
a una geografía de vastas tierras vírgenes y a
una sociedad democrática fluida y casi sin diferencias
de clases. Las novelas de este país revelan a
menudo una revolucionaria falta de tradición. En
muchas novelas inglesas vemos a un personaje
principal pobre, que asciende la escala económica
y social, tal vez a causa de un matrimonio por conveniencia
o el descubrimiento de un oculto pasado
aristocrático. En cualquier caso, la trama subyacente
no impugna la estructura social aristocrática
de Inglaterra; por el contrario, la reafirma. El
ascenso del protagonista halaga los deseos insatisfechos
de los lectores, la mayoría de los cuales son
de clase media.
El novelista de los Estados Unidos, en cambio,
tenía que depender de sus propios recursos. Su
patria era una frontera indefinida en constante
movimiento, poblada de emigrantes que hablaban
lenguas extranjeras y tenían diversos estilos de
vida, rústicos y extraños. Por eso el protagonista de
la literatura estadounidense se encuentra solo, a
menudo en medio de tribus caníbales, como en
Typee de Melville, o explora tierras vírgenes como
Leatherstocking (el de las calzas de cuero) de
James Fenimore Cooper; a veces es testigo de
visiones desoladas de la tumba, como los personajes
solitarios de Poe, o se tropieza con el diablo
paseando por el bosque, como el joven Goodman
Brown de Hawthorne. Casi todos los grandes protagonistas
de la literatura estadounidense han sido
“solitarios”. Es como si el individuo democrático
de este país se hubiera tenido que inventar a sí
mismo.
Además el novelista serio de los Estados Unidos
tuvo que inventar nuevas formas; esto explica la
estructura llena de ramificaciones y rasgos peculiares
que se aprecia en la novela Moby Dick de
Melville, y en la errabunda y onírica “Narrative of
Arthur Gordon Pym” (“Narración de Arthur Gordon
Pym”) de Poe. Pocas novelas de este país alcanzan
la perfección formal, aun en nuestros días. En
lugar de tomar en préstamo métodos literarios ya
comprobados, los autores norteamericanos
tienden a inventar nuevas
técnicas creativas. En los Estados
Unidos no basta constituirse como
una unidad social tradicional y
definida, pues lo antiguo y lo tradicional
se quedan siempre a la zaga; la
nueva fuerza de la innovación es el
centro de atención.
Nathaniel Hawthorne (1804-1864)
Miembro de la quinta generación
de estadounidenses de una familia
de ascendencia inglesa, Nathaniel
Hawthorne nació en Salem, Massachusetts,
un próspero puerto marítimo
al norte de Boston, que se
especializaba en el comercio con el
Oriente. Uno de sus antepasados
fue juez en los procesos que se
instruyeron un siglo antes, en Salem,
contra mujeres acusadas de
brujería. En su novela The House of
the Seven Gables (La casa de los
siete aleros), Hawthorne recurrió a
la idea de narrar la historia de una
maldición que cae sobre la familia
de un juez malvado.
Muchos relatos de Hawthorne se
desarrollan en la Nueva Inglaterra
puritana, y su mejor novela, The
Scarlet Letter (1850), se ha llegado a
considerar el retrato clásico de la
Norteamérica puritana. En ella se
desarrolla una apasionada historia
de amor prohibido en la que un joven
sensible y religioso, el reverendo
Arthur Dimmesdale, se involucra con
la bella y sensual provinciana Hester
Prynne. Ubicada en el Boston de
1650, en los inicios de la colonización
puritana, la novela pone de relieve la
obsesión calvinista por la moral, la
represión sexual, la culpa, la confesión
y la salvación espiritual.
The Scarlet Letter fue un libro audaz
e incluso subversivo para su época.
El ameno estilo de Hawthorne, su
ambigüedad y la ubicación histórica
remota suavizaron el tono sombrío
de sus temas y tranquilizaron al
público en general, pero algunos
autores sagaces, como Ralph Waldo
Emerson y Herman Melville, reconocieron
el poder “infernal” de la
obra. En ella se exponen temas que
de ordinario se callaban en el país en
el siglo XIX, como el impacto de la
nueva y liberadora experiencia democrática
de los Estados Unidos en
el comportamiento de los individuos,
sobre todo en lo referente a la libertad
sexual y religiosa.
El libro tiene una espléndida organización
y está muy bien escrito. En él
se usa con gran propiedad la alegoría,
un recurso que los primeros colonizadores
puritanos solían aplicar.
El prestigio de Hawthorne se debe
también a sus demás cuentos y novelas.
En The House of the Seven Gables
(1851), aborda otra vez la historia de
Nueva Inglaterra. El derrumbamiento
de la “casa” se refiere tanto a la
estructura física de ésta, como a una
familia de Salem. El tema gira en torno de una
maldición heredada de los antepasados y la liberación
por medio del amor. Como ha dicho un
crítico, el personaje central de la historia, el idealista
Holgrave, es el portavoz del recelo que el
democrático Hawthorne llegó a sentir por las viejas
familias aristocráticas: “La verdad es que una
vez cada medio siglo, por lo menos, la familia
debería fundirse en la masa grande y oscura de la
humanidad, olvidándose de sus antepasados”.
Las dos últimas novelas de Hawthorne
tuvieron menos éxito. Ambas se desarrollan
en ambientes modernos y eso va en detrimento
de la magia del romance. The Blithedale
Romance (El romance de Blithedale, 1852) es un
interesante retrato de la comunidad utópica
socialista conocida como la Granja Brook. En esa
obra, Hawthorne critica el egoísmo y el afán de
poder de los reformadores sociales que no están
imbuidos de un profundo instinto genuinamente
democrático. The Marble Faun (El fauno de mármol,
1860) se desarrolla en Roma, pero explora los
temas puritanos del pecado, el aislamiento, la
expiación y la salvación.
Estos temas y su escenario característico en la
Nueva Inglaterra colonial puritana son el sello distintivo
de muchas de las historias cortas más conocidas
de Hawthorne, como “The Minister’s Black
Veil” (“El negro velo del ministro”), “Young
Goodman Brown” (“El joven Goodman Brown”) y
“My Kinsman, Major Molineux” (“Mi pariente, el
alcalde Molineux”). En esta última Robin, un joven
ingenuo, deja el campo para ir a la ciudad —un
caso muy común en la urbanización de los Estados
Unidos en el siglo XIX— para pedir protección a un
poderoso pariente a quien jamás ha visto. El
muchacho afronta grandes dificultades en su
búsqueda del alcalde, pero al fin lo encuentra una
noche en una extraña gresca, cómica y cruel, en la
que un hombre, al parecer un criminal en desgracia,
es expulsado de la ciudad. De todos los espectadores,
Robin es el que ríe con más hilaridad,
pero entonces descubre que el “criminal” es nada
menos que el pariente a quien tanto ha buscado: el
representante de la corona británica que acaba de
ser derrocado por una turba de patriotas insurgentes.
El relato es una confirmación del nexo
entre pecado y sufrimiento, que afecta por igual a
toda la humanidad. En él se exalta también el tema
del hombre forjado por su propio esfuerzo: Robin
tiene que aprender a prosperar por medio de su
arduo trabajo, como cualquier norteamericano
democrático, y no por el favor especial de algún
pariente rico.
En “My Kinsman, Major Molineux” se esclarece
uno de los rasgos más sorprendentes de toda la
novelística de Hawthorne: la ausencia de familias
funcionales en su obra. A diferencia de los Leather-
Stocking Tales de Cooper, donde la unidad de la
familia prevalece en los sitios más inhóspitos e
insólitos, los relatos y novelas de Hawthorne presentan
una y otra vez familias desintegradas,
malditas o ficticias, y el sufrimiento del individuo
aislado.
Tal vez la ideología de la revolución influyó también
en la tendencia a exaltar un sentimiento de
libertad orgulloso y distante. Desde el punto
de vista de la psicología de la historia, la lucha de
independencia de los Estados Unidos fue similar a
la rebeldía de un adolescente al separarse de la
figura paterna, que era Inglaterra, y del resto de la
familia, simbolizada por el imperio británico. Una
vez que los estadounidenses conquistaron su independencia,
se enfrentaron al terrible predicamento
de descubrir su propia identidad, separada de
las autoridades de antaño. Esta situación se repitió
innumerables veces en la frontera, al grado que a
menudo, en la ficción, el aislamiento parece ser la
condición básica de la vida en los Estados Unidos.
Es posible que el puritanismo y sus vástagos
protestantes hayan debilitado aún más a la familia,
al predicar que la responsabilidad número uno del
individuo es luchar por la salvación de su propia
alma.
Herman Melville (1819-1891)
Como en el caso de Hawthorne, Herman Melville
nació en el seno de una opulenta familia de rancio
abolengo que cayó en la ruina al morir el padre. A
pesar de su crianza aristocrática, la orgullosa tradición
familiar y su arduo trabajo personal, Melville
vivía en la pobreza y carecía de educación universitaria.
A los 19 años de edad se embarcó. El interés
por la vida de los marineros surgió naturalmente,
de su propia experiencia, y sus viajes fueron
la fuente de la cual brotó la mayoría de sus
primeras novelas. En ellas vemos la
vasta experiencia democrática del
joven Melville y su aversión a la
tiranía y la injusticia. Su primer libro,
Typee, se basa en la época que pasó
en el sur del Pacífico, en las islas
Marquesas, donde convivió con la
tribu de los taipíes, supuestamente
caníbales, pero que en realidad eran
gente hospitalaria. En este libro,
Melville elogia a los isleños por su
forma armoniosa y natural de vivir, y
critica a los misioneros cristianos,
pues le parecieron menos genuinamente
civilizados que los nativos a
los cuales tenían la pretensión de
convertir.
Moby Dick; or, The Whale (Moby
Dick o La ballena), la obra maestra
de Melville, es la historia épica del
barco ballenero Pequod y su capitán
Ahab, “un hombre impío, semejante a
un dios”, cuya búsqueda obsesiva de
la ballena blanca Moby Dick lleva al
navío y a sus hombres a la destrucción.
Esta obra, una novela realista
de aventuras, presenta una serie de
meditaciones en torno a la condición
humana. En todo el libro, la cacería
de la ballena es una grandiosa metáfora
de la búsqueda del conocimiento.
La obra está llena de datos y
descripciones realistas acerca de las
ballenas y la industria de su captura,
pero todo tiene connotaciones simbólicas.
En el capítulo 15, “La cabeza
de la ballena de Groenlandia”, por
ejemplo, el autor señala que ese animal
es estoico y que el cetáceo de
esperma es platónico, aludiendo a
las dos escuelas clásicas de la filosofía.
Aun cuando la novela de Melville es
filosófica, también es trágica. A pesar
de su heroísmo, Ahab está destinado
al fracaso y tal vez a la condenación
final. Por muy hermosa que sea, la
naturaleza siempre se muestra indiferente
y potencialmente mortífera.
En Moby Dick, Melville impugna la
idea optimista de Emerson, de que
el ser humano es capaz de comprender
a la naturaleza. La gran ballena
blanca Moby Dick es una presencia
cósmica inescrutable, que domina
toda la novela y obsesiona a Ahab.
Los datos sobre la ballena y el modo
de cazarla no bastan para entender a
Moby Dick; por el contrario, los
datos mismos tienden a volverse
símbolos y cada uno guarda una
oscura relación con todos los demás
en una red cósmica. Sin embargo,
esta idea de correspondencia (como
la llama el autor en el capítulo titulado
“La esfinge”) no significa que el
ser humano sea capaz de “leer” la
verdad en la naturaleza como lo
supone Emerson. Detrás del cúmulo
de hechos que relata Melville hay
una visión mística (pero jamás se
aclara si esa visión es buena o mala,
humana o inhumana).
La novela es moderna por su tendencia
a la reflexión y la autorreferencia.
Dicho de otro modo, la obra
es a menudo su propio tema. Con
frecuencia Melville hace comentarios
sobre procesos mentales, como
la escritura, la lectura y la comprensión.
Por ejemplo, uno de los capítulos
es una investigación exhaustiva
en la que el narrador trata de hacer
una clasificación, pero al final desiste
y dice que a ninguna gran
empresa se le puede poner el punto
final (“Dios me libre de completar
jamás alguna cosa. Todo este libro
no es más que un bosquejo o, mejor
dicho, el bosquejo de un bosquejo.
Está hecho de tiempo, fuerza, dinero
y paciencia”). La idea de Melville del
texto literario como una versión
imperfecta o un borrador abandonado
es muy contemporánea.
Ahab insiste en imaginar un mundo
heroico e intemporal, formado de absolutos,
donde él puede prevalecer sobre sus hombres.
Insensato, exige un texto acabado, una respuesta.
Pero la novela nos muestra que, así como no existe
un texto terminado, tampoco puede haber una
respuesta final, como no sea quizá la muerte.
En toda la novela resuenan ciertas referencias
literarias. Ahab recibe su nombre de un rey del
Antiguo Testamento y anhela un conocimiento
total, fáustico, como el de un dios. Igual que Edipo
en el drama de Sófocles, que paga un precio trágico
por el conocimiento que le debía estar vedado,
Ahab primero se queda ciego, después es herido
en una pierna y al final perece. Moby Dick termina
con la palabra “huérfano”. Ismael, el narrador, es
un vagabundo que inspira orfandad. El nombre
Ismael proviene del Libro del Génesis, en el Antiguo
Testamento: era hijo de Abraham y Agar (sierva
de Sara, la esposa de Abraham). Ismael y Agar
fueron arrojados al desierto por Abraham.
Hay otros ejemplos. El barco que rescata a
Ismael al final del libro tiene el nombre de Raquel
(una de las esposas del patriarca Jacob). Por último,
la metafísica ballena evoca en los lectores
judíos y cristianos la historia bíblica de Jonás,
quien fue arrojado al mar por sus compañeros de
tripulación porque lo veían como portador de la
mala suerte. Tragado por un “gran pez”, según el
texto bíblico, vivió algún tiempo en las entrañas del
animal y luego fue devuelto a tierra firme por intervención
de Dios. Así, en su afán de huir del castigo,
lo único que halló fue mayor sufrimiento.
Las referencias históricas enriquecen también
la novela. El nombre del barco, Pequod, es el de
una tribu indígena de Nueva Inglaterra ya extinguida
y ese hecho sugiere que el navío está condenado
a la destrucción. La caza de ballenas era una
industria importante en esa época, sobre todo en
Nueva Inglaterra, pues proveía el aceite utilizado
como fuente de energía, en especial para el alumbrado.
De este modo, en sentido literal, la ballena
“arrojaba su luz” sobre el universo. La caza de esos
cetáceos era también una actividad expansionista
por naturaleza y se vinculaba a la idea del destino
manifiesto; por su causa, los estadounidenses
tenían que navegar por todo el mundo en busca de
ballenas (de hecho, el estado actual de Hawai
quedó bajo el dominio de los Estados Unidos
porque era la principal base de reabastecimiento
de combustible de la flota ballenera de ese país).
En la tripulación del Pequod hay gente de todas las
razas y de varias religiones, lo cual sugiere la idea
de que los Estados Unidos son un crisol étnico y
una actitud mental de alcance universal. Por último,
Ahab encarna la versión trágica del individualismo
democrático estadounidense. Afirma en
todos sus actos su dignidad como individuo y tiene
la audacia de oponerse a las inexorables fuerzas
externas del universo.
El epílogo de la novela atempera la trágica
destrucción del navío. En toda la obra, Melville
hace énfasis en la importancia de la amistad y la
comunidad multicultural humana. Tras del hundimiento
del barco, Ismael se salva gracias al ataúd
labrado por su querido amigo cubierto de tatuajes,
el heroico príncipe Queequeg de Polinesia. El diseño
primitivo y mitológico del féretro alude a la
historia del cosmos. La vida del náufrago es salvada
por un objeto hecho para la muerte. A fin de
cuentas, la vida surge de la muerte.
Se ha dicho que Moby Dick es una “obra épica
sobre la naturaleza” —una espléndida dramatización
del espíritu humano que se desarrolla en el
marco de la naturaleza primitiva— pues presenta
el mito del cazador, el tema de su iniciación, el simbolismo
de la isla paradisiaca, la visión de los pueblos
pre-tecnológicos bajo una luz positiva y su
anhelo de un nuevo nacimiento. Al presentar al ser
humano solo frente a la naturaleza, tiene un carácter
eminentemente estadounidense. El escritor y
político francés Alexis de Tocqueville había augurado
en 1835, en su obra Democracy in America, que
ese tema surgiría en los Estados Unidos como
resultado de su democracia:
El destino de la humanidad, el hombre mismo
separado de su país y de su época para comparecer
ante la presencia de la naturaleza y de
Dios, arrastrado por todas sus pasiones, sus
dudas, sus más extrañas inclinaciones y su
inconcebible desventura, llegará a ser el tema
principal, o quizá el único, de la poesía [estadounidense].
Tocqueville pensó que, en una democracia, la literatura
se tendría que enfocar en “las ocultas
profundidades de la naturaleza inmaterial
del hombre”, y no en la mera
apariencia o en diferencias superficiales,
como las de clase y categoría
social. En esta descripción encajan
sin duda Moby Dick y Typee, lo mismo
que Adventures of Huckleberry Finn y
Walden. Cada una de esas obras es
una exaltación de la naturaleza y una
subversión pastoril contra la civilización
urbana, basada en las clases
sociales.
Edgar Allan Poe (1809-1849)
El autor sureño Edgar Allan Poe
comparte con Melville una sombría
visión metafísica, mezclada con elementos
de realismo, parodia y sentido
burlesco. Él refinó el género de la
historia corta e inventó la ficción
detectivesca. Muchos de sus relatos
prefiguran los géneros de la ficción
científica, el terror y la fantasía, que
hoy son tan populares.
En su breve y trágica vida, Poe fue
fustigado por la inseguridad. Como
muchos otros poetas estadounidenses
importantes del siglo XIX, quedó
huérfano a muy tierna edad. El
extraño matrimonio de Poe con su
prima hermana Virginia Clemm en
1835, quien aún no cumplía 14 años,
se ha interpretado como un intento
de hallar la vida familiar estable que a
él le faltaba.
Poe estaba convencido de que
lo extraño es un ingrediente
esencial de la belleza, y sus textos
suelen ser exóticos. Sus relatos y
poemas están habitados por aristócratas
trágicos e introspectivos (igual
que muchos otros sureños, Poe acariciaba
un ideal aristocrático). Al
parecer, esos siniestros personajes
nunca trabajan o socializan; se encierran
voluntariamente en castillos
sombríos y ruinosos, decorados simbólicamente
con alfombras y cortinajes
extravagantes que ocultan el
mundo real de la luz del Sol, las ventanas,
los muros y los pisos. Sus
cámaras secretas revelan arcaicas
bibliotecas, extrañas obras de arte y
objetos orientales de gusto ecléctico.
Los aristócratas tocan instrumentos
musicales o leen viejos
libros, mientras se solazan en su
tragedia, que a menudo empezó con
la muerte de un ser amado. En
muchas obras de Poe, como “The
Premature Burial” (“El entierro
prematuro”), “Ligeia”, “The Cask of
Amontillado” (“El tonel de amontillado”)
y “The Fall of the House of
Usher” (“La caída de la casa de
Usher”), se aborda el tema de la
muerte en vida, pues los personajes
son enterrados vivos o regresan de
la tumba como vampiros. El reino
crepuscular de Poe entre la vida y la
muerte, y sus ambientes góticos y
estridentes no son simples ornatos:
reflejan el interior de la mente perturbada
de sus personajes, sumamente
civilizados, pero mortuorios.
Son expresiones simbólicas del inconsciente
y, como tales, son parte
esencial de su arte.
Los versos de Poe, como los de
muchos otros poetas del Sur de los
Estados Unidos, son muy musicales
y su métrica es estricta. “The
Raven” (“El cuervo”) de 1845 es su
poema más conocido, tanto hoy
como en su propia época. En ese
aterrador poema, el insomne y
obsesionado narrador, que sólo lee
y llora su duelo por la muerte de su
“perdida Leonora”, es visitado a
medianoche por un cuervo (un ave
que come carne muerta y, por ende,
es símbolo de la muerte) que se
posa en el dintel de su puerta y
repite con acento ominoso el célebre
estribillo de toda la obra: “nunca
más”. El poema termina en una escena congelada
de la muerte en vida:
Y el Cuervo no alza el vuelo;
sigue posado,
inmóvil en su empeño,
sobre el pálido busto de Palas,
en la puerta de mi estudio, tenaz.
Sus ojos tienen la clara
apariencia
de un demonio que entretiene un sueño.
La lámpara que pende sobre el ave
dibuja trémula en el piso
su sombra falaz;
Y sé que mi alma,
de esa sombra
que sobre el suelo flota procaz,
Ya no podrá librarse ¡nunca más!
Se ha dicho que los relatos de Poe —como el
antes citado— son cuentos de terror. Sus narraciones
como “The Gold Bug” (“El escarabajo de
oro”) y “The Purloined Letter” (“La carta robada”)
son más bien obras de raciocinio o reflexión. Sus
cuentos de terror prefiguran los relatos de otros
autores estadounidenses de fantasías terroríficas,
como H.P. Lovecraft y Stephen King, mientras que
sus cuentos basados en el raciocinio fueron heraldos
de las novelas detectivescas de Dashiell
Hammett, Raymond Chandler, Ross Macdonald y
John D. MacDonald. En ellos se insinúa también lo
que más tarde sería la ficción científica. En todos
estos cuentos se revela la fascinación que Poe sentía
por la mente humana y por el conocimiento
científico, tan perturbador, que estaba secularizando
radicalmente la visión del mundo en el siglo XIX.
Poe explora el psiquismo en todos los géneros
que aborda. Su profundo sentido psicológico
campea en cada uno de sus relatos. “¿Quién no se
ha sorprendido a sí mismo cien veces cometiendo
un acto vil o torpe tan sólo porque sabe que no lo
debe hacer?”, nos dice en “The Black Cat” (“El
gato negro”). Para explorar el lado exótico y
extraño de los procesos de la mente, Poe caló muy
hondo en sus descripciones de la locura y la emoción
extrema. El estilo penosamente deliberado y
las complejas explicaciones que acompañan a sus
relatos acentúan el sentimiento de lo horripilante,
al hacer que los hechos nos parezcan vívidos y
verosímiles.
La mezcla de decadencia y primitivismo romántico
que se percibe en Poe ejerció un enorme atractivo
en los europeos, sobre todo en los poetas
franceses Stéphane Mallarmé, Charles Baudelaire,
Paul Valéry y Arthur Rimbaud. Poe no deja de ser
un autor estadounidense típico, a pesar de su aristocrático
disgusto hacia la democracia y su preferencia
por lo exótico y por el tema de la deshumanización.
En realidad sucede lo contrario: Poe
es casi un ejemplo de libro de texto de los augurios
de Tocqueville cuando dijo que la democracia
norteamericana engendraría obras que mostrarían
al desnudo los aspectos más ocultos y profundos
de la mente. Tal parece que la ansiedad intensa y la
inseguridad emocional se manifestaron en este
país antes que en Europa, pues los europeos tenían
al menos una estructura social firme y compleja
que les daba cierta seguridad psicológica. En
los Estados Unidos no había esa seguridad compensatoria,
pues cada hombre estaba abandonado
a sus propias fuerzas. Poe describió con precisión
la otra cara del sueño americano de hombres forjados
por sí mismos y mostró que el precio del
materialismo y el excesivo afán de competencia
son la soledad, la alienación y la imagen misma de
la muerte en vida.
La “decadencia” que explora Poe refleja también
la devaluación de los símbolos en el siglo XIX,
es decir, la tendencia a mezclar con promiscuidad
objetos de arte traídos de muchos lugares y
épocas, lo cual los despoja de identidad y los
reduce a simples artículos decorativos y piezas de
colección. El caos de estilos resultante fue especialmente
notable en los Estados Unidos, donde a
menudo no existía un estilo tradicional propio.
Este embrollo reflejó la falta de sistemas de pensamiento
coherentes, pues la inmigración, la
urbanización y la industrialización desarraigaron a
las familias y las costumbres tradicionales. En el
arte, esta confusión de símbolos dio pábulo a lo
grotesco, que Poe usó explícitamente como tema
de su clásica colección de relatos titulada Tales of
the Grotesque and Arabesque (Cuentos de lo
grotesco y lo arabesco, 1840).
Elizabeth Cady Stanton (1815-1902), abolicionista
y activista de los derechos de la mujer, vivió un
tiempo en Boston e hizo amistad con Lydia Child.
Con Lucretia Mott, organizó la Convención de
Seneca Falls sobre los Derechos de la Mujer en
1848; además, redactó la Declaración de Sentimientos
del evento. Su “Declaración de Independencia
de las Mujeres” comienza así: “El hombre y
la mujer han sido creados iguales” e incluye una
resolución para dar el derecho de voto a la mujer.
Con Susan B. Anthony, Elizabeth Cady Stanton realizó
campañas a favor del voto femenino en las
décadas de 1860 y 1870, formó la Liga Nacional de
Lealtad de las Mujeres contra la esclavitud, y la
Asociación Nacional pro Sufragio Femenino, y participó
en la dirección del semanario Revolution.
Presidenta de la Asociación pro Sufragio Femenino
durante 21 años, encabezó la lucha por los derechos
de la mujer. Dictó conferencias públicas en
varios estados, en parte para costear la educación
de sus siete hijos.
Después de la muerte de su esposo, Cady
Stanton profundizó su análisis de la desigualdad
entre los sexos. Su libro The Woman’s Bible (La
Biblia de la mujer, 1895) señala un prejuicio antifemenino
hondamente arraigado en la tradición
judeo-cristiana. Dictó conferencias sobre temas
tales como el divorcio, los derechos de la mujer, y
la religión, hasta su muerte a la edad de 86 años,
poco después de escribir una carta de apoyo al voto
femenino dirigida al presidente Theodore
Roosevelt. Sus numerosas obras —al principio
bajo un seudónimo, pero después con su verdadero
nombre— incluyen tres volúmenes de
History of Woman Suffrage (Historia del sufragio
de la mujer, 1881-1886), de los que fue coautora, y
una autobiografía franca y humorística.
Harriet Beecher Stowe (1811-1896)
La novela de Harriet Beecher
Stowe Uncle Tom’s Cabin; or, Life
Among the Lowly (La cabaña del tío
Tom o la vida entre los de abajo) fue
el libro más popular de los Estados
Unidos en el siglo XIX. Publicada inicialmente
como serie en la revista
National Era (1851-1852), tuvo un
éxito inmediato. Tan sólo en Inglaterra
la publicaron 40 editoriales
y pronto fue traducida a 20 idiomas,
llegando a recibir elogios de autores
de la talla de Georges Sand en
Francia, Heinrich Heine en Alemania
e Ivan Turgenev en Rusia. Su apasionada
exhortación a la abolición
de la esclavitud en los Estados
Unidos encendió el debate que condujo
a la Guerra Civil (1861-1865) en
el país, en menos de un decenio.
Las causas del éxito del Uncle
Tom’s Cabin son obvias. En esa obra
se expuso la idea de que la esclavitud
en los Estados Unidos, el país
considerado supuestamente como
la encarnación de la democracia y la
igualdad para todos, era una injusticia
de proporciones colosales.
La propia Stowe era una representante
perfecta de la
vieja estirpe puritana de Nueva
Inglaterra. Tanto su padre como
su hermano y su esposo eran clérigos
y reformadores protestantes
muy conocidos y eruditos. Ella concibió
la idea de la novela cuando
participaba en un servicio religioso
en el templo, donde tuvo la visión de
un viejo esclavo andrajoso que era
apaleado. Más tarde dijo que la novela
había sido inspirada y “escrita
por Dios”. El motivo que la impulsó
fue la pasión religiosa de reformar la
vida para hacerla más grata a Dios. El
periodo romántico fue el preludio
de una era del sentimiento en la cual
las virtudes de la familia y el amor
reinaban sobre todo lo demás. La
novela de Stowe impugnó a la esclavitud
porque ésta viola los valores
familiares.
El esclavo protagonista de la obra,
el tío Tom, es un auténtico mártir
cristiano que se esfuerza por convertir
a su bondadoso amo, St. Clare;
ora por su alma cuando él muere; y
es asesinado al tratar de defender a
unas mujeres esclavas. La esclavitud
se describe como una institución
maligna, no por motivos políticos o
filosóficos, sino sobre todo porque
divide a las familias, destruye el
amor paterno normal y es anticristiana
en su esencia misma. En las
escenas más conmovedoras se expone
el caso de una madre esclava
agonizante, esforzándose en vano
por atender a su pequeño hijo que
llora inconsolable, y el de un padre
que es vendido y separado de su
familia. Esos eran crímenes contra
la santidad del amor familiar.
La intención original de Stowe en
su novela no era lanzar una invectiva
contra el Sur; de hecho, ella visitó
esa región, le agradaban los sureños
y siempre hablaba de ellos en términos
amables. Los personajes del Sur
dueños de esclavos son buenos
amos y tratan bien a Tom. El amo St.
Clare detesta la esclavitud y se propone
liberar a todos sus esclavos.
En cambio el amo malvado, Simon
Legree, es un villano y viene del
Norte. Es irónico, pero la intención
de la novela era reconciliar al Norte y
el Sur, que desde hacía 10 años se
encaminaban a la Guerra Civil. Sin
embargo, el libro fue utilizado a la
postre por quienes querían abolir la
esclavitud, y por otras personas,
como una invectiva contra el Sur.
Frederick Douglass (1817-1895)
El más famoso de los líderes y oradores antiesclavistas
negros estadounidenses de esa época
fue Frederick Douglass, quien nació bajo el yugo de
la esclavitud en una finca agrícola de Maryland. Para
su fortuna, fue enviado en la juventud a la relativamente
liberal ciudad de Baltimore y allí aprendió a
leer y escribir. Después de huir a Massachusetts en
1838, a la edad de 21 años, recibió la ayuda del editor
abolicionista William Lloyd Garrison y empezó a
dictar conferencias en asociaciones antiesclavistas.
En 1845 publicó su obra Narrative of the Life of
Frederick Douglass, An American Slave (Narración
de la vida de Frederick Douglass, un esclavo estadounidense.
Segunda versión 1855, revisada en
1892), que es la mejor y la más popular de las
muchas “narraciones de esclavos”. Dictadas a menudo
por negros analfabetas a abolicionistas blancos
que las usaban como propaganda, las “narraciones
de esclavos” fueron muy conocidas en los
años que precedieron a la Guerra Civil. El relato de
Douglass es vívido y muy erudito; aporta
conocimientos únicos sobre la mentalidad de la
esclavitud y la agonía que ésta implicaba para los
negros.
Las narraciones de esclavos fueron el primer
género de prosa literaria negra en los Estados
Unidos. Ayudó a los negros en la difícil tarea de
establecer su identidad afro-estadounidense en la
Norteamérica blanca, y siguió ejerciendo su importante
influencia sobre la técnica y los temas de la
novelística negra en todo el siglo XX. La búsqueda
de identidad, la indignación provocada por la discriminación,
y la sensación de vivir una existencia
clandestina e invisible, asediado y no reconocido
por la mayoría blanca, volvieron a surgir en forma
intermitente en las obras de autores negros estadounidenses
del siglo XX, como Richard Wright,
James Baldwin, Ralph Ellison y Toni Morrison.