El Modernismo y la experimentación: 1914-1945
 T.S. Eliot (Foto, por cortesía de Acme Photos) |
 Robert Frost (© AP Images) |
 Wallace Stevens (© AP Images) |
 Langston Hughes (Foto, por cortesía de Knopf, Inc.) |
 F. Scott Fitzgerald (Foto, por cortesía de Culver Pictures, Inc.) |
 Ernest Hemingway (Foto, por cortesía de Pix Publishing, Inc.) |
 William Faulkner (© AP Images) |
 Sinclair Lewis (Foto, por cortesía de Pix Publishing, Inc.) |
 John Steinbeck (Foto, por cortesía de Pinney & Beecher) |
 Richard Wright (Foto, por cortesía de Howard University) |
 Zora Neale Hurston (Foto, © Carl Van Vechten, por cortesía de Yale University) |
 Eugene O’Neill (© AP Images) |
Muchos historiadores han definido el periodo
comprendido entre las dos grandes
guerras mundiales como la fase traumática
en que los Estados Unidos llegaron a la
“mayoría de edad”, aun cuando la participación
directa de ese país en la contienda fue relativamente
efímera (1917-1918) y su número de bajas
fue muy inferior al que sufrieron sus aliados y enemigos
europeos. John Dos Passos expresó la
desilusión de los EUA en la postguerra, en la novela
Three Soldiers (Los tres soldados, 1921), cuando
dijo que la civilización es un “vasto edificio
hecho de simulación y que la guerra, lejos de derrumbarla,
es su expresión más plena y definitiva”.
Impactados y transformados para siempre, los
estadounidenses volvieron a su patria, pero ya
nunca pudieron recobrar su inocencia.
Además, los soldados nacidos en las zonas
rurales del país no pudieron retornar con facilidad
a sus raíces. Después de haber visto el mundo,
muchos empezaron a aspirar a una vida más moderna
y urbana. Las nuevas máquinas para la agricultura,
como las sembradoras, las trilladoras y las
cosechadoras, habían reducido en forma drástica
la demanda de mano de obra en el campo; sin
embargo, a pesar de su mayor productividad, los
granjeros eran pobres. Lo mismo que el salario
de los trabajadores urbanos, el precio de las cosechas
dependía de las fuerzas del mercado, libres
de control y fuertemente influidas por los intereses
comerciales: en esa época no se instituían aún
ni subsidios del gobierno para los agricultores ni
sindicatos efectivos. “El principal negocio del
pueblo de los Estados Unidos son los negocios”,
proclamó el presidente Calvin Coolidge en 1925, y
la mayoría le dio la razón.
En el “Gran Auge” de la posguerra florecieron
los negocios, y los empresarios de éxito prosperaron
más allá de sus más ambiciosos sueños. Por
primera vez, muchos estadounidenses tuvieron
acceso a la educación superior (en la década de
1920 se duplicó el estudiantado de las escuelas
superiores). La clase media prosperó; en esa
época los ciudadanos empezaron a gozar del ingreso
promedio nacional más alto del mundo y
muchos compraron el símbolo definitivo del prestigio
social: un automóvil. En los Estados Unidos, el
hogar urbano término medio se iluminó con la luz
eléctrica y la familia típica compró un receptor de
radio, conectándose así con el mundo exterior, y tal
vez también un teléfono, una cámara fotográfica y
una máquina de escribir o de coser. A semejanza
del empresario protagonista de la novela Babbitt
(1922) de Sinclair Lewis, el estadounidense término
medio aceptó esas máquinas porque eran modernas
y porque en su mayoría habían sido inventadas
y fabricadas en su país.
Los estadounidenses de “los bulliciosos veintes”
se enamoraron también de otras diversiones
modernas. La mayoría solía ir al cine una vez a la
semana. A pesar de la Prohibición o “Ley Seca”
—que proscribió en todo el país la producción,
transporte y venta de alcohol, con base en la 18ª
Enmienda a la Constitución de los Estados
Unidos— impuesta en 1919, proliferaron los
salones y clubes nocturnos clandestinos donde
abundaban el jazz, los cócteles y la audacia en los
bailes y el modo de vestir. Se desató una auténtica
locura nacional por el baile, el cine, los paseos en
auto y la radio. Las mujeres, en especial, se sintieron
liberadas. Durante la Primera Guerra
Mundial, muchas tuvieron que dejar sus granjas y
pequeños poblados para ir a las grandes ciudades,
a cumplir con su deber bélico, y llegaron a ser
resueltamente modernas. Se cortaron el cabello
(las “bobbers” o “pelonas”), usaron falda corta
(las “flappers”) y ejercieron con orgullo el derecho
de voto, garantizado por la 19ª Enmienda a la
Constitución en 1920. Ellas expresaron con osadía
sus ideas y asumieron funciones públicas en la
sociedad.
Los jóvenes occidentales se rebelaron con ira y
desilusión por la crueldad de la guerra, de la cual
culpaban a la generación anterior, y por las difíciles
condiciones económicas de la posguerra. Sin
embargo, irónicamente, gracias a eso los estadounidenses
que tenían dinero —como los
escritores F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway,
Gertrude Stein y Ezra Pound— pudieron vivir
lujosamente en el extranjero con muy pocos
dólares. Las corrientes intelectuales, sobre todo la
psicología de Freud y en menor grado el marxismo
(como la teoría de la evolución de Darwin algún
tiempo antes), plantearon la visión de un mundo
“sin Dios” y contribuyeron a la disolución de los
valores tradicionales. Los estadounidenses que
vivían en el extranjero asimilaron esas opiniones y
las llevaron consigo a su regreso a los Estados
Unidos, donde esas ideas echaron raíces y
encendieron la imaginación de escritores y artistas
jóvenes. Por ejemplo William Faulkner, el novelista
norteamericano del siglo XX, empleó elementos
freudianos en todas sus obras, igual que casi todos
los escritores serios de ficción de los Estados
Unidos después de la Primera Guerra Mundial.
A pesar de la alegría exterior, la modernidad y
una prosperidad material sin paralelo, los jóvenes
estadounidenses de los años 20 fueron “la generación
perdida”, como los llamó la retratista literaria
Gertrude Stein. Sin una estructura de valores
tradicional y estable, el individuo perdió el
sentido de identidad. La seguridad y el apoyo de la
vida familiar; la comunidad conocida y establecida;
los ritmos naturales y eternos de la siembra y la
cosecha en la granja; la sensación de firmeza del
patriotismo y los valores morales inculcados por
las creencias y prácticas religiosas... todo eso
pareció debilitarse por la Primera Guerra Mundial
y su secuela.
Muchas novelas, sobre todo The Sun Also Rises
(El sol también sale, 1926) de Hemingway y This
Side of Paradise (A este lado del paraíso, 1920) de
Fitzgerald, captan la extravagancia y la desilusión
de la generación perdida. En el largo e importante
poema de T.S. Eliot, The Waste Land (La tierra desolada,
1922), la civilización occidental está simbolizada
como un yermo desierto que necesita
desesperadamente un poco de lluvia (la renovación
espiritual).
La Depresión mundial de los años 30 afectó a
casi toda la población de los Estados Unidos. Los
trabajadores perdieron sus empleos y las fábricas
cerraron sus puertas; empresas y bancos quebraron;
los agricultores, ante la imposibilidad de
cosechar, transportar o vender productos, no
pudieron pagar las deudas y perdieron sus tierras.
Por la sequía, el Medio Oeste dejó de ser la “cesta
de pan” del país y se convirtió en un bolsón de
polvo. Muchos granjeros del Medio Oeste emigraron
a California en busca de empleo, como lo
describe vívidamente John Steinbeck en The
Grapes of Wrath (Las viñas de la ira, 1939). En la
peor fase de la Depresión, un tercio de la población
estadounidense había perdido su empleo. Los
dispensarios que servían comida gratis, los barrios
miserables y las turbas de polizones —desempleados
que viajaban ilegalmente en trenes de
carga— eran parte integral de la vida nacional.
Muchos vieron a la Depresión como un castigo por
los pecados del materialismo excesivo y la vida
disipada. Pensaban que las tormentas de polvo que
ensombrecían el cielo del Medio Oeste eran el
cumplimiento de esta sentencia del Antiguo
Testamento: el “remolino bajo el sol y las tinieblas
a mediodía”."
La Depresión puso al mundo de cabeza. A pesar
de que los Estados Unidos habían predicado el
evangelio de la libre empresa en los años 20, ahora
gran parte de la población instaba al gobierno a
adoptar un papel más activo y apoyaba los programas
del Nuevo Trato del presidente Franklin D.
Roosevelt. Con fondos federales se crearon
empleos en obras públicas, en proyectos de conservación
y en la electrificación rural. A artistas e
intelectuales se les pagaba por pintar murales y
elaborar manuales prácticos para el estado. Eso
fue un buen paliativo, pero sólo la intensa actividad
industrial de la Segunda Guerra Mundial logró renovar
la prosperidad. Después del ataque de Japón
contra los Estados Unidos en Pearl Harbor, el 7 de
diciembre de 1941, astilleros y fábricas que estaban
en desuso volvieron a la vida activa para la fabricación
en masa de buques, aviones, jeeps y pertrechos.
La producción y la experimentación para
la guerra dieron lugar a nuevas tecnologías, entre
ellas la bomba nuclear. Al ver la primera explosión
nuclear experimental, Robert Oppenheimer, director
de un grupo internacional de científicos de la
especialidad, citó en tono profético un poema
hindú: “Me he convertido en la muerte, la aniquiladora
de mundos”.

EL MODERNISMO
La gran oleada cultural del modernismo, que
surgió poco a poco en Europa y los Estados
Unidos en los primeros años del siglo XX,
expresó la sensación de la vida moderna, por
medio del arte, como una brusca ruptura con el
pasado y con las tradiciones clásicas de la civilización
occidental. La vida moderna parecía radicalmente
distinta de la vida tradicional, pues era
más científica, más veloz, más tecnológica y más
mecanizada. El modernismo reflejó esos cambios.
En literatura, Gertrude Stein (1874-1946) desarrolló
una corriente análoga al arte moderno en el
terreno plástico. Vivió en París y era coleccionista
de pintura (ella y su hermano Leo compraron
obras de los artistas Paul Cézanne, Paul Gauguin,
Pierre Auguste Renoir, Pablo Picasso y muchos
más). En una ocasión, Stein explicó que ella y
Picasso hacían lo mismo: él en la pintura y ella en
las letras. Con palabras simples y concretas, que
usaba como puntos de referencia, esta autora produjo
una poesía en prosa de tipo experimental y
abstracto. La calidad infantil del vocabulario llano
que usa Stein recuerda los brillantes colores primarios
del arte moderno, al tiempo que sus
motivos repetitivos son un eco de las formas reiteradas
de las composiciones visuales abstractas.
Por medio de dislocaciones de la gramática y la
puntuación, ella logra trasmitir nuevos significados
“abstractos”, como se aprecia en su importante
colección Tender Buttons (Los botones tiernos,
1914), en la cual observa los objetos desde distintos
ángulos, como en la pintura cubista:
Una Mesa significa una Mesa, ¿no es así?
querido mío, significa algo estable por
completo.
Es probable que haya un cambio. Una mesa
significa algo más que un cristal, aun cuando
el espejo sea alto.
En la obra de Stein es muy común que el significado
se subordine a la técnica, del mismo modo
que el tema siempre es menos importante que la
forma en el arte visual abstracto. El tema y la técnica
llegaron a ser inseparables tanto en las artes
pictóricas como en el arte literario de la época.
Entonces cristalizó la idea de que la forma es el
equivalente del contenido, que fue piedra angular
de las artes plásticas y la literatura en el periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial.
La innovación tecnológica en el mundo de las
fábricas y las máquinas indujo a los artistas a ver la
técnica con renovada atención. Citemos un ejemplo:
la luz, en especial el alumbrado eléctrico,
fascinó a los artistas y escritores modernos. Los
carteles y anuncios de la época están llenos de
imágenes de rascacielos iluminados, y los rayos de
luz que salen de faros de coches, salas de cine y
torres de vigilancia iluminan un ámbito exterior,
oscuro y prohibido, que alude a la ignorancia y la
tradición de antaño.
Aliada a los adelantos científicos más recientes,
la fotografía empezó a adquirir el prestigio de las
bellas artes. El fotógrafo Alfred Stieglitz abrió un
estudio y galería en la ciudad de Nueva York, y
desde 1908 expuso las obras más recientes de
artistas europeos, incluso de Picasso y otros amigos
de Gertrude Stein en el Viejo Continente. El
salón de Stieglitz influyó en muchos artistas y
escritores, como William Carlos Williams, quien
fue uno de los poetas más importantes del siglo XX
en los Estados Unidos. Williams cultivó imágenes
claras de tipo fotográfico; su credo estético era
“no enfocar las ideas, sino las cosas”.
Así mismo, la visión y el punto de vista personal
llegó a ser un aspecto esencial de la novela
modernista. Ya no bastaba escribir un
relato directo en tercera persona o (peor aún)
incluir un narrador importuno y gratuito. El modo
de contar la historia se volvió tan importante como
la historia misma.
En sus obras de ficción, Henry James, William
Faulkner y muchos otros escritores estadounidenses
hicieron experimentos con puntos de vista
ficticios (algunos todavía lo hacen). A menudo James
restringe la información, en sus novelas, sólo
a lo que uno de los personajes habría podido saber.
En la novela de Faulkner, The Sound and the Fury
(El sonido y la furia, 1929), la narración se divide en
cuatro secciones, cada una de las cuales presenta
el punto de vista de un personaje diferente (uno
de ellos es un muchacho idiota).
En los Estados Unidos surgió la escuela de la
“Nueva Crítica”, que acuñó un nuevo léxico para
analizar esas formas modernas de la novela y la
poesía. Los nuevos críticos fueron en pos de la
“epifanía” (el momento en que un personaje descubre
la verdad trascendental de una
situación, según el término teológico
que alude a la aparición de un santo
ante un mortal); ellos “examinaban”
y “aclaraban” cada obra, con la
esperanza de “arrojar luz” sobre ella
mediante su “visión profunda”.

LA POESÍA DE 1914 A 1945: EXPERIMENTOS CON LA FORMA
Ezra Pound (1885-1972)
Ezra Pound fue uno de los poetas
estadounidenses más importantes
de este siglo. Vivió en Londres de
1908 a 1920 y allí convivió con muchos
escritores, entre ellos William
Butler Yeats, de quien fue secretario,
y T.S. Eliot, cuya obra Waste Land
(Tierra baldía) él revisó y mejoró en
forma drástica. Pound fue un enlace
entre los Estados Unidos e Inglaterra,
como colaborador editorial de
la importante revista Poetry de
Chicago, que dirigía Harriet Monroe,
y encabezó la nueva escuela de
poesía conocida como el imaginismo,
que preconizaba una expresión
clara y de tipo muy visual.
Después del imaginismo, defendió
varios enfoques poéticos y por último
se mudó a Italia, donde cayó en
las redes del fascismo.
Pound promovió el imaginismo
en cartas, ensayos y una antología.
En una carta dirigida a
Monroe en 1915, aboga por una poesía
visual con voz moderna, que evite
“los estereotipos y las frases hechas”.
En “A Few Don’ts of an Imagiste”
(“Algunas cosas que no debe
hacer un imaginista”, 1913), definió
“imagen” como “la representación
de una compleja entidad intelectual
y emocional en un instante del tiempo”.
En su antología de 10 poetas Des
Imagistes (Los imaginistas, 1914),
ofrece ejemplos de poesía imaginista
de excelentes autores, entre
ellos William Carlos Williams, H.D.
(Hilda Doolittle) y Amy Lowell.
Los intereses y lecturas de Pound
eran de alcance universal. Sus adaptaciones
y traducciones, brillantes
aunque a veces no muy fieles, pusieron
al alcance de los escritores modernos
nuevas posibilidades literarias
tomadas de muchas culturas. La
obra de toda su vida se plasmó en The
Cantos (Los cantos), que escribió y
publicó por etapas hasta su muerte.
En esos trabajos hay pasajes brillantes,
pero sus alusiones a obras literarias
y artísticas de muchas épocas
y culturas hacen que su lectura sea
difícil. Los rasgos más conocidos de
su poesía son las imágenes visuales
claras, los ritmos frescos y las líneas
musculosas, inteligentes e insólitas,
como se aprecia en el Canto LXXXI:
“La hormiga es un centauro en su
mundo de dragones”; o en sus poemas
inspirados en el haikú japonés,
como “In a Station of the Metro” (“En
una Estación del Metro”, 1916):
Aparecen rostros en la multitud;
Pétalos sobre un negro y
húmedo ramaje.

T.S. Eliot (1888-1965)
Thomas Stearns Eliot nació en St.
Louis, Missouri, en una familia acomodada
que se arraigó en el nordeste
de los Estados Unidos. Recibió
una educación más depurada que
ningún otro escritor estadounidense
importante de su generación, en Harvard,
en la Sorbona y en la Escuela
Superior Merton de la Universidad
Oxford. Estudió sánscrito y filosofía
oriental, lo cual influyó en su poesía.
Como su amigo Pound, viajó a Inglaterra
a edad temprana y llegó a ser
una figura eminente del mundo literario
de ese país. Eliot fue uno de los
poetas más respetados de su época,
y su poesía modernista e iconoclasta,
que a primera vista parece ilógica o
abstracta, tuvo un impacto revolucionario.
También fue autor de
ensayos y obras teatrales de gran
envergadura y defendió la importancia
de la tradición literaria y social
para el poeta moderno.
Lo que más se recuerda del trabajo
de Eliot como crítico es su definición
del “correlativo objetivo”, que
describió en The Sacred Wood (El
bosque sagrado) como la expresión
de emociones a través de “una serie
de objetos, una situación o una cadena
de eventos”, que llega a ser la
“fórmula” de esa emoción particular.
Algunos de sus poemas, como
“The Love Song of J. Alfred Prufrock”
(“La canción de amor de J. Alfred
Prufrock”, 1915), son ejemplos
de ese método, como cuando el viejo
e inútil Prufrock medita que él
mismo “ha dosificado su vida en
pequeñas cucharadas de café”, siendo
estas últimas el reflejo de una
existencia monótona y una vida desperdiciada.
La célebre primera estrofa de
“Prufrock” de Eliot invita al lector a
penetrar en abigarrados callejones
que, como la vida moderna, no
responden a las interrogantes de la
existencia:
Vayamos pues tú y yo,
Cuando la tarde se extiende y
cubre el cielo
Como un paciente anestesiado en
la mesa quirúrgica;
Vayamos pues a deambular por
calles medio desiertas,
El bullicio se bate en retirada
De noches inquietas en hoteles
baratos de una noche
Y restaurantes cubiertos de
serrín y conchas de ostras:
Calles que se alargan como una
discusión tediosa
De aviesas intenciones
Y te conducen a una pregunta
abrumadora...
¡Oh, no preguntes “¿qué es?”
Vayamos pues a hacer nuestra
visita.
El mismo tipo de imágenes campea
en The Waste Land (La tierra baldía,
1922), que es como un eco del infierno
de Dante, al evocar las atestadas
calles de Londres en tiempos de la
Primera Guerra Mundial:
Ciudad irreal,
Bajo la niebla parda de una
alborada de invierno,
Una multitud se apiñó sobre el
Puente de Londres, y eran tantos
Nunca imaginé que la muerte
hubiera abatido a tantos... (I, 60-63)
La visión de The Waste Land es, en
definitiva, apocalíptica y universal:
Grietas y reformas y estallidos
en el aire violáceo
Torres que caen
Jerusalén, Atenas, Alejandría
Viena, Londres,
Todo irreal (V, 373-377)
Entre los demás poemas importantes
de Eliot figuran “Gerontion”
(1920), que presenta a
un anciano como símbolo de la decrepitud
de la sociedad occidental;
“The Hollow Men” (“Los hombres
huecos”, 1925), un conmovedor canto
fúnebre a la muerte del espíritu de
la humanidad contemporánea; Ash
Wednesday (Miércoles de ceniza,
1930), donde dirige la mirada explícitamente
a la Iglesia de Inglaterra, en
busca del significado de la vida
humana; y Four Quartets (Cuatro
cuartetos, 1943), una meditación
experimental, compleja y muy subjetiva,
sobre temas trascendentales como
el tiempo, la naturaleza del yo y la
lucidez espiritual. Su poesía, sobre
todo las audaces e innovadoras
obras de la primera época, ha influido
en varias generaciones.

Robert Frost (1874-1963)
Robert Lee Frost nació en California,
pero vivió en una granja del
nordeste de los Estados Unidos
hasta la edad de 10 años. Igual que
Eliot y Pound, fue a Inglaterra atraído
por los nuevos movimientos de la
poesía. Era carismático en sus lecturas
de poesía y ganó renombre
durante sus giras. Leyó una obra
original suya en la toma de posesión
del presidente John F. Kennedy, en
1961, lo cual ayudó a difundir el
interés por la poesía en todo el país.
Su popularidad es fácil de explicar,
pues escribió sobre la vida tradicional
en la granja y apeló a la nostalgia
por las costumbres de antaño.
Sus temas son universales: la
recolección de manzanas, muros de
piedra, cercas y caminos vecinales.
La aproximación de Frost es lúcida y
accesible: rara vez emplea alusiones
o elipsis pedantes. Su uso frecuente
de la rima atrajo también al público
en general.
La obra de Frost tiene a menudo
una engañosa simplicidad. Muchos
de sus poemas sugieren un significado
más profundo. Por ejemplo, la
descripción de una tranquila noche
nevada en un esquema de rima casi
hipnótico puede sugerir la llegada no
del todo indeseable de la muerte.
Esto es parte del poema “Stopping
By Woods on a Snowy Evening” (”Un
alto en el bosque en una noche nevada”,
1923):
De quién son estos bosques, lo
sé bien.
Su casa está en la aldea, también
lo sé;
No verá que me detengo como
antaño
A ver sus bosques nevados otra
vez.
Mi caballito pensará que es
extraño
Detenernos aquí donde no hay
granja o rebaño.
Entre el bosque y un lago helado
me coloco
En ésta que es la noche más
oscura del año.
Sus cascabeles hace sonar un
poco
Como para decirme que tal vez
me equivoco.
Además de ese ruido, sólo se
escucha aquí
El soplo del viento y el eco de
algún copo.
El bosque es fresco, sombreado,
hondo y sin fin,
Pero tengo todavía promesas que
cumplir,
Y millas que recorrer antes de
dormir,
AY millas que recorrer antes de
dormir.

Wallace Stevens (1879-1955)
Nacido en Pennsylvania, Wallace
Stevens estudió en la Escuela Superior
de Harvard y en la Escuela de
Derecho de la Universidad de Nueva
York. Ejerció la abogacía en la ciudad
de Nueva York entre 1904 y 1916, una
época de intensa actividad artística y
poética en la urbe. Se mudó a
Hartford, Connecticut, y fue nombrado
ejecutivo de una compañía de
seguros en 1916, pero siguió escribiendo
poesía. Su vida es notable por
la separación que mantuvo entre sus
actividades: sus socios en la compañía
de seguros no sabían que era
un gran poeta. En privado, toda su
vida siguió desarrollando ideas de la
mayor complejidad en torno de la
estética, en libros con títulos tan
apropiados como su Harmonium
(Armonio, edición aumentada en 1931), Ideas of
Order (ideas de orden, 1935) y Parts of a World
(Las partes de un mundo, 1942). Algunos de sus
poemas más conocidos son "Sunday Morning"
("Domingo por la mañana"), "Peter Quince at the
Clavier" ("Peter Quince al clavecín"), "The
Emperor of Ice-Cream" ("El emperador del mantecado"),
"Thirteen Ways of Looking at a Blackbird"
("Trece modos de mirar a un mirlo") y "The Idea of
Order at Key West" ("La idea de orden en Cayo
Hueso").
La poesía de Stevens gira en torno a los temas
de la imaginación, la necesidad de la forma estética
y la idea de que el orden en el arte se asemeja
al orden de la naturaleza. Su vocabulario es rico y
variado. Sabe pintar escenas de exuberancia tropical,
pero también maneja las viñetas de tono seco,
humorístico e irónico.
En algunos poemas aborda temas de cultura
popular y en otros muestra el lado grotesco de la
sociedad refinada o se eleva a las grandes alturas
del intelecto. Es conocido por su exuberante juego
de palabras: "Raudos, con un sonido de tambores
chinos / Llegaron sus sirvientes bizantinos".
La obra de Stevens está llena de hallazgos sorprendentes.
A veces se divierte a expensas del lector,
como en "Disillusionment of Ten O'Clock" (“La
desilusión de las diez en punto”, 1931):
Las casas están embrujadas
Con blancos camisones de dormir.
No veo ninguno verde
Ni morado con franjas amarillas,
Ni amarillo con franjas azules.
Ninguno que sea extraño,
Con adornos de encaje
Y cinturón de cuentas.
La gente no se atreve
A soñar babuinos y caracoles marinos.
Tan sólo, aquí y allá, un viejo marinero,
Ebrio y dormido sobre sus botas,
Atrapa tigres
En un celaje rojo.
A primera vista, este poema parece una queja
por la falta de imaginación con que vive la
gente (sólo camisones de dormir blancos
y lisos), pero en realidad evoca imágenes vívidas
en la mente del lector. Al final, un marino ebrio
olvida la compostura y se atreve a "atrapar tigres"...
por lo menos en sueños. El poema muestra que la
imaginación humana —ya sea del lector o del
marinero—siempre encuentra una salida para la
creatividad.

William Carlos Williams (1883-1963)
William Carlos Williams ejerció la pediatría toda
su vida; atendió el nacimiento de más de 2.000 niños
y escribió poemas en las hojas de su recetario. Fue
condiscípulo de los poetas Ezra Pound e Hilda
Doolittle, y en sus primeros poemas acusó la influencia
del imaginismo. Más tarde se convirtió en
impulsor del uso literario del habla coloquial; su
buen oído para los ritmos naturales del inglés hablado
de los Estados Unidos ayudó a liberar a la poesía
del país de la métrica yámbica que había imperado
en la versificación en inglés desde el Renacimiento.
Su simpatía por la gente trabajadora ordinaria, los
niños y los hechos de todos los días en el entorno
urbano moderno, le permitió crear poesía atractiva
y accesible. "The Red Wheelbarrow" ("La carretilla
roja", 1923) se asemeja a una naturaleza muerta de
la escuela holandesa y encuentra interés y belleza
en los objetos cotidianos:
Tantas cosas dependen
de una
carretilla roja
que relumbra
por el agua
de la lluvia
junto a los blancos
pollos.
Williams cultivó una poesía tranquila y natural. El
poema no salía de sus manos como un objeto de
arte perfecto, como en el caso de Stevens, ni recreaba
la anécdota con todos sus detalles —al
modo de Wordsworth— como lo hacía Frost. En su
caso, el propósito del poema es captar un instante
del tiempo, como una foto instantánea sin pose
alguna (Williams tomó este concepto de los fotógrafos
y artistas plásticos que conoció en galerías,
como la de Steiglitz en la ciudad de Nueva York). A
semejanza de la fotografía, sus poemas insinúan a
menudo posibilidades y atractivos
ocultos, como se aprecia en “The
Young Housewife” (“La joven ama de
casa”, 1917):
A las 10 a.m. la joven ama de casa
deambula en su camisón transparente,
tras los muros recubiertos de madera
de la casa de su esposo
Yo paso solitario en mi automóvil.
Luego sale de nuevo a la
acera
para llamar al que vende hielo,
al que vende pescado, y
se muestra tímida, desaliñada,
luchando con
los mechones de su cabello
suelto; y la comparo
Con una hoja caída.
Las silenciosas ruedas de mi
coche se apresuran con un ruido
crujiente sobre las hojas secas,
mientras me inclino y paso
sonriendo.
Él mismo calificó a su obra de
"objetivista", para subrayar la importancia
de los objetos visuales y concretos.
Con frecuencia captó en su
poesía la pauta emotiva y espontánea
de la experiencia e influyó en los
autores "beat" que surgirían a principios
de la década de 1950.
Williams ensayó la forma épica
igual que Eliot y Pound, pero a diferencia
de éstos, que la llenaron de
alusiones literarias dirigidas a un
pequeño círculo de lectores muy
eruditos, Williams escribió para un
público más general. Aunque estudió
en el extranjero, decidió vivir en los
Estados Unidos. En su épica titulada
Paterson (cinco volúmenes, 1946-
1958), exalta a su ciudad natal de
Paterson, New Jersey, vista a través
de los ojos de un personaje autobiográfico:
el "Dr. Paterson". En ese trabajo,
Williams yuxtapuso pasajes líricos,
prosa, cartas, autobiografía,
crónicas de periódicos y datos históricos.
La abundancia de espacios en
blanco, que solía dejar en su formato,
sugiere la idea de los caminos
abiertos a la literatura de los Estados
Unidos y trasmite la sensación
de que los nuevos panoramas se
ofrecen también a la gente pobre
que va de día de campo a un parque
público los domingos. A semejanza
del personaje central de Whitman en
Leaves of Grass, el Dr. Paterson se
desenvuelve con soltura entre los
modestos trabajadores:
- a fines de verano,
un domingo por la tarde
- y va por el sendero hasta el
peñasco (contando: la prueba)
él mismo en medio de otros
- que caminan por las mismas
piedras en que sus pies
resbalan durante el ascenso,
¡al ritmo que marcan sus perros!
riendo y gritándose unos a otros-
¡Espérenme!
(II, i, 14-23)

EL PERIODO DE ENTREGUERRAS
Robinson Jeffers (1887-1962)
En los años transcurridos entre
las grandes guerras mundiales
surgieron en los Estados Unidos
muchos poetas de gran talla y
auténtica visión, entre quienes figuran
autores de la Costa Oeste, mujeres y
afro-estadounidenses. Igual que el
novelista John Steinbeck, Robinson
Jeffers vivió en California y escribió
sobre los ganaderos españoles y los
indios, sus tradiciones mezcladas
entre sí, y la arrebatadora belleza del
paisaje. Con una formación basada en
los clásicos y muy versado en Freud,
Jeffers trasplantó varios temas de la
tragedia griega al agreste panorama
de la costa. Es más conocido por sus
narraciones trágicas, como Tamar
(1924), Roan Stallion (El caballo
semental ruano, 1925), The Tower
Beyond Tragedy (La torre más allá de
la tragedia, 1924) —recreación del
Agamenón de Esquilo— y Medea
(1946), donde recrea la tragedia de
Eurípides.

Edward Estlin Cummings (1894-1962)
Edward Estlin Cummings, a quien
se conoce de ordinario como e.e.
cummings, escribió versos atractivos
y novedosos que se distinguen por
su humorismo, su gracia, su exaltación
del amor y el erotismo, y el uso
experimental de la puntuación y el
formato visual en la tipografía de la
página. Cummings era pintor y fue el
primer poeta norteamericano que se
percató de que la poesía se había
convertido en un arte eminentemente
visual, no verbal; por eso usó
en sus poemas muchas sangrías y
espacios insólitos, y suprimió por
completo el empleo de letras mayúsculas.
Como Williams, Cummings
empleó también el lenguaje
coloquial, de imágenes muy
nítidas y vocablos tomados de la cultura
popular. A semejanza de aquél,
se tomó ciertas libertades creativas
en materia de formato. En su poema
"in Just --" ("en Sólo --", 1920), invita
al lector a escribir las ideas faltantes
en los espacios en blanco:
sólo En -
Primavera cuando el mundo
es lodo -
meloso el chaparrín
vendedor de globos cojo
silba a lo lejos y se ve
chiquito
y llega el remolino
corriendo desde los mármoles y -
piraterías y es
primavera...

Hart Crane (1899-1932)
Este atormentado poeta joven se
suicidó a la edad de 33 años, arrojándose
al mar. Hart Crane nos legó
poemas sorprendentes, entre ellos
uno de carácter épico, The Bridge (El
puente, 1930), que fue inspirado por
el puente de Brooklyn. En esa obra
se impuso la ambiciosa tarea de
reseñar toda la experiencia cultural
de los Estados Unidos y plantearla
de nuevo en términos afirmativos. Su
exquisito y exaltado estilo se aprecia
mejor en los poemas cortos, como
"Voyages" ("Viajes", 1923, 1926) y "At
Melville's Tomb" ("Ante la tumba de
Melville", 1926), cuyo final podría hacer
las veces de un epitafio apropiado
para Crane:
la monodia ya no despertará al
marinero.
A esta sombra fabulosa sólo el
mar puede guardar.

Marianne Moore (1887-1972)
En una ocasión, Marianne Moore
escribió que los poemas son "jardines
imaginarios habitados por
sapos de verdad". Sus poemas tienen
tono de conversación, pero hay gran
complejidad y sutileza en su versificación
silábica, y se basan en descripciones
de elevada precisión y en
hechos históricos y científicos. En su
papel de "poeta para poetas", influyó
en artistas posteriores, como su
joven amiga Elizabeth Bishop.

Langston Hughes (1902-1967)
Langston Hughes fue uno de los
muchos poetas de talento surgidos
durante el Renacimiento de Harlem,
en la década de 1920, entre quienes
figuran James Weldon Johnson,
Claude McCay, Countee Cullen y
otros. Hughes adoptó los ritmos
afro-americanos del jazz y fue uno
de los primeros escritores negros
que trataron de hacer una carrera
lucrativa en la literatura. Para eso
incorporó a su poesía el blues, los
cantos “espirituales” negros, el
habla coloquial y las costumbres de
su gente.
Fue un importante organizador de
la cultura, publicó muchas antologías
de autores negros y fundó grupos
teatrales negros, tanto en Los
Angeles y Chicago como en la ciudad
de Nueva York. También cultivó con
eficacia el periodismo y creó al personaje
Jesse B. Semple (el "Simple")
para expresar sus comentarios
de crítica social. En uno de sus
poemas más apreciados, The Negro
Speaks of Rivers (El negro habla de
ríos, 1921, 1925), pasa revista a su
legado africano —y universal—en
un grandioso catálogo de aliento
épico. El poema sugiere que, como
los grandes ríos del mundo, la cultura
africana perdurará y será cada
día más profunda:
He conocido ríos:
He conocido ríos antiguos como
el mundo y más viejos que el
torrente de la sangre humana
en las venas de los hombres.
Mi alma se ha vuelto profunda
como los ríos.
Me bañé en el Éufrates cuando
las alboradas eran jóvenes.
Construí mi choza junto al Congo
y él arrulló mi sueño.
Contemplé el Nilo y erigí las
pirámides en sus márgenes.
Oí la canción del Mississippi
cuando Abe Lincoln
se fue a Nueva Orleans
y he visto su lodoso fondo
tornarse dorado a la puesta
del sol.
He conocido ríos.
Antiguos y oscuros ríos.
Mi alma se ha vuelto profunda
como los ríos.

OBRAS EN PROSA 1914-1945: EL REALISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS
Si bien es cierto que los autores
de prosa estadounidenses experimentaron
con el punto de
vista y la forma en el periodo de
entreguerras, sus obras fueron más
realistas, en términos generales, que
las de los europeos. El novelista
Ernest Hemingway escribió sobre la
guerra, la caza y otros afanes masculinos,
en un estilo desnudo y llano; en
sus vigorosas novelas del Sur, William
Faulkner relató la historia de varias
generaciones y culturas firmemente
arraigadas en el ambiente tórrido y
polvoriento de Mississippi; y Sinclair
Lewis dibujó con irónica claridad la
vida de la burguesía.
En las décadas de 1920 y 1930, la
importancia de aceptar la realidad tal
cual es llegó a ser un tema predominante.
Escritores como F. Scott
Fitzgerald y el dramaturgo Eugene
O'Neill retrataron en muchas ocasiones
la tragedia que espera a
quienes viven en un frágil mundo de
ensueños.

F. Scott Fitzgerald (1896-1940),
La vida de Francis Scott Key
Fitzgerald parece un cuento de
hadas. En la Primera Guerra Mundial,
Fitzgerald se alistó en el Ejército de
los Estados Unidos y se enamoró de
Zelda Sayre, una muchacha rica y
hermosa que vivía en Montgomery,
Alabama, cerca del lugar donde él
estaba acuartelado. Sin embargo la
joven rompió su compromiso cuando
supo que él no era rico. Cuando se
reintegró a la vida civil, al final de la
guerra, el joven decidió buscar fortuna
en el mundo literario de la ciudad
de Nueva York para casarse con
Zelda.
Su primera novela, This Side of Paradise
(A este lado del paraíso, 1920),
fue un éxito de librería y a la edad de
24 años nuestro autor se casó con su
amada. Sin embargo ninguno de los
dos pudo soportar las tensiones del
éxito y la fama, y derrocharon su
dinero. En 1924 decidieron ahorrar y
se mudaron a Francia, pero regresaron
al cabo de siete años. La salud
mental de Zelda se tornó inestable y
tuvo que ser recluida en un sanatorio;
por su parte, Fitzgerald cayó en
el alcoholismo y murió joven, cuando
trabajaba en Hollywood como escritor
de guiones para el cine.
El lugar que ocupa Fitzgerald en la
literatura de los Estados Unidos lo
debe sobre todo a su novela The
Great Gatsby (El gran Gatsby, 1925),
una historia sobre el sueño norteamericano
del hombre que labra su
propio éxito, escrita brillantemente y
estructurada con gran economía de
recursos. El protagonista, el misterioso
Jay Gatsby, descubre el costo
devastador del éxito, al cual sacrifica
el amor y su realización como persona.
Otras excelentes obras de este
autor son: Tender is the Night (Tierna
es la noche, 1934), sobre un joven
psiquiatra cuya vida se destruye por
su matrimonio con una mujer inestable,
y algunos relatos de las colecciones
Flappers and Philosophers
(Chicas de moda y filósofos, 1920),
Tales of the Jazz Age (Cuentos de la
era del jazz, 1922) y All the Sad Young
Men (Todos los tristes hombres jóvenes,
1926). Fitzgerald captó mejor
que ningún otro escritor la vida fulgurante
y desesperada de los años 20;
This Side of Paradise fue reconocida
como la voz de la juventud moderna
de los Estados Unidos. En su segunda
novela, The Beautiful and the Damned
(La belleza y el condenado, 1922),
continuó la exploración de la extravagancia
autodestructiva de su época.
Una de las cualidades específicas
de Fitzgerald es su estilo deslumbrante,
idóneo para su tema del lujo y
su poder seductor. En un célebre
pasaje de The Great Gatsby, resume
magistralmente lo ocurrido en un
largo periodo: "Todas las noches del
verano había música en la casa de mi
vecino. En sus jardines azules, los
hombres y las muchachas iban y
venían como polillas entre los murmullos
y la champaña y las estrellas".

Ernest Hemingway (1899-1961)
Pocos escritores han tenido una
vida tan colorida como Ernest Hemingway,
la cual habría podido ser
tema de una de sus novelas de aventuras.
Como Fitzgerald, Dreiser y
muchos otros buenos novelistas del
siglo XX, Hemingway era originario
del Medio Oeste de los Estados
Unidos. Nació en Illinois; de niño pasaba
las vacaciones en Michigan y
participaba en excursiones para ir de
caza y pescar. En la Primera Guerra
Mundial prestó servicio en Francia,
como voluntario en una unidad de
ambulancias, pero fue herido y estuvo
hospitalizado seis meses. Después
de la guerra trabajó como corresponsal
bélico destacado en París, y
allí conoció a los escritores expatriados
estadounidenses Sherwood
Anderson, Ezra Pound, F. Scott
Fitzgerald y Gertrude Stein. Esta
última, en particular, influyó en su
lacónico estilo.
Después de alcanzar la fama con
su novela The Sun Also Rises (El sol
también sale, 1926), reseñó la Guerra
Civil de España, la Segunda
Guerra Mundial y la lucha armada en
China, en la década de 1940. Hemingway
sufrió heridas graves cuando
su avioneta se desplomó, durante
un safari en África; sin embargo, no
dejó de disfrutar de la caza y la pesca
deportiva, las cuales inspiraron algunas
de sus mejores obras. The Old Man and the Sea (El viejo y el mar,
1952), la poética novela corta sobre
un pescador pobre y viejo que atrapa
heroicamente un enorme pez y al
final éste es devorado por tiburones,
lo hizo acreedor al Premio Pulitzer
en 1953; al año siguiente ganó el
Premio Nobel. Desalentado por los
problemas familiares, la enfermedad
y la idea de que estaba perdiendo
sus dotes de escritor, Hemingway
se suicidó de un balazo en 1961.
Se puede decir que Hemingway
fue el novelista estadounidense
más popular del siglo.
Sus inclinaciones eran en esencia
apolíticas y humanísticas, y en ese
sentido es universal. Sus novelas
son fáciles de entender por su sencillo
estilo, y muchas de ellas se
desarrollan en ambientes exóticos.
Firme creyente del "culto a la experiencia",
Hemingway coloca a menudo
a sus personajes en situaciones
peligrosas para revelar su naturaleza
interna; en sus últimas obras,
el peligro se vuelve a veces un pretexto
para exaltar lo masculino.
Igual que Fitzgerald, Hemingway
también llegó a ser portavoz de su
generación; sin embargo, en lugar de
describir la opulencia fatal de su
época —como Fitzgerald, quien
nunca combatió en la Primera Guerra
Mundial—, Hemingway escribió
sobre esa lucha, la muerte y los
escépticos sobrevivientes de la "generación
perdida". Sus personajes no
son seres soñadores, sino rudos
toreros, soldados y atletas. Los personajes
intelectuales que presenta
son seres sin ilusiones, marcados
por cicatrices profundas.
Su sello distintivo es un estilo pulcro,
despojado de palabras innecesarias.
Con frecuencia recurre al eufemismo;
por ejemplo, en A Farewell
to Arms (Adiós a las armas, 1929), la
heroína que muere al dar a luz exclama:
"No tengo ningún temor. Esto es
sólo un truco sucio". En una ocasión,
Hemingway comparó a sus obras con
un iceberg: "por cada parte visible
hay siete octavas partes ocultas bajo
el agua".
El fino oído de Hemingway para el
diálogo y la precisión de sus descripciones
son patentes en sus excelentes
historias cortas, como "The
Snows of Kilimanjaro" ("Las nieves
del Kilimanjaro") y "The Short Happy
Life of Francis Macomber" ("La vida
breve y feliz de Francis Macomber").
De hecho, la opinión general de la
crítica es que sus historias cortas
tienen una calidad igual o mayor que
sus novelas. Algunas de sus mejores
novelas son The Sun Also Rises, donde
describe la vida de desaliento de los
expatriados después de la Primera
Guerra Mundial; A Farewell to Arms,
que es la trágica historia de amor de
un soldado estadounidense y una
enfermera inglesa, en plena guerra;
For Whom the Bell Tolls (Por quién
doblan las campanas, 1940), que se
desarrolla durante la Guerra Civil
Española, y The Old Man and the Sea.

William Faulkner (1897-1962)
Nacido en el seno de una antigua
familia del Sur, William Harrison
Faulkner creció en Oxford, Mississippi,
y allí pasó la mayor parte de
su vida. Él creó un paisaje geográfico
imaginario, el condado de Yoknapatawpha
que aparece en muchas de
sus novelas, y varias familias cuyas
ramificaciones se enlazan unas con
otras por varias generaciones. Para
crear el condado de Yoknapatawpha
y su capital, "Jefferson", tomó como
modelo la ciudad de Oxford, Mississippi,
y sus alrededores. El autor
recrea la historia de esas tierras y
de las diversas razas —indios, estadounidenses
de origen africano o
europeo, y diversos tipos mestizos—
que han vivido en ellas. Faulkner
era un innovador e hizo experimentos
muy brillantes con la
cronología narrativa, en los que
mostró distintos puntos de vista y
diversas voces (aun de proscritos,
niños y analfabetas), y cultivó un
estilo barroco, rico y exigente, a
base de enunciados muy largos,
llenos de complicadas cláusulas
subordinadas.
Entre las mejores novelas de
Faulkner figuran: The Sound and the
Fury (El sonido y la furia, 1929) y As I
Lay Dying (Mientras yo agonizo,
1930), dos obras modernistas donde
el autor experimentó con el punto
de vista y la voz narrativa, al sondear
la realidad de las familias del Sur
sometidas a la angustia de perder a
uno de sus miembros; Light in
August (Luz de agosto, 1932), muestra
las complejas y violentas relaciones
entre una mujer blanca y un
hombre negro; y Absalom, Absalom!
(¡Absalón, Absalón!, 1936), que es tal
vez la mejor de todas, donde relata
el ascenso y ocaso del dueño de una
finca agrícola que forja su propio
éxito y después su trágica caída, por
los prejuicios raciales y la incapacidad
de amar.
En la mayoría de esas novelas, el
autor usa varios personajes para narrar
las diversas partes de la historia,
demostrando que el significado depende
tanto del modo de contar las
cosas como del tema mismo. El empleo
de diferentes puntos de vista
hace que Faulkner sea más "autorreferencial”
o reflexivo, que Hemingway
o Fitzgerald; cada novela es
una meditación sobre sí misma y, a la
vez, el desarrollo de una historia de
interés universal. Los temas de Faulkner
son: la tradición del Sur de los
Estados Unidos, la familia, la comunidad,
la tierra, la historia y el pasado,
la raza y las pasiones de la ambición y
el amor. Escribió también tres novelas
enfocadas en el ascenso social de
una familia de degenerados, el clan
de los Snopes: The Hamlet (El villorrio,
1940), The Town (En la ciudad,
1957) y The Mansion (La mansión,
1959).

LAS NOVELAS DE LA CONCIENCIA SOCIAL
Una corriente subterránea de
protesta social había empezado
a fluir en la literatura
de los Estados Unidos desde la década
de 1890, y se manifestó tanto en el
naturalismo de Stephen Crane y
Theodore Dreiser como en los diáfanos
mensajes de los novelistas de
denuncia. Autores que después demostraron
su actitud comprometida
a favor de la sociedad fueron: Sinclair
Lewis, John Steinbeck, John Dos
Passos, Richard Wright y el dramaturgo
Clifford Odets. Todos fueron
afines a la década de 1930, en su preocupación
por el bienestar del ciudadano
común y su enfoque centrado
en grupos de personas: las profesiones,
como los arquetípicos
Arrowsmith (el médico) o Babbitt
(el hombre de negocios de la localidad)
en el caso de Sinclair Lewis; las
familias, como en The Grapes of
Wrath (Las viñas de la ira) de
Steinbeck; o las masas urbanas que
Dos Passos representa por medio
de los 11 personajes principales de
su trilogía U.S.A.

Sinclair Lewis (1885-1951)
Harry Sinclair Lewis nació en Sauk
Centre, Minnesota y se graduó por la
Universidad Yale. Se ausentó de la
escuela por un tiempo para ir a trabajar
en una comunidad socialista, la
Colonia Helicon Home, financiada
por el novelista de denuncia Upton
Sinclair. En Main Street (La calle
principal, 1920), Lewis hizo una sátira
sobre la vida monótona e hipócrita
de los residentes del pequeño
poblado Gopher Prairie, Minnesota.
Su incisiva exposición de la vida en
los Estados Unidos y su crítica al
materialismo, la estrechez de criterio
y la hipocresía en el país le merecieron
el reconocimiento nacional
e internacional. En 1926 ganó el Premio
Pulitzer —el cual declinó— por
su novela Arrowsmith (1925), que
narra la lucha de un médico por ser
fiel a la ética profesional en un
medio saturado de codicia y corrupción.
En 1930, Lewis fue el primer
estadounidense que ganó el Premio
Nobel de literatura.
Otra de las novelas importantes
de Lewis es Babbitt
(1922). George Babbitt es un
hombre de negocios ordinario, que
vive y trabaja en Zenith, una ciudad
ordinaria de los Estados Unidos. Es
un personaje muy moral y emprendedor,
convencido de que el mundo
de la empresa es el nuevo enfoque
científico de la vida moderna. Al ser
presa de la inquietud, busca satisfacción
en la relación amorosa que
inicia con una muchacha de vida
bohemia, pero al final se decepciona,
vuelve al lado de su esposa y acepta
su destino. Esa novela aportó un
nuevo vocablo a la lengua del país:
"babbittry", que denota la estrechez
de miras y la conducta conformista,
tan comunes en la burguesía. En
Elmer Gantry (1927) denuncia la
religión surgida en su país que predica
el nacimiento a una nueva vida, y
en Cass Timberlane (1945) explora
las dificultades que surgen en el matrimonio
de un juez ya entrado en
años y su joven esposa.

John Dos Passos (1896-1970)
John Dos Passos fue al principio un
radical de izquierda como Sinclair
Lewis, pero se fue inclinando a la
derecha al envejecer. Dos Passos
escribió en forma realista, de acuerdo
con la doctrina del realismo
socialista. En sus mejores obras
logra un objetivismo científico y crea
un efecto casi documental. Este
autor desarrolló una técnica de montaje
de tipo experimental en su obra
maestra, U.S.A., formada por The
42nd Parallel (El paralelo 42, 1930),
1919 (1932) y The Big Money (El gran
capital, 1936). Esta expansiva colección
abarca la historia social de los
Estados Unidos, de 1900 a 1930, y
denuncia la corrupción moral de la
sociedad materialista del país, a
través de la vida de sus personajes.
Dos de las nuevas técnicas creadas
por Dos Passos fueron: las secciones
de "noticiario", tomadas de los titulares
de los diarios de la época, las
canciones populares y anuncios; y las
"biografías", donde narra sucintamente
la vida de estadounidenses
importantes de la época, como el
inventor Thomas Edison, el líder
sindical Eugene Debbs, el astro de
cine Rudolph Valentino, el financiero
J.P. Morgan y el sociólogo Thorstein
Veblen. Tanto los noticiarios como
las biografías confieren valor documental
a las novelas de este autor;
una tercera técnica, conocida como
"el ojo de la cámara", es una serie de
poemas en prosa sobre el flujo de la
conciencia, que ofrece una respuesta
subjetiva a los hechos descritos en
los libros.

John Steinbeck (1902-1968)
Como Sinclair Lewis, John Steinbeck
es más apreciado hoy por la crítica
de otros países que por la de los
Estados Unidos, en gran parte porque
recibió el Premio Nobel de Literatura
en 1963 y por la fama internacional
que eso le confirió. En ambos
casos, el Comité Nobel eligió a autores
estadounidenses liberales que
se destacaron por su crítica social.
Nacido en California, Steinbeck
ubica muchas de sus novelas en el
Valle Salinas, cerca de San Francisco.
Su obra más conocida es la novela
ganadora del Premio Pulitzer titulada
The Grapes of Wrath (Las viñas de la
ira, 1939), que narra las tribulaciones
de una familia pobre de Oklahoma
que pierde su granja durante la
Depresión y emigra a California en
busca de trabajo. Los miembros de la
familia son sometidos a la opresión
feudal a manos de terratenientes
ricos. Otras obras que se desarrollan
en California son: Tortilla Flat
(1935), Of Mice and Men (De ratones
y hombres, 1937), Cannery Row (El
barrio de las enlatadoras, 1945) y
East of Eden (Al este del paraíso,
1952).
Steinbeck combina el realismo con
un romanticismo primitivista que
descubre virtudes en los granjeros
pobres que viven apegados a la tierra.
Las obras de ficción de este
autor muestran la vulnerabilidad de
esas personas, a quienes la sequía
puede desarraigar y son las primeras
que sufren en épocas de inestabilidad
política y depresión económica.

EL RENACIMIENTO DE
HARLEM
En la exuberante década de
1920, la comunidad negra de
Harlem, un barrio asentado
en la ciudad de Nueva York, estaba
llena de chispeante pasión y creatividad.
Los acentos del jazz negro
norteamericano invadieron a la nación
entera, como una tormenta, y
los músicos y compositores del género,
como Duke Ellington, se convirtieron
en estrellas muy apreciadas
en los Estados Unidos y en el
extranjero. Bessie Smith y otras cantantes
de blues expresaron su lirismo
franco, tortuoso y sensual, lleno
de cruda emoción. Los cánticos
espirituales negros llegaron a ser
muy apreciados como música religiosa
de belleza única. La actriz
negra Ethel Waters triunfó en el
escenario, al tiempo que la danza y el
arte de los negros estadounidenses
florecían en la música y el teatro.
En la rica variedad de talentos que
surgieron en Harlem, convivieron
muchos puntos de vista. La sensible
novela de Carl Van Vechten Nigger
Heaven (El cielo de los negros,
1926), nos da una idea de la existencia
compleja y agridulce de la
población negra de los Estados
Unidos en medio de la desigualdad
económica y social.
El poeta Countee Cullen (1903-
1946), que nació en Harlem y estuvo
casado poco tiempo con la hija de
W.E.B. DuBois, escribió poesía rimada
de buena calidad, de acuerdo con
las formas aceptadas, que fue muy
admirada por los blancos. Él creía
que un poeta no debía permitir que
la raza dictara el tema y el estilo de
su poesía. En el otro extremo del
espectro se encuentran los afroestadounidenses
que rechazaban a
su nuevo país y apoyaban el movimiento
de "Retorno al África",
encabezado por Marcus Garvey. La
obra de Jean Toomer se ubica en un
punto intermedio entre ambos
extremos.

Jean Toomer (1894-1967)
Igual que Cullen, el escritor de
novelas y poeta estadounidense de
origen africano Jean Toomer concibió
una identidad norteamericana
capaz de trascender la cuestión racial.
Tal vez por eso cultivó con brillantez
las tradiciones poéticas de la
rima y la métrica, y no buscó nuevas
formas "negras" para su poesía. Sin
embargo, su obra más importante,
Cane (La caña, 1923), es ambiciosa e
innovadora. Como Williams en Paterson,
Toomer incluye en Cane diversos
poemas, viñetas en prosa, relatos
y notas autobiográficas. En ellos
vemos la lucha de un afro-estadounidense
por descubrir su identidad,
dentro y fuera de las comunidades
negras, en la Georgia rural,
Washington, D.C. y Chicago, Illinois, y
como maestro de escuela negro en
el Sur del país. La gente del sector
negro rural de Georgia que Toomer
describe en Cane tiene dotes artísticas
naturales:
Sus voces ascienden... y los pinos
son guitarras bellas,
Agujas de pino caen en láminas de
lluvia y las rasguean con maña...
Sus voces ascienden... Es el coro
de la caña
Que entona su canción vesperal a
las estrellas... (I, 21-24)
Cane contrasta este ambiente con
el ritmo vertiginoso de la vida del
afro-estadounidense en la ciudad de
Washington:
El dinero te quema el bolsillo, y
el bolsillo te duele,
Los contrabandistas de alcohol
lucen camisa de seda,
Pantalón balón y Cadillac raudo y
deslumbrante,
Que zumba junto a los rieles
del tranvía vacilante. (II, 1-4)

Richard Wright (1908-1960)
Richard Wright nació en una familia
pobre de aparceros de Mississippi y
sufrió el abandono de su padre a los
cinco años de edad. A pesar de que
sólo llegó al noveno grado en la escuela,
Wright fue el primer novelista
estadounidense de origen africano
que captó la atención del público en
general. Describió las penurias de su
infancia en su autobiografía, Black
Boy (El muchacho negro, 1945), uno
de sus mejores libros. Después confesaría
que su sentimiento de privación
a causa del racismo era tan
intenso, que sólo la lectura le permitía
seguir viviendo.
La crítica social y el realismo de las
obras de Sherwood Anderson, Theodore
Dreiser y Sinclair Lewis inspiraron
de modo especial a Wright. En
los años 30 se afilió al Partido
Comunista y en el decenio siguiente
fue a Francia, donde conoció a
Gertrude Stein y Jean-Paul Sartre.
Después se volvió anticomunista. La
franqueza de sus textos marcó un
rumbo para novelistas afro-estadounidenses
posteriores.
Entre sus obras figuran Uncle
Tom's Children (Los hijos del
tío Tom, 1938), que es una
colección de relatos cortos, y la vigorosa
e implacable novela Native
Son (Hijo nativo, 1940), donde Bigger
Thomas, un joven negro ignorante,
mata por error a la hija de su
empleador blanco, incinera el cadáver
en una escena horripilante y asesina
a su novia negra, por temor de
que lo traicione. Aunque algunos
afro-estadounidenses criticaron a
Wright porque presentó un personaje
negro como asesino, su novela
fue una expresión necesaria y tardía
de la desigualdad racial que ha sido
tema de tanta discusión en los
Estados Unidos.

Zora Neale Hurston (1903-1960)
Nacida en el pequeño pueblo de
Eatonville, Florida, a Zora Neale
Hurston se le reconoce como una de
las luminarias del Renacimiento de
Harlem. Llegó a la ciudad de Nueva
York a la edad de 16 años, como
miembro de un grupo teatral trashumante.
Con notables dotes para contar
historias y cautivar a su auditorio,
estudió en la Escuela Superior
Barnard, donde fue alumna del
antropólogo Franz Boaz y captó la
etnia desde el punto de vista científico.
Boaz la incitó a recopilar el folclor
de su ambiente nativo de
Florida, y así lo hizo. El distinguido
folclorista Alan Lomax dijo que la
obra de esta autora Mules and Men
(Mulos y hombres, 1935), es "el libro
más atractivo, genuino y bien escrito
en el ámbito del folclor".
Hurston pasó también algún tiempo
en Haití, estudiando el vudú y
recopilando folclor del Caribe, lo
cual incluyó en su antología Tell My
Horse (Díganle a mi caballo, 1938).
Su dominio natural del inglés coloquial
la inserta en la gran tradición
de Mark Twain. Sus textos son chispeantes
por el pintoresco lenguaje y
por los relatos cómicos -—o trágicos—
tomados de la tradición oral
afro-estadounidense.
Esta autora fue una novelista
impresionante. Su obra más importante,
Their Eyes Were Watching God
(Sus ojos veían a Dios, 1937), es una
descripción fresca y conmovedora
de la maduración de una hermosa
mulata, y la renovación de su alegría
en el transcurso de sus tres matrimonios.
La novela es una vívida evocación
de la vida de los afro-estadounidenses
que labran la tierra en las
zonas rurales del Sur. Precursora del
movimiento feminista y con obras
como su autobiografía, Dust Tracks
on a Road (Huellas de polvo en un
camino, 1942), Hurston fue una fuente
de influencia e inspiración para
escritoras contemporáneas como
Alice Walker y Toni Morrison.

LAS CORRIENTES LITERARIAS: LOS FUGITIVOS Y LA NUEVA CRÍTICA
Desde la Guerra Civil hasta el
siglo XX, el Sur de los Estados
Unidos siguió siendo una
zona de reflujo en el aspecto político
y económico, plagado por el racismo
y la superstición, pero bendecido
con un folclor rico y un intenso sentido
del orgullo y la tradición. Tenía la
reputación, un tanto injusta, de ser
un desierto cultural de provincianismo
e ignorancia.
Es irónico que el movimiento literario
regional más significativo del
siglo XX haya sido el de los Fugitivos,
encabezado por el teórico, poeta y
crítico John Crowe Ransom, el poeta
Allen Tate y el novelista, poeta y
ensayista Robert Penn Warren. Esta
escuela literaria del Sur rechazó los
valores urbanos y comercializados
del "Norte", que a su juicio habían
invadido todo el país. Los Fugitivos
pugnaron por un retorno a la tierra y
a las tradiciones nacionales, que aún
era posible encontrar en el Sur. El
movimiento tomó su nombre de una
revista literaria, The Fugitive, publicada
de 1922 a 1925 en la Universidad
Vanderbilt de Nashville, Tennessee, a
la cual estuvieron asociados Ransom,
Tate y Warren.
Estos tres importantes escritores
del grupo de los Fugitivos se relacionaron
también con la Nueva
Crítica, un método para entender la
literatura mediante la lectura cuidadosa
y la atención a los patrones formales
(tanto en imágenes, metáforas
y métrica, como en sonidos y
símbolos) y a los significados que
sugieren. Ransom, el eminente teórico
del Renacimiento del Sur en el
periodo de entreguerras, expuso
este método en el libro The New
Criticism (La nueva crítica, 1941),
como alternativa a los métodos extraliterarios
de la crítica habitual,
basados en la historia y la biografía.
La Nueva Crítica llegó a ser el método
usual de la especialidad en los
Estados Unidos en los años 40 y 50,
pues resultó ser la aproximación
idónea para las obras de escritores
modernistas, como Eliot, y permitió
asimilar la teoría de Freud (en especial
sus categorías estructurales,
como el id, el ego y el superego) y
enfoques basados en pautas míticas.

EL TEATRO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XX
La dramaturgia de los Estados
Unidos imitó al teatro inglés y
europeo hasta ya bien entrado
el siglo XX. En las temporadas teatrales
predominaban las obras traídas
de Inglaterra o traducidas de lenguas
europeas. Una ley de derechos de
autor que no impartía la debida protección
y aliento a los dramaturgos
del país conspiró contra la creación
de obras dramáticas en verdad originales.
Lo mismo pasó con el "sistema
de estrellas", que inducía al
público a seguir a los actores y actrices
célebres sin prestar mucha atención
a las obras que interpretaban.
La gente iba en tropel a admirar a los
actores europeos que hacían giras
teatrales en los Estados Unidos. Por
añadidura, los dramas de autores extranjeros,
igual que los vinos de
importación, gozaban de un prestigio
mucho mayor que las producciones
nacionales.
En el siglo XIX eran muy populares
los melodramas donde aparecían
personajes democráticos ejemplares
y se definía con claridad el contraste
entre el bien y el mal. También
había un público numeroso para las
piezas teatrales que exponían problemas
sociales, como la esclavitud;
a veces esas obras eran adaptaciones
de novelas célebres, como
Uncle Tom's Cabin. No fue sino hasta
el siglo XX cuando surgieron obras
serias que intentaron realizar innovaciones
estéticas. Como quiera que
fuese, la cultura popular tuvo un
desarrollo vital en ese tiempo, sobre
todo en el vodevil (un teatro popular
de variedades, con farsa, pantomima,
música y otras cosas de ese tipo).
Los espectáculos de ministriles,
basados en la música y el folclor
afro-estadounidense e interpretados
por artistas maquillados como
"negros", también dieron lugar a formas
y expresiones originales.

Eugene O'Neill (1888-1953)
Eugene O'Neill es la figura más
egregia del teatro de los Estados
Unidos. En sus numerosas obras, su
enorme originalidad técnica se conjuga
con una visión fresca y gran profundidad
emocional. Si los primeros
dramas de O'Neill se centraron en la
gente pobre y en la clase trabajadora,
en sus obras posteriores exploró
terrenos subjetivos, como las obsesiones
y el sexo, lo cual puso de
relieve sus lecturas de Freud y su
angustioso intento de reconciliarse
con su madre, su padre y su hermano
muertos. Desire Under the Elms
(Deseo bajo los olmos, 1924) recrea
las pasiones ocultas en una familia; The Great God
Brown (El gran dios Brown, 1925), pone al descubierto
el inconsciente de un acaudalado hombre de
negocios; y Strange Interlude (Extraño interludio,
1927), que ganó el Premio Pulitzer, reseña los tortuosos
amores de una mujer. Estas vigorosas obras
de teatro muestran la regresión de diferentes personalidades
a las emociones primitivas o a la confusión,
cuando están bajo una tensión intensa.
O'Neill prosiguió su exploración de los imperativos
freudianos del amor y la dominación en las
familias, en una trilogía de obras dramáticas
reunidas bajo el título de Mourning Becomes
Electra (El luto le sienta a Electra, 1931) y basadas
en la trilogía clásica Edipo de Sófocles. Entre sus
últimos dramas figuran dos reconocidas obras
maestras: The Iceman Cometh (Llegó el vendedor
de hielo, 1946), que es un relato sombrío sobre el
tema de la muerte; y su obra póstuma, Long Day's
Journey into Night (El viaje de un largo día hacia la
noche, 1956), una vigorosa y vasta autobiografía en
forma dramática, cuyo centro focal son la familia
del autor y el deterioro físico y psicológico de la
misma, lo cual se atestigua en el curso de una
noche. Esta pieza formaba parte del ciclo de obras
que O'Neill estaba preparando cuando murió.
O'Neill creó una nueva definición de teatro, pues
descartó las divisiones tradicionales del género en
actos y escenas (Strange Interlude tiene nueve
actos y la representación de Mourning Becomes
Electra dura nueve horas); usó máscaras como las
del teatro asiático y el antiguo teatro griego; introdujo
monólogos shakesperianos y el coro griego;
además, creó efectos especiales mediante la luz y
el sonido. En general, se le reconoce como el autor
teatral más notable de los Estados Unidos. Cuando
recibió el Premio Nobel de Literatura, en 1936, se
convirtió en el primer dramaturgo estadounidense
que obtuvo tal honor.

Thornton Wilder (1897-1975)
Thornton Wilder es conocido por sus obras
teatrales Our Town (Nuestra ciudad, 1938) y The
Skin of Our Teeth (La piel de nuestros dientes,
1942), y por su novela The Bridge of San Luis Rey (El
puente de San Luis Rey, 1927).
Our Town refleja los valores positivos de los
Estados Unidos. La obra tiene todos los elementos
del sentimentalismo y la nostalgia: el arquetipo
tradicional del poblado pequeño, los padres bondadosos,
los hijos traviesos y los jóvenes enamorados.
Sin embargo, ciertos elementos novedosos,
como fantasmas, voces que surgen entre el público
y audaces cambios de tiempo, hacen que la pieza no
pierda atractivo. En efecto, es un drama sobre la
vida y la muerte, en el cual los muertos resucitan, al
menos por un momento.

Clifford Odets (1906-1963)
Este maestro del drama social era descendiente
de una familia de inmigrantes judíos del este de
Europa. Creció en la ciudad de Nueva York y fue
uno de los actores fundadores del Group Theater
que dirigían Harold Clurman, Lee Strasberg y
Cheryl Crawford, con el propósito de representar
solamente piezas teatrales estadounidenses.
La obra más conocida de Odets es Waiting for
Lefty (Esperando al zurdo, 1935), un drama experimental
en un acto que plantea una vigorosa defensa
del sindicalismo. El drama familiar y nostálgico
Awake and Sing! (¡Despierta y canta!) fue otro
éxito popular, seguido de Golden Boy (El muchacho
de oro), la historia de un joven inmigrante italiano
que malogra su talento musical (él es violinista)
cuando por la seducción y el atractivo del dinero se
hace boxeador y se atrofia las manos. Como The
Great Gatsby de Fitzgerald y An American Tragedy
de Dreiser, este drama es una advertencia contra
los excesos de la ambición y el materialismo.
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