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Capítulo 1:
Los albores de Norteamérica y el periodo colonial hasta 1776
Capítulo 2:
El origen democrático y los escritores revolucionarios, 1776-1820
Capítulo 3:
El periodo romántico, 1820-1860: Ensayistas y poetas
Capítulo 4:
El periodo romántico, 1820-1860: Ficción
Capítulo 5:
El ascenso del realismo: 1860-1914
Capítulo 6:
El Modernismo y la experimentación: 1914-1945
Capítulo 7:
Poesía estadounidense, 1945-1990: La antitradición
Capítulo 8:
Prosa estadounidense, 1945-1990: Realismo y experimentación
Capítulo 9:
Poesía contemporánea de Estados Unidos
Capítulo 10:
Literatura contemporánea de Estados Unidos
Glosario
Bibliografía (en inglés)
Derechos de autor
PUBLICACIÓN RELACIONADA
La literatura de EE.UU. en síntesis
 
(Publicado en diciembre de 2006)

El Modernismo y la experimentación: 1914-1945

Secciones y autores:
El modernismo

La poesía de 1914 a 1945: experimentos con la forma
   Ezra Pound
   T.S. Eliot
   Robert Frost
   Wallace Stevens
   William Carlos Williams

El periodo de entreguerras
   Robinson Jeffers
   Edward Estlin Cummings
   Hart Crane
   Marianne Moore
   Langston Hughes

Obras en prosa: el realismo
   F. Scott Fitzgerald
   Ernest Hemingway
   William Faulkner
Las novelas de la conciencia social
   Sinclair Lewis
   John Dos Passos
   John Steinbeck

El renacimiento de Harlem
   Jean Toomer
   Richard Wright
   Zora Neale Hurston

Las corrientes literarias

El teatro de los Estados Unidos en el siglo XX
   Eugene O'Neill
   Thornton Wilder
   Clifford Odets
T.S. Eliot
T.S. Eliot (Foto, por cortesía de Acme Photos)
Robert Frost
Robert Frost (© AP Images)
Wallace Stevens
Wallace Stevens (© AP Images)
Langston Hughes
Langston Hughes (Foto, por cortesía de Knopf, Inc.)
F. Scott Fitzgerald
F. Scott Fitzgerald (Foto, por cortesía de Culver Pictures, Inc.)
Ernest Hemingway
Ernest Hemingway (Foto, por cortesía de Pix Publishing, Inc.)
William Faulkner
William Faulkner (© AP Images)
Sinclair Lewis
Sinclair Lewis (Foto, por cortesía de Pix Publishing, Inc.)
John Steinbeck
John Steinbeck (Foto, por cortesía de Pinney & Beecher)
Richard Wright
Richard Wright (Foto, por cortesía de Howard University)
Zora Neale Hurston
Zora Neale Hurston (Foto, © Carl Van Vechten, por cortesía de Yale University)
Eugene O’Neill
Eugene O’Neill (© AP Images)

Muchos historiadores han definido el periodo comprendido entre las dos grandes guerras mundiales como la fase traumática en que los Estados Unidos llegaron a la “mayoría de edad”, aun cuando la participación directa de ese país en la contienda fue relativamente efímera (1917-1918) y su número de bajas fue muy inferior al que sufrieron sus aliados y enemigos europeos. John Dos Passos expresó la desilusión de los EUA en la postguerra, en la novela Three Soldiers (Los tres soldados, 1921), cuando dijo que la civilización es un “vasto edificio hecho de simulación y que la guerra, lejos de derrumbarla, es su expresión más plena y definitiva”. Impactados y transformados para siempre, los estadounidenses volvieron a su patria, pero ya nunca pudieron recobrar su inocencia.

Además, los soldados nacidos en las zonas rurales del país no pudieron retornar con facilidad a sus raíces. Después de haber visto el mundo, muchos empezaron a aspirar a una vida más moderna y urbana. Las nuevas máquinas para la agricultura, como las sembradoras, las trilladoras y las cosechadoras, habían reducido en forma drástica la demanda de mano de obra en el campo; sin embargo, a pesar de su mayor productividad, los granjeros eran pobres. Lo mismo que el salario de los trabajadores urbanos, el precio de las cosechas dependía de las fuerzas del mercado, libres de control y fuertemente influidas por los intereses comerciales: en esa época no se instituían aún ni subsidios del gobierno para los agricultores ni sindicatos efectivos. “El principal negocio del pueblo de los Estados Unidos son los negocios”, proclamó el presidente Calvin Coolidge en 1925, y la mayoría le dio la razón.

En el “Gran Auge” de la posguerra florecieron los negocios, y los empresarios de éxito prosperaron más allá de sus más ambiciosos sueños. Por primera vez, muchos estadounidenses tuvieron acceso a la educación superior (en la década de 1920 se duplicó el estudiantado de las escuelas superiores). La clase media prosperó; en esa época los ciudadanos empezaron a gozar del ingreso promedio nacional más alto del mundo y muchos compraron el símbolo definitivo del prestigio social: un automóvil. En los Estados Unidos, el hogar urbano término medio se iluminó con la luz eléctrica y la familia típica compró un receptor de radio, conectándose así con el mundo exterior, y tal vez también un teléfono, una cámara fotográfica y una máquina de escribir o de coser. A semejanza del empresario protagonista de la novela Babbitt (1922) de Sinclair Lewis, el estadounidense término medio aceptó esas máquinas porque eran modernas y porque en su mayoría habían sido inventadas y fabricadas en su país.

Los estadounidenses de “los bulliciosos veintes” se enamoraron también de otras diversiones modernas. La mayoría solía ir al cine una vez a la semana. A pesar de la Prohibición o “Ley Seca” —que proscribió en todo el país la producción, transporte y venta de alcohol, con base en la 18ª Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos— impuesta en 1919, proliferaron los salones y clubes nocturnos clandestinos donde abundaban el jazz, los cócteles y la audacia en los bailes y el modo de vestir. Se desató una auténtica locura nacional por el baile, el cine, los paseos en auto y la radio. Las mujeres, en especial, se sintieron liberadas. Durante la Primera Guerra Mundial, muchas tuvieron que dejar sus granjas y pequeños poblados para ir a las grandes ciudades, a cumplir con su deber bélico, y llegaron a ser resueltamente modernas. Se cortaron el cabello (las “bobbers” o “pelonas”), usaron falda corta (las “flappers”) y ejercieron con orgullo el derecho de voto, garantizado por la 19ª Enmienda a la Constitución en 1920. Ellas expresaron con osadía sus ideas y asumieron funciones públicas en la sociedad.

Los jóvenes occidentales se rebelaron con ira y desilusión por la crueldad de la guerra, de la cual culpaban a la generación anterior, y por las difíciles condiciones económicas de la posguerra. Sin embargo, irónicamente, gracias a eso los estadounidenses que tenían dinero —como los escritores F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Gertrude Stein y Ezra Pound— pudieron vivir lujosamente en el extranjero con muy pocos dólares. Las corrientes intelectuales, sobre todo la psicología de Freud y en menor grado el marxismo (como la teoría de la evolución de Darwin algún tiempo antes), plantearon la visión de un mundo “sin Dios” y contribuyeron a la disolución de los valores tradicionales. Los estadounidenses que vivían en el extranjero asimilaron esas opiniones y las llevaron consigo a su regreso a los Estados Unidos, donde esas ideas echaron raíces y encendieron la imaginación de escritores y artistas jóvenes. Por ejemplo William Faulkner, el novelista norteamericano del siglo XX, empleó elementos freudianos en todas sus obras, igual que casi todos los escritores serios de ficción de los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial.

A pesar de la alegría exterior, la modernidad y una prosperidad material sin paralelo, los jóvenes estadounidenses de los años 20 fueron “la generación perdida”, como los llamó la retratista literaria Gertrude Stein. Sin una estructura de valores tradicional y estable, el individuo perdió el sentido de identidad. La seguridad y el apoyo de la vida familiar; la comunidad conocida y establecida; los ritmos naturales y eternos de la siembra y la cosecha en la granja; la sensación de firmeza del patriotismo y los valores morales inculcados por las creencias y prácticas religiosas... todo eso pareció debilitarse por la Primera Guerra Mundial y su secuela.

Muchas novelas, sobre todo The Sun Also Rises (El sol también sale, 1926) de Hemingway y This Side of Paradise (A este lado del paraíso, 1920) de Fitzgerald, captan la extravagancia y la desilusión de la generación perdida. En el largo e importante poema de T.S. Eliot, The Waste Land (La tierra desolada, 1922), la civilización occidental está simbolizada como un yermo desierto que necesita desesperadamente un poco de lluvia (la renovación espiritual).

La Depresión mundial de los años 30 afectó a casi toda la población de los Estados Unidos. Los trabajadores perdieron sus empleos y las fábricas cerraron sus puertas; empresas y bancos quebraron; los agricultores, ante la imposibilidad de cosechar, transportar o vender productos, no pudieron pagar las deudas y perdieron sus tierras. Por la sequía, el Medio Oeste dejó de ser la “cesta de pan” del país y se convirtió en un bolsón de polvo. Muchos granjeros del Medio Oeste emigraron a California en busca de empleo, como lo describe vívidamente John Steinbeck en The Grapes of Wrath (Las viñas de la ira, 1939). En la peor fase de la Depresión, un tercio de la población estadounidense había perdido su empleo. Los dispensarios que servían comida gratis, los barrios miserables y las turbas de polizones —desempleados que viajaban ilegalmente en trenes de carga— eran parte integral de la vida nacional. Muchos vieron a la Depresión como un castigo por los pecados del materialismo excesivo y la vida disipada. Pensaban que las tormentas de polvo que ensombrecían el cielo del Medio Oeste eran el cumplimiento de esta sentencia del Antiguo Testamento: el “remolino bajo el sol y las tinieblas a mediodía”."

La Depresión puso al mundo de cabeza. A pesar de que los Estados Unidos habían predicado el evangelio de la libre empresa en los años 20, ahora gran parte de la población instaba al gobierno a adoptar un papel más activo y apoyaba los programas del Nuevo Trato del presidente Franklin D. Roosevelt. Con fondos federales se crearon empleos en obras públicas, en proyectos de conservación y en la electrificación rural. A artistas e intelectuales se les pagaba por pintar murales y elaborar manuales prácticos para el estado. Eso fue un buen paliativo, pero sólo la intensa actividad industrial de la Segunda Guerra Mundial logró renovar la prosperidad. Después del ataque de Japón contra los Estados Unidos en Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, astilleros y fábricas que estaban en desuso volvieron a la vida activa para la fabricación en masa de buques, aviones, jeeps y pertrechos. La producción y la experimentación para la guerra dieron lugar a nuevas tecnologías, entre ellas la bomba nuclear. Al ver la primera explosión nuclear experimental, Robert Oppenheimer, director de un grupo internacional de científicos de la especialidad, citó en tono profético un poema hindú: “Me he convertido en la muerte, la aniquiladora de mundos”.

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EL MODERNISMO

La gran oleada cultural del modernismo, que surgió poco a poco en Europa y los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, expresó la sensación de la vida moderna, por medio del arte, como una brusca ruptura con el pasado y con las tradiciones clásicas de la civilización occidental. La vida moderna parecía radicalmente distinta de la vida tradicional, pues era más científica, más veloz, más tecnológica y más mecanizada. El modernismo reflejó esos cambios.

En literatura, Gertrude Stein (1874-1946) desarrolló una corriente análoga al arte moderno en el terreno plástico. Vivió en París y era coleccionista de pintura (ella y su hermano Leo compraron obras de los artistas Paul Cézanne, Paul Gauguin, Pierre Auguste Renoir, Pablo Picasso y muchos más). En una ocasión, Stein explicó que ella y Picasso hacían lo mismo: él en la pintura y ella en las letras. Con palabras simples y concretas, que usaba como puntos de referencia, esta autora produjo una poesía en prosa de tipo experimental y abstracto. La calidad infantil del vocabulario llano que usa Stein recuerda los brillantes colores primarios del arte moderno, al tiempo que sus motivos repetitivos son un eco de las formas reiteradas de las composiciones visuales abstractas. Por medio de dislocaciones de la gramática y la puntuación, ella logra trasmitir nuevos significados “abstractos”, como se aprecia en su importante colección Tender Buttons (Los botones tiernos, 1914), en la cual observa los objetos desde distintos ángulos, como en la pintura cubista:

Una Mesa significa una Mesa, ¿no es así?
querido mío, significa algo estable por
completo.
Es probable que haya un cambio. Una mesa
significa algo más que un cristal, aun cuando
el espejo sea alto.

En la obra de Stein es muy común que el significado se subordine a la técnica, del mismo modo que el tema siempre es menos importante que la forma en el arte visual abstracto. El tema y la técnica llegaron a ser inseparables tanto en las artes pictóricas como en el arte literario de la época. Entonces cristalizó la idea de que la forma es el equivalente del contenido, que fue piedra angular de las artes plásticas y la literatura en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La innovación tecnológica en el mundo de las fábricas y las máquinas indujo a los artistas a ver la técnica con renovada atención. Citemos un ejemplo: la luz, en especial el alumbrado eléctrico, fascinó a los artistas y escritores modernos. Los carteles y anuncios de la época están llenos de imágenes de rascacielos iluminados, y los rayos de luz que salen de faros de coches, salas de cine y torres de vigilancia iluminan un ámbito exterior, oscuro y prohibido, que alude a la ignorancia y la tradición de antaño.

Aliada a los adelantos científicos más recientes, la fotografía empezó a adquirir el prestigio de las bellas artes. El fotógrafo Alfred Stieglitz abrió un estudio y galería en la ciudad de Nueva York, y desde 1908 expuso las obras más recientes de artistas europeos, incluso de Picasso y otros amigos de Gertrude Stein en el Viejo Continente. El salón de Stieglitz influyó en muchos artistas y escritores, como William Carlos Williams, quien fue uno de los poetas más importantes del siglo XX en los Estados Unidos. Williams cultivó imágenes claras de tipo fotográfico; su credo estético era “no enfocar las ideas, sino las cosas”.

Así mismo, la visión y el punto de vista personal llegó a ser un aspecto esencial de la novela modernista. Ya no bastaba escribir un relato directo en tercera persona o (peor aún) incluir un narrador importuno y gratuito. El modo de contar la historia se volvió tan importante como la historia misma.

En sus obras de ficción, Henry James, William Faulkner y muchos otros escritores estadounidenses hicieron experimentos con puntos de vista ficticios (algunos todavía lo hacen). A menudo James restringe la información, en sus novelas, sólo a lo que uno de los personajes habría podido saber. En la novela de Faulkner, The Sound and the Fury (El sonido y la furia, 1929), la narración se divide en cuatro secciones, cada una de las cuales presenta el punto de vista de un personaje diferente (uno de ellos es un muchacho idiota).

En los Estados Unidos surgió la escuela de la “Nueva Crítica”, que acuñó un nuevo léxico para analizar esas formas modernas de la novela y la poesía. Los nuevos críticos fueron en pos de la “epifanía” (el momento en que un personaje descubre la verdad trascendental de una situación, según el término teológico que alude a la aparición de un santo ante un mortal); ellos “examinaban” y “aclaraban” cada obra, con la esperanza de “arrojar luz” sobre ella mediante su “visión profunda”.

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LA POESÍA DE 1914 A 1945: EXPERIMENTOS CON LA FORMA

Ezra Pound (1885-1972)

Ezra Pound fue uno de los poetas estadounidenses más importantes de este siglo. Vivió en Londres de 1908 a 1920 y allí convivió con muchos escritores, entre ellos William Butler Yeats, de quien fue secretario, y T.S. Eliot, cuya obra Waste Land (Tierra baldía) él revisó y mejoró en forma drástica. Pound fue un enlace entre los Estados Unidos e Inglaterra, como colaborador editorial de la importante revista Poetry de Chicago, que dirigía Harriet Monroe, y encabezó la nueva escuela de poesía conocida como el imaginismo, que preconizaba una expresión clara y de tipo muy visual. Después del imaginismo, defendió varios enfoques poéticos y por último se mudó a Italia, donde cayó en las redes del fascismo.

Pound promovió el imaginismo en cartas, ensayos y una antología. En una carta dirigida a Monroe en 1915, aboga por una poesía visual con voz moderna, que evite “los estereotipos y las frases hechas”. En “A Few Don’ts of an Imagiste” (“Algunas cosas que no debe hacer un imaginista”, 1913), definió “imagen” como “la representación de una compleja entidad intelectual y emocional en un instante del tiempo”. En su antología de 10 poetas Des Imagistes (Los imaginistas, 1914), ofrece ejemplos de poesía imaginista de excelentes autores, entre ellos William Carlos Williams, H.D. (Hilda Doolittle) y Amy Lowell.

Los intereses y lecturas de Pound eran de alcance universal. Sus adaptaciones y traducciones, brillantes aunque a veces no muy fieles, pusieron al alcance de los escritores modernos nuevas posibilidades literarias tomadas de muchas culturas. La obra de toda su vida se plasmó en The Cantos (Los cantos), que escribió y publicó por etapas hasta su muerte. En esos trabajos hay pasajes brillantes, pero sus alusiones a obras literarias y artísticas de muchas épocas y culturas hacen que su lectura sea difícil. Los rasgos más conocidos de su poesía son las imágenes visuales claras, los ritmos frescos y las líneas musculosas, inteligentes e insólitas, como se aprecia en el Canto LXXXI: “La hormiga es un centauro en su mundo de dragones”; o en sus poemas inspirados en el haikú japonés, como “In a Station of the Metro” (“En una Estación del Metro”, 1916):

Aparecen rostros en la multitud;
Pétalos sobre un negro y
   húmedo ramaje.
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T.S. Eliot (1888-1965)

Thomas Stearns Eliot nació en St. Louis, Missouri, en una familia acomodada que se arraigó en el nordeste de los Estados Unidos. Recibió una educación más depurada que ningún otro escritor estadounidense importante de su generación, en Harvard, en la Sorbona y en la Escuela Superior Merton de la Universidad Oxford. Estudió sánscrito y filosofía oriental, lo cual influyó en su poesía. Como su amigo Pound, viajó a Inglaterra a edad temprana y llegó a ser una figura eminente del mundo literario de ese país. Eliot fue uno de los poetas más respetados de su época, y su poesía modernista e iconoclasta, que a primera vista parece ilógica o abstracta, tuvo un impacto revolucionario. También fue autor de ensayos y obras teatrales de gran envergadura y defendió la importancia de la tradición literaria y social para el poeta moderno.

Lo que más se recuerda del trabajo de Eliot como crítico es su definición del “correlativo objetivo”, que describió en The Sacred Wood (El bosque sagrado) como la expresión de emociones a través de “una serie de objetos, una situación o una cadena de eventos”, que llega a ser la “fórmula” de esa emoción particular. Algunos de sus poemas, como “The Love Song of J. Alfred Prufrock” (“La canción de amor de J. Alfred Prufrock”, 1915), son ejemplos de ese método, como cuando el viejo e inútil Prufrock medita que él mismo “ha dosificado su vida en pequeñas cucharadas de café”, siendo estas últimas el reflejo de una existencia monótona y una vida desperdiciada.

La célebre primera estrofa de “Prufrock” de Eliot invita al lector a penetrar en abigarrados callejones que, como la vida moderna, no responden a las interrogantes de la existencia:

Vayamos pues tú y yo,
Cuando la tarde se extiende y
   cubre el cielo
Como un paciente anestesiado en
   la mesa quirúrgica;
Vayamos pues a deambular por
   calles medio desiertas,
El bullicio se bate en retirada
De noches inquietas en hoteles
   baratos de una noche
Y restaurantes cubiertos de
   serrín y conchas de ostras:
Calles que se alargan como una
   discusión tediosa
De aviesas intenciones
Y te conducen a una pregunta
   abrumadora...
¡Oh, no preguntes “¿qué es?”
Vayamos pues a hacer nuestra
   visita.

El mismo tipo de imágenes campea en The Waste Land (La tierra baldía, 1922), que es como un eco del infierno de Dante, al evocar las atestadas calles de Londres en tiempos de la Primera Guerra Mundial:

Ciudad irreal,
Bajo la niebla parda de una
   alborada de invierno,
Una multitud se apiñó sobre el
Puente de Londres, y eran tantos
Nunca imaginé que la muerte
   hubiera abatido a tantos... (I, 60-63)

La visión de The Waste Land es, en definitiva, apocalíptica y universal:

Grietas y reformas y estallidos
   en el aire violáceo
Torres que caen
Jerusalén, Atenas, Alejandría
Viena, Londres,
Todo irreal (V, 373-377)

Entre los demás poemas importantes de Eliot figuran “Gerontion” (1920), que presenta a un anciano como símbolo de la decrepitud de la sociedad occidental; “The Hollow Men” (“Los hombres huecos”, 1925), un conmovedor canto fúnebre a la muerte del espíritu de la humanidad contemporánea; Ash Wednesday (Miércoles de ceniza, 1930), donde dirige la mirada explícitamente a la Iglesia de Inglaterra, en busca del significado de la vida humana; y Four Quartets (Cuatro cuartetos, 1943), una meditación experimental, compleja y muy subjetiva, sobre temas trascendentales como el tiempo, la naturaleza del yo y la lucidez espiritual. Su poesía, sobre todo las audaces e innovadoras obras de la primera época, ha influido en varias generaciones.

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Robert Frost (1874-1963)

Robert Lee Frost nació en California, pero vivió en una granja del nordeste de los Estados Unidos hasta la edad de 10 años. Igual que Eliot y Pound, fue a Inglaterra atraído por los nuevos movimientos de la poesía. Era carismático en sus lecturas de poesía y ganó renombre durante sus giras. Leyó una obra original suya en la toma de posesión del presidente John F. Kennedy, en 1961, lo cual ayudó a difundir el interés por la poesía en todo el país. Su popularidad es fácil de explicar, pues escribió sobre la vida tradicional en la granja y apeló a la nostalgia por las costumbres de antaño. Sus temas son universales: la recolección de manzanas, muros de piedra, cercas y caminos vecinales. La aproximación de Frost es lúcida y accesible: rara vez emplea alusiones o elipsis pedantes. Su uso frecuente de la rima atrajo también al público en general.

La obra de Frost tiene a menudo una engañosa simplicidad. Muchos de sus poemas sugieren un significado más profundo. Por ejemplo, la descripción de una tranquila noche nevada en un esquema de rima casi hipnótico puede sugerir la llegada no del todo indeseable de la muerte. Esto es parte del poema “Stopping By Woods on a Snowy Evening” (”Un alto en el bosque en una noche nevada”, 1923):

De quién son estos bosques, lo
   sé bien.
Su casa está en la aldea, también
   lo sé;
No verá que me detengo como
   antaño
A ver sus bosques nevados otra
   vez.
 
Mi caballito pensará que es
   extraño
Detenernos aquí donde no hay
   granja o rebaño.
Entre el bosque y un lago helado
   me coloco
En ésta que es la noche más
   oscura del año.
 
Sus cascabeles hace sonar un
   poco
Como para decirme que tal vez
   me equivoco.
Además de ese ruido, sólo se
   escucha aquí
El soplo del viento y el eco de
   algún copo.
 
El bosque es fresco, sombreado,
   hondo y sin fin,
Pero tengo todavía promesas que
   cumplir,
Y millas que recorrer antes de
   dormir,
AY millas que recorrer antes de
   dormir.
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Wallace Stevens (1879-1955)

Nacido en Pennsylvania, Wallace Stevens estudió en la Escuela Superior de Harvard y en la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York. Ejerció la abogacía en la ciudad de Nueva York entre 1904 y 1916, una época de intensa actividad artística y poética en la urbe. Se mudó a Hartford, Connecticut, y fue nombrado ejecutivo de una compañía de seguros en 1916, pero siguió escribiendo poesía. Su vida es notable por la separación que mantuvo entre sus actividades: sus socios en la compañía de seguros no sabían que era un gran poeta. En privado, toda su vida siguió desarrollando ideas de la mayor complejidad en torno de la estética, en libros con títulos tan apropiados como su Harmonium (Armonio, edición aumentada en 1931), Ideas of Order (ideas de orden, 1935) y Parts of a World (Las partes de un mundo, 1942). Algunos de sus poemas más conocidos son "Sunday Morning" ("Domingo por la mañana"), "Peter Quince at the Clavier" ("Peter Quince al clavecín"), "The Emperor of Ice-Cream" ("El emperador del mantecado"), "Thirteen Ways of Looking at a Blackbird" ("Trece modos de mirar a un mirlo") y "The Idea of Order at Key West" ("La idea de orden en Cayo Hueso").

La poesía de Stevens gira en torno a los temas de la imaginación, la necesidad de la forma estética y la idea de que el orden en el arte se asemeja al orden de la naturaleza. Su vocabulario es rico y variado. Sabe pintar escenas de exuberancia tropical, pero también maneja las viñetas de tono seco, humorístico e irónico.

En algunos poemas aborda temas de cultura popular y en otros muestra el lado grotesco de la sociedad refinada o se eleva a las grandes alturas del intelecto. Es conocido por su exuberante juego de palabras: "Raudos, con un sonido de tambores chinos / Llegaron sus sirvientes bizantinos".

La obra de Stevens está llena de hallazgos sorprendentes. A veces se divierte a expensas del lector, como en "Disillusionment of Ten O'Clock" (“La desilusión de las diez en punto”, 1931):

Las casas están embrujadas
Con blancos camisones de dormir.
No veo ninguno verde
Ni morado con franjas amarillas,
Ni amarillo con franjas azules.
Ninguno que sea extraño,
Con adornos de encaje
Y cinturón de cuentas.
La gente no se atreve
A soñar babuinos y caracoles marinos.
Tan sólo, aquí y allá, un viejo marinero,
Ebrio y dormido sobre sus botas,
Atrapa tigres
En un celaje rojo.

A primera vista, este poema parece una queja por la falta de imaginación con que vive la gente (sólo camisones de dormir blancos y lisos), pero en realidad evoca imágenes vívidas en la mente del lector. Al final, un marino ebrio olvida la compostura y se atreve a "atrapar tigres"... por lo menos en sueños. El poema muestra que la imaginación humana —ya sea del lector o del marinero—siempre encuentra una salida para la creatividad.

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William Carlos Williams (1883-1963)

William Carlos Williams ejerció la pediatría toda su vida; atendió el nacimiento de más de 2.000 niños y escribió poemas en las hojas de su recetario. Fue condiscípulo de los poetas Ezra Pound e Hilda Doolittle, y en sus primeros poemas acusó la influencia del imaginismo. Más tarde se convirtió en impulsor del uso literario del habla coloquial; su buen oído para los ritmos naturales del inglés hablado de los Estados Unidos ayudó a liberar a la poesía del país de la métrica yámbica que había imperado en la versificación en inglés desde el Renacimiento. Su simpatía por la gente trabajadora ordinaria, los niños y los hechos de todos los días en el entorno urbano moderno, le permitió crear poesía atractiva y accesible. "The Red Wheelbarrow" ("La carretilla roja", 1923) se asemeja a una naturaleza muerta de la escuela holandesa y encuentra interés y belleza en los objetos cotidianos:

Tantas cosas dependen
de una
 
carretilla roja
que relumbra
 
por el agua
de la lluvia
 
junto a los blancos
pollos.

Williams cultivó una poesía tranquila y natural. El poema no salía de sus manos como un objeto de arte perfecto, como en el caso de Stevens, ni recreaba la anécdota con todos sus detalles —al modo de Wordsworth— como lo hacía Frost. En su caso, el propósito del poema es captar un instante del tiempo, como una foto instantánea sin pose alguna (Williams tomó este concepto de los fotógrafos y artistas plásticos que conoció en galerías, como la de Steiglitz en la ciudad de Nueva York). A semejanza de la fotografía, sus poemas insinúan a menudo posibilidades y atractivos ocultos, como se aprecia en “The Young Housewife” (“La joven ama de casa”, 1917):

A las 10 a.m. la joven ama de casa
deambula en su camisón transparente,
tras los muros recubiertos de madera
   de la casa de su esposo
Yo paso solitario en mi automóvil.
 
Luego sale de nuevo a la
   acera
para llamar al que vende hielo,
   al que vende pescado, y
se muestra tímida, desaliñada,
luchando con
los mechones de su cabello
   suelto; y la comparo
Con una hoja caída.
 
Las silenciosas ruedas de mi
coche se apresuran con un ruido
crujiente sobre las hojas secas,
mientras me inclino y paso
   sonriendo.

Él mismo calificó a su obra de "objetivista", para subrayar la importancia de los objetos visuales y concretos. Con frecuencia captó en su poesía la pauta emotiva y espontánea de la experiencia e influyó en los autores "beat" que surgirían a principios de la década de 1950.

Williams ensayó la forma épica igual que Eliot y Pound, pero a diferencia de éstos, que la llenaron de alusiones literarias dirigidas a un pequeño círculo de lectores muy eruditos, Williams escribió para un público más general. Aunque estudió en el extranjero, decidió vivir en los Estados Unidos. En su épica titulada Paterson (cinco volúmenes, 1946- 1958), exalta a su ciudad natal de Paterson, New Jersey, vista a través de los ojos de un personaje autobiográfico: el "Dr. Paterson". En ese trabajo, Williams yuxtapuso pasajes líricos, prosa, cartas, autobiografía, crónicas de periódicos y datos históricos. La abundancia de espacios en blanco, que solía dejar en su formato, sugiere la idea de los caminos abiertos a la literatura de los Estados Unidos y trasmite la sensación de que los nuevos panoramas se ofrecen también a la gente pobre que va de día de campo a un parque público los domingos. A semejanza del personaje central de Whitman en Leaves of Grass, el Dr. Paterson se desenvuelve con soltura entre los modestos trabajadores:

               - a fines de verano,
        un domingo por la tarde
 
- y va por el sendero hasta el
peñasco (contando: la prueba)
 
      él mismo en medio de otros
- que caminan por las mismas
piedras en que sus pies
resbalan durante el ascenso,
¡al ritmo que marcan sus perros!
 
riendo y gritándose unos a otros-
 
¡Espérenme!          
(II, i, 14-23)          
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EL PERIODO DE ENTREGUERRAS

Robinson Jeffers (1887-1962)

En los años transcurridos entre las grandes guerras mundiales surgieron en los Estados Unidos muchos poetas de gran talla y auténtica visión, entre quienes figuran autores de la Costa Oeste, mujeres y afro-estadounidenses. Igual que el novelista John Steinbeck, Robinson Jeffers vivió en California y escribió sobre los ganaderos españoles y los indios, sus tradiciones mezcladas entre sí, y la arrebatadora belleza del paisaje. Con una formación basada en los clásicos y muy versado en Freud, Jeffers trasplantó varios temas de la tragedia griega al agreste panorama de la costa. Es más conocido por sus narraciones trágicas, como Tamar (1924), Roan Stallion (El caballo semental ruano, 1925), The Tower Beyond Tragedy (La torre más allá de la tragedia, 1924) —recreación del Agamenón de Esquilo— y Medea (1946), donde recrea la tragedia de Eurípides.

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Edward Estlin Cummings (1894-1962)

Edward Estlin Cummings, a quien se conoce de ordinario como e.e. cummings, escribió versos atractivos y novedosos que se distinguen por su humorismo, su gracia, su exaltación del amor y el erotismo, y el uso experimental de la puntuación y el formato visual en la tipografía de la página. Cummings era pintor y fue el primer poeta norteamericano que se percató de que la poesía se había convertido en un arte eminentemente visual, no verbal; por eso usó en sus poemas muchas sangrías y espacios insólitos, y suprimió por completo el empleo de letras mayúsculas.

Como Williams, Cummings empleó también el lenguaje coloquial, de imágenes muy nítidas y vocablos tomados de la cultura popular. A semejanza de aquél, se tomó ciertas libertades creativas en materia de formato. En su poema "in Just --" ("en Sólo --", 1920), invita al lector a escribir las ideas faltantes en los espacios en blanco:

sólo En -
 
Primavera   cuando el mundo
es lodo -
meloso el chaparrín
vendedor de globos cojo
 
silba   a lo lejos   y   se ve
chiquito
 
y llega el remolino
corriendo desde los mármoles y -
piraterías y es
primavera...
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Hart Crane (1899-1932)

Este atormentado poeta joven se suicidó a la edad de 33 años, arrojándose al mar. Hart Crane nos legó poemas sorprendentes, entre ellos uno de carácter épico, The Bridge (El puente, 1930), que fue inspirado por el puente de Brooklyn. En esa obra se impuso la ambiciosa tarea de reseñar toda la experiencia cultural de los Estados Unidos y plantearla de nuevo en términos afirmativos. Su exquisito y exaltado estilo se aprecia mejor en los poemas cortos, como "Voyages" ("Viajes", 1923, 1926) y "At Melville's Tomb" ("Ante la tumba de Melville", 1926), cuyo final podría hacer las veces de un epitafio apropiado para Crane:

la monodia ya no despertará al
marinero.
A esta sombra fabulosa sólo el
mar puede guardar.
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Marianne Moore (1887-1972)

En una ocasión, Marianne Moore escribió que los poemas son "jardines imaginarios habitados por sapos de verdad". Sus poemas tienen tono de conversación, pero hay gran complejidad y sutileza en su versificación silábica, y se basan en descripciones de elevada precisión y en hechos históricos y científicos. En su papel de "poeta para poetas", influyó en artistas posteriores, como su joven amiga Elizabeth Bishop.

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Langston Hughes (1902-1967)

Langston Hughes fue uno de los muchos poetas de talento surgidos durante el Renacimiento de Harlem, en la década de 1920, entre quienes figuran James Weldon Johnson, Claude McCay, Countee Cullen y otros. Hughes adoptó los ritmos afro-americanos del jazz y fue uno de los primeros escritores negros que trataron de hacer una carrera lucrativa en la literatura. Para eso incorporó a su poesía el blues, los cantos “espirituales” negros, el habla coloquial y las costumbres de su gente.

Fue un importante organizador de la cultura, publicó muchas antologías de autores negros y fundó grupos teatrales negros, tanto en Los Angeles y Chicago como en la ciudad de Nueva York. También cultivó con eficacia el periodismo y creó al personaje Jesse B. Semple (el "Simple") para expresar sus comentarios de crítica social. En uno de sus poemas más apreciados, The Negro Speaks of Rivers (El negro habla de ríos, 1921, 1925), pasa revista a su legado africano —y universal—en un grandioso catálogo de aliento épico. El poema sugiere que, como los grandes ríos del mundo, la cultura africana perdurará y será cada día más profunda:

He conocido ríos:
He conocido ríos antiguos como
  el mundo y más viejos que el
    torrente de la sangre humana
      en las venas de los hombres.
 
Mi alma se ha vuelto profunda
   como los ríos.
 
Me bañé en el Éufrates cuando
   las alboradas eran jóvenes.
Construí mi choza junto al Congo
   y él arrulló mi sueño.
Contemplé el Nilo y erigí las
  pirámides en sus márgenes.
Oí la canción del Mississippi
   cuando Abe Lincoln
   se fue a Nueva Orleans
   y he visto su lodoso fondo
      tornarse dorado a la puesta
      del sol.
 
He conocido ríos.
Antiguos y oscuros ríos.
 
Mi alma se ha vuelto profunda
   como los ríos.
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OBRAS EN PROSA 1914-1945: EL REALISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Si bien es cierto que los autores de prosa estadounidenses experimentaron con el punto de vista y la forma en el periodo de entreguerras, sus obras fueron más realistas, en términos generales, que las de los europeos. El novelista Ernest Hemingway escribió sobre la guerra, la caza y otros afanes masculinos, en un estilo desnudo y llano; en sus vigorosas novelas del Sur, William Faulkner relató la historia de varias generaciones y culturas firmemente arraigadas en el ambiente tórrido y polvoriento de Mississippi; y Sinclair Lewis dibujó con irónica claridad la vida de la burguesía.

En las décadas de 1920 y 1930, la importancia de aceptar la realidad tal cual es llegó a ser un tema predominante. Escritores como F. Scott Fitzgerald y el dramaturgo Eugene O'Neill retrataron en muchas ocasiones la tragedia que espera a quienes viven en un frágil mundo de ensueños.

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F. Scott Fitzgerald (1896-1940),

La vida de Francis Scott Key Fitzgerald parece un cuento de hadas. En la Primera Guerra Mundial, Fitzgerald se alistó en el Ejército de los Estados Unidos y se enamoró de Zelda Sayre, una muchacha rica y hermosa que vivía en Montgomery, Alabama, cerca del lugar donde él estaba acuartelado. Sin embargo la joven rompió su compromiso cuando supo que él no era rico. Cuando se reintegró a la vida civil, al final de la guerra, el joven decidió buscar fortuna en el mundo literario de la ciudad de Nueva York para casarse con Zelda.

Su primera novela, This Side of Paradise (A este lado del paraíso, 1920), fue un éxito de librería y a la edad de 24 años nuestro autor se casó con su amada. Sin embargo ninguno de los dos pudo soportar las tensiones del éxito y la fama, y derrocharon su dinero. En 1924 decidieron ahorrar y se mudaron a Francia, pero regresaron al cabo de siete años. La salud mental de Zelda se tornó inestable y tuvo que ser recluida en un sanatorio; por su parte, Fitzgerald cayó en el alcoholismo y murió joven, cuando trabajaba en Hollywood como escritor de guiones para el cine.

El lugar que ocupa Fitzgerald en la literatura de los Estados Unidos lo debe sobre todo a su novela The Great Gatsby (El gran Gatsby, 1925), una historia sobre el sueño norteamericano del hombre que labra su propio éxito, escrita brillantemente y estructurada con gran economía de recursos. El protagonista, el misterioso Jay Gatsby, descubre el costo devastador del éxito, al cual sacrifica el amor y su realización como persona. Otras excelentes obras de este autor son: Tender is the Night (Tierna es la noche, 1934), sobre un joven psiquiatra cuya vida se destruye por su matrimonio con una mujer inestable, y algunos relatos de las colecciones Flappers and Philosophers (Chicas de moda y filósofos, 1920), Tales of the Jazz Age (Cuentos de la era del jazz, 1922) y All the Sad Young Men (Todos los tristes hombres jóvenes, 1926). Fitzgerald captó mejor que ningún otro escritor la vida fulgurante y desesperada de los años 20; This Side of Paradise fue reconocida como la voz de la juventud moderna de los Estados Unidos. En su segunda novela, The Beautiful and the Damned (La belleza y el condenado, 1922), continuó la exploración de la extravagancia autodestructiva de su época.

Una de las cualidades específicas de Fitzgerald es su estilo deslumbrante, idóneo para su tema del lujo y su poder seductor. En un célebre pasaje de The Great Gatsby, resume magistralmente lo ocurrido en un largo periodo: "Todas las noches del verano había música en la casa de mi vecino. En sus jardines azules, los hombres y las muchachas iban y venían como polillas entre los murmullos y la champaña y las estrellas".

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Ernest Hemingway (1899-1961)

Pocos escritores han tenido una vida tan colorida como Ernest Hemingway, la cual habría podido ser tema de una de sus novelas de aventuras. Como Fitzgerald, Dreiser y muchos otros buenos novelistas del siglo XX, Hemingway era originario del Medio Oeste de los Estados Unidos. Nació en Illinois; de niño pasaba las vacaciones en Michigan y participaba en excursiones para ir de caza y pescar. En la Primera Guerra Mundial prestó servicio en Francia, como voluntario en una unidad de ambulancias, pero fue herido y estuvo hospitalizado seis meses. Después de la guerra trabajó como corresponsal bélico destacado en París, y allí conoció a los escritores expatriados estadounidenses Sherwood Anderson, Ezra Pound, F. Scott Fitzgerald y Gertrude Stein. Esta última, en particular, influyó en su lacónico estilo.

Después de alcanzar la fama con su novela The Sun Also Rises (El sol también sale, 1926), reseñó la Guerra Civil de España, la Segunda Guerra Mundial y la lucha armada en China, en la década de 1940. Hemingway sufrió heridas graves cuando su avioneta se desplomó, durante un safari en África; sin embargo, no dejó de disfrutar de la caza y la pesca deportiva, las cuales inspiraron algunas de sus mejores obras. The Old Man and the Sea (El viejo y el mar, 1952), la poética novela corta sobre un pescador pobre y viejo que atrapa heroicamente un enorme pez y al final éste es devorado por tiburones, lo hizo acreedor al Premio Pulitzer en 1953; al año siguiente ganó el Premio Nobel. Desalentado por los problemas familiares, la enfermedad y la idea de que estaba perdiendo sus dotes de escritor, Hemingway se suicidó de un balazo en 1961.

Se puede decir que Hemingway fue el novelista estadounidense más popular del siglo. Sus inclinaciones eran en esencia apolíticas y humanísticas, y en ese sentido es universal. Sus novelas son fáciles de entender por su sencillo estilo, y muchas de ellas se desarrollan en ambientes exóticos. Firme creyente del "culto a la experiencia", Hemingway coloca a menudo a sus personajes en situaciones peligrosas para revelar su naturaleza interna; en sus últimas obras, el peligro se vuelve a veces un pretexto para exaltar lo masculino.

Igual que Fitzgerald, Hemingway también llegó a ser portavoz de su generación; sin embargo, en lugar de describir la opulencia fatal de su época —como Fitzgerald, quien nunca combatió en la Primera Guerra Mundial—, Hemingway escribió sobre esa lucha, la muerte y los escépticos sobrevivientes de la "generación perdida". Sus personajes no son seres soñadores, sino rudos toreros, soldados y atletas. Los personajes intelectuales que presenta son seres sin ilusiones, marcados por cicatrices profundas.

Su sello distintivo es un estilo pulcro, despojado de palabras innecesarias. Con frecuencia recurre al eufemismo; por ejemplo, en A Farewell to Arms (Adiós a las armas, 1929), la heroína que muere al dar a luz exclama: "No tengo ningún temor. Esto es sólo un truco sucio". En una ocasión, Hemingway comparó a sus obras con un iceberg: "por cada parte visible hay siete octavas partes ocultas bajo el agua".

El fino oído de Hemingway para el diálogo y la precisión de sus descripciones son patentes en sus excelentes historias cortas, como "The Snows of Kilimanjaro" ("Las nieves del Kilimanjaro") y "The Short Happy Life of Francis Macomber" ("La vida breve y feliz de Francis Macomber"). De hecho, la opinión general de la crítica es que sus historias cortas tienen una calidad igual o mayor que sus novelas. Algunas de sus mejores novelas son The Sun Also Rises, donde describe la vida de desaliento de los expatriados después de la Primera Guerra Mundial; A Farewell to Arms, que es la trágica historia de amor de un soldado estadounidense y una enfermera inglesa, en plena guerra; For Whom the Bell Tolls (Por quién doblan las campanas, 1940), que se desarrolla durante la Guerra Civil Española, y The Old Man and the Sea.

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William Faulkner (1897-1962)

Nacido en el seno de una antigua familia del Sur, William Harrison Faulkner creció en Oxford, Mississippi, y allí pasó la mayor parte de su vida. Él creó un paisaje geográfico imaginario, el condado de Yoknapatawpha que aparece en muchas de sus novelas, y varias familias cuyas ramificaciones se enlazan unas con otras por varias generaciones. Para crear el condado de Yoknapatawpha y su capital, "Jefferson", tomó como modelo la ciudad de Oxford, Mississippi, y sus alrededores. El autor recrea la historia de esas tierras y de las diversas razas —indios, estadounidenses de origen africano o europeo, y diversos tipos mestizos— que han vivido en ellas. Faulkner era un innovador e hizo experimentos muy brillantes con la cronología narrativa, en los que mostró distintos puntos de vista y diversas voces (aun de proscritos, niños y analfabetas), y cultivó un estilo barroco, rico y exigente, a base de enunciados muy largos, llenos de complicadas cláusulas subordinadas.

Entre las mejores novelas de Faulkner figuran: The Sound and the Fury (El sonido y la furia, 1929) y As I Lay Dying (Mientras yo agonizo, 1930), dos obras modernistas donde el autor experimentó con el punto de vista y la voz narrativa, al sondear la realidad de las familias del Sur sometidas a la angustia de perder a uno de sus miembros; Light in August (Luz de agosto, 1932), muestra las complejas y violentas relaciones entre una mujer blanca y un hombre negro; y Absalom, Absalom! (¡Absalón, Absalón!, 1936), que es tal vez la mejor de todas, donde relata el ascenso y ocaso del dueño de una finca agrícola que forja su propio éxito y después su trágica caída, por los prejuicios raciales y la incapacidad de amar.

En la mayoría de esas novelas, el autor usa varios personajes para narrar las diversas partes de la historia, demostrando que el significado depende tanto del modo de contar las cosas como del tema mismo. El empleo de diferentes puntos de vista hace que Faulkner sea más "autorreferencial” o reflexivo, que Hemingway o Fitzgerald; cada novela es una meditación sobre sí misma y, a la vez, el desarrollo de una historia de interés universal. Los temas de Faulkner son: la tradición del Sur de los Estados Unidos, la familia, la comunidad, la tierra, la historia y el pasado, la raza y las pasiones de la ambición y el amor. Escribió también tres novelas enfocadas en el ascenso social de una familia de degenerados, el clan de los Snopes: The Hamlet (El villorrio, 1940), The Town (En la ciudad, 1957) y The Mansion (La mansión, 1959).

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LAS NOVELAS DE LA CONCIENCIA SOCIAL

Una corriente subterránea de protesta social había empezado a fluir en la literatura de los Estados Unidos desde la década de 1890, y se manifestó tanto en el naturalismo de Stephen Crane y Theodore Dreiser como en los diáfanos mensajes de los novelistas de denuncia. Autores que después demostraron su actitud comprometida a favor de la sociedad fueron: Sinclair Lewis, John Steinbeck, John Dos Passos, Richard Wright y el dramaturgo Clifford Odets. Todos fueron afines a la década de 1930, en su preocupación por el bienestar del ciudadano común y su enfoque centrado en grupos de personas: las profesiones, como los arquetípicos Arrowsmith (el médico) o Babbitt (el hombre de negocios de la localidad) en el caso de Sinclair Lewis; las familias, como en The Grapes of Wrath (Las viñas de la ira) de Steinbeck; o las masas urbanas que Dos Passos representa por medio de los 11 personajes principales de su trilogía U.S.A.

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Sinclair Lewis (1885-1951)

Harry Sinclair Lewis nació en Sauk Centre, Minnesota y se graduó por la Universidad Yale. Se ausentó de la escuela por un tiempo para ir a trabajar en una comunidad socialista, la Colonia Helicon Home, financiada por el novelista de denuncia Upton Sinclair. En Main Street (La calle principal, 1920), Lewis hizo una sátira sobre la vida monótona e hipócrita de los residentes del pequeño poblado Gopher Prairie, Minnesota. Su incisiva exposición de la vida en los Estados Unidos y su crítica al materialismo, la estrechez de criterio y la hipocresía en el país le merecieron el reconocimiento nacional e internacional. En 1926 ganó el Premio Pulitzer —el cual declinó— por su novela Arrowsmith (1925), que narra la lucha de un médico por ser fiel a la ética profesional en un medio saturado de codicia y corrupción. En 1930, Lewis fue el primer estadounidense que ganó el Premio Nobel de literatura.

Otra de las novelas importantes de Lewis es Babbitt (1922). George Babbitt es un hombre de negocios ordinario, que vive y trabaja en Zenith, una ciudad ordinaria de los Estados Unidos. Es un personaje muy moral y emprendedor, convencido de que el mundo de la empresa es el nuevo enfoque científico de la vida moderna. Al ser presa de la inquietud, busca satisfacción en la relación amorosa que inicia con una muchacha de vida bohemia, pero al final se decepciona, vuelve al lado de su esposa y acepta su destino. Esa novela aportó un nuevo vocablo a la lengua del país: "babbittry", que denota la estrechez de miras y la conducta conformista, tan comunes en la burguesía. En Elmer Gantry (1927) denuncia la religión surgida en su país que predica el nacimiento a una nueva vida, y en Cass Timberlane (1945) explora las dificultades que surgen en el matrimonio de un juez ya entrado en años y su joven esposa.

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John Dos Passos (1896-1970)

John Dos Passos fue al principio un radical de izquierda como Sinclair Lewis, pero se fue inclinando a la derecha al envejecer. Dos Passos escribió en forma realista, de acuerdo con la doctrina del realismo socialista. En sus mejores obras logra un objetivismo científico y crea un efecto casi documental. Este autor desarrolló una técnica de montaje de tipo experimental en su obra maestra, U.S.A., formada por The 42nd Parallel (El paralelo 42, 1930), 1919 (1932) y The Big Money (El gran capital, 1936). Esta expansiva colección abarca la historia social de los Estados Unidos, de 1900 a 1930, y denuncia la corrupción moral de la sociedad materialista del país, a través de la vida de sus personajes.

Dos de las nuevas técnicas creadas por Dos Passos fueron: las secciones de "noticiario", tomadas de los titulares de los diarios de la época, las canciones populares y anuncios; y las "biografías", donde narra sucintamente la vida de estadounidenses importantes de la época, como el inventor Thomas Edison, el líder sindical Eugene Debbs, el astro de cine Rudolph Valentino, el financiero J.P. Morgan y el sociólogo Thorstein Veblen. Tanto los noticiarios como las biografías confieren valor documental a las novelas de este autor; una tercera técnica, conocida como "el ojo de la cámara", es una serie de poemas en prosa sobre el flujo de la conciencia, que ofrece una respuesta subjetiva a los hechos descritos en los libros.

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John Steinbeck (1902-1968)

Como Sinclair Lewis, John Steinbeck es más apreciado hoy por la crítica de otros países que por la de los Estados Unidos, en gran parte porque recibió el Premio Nobel de Literatura en 1963 y por la fama internacional que eso le confirió. En ambos casos, el Comité Nobel eligió a autores estadounidenses liberales que se destacaron por su crítica social.

Nacido en California, Steinbeck ubica muchas de sus novelas en el Valle Salinas, cerca de San Francisco. Su obra más conocida es la novela ganadora del Premio Pulitzer titulada The Grapes of Wrath (Las viñas de la ira, 1939), que narra las tribulaciones de una familia pobre de Oklahoma que pierde su granja durante la Depresión y emigra a California en busca de trabajo. Los miembros de la familia son sometidos a la opresión feudal a manos de terratenientes ricos. Otras obras que se desarrollan en California son: Tortilla Flat (1935), Of Mice and Men (De ratones y hombres, 1937), Cannery Row (El barrio de las enlatadoras, 1945) y East of Eden (Al este del paraíso, 1952).

Steinbeck combina el realismo con un romanticismo primitivista que descubre virtudes en los granjeros pobres que viven apegados a la tierra. Las obras de ficción de este autor muestran la vulnerabilidad de esas personas, a quienes la sequía puede desarraigar y son las primeras que sufren en épocas de inestabilidad política y depresión económica.

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EL RENACIMIENTO DE HARLEM

En la exuberante década de 1920, la comunidad negra de Harlem, un barrio asentado en la ciudad de Nueva York, estaba llena de chispeante pasión y creatividad. Los acentos del jazz negro norteamericano invadieron a la nación entera, como una tormenta, y los músicos y compositores del género, como Duke Ellington, se convirtieron en estrellas muy apreciadas en los Estados Unidos y en el extranjero. Bessie Smith y otras cantantes de blues expresaron su lirismo franco, tortuoso y sensual, lleno de cruda emoción. Los cánticos espirituales negros llegaron a ser muy apreciados como música religiosa de belleza única. La actriz negra Ethel Waters triunfó en el escenario, al tiempo que la danza y el arte de los negros estadounidenses florecían en la música y el teatro.

En la rica variedad de talentos que surgieron en Harlem, convivieron muchos puntos de vista. La sensible novela de Carl Van Vechten Nigger Heaven (El cielo de los negros, 1926), nos da una idea de la existencia compleja y agridulce de la población negra de los Estados Unidos en medio de la desigualdad económica y social.

El poeta Countee Cullen (1903- 1946), que nació en Harlem y estuvo casado poco tiempo con la hija de W.E.B. DuBois, escribió poesía rimada de buena calidad, de acuerdo con las formas aceptadas, que fue muy admirada por los blancos. Él creía que un poeta no debía permitir que la raza dictara el tema y el estilo de su poesía. En el otro extremo del espectro se encuentran los afroestadounidenses que rechazaban a su nuevo país y apoyaban el movimiento de "Retorno al África", encabezado por Marcus Garvey. La obra de Jean Toomer se ubica en un punto intermedio entre ambos extremos.

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Jean Toomer (1894-1967)

Igual que Cullen, el escritor de novelas y poeta estadounidense de origen africano Jean Toomer concibió una identidad norteamericana capaz de trascender la cuestión racial. Tal vez por eso cultivó con brillantez las tradiciones poéticas de la rima y la métrica, y no buscó nuevas formas "negras" para su poesía. Sin embargo, su obra más importante, Cane (La caña, 1923), es ambiciosa e innovadora. Como Williams en Paterson, Toomer incluye en Cane diversos poemas, viñetas en prosa, relatos y notas autobiográficas. En ellos vemos la lucha de un afro-estadounidense por descubrir su identidad, dentro y fuera de las comunidades negras, en la Georgia rural, Washington, D.C. y Chicago, Illinois, y como maestro de escuela negro en el Sur del país. La gente del sector negro rural de Georgia que Toomer describe en Cane tiene dotes artísticas naturales:

Sus voces ascienden... y los pinos
   son guitarras bellas,
Agujas de pino caen en láminas de
   lluvia y las rasguean con maña...
Sus voces ascienden... Es el coro
   de la caña
Que entona su canción vesperal a
las estrellas... (I, 21-24)

Cane contrasta este ambiente con el ritmo vertiginoso de la vida del afro-estadounidense en la ciudad de Washington:

El dinero te quema el bolsillo, y
   el bolsillo te duele,
Los contrabandistas de alcohol
   lucen camisa de seda,
Pantalón balón y Cadillac raudo y
   deslumbrante,
Que zumba junto a los rieles
   del tranvía vacilante. (II, 1-4)
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Richard Wright (1908-1960)

Richard Wright nació en una familia pobre de aparceros de Mississippi y sufrió el abandono de su padre a los cinco años de edad. A pesar de que sólo llegó al noveno grado en la escuela, Wright fue el primer novelista estadounidense de origen africano que captó la atención del público en general. Describió las penurias de su infancia en su autobiografía, Black Boy (El muchacho negro, 1945), uno de sus mejores libros. Después confesaría que su sentimiento de privación a causa del racismo era tan intenso, que sólo la lectura le permitía seguir viviendo.

La crítica social y el realismo de las obras de Sherwood Anderson, Theodore Dreiser y Sinclair Lewis inspiraron de modo especial a Wright. En los años 30 se afilió al Partido Comunista y en el decenio siguiente fue a Francia, donde conoció a Gertrude Stein y Jean-Paul Sartre. Después se volvió anticomunista. La franqueza de sus textos marcó un rumbo para novelistas afro-estadounidenses posteriores.

Entre sus obras figuran Uncle Tom's Children (Los hijos del tío Tom, 1938), que es una colección de relatos cortos, y la vigorosa e implacable novela Native Son (Hijo nativo, 1940), donde Bigger Thomas, un joven negro ignorante, mata por error a la hija de su empleador blanco, incinera el cadáver en una escena horripilante y asesina a su novia negra, por temor de que lo traicione. Aunque algunos afro-estadounidenses criticaron a Wright porque presentó un personaje negro como asesino, su novela fue una expresión necesaria y tardía de la desigualdad racial que ha sido tema de tanta discusión en los Estados Unidos.

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Zora Neale Hurston (1903-1960)

Nacida en el pequeño pueblo de Eatonville, Florida, a Zora Neale Hurston se le reconoce como una de las luminarias del Renacimiento de Harlem. Llegó a la ciudad de Nueva York a la edad de 16 años, como miembro de un grupo teatral trashumante. Con notables dotes para contar historias y cautivar a su auditorio, estudió en la Escuela Superior Barnard, donde fue alumna del antropólogo Franz Boaz y captó la etnia desde el punto de vista científico. Boaz la incitó a recopilar el folclor de su ambiente nativo de Florida, y así lo hizo. El distinguido folclorista Alan Lomax dijo que la obra de esta autora Mules and Men (Mulos y hombres, 1935), es "el libro más atractivo, genuino y bien escrito en el ámbito del folclor".

Hurston pasó también algún tiempo en Haití, estudiando el vudú y recopilando folclor del Caribe, lo cual incluyó en su antología Tell My Horse (Díganle a mi caballo, 1938). Su dominio natural del inglés coloquial la inserta en la gran tradición de Mark Twain. Sus textos son chispeantes por el pintoresco lenguaje y por los relatos cómicos -—o trágicos— tomados de la tradición oral afro-estadounidense.

Esta autora fue una novelista impresionante. Su obra más importante, Their Eyes Were Watching God (Sus ojos veían a Dios, 1937), es una descripción fresca y conmovedora de la maduración de una hermosa mulata, y la renovación de su alegría en el transcurso de sus tres matrimonios. La novela es una vívida evocación de la vida de los afro-estadounidenses que labran la tierra en las zonas rurales del Sur. Precursora del movimiento feminista y con obras como su autobiografía, Dust Tracks on a Road (Huellas de polvo en un camino, 1942), Hurston fue una fuente de influencia e inspiración para escritoras contemporáneas como Alice Walker y Toni Morrison.

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LAS CORRIENTES LITERARIAS: LOS FUGITIVOS Y LA NUEVA CRÍTICA

Desde la Guerra Civil hasta el siglo XX, el Sur de los Estados Unidos siguió siendo una zona de reflujo en el aspecto político y económico, plagado por el racismo y la superstición, pero bendecido con un folclor rico y un intenso sentido del orgullo y la tradición. Tenía la reputación, un tanto injusta, de ser un desierto cultural de provincianismo e ignorancia.

Es irónico que el movimiento literario regional más significativo del siglo XX haya sido el de los Fugitivos, encabezado por el teórico, poeta y crítico John Crowe Ransom, el poeta Allen Tate y el novelista, poeta y ensayista Robert Penn Warren. Esta escuela literaria del Sur rechazó los valores urbanos y comercializados del "Norte", que a su juicio habían invadido todo el país. Los Fugitivos pugnaron por un retorno a la tierra y a las tradiciones nacionales, que aún era posible encontrar en el Sur. El movimiento tomó su nombre de una revista literaria, The Fugitive, publicada de 1922 a 1925 en la Universidad Vanderbilt de Nashville, Tennessee, a la cual estuvieron asociados Ransom, Tate y Warren.

Estos tres importantes escritores del grupo de los Fugitivos se relacionaron también con la Nueva Crítica, un método para entender la literatura mediante la lectura cuidadosa y la atención a los patrones formales (tanto en imágenes, metáforas y métrica, como en sonidos y símbolos) y a los significados que sugieren. Ransom, el eminente teórico del Renacimiento del Sur en el periodo de entreguerras, expuso este método en el libro The New Criticism (La nueva crítica, 1941), como alternativa a los métodos extraliterarios de la crítica habitual, basados en la historia y la biografía. La Nueva Crítica llegó a ser el método usual de la especialidad en los Estados Unidos en los años 40 y 50, pues resultó ser la aproximación idónea para las obras de escritores modernistas, como Eliot, y permitió asimilar la teoría de Freud (en especial sus categorías estructurales, como el id, el ego y el superego) y enfoques basados en pautas míticas.

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EL TEATRO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XX

La dramaturgia de los Estados Unidos imitó al teatro inglés y europeo hasta ya bien entrado el siglo XX. En las temporadas teatrales predominaban las obras traídas de Inglaterra o traducidas de lenguas europeas. Una ley de derechos de autor que no impartía la debida protección y aliento a los dramaturgos del país conspiró contra la creación de obras dramáticas en verdad originales. Lo mismo pasó con el "sistema de estrellas", que inducía al público a seguir a los actores y actrices célebres sin prestar mucha atención a las obras que interpretaban. La gente iba en tropel a admirar a los actores europeos que hacían giras teatrales en los Estados Unidos. Por añadidura, los dramas de autores extranjeros, igual que los vinos de importación, gozaban de un prestigio mucho mayor que las producciones nacionales.

En el siglo XIX eran muy populares los melodramas donde aparecían personajes democráticos ejemplares y se definía con claridad el contraste entre el bien y el mal. También había un público numeroso para las piezas teatrales que exponían problemas sociales, como la esclavitud; a veces esas obras eran adaptaciones de novelas célebres, como Uncle Tom's Cabin. No fue sino hasta el siglo XX cuando surgieron obras serias que intentaron realizar innovaciones estéticas. Como quiera que fuese, la cultura popular tuvo un desarrollo vital en ese tiempo, sobre todo en el vodevil (un teatro popular de variedades, con farsa, pantomima, música y otras cosas de ese tipo). Los espectáculos de ministriles, basados en la música y el folclor afro-estadounidense e interpretados por artistas maquillados como "negros", también dieron lugar a formas y expresiones originales.

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Eugene O'Neill (1888-1953)

Eugene O'Neill es la figura más egregia del teatro de los Estados Unidos. En sus numerosas obras, su enorme originalidad técnica se conjuga con una visión fresca y gran profundidad emocional. Si los primeros dramas de O'Neill se centraron en la gente pobre y en la clase trabajadora, en sus obras posteriores exploró terrenos subjetivos, como las obsesiones y el sexo, lo cual puso de relieve sus lecturas de Freud y su angustioso intento de reconciliarse con su madre, su padre y su hermano muertos. Desire Under the Elms (Deseo bajo los olmos, 1924) recrea las pasiones ocultas en una familia; The Great God Brown (El gran dios Brown, 1925), pone al descubierto el inconsciente de un acaudalado hombre de negocios; y Strange Interlude (Extraño interludio, 1927), que ganó el Premio Pulitzer, reseña los tortuosos amores de una mujer. Estas vigorosas obras de teatro muestran la regresión de diferentes personalidades a las emociones primitivas o a la confusión, cuando están bajo una tensión intensa.

O'Neill prosiguió su exploración de los imperativos freudianos del amor y la dominación en las familias, en una trilogía de obras dramáticas reunidas bajo el título de Mourning Becomes Electra (El luto le sienta a Electra, 1931) y basadas en la trilogía clásica Edipo de Sófocles. Entre sus últimos dramas figuran dos reconocidas obras maestras: The Iceman Cometh (Llegó el vendedor de hielo, 1946), que es un relato sombrío sobre el tema de la muerte; y su obra póstuma, Long Day's Journey into Night (El viaje de un largo día hacia la noche, 1956), una vigorosa y vasta autobiografía en forma dramática, cuyo centro focal son la familia del autor y el deterioro físico y psicológico de la misma, lo cual se atestigua en el curso de una noche. Esta pieza formaba parte del ciclo de obras que O'Neill estaba preparando cuando murió.

O'Neill creó una nueva definición de teatro, pues descartó las divisiones tradicionales del género en actos y escenas (Strange Interlude tiene nueve actos y la representación de Mourning Becomes Electra dura nueve horas); usó máscaras como las del teatro asiático y el antiguo teatro griego; introdujo monólogos shakesperianos y el coro griego; además, creó efectos especiales mediante la luz y el sonido. En general, se le reconoce como el autor teatral más notable de los Estados Unidos. Cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, en 1936, se convirtió en el primer dramaturgo estadounidense que obtuvo tal honor.

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Thornton Wilder (1897-1975)

Thornton Wilder es conocido por sus obras teatrales Our Town (Nuestra ciudad, 1938) y The Skin of Our Teeth (La piel de nuestros dientes, 1942), y por su novela The Bridge of San Luis Rey (El puente de San Luis Rey, 1927).

Our Town refleja los valores positivos de los Estados Unidos. La obra tiene todos los elementos del sentimentalismo y la nostalgia: el arquetipo tradicional del poblado pequeño, los padres bondadosos, los hijos traviesos y los jóvenes enamorados. Sin embargo, ciertos elementos novedosos, como fantasmas, voces que surgen entre el público y audaces cambios de tiempo, hacen que la pieza no pierda atractivo. En efecto, es un drama sobre la vida y la muerte, en el cual los muertos resucitan, al menos por un momento.

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Clifford Odets (1906-1963)

Este maestro del drama social era descendiente de una familia de inmigrantes judíos del este de Europa. Creció en la ciudad de Nueva York y fue uno de los actores fundadores del Group Theater que dirigían Harold Clurman, Lee Strasberg y Cheryl Crawford, con el propósito de representar solamente piezas teatrales estadounidenses.

La obra más conocida de Odets es Waiting for Lefty (Esperando al zurdo, 1935), un drama experimental en un acto que plantea una vigorosa defensa del sindicalismo. El drama familiar y nostálgico Awake and Sing! (¡Despierta y canta!) fue otro éxito popular, seguido de Golden Boy (El muchacho de oro), la historia de un joven inmigrante italiano que malogra su talento musical (él es violinista) cuando por la seducción y el atractivo del dinero se hace boxeador y se atrofia las manos. Como The Great Gatsby de Fitzgerald y An American Tragedy de Dreiser, este drama es una advertencia contra los excesos de la ambición y el materialismo.
 

Poesía estadounidense, 1945-1990: La antitradición >>>>
 
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